Generaciones Doradas

Capítulo 17

Ladera hacia el Templo de Hermes, Monte Olimpo, Pánmizos, 18 de enero, 14:00h

Estaban bajo asedio en esos instantes, los titanes anteriormente liberados por Frank en aquella explosión de energía resultaron ser un enemigo más que formidable y lograron generar un Ejército, conformado especialmente por monstruos como hidras y cíclopes en apenas unas jornadas; para sorpresa de todos los dioses y mortales allí presentes que vieron estupefactos cómo eran capaces de escalar con más o menos agilidad y parsimonia a lo largo de las escarpadas faldas del monte Olimpo y en dirección hacia su ubicación. Se encontraban cerca del templo de las Nueve Musas, el primero de todos y por tanto la línea de defensa se había establecido allí en cuanto comprobaron que sus ojos no eran engañados.

Hermes se encontraba bastante nervioso por la cercanía de un enemigo al que nunca creía que se iba a enfrentar, por la mente del más joven de todos los hijos de Zeus jamás pasó que tuviera que librar una batalla contra ellos, y aunque era un avezado guerrero aquella era una liga bien diferente a los seres a los que tuvo que enfrentar durante la gigantomaquia. El temblor no llegó a desaparecer de sus piernas hasta que la poderosa mano de su hermano Apolo no se posó en su hombro derecho. Cuando giró el rostro para contemplar el del otro se encontró con una suave sonrisa de ánimos y, envalentonado para que deje esto, hoy comenzó a azuzar a todos los presentes y elevó su energía para el mismo prepararse y combatir en cualquier momento.

-¡A mí, Olímpicos, defendamos nuestra casa del enemigo!

Y los cosmos de todos comenzaron a arder. En el lado defensor se encontraban los dioses Apolo, el mismo Hermes, Zeus y Artemisa. Otros dioses se habían repartido a lo largo de los diferentes caminos que unían el lugar, por ejemplo estaban Afrodita y Hera en las cercanías de los templos de los dioses del mar; Deméter y algunos dioses de los ríos por su parte se encontraban por los doce templos principales, y así había otros tantos grupos defensores. Los dorados precisamente con Hermes, aunque no estaban todos: en casa se quedaron el Patriarca, Afrodita y Andrómeda de Piscis, Aioria y Daya de Leo, Esther de Ofiuco y lo cuatro de Géminis – Kanin, Saga, Alma y Diana –. Todos los demás estaban allí, dispuestos a luchar contra lo que quiera que fuera a llegar.

Las hidras y los cíclopes enemigos eran los más grandes monstruos pero no eran los únicos, pues también estaban allí harpías y leones de Nemea, centauros, sátiros y soldados esqueletos. Almas todas del Tártaro que salieron desde las entrañas de la tierra a través de una larga hendidura en el suelo, junto a ellas poderosas ráfagas de luz oscuras como la noche a modo de siniestros dedos gigantes fueron generando a todas aquellas bestias; al inicio de toda aquella destrucción estaba uno de los titanes, Atlas, cuyo poderoso cuerpo esculpido por siglos de tener que sostener el inerte cuerpo de Urano había sido liberado de su penosa carga ahora que sus hermanos y hermanas caminaban por fin por Pánmizos.

Junto a él también estaba Rea, señora primigenia de los campos de cultivo. Sus ojos verdosos estaban algo enrojecidos por el llanto, la sed de venganza corría por las venas de todos ellos y aunque amaba a sus hijos no pudo volver a unirse a ellos… la crueldad de Zeus con todos los titanes – salvo excepciones – no podía ser tolerada. Tampoco olvidaba su intento de violación, tras la que decidió que la víctima en su lugar sería Deméter (1); esa terrible acción daría luz a Perséfone, así que los muchos delitos de Zeus no se limitaban en exclusiva a la guerra que en su día libraron. Mucho fue su dolor al comprender que su hijo no era mucho mejor que su antiguo esposo, al que traicionó en cierta medida por ayudar a sus vástagos y a los que ahora iba a enfrentar en cruenta batalla mientras el resto de titanes iban recuperándose.

A la orden de Cronos decidieron ellos personarse en el Olimpo y atacar, pues no perdieron sus cuerpos por unos u otros motivos y estaban sanos y dispuestos a ello. Atlas se vio libre por la intervención de su hermana, que en la misma mañana de la liberación se personó ante él con su carro tirado por leones y le propuso el trato; el hombre accedió de buen grado y ella usó sus enormes poderes para alzar una gran montaña que le sustituyera, y mientras el se recostaba en el suelo para descansar cuando el cielo estuvo seguro apoyado en los picos, ella fue a los cercanos campos de las hespérides. Allí descansaba el manzano de frutos dorados y, tras ahuyentar a las ninfas con su cosmos ardiente, tomó una docena y se las entregó a su compañero.

El corazón de él se conmovió ante su tristeza y accedió a ayudar, comprendiendo con el pasar de los minutos todo lo que pasaba; ahora estaba allí, armado con una espada de obsidiana que le entregó la misma tierra, y que según clavaba en el suelo ésta se recubría de vetas rojas como el fuego y provocaba temblores y grietas. En no demasiado tiempo se generó así un ejército de millares y, listos, avanzaron hasta el Olimpo. Las primeras en avanzar fueron las harpías y los leones, que saltaban entre las rocas con facilidad y se tiraron sobre los dorados en cuanto tuvieron la oportunidad. De inmediato Aldebarán lanzó su Gran Cuerno y Shura su Excalibur contra los cuellos de los más cercanos pero no pudieron evitar entre los demás que muchos aterrizaran a su alrededor y empezara el combate.

Los animales lanzaban mordiscos y zarpazos contra ellos, sus colmillos sobresalían de sus labios y eran afilados y largos como espadas; las zarpas también eran poderosas y su fuerza física rivalizaba con la de cualquiera de los presentes, su piel era como una armadura y su aliento escupía un hedor a muerte tóxico e irritante como un ácido. Grandes colas de escorpión nacían desde sus caderas y estaban culminadas por un gran aguijón, se movía como si fuera independiente al resto del cuerpo. Por su parte las harpías eran criaturas detestables, con cuerpo de mujer pero cuyos brazos eran grandes alas y sus piernas eran de halcón: grandes y poderosas garras adornaban sus pies y un fiero pico servía de boca para sus chillidos, sin embargo lo más peligroso en ellas eran las plumas de energía que podían lanzar; unidas a las ráfagas que expelían desde sus bocas – y que los leones podían imitar – era aquel un ejército formidable.

Mu elevó sus protecciones con unos muros de cristal para impedir que todo el mogollón de enemigos pudiera acercarse; los dioses saltaron por encima de ellos para luchar a destajo y así que los dorados presentes pudieran controlar algo más la situación. Ángelo lanzaba sus ondas infernales y Aioros junto a Arturo arremetían contra los leones al llevar sus manos los colmillos para forcejear; Shaka se había quedado algo atrás y junto a Shun procedieron a lanzar los correspondientes Tesoro del Cielo y el campo se extendió alrededor de ellos a varios metros a la redonda, que fue aprovechado por Shiryu. Al hacer explotar su cosmos llevó un arma para cada uno de los dorados presentes, aunque habiendo doce tendrían que repartir de primeras.

Milo de Escorpio recibió una de las tonfas, y aunque Antares recibió la otra la mujer se limitó a lanzar varias de sus agujas escarlata hacia los ojos de las bestias; rápidamente comprendieron los de Sagitario que ellos era mejor que se enfrentaran a las harpías con ayuda de las alas de su armaduras, pero todo aquello era un caos de ataque y defensas. A cada bestia que caía por sus poderes llegaban más e incluso los dioses se veían superados en aquellos instantes. Aquello fue así hasta que una poderosa voz del Obispo del Santuario se dejó escuchar en cuanto su Excalibur cercenó la cabeza de uno de los leones, espada en mano la apretó con fuerza contra sí para impedir que las fauces de otra de las alimañas atravesara su cuerpo de lado a lado.

-¡Caballeros, amazonas, en guardia! -gritó- ¡Usad vuestro poder y haced una sola línea, a la cuenta de tres!

La orden fue seguida de forma inmediata o dentro de las limitaciones de cada situación. Aldebarán por ejemplo se tuvo que quitar de encima a una de las harpías, a la que tenía apresada entre sus poderosos brazos mientras Mu la desintegraba y corrían a colocarse; Ángelo le dio una buena patada a uno de los leones antes de atravesar su pecho con la mano envuelta en brillante cosmos, y Shaka y Shun retiraron su campo. De su lado estaba Shiryu, que se dedicó a volatilizar a todo monstruo que entró en el Tesoro del Cielo, a unos metros Milo y Antares terminaron de ejecutar su principal ataque – representado precisamente por la estrella que daba nombre a la amazona –; Seiya descendió y recuperó el arco de Aioros, que no había perdido su puntería y que atravesaba las cabezas de las harpías que él atraía en su dirección. El arco del anterior caballero de Sagitario era aprovechado por Shura, que sirvió de escudero al noble Arturo… hasta que se empezaron a ver nuevamente superados, de ahí que diera la orden.

Comenzaron a acumular su cosmos y procedieron a lanzar una potente explosión que tiraron contra el ejército de los enemigos, una suerte de gran Exclamación de Atenea improvisada pero que suponía un poder aún mayor por el gran número de personas que intervenían; sin embargo los dioses presentes vieron llegar aquello y el dunamis – la fuerza creadora de los titanes – de Rea intervino y alzó protecciones en torno a sus propias fuerzas. La potencia de la energía desatada fue inmensa y el Monte Olimpo tembló con violencia, el cielo se llenó de nubes de tormenta y comenzaron a caer los relámpagos. Los dorados se detuvieron sin embargo al comprender que con aquello no estaban logrando absolutamente nada y por eso se volvieron a dispersar pero en esa ocasión lo hicieron de otra manera.

Con aquello habían limpiado bastantes de los monstruos pero aún quedaban otros muchos a limpiar por las faldas del lugar, tenían que hacerse cargo de todos ellos y lo sabían. Fueron de dos en dos moviéndose y siguiendo sus rastros de cosmos para localizarlos… no querían estar cerca, ni Arturo iba a permitirlo, ahora que tenían que luchar los inmortales entre ellos. Atlas y Rea habían observado todo desde una más o menos segura distancia y en esos instantes se dirigían contra sus sobrinos con sus dunamis ardiendo con intensidad. Protecciones defendían su cuerpo, hechas con placas de metales ligeros pero resistentes aún mejores que las propias de los dioses, que observaban en silencio y con mucho interés a sus enemigos; la mujer nunca fue una gran guerrera pero su poder cósmico es enorme, mientras que el hombre era de los mejores en el uso de las espadas. En un combate entre él y Hades no se sabría quién podría ganar, muchas veces se enfrentaron durante la titanomaquia y casi siempre quedada en empate… ahora Severo no estaba allí para echar una mano.

Apolo tensó su arco e hizo arder sus poderes, Artemisa le imitó y Hermes se colocó en posición para echar a correr; se lanzó y le hizo un placaje al titán, que aunque recibió al otro con su cuerpo lo lanzó contra una pared de roca cercana. La espalda del más joven crujió ante la fuerza del impacto, apoyó las piernas en la cercana piedra y e lanzó como una bala con su caduceo en una mano brillando; lo lanzó como si de un venablo se tratara y cruzó el aire, y aunque Rea lo desvió con un golpe de dunamis volvió hasta su mano como si fuera un bumerang. Corría como el viento y giraba en torno a ellos dndo fuertes golpes en sus cuerpos pero los titanes aguantaron hasta que el poderoso puño de Atlas golpeó el rostro de Hermes; Apolo y Artemisa cayeron desde lo alto y sus flechas llovieron con intensidad, el cosmos de ambos brillaban y embadurnaron las puntas de los proyectiles. Rea se protegió con grandes ráfagas y dio un salto atrás, Artemisa quiso darle un puñetazo del que se protegió, le dio un poderoso bofetón a la otra para, instantes después, notar la potente garra de la cazadora enganchar su cuello.

Atlas por su parte recibió varias de las flechas en sus hombros, aún con todo alzó una de sus manos y ahorcó a Apolo antes de volver a golpear a Hermes con la otra y desató una intensa energía que hizo que ambos salieran volando. La idea original contra él era precisamente impedir que pudiera sacar su espada a relucir; eso fue lo que pasó en cuanto tuvo la oportunidad, en su palma se formó el mango de un gran filo con pocas decoraciones sencillas y que relucían con el dunamis de él. Hizo un par de movimientos de lado a lado para luego hacerla girar en torno a su mano en círculos completos antes de cargar contra Hermes; el joven interpuso su caduceo, saltaron chispas y retumbaron ambas armas antes de continuar luchando. La reverberación fue tan intensa que incluso dejó caer la barra, obligándole a colocar los antebrazos; con estos recibió los golpes y cortes del titán, sólo se detuvo cuando Apolo intervino al intentar clavar una de las flechas en su ojo.

Un rayo se estrelló contra el suelo en el momento en que la espada de Atlas casi atravesó el cuerpo de Apolo, que logró detener el filo con sus manos desnudas, algo de su icor bañó el metal y acabó en el suelo; Zeus apareció sobre los hombros del titán y le golpeó varias veces en la cabeza, le enganchó por el peto y lo tiró contra el suelo antes de volver a recibir un nuevo placaje pero en esa ocasión por parte del dios del Sol. Artemisa en un momento dado logró zafarse del agarre de Rea y logró elevarse en el aire y flotar; encendió su cosmos y provocó un enorme ataque de energía que destruyó todo lo que podía haber por delante. Tan intenso fue que una gran luz se propagó por el aire como si se tratara de un segundo sol, lo dorados se dieron cuenta al comprobar que se formaban nuevas sombras desde sus cuerpos…

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Colinas cercanas al Santuario de Atenea. 18 de enero, 14:00h.

-Id con cuidado con sus ojos y aliento, tendréis que luchar con los ojos cerrados para no perder la cabeza.

Aquella advertencia se la dio Zeus antes de irse, aunque no sabían demasiado si fiarse al respecto. Sin embargo Severo sí que parecía confiar en él pues asintió un poco y su cosmos ardió ante el recuerdo de su alma, apretó las manos mientras comprobaba cómo una comitiva marchaba hacia el Olimpo mientras ellos se quedaban allí.

-Pongámonos en marcha, hay que evitar que entre al Santuario.

-Si entra tendremos un gran problema… llamaré a mis espectros para que vengan a ayudar, necesitamos defender el lugar todo lo posible.

Después de estrechar sus manos él y Bianca comprobaron cómo ellos corrían hacia donde estaba la serpiente, el dios se limitó a suspirar suavemente antes de girarse hacia su pareja; apretó un poco su mano y dudó un poco antes de ella sonreírle un poco.

-¿Qué piensas?

-Que espero que todo esto no te espante…

-Bueno… no soy una mujer violenta pero también tengo ese cosmos del que tanto habláis… no sé lo que soy -murmuró, Severo la asintió- Pero estoy cómoda aquí y con todo esto…

Él se limitó a besarla un poco antes de encender su cosmos nuevamente, sus poderes se intensificaron juntos y llamaron a su guardia; varias estrellas comenzaron a volar hacia allí y los espectros fueron llegando desde diferentes zonas del Santuario a la llamada de su señor. De esta forma les colocó en diferentes posiciones mientras él mismo se preparaba para lo que se avecinaba… un poder que hacía tiempo que no sentía pero que por su cercanía avivó muchos recuerdos ocultos.

El resto de dorados que no fueron a defender el Olimpo corrieron hacia la ladera de la montaña cerca al Santuario para enfrentar a la serpiente de fuego. Kiki dio la orden para que todos los dorados que se quedaron atrás para que corrieran hacia donde la bestia rugía y lanzaba grandes llamas; su aliento hediondo intoxicaba el aire, su energía brillaba con intensidad y desde su cuerpo emanaban ráfagas y destellos que podría matar a cualquiera. Las amazonas presentes quisieron rodear a la bestia para caer sobre él… sin embargo sus compañeros tomaron la determinación de ir de frente.

Al final era un solo animal y ellos eran muchos… Saga por su parte no sabía si fiarse del todo, aquello era raro, al final era uno sólo para todo el Santuario, aquello no tenía demasiado sentido. Si fuera él el que organizara el ataque seguro que habría preparado alguna sorpresa, algo verdaderamente sorpresivo que rompiera sus esquemas. Atravesar las líneas de defensa era lo más importante de todo, en cuanto les superara podría avanzar sin demasiados problemas y llevar a cabo un gran destrozo. Aunque no matara a nadie sólo con eso daría problemas y supondría la demostración de que tenían debilidades, aquello podría devenir en una bajada importante de la moral.

-¡Ahí está, entre esos árboles!

El grito de Daya los alertó a todos, y procedieron a formar un círculo en torno a la criatura, que hasta entonces se limitó a reptar por el suelo; fue entonces que alzó su gran cabeza y comprendieron entonces la razón de las palabras de Zeus. Se trataba de una gran bestia larga como un tren, de inmensas fauces llenas de dientes y colmillos principales del tamaño de un hombre, sus ojos eran verdosos y letales, pues podían volver loco al que los mirara de forma directa demasiado tiempo. Sólo con aguantar la mirada sobre su ser durante unos minutos comenzaba a doler la cabeza y de esa manera era imposible luchar. Sus cabezas se calentaban con ganas y aunque sus poderes les protegían en un momento dado se vieron obligados a luchar. El animal se tiró sobre Saga y Diana, que dieron un salto atrás para esquivar la ofensiva y comenzar así la lucha.

Andrómeda hizo uso de sus rosas y se las lanzó contra el cuerpo, que ardieron antes de casi tocar sus escamas; Saga intervino con su Explosión de Galaxias, que lanzó junto a Kanon. Kiki se teletransportaba de lado a lado e intentaba constantemente cambiar de localización para atacar desde varios puntos con sus Revolución del polvo estelar, y Airoria junto a Daya usaban el gran Plasma relámpago desde cada lado… pero sin demasiado éxito por ahora. Esther en cambio permaneció por detrás junto al mismo Afrodita, que comprendía su miedo… una cosa era enfrentar a un hombre y otra era hacer frente a algo así, notaba que la chica temblaba un poco así que él la tomó del hombro con fuerza y le entregó una de sus rosas.

-Tendrás que luchar… ser como una de mis plantas, fina y delicada pero letal cuando se lo propone… Eres una amazona de Atenea ahora -ella suspiró un poco- ¡Vamos! ¡No podemos quedarnos aquí parados!

El cosmos de él ardió en ese momento y de un salto se unió al resto en la lucha. Alma de Géminis intentó en un momento dado lanzar al monstruo por uno de sus portales, aunque la criatura se hacía fuerte entre los árboles. Giraba en torno a estos y se enroscaba en sus troncos para no salir despedida, y aún así estaba más cerca su victoria que otra cosa. Su energía era abrumadora y aunque los dorados eran más y estaban bien entrenados simplemente les era imposible acercarse y poder lanzar sus ataques de forma apropiada.

Vieron entonces llegar a los espectros, que se colocaron en rocas cercanas en anuncio de su amo, iban a pedir su ayuda más directa cuando sintieron el potente cosmos de Severo. A su lado venía Bianca, ambos de la mano; notó que estaban cansados del combate contra Zeus y sus hijos, ellos en cualquier caso le dejaron pasar hasta el enorme animal. Siseaba y se agazapaba como si estuviera pensándose caer sobre ellos como lo haría sobre un cervatillo, Severo por su parte alargó su mano despacio y frunció un poco el ceño cuando dio un gran tirón y en su antebrazo aparecieron unas cadenas de cosmos. Apareció un rostro entonces y todos los presentes se pusieron en guardia para luchar contra ese extraño enemigo desconocido que no reconocían; sin embargo su cosmos en cierta medida delató al antiguo aliado del señor del Inframundo.

Hipnos hizo acto de presencia como acompañante de la; el poder de Hiperión insuflaba sus grandes llamas y hacían que el poder de la serpiente, ya grande de por sí, fuera aún mayor… de hecho Severo frunció un poco el ceño al comprender ciertas cuestiones, pues esa no era una serpiente común. Recuerdos de la guerra contra los titanes, en la que participó su alma hace siglos, comenzaron a aflorar…

-Hiperión, ¿estás usando su cuerpo? -murmuró- Me sorprende que tomes semejante decisión, tú que eres tan orgulloso.

No llegó a haber respuesta por su parte, sin embargo Hipnos sí que habló con indignación.

-¡Ni te dignas a mirarme, yo que fui tu leal sirviente! -exclamó- ¿Ya te has olvidado de mí?

-No tengo demasiado que hablar con alguien que quiso matarme -Severo encendió su cosmos, aunque estaba cansado-. Sólo que ceses en esta locura… Pero me pregunto algo -extendió sus poderes hacia los dorados presentes- ¿Qué ganáis con esto?

Hipnos tampoco dijo nada, pues se lanzó al ataque. Hizo un gran placaje contra Severo, Bianca por su parte se centró en la serpiente, a la que enredó con gruesas y potentes raíces; sin embargo se liberó con cierta facilidad, entonces fue que los dorados intervinieron. Aunque estaban en un sitio amplio comprendieron rápido que por la naturaleza de los ataques enemigos, en forma de gran onda, lo ideal era encerrarla en un lugar estrecho en el que tuviera dificultades para moverse. Kiki se tiró contra la cabeza de la serpiente y empezó a golpearla con sus puños antes de acabar por los aires al moverse la bestia.

Bianca en un momento dado usó a los árboles a su favor, sus ojos brillaron un poco mientras su energía se extendía por todas partes y la vegetación tembló; las hebras y raíces comenzaron a moverse mientras los grandes pinos y robles se estremecían y se movieron poco a poco mientras el combate seguía adelante. En la mano de ella apareció una lanza de energía verdosa, dio un grito y varios de los dorados se giraron; Andrómeda comprendió lo que ella quería, así como Diana, así que encendió su cosmos igual o más de lo que ya estaba y juntó sus manos.

-¡Explosión de galaxias! -el golpe, en lugar de ir de frentes, fue hacia la tripa de la bestia, que se alzó unos metros- ¡Ahora, ahora!

Bianca le tiró a Andrómeda el arma, la asió con facilidad y se dispuso a colocarse justo debajo con la intención de hacer que su punta penetrara las escamas y rompiera la carne; sin embargo eso no fue suficiente y todo el peso de la serpiente cayó sobre la joven. Se hubiera quedado aplastada de no ser por Afrodita, que lanzó una hiedra contra ella y tiró con fuerza; acabó así en el suelo mientras el Caballero se lanzó directo a las fauces mientras las abría de par en par con la intención de generar una gran llamarada. Aterrizó en su boca y lanzó varias de sus flores antes de que la serpiente atacara, unas cuantas aterrizaron en su carne y empezaron a llevar su veneno al interior de su cuerpo; pero no dejó indemne al otro, pues tocó la parte interna de su boca, saliva y hasta aliento antes de dar un salto y avanzar a trompicones. Aprovecharon esa acción los otros dorados y enviaron sus ataques contra la boca de nuevo, y si bien la energía de Hiperión la animaba las escamas de su cuerpo empezaron a caer antes de que el dunamis del titán saliera de su cuerpo plenamente; la serpiente cayó entonces como un saco de patatas.

Igual le pasó a Afrodita, que estaba blanco y respiraba de forma agónica, y sin embargo ahora el centro del combate estaba en otro sitio. Severo había logrado enfrentar a Hipnos en solitario, dio la orden de que nadie interviniera en su pelea con el otro, que tenía bastantes ganas de obtener su venganza contra el olímpico… pero eso eran palabras mayores y la superioridad del cosmos del otro podía llegar a abrumar. Sin embargo con él estaban fuerzas aún más primigenias que Hiperión, que si bien había abandonado la zona temporalmente había llamado la atención de aquello que estaba detrás de las acciones de los dioses gemelos.

-Será mejor que te rindas, Hades… -murmuró Hipnos, sus ojos brillaron- Porque conmigo hay fuerzas que te superan…

El cosmos del dios menor y el dunamis del titán se mezclaron. Notó Severo entonces que tenía en torno a su cuello aquel colgante en forma de Estrella de David que siempre llevaban pero que estaba bañado en el mismo material que formaba las armaduras de los dioses; tenía grabados a lo largo de su parte trasera, pero efectivamente notaba una tercera fuerza. El cielo se oscureció de pronto, casi como si se hubiera hecho de noche pese a ser aún pronto para el atardecer; al mismo tiempo Diana, Esther y Kanon habían corrido a la vera de Afrodita para acompañarle e intentar descubrir el mal que le aquejaba. Severo, sin embargo, frunció suavemente el ceño y su cosmos ardió.

-Debí verlo venir…

-¿Lo entiendes ahora? -bromeó Hipnos- ¡Sí que te ha costado!

Severo frunció de mala gana y preparó su ataque; en su mano se formó una esfera de luz que lanzó contra el pecho del otro, que recibió con cuidado contra su pecho y logró hacer la suficiente barrera para que no impactara de forma directa. Procedió entonces a devolverla a quien la lanzó con un potente impulso, siempre a la velocidad de la luz… y que cargó con una potente exclamación de energía. El otro igualmente la esquivó y le hizo un gran placaje con toda la fuerza de la que disponía, golpeándole con el hombro; Hipnos le dio un puñetazo, que Severo devolvió con un gran bofetón antes de darle un rodillazo en la cara en cuanto tuvo la oportunidad. La energía de ambos se infló y de la mano del dios menor se formó una nueva descarga, pretendió darle un derechazo pero Severo lo detuvo con su mano desnuda; le propinó un cabezazo, y cada uno trastabilló unos metros hacia atrás antes de que volvieran a colocare en posición de combate.

Hipnos se tiró adelante, pero tuvo una idea y llevó al otro hacia el cuerpo de la serpiente; se inclinó en un momento para introducir una mano en su boca y sacar uno de los colmillos para usarlos como si fuera un cuchillo, que quiso clavar contra el pecho de Severo; este interpuso sus manos y empujó con fuerza para alejar el filo, notaba en sus manos el veneno de la bestia, sus toxinas hacían que la piel ardiera y notaba como poco a poco perdía la sensibilidad… Fue entonces que comprendió lo que estaba pasando con Afrodita, su cosmos ardió de verdad en ese instante y sus ojos también brillaron como una pequeña estrella. El otro frunció suavemente el ceño y generó una gran ráfaga de energía, Hades en ese instante la golpeó con su mano e hizo que saliera despedida hacia arriba… al dios menor le pasó lo mismo, y el mayor sonrió un poco. Detrás de Hipnos apareció la figura de una doncella de pelo negro como la noche y sus ojos eran dos pozos profundos como la más honda poza del Infierno.

-La noche al fin se deja ver… Nix, hacía siglos que no te veía -la voz de Severo se había agravado- ¿Desde cuándo te alías con los titanes?

-Zeus hace siglos que debió dejar el trono, bien lo sabes tú -la voz de la noche parecía venir de todas partes-. Se acabó el reinado de los vástagos de Urano y Gea, ¡ahora me toca a mí! ¡La humanidad volverá a su época dorada!

Severo frunció un poco el ceño, giró su rostro para comprobar que los mortales se habían ido y se encontró con Bianca a su vera; en su mano apareció de nuevo la lanza que usó contra la serpiente, que poco a poco se desvanecía en polvo.

-Pronto tendremos un nuevo rey, Nix -le dijo-. Esta guerra no es necesaria.

Sin embargo ella se rio con ganas y negó suavemente. Desde la espalda de Hipnos se formó un cuerpo más pequeño hecho en tinieblas, que avanzó hacia ellos con interés y contempló los rostros de ambos dioses ante ella. Era menuda pero su dunamis era inmenso, más aún que el de Hiperión. Seguía por allí pero las fuerzas de uno y otro eran muy diferentes y la oscuridad de ella ganó totalmente a la luz de él; el titán se limitó por ello a quedar como una estrella errante que permanecía moviéndose en lo alto, Nix por eso se centró en sus congéneres.

-He oído hablar del hermano de Atenea, Zeus está aterrado por él -explicó-. Pero él no puede ganarme… Hades, Perséfone, vuestro mundo es similar al mío, ¡uníos a mí!

Los otros dos se miraron, ahora que lo pensaban eso tenía sentido… Negaron entonces.

-Gracias por revelarnos esa verdad, estábamos dubitativos al respecto -Nix miró a Severo con intensidad-. Sin embargo muchos errores he cometido en estos siglos como para cometer uno nuevo.

-Desde luego lo estás cometiendo… Los dioses de la oscuridad y la muerte debemos estar unidos, hasta Hécate lo entiende -Nix frunció un poco el labio-. Nos merecemos algo mejor que todo lo que nos ha pasado… Sin embargo confío en que te unirás a mí cuando llegue la oportunidad -los ojos de ella brillaron-. ¡No me decepcionéis, o sufriréis mi cólera igual que la sufrirá el Olimpo!

En cuanto ella se fue las tinieblas se evaporaron como el agua, la luz volvió a brillar y el Sol reapareció entre las nubes. Los comos de ambos dioses se tranquilizaron y se limitaron a volver hacia el Santuario mientras comentaban lo que había sucedido, tenían mucho de lo que hablar… pero mientras ellos estaban de cháchara con la antigua titanide los dorados habían llegado con Afrodita, que vomitaba y tiritaba por culpa del veneno. Según llegaron al Templo Principal le colocaron en la primera cama que encontraron y mientras Diana y Saga usaban sus cosmos para curarle o estabilizarle los demás corrieron a la cercana biblioteca en busca de algún libro mágico que pudiera ayudar.

Esther en cambio se había quedado atrás, con un pequeño pálpito en lo más profundo de su pecho y preguntándose cosas… su armadura defendía sus brazos y piernas pero aún no la podía usar del todo, ni se había dado cuenta de ese detalle hasta que tomó una determinación. Se giró e hizo arder su cosmos mientras se preparaba… haría honor a su signo, Ofiuco brilló con intensidad y su armadura retumbó con el poder que desató. Entró hasta el cuarto donde los otros dos estaban, comprobó que Afrodita temblaba y seguía febril, mientras Saga mojaba una toalla con agua fresca y Diana le cubría con sus poderes; Esther se colocó a su lado y tomó la mano del otro con firmeza, haciendo hervir su cosmos dorado… el dorado se estremeció un poco antes de dejar de moverse y cerrar los ojos.

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Pánmizos, sistema de cuevas de Nidavellir. 19 de enero, 20:00h

Pasaron unos días en la casa de Eitri, el acogedor enano había ayudado bastante y les permitió quedarse allí para poder descansar por las noches y así estar buscando el Bifröst todo lo que consideraran; el puente del arcoíris que llevaba hasta el reino de Asgard estaba bien oculto pero el enano les había indicado cómo se llegaba hasta el mismo, y sin embargo no sabían del todo bien cómo podía hacerse algo así. Esa noche era la tercera que pasaban allí y aún no habían logrado demasiado en ese sentido más que patearse el sistema de cuevas que formaba el sitio. Sin embargo tampoco podían irse demasiado lejos por tener que dormir allí, y aún con todo Camus siempre pedía volver antes y así poder pasar unas horas más con la joven Gudrún, que resulto ser una joven muy amable y trabajadora como la que más.

Mónica y Prometeo por otro lado se quedaban hasta algo tarde para poder explorar algo más, esa noche llegaron con cierto entusiasmo ante la idea de creer haber encontrado algo realmente prometedor, puede… que esa fuera la última jornada que pasaran allí. Cuando llegaron a la casa estaban algo cansados y mojados por haber casi caído a un lago interno, pero venían bastante interesados y hasta emocionados por su descubrimiento. Después de cambiarse y darse un baño caliente se empezaron a sentar a la mesa; recibieron un plato caliente y un vaso de hidromiel con una jarra.

-Prome encontró una cueva a unos kilómetros, por una galería -se rio por lo curioso que era hablar así en un lugar así-. He notado un cosmos muy intenso emanar de allí.

-Bien, bien -Eitri suspiró pesadamente-. Camus, me alegra haberte tenido aquí… te echaré de menos.

El aludido suspiró un poco, sí… él también lo echaría de menos sin duda. El anciano enano aún se mantenía activo pero era consciente de que su vida se estaba agotando, en las peores noches de dolores solía afirmar que no llegaría al próximo invierno. Esas afirmaciones desesperaban a su hija, que siempre le recriminaba la actitud y le exigía mantener el ánimo en alto… sin embargo el mayor se acaba riendo y después de tomar un poco de te relajante todo parecía irle mejor y acababa durmiendo hasta tarde.

-Gracias por acogernos, señor -comentó Hyoga-. Su conocimiento nos ayudará mucho sin duda.

El enano sonrió mientras se disponía a echarse su sopa cenar, si esa iba a ser de las últimas noches tendrían que celebrar apropiadamente… Tomó su jarra y se levantó con algo de parsimonia para hacer un brindis, acción que todos imitaron.

-Camus, ha sido un placer verte de nuevo -murmuró-. Mañana iremos a ese sitio que habéis encontrado, pero… diría que es el adecuado, así que os deseo suerte.

Dieron un suave golpe entre los vasos y bebieron, comieron tranquilamente en una charla amena pero que acabó relativamente pronto pues tenían que irse a dormir temprano; tendrían que levantarse pronto y aprovechar las pocas horas de luz que tenían en esos momentos del año, pues aunque allí se estaba en penumbra al menos se veía gracias a que siempre había algo de iluminación mágica; en Midgard hacía ya más de cuatro horas que era totalmente de noche, las velas por eso eran un medio bastante bueno para estar por casa y, acompañadas por las chimeneas, lograban dar una buena sensación de estar en un hogar agradable y acogedor… a saber cuantas noches más podrían estar así.

Prometeo estaba algo nervioso por la idea de dormir fuera por las noches, no tanto por el frío o los animales, sino por la llegada de algún dios que les quisiera mal. Y no se sentía preparado en ese instante, notaba que Mónica tampoco estaba muy dispuesta aunque ella dijera lo contrario; cuando necesitaban enfrentar a algo ella rápido se ponía en ese estado mental y hacía arder su cosmos como el Sol, pero si se relajaba como en esos días poco a poco reaparecía la mujer que era. Al final no era más que una abogada que se encontró de pronto que era una divinidad griega con siglos a sus espaldas y una guerra por delante que le venía grande sin duda alguna…

La miraba de vez en cuando, era alguien valiente y le gustaban muchas cosas como leer o comer, beber de vez en cuando… pero no era una guerrera en todo el sentido de la palabra. Puede que con ese viaje esa parte de ella acabara de despertar. Su cosmos de diosa se alzó mucho desde que estaban en Pánmizos pero no acababa de tener la mentalidad adecuada, eso pensaba él al menos. No llegó a compartirlo aún con nadie pese a todo y en esos días se fue fijando en detalles así, se encontraba tan absorto en su mundo que ni se enteró de que le hablaban hasta que Camus le tocó el hombro.

-Perdona, ¿me decías?

-Decía que nos levantaremos a las seis, os avisaré cuando salgamos -indicó, a lo que asintió-. Bueno… pienso que es lo mejor.

El dorado se había hecho el líder del grupo pese a haber dos dioses – una era la señora del Santuario, para más inri – y no sabía si estaba siendo irrespetuoso. Sin embargo Mónica le restó importancia con un gesto.

-Yo no sé lo suficiente para poder actuar -murmuró-. Pero me da miedo cuando lleguemos a Asgard… ¿Estará bien allí Folken?

Al final estaban en aquella aventura por él, y de paso para conseguir nuevos aliados para lo que venía. No eran conscientes de las cosas que habían pasado en el Santuario, estaban centrados en su objetivo y lo cumplirían a lo que dieran lugar… así que era más que probable que aquello terminara o en una gran guerra contra Asgard que bien podrían perder, o en una buena relación con el reino nórdico. Después de levantarse y ayudar para retirar la mesa se fueron metiendo en los cuartos para dormir y descansar; si habían encontrado de verdad el Bïfrost llegarían hasta su objetivo… Mónica se quitó la ropa y quedó en ropa interior y se coló entre las sábanas, dormía con Hyoga de Acuario aquella noche compartiendo cuarto, Prometeo quedaba solo y Camus se limitó a acercarse hasta la joven Gudrún, que se sentó en la cama.

-¿No volveréis entonces?

-Puede que no…

Se habían quedado en ropa interior, él sólo con un calzoncillo y ella se había quedado sólo con las bragas; había dejado una prenda que funcionaba como sujetador sobre la mesita de noche, la sala estaba casi a oscuras pero un pequeño hueco en el suelo servía como único punto de luz.

-Camus… Te eché mucho de menos cuando te fuiste -murmuró ella, apoyando su cabeza sobre el hombro de él-. Que hayas vuelto, aunque sea sólo unos días… me hace feliz.

El aludido quiso ser egoísta y decirle que se fuera con ellos, pero no podía pedirle que abandonara a su padre. Ella también tenía ese pensamiento pero no sabía si era lo más apropiado… por otro lado tampoco estaba dispuesta a según qué. Procedió simplemente a besarle con cierto mimo y se echaron sobre la cama tranquilamente, cubriendo su cuerpo con las gruesas mantas para mantener el calor. Los pechos de ella eran grandes y suaves, las manos de él los acariciaba y apretaba un poco mientras se besaban cada vez más; las manos de ella también jugaron por el cuerpo del otro, bastante fuerte por otro lado. Pero muchos enanos lo eran, en su caso lo interesante era su forma de ser… la mujer era de una gran belleza a ojos del dorado, que sólo con ella se derretía como un cubito de hielo sobre una sartén.

Notó algo de calor en su pubis en un momento dado, que soltó un suave gemidito. Camus se rio un poco y acarició su gran melena antes de pasar a su rostro y apretó algo su mejilla. La observó a los ojos y dejó que escalara sobre su cuerpo, contra el que se rozó unos instantes y se acomodó mientras sonreía. Le gustaba sentir el pene de él – medio preparado ya – pugnando contra la ropa, la fricción le daba mucho gusto y sentía cómo apretaba contra su vagina, ya húmeda.

-Te echaré de menos, sí… -murmuró él, acariciando sus piernas- Gudrún… yo…

Ella le colocó suavemente uno de sus dedos sobre sus labios y le besó dulcemente antes de bostezar.

-No lo digas… romperá la magia -aunque no era alguien avezada en el uso del cosmos, Camus podía ver su energía manar desde su piel-. Sólo hazlo.

Se quitaron la poca ropa que les quedaba puesta y ella se limitó a introducir el miembro de él en su interior. Bajó poco a poco a su largo y soltaron ambos un suave deje por la agradable sensación de calor, instantes después se empezó ella a mover suavemente y él la acompañaba con las manos en torno a sus nalgas para ayudarla; en un momento dado cambiaron las circunstancias y él se colocó por encima. Se besaban, pellizcaban los pezones del otro y gemían al oído del amante entre jadeos y gruñidos; un acto totalmente primario pero lleno de placer, sentían que sus cuerpos se acompasaban y sus genitales palpitaban con intensidad hasta que ella se estremeció y apretó las sábanas.

-Camus…

-Gudrún… -él la besó, sólo se detuvo unos instantes en las embestidas para continuar de inmediato con aún más energías- Serás mía desde ahora, ¿entendido?

Ella gimió un poco a modo de respuesta y se abrazó a él mientras notaba como nuevamente se acercaba un potente orgasmo. Apenas un minuto después del pecho de ambos nació un gañido ahogado y llegaron al orgasmo juntos entre suaves espasmos… se miraron a los ojos y una suave risa les llegó en ese instante. Definitivamente no hacía falta decirlo, se quedaron así un tiempo indefinido antes de irse a dormir abrazados. No despertaron hasta la hora pactada y por el suave sonido de un reloj que prepararon para ello, que se incorporaron con cara aún de dormidos pero satisfechos; ella le recibió con un largo beso en los labios y acariciando al otro en el cuerpo y luego rostro.

-Vamos…

La decisión en ese sentido estaba, pues, tomada. En pocos minutos la actividad llegó a la casa y no tardaron en salir después de lavarse la cara con agua fresca y meterse algo al cuerpo con una mínima consistencia. Eitri se dio rápidamente cuenta del cambio en su hija y en el dorado pero no llegó a comentar nada, acompañó al grupo por los senderos mientras Mónica y Prometeo abrían la comitiva hacia la gruta: se encontraba a varios kilómetros y pasado un pequeño bosquejo que se alimentaba de magia natural para poder crecer en ese mundo subterráneo, unos riachuelos corrían por allí y había varios laguitos menores hasta que comenzaron a remontar una subida que llevaba a un sistema cavernario – lo cual era gracioso teniendo en cuenta que ya de por sí estaban en una –. Los corredores eran algo angostos pero se podía pasar, aunque no especialmente largos así que en no demasiado llegaron a una apertura donde residía otro bosque con una masa de agua.

Allí la magia efectivamente era enorme, Eitri lo notaba y suspiró un poco al verles comentar las cosas. Creían que era entrando al agua que podían llegar al puente del arcoíris, así que se limitó a acercarse hasta la orilla y se estiró un poco.

-Gudrún… dame mi martillo, por favor.

La aludida le miró pero asintió, lo sacó de entre sus propias prendas y en cuanto lo recibió él tomó un poco de la tierra cercana y la mezcló con un poco del agua. El barro generado lo usó para embadurnar un poco uno de los lados y, tras murmurar unas pocas palabras dio un suave golpe en el agua. Ésta reverberó y salieron unas ondas, siguió golpeando un par de veces más y dio un gran manotazo contra el agua; repitió el gesto mientras inspiraba y del último de los golpes contra el líquido elemento, que cada vez elevaba más de su masa, se acercó la mano libre a la boca y soltó una pequeña flama… la luz destellante les deslumbró un poco y ante sus ojos se formó una bruma y el Bïfrost se generó como algo entre sólo luz y algo sólido.

-Este brazo os llevará al puente arcoíris que llega a Asgard -murmuró, todos estaban muy sorprendidos con todo aquello-. Para salir tendréis que repetir el proceso, ¿te quédate con él, hija? -cuando ella asintió, él sonrió un poco-. Bien… pues ve con ellos, entonces.

-Pero padre…

-¡Id, y cumplid con vuestro cometido!

Y después de un gran abrazo entre padre e hija, después de mirarse a los ojos por una última vez y murmurarse palabras de amor y aliento; él la besó en la frente y se apartó un poco para darles espacios para subir al Bïfrost… suspiró con cierta felicidad mientras les despedía con un gesto y comprobaba que sus pasos eran firmes en el puente, temerosos al inicio pero poco a poco con más determinación.

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(1) Versión del mito de Perséfone que contaban los órficos, pertenecientes a una corriente minoritaria de las creencias griegas que seguía las enseñanzas de Orfeo y que atribuían la maternidad de la diosa a Rea en lugar de a Deméter. Aquí se ha cambiado sutilmente para cargar de dramatismo a la historia. No se puede considerar como una religión en sí, sino más como un conjunto de personas que seguían un conjunto de creencias en relación a la muerte.

Los diálogos escritos en cursiva que se muestran son para reflejar las comunicaciones vía cosmos. Aquellos que son con la letra normal, son hablando la lengua común que corresponda. Los nombres de las técnicas están también en cursiva.