CAPÍTULO 15 LAS SIETE CINTAS DE HATHOR

(pov will)

Estoy seguro de que estaréis muy confusos. ¿Qué ha pasado? ¿Estaba Will realmente bajo el control de Satana? ¿Cómo pudo resistirse?

Primero de todo, es verdad que la magia de Satanna es muy poderosa, parecida a los poderes de Piper pero mucho más profunda. Pero parecía tener una debilidad, se basa en el amor o mejor dicho en la atracción sexual y a mí Satanna no me atraía en lo más mínimo.

Cuando me separé de Annabeth y Sadie, antes de que Satanna me encontrara, llegué a la zona de los calabozos. Me alegré de comprobar que pese a que estaban encarceladas las chicas estaban relativamente bien. Es decir estaba claro que tenían el ánimo por los suelos despues de haber sido encerradas por sus propios amigos pero al menos no parecía que las hubieran herido.

- ¿Tú quién eres? - Me increpó una chica de piel oscura, ojos ardientes y con un enorme colgante de escarabajo. Por las descripción que me había dado Sadie supe inmediatamente de quién se trataba.

- Will Solace, hijo de Apolo y si no me equivoco tu eres Zia Rashid, la única persona que puede ayudarnos a salir de este lío.

Zia torció el gesto.

- ¿Un hijo de un dios griego? Pensaba que no teníamos permitido entrometernos en los asuntos de otros panteones.

Me encogí de hombros.

-Satanna no es de vuestro panteón, ni de ninguno a decir verdad, es un elemento extraño para este mundo. Además las reglas de los dioses suelen ser un poco más fáciles de torcer para los semidioses, supongo que porque somos en parte humanos y …

Zia me miró con cara de "No te pongas a divagar ahora" y me callé de golpe. Es la misma cara que me solía poner Nico cuando me enrollo.

- La cuestión es que necesitamos tu hechizo, las Siete cintas de Hathor, es lo único que tenemos para detener a ese súcubo. Necesito encontrar las llaves para sacaros de esa celda.

Zia negó con la cabeza

-No solo estamos encerradas por culpa de la celda, estamos encerradas por la magia, en concreto por una maldición que nos ha lanzado Walt, el ojo de Anubis. Si alguna de nosotras pone un pie fuera de esta celda sin que la maldición esté rota nos convertiremos en polvo. La celda sirve más para que no salgamos del "área segura" que para encerrarnos.

Maldije y pateé la pared, ¡esto lo complicaba todo! Ni siquiera con mis conocimientos en medicina mágica soñaba con poder romper un hechizo que había sido lanzado por un dios ( o el ojo de un dios).

-Pero puede que no haga falta que salga - continuó Zia aunque yo le diera la espalda - Si solo necesitáis el hechizo puedo pasarselo a alguien afín a mi para que lo utilice una única vez.

Me giré lentamente para mirarla.

-¿Qué estás insinuando? Yo no soy un mago, ni siquiera soy un guerrero entre los semidioses, soy un sanador.

-Pero eres el hijo de un dios solar, yo soy el Ojo de Ra y veo suficiente fuego en ti para que esto pueda funcionar. No obstante te lo advierto, solo tendrás una oportunidad, tienes que asegurarte de que cuando te lances el hechizo Satanna no pueda esquivarlo.

*

Lo que nos lleva al punto donde habíamos dejado nuestra historia

- ¡¡¡¡Siete cintas de Hathor!!!!

Satanna me había llamado porque estaba débil, vulnerable, necesitaba mi energía vital. No tuvo ninguna oportunidad de esquivar las cintas cayó envuelta en ellas como un fardo.

A continuación ocurrieron varias cosas: toda la casa tembló como la hubiera sacudido un terremoto mientras que su forma y distribución interna volvían a la normalidad, Carter, Walt y los demás chicos de la Casa de Brooklyn despertaron del hechizo que les había hecho prisioneros y un momento después Walt (o puede que el propio Anubis ahora que su Ojo era libre) debió de romper la maldición que había puesto sobre las chicas de la casa porque todas salieron sonriendo a reunirse con sus amigos.

Sadie Kane corrió para abrazar a su hermano y a su novio mientras le caían lágrimas por la cara mientras que Annabeth y yo nos apartamos un poco para dejarles espacio y echar a un lado a la diosa demoníaca que teníamos envuelta para regalo.

-No te preocupes querida- le dijo Annabeth a Satanna, que no dejaba de retorcerse como un gusano- Te voy a llevar al Olimpo donde Hefesto te va a meter en una celda que ha construido especialmente para tu amigo Belasco y para ti, para que os quedeis por los siglos de los siglos.

Imaginarla detrás de unos barrotes hizo que casi soltara una carcajada.

-Cuando volvamos al campamento tenemos que hacer una nueva batería de tests - le dije a Annabeth- Lo que has hecho en el combate contra Satanna… es impresionante. Supera las expectativas, hay mucho que aún no comprendo sobre tu nuevo poder.

Annabeth me miró con expresión serena pero firme.

-No va a haber más pruebas Will. Estoy cansada, he usado mis poderes en una batalla real y gracias a eso aún estamos aquí. Cuando los demás vuelvan de sus misiones pienso unirme a ellos y ayudarles en lo que haga falta con este nuevo poder- intenté decir algo pero me cortó- Y aquel que intente impedirlo acabará mucho peor que Satanna.

Esta última frase hizo que recorriera un escalofrío por la espalda, Zia me había dicho antes que había visto fuego en mí pese a ser de mitologías diferentes, ahora yo también podía ver fuego en Annabeth. Pero este fuego no era como el de mi padre o el de Ra, este fuego era rabioso de los que asolan con todo a su paso.

No le dije nada más, simplemente asentí y permanecí en silencio. Había algo que no me cuadraba con respecto a Annabeth y con respecto a … todo esto. Realmente ¿qué había hecho Satanna aquí aparte de pasar el rato?

Se nos estaba escapando algo y no pensaba volver al campamento mestizo hasta que entendiera que estaba pasando.

En otro lugar:

Otro humano consumido por Shuma gorath había perdido su cabeza esa noche.

Venom llevaba desde que llegó a ese mundo cazando a los restos de Shuma Gorath que se habían desperdigado tras llegar a aquel extraño lugar. Estaban demasiado fragmentados para formar un cuerpo propio pero habían encontrado en humanos de corazón cruel un huésped fantástico en el que prosperar, en ese sentido no eran tan diferentes a él.

Aunque había una diferencia clave. El simbionte abrió su boca llena de dientes para lanzar un grito de dolor y precedió a abandonar el cuerpo en el que se encontraba.

Un hombre de aspecto enfermizo y aterrado apareció bajo el fango oscuro y cayó inconsciente en medio de la calle.

Ese huésped le había servido bien pero sabía que no podía sostenerle muchos tiempo sin sufrir daños irreversibles, tenía que encontrar un huésped duradero, no podría luchar en lo que se avecinaba … y se avecinaba algo.

Los humanos consumidos al principio habían actuado de forma errática pero se estaban empezando a organizar.

El simbionte no lo sabía pero el último Shuma Gorath estaba tomando conciencia de sí mismo y muy pronto formaría el cuerpo más grande que se hubiera visto en ese mundo en mitad de Nueva York.

Y sin Percy Jackson en la ciudad se avecinaba una batalla que la que las vidas de todos los que vivían allí estarían en juego.