El Dragon Pierde la Batalla
By Daenerys Targaryen
La vi desde lejos, cuando solo era un punto en el horizonte; Rocadragon, mi hogar, el lugar que me vio nacer. Por fin, estaba aqui, en Poniente... y reclamaria lo que es mio.
Tras desembarcar en la isla, mis Inmaculados y Dothraki registraron el pequeño poblado y la fortaleza. En la aldea solo habian pescadores, artesanos y mineros, y en la fortaleza solo habian dos hombres... extraño, pero ninguna amenaza.
Al llegar adentro, el hombre vestido en una tunica con un ojo estrellado en el pecho hizo una reverencia, junto con el anciano que portaba unas cadenas. El viejo dijo ser el maestre designado a Rocadragon, mientras que el otro se presento como el "Hechicero de la Corte" designado por el "Gremio de Magos".
Al escuchar que este hombre era un mago desconfie de el, ya habia tenido suficiente de ellos despues de Qarth, y nunca habia escuchado de un Gremio de Magos. Seria en ese momento que algo mas se llevaria toda mi atencion.
Entre los dos hombres, habia un pedestal que sostenia una extraña vela que parecia hecha de una piedra oscura.
De repente, la pequeña llama oscura crecio y formo la imagen de la parte superior de un hombre; era cercano de mi edad, no se le notaban las facciones, pues eran del mismo color de las oscuras llamas. El hombre hablo con un fuerte acento norteño, que me recordo al de ser Jorah:
Jon: "Bienvenida a Rocadragon, Princesa Daenerys. Mi nombre es Jon Stark, Emperador de Westeros; Entiendo que esta afirmacion debe incomodarla, dejeme aclarar que no quiero ofenderla y que podemos discutir estos asuntos cara a cara, dentro de dos semana, en una reunion en Desembarco del Rey, en la colina de Rhaenys; Hasta entonces, disfrute del retorno a su hogar, espero verla pronto".
Cuando el fuego se consumio y volvio a formar la pequeña llama oscura yo me quede sin palabras por un momento, y cuando sali de mi asombro, la ira me lleno.
¡¿Como se atrevia?! ¿Jon Stark? ¡solo era el cachorro del perro del usurpador! Y ¡como que princesa?! ¡ella era una REINA!
Cuando me tranquilice, le ordene tanto al maestre como al mago que me dijeran todo lo que habia ocurrido en los Siete Reinos.
Despues de horas de platica, me habia quedado sorprendida. Lo ultimo que supe era que el Usurpador habia muerto y que el reino entro en guerra. Tras escuchar la historia de como un bastardo en el Muro se convirtio en un principe, luego en un rey, para luego en un emperador que pasaria a conquistar todo Westeros, era muy impresionante.
No obstante, veia lo implicito de eso; este ya no era el reino que Aegon I unifico bajo un solo estandarte, su estandarte. Este era un imperio forjado en la guerra y cuyo gobernante, no tenian nada que ver con mi familia. De las casas que alguna vez nos juraron lealtad, solo quedaban las que nos traicionaron... era un Westeros completamente extraño para los Targaryen.
Ser Barristan, aunque sorprendido, hablo a favor del llamado "Emperador", hablando del honorable Lord Eddard y que todo apuntaba que su hijo era como el. Pero, ¿un hombre honorable teniendo un bastardo? Y ¿no se suponia que los que toman el negro, no pueden reclamar tierras, ni tiulos?. Aun asi, decidi que iria a la "cita" que el habia acordado, quiza lograria que el abdicara una vez viera mis dragones y mi ejercito.
Pase la semana previa a la partida a Desembarco del Rey, leyendo los libros que el "emperador" habia dejado para mi. Eso y las demas reliquias de mi familia, como los craneos de los dragones. E de admitir que era un gesto muy amable de su parte.
Cuando llegue a Desembarco del Rey e de decir que la ciudad me resulto decepcionante. Era grande, no habia duda, pero carecia de la hermosura y grandeza con la que la habia imaginado. Pero, tampoco era la fosa pestilente que ser Barristan y Jorah habian descrito, aunque eso era por obra del "emperador", que, segun el maestre, no abandono la ciudad hasta asegurarse de que los pequeños tuvieran suficiente comida y que la ciudad no se cayera a pedazos.
Aunque me sentia conmovida por ver que le importaba la plebe, eso no quitaba mi disgusto al ver las ruinas de la otrora sede de la familia real. En la colina de Aegon solo habian restos de lo que fue la Fortaleza Roja y, en efecto, el Trono de Hierro ya no se encontraba alli.
La regencia de la ciudad, ahora yacia en las manos de Lord Lanen de la recien fundada Casa Braveman. Quien ademas seria nuestro anfitrion durante la reunion en Fuerte Valor.
Cuando por fin conoci a Jon Stark, no me parecio tan impresionante. Era mas bajo que Ser Jorah, aunque se notaba que era un guerrero, no parecia ser tan fuerte. Tenia cabello negro como un cuervo y unos ojos grises que me miraban con amabilidad, pero, en el fondo, veia la tristeza de un hombre mucho mayor... debo admitir, que era mas guapo en persona.
Lord Stark hablo con cortesia a pesar de su fuerte acento. Hablo de un Westeros en paz, un Imperio que opacaria a Valyria y que duraria por miles de años, y queria que los Targaryen fueran parte de el... como sus vasallos.
No quise escuchar mas, lo deje en claro:
Daenerys: "Estos son mis reinos, los que mi familia conquisto con Fuego y Sangre"
Jon: "A esos reinos les Llego el Invierno, cada reino que alguna vez pertenecio a los Targaryen, hoy me han jurado lealtad. No la pedi, la tome. Usted misma puede verlo, mi princesa"
Daenerys: "No soy una princesa, soy LA REINA"
Jon: "No ante mis ojos... por favor, no quiero tener que matar a los ultimos dragones"
Daenerys: "No se preocupe, mi señor, mis dragones no tienen nada que temer de usted"
La reunion termino en tension, Jon dejo que me fuera a Rocadragon, cumpliendo con su promesa de que no intentaria nada en mi contra durante la reunion... es una lastima, realmente me parecia un buen hombre.
Una semana despues, desembarque con mi ejercito del otro lado de la desembocadura del Cuchillo Blanco. Supe que el Emperador estaba con su ejercito en Foso Cailin, Ser Barristan me advirtio de que ningun sureño a podido invadir esa fortaleza en ruinas, pero yo tenia dragones, asi que emprendi vuelo a la batalla con mi ejercito atras... mi error fatal.
Para empezar; no me encontre con una fortaleza en ruinas, Foso Cailin era un monstruoso espectaculo en medio de una cienaga infestada de trampas, en las que los caballos de mis ya muy enfermos por el clima Dothrakis, no pudieron evitar. Tampoco esperaba encontrar un ejercito como este; las Legiones eran como un organizado espectaculo de precision y letalidad que se equiparaba a la de mis inmaculados.
Pero, sin lugar a dudas, lo peor fueron los gigantes; esos monstruos aplastaban a mis soldados como si fueran nada y los que usaban sus enormes arcos me hacian imposible volar con precision. Sus flechas eran tan potentes como las de un escorpion, pero con la velocidad de un arco, un disparo directo seria fatal.
Mi corazon se detuvo cuando lo oi, el rugido de dolor de Viseryon se escucho por todo el campo de batalla y desgarro tanto a mis oidos, como a mi corazon. Viseryon, mi hijo, cayo del cielo con una flecha tan grande como una lanza alojada en su pecho, perforando sus escamas blindadas.
Ordene la retirada, pero no podiamos regresar a los botes, ya que otra Legion aparecio por detras, desde Puerto Blanco. No nos quedo mas remedio que atravesar el Cuello, solo para encontrar terribles pantanos repletos de caminos traicioneros y horribles bestias que atacaban lo que quedaba de mi ejercito. Parecia como si alguien las estuviera controlando.
Perdi a casi todos mis hombres en esa cienaga maldita. Solo conseguimos avanzar hasta el Forca Roja cuando a Drogon y Rhaegal le ocurrio algo.
De repente, empezaron a descender y su actuar se volvio erratico. Hiciera lo que hiciera ellos no me escuchaban. Drogon, incluso, me tiro de su espalda. La caida me habia lastimado un brazo y senti como si mi cabeza diera vueltas y perdi el conocimiento.
Cuando abri los ojos, Drogon estaba frente a mi, irreconocible, parecia como si lo hubieran atizado a martillazos. Y de lejos pude oir a Rhaegal rugiendo de dolor.
Con dificultad me levante y corri en busca de mi hijo, solo para encontrarlo siendo de golpeado por seis gigantes con martillos.
El no estaba encadenado, pero aun asi no se movia. A su alrededor vi a varios legionarios con armaduras diferentes a las que habia visto (estos traian capucha y una indumentaria mas ligera), ellos tenian sus manos extendidas y los ojos en blanco.
Grite, grite que pararan, grite tanto que mis lagrima brotaron. Pero, solo se detuvieron cuando una voz familiar lo ordeno.
Jon estaba ahi, vistiendo una armadura cubierta de sangre. Me miro con unos ojos llenos de seriedad que enmarcaban una gran tristeza.
Jon: "¿Se rinde? mi princesa"
Hacia tanto tiempo que no me sentia asi; indefensa y sola. No podia dejar que Rhaegal muriera, no mi ultimo hijo.
Mis hombros nunca se sintieron tan pesados como cuando me incline. Deje mi corona a los pies del Emperador... yo habia perdido.
