Capítulo 4.
Desde hace casi una semana, lo que al principio había figurado como una tormentosa e interminable tortura, ahora resurgía de las cenizas con una extraña sensación, ¿alentadora? Pues si podía compararla con algo, y a sus súbitas e impredecibles muestras de 'afecto', eran parecidas a las de un gato cocodrilo. Tiernos por fuera, pero terriblemente aterradores si te sobrepasas o intentas hacer algo que los altere por dentro. Reaccionando, de la única manera en que estas criaturas saben hacerlo: Lastimando.
Además, seguían existiendo sus múltiples sarcasmos y comentarios hirientes, que por injustificados y groseros que parecieran, los hacía siempre con otra intención; y esta constante, 'muestra de afecto a doble filo', de alguna forma lo doblegaba. Como en esta ocasión…
– ¿Por qué siempre llevas esa estúpida cola de caballo? – preguntó, yendo tomados de la mano. Sin aviso previo o tono de molestia, sólo no sabía cómo interactuar o como utilizar las palabras adecuadamente.
– ¿Te molesta mi cabello? – Aún así se mostró incrédulo al insulto.
– Uhm…– se detuvo, tomándolo con algo de fuerza.
– ¡Agh! – el moreno se quejó leve. Le deshizo la coleta.
– Como lo pensaba, no usas las ligas adecuadas, y tu cabello está dañado. – sentenció.
Sokka se desconcertó completamente por esto. Le quemó la liga.
– Hey! Estaba hecho de cuero de foca tortuga, y es un ornamento clásico de mi nación. – Reclamó indignado.
– Ya no lo necesitas. – Completó. – Dirígete a mi casa mañana y yo te enseñaré lo que debes hacer para tener un cabello decente. – Espetó muy segura. Esto lo desconcertó aún más.
– Espera…¿me estás invitando a tu casa? – Se mostró inseguro.
– Por supuesto. – Le afirmó.
Cabe mencionar, que desde aquel día no le llamaba más burdo, payaso, maldito o campesino.
– Okey. – Aceptó sintiéndose grandemente extraño. Pero suponía que así eran las cosas con Azula. Además, ¿cómo demonios se suponía iba a negarse tras ver su expresión? Como si pudiera pretender inocencia… Pensaba. Siguieron caminando; ahora llevaba el cabello suelto. – ¿Y tu padre estará en casa? – cuestionó después de tanto, evaluando.
– No, papá siempre está de viaje de negocios. Este fin de semana le toca acudir a Oma-Shu. Tiene refinerías en cada parte del mundo. – Expresaba orgullosa. Sí algo podía saber de Azula, es que su padre era el único ser sobre la tierra, que amaba y admiraba más que a nadie. Incluso más que así misma.
– Okey. – volvía a sonar. – ¿Y Zuko? – Esta vez un tanto nervioso. La maestra fuego lo miró de reojo.
– Estaremos solos en la mansión si eso es lo que intentas averiguar. – replicó con ese tono soberbia. Ese que solamente en Azula, podría provocar algo más que molestia. Pasó saliva.
– Okey. – Asintió. Pretendiendo ignorancia o no queriendo mostrar nada más. Aunque probablemente ya lo sabía, ella era muy astuta. De seguro pensaba en qué podría haber pasado por su cabeza cuando se lo cuestionó. ¡Pero por su boomerang! No diría nada o fingiría demencia.
– Entonces a las 3 pm. Y no me tengas esperando, ya sabes como entrar. – sentenció dando su orden. Se alejó soltándole la mano, para acudir a su entrenamiento. Ya había terminado su castigo y suspensión, pero igual nunca se disculpó con la agredida. Aunque siempre haya tenido razón.
– ¡Pff! – El mayor por fin soltó el aire contenido en sus pulmones. Mañana tendría su primera cita con Azula. Pensó. Volviendo a respirar profundo; y yéndose a su clase.
…
Llegó temprano a su casa, 2:50 pm. Y a diferencia de la última vez, saludó al guardia en el portón y este lo dejó pasar. Igual alegó que solo venía por orden de Azula, pero esto no pareció preocuparle mucho al hombre. Probablemente le importaba más obedecer a la señorita. Ella sí podía representar algo malo de desacatar lo ordenado.
Caminó por el jardín, y tocó el timbre al estar frente a la puerta, haciendo espera en el pórtico. Esta se abrió y un mayordomo lo atendía en esta ocasión. El hombre lo miró de pies a cabeza.
Traía el cabello suelto, una playera deportiva de su equipo de pro control profesional favorito, y un pantalón de mezclilla. Sus tenis deportivos de botín, en color azul eléctrico y negro; una chamarra oscura con diversos logos de bandas y unos cuantos pines. Sin poder faltar, su característico collar de la bahía, denotando que provenía del Polo Sur.
– Bienvenido, caballero. – el mayordomo tan sólo sentenció, después de su escaneo exhaustivo. – La señorita Azula lo espera arriba. – señaló.
– Gracias. – Sokka se sintió incomodado, pero igual respondió respetuoso. Hizo caso y subió cuanto antes por las escaleras de mármol. Aunque no tenía ni la más mínima idea de a donde se dirigía…
Avanzó por el pasillo que destilaba pulcritud y muchas más cosas antiguas, retratos y mucho rojo intenso. Suspiró. No sabía a donde dirigirse… Comenzaba a textearla. De repente, se abrió una puerta más adelante.
– Ya era hora de que llegaras. – tan solo la escuchó.
– Lo lamento, me perdí entre tanto rojo. – Expresó bobo.
– Es parte de la decoración, mi padre esta orgulloso de provenir de la Nación del Fuego. – Pareció no entender la broma.
– Entiendo. – En realidad no, pero era para cortar con eso. No se sentía muy cómodo hablando de su padre, y menos bajo esta situación.
– Bien, pasa. – Abrió la puerta por completo. Y no lo había notado antes, pero esta parecía ser su habitación.
– ¡Wow!, es grande…bonita. – soltó como cumplido y su último recurso. Verdaderamente comenzaba a sentirse nervioso.
– ¿Por qué no te quitas la playera? – Se escuchó. – Te espero en el baño. –
El no maestro sin duda pasó saliva pesado. Esta no es ninguna sugerencia, es una orden. ¡Oh, por todos los espíritus del guerrero! ¿Para qué se suponía estaba ahí? Aun así se dirigió despacio hacia el baño, inseguro.
Tocó la puerta.
– ¿Azula? – Llamó. Podía escuchar agua corriendo allí dentro.
– Pasa. – Cuando lo hizo… Azula estaba en bata, resaltando en color rojo escarlata y dorado, de seda. El guerrero sintió que la sangre le llegó al piso, o que se saldría por su nariz. Azula ya no llevaba maquillaje, y lucía aún más hermosa. Si es que eso era posible. Destacando todo ese porte y admirable belleza que la caracterizaba, y su largo y lacio cabello negro recogido en una coleta alta, con una bandita esponjosa en color rosado, dejando su cara descubierta. El joven se quedó estático. – Te dije que te quitaras la playera. – volvió a sonar, esperando a que reaccionara. – Y toma, ponte esto. – Le daba una bata a juego con la suya, pero para hombre. El de la tribu empezaba a accionar, saliendo un momento para ponérsela, y luego volvió a entrar. Ahí dentro, había un espejo grande con marco rebuscado color dorado, un lava manos hecho de mármol oscuro, muy amplio, y encima de este, múltiples toallas para manos y botes con toda clase de líquidos y fragancias. Y un carrito, que contenía botanas diversas y bebidas, de cualquier clase que quisieran degustar. Recargado en ese lavabo, una silla de spa. – Toma asiento. – De nuevo ordenó. El moreno solo terminó de anudarse la bata y lo hizo. Azula pronto le acomodó su cabeza sobre esa silla, que dejaba su cabellera libre para que se mojara en el lavabo. El chorro de agua salió tibio. – ¿La temperatura está bien? – volvía a preguntar.
Estaba anonadado. Sin embargo;
– Sí. – sentenció casi por inercia.
¿Es verdad lo que estaba viviendo? Azula lo había citado en su casa, ¿porque lo que dijo ayer es verdad? ¿Su cabello está maltratado? Se cuestionaba a sí mismo. Esta sin más comenzó a aplicar una de sus tantas cremas y empezó a masajear con la yema de sus dedos su cuero cabelludo. Sokka, sin embargo, seguía atónito. Sin dejar de mirarla impactado, o musitar una palabra. ¡¿AZULA LAVANDOLE EL CABELLO?! Creyó que iba a morir en cualquier momento, pero la chica se mantenía concentrada; haciendo lo propio. Al terminar, nuevamente le enjuagó. Pasó saliva pesado, pero la maestra parecía no tener ganas de mencionar algo al respecto.
Quizá también se estaba conteniendo la vergüenza.
– Con esta última tendrás que esperar treinta minutos a que actúe. – Fue lo único que explicó. El no maestro simplemente obedeció. Volviendo a incorporar su pose, tocando el gorro de baño que ahora llevaba en la cabeza.
– ¿Y que quieres que hagamos mientras tanto? – Cuestionó todavía impresionado.
– Podemos aplicarnos mascarillas. – Espetó ella.
– Okey. – El moreno asintió.
Dentro de las muchas cosas que habían cambiado en él desde que salió con Suki, fue su manera de comportarse frente a los estereotipos. Fácilmente esta cita, pudo ser considerada como una 'tarde de chicas'. Pero eso ya no representaba ningún tipo de problema para el muchacho, ya había tenido muchas otras con Suki, con Katara, ¡vaya! Incluso una con Toph, Zuko y Aang.
Esas mujeres siempre pueden ser muy persuasivas.
La maestra fuego le aplicó la primera mascarilla en peel off, para depurar su cutis. Ella pronto hizo lo propio… Después sin más empezó a retirarla; solo tardó cinco minutos. Pasó con la siguiente y la siguiente, hasta que cumplió con su skincare y la media hora sonó en el cronómetro.
Lo enjuagaba…
Acabando igualmente con la rutina para el cabello.
– Muchas gracias por todos los cuidados. – Expresó empezando a quitarse esa bata y poniéndose de nuevo la playera... Ante esto, la maestra no pudo evitar desviar la mirada y solo le asintió. El joven se notó admirado, era la primera vez que la veía responder a una muestra de agradecimiento. La veía, comenzaba a hacer ese puchero. – ¿Hay algo que te molesta, Azula? – cuestionó.
La chica no respondió en el instante, pero;
– Es solo que…con tus músculos y mi inteligencia, tú y yo haremos, ¡la pareja más fuerte del mundo! – Fuego azulado emergió de sus manos, y la maestra mostró una mueca retorcida. Convencida de lo que decía.
Sokka, por otra parte;
– ¡JA! – sonó con su característica risa burlona. – ¿A que ha venido eso? – preguntó incrédulo, y bastante nada intimidado por esto. Quizá el ya haberse medio quemado y medido con ella, por casi dos meses de persecución; estaba afectándole la percepción de las cosas.
La maestra opacó al fuego en sus manos, extinguiéndolo.
– Tienes brazos muy grandes y marcados. – Expresó después de todo. Como haciendo alusión a lo que había visto… o no.
– ¡Jaja! – De nueva cuenta reía. – Gracias. – denotó amable, y ligeramente vanidoso. – Tú eres la chica más linda, inteligente e increíblemente buena jugadora de voleibol que haya conocido. – correspondió a su 'alago'. Esta era la primera vez que también la escuchaba decir algo como esto. Algo que no tuviera que ver con insultos o alagarse a si misma. Azula solo volvía asentir. ¡¿Pero qué demonios estaba pasando?! Se cuestionó incrédulo. ¿Qué acaso todos los espíritus del guerrero se habían alineado y lo estaban soportando a él? – Sin embargo, nunca te he escuchado reír. – Se atrevió a declarar, presionando un poco más a su suerte.
– No suelo reír por estúpidas razones. – Ahí sonaba a ella. – Nunca me ha gustado mi risa. – expresó, como abriéndose a la situación. Sin negar o evadir su pregunta. El no maestro se sintió afortunado.
– ¿Por qué lo dices? ¿Acaso suenas como un caballo avestruz después de una carrera (agitado)? – Esta le negó. – Por favor, déjame escuchar tu risa. – Prosiguió presionando a su suerte. Tenía que aprovechar este golpe de gracia.
La miraba, esperando algún nuevo gesto o respuesta…
– ¡JAJAJA! – una gran carcajada desfigurada invadió su rostro por completo. Sonando por demás tensa e incómoda. Rara.
– ¡Jajaja! – la del moreno también salió estruendosa. No podía creer lo que veía. Azula continuó riéndose con él, hasta que su risa comenzó a sonar un poco más normal… Cualquiera que pasara cerca de la habitación, pensaría que los chicos se estaban drogando, ante tantas risas sin sentido que se escuchaban ahí dentro… – Ahhh ~ suspiró secando sus lágrimas, de la gracia que todo esto le provocaba. Sin duda era una desubicada igual que su hermano Zuko, aunque desconocía por completo que tanto. ¡Oh, por su boomerang! ¡Este tiempo de espera valió todo! Se dijo a si mismo satisfecho. – Vamos, Zula, ¿qué mas tienes planeado para hacer? – Alentó al empezar a verla un poco más relajada.
– ¿Zula? – se vio incrédula
– Sí, ¿o cómo prefieres que te diga? ¿Zu? ¿Tal vez La? – Preguntó bobo.
– Azula está perfecto. – Replicó segura.
– Sí, pero…es de cariño. – sentenció el otro. Sin pensarlo demasiado, o saber como lo podría tomar. Pues hoy todas las cartas, estrellas, planetas y espíritus; parecían alinearse a su favor.
– Zula está bien. – Consintió.
– Perfecto, Zula. – le puso la mano sobre el hombro, y por tercera vez consecutiva, o por primera vez, la chica no lo derribó.
– ¿Te parece sí empezamos con algunas cuantas películas? – Sugirió. El moreno seguía sin poder creerlo.
– Por supuesto. – sentenció admirado…
Por el resto de la tarde, la cita pasó tan bien como inició. Riendo de manera extraña, y jugaron un poco de Pai Sho. Vieron películas, y ya casi al caer la noche;
– Zula, necesito volver a casa. – sonó el guerrero por lo bajo, como no queriendo despertarla. Pues la joven comenzaba a dormitar, estando recargada en su brazo, completamente baja de guardia.
Sentía que si lo hacía, siete años de mala suerte caerían sobre él, por abusar de su buena racha. O porque finalmente Azula saldría de su trance, y lo destruiría junto a todo lo vivido. Incinerándolo y enterrándolo bajo tierra, dejando todo esto atrás.
– No te vayas todavía. – se oyó por lo bajo. – Le diré algún mayordomo que prepare una habitación para ti. – El no maestro sintió a esas palabras, como una súplica, una que le dolió hasta los huesos.
– Lo siento, pero no puedo hacerlo. No creo que sea correcto. – Expresó. La maestra abrió sus ojos, reflejando por completo su iris avellana. – Te veré mañana, lo prometo. – Completó a su falta de palabras.
– Entonces haré que te lleven. – replicó muy calma.
El joven sintió a un hueco formarse en su estómago.
– No hace falta, puedo pedir un taxi a mi casa. De camino le llamaré a Katara, probablemente se angustie si no lo hago pronto. – continuó explicando.
– Bien. – la otra ya solo consensuó.
Este se levantó de la cama, donde habían permanecido los últimos minutos.
– ¿Te veré mañana? – volvía a cuestionar, y ella solo le asintió. – Bien. – salía de la habitación. – Hasta mañana, Zula. – se despedía simple. Sin embargo, Azula lo alcanzó y le dio un casto beso en la mejilla… Este correspondió igualmente, sintiendo que después de lo vivido, su alma abandonaría su cuerpo y llegaría hasta el cielo.
No creía que fuera posible, estaba contento.
El camino de regreso a su casa fue un poco lo mismo. Se sintió despegar en una nube en cuanto subió al taxi. Cuando llegó, Katara cuestionó sobre su cita, preguntó si tenía hambre o si había cenado algo, pero dio negativa a ambas cosas; incluso desconcertando a sus padres, Hakoda y Malina (su madrastra).
El guerrero solo se encerró en su habitación, acostándose a dormir.
Por extraño que parezca, el día lo había dejado agotado... Se quedó dormido a los pocos segundos, empezando a roncar profundamente.
…
Los enamorados vagaban por los pasillos de la universidad, Azula lanzaba una broma; a su manera, y Sokka soltaba su característica risa, burlón.
– ¡JA! Buena esa, Zula. – el moreno se acercó más a ella, para besarle tierno en la mejilla. Mientras la otra mantenía esa nueva pose, ¿consentida? y soberbia.
– ¡Okey, okey, tiempo fuera! – se escuchó el incordiado. – Tú, aléjate de ella, y tú…– regañaba el maestro fuego, ofendido por la broma. Sokka a penas se apartaría, pero Azula se interpuso entre ambos.
– ¿Estás mal de la cabeza, Zuzu? Aquí la única que decide cuando alejarse soy yo. – Empujó a su hermano. El resto del Gaang solo fue testigo de la escena. – Vamos, Sokka, apesta a aburrimiento aquí. – Ordenó con esa actitud. El de la Tribu Agua denotó gesto. Como de un: 'lo siento', soberbio también de su parte, dando señal de despido.
La tomó de la mano, y se fueron…
– ¿Pueden creerlo? – sonaba un Zuko escéptico. – Ese idiota, acaba de robarse a mi hermana. – sentenciaba él, estando de pie, mirando fijamente a la escena que desplegaban los susodichos.
Sokka y Azula de nuevo caminaban por el campus, yendo de aquí a allá, tomados de la mano y soltando carcajadas como dos pesados descerebrados.
– ¿Estás seguro que no fue al revés? – burló la más bajita, al escuchar todo de fondo y a las fuertes risas que ahora soltaban los individuos en cuestión. El Gaang se dirigía a su lugar de almuerzo, en las gradas de la universidad, antes de que la escena los interrumpiera. Zuko solo la miró de reojo, denotando desaprobatorio. – Anímate, Chispítas. ¿No es lo que querías? – volvía a sonar. Tomando una pose colocando las manos detrás de su cabeza, y soltando una mueca ante la obviedad con desdén.
Con esto el maestro fuego se quedó callado. Volviendo a mirar a la escena.
– Zuko, ¿sabes qué podría animarte? – sonó la más alta del grupo, de cabello negro y flequillo recto. Tomándolo por el rostro. – Porqué no vas a mi casa esta tarde, y preparamos una tarta de frutas. – replicó, con todo lo que para ella podría ser un tono amable. Sugerente.
Sin embargo, no se notó muy convencido.
¿Cómo podrían explicarle al hombre, que lo que siente ahora son celos de hermanos, combinado con su habitual molestia?
Caminaba pesado, yendo justo después del almuerzo a su salón, mascullando una que otra injuria. Porque realmente no podía asociar la idea en su cabeza, de que ahora su hermana 'canturreaba y jugueteaba'. Como si nunca nada malo hubiese existido entre los dos.
– ¡Agh! – bufaba y se reprochaba a si mismo indignado. Iba tan inmerso en sus pensamientos, que ni siquiera la notó, hasta que...
– ¡Ah! – escuchó la queja.
– ¡Suki! – pareció impresionarse.
– Oh, hola, Zuko. – no se oyó ni notó muy animada. El chico por fin pareció salir de su trance y molestia.
– ¿Cómo estás? – preguntó. Principalmente, por amabilidad. No es como que hubieran cruzado mucho palabras antes, y menos ahora con lo que pasaba.
– Eh…no me quejo. – Soltó un tanto, desviando la mirada.
– ¿Vas a algún lado? – se vio interesado.
– A entrenar. Tengo mucho en este momento que canalizar. – sentenció honesta.
El maestro fuego se quedó mirándola. Como tratando de descifrar, si algo de lo que decía podría estar relacionado con Sokka.
– ¿Necesitas compañía? –
La no maestra traía un saco de boxeo cargado en el hombro. Y todo su atuendo lucía deportivo; como peinado, dos pequeñas trenzas sujetas con coletas, agarrando su cabello. Ambas manos vendadas.
– Claro, me vendría bien un poco de ayuda. – Denotó amable pese a todo. Zuko se admiraba. Se sorprendía de lo muy madura y comprensiva que parecía ser frente a la situación. Es decir, prácticamente estaba conversando con el hermano mayor de la susodicha que le robó a su novio…
¿Cómo podía mantenerse tan serena?
– Okey. – se escuchó el otro. – Yo también tengo mucho en la cabeza que sacar. –
Pronto estaban en uno de los gimnasios de la institución, haciendo uso de ese saco; se turnaban cada cuanto para tirar patadas y golpes combinados. Por obvias razones, Zuko se quitó la camisa formal y se quedó solamente con la de resaque. En este momento no le tocaban deportes, así que no quería apestar su prenda del día.
– Y exactamente, ¿qué buscas canalizar? – Cuestionó él. A la oji-gris pareció no inquietarle en lo más mínimo su pregunta. Sin embargo;
– No creo que sea la indicada para decírtelo. – Espetó. Dando un golpe con mayor fuerza al saco. Zuko lo sostenía en esta ocasión. La miraba fijamente, de pies a cabeza cuando lo dijo. Para notar más reacciones.
– ¿Te refieres por lo de mi hermana? – el joven fue directo al grano. Ya no quería evitar el tema. Suki se detuvo un tanto al escucharlo, como midiendo la distancia entre el saco y su puño, para dar el siguiente golpe.
– En parte. – Asintió. – No es algo de lo que me toque opinar. –
– ¿Por qué? – El mayor se sentía escéptico ante tanta pasividad.
– Zuko – por fin lo miró a los ojos. – soy una chica fuerte, independiente. Y Sokka y yo siempre fuimos abiertos y honestos en todo. Si decidió que ya no me necesita, entonces no hay nada que yo pueda hacer… Yo tampoco lo necesito a él. – Explicó muy segura. El maestro fuego se quedó nuevamente admirado. – Ahora, sujeta bien el saco o hazte un lado. – Exigió.
– ¡Hm! Okey. Ya entendí, capitana. – Sentenció él, gracioso. Esta solo continuó.
Acabada la hora, ambos salían del gimnasio bastante más descargados de su frustración. En esta ocasión el mayor llevaba el saco cargado en su hombro, porque por sus modales y decoro, aunque no lo necesitara, él le ayudaría a ella. Se notaban muy amenos conversando de regreso, más vivaces y relajados, y un tanto sudados. Y fue casi inevitable, que la nueva parejita se cruzara en el camino con ellos…
Las miradas fugaces sacaron chispas al instante. Cada quien por su parte, Suki mirando a Azula, y Sokka no pudiendo evitar clavar su completa mirada aguamarina en los profundos iris dorados, que también lo retaron en esos micro segundos.
Simplemente siguieron caminando… Pero a la siguiente hora;
– ¡¿Qué demonios haces con mi ex novia?! – Lo tomó por la camisa, que ya se había puesto otra vez. Pues cuando los vio salir del gimnasio, iban sudados, agitados y Zuko solo llevaba la de resaque encima, con los pantalones escolares también, claro está.
– ¿De qué carajo hablas? – El otro le zafó las manos de su cuello.
– ¡No te hagas el listo conmigo, Zuko! – Estaba colérico. – ¿Este es tú plan? Quedarte con la otra parte porque estás molesto. –
– ¡¿Estás jodido?! – Se vio incrédulo de su reclamo.
– No creas que no lo he notado. Estás molesto conmigo desde que salgo con Azula, pero no tenías porque haber caído tan bajo. – Declaraba.
¡¿Qué?! ¡Eran sandeces! Además, eso qué significaba, ¿estaba celoso? ¡¿a él que más podría importarle?! ¡¿No se supone que sale con su hermana?! El mayor ya no lo aguantó.
– Sabes qué, ¡jódete! – ¡Lo empujó!
Completamente molesto, pero no se quedaría ahí a seguir escuchando estupideces. Se marchó.
