Hay una larga historia detrás de mi ausencia, tal vez la cuente después en mi perfil, tumbrl o algo… de momento, les dejo este capítulo. Con mucho cariño para ustedes, Draco y Ginny.
DG
Capítulo / Día 24. Concierto.
Draco se concedió a sí mismo otro día de descanso luego de que ambos estuvieran bañados. Estaba muy cómodamente recostado en el sofá de Ginny mientras ella paseaba de acá para allá y hablaba sin parar de sus expectativas para ese año.
Él le sonreía y asentía cuando era apropiado; estaba un poco embobado mientras iba pensando cuando sería el momento indicado de publicar su siguiente investigación y darse tiempo suficiente para pulir sus informes, asistir a los congresos pertinentes y llegar a tiempo a cada partido del que Ginny estaba hablándole.
Era consciente de que se encontraban en una burbuja de felicidad otra vez; en algún momento tendrían que dejar el departamento incontrable para continuar sus vidas publicas y darle la cara a todo lo que los había mantenido separados durante esos años, pero Draco esperaba que ambos estarían mejor preparados… luego de todos esos años.
En algún momento Ginny se cansó de deambular y se acomodó como pudo en los brazos de Draco.
-Bésame—le demandó. Y Draco supo que estaban pensando más o menos en lo mismo.
Una de sus mayores preocupaciones era el miedo que Ginny aún le tenía a Lucius y la sensación de que en cualquier momento volvería a rendirse y echarlo. Pero era difícil saber si era porque su padre vivía abiertamente impune o porque en todos esos años Ginny no había vuelto a confiar realmente en nadie como para contar como se sentía o ser ayudada.
¿En serio la única ayuda de Potter y los Weasley había sido que viviera incontrable y aislada? ¿Vivían todos tan contentos en esa impunidad?
-En cualquier momento, Harry sabrá que el secreto fue roto y él o algún otro auror tendrá que venir a ver cómo estoy—murmuró Ginny con su nariz en el pecho de Draco.
Entonces ese era el panorama: Lucius estaba impune y seguía siendo un radical con hombres a su servicio. Potter y los Weasley habían puesto a Ginny en una casa incontrable confiando en que ninguno de esos hombres radicales que servía a Lucius Malfoy le atacaría en sitios públicos solo porque sí y en que no provocarían accidentes en su trabajo.
Ministerio y familia de inútiles.
¿No les importaba mientras estuviera lejos de él? ¿Eran así de simples sus razones y su actuar?
-¿Qué pasa cuando lleguen y confirmen que estás bien?
-No lo sé. Hace años que no le contábamos a nadie.
-Potter no le confiará esto a otra persona—reflexionó Draco en voz alta-, ¿Qué pasa cuando llegue y vea que me dejaste entrar? –especificó él.
Ginny se habría alzado de hombros si no estuviera tan apretada entre Draco y el respaldo del sillón. –Realmente ya no lo sé, quizá nos dé un regaño, quizá solo me mire con decepción, quizá este furioso…
Draco se incorporó entonces y maniobró para sentarse con ella en su regazo.
-No tengo intenciones de que este reencuentro termine hoy y aquí – dijo firmemente y mirando a los ojos de Ginny-, pero no te he preguntado.
-Hemos hecho un montón de planes ¿de qué hablas?
-De que es fácil soñar. Pero quiero saber si realmente haremos esto: contarle a Potter, enfrentar a nuestras familias, intentar ser una familia. Todo.
En la posición que estaba, Ginny podía fácilmente eludir la mirada anhelante de Draco, se permitió distraerse un momento en su pecho, en el borde de una de las tantas cicatrices que le marcaban el torso. Su mayor miedo siempre sería volver a ponerlo en peligro.
-No he dejado de temerle a tu padre un solo día de todos estos años.
Draco cerró los ojos asimilando las palabras de ella, busco su frente con los labios y se esforzó en no perder el control mientras Ginny admitía un miedo del que ya era consciente.
-Tampoco he dejado de quererte, Draco. Ni un solo día… de todos estos años.
Antes que Draco pudiera responder otra cosa, Ginny ya estaba besándolo. De nuevo estaban solos y de nuevo tenía miedo de que algo le sucediera a Draco por su culpa, pero soltarlo otra vez, dejar que se marchara sin ella… No.
No podía soltarlo y soportar el mundo otra vez sin él.
DG
Todo había comenzado en Azkaban.
Los hombres que seguían a Lucius Malfoy lo habían conocido en la prisión y se podría decir que estaban poco interesados en seguir a Lord Voldemort en esos días o en el presente.
Para muchos de ellos, Voldemort no había representado más que un ideal de que los magos dominaran, pero ni lo habían conocido ni lo habían admirado realmente. Al final, un muchachito lo había vuelto a vencer.
En cambio, cuando Lucius había ido a la prisión también, muchos de los magos presos que lo habían conocido, se habían formado una imagen de él de líder. Lucius Malfoy se había equivocado en seguir a un mago mestizo, todos estaban de acuerdo; pero no se equivocaba en su ideal de un mundo donde los magos puros dominaran y fueran poderosos.
Tras la caída del Señor Oscuro, muchos siguieron a Lucius, indiferentes al destino de su anterior amo. Lucius era un mago puro, poderoso en su magia y con una fortuna considerable para mantenerlos protegidos de volver a la prisión. Su lealtad estaba establecida.
A dicho grupo de radicales no le gustó nada la idea de que el hijo de su benefactor regresara al país. Su hijo que no compartía su ideología y los distraía de sus labores; a él no le guardaban lealtad.
Diferente habría sido si Draco fuera uno de ellos, si estuviera dispuesto a heredar el poder de su padre y, por lo tanto, las lealtades de esos hombres. El chico era hábil y valioso y seguro que sus pociones y recursos les podrían ser de utilidad. Podrían haberle utilizado en lugar de vigilar con quien dormía o mejor aún: podrían haber utilizado también a la poderosa mujer con la que dormía para que su imperio de pureza se mantuviera.
Dos magos poderosos que podrían haber estado de su lado, habían decidido en cambio, jugar a la casita. Draco jamás se había vuelto a plantear seguir las ideas radicales de su padre y, por consiguiente, Ginny jamás lo había ni considerado. Y su líder, Lucius Malfoy, les mandaba tomarse el tiempo de ver que estaban separados o darles cacería.
Quedaba claro que el asunto era importante, que no era sólo por capricho que Lucius no quería que su hijo uniera su destino al de la mujer Weasley. Que esa unión no era un obstáculo menor, sino una amenaza.
Y, además, en ese complejo juego, había muchas piezas esenciales clavadas. Si Lucius Malfoy osaba atacar a Ginevra Weasley, Harry Potter tomaría partida, mejor dicho, Harry Potter y los aurores del ministerio.
La joven Ginevra Weasley era la pieza esencial en el tablero. No podía ser eliminada sin consecuencias y, por lo tanto, había estado al centro de su atención por años.
Por una razón que, además, nadie en ese grupo comprendía: amor. Ginevra Weasley no había amado a nadie después que a Draco y el potencial heredero de Lucius ni siquiera lo había intentado.
Con lo fácil que hubiera sido si Ginevra aceptaba al jefe de la oficina de aurores y Draco a cualquier otra joven de sangre pura. Sin embargo, las alertas que los seguidores de Lucius en Europa, China y Brasil recibieron esa noche, mandaban al olvido esa alternativa "fácil"
Si le preguntaban a Mikel Arron, quien se encontraba en negociaciones en Hungría cuando su presencia en Escocia fue requerida, él les diría que entendía el deseo de que Draco abrazara los ideales de su padre y líder y también el gran obstáculo que Ginevra Weasley representaría para su grupo si se casaba con Draco.
Aún peor: si esa mujer se embarazaba de Draco, el hijo de esa unión heredaría el poder y fortuna de los Malfoy poniendo en peligro a todo su grupo.
El espía abandonó la casa de ópera disculpándose con sus anfitriones educadamente, era una lástima abandonar ese concierto, pero lo entendía. Mikel Arron lo entendía: todas sus otras misiones estaban en peligro si no localizaban a Draco Malfoy y lo alejaban de Ginevra Weasley de inmediato.
DG
DG
DG
Muchas gracias, si han llegado aquí. Espero quede alguien y le haya gustado.
¡Vamos por esos últimos capítulos!
