El rubio estaba mirando con mala cara la pantalla donde pasan los créditos finales porque ya acabó el documental, preguntándose por qué Netflix no estaba interesado en hacer algún documental sobre Roma que sea más serio o una serie con más episodios que abarcara desde su fundación hasta su caída en lugar de resumir todo en 8 como máximo.

—Hombres y su obsesión por el imperio romano —pronuncia la chica con una pequeña sonrisa de burla—. Me pregunto hasta dónde podrías llevar eso. ¿Quizás hasta casarte con una italiana? Somos lo más parecido que queda.

Él no entendía por qué hacía esto ella. Sí, le gusta fastidiarlo cuando está de mal humor y él siempre lo ha ignorado, pero esto es diferente a las últimas veces. ¿Por qué el cambio de ángulo? ¿Habrá hecho algo para molestarla? No entiende por qué burlarse de lo que más ama. Pero decide no pelear, como siempre.

—Iré a lavar los platos —es lo menos que puede hacer, no le gusta quedarse como invitado sin hacer nada. Espera que eso la distraiga, pero ella lo persigue a la cocina con la excusa de buscar otra cosa de beber.

La cocina es amplia. Por lo general hay una empleada que se encarga de realizar las labores, pero está de vacaciones y a pesar de ser una niña rica, que se queja mucho de muchas cosas, Chiara no tiene reparos en realizar esas tareas.

¿Pero si lavar el auto arruinaba sus uñas por qué cocinó? Si no lo odiara, diría que quiso tomarse un lindo gesto con él. Niega con la cabeza. Cosas de chicas que jamás entenderá ni con todos los libros que lea.

Justo cuando está por terminar y secándose las manos con un trapo que ella le pasa, éste se desliza por su brazo, que ella agarra ligeramente.

Por un momento, sus ojos le miran fijo y se acerca más a su cuerpo… ¿Acaso ella quiere… quiere…?

—Tienes espuma en el pecho —dice la castaña tocándole el lugar para sacar la espuma y arrojarla al lavamanos, lavarse y luego volver a mirarlo, y reírse.

—¿Qué pasa? ¿Esperabas otra cosa o quizás te asusté? No sabía que temías la cercanía de una chica.

Sus orejas se ponen rojas.

Eso es suficiente.

El rubio le cerró el paso contra el mesón, una sonrisa maliciosa que no nadie sabía que podía hacer mientras con ambas manos a sus lados impide huir, la mira sobre su cabeza como un depredador a su presa.

—Oh, ¿qué sucede? ¿Te quedaste sin palabras?

Espero verla enojarse de que él se atreviera a tanto, pero en cambio ella se quedó sin habla, incapaz de articular algo en esta posición.

La chica estaba en shock. Eso hace que el rubio retroceda.

—Y-yo no…

El rubio se reprende a sí mismo.

—Lo siento. No quería asustarte.

Pero ella no estaba asustada. Maldita sea. ¿Él en serio creía que podía asustarle que él de entre todas las personas haga ese acto de chico malo cuando todos saben que es un pan de Dios?

Quizás es hora de ser honesta.

—Yo también lo siento —dijo sonrojada bajando la cabeza a sus pies.

—¿Por qué?

—Tal vez sea porque fui grosera contigo desde niños y por eso tal vez no entiendes que no estoy haciendo esto para burlarme de ti.

—¿Cuál era el objeto entonces?

Por fin hace las preguntas correctas.

Es ahora o nunca, pensó Chiara. Tomó aire. Se apoyó en el mesón pero como no se molestó en secarse o lavarse bien, su mano resbala. El rubio la agarra cuando la ve tambalearse para adelante, atrapándola en sus brazos, ella termina sobre su duro pecho tonificado.

—Ten más cuidado —grita él asustado.

La chica se sonroja.

—Solo— no sabía cómo decirte que me gustas —confiesa rápidamente, hundiendo su rostro en su pecho no con malas intenciones, solo no quiere que la vea. Gracias a eso puede sentir el corazón de Ludwig latiendo rápidamente, se cuestiona si será por su confesión o por el susto. Quiere ver su rostro. Se aleja para mirarlo a los ojos y descubrirlo.

Él la mira fijamente por un momento, está claramente sorprendido y con un sonrojo en sus mejillas. Entonces por alguna razón sube la mirada hacia arriba.

La castaña no tarda en darse cuenta del motivo.

Del susto y por sus rápidos reflejos, él apretó demasiado y rompió sin querer el broche a su espalda. Ahora el brasier está suelto y se le está cayendo, rápidamente lo sostiene con las manos para cubrirse. Aunque… como le gustan sus reacciones, bromea un poco.

—¿No quieres mirar?

—¡¿Q—Qué?!

—Solo digo—

Ahora definitivamente Ludwig se harta. La única forma de callarla que se ocurre es besarla. Antes de que pueda separarse, ella reacciona cruzando los brazos por su nuca y atrayéndolo a ella cuya cadera toca el mesón y-

—¡NO, NO SEÑOR, SI ALGUIEN VA HACER COCHINADAS EN LA COCINA SERÉ YO, NO USTEDES! —dijo el abuelo soltando la cintura de la mujer con la que había venido esa noche.

El rubio se apartó de ella de inmediato con ganas de desparecer de la faz de la tierra, pero la castaña no lo pudo tomar tan en serio cuando su abuelo tenía la cara llena de labial y la camisa abierta.


El siguiente será el epílogo y acabamos con este nuevo fanfic~~