Disclaimer: Este trabajo es un fanfiction creado por Aikaering y se basa en el universo de Naruto, creado por Masashi Kishimoto. Todas las ubicaciones, personajes y eventos pertenecen a sus respectivos propietarios y son utilizados aquí sin fines de lucro.
Palabras: 9,847
Personajes principales: Sasuke Uchiha, Hinata Hyuga, Sabaku no Gaara
Género: Romance/Drama
Flashback
Actualidad
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Capítulo II
"El Eco de un Encuentro"
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En ese encuentro efímero, la lluvia actuó como un espejo que reveló verdades ocultas, llevándolos a ambos a enfrentar el peso de sus recuerdos y decisiones pasadas.
—Hinata... —susurró Sasuke, su voz apenas un eco en el bosque mojado.
Hinata, bajo la lluvia que empapaba su cabello oscuro, levantó la mirada hacia él. Sus ojos perla reflejaban una mezcla de sorpresa y reconocimiento. El sonido de la lluvia y el susurro de la neblina crearon una atmósfera de misterio alrededor de ellos.
—Uchiha-san...
En ese instante efímero, el mundo se redujo a dos figuras solitarias, perdidas entre las gotas de lluvia que tejían un manto líquido sobre sus cuerpos. Ella, con su melena empapada, y él, con la intensidad de su mirada que atravesaba la cortina de agua, compartían un silencio que hablaba más que mil palabras. Cada gota que caía parecía susurrar los secretos no dichos, las cicatrices ocultas y las historias que los habían llevado a ese punto.
El tiempo, por un momento, dejó de avanzar. El reloj del universo parecía haberse detenido, dejándolos atrapados en ese espacio temporal donde solo existían ellos dos. En medio de la lluvia, las emociones flotaban en el aire, creando una atmósfera densa.
Ninguno de los dos se atrevió a romper el encanto del silencio. Las palabras, aunque presentes en sus pensamientos, se resistían a salir, como si el sonido de la lluvia las ahogara.
— Debo irme — susurro Hinata mientras bajaba la mirada. Los ojos negros de Sasuke, impenetrables como la noche, seguían fijos en la figura solitaria de Hinata. Sin pronunciar palabra alguna, él avanzó lentamente, una sombra en la penumbra que amenazaba con absorber la luz de la joven Hyuga. Hinata, sintiendo la vulnerabilidad colgando sobre ella como un manto invisible, extendió su mano con gesto firme para detener la aproximación de Sasuke. Sus dedos temblaban sutilmente, pero su determinación prevaleció. Necesitaba irse, alejarse de aquel escenario que solo reavivaba recuerdos dolorosos y anhelos frustrados — Necesito irme.
Hinata dio un paso atrás, sus ojos reflejando una mezcla de tristeza y determinación. La lluvia, testigo silencioso de la escena, empapaba su figura, ocultando las lágrimas que caían con la misma intensidad que el diluvio que la rodeaba. Las gotas de agua caían incesantes sobre el frío suelo, creando un murmullo constante que resonaba en los rincones del silencioso paisaje. Hinata se alejaba de Sasuke, sus pasos resonando en la penumbra mientras la lluvia enmascaraba las lágrimas que se deslizaban furtivamente por sus mejillas de la Hyuga.
Sasuke, por su parte, permaneció en su lugar, con la mirada perdida en el rastro que dejaba Hinata. La distancia entre ellos se ampliaba con cada paso que ella daba bajo la lluvia.
Hinata corría entre las sombras, buscando refugio en la oscuridad de la noche y en los latidos apresurados de su corazón roto. Sasuke, inmóvil y solitario bajo la lluvia, quedaba atrás, su figura desdibujándose en la penumbra como un recuerdo que se desvanecía con el tiempo.
A medida que se alejaba de Sasuke, podía sentir el peso de la distancia entre ellos, una brecha que se ampliaba con cada paso que daba. El sonido de sus pasos resonaba en el silencio de la noche, marcando su partida como un eco de su dolor. A pesar de la lluvia que ocultaba sus lágrimas, cada una de ellas era un testigo silencioso de su angustia.
El entorno que la rodeaba parecía reflejar su estado de ánimo. La oscuridad de la noche se veía intensificada por la lluvia, creando un paisaje sombrío y desolado. Los árboles se mecían con el viento, como si también ellos compartieran el dolor de Hinata.
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Konoha se sumerge en la rutina después de la noche de lluvia que marcó el inicio del reencuentro entre Sasuke y Hinata. La frescura dejada por la lluvia aún se siente en el aire, creando un ambiente renovado y cargado de expectación. Las gotas de agua persistían en las hojas de los árboles, como diamantes líquidos que titilaban bajo la luz del sol emergente. La frescura dejada por la lluvia se sentía en el aire, impregnando cada rincón con una sensación de renovación.
Las calles, ahora limpias y relucientes, reflejaban los rayos del sol matutino. Los aldeanos comenzaban a salir de sus hogares, con un paso ligero y sonrisas frescas, como si la lluvia hubiera lavado no solo el entorno, sino también sus preocupaciones. El bullicio regresaba a las calles, pero esta vez con una energía diferente.
Desde lo alto de la imponente torre del Hokage, el nuevo líder de la aldea observaba en silencio el panorama que se desplegaba ante sus ojos. La luz de la mañana acariciaba las estructuras de la aldea, proyectando sombras danzantes sobre los edificios y calles. Naruto aguardaba expectante la llegada de Sasuke, el rincón de la oficina Hokage iluminado por la tenue luz del atardecer. Se sentó frente a su gran escritorio y suspiró con tranquilidad, permitiéndose un momento de reflexión antes de la reunión que se avecinaba. Si bien sabía que con el regreso de Sasuke habría muchos cuestionamientos por parte de la aldea, una chispa de alegría iluminaba sus ojos.
Después de tantos años de conflictos y desafíos, su amigo finalmente se uniría a todos aquellos que lo apreciaban. Antes de ascender como Hokage, Naruto se había encargado personalmente de entablar distintas reuniones con Sasuke durante su autoexilio después de haber ayudado en la guerra. Recordó esos momentos, en los que el Uchiha se mostraba reacio a regresar a Konoha, sumido en sus propias sombras. Sin embargo, Naruto con su inquebrantable determinación, había insistido en que Sasuke volviera, aunque fuera en tiempos parciales.
Los recuerdos de esas conversaciones resonaban en su mente mientras aguardaba en silencio. El rubio anhelaba que Sasuke pudiera comprender el afecto y aprecio que muchos aún guardaban por él. Aunque el reencuentro estaba impregnado de la seriedad característica de ambos, Naruto sintió la esperanza de un nuevo capítulo para su antiguo amigo.
Sasuke cruzó la puerta con una mirada intensa, sus ojos oscuros analizando cada rincón de la oficina Hokage. Naruto se puso de pie, y una sonrisa nostálgica se formó en su rostro.
― ¡Bienvenido! ― dijo Naruto con calidez, extendiendo sus brazos en señal de bienvenida.
Sasuke asintió levemente, su expresión seria apenas alterada.
― Al parecer las cosas han cambiado ― respondió, su tono revelando la cautela que aún guardaba.
Naruto, sin embargo, no se dejó afectar por la solemnidad de Sasuke. Señaló hacia la silla frente a su escritorio.
― Siéntate, hay mucho de lo que hablar ― invitó Naruto, retomando su asiento.
Sasuke obedeció y se acomodó, manteniendo su mirada fija en Naruto. La habitación quedó en un breve silencio antes de que Naruto comenzara a hablar de manera franca.
― Has estado ausente por mucho tiempo, Sasuke. La aldea ha cambiado, ha crecido. Pero siempre has sido una parte importante de ella ― dijo Naruto, su voz resonando con sinceridad.
Sasuke asintió, pero sus ojos reflejaban una mezcla de emociones.
― Sabes que no puedo volver como si nada hubiera pasado ― expresó Sasuke, su voz firme.
Naruto asintió comprensivo, reconociendo la carga que su amigo llevaba consigo.
― Lo sé, Sasuke. Pero también sé todo lo que lograste durante este tiempo lejos de Konoha ― afirmó Naruto, su mirada reflejando la confianza en la transformación de su amigo.
La conversación continuó entre los dos antiguos compañeros, explorando los recuerdos del pasado y trazando el camino hacia un futuro compartido. Mientras el sol iluminaba la oficina Hokage la cual se convirtió en el escenario de un reencuentro marcado por la esperanza y la posibilidad de un nuevo comienzo.
Sasuke suspiró, como si la respuesta de Naruto le hubiera tocado una fibra sensible. ― No sabes nada… ―sentencio.
Naruto se acercó a Sasuke, colocando una mano reconfortante en su hombro. ―Todos tenemos un pasado y lo respeto, aun no sé qué sucedió años atrás, pero ¡Hey! Cuando estes listo para hablar podemos ir por un poco de ramen.
La conversación entre los dos antiguos compañeros continuó, explorando los recuerdos del pasado y trazando el camino hacia un futuro compartido. Sin necesidad de palabras, entendieron que este encuentro no solo era un reencuentro entre dos individuos, sino también una reconciliación con el pasado y la construcción de un futuro compartido. La amistad entre Naruto y Sasuke se revitalizó, arraigada en la comprensión mutua y el respeto ganado a lo largo de los años.
El sol comenzaba a pintar el cielo de tonos naranjas, anunciando la llegada del atardecer sobre las colinas de Konoha. Sasuke se levantó de la silla que ocupaba frente al escritorio del Hokage Naruto. Con un gesto breve pero respetuoso, indicó su despedida y abandonó la oficina.
A medida que se adentraba en las calles animadas de la aldea, Sasuke cubría su espada con la capa negra que ondeaba a sus espaldas. La capa no solo le otorgaba un aire de misterio, sino que también servía como una barrera ante la atención no deseada de los aldeanos curiosos. El ruido bullicioso de la aldea resaltaba su presencia, pero su aura tranquila y decidida lo mantenía ajeno a las distracciones.
El contraste entre la paz aparente de Konoha y la carga emocional que Sasuke había arrastrado todo ese año consigo creaba una atmósfera única. Aunque sus acciones y decisiones lo habían alejado de la aldea, el lazo que tenía con ella seguía presente, como una sombra que lo acompañaba en cada paso.
Sasuke continuó su camino, dejando atrás la bulliciosa actividad de Konoha. La calma del atardecer se apoderaba de la aldea, y él se sumía en sus propios pensamientos mientras la luz del sol se desvanecía lentamente en el horizonte, marcando el final de otro día en la vida del último miembro del clan Uchiha.
El mercado lleno vida con el ajetreo de los comerciantes instalando sus puestos y los aldeanos curioseando entre las mercancías frescas. Aunque la rutina diaria se restablecía, un susurro de anticipación flotaba en el aire, como si todos fueran conscientes de que algo había cambiado, algo que se gestaba bajo la superficie de la tranquilidad encontrada.
En la Academia Ninja, los jóvenes aspirantes a shinobi practicaban, ajenos a la atmósfera transformadora. La brisa matinal llevaba consigo el murmullo de los estudiantes, pero también un sutil cambio en la dinámica de la academia, como si el futuro de la aldea estuviera siendo moldeado por fuerzas invisibles.
Sasuke, el errante prodigio del Clan Uchiha, su figura encapuchada, envuelta en sombras, provoca que las miradas curiosas y respetuosas se volaban hacia él. El viento agitaba su melena oscura mientras avanza con paso decidido, su rostro oculto bajo la capucha revela una expresión imperturbable. Las leyendas que rodean su nombre se susurran entre los habitantes del pueblo, y aunque sus ojos no buscan el reconocimiento, la atmósfera se carga con la energía de un pasado oscuro y misterioso.
Sasuke, ajeno al revuelo que provoca, se sumerge en el laberinto de callejones, perdido en sus propios pensamientos. El sonido de sus pasos resonando en las estrechas calles se mezcla con el murmullo de la gente que apenas se atreve a susurrar su nombre.
Ingresó a los terrenos Uchiha con pasos decididos, pero su expresión reflejaba una mezcla de determinación y pesar. Cada esquina que doblaba revelaba los vestigios de un pasado que aún lo atormentaba. El viento soplaba entre los árboles, susurros inaudibles que parecían llevar consigo los ecos de decisiones que resonaban en el silencio de la noche. El antiguo suelo estaba impregnado de memorias, cada piedra y sombra contaba una historia de días más felices y noches más oscuras. El crepitar de las hojas secas bajo sus pies resonaba como un eco de las huellas que él y su clan habían dejado atrás. Sasuke avanzaba con melancolía.
Al pasar las horas su mirada fija en el horizonte, donde la luna apenas iluminaba los vestigios de lo que alguna vez fue su hogar. El silencio de la noche se veía interrumpido por el susurro del viento entre las hojas de los árboles, un murmullo que parecía susurrar secretos ocultos en cada rincón. Cada paso le recordaba las decisiones que lo llevaron a este solitario peregrinaje, un camino elegido en busca de respuestas, pero que también estaba marcado por la sombra de su venganza.
A medida que avanzaba por los terrenos Uchiha, las sombras de los recuerdos se proyectaban sobre él, recordándole las personas que alguna vez amó y las relaciones que se desvanecieron en la penumbra de su propio dolor. Las llamas que consumieron su clan dejaron una marca indeleble en su alma, y la soledad de este lugar abandonado le recordaba constantemente el precio de su sed de venganza. ¿Y que le había traído esto? Solo la verdad… aquella verdad de un clan corrompido.
En cada esquina, Sasuke se encontraba cara a cara con los fantasmas de su pasado, pero también con la oportunidad de confrontar sus propios demonios. El clan Uchiha, cargado de historia y dolor, se convertían en el escenario donde el protagonista debía reconciliarse con su legado y tomar decisiones cruciales para su futuro incierto.
Mientras las sombras de la noche se alargan, Sasuke se convierte en una silueta solitaria que se desvanece entre los callejones, llevando consigo un peso que no lo deja descansar y el eco de un destino que aún no ha alcanzado su resolución. La ciudad sigue zumbando a su alrededor, pero él continúa su camino, un errante en busca de respuestas entre las sombras de su propia existencia.
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El jardín del Clan Hyuga siempre había sido un refugio para Hinata. Entre los elegantes árboles y los grandes jardines cubiertos de flores, encontraba la calma que tanto anhelaba en su vida. La suave melodía de la lluvia acariciando las hojas y las flores creaba un ambiente de paz que envolvía su ser, alejando por un momento las preocupaciones y responsabilidades que pesaban sobre ella.
Un suave suspiro escapó de los labios de Hinata mientras se incorporaba lentamente del banco de piedra. Sus pies desnudos apenas rozaban el suelo húmedo mientras caminaba sin rumbo fijo entre los árboles. Cada paso era una oportunidad para conectar con la naturaleza que la rodeaba, para sentirse parte de algo más grande y eterno.
Frente a Hinata se extendía el pequeño estanque, sus aguas quietas reflejaban la luz tenue del crepúsculo. Una suave brisa mecía las ramas de los árboles circundantes, creando un susurro constante que envolvía el lugar en una serenidad aparente. Sin embargo, en el corazón de Hinata, la calma se veía eclipsada por la tormenta de recuerdos que la asediaba.
Sus ojos se posaron en la superficie tranquila del agua, y un escalofrío recorrió su espina dorsal. El estanque, tan sereno a primera vista, se convirtió en un espejo de sus propias emociones tumultuosas. Con melancolía, revivió en su mente el doloroso encuentro que tuvo con el último Uchiha. Las imágenes del pasado se desplegaron ante ella como un espectro incesante. El rostro serio de Sasuke, la distancia palpable entre ellos, las palabras no dichas que resonaban en el aire tenso. Cada detalle, cada gesto, se había grabado en su memoria de una manera que la atormentaba sin piedad.
Un nudo se formó en su garganta, como si la misma tristeza que impregnaba el estanque se hubiera trasladado a su interior. Hinata, en un esfuerzo por liberarse de la opresión emocional, sacudió la cabeza con determinación. Pero los recuerdos persistían, y sentimientos de abandono se abrían paso en su mente, como sombras que se aferraban a la luz tenue del crepúsculo.
Reprendiéndose a sí misma por permitir que el pasado la consumiera, Hinata luchó contra las lágrimas que amenazaban con emerger. Se aferró a la quietud del entorno, buscando consuelo en la naturaleza que la rodeaba. Sin embargo, la sensación de soledad persistía, como una lluvia fina que caía sobre su alma, marcando la tristeza que yacía en lo más profundo de su corazón.
Hinata alzó una mano temblorosa para secar las lágrimas que traicioneramente surcaban sus mejillas. Cada gesto era una lucha contra la fragilidad de su propio corazón, una batalla silenciosa librada en el espacio entre la tristeza y la determinación. Mientras se limpiaba, la lluvia caía sobre ella, como si el cielo mismo compartiera su pesar, el verano no solo traía alegría si no también aquella molesta lluvia que pretendía lavar sus pecados y arrepentimientos.
Caminó sin rumbo fijo, sus pasos perdidos en la dirección de un horizonte incierto. Las calles de la aldea se extendían ante ella, pero su mirada estaba perdida en algún lugar más allá, sumida en la tormenta interna que la envolvía. Se alejaba de la seguridad de su hogar, buscando respuestas en un mundo que parecía tan desconcertante como sus propias emociones. Quizá esa noche podría armarse de valor.
La lluvia se convirtió en su única compañera en esos días oscuros. Cada gota que caía del cielo parecía llevar consigo un eco de su dolor, fundiéndose con las lágrimas que ella misma derramaba. La brisa llevaba consigo el aroma de la humedad, una mezcla de frescura y melancolía que se aferraba a su piel como un recordatorio constante de la tormenta interior que la acompañaba.
Hinata avanzaba, envuelta en la lluvia y en sus propios pensamientos tormentosos. Cada paso la alejaba un poco más de la protección de su hogar, adentrándola en un territorio desconocido donde la incertidumbre se mezclaba con el agua que empapaba su figura solitaria. Bajo la lluvia, en la penumbra de la tormenta llega a un estanque que albergaba promesas rotas.
Sasuke por su parte, sin darse cuenta, se encontró caminando hacia el mismo lugar que Hinata, como si una fuerza invisible lo atrajera hacia allí. La conexión entre ellos, aunque sutil, era palpable, como si fueran dos polos opuestos destinados a encontrarse en ese rincón tranquilo.
Mientras se aproximaba al campo cubierto de camelias, la lluvia persistente se deslizaba entre los pétalos delicados de las flores, creando un tapiz de gotas que brillaban como pequeñas joyas en la luz tenue de la luna. El suelo embarrado reflejaba el resplandor plateado del cielo nocturno, mientras que el suave murmullo de la lluvia formaba una sinfonía tranquila que llenaba el aire. El aroma embriagador de las camelias impregnaba el ambiente, mezclándose con la frescura de la lluvia y creando una experiencia sensorial única.
Cada pétalo, meticulosamente dispuesto en las ramas, sostenía pequeñas perlas de agua, como lágrimas de la noche depositadas con delicadeza. Bajo el manto de nubes que se extendía sobre el campo, la luna se asomaba intermitentemente, arrojando destellos de luz sobre las camelias y creando sombras danzantes en el suelo. El contraste entre la oscuridad de la noche y la luminosidad de las flores confería al paisaje una atmósfera mágica, donde lo etéreo y lo terrenal convergían en armonía.
Ante ese enigmático paisaje Sasuke noto la figura de Hinata, sus ojos fijos aquel espectáculo. La atmósfera estaba cargada de una extraña electricidad, como si el universo mismo estuviera tejiendo un vínculo entre ellos, tratando de unir lo que se encontraba roto. En un instante, sus miradas se cruzaron, y el tiempo pareció detenerse.
Hinata levantó la mirada, sorprendida por la presencia de Sasuke. Sus ojos, un reflejo claro de la tormenta interna que llevaba consigo, encontraron los de él en un instante de conexión pura. No necesitaban palabras; algo en el aire había cambiado, una chispa que encendió una llama tímida pero persistente.
Sasuke, por un momento, se encontró atrapado en el abismo de los ojos de Hinata. La intensidad de la conexión era innegable, y aunque su expresión seguía siendo imperturbable, en su mirada se insinuaba un matiz de reconocimiento. En silencio, se quedaron allí, atrapados en un momento en el que las barreras emocionales parecían desvanecerse.
Finalmente, Sasuke rompió el silencio con una pregunta que resonó en el tranquilo entorno. ― ¿Cómo has estado? ― preguntó, su tono de voz más suave de lo habitual. La pregunta llevaba consigo la curiosidad guardada por años.
Hinata, sorprendida por la pregunta, titubeó antes de responder con sinceridad, ― Bien… estoy bien ― Sus ojos no abandonaron los de Sasuke, como si estuvieran tratando de comunicar más de lo que las palabras podían expresar.
La chispa entre ellos creció y en sus almas una llama nació. Y en ese breve encuentro visual, algo más que la paz y la reflexión se estaba gestando en el aire de aquella noche lluviosa. Una conexión única, destinada a desentrañar los recuerdos de dos almas heridas.
Hinata observó a Sasuke, sumida en la melancolía de reconocer a un hombre que parecía ser una sombra del que una vez conoció. Su corazón latía con la esperanza de dar el primer paso, pero una duda persistente la frenaba. Aquel hombre frente a ella era más alto, su cabello más largo, casi hasta llegar al inicio de sus hombros, y unas líneas de experiencia marcaban su rostro. La sonrisa torcida que alguna vez fue un gesto familiar ahora era una línea amarga, como una cicatriz del tiempo que ambos compartían.
Hinata, sintiendo que la brecha entre ellos se había vuelto insuperable, titubeó en su deseo de acercarse. No era el Sasuke que recordaba del pasado, en donde encontró y perdió todo, no era el mismo hombre que una vez compartió miradas y susurros en la oscuridad de la noche. Un peso de nostalgia y pérdida la invadió.
Decidió retirarse con cortesía, haciendo una leve reverencia como despedida, una vez más huía, y es que si no lo hacía sucumbiría ante el dolor del cual quería deshacerse. Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso atrás, Sasuke capturó su mano. La sorpresa paralizó a Hinata por un momento, y sus ojos se encontraron con los de él, oscuros y penetrantes como siempre.
Sasuke, con una seriedad que reflejaba un rastro de la intensidad que una vez compartieron, habló con voz grave y medida. ―Hinata, no te vayas. ― Sus ojos, llenos de una mezcla de pesar y determinación, buscaron los de ella en busca de alguna respuesta. La mano de Hinata tembló ligeramente en la suya, una conexión efímera pero tangible que parecía susurrar de un pasado compartido y un presente incierto. Sus ojos, llenos de una mezcla de pesar y determinación, buscaron los de ella en busca de alguna respuesta.
Hinata, sintiendo la firmeza en la voz de Sasuke, detuvo sus pasos vacilantes y se volvió hacia él. Sus ojos perla miraban a los oscuros de Sasuke, creando un puente silencioso entre ellos cargado de historia no dicha. La brisa nocturna jugueteaba con los mechones sueltos de su cabello, mientras la intensidad del momento colgaba en el aire como una promesa suspendida.
― No sé si pueda quedarme ― Hinata respondió con sinceridad, su voz apenas más que un susurro, pero resonando con la carga emocional que ambos llevaban consigo.
Sasuke asintió, como si entendiera el peso de las palabras no dichas. ―Lo sé ― Su expresión se volvió más intensa, como si cada palabra fuera una piedra en el camino que necesitaba ser colocada con cuidado.
Hinata sintió la mano de Sasuke aferrándose a la suya, un gesto que parecía transmitir un eco de un pasado compartido. La conexión entre ellos, aunque efímera, parecía trascender el tiempo y el espacio, recordándoles lo que alguna vez fueron el uno para el otro.
― Solo un momento… ― Sasuke confesó, sus ojos revelando la vulnerabilidad que raramente dejaba al descubierto, pero antes de que continuara Hinata lo interrumpió.
Hinata bajó la mirada, asimilando las palabras que quizá Sasuke podría querer decir. El susurro del viento y el suave crujir de las hojas bajo sus pies parecían acompañar la revelación. Antes de que pudiera reaccionar, el cuerpo menudo de Hinata fue envuelto en un abrazo firme por parte del último Uchiha.
La sorpresa se reflejó en sus ojos, pero pronto cedió a una sensación de confort. La conexión entre ellos se fortaleció en ese abrazo, un encuentro silencioso que hablaba más allá de las palabras.
Sasuke, con su gesto, transmitía una vulnerabilidad que rara vez se dejaba ver. El abrazo hablaba de un entendimiento compartido, de dos almas que, a pesar de sus caminos divergentes, encontraban consuelo en la presencia mutua. La quietud del campo de camelias se volvió testigo de este momento de intimidad, donde el lenguaje del abrazo superaba cualquier explicación verbal.
―Uchiha-san… Detente ― Hinata titubeó, mientras trataba de alejarlo ― Por favor, no hagas esto, ya no más…te lo ruego ― La tensión era palpable, una corriente eléctrica que parecía bailar en el aire.
Sasuke, con su mirada aguda, observaba a Hinata con atención, captando cada matiz de fragilidad en su voz titubeante. Aunque sus palabras eran vacilantes, la comprensión brillaba en los profundos pozos de sus ojos oscuros, como si pudiera leer los tumultuosos conflictos internos de Hinata sin necesidad de que ella los expresara con palabras.
En un gesto inusual de consideración, Sasuke se tomó un momento antes de responder, permitiendo que la tensión se disipara levemente en el aire cargado. Finalmente, optó por guardar silencio, una elección que hablaba más que cualquier palabra pronunciada en ese momento.
Un suspiro apenas audible escapó de los labios de Hinata mientras desviaba la mirada, como si estuviera contemplando un horizonte invisible, perdida en sus propios pensamientos. ― He vuelto ―murmuró, las palabras apenas un susurro en el silencio que siguió. El silencio que siguió resonó en el aire, Sasuke asintió lentamente, una inclinación de cabeza que transmitía su respeto por la vulnerabilidad de Hinata. No era necesario que dijera nada más; sus ojos hablaban un lenguaje silencioso que trascendía las palabras.
― Vuelve con los tuyos, Hinata ―dijo Sasuke, su voz serena pero cargada de melancolía. ― Es tarde ― hizo una pausa y siguió ― Uno puede perderse en la oscuridad ―añadió Sasuke, como si sus palabras llevaran una metáfora.
Mientras alejaba a Hinata de su cuerpo, una suave melancolía se filtró en su ser. El abrazo había sido un breve refugio, pero ahora, conforme se alejaban el uno del otro, la esencia de Hinata se desvanecía como un delicado perfume que se desliza por el aire. Sasuke, con mirada reflexiva, contempló el espacio que se expandía entre ellos. Era como si cada paso que daba alejándose de ella lo sumergiera en una realidad distinta.
El viento susurraba entre las hojas de los árboles, creando una melodía suave que acompañaba sus pensamientos. Hinata, indecisa, permanecía a poca distancia, sintiendo la necesidad de hablar.
― Bienvenido….
Se dio media vuelta y desapareció una vez más en la penumbra de la lluviosa noche. El frío de la lluvia penetraba los huesos de Hinata mientras permanecía paralizado en medio del oscuro camino, sus pasos marcados por la tristeza de un reencuentro inesperado.
La noche lluviosa parecía reflejar el estado interno de Hinata, un constante goteo de melancolía que empapaba cada rincón de su ser. Los ojos negros que evitaba enfrentar eran portadores de memorias enterradas en lo más profundo de su ser, recuerdos que se aferraban a él como sombras que no desaparecían.
El campo de camelias, testigo silencioso de un encuentro que habría preferido evitar, se extendía a su alrededor. Hinata se preguntaba si algún día lograría despojarse de las cadenas que lo ataban a aquellos recuerdos, si algún día sería capaz de dejar atrás ese campo de camelias y la tormenta que lo envolvía.
La penumbra de la noche se cernía sobre él como un manto oscuro, pero Hinata no se atrevía a mirar hacia atrás. Temía enfrentar su pasado, temía perderse en la vorágine de emociones que lo acechaban en la oscuridad. Cada paso que daba era una huida silenciosa, un intento desesperado de escapar de aquello que no quería recordar.
El deseo ferviente de que todas esas vivencias pasadas quedaran sepultadas en la lluvia era un anhelo que resonaba en su corazón. Así, entre la lluvia y la oscuridad, Hinata continuó su camino, llevando consigo el peso de un pasado que se resistía a ser olvidado.
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El escenario se sumió en la oscuridad, un silencio sepulcral envolvía el lugar, interrumpido únicamente por el eco distante de las voces que resonaban en la lejanía. La figura, que momentos antes se erguía con determinación, quedó envuelta en sombras, su corazón latiendo con una mezcla de dolor y rabia.
El suelo estaba teñido de carmesí, marcando el rastro de la tragedia que acababa de suceder. Los cuerpos sin vida yacían dispersos como testigos mudos de la brutalidad que había caído sobre aquel clan. Hinata con el Byakugan aún activo se encontraba arrodillada junto a su guardiana herida, sus manos intentando contener la sangre que fluía implacablemente de la herida en el estómago. El esfuerzo por salvar a su compañera se mezclaba con el desgarrador lamento de la pérdida que la rodeaba.
El giro de su cabeza reveló la magnitud de la devastación. Ojos blancos sin vida la miraban fijamente desde los rostros inmóviles de sus seres queridos, sus compañeros de clan ahora silenciados por una violencia que nadie había previsto. La desesperación se reflejaba en la mirada de Hinata, mientras se enfrentaba al cruel destino que se había apoderado del lugar.
En la distancia, las voces se acercaban, resonando como un presagio de más desgracias por venir. Hinata, con el corazón lleno de ira y determinación, se puso en pie, sus sentidos alerta y su cuerpo tenso para enfrentar lo que fuera que se avecinara. Pero antes de que pudiera reaccionar, la oscuridad la envolvió por completo.
El mundo desapareció ante sus ojos, sumiéndola en un abismo negro. La incertidumbre se apoderó de ella mientras se enfrentaba a la desconocida realidad que se extendía más allá de la penumbra.
Hinata se incorporó en la penumbra de su habitación, su respiración agitada resonando en el silencio de la noche. El sudor frío adherido a su piel revelaba la intensidad de la pesadilla que había experimentado una vez más. Los recuerdos oscuros yacen como sombras en sus pensamientos, persiguiéndola incluso en el refugio aparente de la realidad.
La habitación estaba envuelta en un silencio casi opresivo, solo interrumpido por el suave zumbido de la brisa nocturna que se filtraba por la ventana entreabierta. Hinata se aferró a las sábanas con manos temblorosas, su mirada perdida en el espacio vacío de la habitación. La pesadilla parecía aferrarse a su mente como una sombra insistente, dejándola con una sensación de malestar que se resistía a desaparecer.
El resplandor débil de la luz lunar filtrándose a través de la cortina delineaba su figura en la cama. Hinata cerró los ojos, tratando de apartar las imágenes perturbadoras que aún persistían en su mente. Sin embargo, la realidad de la pesadilla persistía, dejando un eco inquietante en su conciencia.
Con un suspiro, Hinata se deslizó fuera de la cama, buscando la familiaridad reconfortante del agua para disipar el malestar que la envolvía. El suelo frío bajo sus pies la devolvió a la realidad, pero la sombra de la pesadilla aún se cernía sobre ella. Mientras se encaminaba hacia el baño, la esperanza de que esta noche pudiera dormir en paz parecía más distante que nunca.
El agua de la ducha caía como una lluvia reconfortante sobre Hinata, intentando lavar no solo el sudor físico, sino también la angustia que persistía en su mente. Cerró los ojos, dejando que la sensación del agua tibia abrazara su cuerpo, pero incluso en la seguridad del cuarto de baño, las imágenes de la pesadilla aún se aferraban a su memoria.
Al salir de la ducha, Hinata sintió el aire fresco contra su piel húmeda. La calma aparente del ambiente nocturno no lograba disipar por completo la inquietud que la atormentaba. Mientras se secaba el cabello, su reflejo en el espejo mostraba una mirada cargada de pensamientos tumultuosos. Poso su vista en su cuerpo cubierto se cicatrices de años de lucha shinobi, pero había dos en particular parecían no sanar. Las yemas de los dedos de Hinata trazaron con suavidad la línea irregular de la primera cicatriz, esta se extendía desde la clavícula hasta la parte superior de su seno derecho, como un recordatorio tangible de la crueldad del mundo al que se enfrentaba. La segunda cicatriz … la que no sanaba y más dolía, ni si quiera podía tocarla.
Decidió vestirse y mientras lo hacía, los susurros de la noche parecían querer tranquilizarla, pero el eco de la pesadilla persistía en su mente. Hinata se deslizó nuevamente bajo las sábanas, esperando que el abrazo del sueño la llevara a un lugar donde la oscuridad de sus temores no pudiera seguirla.
Sin embargo, la pesadilla persistía en su resistencia, y Hinata se encontró nuevamente al borde del abismo onírico. En la quietud de la habitación, el susurro de sus propios pensamientos se entrelazaba con los ecos de la pesadilla, formando una sinfonía sombría que la envolvía en la oscuridad de sus miedos más profundos.
Con un suspiro resignado, Hinata cerró los ojos, enfrentándose a la posibilidad de que esta noche, como tantas otras, sería testigo de otra danza inquietante en el teatro de sus sueños. La noche continuó, enmarcada por la lucha silenciosa de Hinata contra los demonios que la acosaban en la penumbra de la inconsciencia.
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Hinata sintió el toque suave de la luz matutina en sus párpados, y, con gesto cansado, llevó una mano hacia sus ojos para resguardarlos de la claridad que se filtraba por las cortinas danzantes. La habitación, ahora iluminada por la luz diurna, revelaba las huellas de la noche anterior.
Entreabriendo los ojos, Hinata dejó que la habitación se revelara gradualmente. Los detalles cotidianos se hicieron presentes: muebles familiares, recuerdos plasmados en fotografías en la pared, y la cama donde había buscado refugio de sus propios demonios nocturnos. Sin embargo, a pesar de la familiaridad de su entorno, la inquietud persistía.
Con un suspiro, Hinata se incorporó, sintiendo la rigidez en sus músculos como resultado de una noche agitada. La luz del día se reflejó en sus ojos, revelando la fatiga que se aferraba a su expresión. Se puso de pie, decidida a dejar atrás las sombras de la noche, pero la sensación de vulnerabilidad que la envolvía no la abandonaba fácilmente.
El viento jugueteaba con las cortinas, llevando consigo un susurro de la mañana. Hinata caminó hacia la ventana, dejando que la brisa acariciara su rostro. Miró hacia el horizonte, donde el sol emergía con fuerza, disipando las sombras de la noche.
Hinata se alejó de la ventana y se dirigió hacia su armario con paso sereno. Entre sus ropas cuidadosamente dobladas, encontró un sencillo kimono adornado con flores ligeramente teñidas. Sus dedos acariciaron la suave tela, apreciando la artesanía y la calidez que emanaba de la prenda.
Con cuidado, se deshizo de la vestimenta nocturna, dejando atrás los rastros de la agitación pasada. La luz del día iluminó su piel, revelando las cicatrices que aún marcaban su figura. Sin embargo, en ese momento, eligió vestirse con la esperanza y la belleza que el kimono encarnaba.
El kimono, al desplegarse, reveló sus patrones florales, cada uno de ellos una representación simbólica. Hinata se envolvió en la delicada prenda con gracia, sintiendo cómo la tela abrazaba su cuerpo con gentileza. Las flores, como pinceladas de color, parecían traer consigo una promesa de serenidad y renacimiento.
Ante el espejo, Hinata no pudo evitar notar los rastros de las noches turbulentas en su rostro. Las ojeras bajo sus ojos eran como sombras que revelaban el agotamiento causado por las pesadillas persistentes. La palidez de su piel, un contraste con la luz del día que se filtraba en la habitación, indicaba el peso que llevaba consigo. La delgadez de su cuerpo era más evidente ahora, como un testimonio visual de las batallas que aún seguía librando.
Hinata se examinó detenidamente, enfrentando la realidad cruda que el espejo le devolvía. Aunque el kimono enmarcaba su figura con elegancia, no podía ocultar la vulnerabilidad que se reflejaba en su semblante.
La luz del día acarició las flores del kimono, pintando un cuadro de esperanza sobre el lienzo de su ser. Hinata inhaló profundamente, dispuesta a abrazar el nuevo día con la misma fuerza con la que se despojó de las sombras de la noche anterior. Listo para enfrentar lo que la vida le presentara, se encaminó hacia la puerta, decidida a caminar hacia adelante con gracia y valentía.
Hinata avanzó con paso sereno por los pasillos de su hogar, el silencio reinante en la residencia resaltaba aún más su presencia mientras se dirigía hacia la habitación de su padre. Cada paso resonaba en los recuerdos que llenaban los pasillos, recordatorios constantes de los tiempos más alegres.
Al llegar a la puerta de la habitación de su padre, Hinata inspiró profundamente antes de tocar suavemente. La madera crujía ligeramente al abrirse, revelando un espacio lleno de nostalgia y respeto. La figura de su padre, aunque en reposo, irradiaba una presencia que siempre le había infundido seguridad.
Hinata se acercó con reverencia, su mirada cayendo sobre el rostro de su progenitor. Aunque las circunstancias actuales podían haber dejado marcas en ambos, había una conexión silenciosa entre ellos, forjada a través de lazos familiares y experiencias de antaño. El silencio de la habitación era roto solo por el susurro del viento que se colaba por la ventana.
Con delicadeza, Hinata se sentó junto a su padre, observando en silencio, con gesto resuelto, tomó la mano de su padre con suavidad, sintiendo la calidez que aún persistía en ese contacto.
― Buenos días padre
Con sumo cuidado, Hinata tomó el pañuelo de la mesita de noche y comenzó a limpiar con suavidad el rostro de su padre. Cada trazo delicado con el pañuelo era un gesto de cariño y reverencia hacia el hombre que había sido su guía a lo largo de los años. La luz tenue que se filtraba por la ventana destacaba la gracia de ese momento íntimo entre padre e hija.
Las cicatrices de la batalla, aunque no visibles en el rostro de su padre en ese momento, eran recordatorios constantes de los desafíos que el hombre hacia superado. Mientras limpiaba el rostro de su padre, Hinata reflexionaba sobre la fuerza que emanaba de ese hombre que había liderado su clan con determinación y honor.
―Hay tanto que contarte ― expresó Hinata con una cálida sonrisa, aunque sus ojos reflejaban una mezcla de amor y preocupación. ― Padre... el clan se está desmoronando sin tu guía, y me siento débil por no seguir tus pasos con inteligencia ― confesó, mientras un par de lágrimas escapaban por sus mejillas como una prueba de la carga emocional que llevaba consigo.
Los ojos del patriarca Hyuga, aún en reposo, parecían casi receptivos a las palabras de su hija. Aunque no había respuesta tangible, Hinata sentía una conexión profunda con él, una conexión que trascendía las palabras y se manifestaba en la calidez que envolvía la habitación.
― Los ancianos se esconden tras un escudo de lealtad al clan, pretendiendo que casarme es lo mejor para nuestra estirpe ― continuó Hinata, compartiendo las luchas internas que la acosaban. La presión de las expectativas y la tradición se apoderaban de su voz, mientras buscaba en las palabras de su padre la guía que anhelaba ― Padre… Sasuke regreso, y yo… yo no sé qué hacer.
En ese silencio compartido, Hinata se aferró a la esperanza de que, de alguna manera, su padre podría entender las dificultades que enfrentaba. La habitación estaba llena de las emociones de la mujer, y en esos momentos de su confesión, Hinata buscaba consuelo y orientación en la figura que siempre había sido su roca en tiempos de incertidumbre.
― Pido a los dioses que despiertes pronto…
Hinata se levantó de su silla y se acercó a su padre. La suavidad de su gesto resonó en el aire cuando depositó un beso delicado en la frente del hombre que yacía en reposo. Era un gesto que, en su infancia, habría parecido impensable, pero las circunstancias y el tiempo habían transformado esa relación.
Aquel suave beso llevaba consigo el peso de los años, de la guerra que se había llevado a su padre de manera cruel. La transformación en Hiashi era evidente, marcada por las cicatrices visibles e invisibles de los conflictos y las responsabilidades. El amor de una hija hacia su padre lo podía expresar en ese beso, un lazo silencioso que trascendía las barreras que alguna vez existieron entre ellos.
Al apartarse, Hinata observó a su padre con ternura, esperando en silencio, como si buscara respuestas o algún indicio de su comprensión en la quietud de la habitación. El amor y la tristeza se entrelazaban en su mirada.
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El bullicio de las calles envolvía a Hinata y su hermana Hanabi mientras paseaban, sumergiéndose en la animada atmósfera de la ciudad. El aire fresco llevaba consigo el murmullo de conversaciones, risas y el suave trajinar de la vida cotidiana. Hinata, la hermana mayor, disfrutaba del cálido sol que filtraba entre los edificios, iluminando las coloridas tiendas que bordeaban la calle.
Caminaban juntas, compartiendo la conexión única que solo las hermanas pueden tener. Hanabi, llena de vitalidad, se dejaba llevar por la emoción del momento. Sus ojos brillaban al descubrir un escaparate adornado con kimonos elegantemente expuestos. Un kimono en particular capturó su atención: una mezcla encantadora de tonalidades violetas y azules que resplandecían bajo la luz del escaparate.
La emoción de Hanabi no se hizo esperar. Con un gesto efusivo, señaló el kimono con deleite y corrió hacia el escaparate como si hubiera encontrado un tesoro preciado. Hinata la siguió con una sonrisa, disfrutando de la alegría espontánea de su hermana menor.
― ¡Es hermoso! ― dijo Hanabi con alegría, su sonrisa iluminando su rostro. ― Se verá increíble en ti.
Mientras Hanabi observaba extasiada el kimono, Hinata admiraba la delicadeza de los detalles en la prenda. Los tonos vibrantes se entrelazaban en un diseño elegante, evocando la belleza atemporal. La escena era un cuadro de armonía y complicidad entre las hermanas, un momento compartido en medio del bullicio urbano.
― Hanabi, es hermoso, pero no creo que sea necesario... ― murmuró Hinata con humildad, suavizando sus palabras.
― ¡Claro que es necesario, es tu cena de compromiso! ― exclamó Hanabi, con determinación en sus ojos oscuros. ― Además, seguramente al Kazekage… le guste.
Hinata negó nerviosamente ante las palabras directas de su hermana. Hanabi, a veces, carecía por completo de filtro. ― No digas tan a la ligera esas cosas,
La menor hizo un leve puchero, sin dejar de sonreír. Hinata sabía muy bien que, al final, Hanabi se saldría con la suya. La mayor asintió mientras le indicaba a Hinata que entraran a la tienda.
Dentro, una encantadora mujer de mediana edad, con un aire de experiencia y buen gusto, se acercó con una sonrisa acogedora. ― ¡Bienvenidas! ¿En qué puedo ayudarlas hoy?
Hanabi tomó la iniciativa con un gesto dramático ― ¡Queremos ese! ― con efusividad Hanabi señalo al kimono que habían visto con anterioridad. La mujer sonrió mientras se marchaba por el pedido de la menor.
La dependienta regresó con el kimono elegido por Hanabi y lo colocó con gracia sobre el mostrador, suspirando suavemente mientras admiraba la elegancia de la prenda.
― Este kimono es una elección magnífica. Los detalles en la tela y el diseño tradicional lo hacen realmente especial. ¿Qué les parece? ―preguntó con entusiasmo la encantadora mujer de mediana edad.
Hanabi asintió con una sonrisa radiante, observo a su hermana quien observaba con curiosidad la prenda. La castaña no lograba comprender aun la repentina necesidad de su hermana por casarse, pero ella la apoyaría en todo lo que Hinata necesitara.
― ¡Exactamente lo que estábamos buscando! ¡Es perfecto! ―exclamó Hanabi, mientras Hinata asentía tímidamente a su lado.
La dependienta se alegró por la elección y procedió a explicar los detalles de la prenda con pasión.
― Este kimono es de seda de alta calidad, y las flores bordadas a mano le dan un toque único. La combinación de colores resalta la elegancia y la feminidad. Además, es ideal para diversas ocasiones, ya sea una ceremonia tradicional o un evento más formal. ¿Tienen alguna pregunta o algo en particular que deseen saber?
Hinata negó algo nerviosa, se acercó lentamente al kimono. Extendió su mano con timidez, sintiendo la suavidad de la seda bajo sus dedos. La dependienta notó su gesto y le sonrió con amabilidad.
― Nos lo llevamos ― Dijo Hanabi mientras le sonreía a su hermana.
― Es una elección maravillosa. Les aseguro que causara una impresión inolvidable. ¿Les gustaría probárselo para asegurarse de que sea el ajuste perfecto?
Hinata negó con timidez, sintiendo cómo el rubor subía a sus mejillas al escuchar la sugerencia de su hermana. Sin embargo, Hanabi, con una sonrisa traviesa, intervino enérgicamente.
—Vamos, Hinata ¿Puedes hacerlo por mí?
Hinata titubeó, pero finalmente cedió ante la insistencia de Hanabi. Asintió con una sonrisa nerviosa y permitió que la ayudaran a colocarse el kimono.
—¡Oh, este accesorio le quedará perfecto! Y tal vez podríamos añadir un toque de color aquí, ¿qué opinas? —sugería Hanabi emocionada, moviendo las manos ágilmente para coordinar cada detalle.
Después de unos minutos, Hinata salió del probador, y las palabras de Hanabi quedaron confirmadas. La menor de las Hyuga no se equivocaba; Hinata lucía radiante. El vestido realzaba sus características naturales y resaltaba su elegancia con los aditamentos adicionales.
—¿Ves, Hinata? ¡Te dije que te verías hermosa! —exclamó Hanabi, admirando a su hermana con satisfacción.
Hinata, aunque aún un poco tímida, sonrió agradecida. La complicidad entre las dos hermanas se reflejaba en ese momento, donde Hanabi había sabido ver más allá de la modestia de Hinata y realzar su belleza de una manera única.
― Es un lindo color ― Fue entonces cuando una voz suave rompió el silencio. Las hermanas giraron sus rostros hacia la fuente de aquel comentario, encontrándose con la figura de Sakura, quien se acercaba con gracia ― ¿Algún evento en especial? ― Sakura esbozó una sonrisa educada, aunque una sombra de distancia se reflejaba en sus ojos verdes. Hacía ya un par de años que la relación entre Sakura y Hinata se había debilitado, la conexión que compartían se había ido desvaneciéndose con el tiempo.
Hinata asintió con cortesía, aunque una pequeña incomodidad se instaló en el ambiente.
― Un compromiso ― dijo alegre la castaña, tratando de romper el hielo.
― ¿Un compromiso? ―preguntó Sakura, tratando de ocultar su confusión ― ¿Tuyo?
Hanabi se río suavemente, pero negó con las manos en un gesto de incredulidad. La chica, con un brillo de emoción en los ojos, señaló hacia Hinata, indicando que sería ella quien se casaría.
Sakura parpadeó con sorpresa, sus ojos verdes reflejando desconcierto. Lo que le había dicho la menor de las Hyuga la dejó perpleja. El ambiente tranquilo y sereno que solía caracterizar la atmósfera entre ellas se vio repentinamente alterado por la revelación inesperada. La pelirosa sintió dividida entre la sorpresa y la curiosidad. La relación entre Hinata y el posible futuro esposo había permanecido en las sombras, oculta a los ojos de todo en la aldea.
La calidez en la sonrisa de Sakura no era ajena a Hinata, pero ahora se sentía distante, como si estuviera envuelta en capas de reservas y reticencia. Hinata se esforzaba por comprender qué había sucedido para alejarlas de esa manera, pero las respuestas seguían siendo esquivas.
― Enhorabuena, te felicito por tu compromiso. ¿Quién es el afortunado?
A pesar de la frialdad que emanaba de Sakura, Hinata optaba por mantener una actitud cordial. Cada intento de acercarse era recibido con una barrera invisible, como si Sakura hubiera construido muros alrededor de su corazón. Era una situación incómoda para Hinata, pero prefería no perturbar más la delicada armonía que quedaba entre ellas.
Hinata dedicaba sus esfuerzos a preservar una relación superficial, esperando en silencio que el tiempo y la paciencia pudieran desentrañar el enigma detrás del distanciamiento. Mientras tanto, su corazón anhelaba la posibilidad de recuperar la amistad que alguna vez compartieron, aunque pareciera estar atrapada en el pasado.
― Te lo agradezco Sakura-san ― agradeció, mientras sus dedos jugaban con la tela de su kimono su mirada se quedo absorta en el piso del lugar, y en un leve susurro dijo el nombre de su prometido.
― No es una sorpresa
Hanabi notó que el ambiente comenzaba a tensarse, observando con agudeza los sutiles cambios en la atmósfera. Sus ojos nacarados reflejaban la seriedad que se esperaba de una futura líder del clan Hyuga. Sin decir una palabra, gestos precisos y decididos indicaron a su hermana menor que se retirara al probador.
A medida que Hinata obedecía, Hanabi se acercó a Sakura con una elegancia inherente, su postura demostrando la gracia disciplinada que caracterizaba a su linaje.
― Mi hermana cometió algunos errores en el pasado, pero te aseguro que guardar silencio fue una penitencia interpuesta por mi padre.
― Yo…
― Quizá en un futuro no muy lejano ella pueda ser sincera contigo y tu puedas olvidar tus rencores hacia ella.
Después de unos minutos, Hinata regresó con la mirada ligeramente preocupada. Buscó a Sakura con la esperanza de encontrarla aún presente, pero Hanabi indicó con un gesto que ella ya se había retirado. Un suspiro escapó de los labios de Hinata, mostrando una expresión de decepción.
Hanabi notó la preocupación en el rostro de Hinata y suavemente tomó su brazo. Juntas, caminaron hacia la salida de la tienda, llevando consigo las compras que habían realizado. A medida que avanzaban, Hanabi trató de infundir un poco de alegría en el semblante de su hermana mayor.
Agradecieron a los vendedores con sonrisas y expresiones de gratitud, pero la preocupación aún persistía en los ojos de Hinata. A pesar de los intentos de Hanabi por animarla, el rostro de Hinata reflejaba una mezcla de pensamientos y emociones.
― ¿Crees que puedas regresar a casa? ― Hanabi miro confundida a su hermana, suspiró suavemente antes de asentir con la cabeza, transmitiendo una mezcla de resignación. Con un gesto tranquilo, Hanabi recogió las pertenencias de Hinata, manejándolas con cuidado. Aunque su sonrisa intentaba ser contagiosa, había un matiz de preocupación que no podía ocultar. Hinata recibió las últimas palabras de aliento de Hanabi, recordándole con un gesto que llegara tarde, como si esa simple instrucción pudiera contener una advertencia sutil.
Hinata vio partir a su hermana y emprendió un tranquilo andar. El crepúsculo pintaba el cielo con tonos cálidos y melancólicos, mientras ella decidía emprender un tranquilo andar por las pintorescas calles de su pequeña aldea.
Los rayos del sol se filtraban entre las ramas de los árboles, creando sombras danzantes en su camino. La brisa suave acariciaba su rostro, llevándose consigo sus pensamientos dispersos. Hinata caminaba con paso sereno, buscando un refugio para ordenar las emociones que revolvían su interior.
Llegó a una pequeña tienda de té, al entrar, el aroma reconfortante llenó sus sentidos. Se sentó en un rincón tranquilo, dejando que el silencio y la suave música ambiental envolvieran su ser. Las mesas de madera pulida y las lámparas de papel creaban un ambiente íntimo, envuelto en un silencio apenas roto por el susurro del viento que acariciaba las cortinas.
Hinata avanzó con paso tranquilo hacia el interior de la acogedora tienda, saludando con una sonrisa a la amable anciana que siempre la recibía en la entrada. La mujer, con gestos cálidos, le indicó que podía tomar asiento donde quisiera, reconociendo a Hinata como una cliente habitual.
La joven eligió caminar hasta su rincón favorito, un pequeño espacio que consideraba su refugio personal en aquel lugar. Sin embargo, su paso se detuvo abruptamente al sentir la intensidad de una mirada fija sobre ella. Un par de ojos negros, profundos y penetrantes, la observaban desde algún lugar cercano.
Sasuke, con su característico semblante serio y reservado, se encontraba en una esquina apartada de aquel tranquilo rincón. La penumbra destacaba su presencia discreta mientras sus ojos oscuros mantenían una mirada profunda, como si estuvieran perdidos en pensamientos distantes. En silencio, él tomó con firmeza una taza de té humeante entre sus manos. La delicada fragancia del té se mezclaba con el ambiente, creando una atmósfera íntima alrededor de él. Con movimientos calculados, llevó la taza a sus labios, permitiendo que el calor reconfortante del líquido tocara su paladar.
― Uchiha-san
Después de un breve instante de indecisión, Hinata decidió romper la tensión silenciosa alrededor de Sasuke. Con una sonrisa amable, saludó con un gesto respetuoso y se encaminó hacia una mesa ubicada en el lado opuesto del Uchiha. La disposición de las mesas formaba una especie de límite simbólico entre ambos, como si el espacio entre ellos estuviera cargado de una atmósfera particular.
La joven se acomodó con gracia en su asiento, manteniendo una distancia respetuosa pero lo suficientemente cercana como para percibir la presencia de Sasuke en el lugar. Aunque la conexión visual persistía entre ellos, ahora era acompañada por la distancia física que separaba las dos mesas. Ambos compartían el espacio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos mientras el ambiente en la acogedora tienda conservaba su calma.
― No puedes seguir evitándome ― confesó Sasuke
Hinata bajó la mirada, sintiendo la verdad en sus palabras resonar en lo más profundo de su ser. El aroma del té impregnaba la atmósfera mientras Hinata tomaba una pausa, sus palabras suspendidas en el aire como delicadas hojas de té flotando en el líquido caliente.
― Tiene razón ― admitió finalmente Hinata, sus ojos alzándose para encontrarse nuevamente con los de Sasuke. En esos ojos pálidos, Sasuke percibió la mezcla de dolor y resentimiento, una dualidad que le resultaba abrumadora.
La sorpresa se reflejó en los ojos de Hinata cuando Sasuke se levantó de su lugar con determinación. Sin ninguna pizca de formalidad, se sentó frente a ella, cruzando los brazos con expresión seria.
― Este juego tuyo me está cansando ― afirmó Sasuke, su tono ríspido resonando en el pequeño espacio que compartían.
Hinata se encontró con la intensidad de la mirada de Sasuke, sintiendo la confrontación directa de sus emociones. El aroma del té persistía en el aire, pero ahora era acompañado por una tensión palpable. Hinata, aunque sorprendida por la abrupta confrontación, no se echó atrás. Tomó un momento para recoger sus propios pensamientos antes de responder con sinceridad.
― No juego a nada ― Hinata habló con serenidad, sus ojos revelando una mezcla de determinación y vulnerabilidad. ― No estoy evitándote, solo... no sé cómo explicarlo.
Sasuke frunció el ceño, como si la falta de claridad le resultara molesta. La conversación parecía moverse entre la fragilidad y la confrontación, creando una atmósfera tensa y cargada. En ese pequeño rincón de la tienda, las emociones se entrelazaban con el aroma del té, formando una conexión compleja entre dos almas que lidiaban con sus propias sombras.
― No puedes pretender que nada sucedió, y sí, me estas evitando― insistió Sasuke, su voz llevando consigo un matiz de exigencia. La mesa entre ellos se convirtió en un puente de comunicación, donde la fragancia del té se mezclaba con la tensión palpable.
Hinata asintió con solemnidad, reconociendo la verdad en las palabras de Sasuke. Un suspiro escapó de sus labios mientras buscaba las palabras adecuadas.
― No lo pretendo. Pero no quiero recordarlo ― Hinata respondió con sinceridad, sus ojos revelando la carga de emociones que llevaba consigo.
La intensidad del momento se mantenía, y la atmósfera en la pequeña mesa estaba cargada de la complejidad de sus experiencias compartidas y no compartidas. El juego de miradas y emociones continuaba, ahora en una danza más profunda que trascendía las palabras, mientras el aroma del té seguía impregnando el aire que los rodeaba.
Sasuke, después de absorber las palabras de Hinata, no pudo evitar sentir la tensión que se acumulaba entre ellos. Con un atisbo de frustración, pero también de determinación, declaró:
― Me quedaré en Konoha, no podrás evitarme siempre.
Las palabras de Sasuke resonaron en el pequeño rincón de la tienda, y Hinata asintió débilmente en respuesta. La sentencia del Uchiha la hizo sentir vulnerable, y una sensación de pesar la envolvió. Un par de mechones cubrieron su rostro, como si intentaran ocultar las emociones que luchaban por salir.
Lo que Hinata temía, lo que no deseaba que sucediera, ocurrió. Un par de traicioneras lágrimas escaparon de sus ojos, recorriendo suavemente su rostro antes de chocar con la madera de la mesa.
― No seas cruel conmigo... ¿Qué quieres de mí? ― preguntó Hinata con voz entrecortada, sus ojos revelando una mezcla de dolor y confusión.
Sasuke, aunque sorprendido por la expresión abierta de vulnerabilidad de Hinata, no vaciló en responder. La intensidad de la conexión entre ellos alcanzó su punto álgido, como si estuvieran en el centro de una tormenta emocional.
― No busco crueldad, Hinata. Solo quiero entender. ¿Por qué huyes de mí? ― Sasuke habló con seriedad, su mirada fija en los ojos de Hinata mientras esperaba una respuesta que pudiera arrojar luz sobre los misterios que los rodeaban.
La atmósfera se volvió aún más tensa con las palabras directas de Sasuke. La pregunta resonó en el aire, una interrogante que parecía desentrañar capas de historias no contadas. La mirada fija de Sasuke indicaba que buscaba respuestas, pero Hinata, en lugar de responder, se levantó de su mesa con molestia en su corazón.
― Yo no fui la que huyó... ― dijo Hinata mientras se alejaba, dejando a un Sasuke con la mirada fija en los rastros de lágrimas que ella había dejado en la madera de la mesa.
La confesión dejó a Sasuke en un silencio incómodo. Observó la partida de Hinata con una mezcla de confusión y pesar. La tienda volvió a sumirse en un sosiego, aunque ahora el aroma del té parecía cargar el ambiente con una melancolía sutil.
Sasuke, quedándose solo en la mesa, se sumió en sus propios pensamientos. Las palabras no dichas y las lágrimas en la mesa dejaban tras de sí una historia fragmentada.
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N/a: ¡Hola! Soy Aikaering, espero que el capitulo haya sido de su agrado. Hay muchas dudas que se van a resolver poco a poco, es una historia que su comienzo está escrito en el pasado. El presente solo es un camino para que nuestros personajes puedan aprender a perdonar y perdonarse.
Esta historia es un AU semi canónico, así que hay elementos de la historia original de Naruto se respetaran pero la gran mayoría es modificado.
Agradezco mucho sus comentarios.
