CAPITULO 9:

EXPLOSIÓN DE PODER: KENJI VS SHUTEN

La noche transcurría y la batalla entre Kenji y aquel temible ogro se intensificaba cada vez más. En el cielo se escuchaba el estruendo de aquella batalla. Kikyo y los aldeanos permanecían expectantes, rezando para que todo acabara con bien. Sorprendido por la resistencia del joven guerrero, el ogro, en un giro inesperado, reconoció la naturaleza especial de su oponente. Un deseo ambicioso se apoderó del demonio, quien decidió incrementar su poder maligno.

¡Vaya, estoy sorprendido! — exclamó el ogro observando a Kenji con determinación — Me sorprende que un simple humano haya resistido mis ataques. Ahora sabrás porque me conocen como el líder de los demonios. Tendrás el honor de conocer el poder del gran Shuten.

¿Acaso dijo Shuten? — preguntó Kikyo sorprendida.

¿Ocurre algo malo, sacerdotisa? — preguntó el jefe de los aldeanos al ver el rostro de Kikyo.

No es nada, permanezcan tranquilos, mientras no salgan del campo de protección que he colocado, no sabrán que estamos aquí. — respondió Kikyo para tranquilizar al jefe de los aldeanos, pero su rostro mostraba cierta preocupación. — Si ese demonio es quien dijo que es, estamos en graves problemas. — pensó para si misma.

Mientras el ogro revelaba su nombre, el aura maligna que lo envolvía creció aún más intensa. Kenji, en alerta, se preparó para enfrentar la nueva amenaza que representaba Shuten. La aldea quedó envuelta en la oscuridad, solo iluminada por los destellos de la batalla en el cielo. En ese momento el poder maligno del ogro comenzaba a incrementarse cada vez más y más, el suelo comenzaba a temblar, rayos comenzaban a centellear desde los cielos. Repentinamente la apariencia de aquel ogro comenzó a cambiar, dejando a un lado ese aspecto grotesco propio de los ogros y convirtiéndose poco a poco en algo un poco más humanoide, conservando aún ciertas características distintivas de un verdadero demonio. Su tez de un azul oscuro, había pasado a ser de un blanco muy pálido, ojos carmesíes, cabello blanco muy largo casi hasta la altura de su cintura, orejas puntiagudas y un par de cuernos sobresalientes de su cabeza. En ambas manos poseía unas garras muy filosas capaz de cortar todo lo que se atravesara en su camino. Su mirada transmitía un odio hacia los seres humanos, y un deseo insaciable por querer destruir todo. En ese instante se presenta ante Kenji con su verdadera apariencia.

Hasta que por fin decidiste revelar tu verdadera apariencia — dijo Kenji sin mostrarse sorprendido ante el imponente cambio del demonio.

Tu insolencia te costara muy caro — respondió Shuten a la vez que elevaba su mano y comenzaba a crear una bola de fuego la cual apuntaba hacia Kenji.

Kenji se asombró al ver el incremento de poder del aquel demonio, y este aprovechando el descuido del guerrero le arrojó esa inmensa bola de fuego que había creado con su mano. Aquella bola impactó de lleno a Kenji hiriéndolo gravemente.

¡Impresionante, pero no suficiente! — rugió Shuten con un tono de desprecio, disfrutando del sufrimiento de su oponente. — ¡Prepárate para conocer el verdadero poder del líder de los demonios!

La batalla alcanzó un nuevo nivel de intensidad. Kenji, herido, pero no vencido, se lanzó nuevamente al ataque. Desplegó sus habilidades, tratando de contrarrestar la furia del ogro convertido en demonio. Chispas y destellos iluminaban la oscura noche mientras ambos contendientes luchaban en un frenesí de poder.

Kikyo, desde el lugar seguro que había creado para los aldeanos, observaba con preocupación. Sabía que la situación era crítica y que Kenji enfrentaba un enemigo formidable. Sin embargo, su conexión espiritual con Kenji le revelaba que el joven guerrero no estaba dispuesto a rendirse.

Kenji, confío en que puedas superar esto. Tu determinación es tu mayor fuerza. — susurró Kikyo, enviando pensamientos de apoyo hacia el campo de batalla.

Mientras tanto, el poder maligno de Shuten seguía creciendo. El ogro convertido en demonio estaba decidido a destruir la aldea y a aquel valiente guerrero que se interponía en su camino. Kenji, a pesar de las heridas, se mantenía en pie, resistiendo los ataques del demonio Shuten haciendo que la batalla alcanzara proporciones épicas, con destellos y estallidos iluminando la oscura noche. Shuten, cada vez más desafiante, desataba su furia sobre Kenji, quien se esforzaba por contraatacar con todas sus fuerzas.

De repente, Shuten, con una risa malévola, canalizó su energía para crear una inmensa bola de fuego que eclipsó el cielo nocturno. Observó con deleite cómo Kenji luchaba por resistir el impacto, pero la bola de fuego lo envolvió, hiriéndolo gravemente. La aldea temblaba ante la magnitud de la batalla, y los aldeanos protegidos por Kikyo seguían observando con angustia. En ese instante aquel demonio diviso hacia el horizonte y con sus ojos pudo ver el campo de protección que había creado Kikyo, y en él observó a los aldeanos junto a la sacerdotisa.

Ahora comprendo porque cuidas esa parte de la aldea… — dijo Shuten quien no les quitaba la vista a los aldeanos — Con que se encuentran escondidos ahí.

Maldición — susurró Kenji para sí mismo — Ya se dio cuenta.

Veo que esa mujer es importante para ti, es una pena que todos vayan a morir. — pronunció Shuten, con una malévola sonrisa en su rostro.

Kenji, malherido pero determinado, se levantó con esfuerzo. La bola de fuego de Shuten aún crepitaba a su alrededor, pero la mirada de Kenji irradiaba una nueva determinación.

No permitiré que lastimes a nadie más. Tu odio y sed de destrucción terminarán aquí. — respondió Kenji con firmeza, ignorando el dolor que recorría su cuerpo.

El demonio Shuten soltó una carcajada que resonó en la aldea. Desafiante, lanzó otra ráfaga de ataques hacia Kenji. Sin embargo, en lugar de evadir, Kenji repentinamente en un estallido impetuoso expulsó sus poderes repeliendo así el ataque de aquel poderoso demonio, y haciendo uso de una velocidad sorprendente atacó a Shuten con una lluvia de golpes, dándole luego un golpe tan poderoso y certero al estómago de aquel imponente demonio que lo hizo escupir sangre.

Shuten se llevó ambas manos a su estomago en señal de haber sido gravemente lastimado por aquel golpe, en ese momento limpió su boca y observo que salía bastante sangre.

Ya veo… con que aún tenías esos poderes escondidos — susurró Shuten, observando a Kenji mientras esbozaba una sonrisa desafiante. — Pero de nada te servirá ese intento por esforzarte en protegerlos.

De pronto Shuten estiro su mano y arrojó un destello incandescente que cegó por unos segundos a Kenji, al momento de recuperar la visión aquel demonio había creado una bola de fuego de tamaño colosal, amenazando con destruir todo a su paso. Shuten sin dudarlo, arrojó con toda su energía demoniaca aquella bola de fuego la cual se dirigía a gran velocidad hacia la aldea. Kenji con determinación expulsó sus poderes, un aura lo rodeaba y con ambas manos se preparaba para detener esa inmensa bola de fuego. En ese instante un estruendo resonó en el cielo al momento en que aquella energía impactó contra las manos de Kenji. El guerrero luchaba para contener aquella colosal energía, pero sin embargo estaba siendo empujado por la fuerza de esta. Shuten desde el cielo reía al ver como Kenji estaba siendo aplastado por su energía.

Como me gustaría decirte que tienes un poder admirable — dijo Shuten mientras observaba como su bola de fuego estaba por impactar la aldea. — pero tuviste la mala suerte de toparte con el demonio más poderoso de esta era.

Aquella bola de fuego estaba a escasos metros de tocar el suelo, Kenji luchaba con todas sus fuerzas por resistir aquel imponente ataque. Por otro lado, los aldeanos cayeron en la desesperación al ver como esa inmensa bola de fuego estaba a punto de caer encima de ellos, amenazando con destruir todo.

¡Es inútil, vamos a morir! — gritó uno de los aldeanos.

No se desesperen — respondió Kikyo con serenidad invitando a la calma. — mientras estén dentro del campo de protección no les ocurrirá nada.

Mientras tanto, Kikyo rezaba silenciosamente, canalizando sus propias energías para reforzar la barrera de luz y proteger a los aldeanos. La esperanza renacía en su corazón al ver la resistencia de Kenji frente al temible Shuten. Aunque sintió algo de angustia en ese momento se llevó ambas manos a su pecho.

Kenji, se que puedes derrotarlo… confío en ti.

La inmensa bola de energía aplastaba a Kenji cada vez más y más acercándolo hasta la aldea, en un momento de resistencia la mente del guerrero se puso en blanco y comenzó a recordar aquellos momentos de paz que sintió desde que llegó a esa aldea, en instantes escuchó como en un eco la voz del monje que le decía que confiara en el mismo y que recordara su promesa. Después de la voz la figura de Kikyo apareció en su mente, y vino a su imagen cuando la vio desde el puente donde los pétalos de los árboles de cerezo revoloteaban con el viento el cual mecía la hermosa cabellera de la sacerdotisa. En ese instante el corazón de Kenji comenzó a latir aceleradamente y acompañado de una misteriosa motivación una nueva fuerza recorría en su interior.

¡No permitiré que dañes a la aldea… ni a Kikyo! — exclamó Kenji, oponiendo resistencia a la colosal bola de fuego que lo continuaba aplastando.

¡Este será el fin de esta aldea! — gritó Shuten — Y también de esos miserables humanos que me encerraron en esa montaña.

De pronto, una expulsión de poder de manera violenta comenzó a rechazar aquella inmensa bola de fuego, muchas rocas comenzaron a volar hacia el cielo. Kenji había logrado detener aquel poder y en ese instante expulsó de manera impetuosa todo su poder creando un poderoso rayo de energía el cual repelió a la inmensa bola de fuego que ahora se dirigía hacia Shuten. Este asombrado por aquella inesperada respuesta, intentó detener su propia energía, pero fue golpeado por esta, su propio fuego comenzaba a desintegrarlo y justo en ese instante el rayo de energía de Kenji traspasó la bola de fuego y golpeó directamente al demonio generando así una fuerte explosión que iluminó todo el cielo. La explosión de poder generada por aquel imponente rayo de energía iluminó el cielo, desencadenando una lluvia de chispas y escombros. La aldea quedó sumida en el silencio tenso, solo roto por el eco lejano de la batalla. Kikyo, con la mirada fija en la nube de humo, rezaba por la seguridad de Kenji y el fin de la amenaza que representaba Shuten.

Mientras la nube se disipaba, reveló a Kenji de pie, respirando agitadamente, pero con una mirada determinada.

Esto… se terminó — dijo Kenji exhausto y cayendo completamente al suelo.

Los primeros rayos del sol comenzaban a iluminar la aldea, mostrando a su vez un cielo totalmente despejado. La tranquilidad y paz habían vuelto, Kikyo al no sentir la presencia maligna de Shuten deshizo el campo de protección, los aldeanos, al ver que la amenaza había pasado, salieron del refugio y comenzaron a congregarse en torno a Kikyo buscando a Kenji, de pronto la sacerdotisa ve al guerrero que yacía tendido en el suelo, rápidamente todos corrieron a socorrerlo.

¡Kenji! ¿Te encuentras bien? — preguntó Kikyo mientras lo reanimaba. — ¡Kenji, reacciona!

Lentamente el joven comenzó a abrir sus ojos y observó el rostro de la sacerdotisa, una fina sonrisa se dibujó en su rostro, mientras su corazón latía aceleradamente.

Me alegra saber que estas bien — dijo Kenji mientras miraba fijamente a Kikyo.

La mirada de ambos se cruzó por un instante, por primera vez en mucho tiempo un extraño sentimiento invadió a la sacerdotisa quien extrañándose por esta circunstancia no cambió su semblante serio que la caracterizaba.

Estamos a salvo, gracias a ti, Kenji. — respondió Kikyo, reconociendo el coraje del joven guerrero.

No hubiera podido hacerlo sin tu apoyo. — dijo Kenji con sinceridad. — Pero siento que esto no será la última amenaza que enfrentaremos.

Kikyo asintió, compartiendo la preocupación de Kenji. Aunque la aldea estaba a salvo por ahora, sabían que existían fuerzas más allá de su comprensión que podían poner en peligro el equilibrio.