Pov Katniss:

Almorcé con Prim y mamá, pero al llegar los heridos y ver la sangre prefiero ir a la cafeteria. Ahí no hay sangre. Abro la puerta despacio y logro ver a Delly y Peeta mientras este ultimo carga al hijo de Delly. Tiene 3 años, es un niño rubio que resulta una copia de su madre. Peeta luce radiante, jugando y bromeando con el pequeño niño y de repente, una sensación extraña fluye por dentro de mi cuerpo.

Nunca he querido traer niños al mundo, porque no voy a condenarlos a pasar por la cosecha, no quiero ver morir a mi familia, no puedo. Y sé que las condiciones se mantienen. Yo sigo viviendo aquí, por más que esté casada, soy del distrito 12.

Trato de desechar esos pensamientos intrusivos y salgo a cazar sin que nadie sepa que pasé por la panadería.

En el bosque me siento más tranquila, pero la sonrisa de Peeta al bebé me hace sonreír de nuevo.

No. Eso no va a pasar.

Vuelvo a casa a eso de las 10 de la noche. Peeta hizo la cena y yo a cambio le traje unas fresas. El me saluda y me abraza preguntando como me fue y como estoy. La conversación rapidamente se centra en él. Delly quiere hablar con ambos mañana. Me pregunta que me parece y le digo que está bien, que me encargaré del almuerzo.

Al día siguiente Delly llega con su hijo. Peeta vuelve a tener esa mirada. Es añoranza, y no puedo más que sentirme culpable por no querer darle hijos. El niño me ve y pronto estira sus brazos hacia mi, por lo que no dudo en sostenerlo. Es un niño muy regordete y eso hace que se vea muy tierno. Pasó gran parte del almuerzo jugando con el niño, hasta que Delly me hace una seña.

—Me gustaría pedirles, a ambos, que sean los padrinos de Thom. — Peeta luce encantado con la idea y yo no tengo una reacción más que fruncir el ceño.

—Claro que si, Delly. Estaría encantado de serlo — oigo a mi esposo.

—Yo… Sé que tienes amigas mucho más cercanas que yo, ¿no crees que te sentirías más tranquila si fuera alguien de tu circulo? — digo después de un rato. La reacción de Delly es sonreír y negar con su cabeza.

—Sé que tu y yo tenemos más que nada una relación cordial. Pero su matrimonio es el más real y hermoso que he visto en mi vida. No me gustaría separar esos roles. Estaría muy feliz de que ustedes fueran los padrinos de mi bebé. — el bebé me sonrie de alguna forma y me permito reír.

—Me encataría ser su madrina — digo finalmente. Delly y Peeta lucen felices. Yo también lo estoy. Es extraño. Se siente agridulce.

Lejos de lo que pensé, tener un ahijado es extraño. Siento que soy su madre sin poder evitarlo. Apenas el niño comienza a hablar, Catnip se vuelve mi nombre otra vez. Lo visito a diario y siempre estoy pendiente de sus cuidados. Mi relación con Delly se volvió más cercana, dejo de ser solo educación, y como no, si paso metida en su casa en mis tiempos libres. Peeta es igual que yo, y ese brillo en sus ojos es algo que duele, me molesta y me hace pensar. ¿Hay más opciones?, ¿soy egoísta por quitarle esa experiencia a Peeta sabiendo lo buen padre que sería? No lo sé. Aun no lo sé.

Pasan unos años y el pensamiento sigue. Aveces peeta nota que mi mente no está aquí. Está fantaseando en ese lugar, donde no existe cosecha, ni juegos del hambre en donde yo pudiera darle hijos a mi esposo. Un día en especifico llego a casa de mi hermana, quien ya tiene 23 años y un par de mese casada con Rory, me recibé y me lleva a su habitación sin preguntarme nada más. Debo tener la expresión acongojada. Y aun cuando estoy en su habitación mirando a la nada ella no dice ninguna palabra, solo se dedica a acariciar mi cabello y tararear la canción del valle. Pasan varios minutos, canta la canción del valle unas 7 veces antes de que yo emita alguna palabra.

—Soy una persona egoísta, Prim — murmuro y ella rie.

—Y yo soy la mejor cazadora de la historia — dice con sarcasmo. Niego con la cabeza.

—Yo… Prim, hay un pensamiento que no me ha dejado tranquila. Llevo un par de años sintiendo que… que no puedo, y me odio por eso.

—¿Qué no puedes qué?

—Yo… Cuando Thom era pequeño, veía como Peeta lo sostenía y lo miraba de una forma tan… especial — hago una pausa — Cuando Delly nos pidió ser sus padrinos creo que fue peor, veía esa mirada más seguido y sentía rabia.

—¿Con quien?

—Conmigo.

—¿Por qué, precisamente? — lo pienso bien. Respiro varias veces antes de exteriorizar lo que pienso.

—Por privar a algun niño del mejor padre del mundo — contesto después de un rato.

—¿Peeta te ha pedido hijos?

—No, que es lo peor. Sabes que yo nunca he querido tener hijos, no podría tenerlos aquí, condenarlos a pasar por este lugar cuando cada año podrían morir de hambre o en los juegos. Pero cuando veo su mirada, ese brillo en sus ojos, solo pienso en lo adorable que sería un bebé parecido a Peeta… — Prim me abraza y me acurruca contra su cuerpo. — Peeta jamás me pediría eso y sé que es por como he reaccionado, sé que le estoy privando de algo que podría hacerlo tan feliz. Pero no puedo.

—No eres egoísta. Eres increiblemente bondadosa. Y sé que nunca estuvo en tus planes tener hijos, pero… tampoco estaba en tus planes casarte. Peeta Mellark es el hombre que más te ama, por eso nunca te presionaría a tener hijos sabiendo que no es lo que tu quieres. El problema es, que el no es el único que quiere tener hijos. — la miro confundida y ella rie — Quieres tener hijos con tu esposo, hermana. No es un crimen. No eres egoísta. Eres consecuente, y eso te hace incluso más generosa. Negarte a tener hijos porque sabes que eso los podría tener en peligro. ¿Cómo vas a ser tu, Katniss Everdeen una persona egoísta?

Las palabras de Prim logran quedarse en mi cabeza. Lo pienso, lo sobre pienso, semanas y semanas pensando en sus palabras. Concluyo que tiene razón. Yo quiero tener hijos con Peeta, pero sé muy bien que no tendré hijos para condenarlos. El sentimiento de impotencia me nubla por más tiempo del que me gustaría admitir. Y pronto Peeta se da cuenta de que algo malo ocurre.

—Llora, desahógate. Aquí estoy cariño. — dice mientras lloro en sus brazos. No pregunta el porqué, solo me protege y me hace saber que no se irá. Caigo rendida a las pocas horas.

Toma menos horas en la panadería para pasar tiempo conmigo. Me invita a citas, hace comidas especiales, y se esfuerza en hacerme sentir bien. El problema es, que esas citas siempre terminan en nosotros en la cama, por lo que, al faltarme el periodo y no tomarle importancia, las nauseas matutinas me hacen ir con mamá.

—Cariño, estás embarazada — me anuncia de forma cautelosa. Respiro. Pero el aire no sale. Respiro. Pero no me siento tranquila.

—Ninguna palabra de esto a nadie. Promételo. Hasta que decida que hacer — mamá a duras penas asiente. Salgo de la casa y me voy corriendo al bosque. Corro sin poder detenerme, tomo uno de los arcos y sigo corriendo. Corro sin pensar en lo cansada que estoy. Corrí por tanto tiempo que estoy bastante lejos, más de lo que he estado en toda mi vida. Estoy a varios kilómetros de la laguna, y me siento temerosa. Pero sin poder evitarlo, sigo caminando.

Lo he arruinado. Condené a una persona a morir. Ni siquiera puedo sacarlo de mi porque es parte de Peeta también. ¿Qué voy a hacer? Las lagrimas vuelven a hacerse presentes y vuelo a correr. En mis 26 años nunca había estado más lejos del distrito 12. Escaló un árbol erraticamente y trato de relajarme. Mis intentos son en vano.

Mi mente está pensando sobre los pensamientos ya sobrepensados, todo me da vuelta y me siento tiritar, el sentir que no tengo el control de nada y nos condené me hace querer llorar pero dentro de mi, una voz de forma violenta me dice que no puedo hacerme la tonta, me descuidé y ahora no merezco llorar, ya es tarde para eso.

El problema es que escucho voces y rapidamente me pongo alerta. Son 5 mujeres algo mayores que yo. Están con unos overoles grises y lucen algo enojadas. Esto no puede salir bien. Quiero pensar que son animales, que estoy cazando. No porque vaya a cazarlas sino porque debo ser sigilosa.

—Yo no sé que podemos cazar, no sé recolectar, ¿y si son cosas venenosas?

—Pues come una y verás si lo son — contesta otra. Están muy cerca, y no puedo subir más porque sería muy ruidoso.

—La simpatía no es lo tuyo, querida.

—Tampoco es lo mío recolectar comida y aquí estoy.

—Chicas, hay alguien ahí — la chica de cabello corto me apunta con algo de miedo. La que se ve mayor se acerca para mirarme mejor. Apunto con mi arco, con mucho miedo.

—Hey, hola. Sentimos hacer tanto ruido… ¿quieres bajar? — sus palabras suenan inofensivas, pero yo no lo soy. Ellas no parecen llevar absolutamente nada en la mano y no parecen tener bolsillos. Ellas, al ver que tengo el arco alzan las manos. — mi nombre es Beatriz, ellas son Katrina, Nora, Blanca y Texia. Somos del distrito 13.

—El distrito 13 lleva años bombardeado — ellas siguen con las manos arriba y yo no bajo del arbol.

—El distrito 13 no es lo que fue despues de la guerra, si, pero existe. Por favor, no temas. No tenemos absolutamente nada y no sabemos trepar un arbol de ese tamaño — dice otra. — ¿huíste?

—No. — contesto aun desconfiada.

—Eres de los distrito…

—¿Van a denunciarme con el capitolio?

—Nosotros no somos parte de Panem, de todas formas. — dice otra. — el distrito 13 es pequeño, no debe contar con más de 500 personas. Nosotras pudimos salir porque nos quedamos sin cazadores ni recolectores.

—¿Y como piensan hacerlo sin armas? — pregunto aun desconfiada.

—Hoy salimos a tantear el terreno. Nunca habíamos estado aquí.

—¿Debes ser del distrito 12, cierto? Es lo que queda más cerca de aquí. De aquí hasta el distrito 13 hay unos 15 kilometros. ¿Quieres venir con nosotras?

—No, mi familia me espera. — murmuro pensando en ya irme, deben ser varias horas hasta casa y ya no tengo fuerzas para correr.

—¿Y no te gustaría traerlas? — pregunta la mayor.

—No tengo como saber que de verdad son del distrito 13. No sé si estan esperando a que baje para matarme.

—No somos salvajes. Nunca pensamos que encontrariamos a alguien aquí. — dice la de cabello corto. — somos amigas las 5, siempre hemos vivido en el distrito 13, evidentemente no pertenecemos al capitolio y estamos desarmadas. No podemos estar más indefensas. ¿Al menos podrías decirnos tu nombre?

—Katniss — respondo aun sin confiar del todo.

—¿Y qué haces aquí? Es decir, el distrito más cercano queda a varios kilometros aun. ¿eres del 12?

—Si. Lo soy. — sin pensarlo más comienzo a bajar. Ellas no me quitan la vista de encima y cuando estoy encima vuelvo a apuntarles con mi arco. — y esas bayas si son venenosas — murmuro.

—Eres muy joven… ¿de verdad no te gustaría vivir en el 13?

—Beatriz…

—Mira, seamos sinceros. El 13 necesita ciudadanos, y gente que sea mucho más util que nosotras. Ella se maneja con el arco y sabe reconocer frutos. — dice la mayor mientras las otras asienten. — no tenemos ninguna necesidad de mentirte, Katniss. Si quieres… podrías venir pasado mañana y podríamos venir con una persona con más poder que nosotros en el 13. Tenemos escuelas, departamentos, gimnasios, hospital, no somos muchos, pero somos una civilización menos peligrosa que cualquier distrito.

—Bien. En dos días estaré aquí. Justo a esta hora. Si veo que traen algo sospechoso no dudaré en defenderme.

Llego a casa cansada después de tanta caminata. Peeta lucía preocupado y de repente mi estomago rugió. Peeta me alimentó lo mejor que pudo pero yo seguía queriendo más. En la mañana, cuando mi marido ya estaba en la panadería volví a vomitar. No puedo creer que esté embarazada. No era esto lo que pretendía. Siento que me descuidé inconscientemente. Después de vomitar lo pienso. Ir no es una opción razonable. ¿Por qué lo haría?, ¿por qué siento que debo hacerlo?

Temo porque mi estado sea la razón de mis estupidas ganas de arriesgarme.

Tengo un presentimiento, uno bueno. Y no sé si dejarme ir, o si olvidarme y concentrarme en mi verdadero problema.

A la otra mañana vuelvo a ir al lugar. Son horas las que paso caminando pero esta vez llevo comida. Llego al punto de encuentro y veo a las 5 mujeres que vi en su momento, más un hombre. No veo armas, pero dejo que ellos vean la mía. Esta debe ser la decisión más peligrosa y descuidada que he tomado.

—Hola — saludo desde cierta distancia.

—Hola, tu debes ser Katniss — dice el hombre y yo asiento — Es un placer. Mi nombre es Rudolf Cloud. Soy el vicepresidente del distrito 13. Las chicas han insistido en que viniera, y supondrás que no abundan los forasteros, así que quería verte con mis propios ojos.

—Pues aquí estoy. — respondo aun algo desconfiada.

—La chica es buena reconociendo plantas. — dice la mujer que recuerdo se llamaba Beatriz. — y al parecer es buena con el arco.

—¿Por qué les interesa? — pregunto permitiendo dar un par de pasos. — ¿por qué les interesa acogerme en su distrito? ¿No creen que tener más bocas que alimentar es un problema?

—Es fácil llegar a esas conclusiones, pero la verdad es que la población del distrito 13 es bastante pequeña. Hace un par de años sufrimos una pandemia que mató a gran parte de la población. Tardamos en encontrar una cura pero lo hicimos. Nuestra gente es poca, pero es fuerte. Solo que queremos dejar de darle los nutrientes y vitaminas en formato de medicamento, o al menos dejar de usar la copia de la copia del alimento y multiplicarlos desde la especie original. No tenemos mucha experiencia en la caza, o en la recolección de frutos. Tenemos granos, semillas y legumbres, pero buscamos fortalecer a nuestra gente, para que una enfermedad no vuelva a azotarnos de esa forma. — el hombre se acerca y muestra una especie de credencial. Es su nombre en una placa y su ocupación en el distrito 13.

—Quiero que me lleven al distrito 13. Quiero verlo — exijo.

—Está a un par de horas, pero tenemos un vehiculo motorizado que nos llevará más rápido — dice una de las mujeres. Asiento. Caminamos un poco, yo siempre detrás, y cuando veo esa especie de vehiculo pienso en si podría ser algo del capitolio. Pero la palabra "distrito 13" parece tallada en todas partes.

—Yo soy Texia, lamento no haberme presentado antes. Soy algo así como una chofer. Conducimos hasta aquí por más variedad de vegetación. Beatriz es maestra, al igual que Nora, y Katrina y Bianca son asistentes de cocina. Fuimos enviadas a revisar el lugar porque creyeron que seríamos las mas capacitadas, pero no es así. Nuestra solución eres tu.

El distrito 13 es una especie de bunker subterraneo y de verdad existe. Las personas estás completamente vestidas de gris, todas con el mismo uniforme. No recorremos tanto, pero es lo suficiente para hacerme ver que todo de lo que hablan es real. Vamos de vuelta al lugar donde me dejaron. Sigue siendo de día por suerte. Los miro fijamente y comienzo.

—Les creo. El distrito 13 existe. Les ofrezco un trato… — el hombre mira atento.

Les pongo mil condiciones para abastecer la caceria y recolección de alimentos, todo esto incluye que yo capacite y tenga gente de apoyo, pero de aquí hasta 3 meses y de ahí hasta que tenga a mi hijo. A regañadientes aceptaron. Así como recibir a toda la gente que traiga, que al parecer no es el problema, siempre y cuando aporten a su civilización.

En abastecer al distrito 13 no es tanto trabajo como creí. Toman la proteina y los nutrientes del animal y los hacen rendir más que nada. Por lo que cuando ya tengo un mes de días principalmente extensos me doy cuenta que Peeta esta preocupado. No me doy cuenta, no siempre soy tan inteligente. El me lo hace saber.

Pasan un par de semanas y después de una charla horrible con mamá quien no lucia convencida con mi plan, decido que es hora de decirle. No se lo dije apenas supe porque me dio miedo que el bebé muriera en mi vientre. Ahora mamá dice que debo tener unos 2 meses y medio, y muy contrario a lo que yo creía he bajado de peso, a pesar de lo mucho que he luchado por comer adecuadamente.

Es un día sábado en la tarde. Cuando son las 7 de la tarde Peeta está en casa. Yo hice una cena para ambos, en verdad hice pavo con katniss, la misma cena que para nuestro matrimonio.

—Mismo platillo que para nuestra boda, esto debe ser especial — dice Peeta con una sonrisa mientras come y toma mi mano.

—Quiero disculparme… sé que he estado extraña.

—Más de lo usual.

—Mas de lo usual — confirmo — pero ya no quiero preocuparte más. — ya no queda comida. Por lo que me levanto y tomo la mano de Peeta para llevarlo a l sofá. Lo hago sentarse y veo que está más preocupado. — Te he estado ocultando algo.

—¿Qué cosa? — pregunta algo confundido y temeroso.

—Estoy tratando con gente del distrito 13 — comienzo y el frunce el ceño, quiere hablar pero hago un gesto — No estoy jugando, ya visité las instalaciones, son reales. Estoy abasteciendolos de carne y frutos silvestres.

—Pero cuando, dónde, por qué. ¿Cómo te expusiste a algo así? Katniss, que hubiera pasado si fueran agentes del capitolio en cubierto, no puedes…

—Me lo merezco. — le interrumpo — me merezco todos tus regaños porque fui inconsecuente al actuar. Pero he estado trabajando para ellos un mes y medio. — Peeta hace una pausa que me hace temer, pero la respeto, porque sé que le estoy soltando una bomba.

—¿Por eso a veces sueles llegar más tarde? — pregunta y yo asiento. Suspiro y sé que va a hacer más preguntas pero no quiero responderlas.

—Sé que tienes ganas de atiborrarme con todas las preguntas posibles. Sé que crees que estoy loca. Y posiblemente te enojes porque negocié la posibilidad de irnos con toda nuestra familia al distrito 13 siempre y cuando cumplan un rol en el distrito.

—Pero, Katniss… esto es demasiado para hoy. — se levanta pero yo también lo hago. Me pongo en frente y lo abrazo con fuerza. El me devuelve el abrazo y suspiro.

—Tienes todo el derecho a estar molesto conmigo. Y creeme que no tenemos ninguna obligación de irnos, pero estaba desesperada… — comienzo contra su pecho. El acaricia mi cabello y después de unos minutos nos separarnos un poco para mirarnos.

—¿Qué te tiene así, amor?… — pero no contesto — Haz estado extraña, puedo notarlo, y los del… distrito 13 puedo… entenderlo un poco. Solo que tu no eres así de confiada. Te pudieron hacer algo, Katniss. Son desconocidos. — murmura serio y yo asiento — aun no puedo creer que haya distrito 13, pero lo que me hace estar asi de confundido es tu… actitud frente a esto. — acaricia mi rostro y yo niego evitando ponerme a llorar.

—Te amo, Peeta… — comienzo en un susurro — Y no quiero que me odies pero… Creo que de manera inconciente, me descuidé. Sentí que lo deseabas y terminé deseandolo yo. Y necesitaba tener opciones… — Peeta me mira con el ceño fruncido.

—Cariño, necesito más información — dice después de un rato.

—Estoy embarazadas, vas a ser padre — susurro y él abre los ojos como platos. Sus ojos maravillosamente azules se dilatan quedando casi negros.

—¿Qué? — murmura incredulo, pero su boca está formando una sonrisa muy mal disimulada.

—Estoy embarazada, Peeta. Vas a ser padre, seremos padres — repito esta vez más segura y veo como las lagrimas salen de sus ojos para levantarme en brazos y besarme felizmente. Sin poder evitarlo suelto una risa nerviosa y cuando me mira, toma mi rostro con sus manos y me besa con la misma pasión y amor que para nuestra boda. Me transmite todo su amor, toda su felicidad en este maravilloso toque. No puedo hacer más que recibirlo con la misma felicidad a pesar de que tengo mucho miedo.

—Siento que estoy soñando… — dice llenando mi cara con sus besos.

—¿No, no estas molesto?

—Es la mejor noticia que me han dado… Tu, la mujer de mis sueños, el amor de mi vida está esperando un hijo, un hijo nuestro. — vuelve a besarme y con esto la que termina llorando soy yo — Me has dado todo, Katniss. Prometo ser el mejor padre para nuestro hijo, prometo mejorar como esposo, prometo que te cuidaré aun más ahora que necesitas descansar, tendrás lo mejor, de alguna manera me las arreglaré, tu mereces lo mejor… — habla rapidamente y me saca una sonrisa

—Cariño, cariño — le interrumpo — Tengo la certeza de que serás el mejor padre que pudiera existir, si ya como marido eres perfecto… no necesito más cuidados. Mamá dijo que estaba bien.

—¿Tu madre ya lo sabe? ¿desde cuando?

—Un mes y medio. — Peeta frunce el ceño confundido.

—Amor, ¿Cuánto tienes?

—Mamá dice que debo estar en mi tercer mes — contesto y el abre los ojos tan sorprendido y tan preocupado que toma mi abrigo y me lo pone. — ¿Qué haces?

—Cariño, estás muy delgada como para tener 3 meses de embarazo. Vamos con tu madre, necesitamos saber que podemos darte para…

—Mamá dijo que estoy bien. Estoy más delgada porque cada mañana me la paso vomitando lo que comí anoche. Es solo eso.

—Oh no, te he dejado sola en las mañanas por irme a trabajar — se lamenta — desde mañana estaré aquí contigo, no me moveré de tu lado, tengo que hacer las comidas mejor, quizá eso te haya hecho vomitar, hablaré con tu madre y podríamos — para que deje de hablar decido hacer lo que más me gusta, besarlo con ganas. El me recibe gustoso y cuando nos separamos me mira — no intentes distraerme, mujer, estoy tratan — pero vuelvo a besarlo.

—Estaremos bien. Tu puedes ir a la panedería. Mis nauseas ya deberían pasar. No te preocupes. — Peeta vuelve a sonreír y llenarme la cara de besos. Besa mi vientre que aun no demuestra que hay vida, pero es una promesa.

—Haré todo por ustedes. — promete acariciando mi mejilla. — estoy… muy sorprendido por la noticia… — nos quedamos abrazados unos minutos, con un silencio pacifico, que nos hace sonreír como idiotas. — ¿a qué te refieres con que te descuidaste, preciosa? — pregunta después de un rato.

—Oh… — nos separamos y lo invito a sentarse. Hay una pausa y después de un rato decido continuar — creo que empezó hace varios años, cuando Delly tuvo a Thom y tu… te veías tan feliz con ellos. Tus ojos brillaban de una forma que nunca habia visto, era especial, era algo que no descifré de inmediato. Thom fue creciendo, nos hicimos sus padrinos, y verte con él, tan paternal… Me hizo pensar mucho. Me torturé años con la idea de que te estaba privando a ti de un sueño que ni siquiera podías pedirme, ya sabías que la respuesta sería negativa, y me odiaba por… por privar a un niño del padre más maravilloso que pudiera tener.

—Oh, cariño… — dice tomando mi mano.

—Lo peor vino después, cuando comencé a imaginarlo, a soñarlo. Bebés hermosos, iguales a ti, mirandolos de esa manera, jugando, bromeando, amandolos… Estaba perdida, sin darme cuenta no me sacaba la idea un bebé igual a ti, y sin existir ya sentía que lo quería. Es extraño, pero creo que sin darme cuenta me descuidé, y terminé deseandolo más que tu. — Peeta me sonrie y rie después. — cuando me enteré no sabía que haría. No quiero someter a este bebé al distrito 12, amor. No puedo.

—No lo haremos. Lo vamos a proteger. Yo los protegeré con mi vida. Nada malo nos va a pasar — con todo lo que soy, con mi alma, con mi corazón y con este pequeño ser que crece dentro de mi, le creo y me aferro a eso.