Un Imperio Perdido

Capítulo seis

Que el cristal absorbiera a Kohaku les vino de maravilla a Xeno y su equipo, que la encerraron en una especie de capsula de metal y la subieron a una de sus camionetas, dispuestos a llevársela enfrente de todo su pueblo sin que nadie pudiera hacer nada.

Senku observó amargamente como Nikki y Ryusui cargaban la capsula a la camioneta, y luego miró hacia atrás, a todos los atlantes, a Chrome y Kaseki que fueron los únicos que no quisieron formar parte del genocidio (aparte de Tsukasa y Minami que se habían quedado cuidando al rey junto con Ruri), a Suika, que miraba con lágrimas en los ojos como se llevaban a Kohaku, y a toda esa gente inocente con bebés, niños y ancianos.

Tensó la mandíbula y dio un paso hacia adelante, pero los soldados de Xeno le impidieron el paso, apuntándolo con sus armas.

—Relájense, él no es una amenaza —dijo Ryusui luego de subir la capsula.

—No, no lo soy, yo no soy el que quiere matar niños, después de todo. —Los miró con pura sequedad.

Ryusui tensó la mandíbula y rápidamente le dio la espalda, dirigiéndose al asiento de conductor de la camioneta, con Francois muy seria detrás de él.

—Sí, mejor vete —exclamó Senku, frunciendo más el ceño—. Lárguense todos ustedes, maten a toda esta gente, da igual ¿verdad? Obtendrán mucho dinero. Y tú, Ryusui, seguro que finalmente obtendrás el respeto de tu padre, ¿no? Estará tan orgulloso de su hijo el genocida…

Ryusui se tensó, pero se subió a la camioneta de todos modos.

—Ah, por cierto, Nikki… —Senku volteó a ver a la fuerte mujer, que seguía asegurando con cadenas la capsula de Kohaku—. Si quieres te daré la dirección de mi madre para que vayas a visitarla, puedes contarle cómo traicionaste a su hijo y ayudaste a matar a cientos de personas, estará encantada de saber la clase de persona que eres…

Nikki volteó a verlo con los ojos aguados, pero también le dio la espalda.

Gen y Ukyo lo observaron de reojo, en silencio.

—Tan moralista como tu padre… —En ese momento, el Dr. Xeno se le acercó, con Stanley siguiéndolo fielmente—. Él fue débil para cumplir su sueño, pero yo te ayude a ti a llegar aquí, aunque debo admitir que sin tu ayuda no lo habría logrado. —Sonrió oscuramente.

—¿Y esperas que eso me haga sentir halagado? —Alzó una ceja con amargura.

—Espero que eso te haga recapacitar. —Lo miró con más seriedad—. Piénsalo fríamente, esto es por el bien de toda la humanidad, para catapultarnos a tecnologías nuevas soñadas solo por la ciencia ficción, ¿por qué mantenerlo oculto aquí abajo para que se pudra?

—¿Por qué no llegar a un acuerdo que no implique acabar con una civilización entera? —Lo miró con desdén.

—Lo estás pensando del modo equivocado, si le damos la oportunidad, ellos se colocaran a la cabeza, pero llevándomelo yo, garantizare que la ciencia domine el mundo entero, nosotros podemos gobernarlo todo, podemos hacer eso juntos, Senku. —Lo miró casi con desesperación de que se le uniera—. Vamos… No quiero dejarte abandonado aquí… Solo… abandona esas ideas irreales de tu padre y ven con nosotros…

Senku lo miró con completo repudio.

—No voy a participar en este genocidio. Y estoy muy orgulloso de seguir las ideas de mi padre, incluso si me llevan a morir aquí. —Alzó la barbilla, sus palabras cubiertas de convicción.

Xeno lo miró con tristeza, antes de negar con la cabeza.

—Esperaba que fueras más inteligente que tu padre… al final morirás sin haber logrado nada, tal como él.

—¡No te atrevas a insultarlo! —Caminó a tomarlo del cuello de su gabardina, pero Stanley se puso en medio y le dio un golpe en la barbilla con el reverso de su arma, lanzándolo al suelo, volando de su bolso la foto que tenía con Byakuya y provocando que el cristal se rompiera al chocar contra el suelo.

Xeno hizo una mueca y pareció querer acercarse a ayudarlo, pero al final retrajo sus manos y le dio la espalda, volviendo a su camioneta.

Quien si se acercó a ayudarlo fue Ryusui, luego de dudar muchísimo, pero al final ya no pudo soportarlo más y se bajó de la camioneta, con Francois sonriendo suavemente mientras lo seguía.

Ayudó a Senku a ponerse de pie y luego se paró a su lado, con la barbilla muy en alto.

Nikki tragó saliva, antes de abandonar su puesto custodiando la capsula y caminar hasta ellos, parándose también detrás de Senku.

Gen y Ukyo intercambiaron miradas, para unírseles.

—Agh, ¿es en serio? —Xeno se bajó y se acercó, mirándolos con cansancio—. ¿Se quedarán en estas ruinas a morir? Estamos tan cerca de la meta y lo dejaran todo ahora ¿en verdad?

—Soy el hombre más superficial del mundo~… pero no un asesino… —aseguró Gen, para luego suspirar mientras Ukyo y Ryusui le sonreían en señal de apoyo—. Desde la misión a Islandia para buscar el diario sabíamos que teníamos este objetivo, pero nunca firmamos para un baño de sangre, mis manos de artista no están hechas para eso~.

—Tal vez tú y Stanley estén dispuestos a lo que sea para lograr su objetivo, pero hay un límite —aseguró Ryusui, con la mandíbula tensa—. Robar, estafar, mentir, hemos hecho muchas cosas, cada quien guiado por su propio deseo, ¡pero no hay deseo más grande que de proteger a estas hermosas mujeres atlantes, JA, JA! —Chasqueó los dedos con una sonrisa, pero luego se enserió—. No merecen morir así, Xeno. No seré parte de eso.

—¡No es justo dejar morir a esta gente! —afirmó Nikki con lágrimas en los ojos—. ¡No puedes permitir algo así!

—Mírense, tan idealistas como Byakuya y su hijo, parece ser un virus contagioso… —Los miró con desdén—. Si desean quedarse aquí a pudrirse en medio de ruinas y cadáveres, hagan lo que quieran. Yo me llevaré lo que vine a buscar. —Subió a su camioneta y arrancó sin más.

Cuando pasaron el puente, de inmediato lo hicieron estallar, y luego se alejaron como si nada, llevándose a Kohaku que estaba unida al corazón de Atlantis… y de inmediato el agua de las cascadas dejó de correr, la brisa dejó de soplar, y los cristales en los collares de los atlantes comenzaron a perder su brillo poco a poco.

—Mierda… —Senku cerró los ojos con frustración—. No puedo dejarlo hacer esto…

—Ellos tienen todo preparado en el volcán donde se derrumbo el puente. Van a volar el magma que se solidificó en la superficie del volcán y así emergerán a la superficie —le comentó Ukyo, mirándolo con pesar—. Escaparan en el globo aerostático y las avionetas.

—Tenemos al menos unas horas antes de que puedan preparar todo e irse, pero… —Ryusui suspiró—. Deberíamos apresurarnos a planear algo si quieres detenerlos… algo que no nos mate a todos.

Senku se llevó una mano a la barbilla, pensativo, pero entonces oyó el llamado de Minami.

—¡Senku! —Ella agitó una mano desde la lejanía—. ¡Será mejor que vengan al palacio!

El grupo subió hasta la sala del trono, donde Tsukasa estaba atendiendo al rey Kokuyo que no dejaba de toser sangre mientras Ruri lloraba a su lado.

—¡Deberían haber dejado que Kohaku lo curara! —lloró Ruri de forma desolada, y Chrome rápidamente colocó sus manos con suavidad sobre sus hombros—. ¡Ya estoy sana, pero ahora mi padre…!... —Sus lágrimas no dejaba de salir.

—No entiendo mucho del poder de estos cristales… —murmuró Tsukasa, mirando con tristeza a padre e hija— pero parece ser que por años el rey estuvo traspasándose a sí mismo la enfermedad de su hija… Ahora mismo, sus pulmones están fallando, y no tengo el equipo adecuado para salvarlo… está muy débil y no sé cuánto más pueda aguantar.

—¿Y qué hay del poder curativo de esos cristales? —Senku miró desesperadamente a Ruri y luego a Jasper y Turquoise—. ¿No puede alguno tomar la enfermedad por él? Cuando traiga de regreso a Kohaku, ella podría salvarlos y entonces…

—No se puede pedir algo a cambio al cristal… sin pagar un precio… —murmuró Kokuyo débilmente, mirando a Senku con los ojos entreabiertos—. Es por eso que Kohaku fue elegida por el cristal…

Senku entrecerró los ojos, arrodillándose junto al trono del rey.

—Hablas como si… tuviera alguna clase de inteligencia propia…

—Es algo así. —Volvió a toser y Ruri se abrazó más a él—. El cristal se alimenta de las emociones y energía de aquellos que nos precedieron… a cambio nos proporciona poder, longevidad, protección… Con el paso de los años, desarrolló su propia consciencia.

Senku se llevó una mano al rostro, sorprendido y pensativo.

Era un sistema dependiente entre el cristal y los atlantes, como el que formaban algunos animales o insectos como estrategia de supervivencia en la naturaleza, ¿tal vez era una especie de inteligencia artificial?

No, no había tiempo de pensar en eso, debía concentrarse en lo importante.

—La tragedia de Atlantis… fue por culpa de mi arrogancia —continuó el rey, sorprendiendo a todos—. Mi ego me llevó a intentar utilizarlo como arma para la guerra, ignorando los ruegos de mi esposa… pero su poder fue demasiado para controlar. Nos llevó a nuestra destrucción… nos encerró aquí, donde poco a poco hemos comenzado a decaer…

—Y por eso lo escondió debajo de la ciudad —dedujo Senku con un suspiro.

—Por eso… y para evitar que mis hijas sufrieran el mismo destino que su madre… —Acarició el rostro de Ruri, que no podía dejar de llorar silenciosamente—. Ella fue escogida, tal como Kohaku ahora… El cristal solo acepta miembros de sangre real, a ningún otro… En la catástrofe provocada por mi culpa, el cristal eligió a su huésped, como lo hace en tiempos de peligro… Se llevó a mi esposa… para protegerse… y para proteger a nuestro pueblo, pero a cambio del terrible precio de dejar atrás a todos los que no estaban en las inmediaciones del palacio… y de no devolverme nunca a mi amada…

—¿Entonces Kohaku… —Senku tragó para pasar el nudo en su garganta— nunca podrá regresar?...

—El cristal es sabio… —Tosió de forma más agónica, ya casi sin aliento—. Creo que no me devolvió a mi esposa… para castigar mi arrogancia… pero yo ya he pagado el precio… y sé que me voy a unir a ella pronto… —Sonrió dolorosamente—. Kohaku tiene un corazón puro… y desea solo lo mejor para nuestro pueblo… pero… si permanece demasiado tiempo unida al cristal… la consumirá por completo… para siempre.

Senku se mordió el labio con fuerza, apretando los puños mientras en su mente brillaba la sonrisa sincera de Kohaku, mientras le aseguraba que confiaba en él.

—La voy a salvar. La traeré de regreso y me aseguraré de que Atlantis sobreviva, con toda su gente, no permitiré que su cultura se pierda —dijo con absoluta seguridad y determinación, haciendo que el rey riera suavemente, con lágrimas llenando sus ojos.

—Eres un chico valiente… Entiendo por qué ella te miraba con tanta confianza. —Suspiró.

Con manos temblorosas, retiró el collar con su cristal que colgaba de su cuello, tomando una mano de Senku y depositándolo en su palma, ganándose que lo mirara con incredulidad y sorpresa.

—Si Kohaku confía en ti… yo también. —Lo miró con seriedad, pero también con suplica—. Mis hijas son todo lo que me queda… Falle en proteger mi pueblo, pero… sé que ellas podrán lograr lo que yo no pude… —Miró cariñosamente a Ruri, que le sonrió con ojos llorosos, luego volvió la vista a Senku—. Veo en ti una gran inteligencia y determinación… y confió en tu palabra. —Apretó el collar en su mano con sus dos manos, tosiendo mientras más sangre escapaba de su boca y nariz—. Sé que podrás salvarla… a ella y a mi pueblo…

—Lo haré. Se lo juro. —Lo miró completamente convencido.

El rey sonrió débilmente.

—Recupera el cristal, salva al pueblo… y por favor… salva a mi hija… —Sus ojos se cerraron y sus manos perdieron fuerza, cayendo lánguidas sobre su regazo.

Senku se alejó, sosteniendo el cristal mientras veía a Ruri susurrarle palabras cariñosas a su padre, intentando despertarlo… pero el rey Kokuyo no volvió a abrir los ojos…

Había muerto…

Chrome se quedó consolando a Ruri, pero Senku salió al balcón, a mirar el camino por el que Xeno se había marchado llevándose a Kohaku.

Tsukasa guardó su equipo médico y se acercó a él, con Gen, Ryusui y Ukyo siguiéndolos de cerca.

—¿Cuál es el plan? —preguntó Tsukasa.

—Directo al grano, ¿eh? —Senku rio sin humor—. En escrituras antiguas se mencionaba el gran poder bélico de los atlantes, y Kohaku me enseñó algo que podría sernos de utilidad, pero… necesitaremos algo de tiempo para hacer un buen plan.

—No tenemos mucho tiempo —le recordó Ukyo—. Máximo tres horas, pero yo diría que en aproximadamente dos horas el Dr. Xeno y su equipo estarán listos para partir.

—Bien, pues saldremos en una hora y media. —Tensó la mandíbula.

—Él te estará esperando —advirtió Ryusui—. Y esta vez no dudara en matarnos.

Senku bajó la mirada por un momento.

—Haberlos guiado aquí es mi culpa… y yo estoy dispuesto a morir por rescatar a Kohaku y salvar a esta civilización… pero ustedes no tienen que seguirme a la muerte si no quieren hacerlo.

Ellos intercambiaron miradas.

—Ya te seguí hasta aquí. —Tsukasa avanzó un paso—. Haz que valga la pena.

—¡JA, JA! ¡Yo no dejaré morir a ninguna mujer hermosa! —Ryusui chasqueó los dedos con una sonrisa estúpida, pero sincera.

—También tenemos nuestros propios pecados que pagar… —susurró Ukyo, con una sonrisa culpable—. Por mucho tiempo fui un cobarde para oponerme a las órdenes de Xeno, pero tú me has dado ese valor, Senku, a mí y a todos.

—Eh… yo creo que prefiero apoyarlos a la distancia~… —Gen retrocedió unos pasos y Nikki, que había estado escuchándolos a lo lejos, se acercó y le dio un buen codazo—. ¡Bien, bien, ayudaré!~ —lloriqueó.

—Entonces no hay tiempo que perder. —Se acercó a Ruri, que recién estaba terminando de secar sus lágrimas—. No quiero ser irrespetuoso, pero… ¿tienes idea de dónde tu padre guardaba el antiguo armamento de guerra? Es urgente para poder salvar a Kohaku.

Ruri se limpió las lágrimas rápidamente y asintió.

—Creo que tengo en mente un lugar…

Ruri los llevó a una sala llena de los vehículos voladores en forma de peces que Kohaku le había mostrado antes a Senku, y Senku leyó cuidadosamente cada escritura de cada vehículo, buscando más instrucciones para su uso y que no resultara un desastre como la primera vez, y Ruri le señaló en el techo unos dibujos rusticos y un poco de escritura, por lo que Tsukasa y Nikki amontonaron unas piedras y Senku se subió para tener una mejor vista.

Allí pudo leer varias instrucciones de uso y sonrió diabólicamente.

Esto contenía cálculos avanzados que no cualquiera podría entender, contaba detalles de los más grandes ingenieros de Atlantis al construir las máquinas que los llevaron a ser el imperio más grande de su época, contaba todo acerca de cómo usar de forma más eficiente los vehículos… y todos los trucos útiles que traían equipados.

—Muy bien, esto será pan comido.

Se montaron todos ellos y los soldados atlantes a las naves, dejando atrás a Ruri, Suika y Kaseki que les desearon suerte.

—¡Tengan mucho cuidado! —gritó Kaseki.

—¡Salven a Kohaku! —gritó Suika con lagrimitas en los ojos.

—¡Salven Atlantis! —Ruri agitó una mano hacia ellos, con una sonrisa esperanzada.

Volaron a toda velocidad hasta el volcán, donde vieron a Xeno y Stanley ya montados en un gran globo aerostático, en cuyo extremo estaba atada la capsula que contenía a Kohaku.

—Ahí están… —Xeno suspiro con pesar, mirando de reojo a Stanley, que encendió un cigarrillo y asintió, para luego saltar fuera del globo que apenas había despegado y montarse en una avioneta junto a Charlotte.

La batalla empezó, varias avionetas despegaron y las balas comenzaron a llover por todas partes, pero todos ellos estaban listos y, con ayuda de los cristales, activaron pequeños escudos que cubrían el frente de sus cuerpos. No era efectivo a los lados ni detrás, pero evitó que muchas balas les llegaran.

Senku había descubierto que los vehículos también expulsaban rayos de energía, aunque dio la orden de intentar no matar de ser posible, pero igual aprovecharon esa ventaja para mantener a raya a los hombres de Xeno.

Y, mientras se cubrían intentando siempre tener un enfrentamiento directo, Senku mandó a Tsukasa y Ryusui a distraer a Stanley y Charlotte, pero se encontró con que eran demasiado buenos y en varias ocasiones casi pudieron ponerse en un perfecto ángulo para evitar el escudo y dispararles.

Era mejor cambiar de planes…

—¡Hay que evitar que el globo llegue a la cima! —gritó con desesperación al ver que se elevaban hasta la cima del volcán, misma que ya habían bombardeado previamente para liberarla y de la que se asomaba la luz del sol.

—¡Podríamos derribar el globo! —sugirió Gen, abrazado por su vida a su vehículo y oculto como gato asustado detrás del escudo.

—¡No, la caída podría herir a Kohaku! —Senku negó con la cabeza, pensando en otro plan—. Lo tengo. —Abrió mucho los ojos—. ¡Rápido, lleven sus vehículos a enredarse en las cadenas, solo con dos será suficiente, aumentara el peso y los obligara a bajar!

—¡Tú y Chrome encárguense de eso! —gritó Ryusui, sacando su pistola y sonriendo enormemente—. Yo me encargaré de Stanley.

—¡Lo cubriré! —afirmó Tsukasa, siguiéndolo.

Senku y Chrome intercambiaron una mirada, para luego asentir y dirigirse al globo, aunque para su desgracia algunas balas casi les llegan, pero Ukyo y Gen supieron ponerse enfrente de ellos y protegerlos con sus escudos, y Ukyo logró derribar las avionetas con el rayo, asegurándose de golpear solo levemente las colas para darles tiempo a aterrizar.

Al estarse aproximando al globo, Xeno sacó su arma.

Chrome y Senku dejaron sus naves encima de la capsula de metal y de inmediato el globo comenzó a perder altura por todo ese peso extra, aunque el espacio era tan reducido que ambos tuvieron que salir de la nave y colgarse de las cadenas.

—¡¿Y una vez abajo qué hacemos?! —preguntó Chrome con nerviosismo.

—¡Sacarla de allí… de alguna forma! —Ok, Senku no había pensado mucho en eso.

En ese momento, un balazo le dio a Chrome en el hombro, haciéndolo casi soltarse de las cadenas y caer al vacío, pero Senku lo sujeto y miró hacia arriba, viendo a Xeno apuntar desde la segunda plataforma del globo.

Abrió mucho los ojos, viendo que Xeno lo tenía en la mira.

Podía darle directo en la cabeza y este sería su fin.

Sin embargo… Xeno titubeó.

—¡Última oportunidad, Senku! —gritó todavía apuntándolo—. ¡Únete a mí… o voy a matarte!

Senku tensó la mandíbula, con sus manos apretando la herida en el hombro de Chrome para que no se desangrara tan rápido.

Al ver que Senku no decía nada, Xeno cerró los ojos… y disparó.

Como había disparado con los ojos cerrados, su puntería fue ligeramente errada y Senku tuvo tiempo de lanzarse a un costado, por lo que la bala rebotó directo contra el panel de control de la nave atlante, disparando un rayo que voló justo por encima de la cabeza de Xeno, agujereando el globo y haciendo que cayera en picada.

—¡Xeno! —Stanley notó eso y saltó de la avioneta que había estado conduciendo directo hacia el globo, dejando a Charlotte que había estado en el asiento trasero disparando a su suerte y casi estrellándose con una pare de no ser porque saltó, pero la caída fue tan grande que la dejó inconsciente.

Stanley se colgó de las sogas que rodeaban el globo y tomó a Xeno de la cintura, lanzándose a una nave enemiga y logrando así salvarlos.

Sin embargo… el que no se salvaría era Senku, que veía horrorizado que la capsula con Kohaku adentro iba a estrellarse y quizás eso sería el fin de ella… y por lo tanto de todos los atlantes…

Sin embargo, en ese momento Ryusui, riendo como un loco, se lanzó a estrellar su nave contra el globo atravesado, logrando enredar la tela y que esta se clavara contra una de las paredes, frenando así la caída de la capsula que se salvó de estrellarse contra el suelo volcanico por solo unos metros.

Sin embargo, Ryusui salió disparado al suelo, igual que Chrome y Senku… y que sus naves… que chocaron juntas y provocaron una explosión que agujereo el suelo… y la lava comenzó a surgir…

—M-mierda… —Senku se levantó débilmente, sintiendo la sangre correr por su frente.

—¡E-el volcán…!... —Chrome, ahora herido por la caída además del impacto de la bala, lo miro horrorizado—. ¡Va a hacer erupción!

—¡Tenemos que salir de aquí! —Nikki acercó su nave a la de ellos y les tendió la mano, pero Senku corrió hacia la capsula.

—¡No podemos irnos sin ella!

—¡Rápido, atemos su capsula a la nave de Nikki! —Tsukasa se bajó de su vehículo y tomó las cadenas que antes habían atado la capsula al globo para cambiar a atarlo a la nave de Nikki.

—No tan rápido. —Stanley, con una mueca de rabia y Xeno casi inconsciente en su brazo, los apuntó con su arma—. No crean que podrán irse tan fácilmente.

—¡Idiota, todos vamos a morir si no nos vamos! —Ryusui, aunque herido, se puso de pie y le apuntó con su propia arma.

La lava burbujeaba cerca de ellos, a punto de estallar en una gran explosión.

—Nos han causado demasiadas molestias. —Stanley ni miró a Ryusui, su mirada fija en Senku, su arma apuntando a su cabeza—. Si vamos a morir, será llevándolos también.

—Stan… —Xeno apoyó una mano en su hombro, provocando que lo mirara preocupado—. Déjalos… No quiero matar al niño… Es el hijo de Byakuya… —Lo miró con una sonrisa triste—. Creí que podría perdonármelo, pero… no es cierto…

Stan lo miró en silencio un momento, antes de bajar su arma lentamente.

—¡Muy bonito y todo, pero ya vámonos de aquí! —Gen estaba chillando de terror por la lava burbujeando cada vez más y más.

Terminaron de atar la capsula a la nave de Nikki y Senku se abrazó a la capsula mientras la nave emprendía vuelo.

Tsukasa subió a Chrome y Ryusui con él y Gen sonrió y les ofreció a Stanley y Xeno subir con él.

Ellos lo miraron extrañados, pero Gen encogió los hombros con una sonrisa inocente, por lo que ellos finalmente accedieron.

Ukyo rescato el cuerpo inconsciente de Charlotte, y los soldados de Xeno se amontaron en las avionetas que no fueron dañadas y salieron a través del túnel.

Llegaron a la ciudad de Atlantis y los ciudadanos vitorearon de alegría al ver que traían la capsula con la princesa, pero sus gritos pasaron a ser de terror al ver la lava comenzar a surgir desde la cueva, perforando poco a poco la montaña.

—¡La pared va a estallar en cualquier momento! —dijo Chrome bajando de su nave, todavía sosteniendo sus heridas—. ¡Toda la lava estallará a presión y nos cubrirá a todos!

—Bueno… nadie murió en la batalla, pero parece que de todas formas todos vamos a morir ahora… —Xeno miró frustrado la lava comenzar a abrirse camino, mientras que Stanley simplemente encendió un cigarrillo.

Senku gruñó frustrado, pero luego miró a la capsula, recordando las palabras del rey…

El cristal se protegía a sí mismo y a su pueblo…

Tomó una lanza de las manos de Jasper y lucho por abrir las paredes metálicas de la capsula, batallando por unos segundos hasta que finalmente lo logró y el brillo celeste característico del corazón de Atlantis emanó con fuerza cegadora.

Las paredes del contenedor se abrieron por completo, flotando alrededor de la figura cristalina de Kohaku todavía fusionada al cristal.

De inmediato, ella extendió los brazos y toda la ciudad comenzó a iluminarse, y luego ella comenzó a elevarse a lo alto, y los rostros tallados en madera de los reyes del pasado, o sea… sus propios abuelos, se elevaron desde las profundidades rompiendo el suelo y comenzaron a rodearla, girando a su alrededor cada vez más y más rápido, generando ráfagas de viento y luz enceguecedora.

De pronto, un rayo salió disparado hacia una estatua, la estatua en la que antes Senku se había subido guiado por Kohaku… ¡y esta cobró vida! Se puso de pie como si fuera una persona.

Más rayos salieron disparados y más estatuas se pusieron de pie, rodeando toda la ciudad.

Las estatuas hicieron una especie de aplauso y luego extendieron sus brazos, generando enormes escudos que se extendieron cada vez más y más hasta rodear toda la ciudad, eso al mismo tiempo en el que las paredes de la montaña finalmente estallaban.

El escudo los rodeó por completo, y segundos después la lava les pasó por encima.

Por un largo momento… todo fue oscuridad.

Y luego la luz surgió.

El magma se solidificó rápidamente y a los pocos segundos salió volando en pedazos, dejando totalmente libre a la ciudad, cuyas cascadas volvieron a correr, generando grandes nubes de gran belleza que rodearon la ciudad y también el cristal en lo alto.

Todos celebraron al verse libres del peligro, y de inmediato Ruri abrazó a Chrome, para luego comenzar a curarlo con su cristal. Los atlantes, libres de rencores, comenzaron a curar a los soldados enemigos también, al igual que a todos los heridos.

Senku mantuvo la mirada fija en lo alto, con su corazón latiendo con fuerza en su pecho.

Finalmente, de un hueco entre las nubes surgió un rayo de luz… y Kohaku empezó a descender lentamente desde lo alto…

Su cuerpo ya no era energía pura, volvió a ser ella misma…

Senku se acercó a ella con los brazos extendidos mientras la veía descender lentamente, para finalmente atraparla entre sus brazos una vez sus pies volvieron a tocar el cielo.

Kohaku, con los ojos cerrados, se acurrucó contra su pecho, revolviéndose un poco antes de finalmente abrir los ojos, encontrando sus ojos azules con sus aliviados ojos escarlata.

—Hola, leona… —Sonrió aliviado.

—Senku… —Abrió mucho los ojos, antes de bajar la vista a su mano cerrada en un puño.

Abrió la mano, revelando un pequeño brazalete de niña que vio con ojos llenos de nostalgia.

—Siento que… mi madre estaba allí… —Abrazó el brazalete contra su pecho—. Siento que ella me permitió regresar… —Sus ojos se aguaron mientras sonreía temblorosamente.

Senku le devolvió la sonrisa y se quedaron mirando fijamente, antes de que ella se lanzara a abrazarlo con fuerza, tomándolo por sorpresa por un instante, aunque pronto sonrió y llevó una mano a su cabeza, acariciando su cabello con todo el alivio y gratitud del mundo porque finalmente estaba a salvo.

Ahora que ella estaba bien, sentía que ya no importaba nada más.

Continuara...

Holaaaa :D

Esto es basicamente el final xD Pero falta un epilogo! owo

Muchas gracias a King of the Nothing por comisionar el fanfic entero! Todo las gracias a él :'D

Ojala q el fanfic les haya gustado TwT

Fue muy divertido de hacer uwu

Bueno, gracias por todo su apoyo, no olviden q se les ama y aquí me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!