—¡Arriba las manos!
El grito proferido resonó con fuerza entre las paredes del abandonado edificio. Una linterna iluminaba el escenario donde se exhibiría una obra mortal, aclarando el rostro de uno de sus protagonistas: un hombre en sus treintas que cerraba los ojos con fuerza, deslumbrado por la brillante luz de la linterna. Cuando fue capaz de procesar lo que pasaba, se llevó una mano a la cintura y trató de sacar algo del interior de su pantalón. Una detonación se escuchó, sobresaltando al hombre, quien se detuvo por un momento.
—¡Ponte de rodillas y sube las manos al aire! ¡No me hagas repetirlo!
Los ojos del hombre, pequeños y negros, finalmente pudieron enfocarse, viendo a la persona frente a él. Detrás de ese haz de luz cegadora estaba un arma de mano de cuyo cañón salía humo, y detrás de aquella arma estaban los severos ojos de Acerola Malíe.
La postura de la sargenta Malíe era firme. Sus hombros mostraban su perfecto agarre sobre el letal instrumento en sus manos. En sus brazos no había temblor y en su mirada no había duda. Aquel hombre sabía que, si llegaba a darse el caso, ella sin duda dispararía.
—¡Por última vez, de rodillas! —ordenó en un grito firme— ¡No hagas esto peor para ti!
El ceño de la oficial se frunció un poco más al oírlo reír.
—Conozco las leyes alolianas, su alteza. —El hombre no apartaba su mirada de la de Acerola, pero se veía obligado a tenerlos entrecerrados. Tal vez era un intento de demostrar dominancia o tal vez no quería perderse ninguno de sus movimientos—. No voy a podrirme entre barrotes extranjeros. Si quiere llevarme, será en una bolsa.
La sargenta no respondió, sino que se mantuvo estática. Su respiración se acompasó y su cerebro se llenó de palabras. El cañón de su arma apuntaba directamente al corazón del hombre, lista para arrebatarle la vida si era necesario hacerlo.
—De rodillas. Ya.
El hombre sonrió.
—Creí que ya había usado mi última oportunidad. —Sus ojos se centraron lo mejor que pudieron en Acerola y luego…—. ¡A la mierda, ofici…!
Las palabras del hombre fueron interrumpidas por una detonación y un subsecuente quejido. La rodilla derecha del hombre se dobló sin él quererlo, haciéndolo caer al suelo mientras gemía y maldecía a todo pulmón. Acerola se abalanzó sobre él, pateando el arma que el hombre había dejado caer tras apenas sacarla. Malíe lo puso bocabajo y sujetó con brusquedad sus brazos, colocándolos detrás de su espalda. Sus muñecas fueron adornadas con unas esposas.
—En nombre de la policía nacional de Alola, queda arrestado. Tiene derecho a permanecer en silencio. Todo lo que diga puede ser utilizado en su contra. Tiene derecho a un abogado y, en caso de no poder contratar uno, el estado se lo proveerá.
—¡Perra de mierda! —gritó el hombre, comenzando a hiperventilar— ¡Mi pier…! ¡Joder, mi puta pierna!
—Sargenta Malíe, ¿qué fue ese ruido? ¿Se encuentra bien? Repórtese —Se escuchó decir. La voz contenía cierta estática y sonaba parcialmente sintética, aunque claramente era humana.
Acerola sujetó la radio que había en el hombro de su chaleco y, antes de presionar el botón, vio al hombre.
—Uno de los dos tenía que bajar el arma. Yo lo hice.
—El día llegó…
Hau estaba recargado contra una pared y, de soslayo, veía a Acerola. Notaba la mirada decidida pero nerviosa en su rostro, así como la forma en la que cerraba su puño para tratar de centrarse. Decir que Malíe parecía inquieta sería quedarse corto.
—Ha pasado un tiempo desde que te vi tan nerviosa —mencionó Hau. No quería parecer indiferente, pero tampoco quería afectar más los ánimos de Acerola al mostrar la gran preocupación que de hecho sentía.
Escuchó como la oficial emitía una débil risa.
—Desde que hice el examen para entrar a la academia de policía —asintió, mirando a Hau e intentando bromear con él-—. Pasé de no haber hecho ningún examen en mi vida a tomar uno de los más importantes que alguna vez tomaré.
—Aunque el tío Nanu te llenó de tarea en preparación para el momento. — Mahalo sonrió, cosa que apenas y esbozó un intento de sonrisa en el rostro de Malíe.
—¿Estaré preparada para esto? Guzma… —Su ceño se frunció—. Antes de enfrentarme a él aquella noche, nunca me había sentido tan impotente e inútil. Su fuerza me hizo pensar, por un momento, que no valía… —Miró su mano derecha, la cual volvió a cerrar mientras se sostenía la muñeca.
Hau caminó hacia ella y tomó dicha mano, obligando a Acerola a abrirla. Malíe subió la cabeza, viendo sus ojos.
—Has enfrentado a peores hombres que Guzma.
—Hombres débiles que se escondían detrás del falso poder que otorga un arma. —Acerola entrecerró los ojos—. Guzma no es como ellos.
Hau apretó con un poco más de fuerza la mano de Acerola.
—Y tú tampoco. Tu fuerza, inteligencia y determinación no palidecen contra las de Guzma. Si hay algo que pueda arrastrarte hacia abajo, eso sería tu propia duda y expectativas. No esperes lo peor. —Hau le sonrió—. ¡Piensa en el mejor escenario posible!
—Hau —La seria voz de Acerola llamó la atención de Mahalo—. En el mundo real, muchas veces el mejor escenario posible no ocurre. No tiene sentido engañarse a uno mismo pensando en él.
El moreno perdió su sonrisa pero sus ojos no se apartaron de los de Acerola, al menos no de inmediato. Mahalo se acercó a ella y la envolvió entre sus brazos.
—Esperar lo mejor sin trabajar por ello es una necedad, pero ese no es tu caso. Tu victoria es solo el resultado evidente de tu dedicación.
Acerola frunció el ceño por un momento y le devolvió el abrazo.
—Perdón por hablar de esa forma, HauHau.
—Has estado viendo y viviendo cosas últimamente, Ace. Cosas inherentes a tu trabajo. Es normal que termines sonando un poco como el tío Nanu.
Ambos rieron un poco por ese comentario.
—Qué suerte… —murmuró ella.
—¿El qué?
—Que te tengo a ti.
—¡De rodillas! ¡Las manos donde pueda verlas!
Escuchó esas palabras tanto como escuchaba el ruido de las sirenas. Sus ojos enturbiados enviaban al cerebro imágenes del suelo, pero éste no las procesaba. Era como si, en su mente, se hubiera formado una burbuja que lo protegía del exterior; de las consecuencias. La burbuja fue bruscamente reventada.
Sintió el contacto de la tierra contra su cara y como sus brazos eran sujetados con fuerza detrás de su espalda. El frío acero abrazó sus muñecas, pero no hizo nada para oponerse a ello. Sus sentidos habían vuelto y ahora ya no podía huir de lo que sucedía a su alrededor. Veía como los ojos eran sacados por la puerta de su casa en una camilla. Aquel enorme par de ojos, que antaño tanto lo atormentaron, ahora lucían carentes de fuerza y de odio. Simplemente parecían patéticos; insignificantes. Sintió como lo obligaban a levantarse por lo que más o menos cooperó, pero podía oír el fastidio en los gruñidos del ente que lo jaloneaba. Mientras era encaminado hacia una patrulla, pudo ver otra cosa más. En medio de la ambulancia y el coche de policía estaba ella, la máscara, llorando. Aquellos Growlithe vestidos en ropas azules intentaban consolarla al mismo tiempo que trataban de obtener su versión de los hechos. La trataban como si ella fuera la víctima.
La máscara se dio cuenta de que estaba viéndola, por lo que intentó caminar hacia él. ¿Quería explicarse? ¿Quería disculparse? Él no lo sabía, pero solo quería decirle una última cosa antes de irse para siempre.
—Tú fuiste su cómplice. Eres tan culpable como él.
Esas palabras detuvieron el avance de la máscara, quien parecía horrorizada.
—Espero que ardas en el infierno, zorra.
Mientras era lanzado al interior de la patrulla, escuchó como la máscara rompía en un desgarrador llanto que, para sus oídos, fue música. Recordó cada golpe que ella recibió, así como cada insulto, y solo sintió satisfacción. Para él, la máscara merecía todo ello. Si algo en lo más profundo de su ser quería que los ojos sobrevivieran era solo para que así pudieran extender la tortura de la máscara. Para él, una madre que no movía un dedo para ayudar a su hijo merecía tanto el infierno como un padre que estaba dispuesto a rompérselos todos.
Guzma se terminó el café frío que estaba bebiendo, lanzando la lata hacia un cubo de basura cercano. No lo hizo por consideración o por mantener el orden, sino como una forma de entretenerse. Fue por eso que no se molestó en recogerla cuando no la encestó.
Sus pasos resonaron a través del vacío pasillo y siguieron haciéndolo mientras se movía entre salas. Esta caminata era diferente. Miró hacia sus espaldas, notando que no había nadie. No había otros pasos, no había gritos, ni voces ni canto. Pero no le importaba.
Pronto se plantó ante la entrada del vestidor que se suponía era suyo. Ahí se encontró con dos asistentes de la Liga, quienes parecían nerviosos desde antes, pero que parecieron tranquilizarse al verlo llegar. Tal vez temían ser incapaces de contener a todo el séquito Skull si llegaran a desembocarse, pero eso no era algo por lo que tuvieran que preocuparse.
Guzma pasó entre ellos y no escuchó un solo sonido. Ellos sabían quién era y eso era suficiente. No querían hablarle y él no quería hablarles. Tácitamente habían llegado a un acuerdo que era beneficioso para ambas partes y eso, sorprendentemente, era algo que le agradaba a Guzma. Con cuantos menos peldaños hablara, mejor.
Kiauka había visto el vestuario antes, durante los Battle Royale, pero era la primera vez que los veía tan silenciosos. Caminó hacia la banca más cercana, tomando asiento. Puso los brazos sobre las piernas y se mantuvo encorvado.
Faltaba muy poco para que la carnicería empezara.
El estadio estaba tan cargado de tensión como un nubarrón de agua. Esa tensión era intoxicante, para algunos en el buen sentido, para otros en el malo. Muy pocos eran los que podían dejar pasar la ironía de este duelo entre el Rey criminal y la Reina policía. Guzma Kiauka contra Acerola Malíe era un enfrentamiento que, sin duda, hacía que los alolianos se sintieran al borde del asiento antes de que éste siquiera comenzara.
—Llegó el día de la revancha…
El murmullo de Ash no pasó desapercibido para nadie. Fue escuchado con curiosidad y nerviosismo dependiendo de cuánto contexto se tuviera.
—Ace estará bien —afirmó Hau. El rostro del futuro Kahuna mostraba cero dudas.
—Todos se ven tan tensos… —murmuró May.
Solo Max logró escucharla, pero eso era suficiente. Ambos Asano sabían que no eran los únicos con preguntas, así como no eran los únicos que se negaban a hacerlas.
—Lillie venció a Francine —dijo de pronto Elio, atrayendo las miradas sobre él. Asutoro sintió que debía explicarse—. Quiero decir, ¿cuánta es la diferencia de poder que hay entre Francine y Guzma? ¿La misma que hay entre Lillie y Acerola? Si es así, entonces este duelo ya está decidido.
—Esperemos que sea el caso —suspiró la rubia.
Rotom podía sentir todo lo que pasaba a su alrededor. Podía sentir los nervios colectivos y la duda que acechaba en el corazón de todos los presentes. Ese silencio opresivo que llenaba el estadio no era solo un invento que las nerviosas mentes habían creado, sino que era real. Nadie hablaba, nadie murmuraba. Esto era distinto a la lucha entre Francine y Lillie, completamente distinto. No era la pelea entre una segundona y la idealizada heroína de guerra; era el combate entre el mayor terror de Alola y una reina. Aunque hubiera quienes disfrutaban este ambiente, había muchos otros que lo encontraban genuinamente estremecedor. Con el silencio como invitado especial, la hora llegó.
—¡Alola a todos, amigos y amigas! ¡En este increíble día nos encontramos por tercera vez para presenciar un combate que pinta a ser legendario!
Los altavoces resonaron más fuerte que los latidos de los corazones temerosos, destruyendo el silencio como si fuese una bola de demolición. La voz de Jeekyo brindó algo de alivio a aquellos que querían ruido para calmar las ansias.
—¡Nuestro segundo combate fue protagonizado por uno de nuestros futuros Kahunas, por lo que es increíblemente adecuado que el penúltimo esté estelarizado por nuestra otra futura reina, y enfrentando a un rival de talla extra grande, ni más ni menos! ¡¿Qué tal si presentamos a nuestros participantes del día de hoy?!
Las miradas rápidamente se centraron en la gran pantalla central la cual se iluminó, dejando ver las imágenes de los dos actores principales y sus tres respectivos aliados. En la parte derecha se encontraba la fotografía de Guzma, mientras que en la izquierda la de Acerola.
—¡Saliendo por la izquierda tenemos a la futura regente de la isla sobre la cual posamos nuestros pies ahora mismo! ¡Una auténtica heroína de guerra que luchó con cuerpo y alma por la protección de esta misma montaña y sus habitantes! ¡La mujer que avisó al mundo de una catástrofe universal y quien nos permitió prepararnos para pelear! ¡Una mujer que acogió a la gente de Ula-Ula bajo su seno, prometiendo ser su protectora como reina y como agente de la ley! ¡El Fantasma de Malíe! ¡La Última! ¡La Niña Sagrada!
Las sombras habían sido su hogar por años, pero hoy no. Hoy la niña fantasma salía a la luz para mostrar quién era.
— ¡AAAAAACEEEEEEROOOOOOLAAAAAA MAAAAAALÍÍÍÍÍÍEEEEEE!
El paso firme de Acerola y su postura llena de dignidad dejaban ver en ella la disciplina y autoridad no solo de una oficial de policía, sino también la de una reina. Pese a las ovaciones, ella no veía a nadie y no se distraía con nada, no reía. Solo caminó con la mirada clavada hacia el frente, dispuesta a no apartarla. Su mente se había fijado un solo objetivo y nada más importaba.
Para los forasteros, ver llegar a una de las futuras líderes de la región era un sello de garantía. No había habido malos combates en la Liga y verla a ella les aseguraba que este no sería el primero. Los más intensos incluso se reverenciaron ante ella como una señal de respeto que, realmente, nadie había solicitado.
—¡VAMOS, ACE! —Hau se levantó a toda prisa para gritar su nombre.
—¡DEMUÉSTRALE QUIÉN ERES! —exclamó Ketchum a todo pulmón.
—¡Pika Pi!
—¡APLÁSTALO, ACEROLA! —animó Lillie.
—¡Esfuérzate, Acerola! —Malvácea sonreía mientras ponía sus manos a los costados de su boca.
—¡Tú puedes! ¡Derrótalo! —gritó Elio.
—¡Es solo un escalón! —aseguró Selene.
El micrófono volvió a sonar solo por un segundo, pero eso fue suficiente para callar a todos los alolianos, quienes contagiaron a los extranjeros con su silencio. Sabían quién era el siguiente.
—¡Y saliendo por la derecha tenemos a esta otra persona! ¡Un hombre conocido por toda la región, considerado también como un héroe de guerra!
Esa afirmación desató varios murmullos entre el público.
—¡Fue quien lideró la defensa de ciudad Malíe durante la segunda parte de la invasión; quién protegió la joya de la corona de su majestad! ¡Él afirma arrasar, destruir y romper todo lo que se le atraviese! ¡El caos es su firma y su señal! ¡Enfréntenlo o huyan! ¡El Autoproclamado Señor del Caos y la Destrucción! ¡El Señor de las Moscas! ¡El Cráneo!
Había dejado las sombras como forma de mostrar dominancia, pues se aseguraría de que ninguno de los presentes olvidara a la bestia que merodeaba entre ellas: el verdadero rey de las tinieblas
—¡GUUUUUUUUUZMAAAAAAAAA!
Unos cuantos gritos aislados interrumpieron el silencio mientras él emergía. Guzma caminaba con tranquilidad, ligeramente encorvado y con las manos en los bolsillos. Su expresión no mostraba gran cosa, tal vez solo algo de molestia. Era el gesto de alguien que claramente sentía fastidio por la tarea frente a él. Cualquiera creería que el líder Skull no veía a Acerola como una oponente que valiera la pena enfrentar y, de hecho, eso era justo lo que él creía.
Guzma llegó a su posición varios segundos después de que Acerola lo hiciera. Malíe veía fijamente a Kiauka, quien se frotaba el cuello con los ojos cerrados. Mientras que una de ellos parecía estar dispuesta a dejarse la piel en el combate, el otro no parecía para nada interesado.
Nanu Malíe, en su silla de ruedas, avanzó hasta ponerse en el medio de ambos. Las primeras dos letras de una palabra salieron antes de que un fuerte grito rompiera el silencio como un frágil vidrio.
—¡NO ES JUSTO SI EL ÁRBITRO ES SU PAPI!
Nadie vio al individuo en cuestión, pero sin duda sabían la dirección de la que provenía el grito. Nanu miró hacia el lugar con seriedad. En silencio hizo girar su silla de ruedas, avanzando hacia el podio donde estaban los otros tres jueces, justo frente a las gradas. El lento andar de Nanu despertó la curiosidad e intriga de todos.
El ex Kahuna llegó a donde estaban Olivia, Hapu y Red. El estadio solo podía ver la forma en la que movían la boca, pero no oír lo que decían. Tras casi dos minutos de charla incomprensible, Red se paró de su asiento y caminó hacia Nanu, intercambiando un asentimiento con él para posteriormente pasar de largo hacia el campo de batalla. Un nuevo árbitro había sido elegido.
—¿En serio van a cambiar el árbitro solo por esos Skull?...
—¿Qué diablos?... El señor Nanu jamás daría un mal veredicto. Él es un hombre de palabra.
—Mi padre sirvió junto a él por años, el señor Nanu nunca sería corrupto…
—Esto hace que me hierva la sangre.
—Mejor prevenir antes que curar.
—¿Para qué darles combustible a los Skull? Es mejor quitarles toda la oportunidad de acusar a la Liga de arbitraje comprado.
—No serviría de nada manchar el nombre de la Liga Pokémon de Alola con polémicas estúpidas.
En el campo de batalla, Red Ketchum vio a ambos luchadores. Conocía muy por encima la historia de ambos, por lo que sabía que las preocupaciones del pueblo podrían estar justificadas, pero no dejaría que eso nublara su propio juicio.
—Ya las han escuchado hasta el hartazgo, pero voy a explicarles las reglas nuevamente.
Ante sus palabras, ninguno cambió sus expresiones. Acerola seguía viéndose seria como una roca y Guzma lucía tan fastidiado como en el momento en el que entró.
—Este es un combate de tres contra tres en el que las sustituciones están permitidas. El que antes se quede sin ningún Pokémon para combatir, perderá. No se permiten objetos curativos, tampoco objetos de combate. Megaevolución o Movimientos Z, elijan el que quieran, pero solo uno. —Red los vio a ambos con la misma mirada autoritaria—. Sobra decirlo, pero ataques dirigidos directamente a los ojos o partes bajas están completamente prohibidos. ¿Quedó todo claro?
—Sí —asintió Acerola.
Guzma simplemente bufó.
—¡Entonces, participantes, saquen su primer Pokémon!
Acerola rápidamente sacó su cápsula, mientras que Guzma no parecía particularmente apurado. Ambas esferas salieron volando hacia el cielo, una con más intensidad que la otra, y se abrieron. El Pokémon de Acerola apareció un segundo antes que el de Guzma. Banette y Ariados cayeron en el campo de batalla, apareciendo sus imágenes en la pantalla como sustitución de dos de los símbolos de Poké Balls. El arácnido pareció reconocer a su oponente y, aunque no tenía boca con la que sonreír, sus ojos mostraron claramente una intención burlona. Banette también lo reconocía y no estaba nada contento con esta broma en particular.
—¡Banette del tipo Fantasma y Ariados de los tipos Bicho y Veneno! ¡Un combate a favor de la participante Acerola! ¡¿Cómo responderá el participante Guzma?!
Y por fin las voces del mundo pudieron ser oídas.
Tragikly: Respeto mucho el trabajo de la capitana Malíe y ella es una lindura de persona PERO POR QUÉ LA PUSIERON CONTRA GUZMA SAQUENLA DE AHÍÍÍÍÍÍ.
DeepaVII: Le voy a Acerola, no me importa nada, el líder del Team Skull podrá verse como un matón y todo pero perro que ladra no muerde.
Bophee: VAMOS FUTURA KAHUNA DE ULA-ULA YO CONFIO EN USTED WOOOO
HashiramaUchiha: Chico… Si este último combate no nos enseñó lo que es una masacre, ESTE está a punto de hacerlo, espero lo mejor para Acerola, pero cielos…
TheNewDabs: ¡Acerola VS Guzma! Fantasma vs Bicho, veo mucha gente que no podrá ver el combate a gusto pero en definitiva será emocionante.
Aunque había quienes apoyaban a Acerola, Rotom notó la cantidad de personas que, si bien no lo animaban, creían en la inminente victoria de Guzma. Sintió que estaba por ver un combate muy interesante.
—¡PARTICIPANTES!
Amber, quien ya estaba emocionada de antemano, solo se emocionó más al oír la voz de su padre.
—¡PELEEN!
—¡Fuego fatuo! —ordenó Acerola con presteza.
Guzma se crujió el cuello y luego suspiró. Sus párpados se separaron con fuerza y su ceño se frunció. Estaba listo para pelear.
—Hilo venenoso.
Mientras una llama de color azul se terminaba de formar entre las patas de Banette, un chorro de hilo morado salió disparado de las fauces de Ariados. El tipo Fantasma se apresuró a saltar, lanzando un rápido zarpazo en contra de los hilos que ahora pasaban por debajo de él y deshaciéndolos. Banette retrocedió de un salto y desapareció.
—Espéralo.
Los ojos de Ariados se movían en búsqueda de su enemigo. Sabía que estaba ahí y sabía por dónde podría atacarlo, pero solo restaba saber cuándo. Hizo caso a su entrenador, aguardando pacientemente a que su presa se revelara a sí misma. La araña vio unas ondulaciones en el aire y, en un segundo, Banette ya estaba frente a ella. Un rápido golpe se dirigió al rostro de Ariados, pero el movimiento del arácnido fue increíblemente veloz. Golpe bajo conectó contra la mandíbula del tipo Fantasma, haciéndolo retroceder.
—¡Garra umbría! —ordenó Acerola, a quien no pareció importarle el ataque recibido.
Banette se plantó con firmeza, dejando de retroceder, y se lanzó contra su oponente. Ariados, entonces, disparó de su hocico una ráfaga de agujas que su oponente evadió al desvanecerse en el aire. El tipo Veneno volvió a esperar y, cuando volvió a ver esas ondulaciones en el aire, utilizó Golpe bajo, con la diferencia de que esta vez su ataque fue mucho más lento. Banette estaba frente a él, observándolo. Luego de un parpadeo, Ariados cambió de táctica. Puya nociva pasó rozando por encima de la cabeza de la marioneta, mientras que Garra umbría dio de lleno contra el mentón de Ariados.
—Hilo venenoso.
Mientras se elevaba unos pocos metros del suelo, Ariados giró su cuerpo de forma que veía a Banette y disparó un chorro de la venenosa seda. El tipo Fantasma contrarrestó con un Fuego fatuo que comenzó a incinerar todo el hilo apenas tocó una parte de éste, lo que obligó a Ariados a cortarlo. El arácnido comenzó a disparar Pin misil una vez más y Banette volvió a desvanecerse, solo que esta vez no se había fundido con el entorno, sino que se había movido a una velocidad impresionante. Puya nociva se apresuró a encontrar a Golpe bajo, conectando una vez y luego cargando nuevamente. La segunda colisión fue entre Garra umbría y Puya nociva, mientras que la tercera fue entre dos lentos Golpes bajos. El tercer choque hizo que Ariados por fin cayera al suelo, mientras que Banette se mantuvo en el aire unos segundos más, lanzándose contra su enemigo con una Garra umbría.
Ariados disparó su venenoso hilo, persiguiendo al oponente con él. Banette era rápido, más rápido que Ariados, por lo que era difícil apuntarle. El tipo Veneno no dejó que eso lo desanimara. Fue persistente en su persecución, dejando por el suelo un largo rastro de seda ponzoñosa. Era una suerte que el tipo Fantasma pudiese volar.
—¡Golpe fantasma!
Banette se detuvo y, cuando parecía que el hilo lo alcanzaría, desapareció. Ariados lo esperó nuevamente, pero no necesitó hacerlo por mucho tiempo. Sobre su espalda, sin apenas darle tiempo de reacción, apareció él. Banette dio un poderoso golpe con ambos puños cerrados, dejándolos caer sobre el dorso de Ariados como una maza. La araña se dobló, emitió un desagradable sonido y luego lanzó un Puya nociva con las extremidades que tenía en la espalda. El torso de Banette se dobló por el impacto. El tipo Fantasma salió despedido y no se permitió a sí mismo tocar el suelo. Veía aquel purpura del color del azafrán y lo último que quería era entrar en contacto con él.
—¡Fuego fatuo! —dijo Acerola.
Para Malíe era simple. Si Ariados quería intentar envenenar a Banette primero tendría que pasar por sobre su fuego. Y ella sabía que no podría hacerlo.
Banette creó una llamarada añil entre sus garras y se apresuró a lanzarla contra el enemigo. Ariados separó las fauces y de su boca salieron agujas a mansalva. Los pinchos comenzaron a atravesar el fuego tal como el Aluvión de flechas sombrías del Decidueye de Ash había atravesado el Hecatombe Pírica del Magmortar de Tristán. La llama fue reduciendo su tamaño hasta finalmente desaparecer y las agujas, ya sin obstáculos, emprendieron una búsqueda por Banette.
El tipo Fantasma utilizó su mejor arma: desapareció. Ariados se preparó nuevamente, pero esta vez con Golpe bajo. Esperó pacientemente hasta que escuchó el llamado de su entrenador. Saltó, evadiendo por los pelos un Fuego fatuo que chocó contra el suelo. El fuego crepitó y ascuas saltaron en todas direcciones, pero no era suficiente para quemar a nadie.
Ariados atacó con un Puya nociva que Banette contrarrestó con un Golpe bajo. El golpe del fantasma dio de lleno contra el espacio que había entre los ojos del arácnido, pero él se recuperó pronto. El pin misil de Ariados interrumpió el Fuego fatuo de Banette, acribillándolo y obligándolo a retroceder.
Ambos Pokémon intercambiaron miradas. Aunque los golpes habían dolido, estaban lejos de sentirse verdaderamente cansados. Ninguno quería cederle terreno al otro, pero eso no pareció importarle al entrenador de uno de ellos.
Banette regresó a su Poké Ball y Gengar entró al campo .
—¡Gengar entra en sustitución de Banette! ¡Al parecer la participante Acerola se cansó del combate cuerpo a cuerpo! —comentó Jeekyo.
—Que repentino —murmuró Cilan con una mano en el mentón. Parecía extrañado.
Varios asintieron.
—Es cierto que Gengar es una elección más inteligente, pero Banette estaba bien asentado —analizó Liam con el ceño fruncido.
—Debe de estar confundido ahora mismo —dijo Chris.
—Y frustrado —añadió Kiawe.
Hau veía al campo de batalla con una expresión que dejaba mucho a la interpretación. Sus ojos, siempre vivaces, parecían apagados. Su madre lo notó con una simple mirada.
—¿Hijo? —lo llamó en un murmuro que fue arrastrado por las voces ajenas.
Mahalo se recargó en su asiento y sus brazos se cruzaron. Su mentón se elevó ligeramente y su ceño se frunció de manera casi imperceptible.
«¿Qué estás haciendo, Ace?», se preguntó el moreno.
Guzma veía la expresión estoica de Malíe. La futura reina tenía un rostro parecido al de su viejo, pensó él con cierta ironía. Ella no hablaba, y Guzma lo prefería así. En una masacre las palabras eran innecesarias. Solo importaban las acciones.
—Espéralo —ordenó a su Ariados.
La araña veía a su oponente con serenidad. Perseguirlo con Hilo venenoso era inútil, por lo que solo quedaba esperar a que se moviera. Gengar comenzó a levitar a su alrededor, sin hacer realmente gran cosa. Los ojos compuestos de Ariados siguieron a Gengar como francotirador a su objetivo. Esperó, sin prisa, a que la enemiga hablara.
—¡Bola sombra!
En la boca de Gengar comenzó a formarse una esfera del color de la noche, la cual desapareció apenas unos segundos después, cuando Ariados se arrojó contra el tipo Fantasma con un Golpe bajo. Ariados pasó por el costado de Gengar gracias a un impresionante quiebro del mismo. El tipo Bicho aterrizó, para después volverse y disparar un Pin misil que chocó contra el recién creado Rayo de Gengar.
La fulgurante electricidad comenzó a rostizar las agujas, volviéndolas del color del carbón y haciéndolas caer inertes al suelo. Avanzó entre los proyectiles enemigos, dirigiéndose rápidamente contra Ariados. La araña no se quedó quieta, sino que dio un fuerte Puya nociva contra el suelo que lo impulsó hacia atrás y levantó una polvareda que lo ocultó.
—¡Bomba lodo! —gritó Acerola. Sus ojos se entrecerraron, tratando de enfocar su vista para localizar al enemigo.
La boca de Gengar se abrió y la ponzoñosa sustancia salió disparada en forma de una burbuja que chocó contra el polvo. La viscosidad del veneno aplacó la capa de tierra, volviéndola una masa pegajosa y desagradable a la vista. Ariados, sorprendentemente, no estaba detrás de ella. Acerola se vio confundida en cuanto notó como Ariados reptaba hacia las gradas. Lo siguiente que vio fue algo que no se esperó ni en un millar de años.
De entre las fauces de Ariados salió disparada una ráfaga de agujas que iban directamente contra el público. Una algazara inició. Gritos y chillidos estridentes de terror. Todos aquellos que estaban en el rango de ataque de Ariados se cubrieron con los brazos y protegieron a sus seres queridos con sus propios cuerpos. Pero las agujas no los golpearon a ellos, sino a un campo de energía rojiza que apareció para interceptar los ataques. Ariados, ni corto ni perezoso, trepó por ese campo de energía y se movió con presteza por él.
Acerola escuchó los gritos de indignación y vio los rostros deliberantes de los jueces. Se quedó en blanco, indecisa de lo que debía hacer, hasta que vio como las agujas llegaban contra Gengar. El tipo Fantasma alcanzó a cubrirse con un Rayo lanzado a las prisas y se alejó tan pronto como pudo, no pudiendo evitar que algunos proyectiles perforaran por su costado. Malíe dejó de vacilar.
—¡Síguelo con Bola sombra! —Apuntó directamente al enemigo.
Ariados seguía moviéndose por la cúpula de energía, golpeándola ocasionalmente para que no desapareciera. Sus patas se movían rápidamente, sin encontrar obstáculo alguno en su avance. Gengar, utilizando su levitación nata, ascendió para darle caza. Esperó a que Ariados subiera hasta una altura donde no estuviera el público y atacó.
Las esferas volaron en búsqueda de su presa, pero Ariados respondía a ellas con su propio Pin misil. El ataque tipo Bicho no era suficiente para frenar por sí solo a las Bolas sombra, pero sin duda le daban tiempo suficiente a Ariados para escapar del lugar.
El arácnido se movía dando vueltas por la parte alta de la abombada cúpula, disparando con su Pin misil en contra de Gengar. El tipo Fantasma simplemente esquivaba para luego volver a la carga.
Acerola no comprendía los planes de Guzma. Los entendía mucho menos al ver su rostro despreocupado. En el aire, ella tenía la ventaja. A la distancia, ella también tenía la ventaja. Decidió que, antes que pensar, era mejor aprovechar. No dejaría pasar ninguna oportunidad que su oponente le diera. Ninguna.
—¡Ponte detrás de él y ataca!
Gengar obedeció. Su cuerpo se volvió intangible y desapareció de la vista de todos. Ariados, entre tanto, no dejaba de moverse. Sabía que su enemigo aparecería en cualquier momento y no pensaba quedarse quieto.
El tipo Fantasma se materializó tras casi diez segundos de haber desaparecido. Estaba detrás de Ariados, preparando una gran Bola sombra, hasta que pasó lo que nadie se esperaba: el arácnido se soltó.
Se escucharon suspiros de sorpresa y expresiones de asombro. Ariados iba en caída libre y Gengar no pudo reaccionar ante semejante movimiento. Parpadeó, buscando a Acerola con la mirada. Esperaba una orden que no tardó en llegar.
—¡Rayo!
Apuntó y disparó. La corriente eléctrica descendía rápidamente hacia su objetivo, pero Gengar no contaba con lo que estaba por suceder. Ariados utilizó su Hilo venenoso, pero no lo usó para defenderse de Rayo ni mucho menos. El movimiento iba directamente contra las gradas, siendo detenido nuevamente por el campo de energía. El hilo se pegó a la recién aparecida superficie y comenzó a contraerse, jalando de Ariados. Fue así que el tipo Bicho escapó del Rayo.
El ceño de Acerola se alzó por la incredulidad, para posteriormente bajar bruscamente. Apuntó hacia su enemigo nuevamente.
—¡No le des descanso! ¡Rayo!
Gengar voló hacia la altura de Ariados, se puso frente a él y disparó otra poderosa descarga. El tipo Bicho comenzó a moverse a toda velocidad, por lo que el Rayo lo persiguió por la superficie. Chispas saltaban ahí donde la electricidad y el campo de energía se encontraban.
Acerola veía con fijeza el movimiento del oponente, notando que no le quedaba mucho más tiempo. Gengar pronto lo alcanzaría y lo habría hecho de no ser porque, al mismo tiempo que Acerola, se sobresaltó. Escucharon un llanto. No, era más de uno, tal vez cuatro, provenientes del lugar de las gradas cercano a donde Ariados se movía y, por ende, donde Gengar atacaba.
Tanto la oficial como su Pokémon tenían miradas de preocupación en sus rostros y todo deseo de ellos se esfumó. Su estupefacción no duró mucho.
Un sonido viscoso cortó el aire y se alzó por encima de los llantos. Acerola y Gengar apenas reaccionaron a él, pero definitivamente le prestaron atención cuando el Hilo venenoso de Ariados envolvió el cuerpo del tipo Fantasma. Nuevamente el hilo se contrajo, Gengar forcejeo, y Ariados fue jalado. Acerola gritó, Guzma sonrió y un golpe sordo se escuchó.
El Golpe bajo de Ariados dio de lleno contra el rostro de Gengar, haciéndolo caer con rapidez hacia tierra. La araña iba subida sobre el fantasma mientras éste caía, propinándole una ráfaga de agujas en el rostro. Un golpe estruendoso anunció el choque del cuerpo de Gengar contra el suelo. Una fina polvareda se levantó, por lo que todavía se podía ver lo que sucedía dentro de ella.
Ariados conectó dos certeros ataques de Golpe bajo. Se detuvo por culpa de un escalofrío cuando estaba por dar un tercero. Iba a lanzar un Pin misil cuando Gengar lanzó una Bola sombra que le golpeó el mentón y lo hizo volar en el aire.
El tipo Fantasma se revolvió y forcejeó, rompiendo los hilos. Ariados aterrizó pesadamente sobre su espalda, reincorporándose con giro sobre sí mismo. Agitó la cabeza.
—¡Una combinación letal y extremadamente poco ortodoxa! —comentó Jeekyo. Su voz era una mezcla de emociones ocultas tras su faceta como comentarista.
Acerola observó atentamente a Gengar. El Pokémon se levantó con el ceño fruncido y entre ligeros jadeos. Pequeñas nubecillas de vaho salían por los costados de su boca. Los dientes de Malíe castañearon por un segundo y, justo cuando estuvo por sacar una Poké Ball, escuchó un ruido mecánico.
Ariados volvió a su Poké Ball y de otra salió Scizor, quien aterrizó con las tenazas en alto. Acerola vaciló, y ese vacile le salió caro. Scizor se lanzó hacia el frente con un Puño bala que Gengar apenas y pudo evadir. Gracias una torsión de torso, el tipo Acero logró lanzar un puñetazo que rozó el rostro de Gengar, lo que lo hizo retroceder torpemente. En ese momento se dictó la ventaja de Scizor.
El tipo Veneno retrocedía a tropezones, esquivando como podía los ataques de Scizor. Se defendía ocasionalmente con un Rayo o una Bola sombra que tenía que lanzar con prisa, pues Scizor no esperaba. Scizor bajó ambas pinzas, las echó hacia atrás y las levantó con fuerza, creando una equis frente a él. Tajo umbrío, sin embargo, fue lento. Más lento que Puño bala y más lento que un puñetazo normal. Eso le dio tiempo a Gengar para volverse intangible, desaparecer por debajo del campo de batalla, aparecer detrás de su oponente y atacarlo con un Rayo que lo hizo tambalearse.
Gengar fue absorbido por su Poké Ball en cuanto Acerola vio la oportunidad. Banette regresó. Las garras del tipo Fantasma fueron mostradas a su oponente. La marioneta desapareció.
Las pupilas de Scizor, del color del cielo, se movían en búsqueda de una distorsión. Sus oídos hacían el esfuerzo de escuchar por encima de la voz del comentarista, de los llantos y de los gritos. Intentó escuchar pero no lo logró. En cuanto a ver, eso era otra historia.
Scizor dio media vuelta, lanzando un golpe que iba dirigido hacia la distorsión en el viento que terminaba de desaparecer. Banette fue rápido y reaccionó a tiempo. Giró por sobre la tenaza de Scizor, dándole pequeños golpes que movieron la extremidad para posteriormente propinarle un fuerte Garra umbría.
La mantis dio un paso y la mitad del otro hacia atrás. Se recuperó rápido y rápido lanzó un Tajo umbrío que Banette alcanzó a esquivar por los pelos, no sin recibir un raspón que ardió como el alcohol en una herida.
Banette creó entre sus garras una llama azul que, debido al Puño bala de Scizor, tuvo que lanzarle a los pies. El fuego impidió el avance del enemigo y, de hecho, lo hizo retroceder. El fantasma aprovechó para crear otra llama que luego fragmentó con sus propias garras. Las arrojó en contra de Scizor, quien tuvo que alejarse entre saltos y pequeños planeos. Acerola decidió que el infierno iba a llover.
—¡Sube y usa Fuego fatuo! —ordenó mientras señalaba a lo más alto del estadio.
Banette emprendió el vuelo y dejó atrás a Scizor. El tipo Bicho se giró hacia su maestro, quien le indicó con la cabeza que siguiera al rival. Las alas de la mantis vibraron y lo apartaron del suelo.
La marioneta se volvió y vio a Scizor subir cada vez más, persiguiéndolo con un Tajo umbrío preparado. Acerola notó que, pese a que ambos Pokémon compartían una velocidad natural similar, Banette era más rápido. Achacó eso al entrenamiento de Guzma, el cual supuso se basaba en la fuerza más que en la velocidad. O al menos para Scizor.
Sabiendo que al oponente le faltaba un buen tramo por recorrer, Banette creó una gran llama entre sus garras que posteriormente segmentó en llamas más pequeñas. El diluvio ígneo comenzó a descender hacia la tierra, lo que hizo a Scizor frenar y darse la vuelta. Su cabeza se movió en busca de algo y lo encontró.
Llegó al suelo a prisa, agachándose ante un trozo en concreto del mismo y lanzándolo con fuerza hacia arriba. La tierra con veneno que Gengar había creado al aplacar la polvareda sirvió como escudo para Scizor, quien la tomó en grandes puñados entre sus pinzas y volvió a la carga.
Acerola repitió su movimiento, pero esta vez Scizor estaba preparado. Lanzó tierra frente a él para cubrirse del fuego y de paso bloqueó la visión de Banette. El tipo Fantasma trató de localizar a su oponente entre la tierra, pero no fue lo suficientemente rápido. El Puño bala de la mantis le dio un impulso de velocidad que Banette no podía superar y, justo antes de conectar, fue cancelado. La pinza de Scizor se abrió, atrapando el cuello de Banette en ella. Scizor siguió subiendo hasta que hizo chocar a su enemigo contra el recién formado campo de energía, el cual evitaba que los Pokémon salieran por el hueco que había en el techo del estadio.
El tipo Acero no se detuvo ahí. Comenzó a arrastrar el rostro de Banette por todo el campo de energía que iba creándose mientras descendía hacia el suelo. Iba a estrellarlo estrepitosamente de no ser porque sintió un foco de calor cerca de su pecho. De inmediato supo lo que era y se apresuró a lanzar a Banette contra el suelo, lo más lejos de él posible. La marioneta aprovechó la distancia para desaparecer con un Golpe fantasma, evitando el daño de la caída.
Scizor aterrizó en el campo de batalla, el cual estaba cubierto de fuego por todas partes. El calor comenzó a acumularse, asfixiándolo lenta pero constantemente. Sus alas se agitaron en un intento de regular su temperatura. Guzma no lo pensó a la hora de hacerlo volver a su Poké Ball.
El tercer Pokémon de Kiauka entró al campo de batalla. Golisopod cayó y, antes de que alguien hiciera cualquier cosa, creó una gigantesca katana de agua que nació en su cintura. Dio un poderoso tajo horizontal que se extendió por la mitad del campo de batalla, apagando todo el fuego con el que entraba en contacto. Ese movimiento dejó boquiabiertos a muchos, pero los dejó más boquiabiertos ver que el samurái volvía a su capsula poco después para darle paso nuevamente a Scizor.
—¡Intercambios frenéticos! ¡El participante Guzma ha revelado a sus tres Pokémon!
—Eso es irrelevante —dijo Gladio con indiferencia—. La única sorpresa entre las elecciones de Guzma fue su Ariados. Nada más.
Cierto era, para quienes habían interactuado con él, que esperaban que Guzma fuera con Scizor y Golisopod a la batalla. Y puesto que Acerola era una de las personas que había medido fuerzas contra Kiauka, era lógico suponer que ella también había hecho sus elecciones anticipando las cartas del oponente.
—Acerola no habla. —Lillie se rascó una mejilla mientras uno de sus pies golpeteaba contra el suelo. Ella sabía cómo era su amiga al luchar, y no era así.
—Está intentando ganar —dijo Hau. Su voz era ronca, como si las palabras acumuladas en su garganta la hubiesen mermado.
—¿No es eso normal? —preguntó Misty, confundida.
—No para Ace. Ella no es fuerte porque intente ganar. Ella es fuerte porque no le importa.
Varias cejas se alzaron.
—No lo entiendo —admitió Tsukishima.
—Permítame explicarle —habló Liam. Todos centraron su atención en él, listos para resolver sus dudas—. Acerola, en palabras cortas, se limita a combatir sin interesarse por el resultado. Es su indiferencia a la victoria o a la derrota la que la hace pelear de forma única, sin presiones y a su ritmo. Hay gente a la que le sale mejor algo cuando no pone especial ardor en ello. Acerola es ese tipo de persona.
—Entonces, ¿querer ganar es malo para Acerola? —Malvácea parecía tan confundida como en el inicio. Su marido, su suegro y su hijo eran personas que luchaban para ganar. Para ella, esa era la única meta en un combate Pokémon. Pensó que le quedaba mucho por aprender de la joven Malíe.
—Personas excéntricas los hay por cualquier lugar —afirmó Hau—. Mira al tío Nanu. Cuando quiere, se esfuerza y es salvaje. Cuando no quiere, sigue siendo temible pero menos intenso. Su estilo es distinto a lo que se esperaría normalmente de un entrenador Pokémon. Y Acerola es, sin duda, su hija.
—Notaba una extraña presión, pero creí que era por el contexto de la pelea —comentó Mallow, rascándose la coronilla de la cabeza—. También es por Acerola.
Rotom tenía la mirada fija en ambos combatientes. Hau lo notó.
—Pregunta —le dijo con la voz todavía ronca.
La Pokédex le dio una sonrisa sardónica.
—Es aterrador que puedas leerme tan fácil cuando te lo propones —dijo, pero no se detuvo ahí—. He visto combatir a Acerola, y la he visto combatir contra muchos enemigos y por mucho tiempo. Es una mujer inteligente, diestra y con muchos recursos. No le tiembla el pulso a la hora de hacer las cosas que debe de hacer, y las hace sonriendo. Y estoy seguro de que aquella vez quería ganar.
Ash recordó toda la invasión a pueblo Po. Recordaba la mirada de Acerola, brillando ante la luz de los ataques. Esos ojos morados que casi parecían violetas en aquel momento no eran los de una persona que fuera indiferente al resultado.
—La diferencia, y expresada por ella misma —habló Hau—, es que aquella vez no quería salir victoriosa contra nadie en específico. Quería ganar, punto. No quería ganar —hizo una pausa, dándole énfasis a la siguiente sílaba— «le» a alguien.
Para aquellos que no pertenecían al equipo S&M esas palabras eran difícil de comprender. Necesitaban un contexto que no se atrevían a preguntar.
—Entonces, dicho eso. —Rotom volvió a hablar—. ¿Cuáles son tus predicciones para el combate, oh, gran conocedor de Acerola?
Hau pensó en silencio y habló.
—No lo sé. Nunca he visto a Acerola luchar de esta manera, solo he oído hablar de ello.
Esa respuesta no dejó satisfecho a ninguno.
—Lo que sí sé es que el combate no durará mucho —añadió—. Ninguno de ellos se está parando a descansar. Se están atacando, están moviéndose y esquivan. No sé qué tanto resistirán manteniendo ese ritmo.
—Un tiempo —dijo Ash, hablando por primera vez—. No demasiado. Ambos tienen buen aguante, pero no lo suficiente como para mantener ese ritmo por tanto tiempo.
—Y a como se ven las cosas, Acerola es la que menos —analizó Selene.
Banette reapareció, pero no cerca de Scizor. Estaba tan lejos como podía estarlo. Agitaba la cabeza como un Gogoat que había embestido una pared por accidente. Estaba visiblemente aturdido.
Malíe frunció el ceño y sus manos comenzaron a abrirse y a cerrarse. Estaba yendo con todo, pero Guzma estaba encontrando maneras de sobreponerse a su ofensiva. El hombre era una bestia, y sus Pokémon también lo eran. Eso Acerola lo sabía bien. Sus reflejos eran buenos, su ojo analítico era más que decente, su defensa era casi impecable y su aguante se ubicaba por encima del promedio. La pierna de Malíe comenzó a moverse levemente, de forma rítmica, sin ella ser consciente. Pero hubo quien si lo notó.
—Puño bala —ordenó Guzma con una sonrisa siniestra.
—¡Golpe bajo! —exclamó Acerola.
Scizor salió disparado contra Banette, quien hizo un amago fuera de serie. Se agachó por debajo de la tenaza, que pasó rozando la coronilla de su cabeza, dio un rápido giro y luego golpeó por debajo el codo de Scizor. El tipo Bicho entrecerró un ojo, adolorido. Banette trató de aprovechar la oportunidad para asestar un zarpazo, pero Scizor se movió antes. Un cabezazo dio de lleno contra la frente de Banette, haciéndolo caer de bruces al suelo.
—Tajo umbrío —Guzma elevó la voz. Sus ojos, en apariencia tranquilos, mostraban cierto trastorno detrás de la apariencia inicial.
—¡Golpe fantasma! —se apresuró a gritar Acerola.
Banette tenía la vista nublada, pero su oído alcanzó a captar la orden de su maestra. Sintió un ardor en el pecho, pero no duró mucho. Se fundió con el aire y desapareció, esperando a recuperar la lucidez. El ardor de antes se asentó rápidamente y no hizo más que quedar un escozor que casi lo hizo retorcerse.
Cuando recuperó sus cinco sentidos, buscó el flanco abierto de Scizor. Lo veía a través de ese velo de colores grises y morados, el cual separaba la tercera dimensión de la cuarta. Buscó y lo encontró.
La mantis se giró a toda velocidad para intentar conectar un Puño bala, pero, curiosamente, fue demasiado lento. Banette dio un golpe en el dorso de su rodilla derecha, doblándola y luego golpeándolo en la mandíbula con una Garra umbría. Scizor se tambaleó ante esa sucesión de golpes, pero se mantuvo firme para responder. Un tajo dado hacia arriba, imbuido en un aura del color de la antracita, le golpeó el mentón a Banette.
La marioneta salió volando hacia el cielo, increíblemente aturdido. Los golpes de Ariados dolían, pero los de Scizor dolían todavía más. Era como si entre esos dos Pokémon hubiera un mundo de distancia en cuanto a resistencia y poder.
Escuchó el aleteo de las alas de Scizor y, desesperado, se recompuso en el aire. Creó un Fuego fatuo que arrojó contra su enemigo, el cual desapareció en mitad del aire, absorbido por un haz de luz rojo. Banette vio al punto de origen de aquella luz, siendo testigo de cómo Guzma lanzaba otra Poké Ball.
Ariados regresó, desatando murmullos de desaprobación, y, apenas lo hizo, disparó un Hilo venenoso contra el enemigo. Jeekyo ni siquiera pudo comentar el reencuentro.
Banette se apresuró a huir, notando cierto alivio. Ariados, pese al desafío que le había supuesto antes, era mucho más lento que Scizor. Aprovechó ese momento para recuperar el aliento. Una lástima que aquel escozor no desapareciera por mucho que se frotara el pecho, en el cual se veían dos delgadas y ardientes marcas en forma de equis.
Acerola había vivido toda su vida con sus Pokémon, por lo que notó lo que Guzma no. Ella, como la marioneta, se dio cuenta de la diferencia que había entre Scizor y Ariados. La mantis era rápida, no más que Banette, pero sí lo suficiente para pisarle los talones. Ariados, por otro lado, era una desmejora considerable en ese apartado, o al menos en cuanto a atacar se refería, porque esquivando era bueno.
Malíe casi sintió la necesidad de llevarse la mano al mentón cuando, de pronto, una ráfaga de agujas salió disparada de entre las mandíbulas de Ariados. Creyó que no cambiaría mucho, pero se equivocó. La araña demostró gran agilidad mental al predecir exitosamente el lugar al que iría Banette a continuación.
La marioneta, rápidamente, comenzó a lanzar zarpazos para defenderse de los proyectiles. Sus manos eran rápidas, pero no lo suficiente para bloquear todo eso. Intentó retroceder, pero no podía moverse a la velocidad que quería, y Acerola no se arriesgaría a bajar la defensa en aras de obtener velocidad.
Una aguja solitaria traspasó por entre las garras de Banette y dio debajo de su ojo derecho, a apenas medio centímetro. Ese impacto hizo que el tipo Fantasma volviera la cabeza con fuerza, que cerrara los ojos y perdiera toda coordinación. Fue acribillado por las agujas restantes, solo pudiendo levantar ambas patas para cubrirse el cuerpo con ellas.
Cuando Pin misil terminó, Banette retrocedió hasta ponerse frente a su entrenadora. Soltó un suspiro largo y profundo. Su respiración se agitó. Acerola, entonces, notó también la diferencia de poder entre Scizor y Ariados. Ariados era, en retrospectiva, más débil que Scizor. Bastante más. A la mente de Malíe llegó una idea.
«Si es más lento y menos fuerte, ¿entonces cómo era su defensa?», se preguntó. Recordaba las reacciones de Ariados ante los golpes de Banette, pero debía compararlas con las de Scizor ahora que las tenía frescas en la memoria.
—¡Golpe fantasma! —ordenó.
El tipo Fantasma desapareció y Ariados, ya familiarizado con el movimiento, se quedó esperando. Acerola sabía bien lo que el enemigo quería hacer, y estuvo dispuesta a permitirlo.
Banette reapareció con las garras por delante. Ariados, en un movimiento fugaz, lanzó un Golpe bajo que la marioneta interceptó con sus extremidades. Forcejearon.
Aunque el contacto con aquella aura oscura ardía, Banette sentía algo. Algo que solo podía compararse a la sensación que se tiene cuando, en el gimnasio, se reduce el peso a cargar tras haber trabajado con él por un tiempo. Banette tenía que dar golpes con todas sus fuerzas, sin contenerse en lo más mínimo, para siquiera voltearle la cabeza a Scizor. Contra Ariados, ese nivel de fuerza era suficiente para hacerlo apartar las patas.
Un uppercut fue conectado contra la mandíbula de Ariados, haciéndolo elevarse en el aire. Acerola entonces tuvo la referencia que quería. Un puñetazo bien dado de parte de Banette apenas le torcía la mandíbula a Scizor, pero a Ariados lo mandaba a volar. Y no era que Scizor fuera muy pesado, no, pues los Banette, aunque pequeños, tenían la fuerza suficiente para voltear un sedán.
Acerola, entonces, se dio cuenta de que Ariados era tan fuerte como Banette. Tal vez incluso un poco mejor entrenado, considerando que la especie del tipo Fantasma era naturalmente más fuerte que la del arácnido. Y si ese era el caso, entonces iba a ir con todo.
—¡Golpe fantasma! —repitió.
Banette desapareció y reapareció frente a Ariados, quien apenas se estaba volviendo a poner sobre sus patas. El tipo Bicho disparó un Pin misil que Banette logró deshacer gracias a la distancia. La marioneta logró asestar un zarpazo contra el costado del rostro de su oponente, pero éste no se quedó sin responder.
Un Puya nociva torció el rostro de Banette, quien respondió con una Garra umbría que hizo lo mismo con el de Ariados. Ambos Pokémon, al mismo tiempo, golpearon la mandíbula del enemigo. Banette giró, adolorido, y entre sus garras creó un fuego azul que sin duda golpearía al enemigo. Levantó los brazos para arrojarlo, pero antes de poder hacerlo Ariados se arrojó contra él con el cuerno por delante. El afilado cuerno golpeó justo en el cuello a Banette, haciéndolo abrir los ojos desmesuradamente. El fantasma se llevó las garras al cuello, sintiéndose incapaz de respirar. Sin poder reaccionar, recibió un Golpe bajo directo contra la boca del estómago que lo hizo doblarse y caer de rodillas. Acerola se vio tan desesperada como su Pokémon e igual de impactada que él.
Ariados levantó otra pata para volver a golpear, pero un silbato se escuchó.
El estadio entero giró la mirada hacia Red Ketchum, quien veía con seriedad a Kiauka. Antes siquiera de que pudiera abrir la boca, Guzma habló.
—¿Qué pasa, árbitro? —preguntó con una sonrisa despreocupada— No irá a decirme que es ilegal golpear al cuello. De ser así, Golpe mordaza debería de estar prohibido y en ningún momento se me comentó eso. —Puso las manos en el bolsillo—. O puede que haya parado el combate por otro motivo.
—Golpe mordaza es un ataque que se ejecuta, generalmente, con el lateral de la mano. Golpear la garganta con un parte punzante del cuerpo como lo es el cuerno de Ariados es un peligro potencial.
—Ahí está. Tú lo dijiste: «generalmente». Hay excepciones. Los Golisopod, por ejemplo, utilizan ese ataque con las garras y son, como lo llamaste, "partes punzantes". —Guzma se frotó el cuello con una mano—. Eso querría decir, entonces, que utilizar Golpe mordaza es ilegal, y eso en ningún momento fue dicho.
Red frunció el ceño. —
—Golpe mordaza es un movimiento Pokémon controlado. No es lo mismo que atacar con una parte del cuerpo.
—No estoy de acuerdo. No pongo en duda tu conocimiento, árbitro, pero sin duda eres joven. He visto Pokémon que utilizan movimientos de forma descontrolada y, sin duda, peligrosamente. No irás a decirme que el Metrónomo de un Togepi tiene el mismo nivel de control que el golpe de mi Ariados, al que tengo entrenando desde que cumplí catorce años.
Guzma, quien anteriormente parecía indiferente e incluso aburrido, ahora sonreía y hablaba como un loro. Su labia, por mucho que quisiera negarse, era increíble.
Red volteó a ver a los demás árbitros, quienes parecían estar deliberando.
—Si quieres, podemos poner a prueba el "control" de Ariados. Claro que, si eso significa interrumpir el combate y hacernos perder todo el progreso logrado, tenemos un problema enorme.
Acerola, boquiabierta, veía como los árbitros hablaban entre sí en el podio. Sus ojos buscaron los de Guzma, quien por casualidad la había visto de reojo. Aquella sonrisa despreocupada, entonces, se convirtió en una burlona y desdeñosa. Malíe apretó con fuerza las manos.
Red recibió la mirada de los tres árbitros restantes y se acercó a ellos. Comunicaron su veredicto y Ketchum asintió, mostrando estar de acuerdo. Caminó de regreso a su posición.
—Se permite por ser la primera ocasión y porque no se te dio aviso. Sin embargo, que esto sirva de advertencia. Un segundo ataque al cuello como ese, hecho sin utilizar ningún movimiento Pokémon, será descalificación inmediata.
Kiauka se encogió de hombros.
—Bien. Tú mandas. —Se giró hacia Acerola y Banette—. Supongo que ya podemos seguir.
Red asintió en silencio.
—Acorraló a Red —murmuró Yellow. Pese a su voz baja, el silencio en el estadio permitió que varios la escucharan.
—Por cómo lo describieron y por lo que se veía, creí que sería de esos musculosos sin cerebro. —Max se ajustó las gafas—. Pero es astuto. Está jugando en los límites del reglamento.
«Entonces así es él cuando combate con reglas», pensó Ash, frunciendo el ceño. Iba a reconocerlo, si él fuera Red, no habría podido decir nada después del primer contrargumento de Guzma.
Rotom analizó el descontento que se extendía por las gradas. Algunas personas, notó, estaban comenzando a sentirse molestas por las repetidas acciones de Gumza que, si bien no eran ilegales, tampoco eran completamente limpias.
En el campo de batalla, Banette había recobrado el aliento y se había alejado tanto como pudo. Guzma no desaprovechó para comentar al respecto.
—Ya lo tenía a punto. Una lástima que interrumpieran el combate por nada —dijo, encorvándose ligeramente.
Malíe no habló. En su lugar se preparó para seguir con el combate. Esa provocación no funcionaría con ella.
—Guarda fuerzas, Banette. No permito que caigas aquí. —Extendió la Poké Ball hacia el frente, haciendo regresar a la marioneta. Otra cápsula apareció—. Vamos.
Gengar apareció en el campo de batalla. Su respiración había vuelto a la normalidad y, aunque con algunos raspones aquí y allá, parecía casi completamente recuperado. Caso contrario a Ariados, quien no parecía estar por colapsar, pero sin duda se veía cansado.
Guzma se crujió los nudillos, viendo a su siguiente presa. Las comisuras de sus labios se elevaron en una misteriosa sonrisa que mandó un escalofrío por la columna de Acerola. Sus ojos se entrecerraron al sentir aquella energía que manaba de su enemigo y se decidió. Nunca utilizaba sus dones en combate, no en uno honrado, pero esa sonrisa… Esa sonrisa lo ameritaba.
Acerola Malíe estaba bendecida. Tenía la capacidad de leer a una persona tocándola, pero también podía hacer otras cosas. Si se centraba mucho en un objetivo en específico, canalizando toda su concentración en éste, podía crear un vínculo. Ese vínculo era débil, no llegaba al nivel de la mente, solo le daba una idea general de lo que el ser estaba pensando. Esos sentimientos, emociones y pensamientos se manifestaban como una palabra en particular. Fue por ello que Acerola retrocedió un paso cuando la palabra «masacre» comenzó a repetirse una y otra vez en su cabeza.
—¡Rayo! —dijo en un grito.
La electricidad se acumuló, brilló y se disparó. El rayo golpeó el suelo y avanzó, levantando polvo a su paso. Ariados, al verlo, comenzó a moverse hacia un costado. Movía las patas tan rápido como podía y, gracias a sus ojos compuestos, tenía completa visión de Gengar.
Los ojos de Ariados entonces se abrieron hasta los límites de lo posible y disparó un Hilo venenoso. Rayo alcanzó parte del aguijón y de la pata izquierda trasera. Antes de que la descarga pudiera envolver por completo al arácnido, la seda ponzoñosa llegó a él. El fantasma canceló su movimiento y redujo su altitud, de modo que el hilo pasó por encima de él. Avanzó hacia Ariados, pero ese fue un error.
El hilo comenzó a contraerse y, nuevamente, Ariados fue jaloneado por el mismo. La marcha de Gengar, sumada al movimiento de Ariados, impidió que pudiera cambiar la trayectoria. El tipo Veneno se volvió intangible, atravesó a Ariados, se volvió corpóreo y recibió un Golpe bajo en la espalda que lo derribó al suelo.
Ariados cortó el hilo y aterrizó, lanzando otro Hilo venenoso en contra del enemigo. Gengar volvió a hacerse intangible y desapareció de la vista. Esta vez la araña no esperó a que nadie apareciera. Sus mandíbulas se movieron en todas direcciones, disparando montones de hilo que se elevaban en el aire y caían suavemente. Comenzó a disparar hilo hacia la cúpula de energía, la cual se mantenía activa ante el contacto, y comenzó a crear toda una telaraña. El mensaje era claro: «da la cara».
Malíe sabía que tenía que detenerlo. Y lo hizo. Gengar apareció en una de las zonas donde no había telarañas y disparó un poderoso Rayo que chocó contra varios hilos, a través de los cuales se extendió la descarga eléctrica, comenzando a deshacerse. La descarga persiguió nuevamente a Ariados, llevándose por delante muchos otros hilos. La araña, mientras huía, seguía llenando todo de seda.
Ariados, entonces, disparó un hilo directo hacia Gengar. El tipo Fantasma no detuvo su ataque, pues ahora sabía que la descarga se transmitiría por todo el hilo hasta llegar a la fuente, y eso era lo que quería. Rayo dio de lleno contra Hilo venenoso, comenzando a llenarlo de electricidad. Lo raro vino cuando el hilo, inesperadamente, trazó una curva alrededor de Gengar. Ariados movió bruscamente la cabeza y el hilo que antes había esquivado a Gengar ahora lo envolvía gracias a esa curva. La araña recibió un chispazo en la cara, pero Gengar también recibió daño. La electricidad de su propio Rayo, sorpresivamente, le había dado una pequeña descarga. No lo había lastimado mucho, pero la sorpresa fue inmensa.
Guzma, por supuesto, aprovechó eso.
Un Pin misil se dirigió contra Gengar, quien respondió tan rápido como pudo con un Pulso umbrío que le salió de los ojos. Aquel plasma oscuro como el carbón, de apariencia lechosa, y brillante como las estrellas chocó contra las afiladas agujas. El aura verdosa que recubría las agujas, naturalmente, dotó de superioridad a Pin misil, que ganó terreno y comenzó a perforar el firmamento que era Pulso umbrío.
Gengar recibió un pinchazo solo dos centímetros por encima de su ojo izquierdo, lo que lo hizo volver la cabeza e interrumpir su ataque. Gengar, inmediatamente, fue acribillado por Pin misil. El ataque rompió el hilo que envolvía al fantasma y lo hizo retroceder entre espasmos.
El tipo Fantasma tuvo que reunir toda su concentración para crear una Bola sombra que explotó al contacto con las agujas. Esa explosión creó una pequeña humareda que le permitió escabullirse. Apenas y había desaparecido cuando Ariados volvió a llenar todo de hilos, obligándolo a hacerse presente.
—Ese sucio hijo de perra —maldijo Gladio, sorprendiendo a más de uno.
—¡Hermano! —lo regañó Lillie, volteando con preocupación hacia donde estaban las Ketchum.
—Rotom, Elio. —El rubio no hizo caso al llamado de su hermana. Su ceño fruncido se fijó en aquellos que él mismo había nombrado—. Díganme que ustedes también se dieron cuenta.
RotomDex dio una pequeña cabeceada y Elio torció el gesto con aparente asco.
—El cerdo está atacando directo a la cara de los Pokémon de Acerola —refunfuñó Elio.
Eso, evidentemente, escandalizó a todos los que lo escucharon.
—¿Por qué…? —Mallow se interrumpió a sí misma—. ¿Y por qué los árbitros no han dicho nada?
—Porque lo que está haciendo, dentro de todo, no es ilegal —admitió Rotom. Parecía, en cierta forma, derrotado—. Pin misil es un movimiento de amplio rango. Es normal que una o dos agujas, sin importar la precisión del usuario, terminen dirigiéndose a un lugar indeseado. Ya sea que vayan muy arriba o muy abajo. La dispersión es así. Guzma está aprovechando eso para fingir que "ataca" el cuerpo de Banette y Gengar, cuando en realidad está poniendo especial esfuerzo en darle a sus rostros.
—Con Gengar es más fácil disimularlo, pues su cara está en casi todo su cuerpo, pero con Banette no —dijo Gladio—. El problema, sin embargo, es que Banette es pequeño. La distancia entre su cabeza y su torso es mínima. Es por eso que no hay objeciones. A primera vista, Guzma no está atacando intencionadamente sus rostros, es solo una particularidad de Pin misil.
—Y si por algún casual llegaran a detener el combate por esto, estoy seguro de que se libraría. —Elio parecía estarse enfurruñando más y más—. Demostró que es astuto. Saldría con una excusa del tipo: «Pin misil funciona así, y en ningún momento se dijo que estuviera prohibido. Mis ataques normales son descontrolados. Mis movimientos Pokémon son descontrolados. Para ustedes todo lo que hago está descontrolado». Y luego lo llamaría favoritismo o sabotaje.
—Debo de ser solo yo —la voz de Selene se escuchó—, pero creo que él vio el combate de Gladio y mío. Hubo un momento en el que Zoroark cegó uno de los ojos de Decidueye por accidente, y los árbitros no lo consideraron como una falta porque fue, precisamente, un accidente. ¿Tal vez usaría eso como justificación?
—No me sorprendería —respondió Gladio—. El ca…—Un carraspeo de Lillie lo interrumpió—. Él ya demostró que es listo.
Hau, quien no había dicho nada al respecto, vio fijamente la espalda de Guzma.
«Era un niño amable. Tímido, pero muy amable. Se esforzaba como nadie y tenía mucho talento. Desafortunadamente… Bueno, desafortunadamente había algunas cosas que le impedían brillar al máximo». Recordó las palabras que su padre alguna vez le había dicho. La descripción de un joven al que él no veía en ningún lado. El Guzma Kiauka de las historias y el Guzma que ahora veía eran personas que no se parecían en nada.
Gengar retrocedió violentamente por el Puya nociva de Ariados, mientras que éste último se daba la vuelta a toda prisa, recuperándose del Bola sombra. La araña dio un paso hacia adelante y luego otro hacia atrás, tambaleándose. Resolló.
Acerola vio la forma en la que se inflaba el tórax de Ariados y supo todo lo que necesitaba saber. Era cosa de un empujón.
—¡Gengar! ¡Bola sombra!
El tipo Fantasma se elevó en el aire y comenzó a crear esferas entre sus manos que rápidamente comenzó a lanzar. Ariados por supuesto que no se quedó ahí parado. Comenzó a moverse hacia el enemigo tan rápido como podía. Los proyectiles chocaban frente a él, creando explosiones y obligándolo a cambiar el rumbo. Hubo algunas que le rozaron las patas, otras que le habrían dado si no se hubiera agachado y una que destruyó con su Pin misil.
Acerola sabía que ese movimiento no sería suficiente para cubrirlo de Bola sombra. Si luchaban en cantidad y no en calidad, entonces ella también ganaba. Gengar, su Pokémon insignia, era más fuerte y más veloz que Ariados. Solo necesitaba probarlo con un poderoso último empujón. La victoria estaba a su alcance. La victoria contra Guzma Kiauka.
Acerola Malíe, quien nunca había tenido una persona a quien de verdad quisiera ganarle, estaba cegada. Cegada por su deseo de demostrarse que lo que antes había pasado no se repetiría. Cegada por enseñarle a quien la había subestimado que se equivocaba. El mismo deseo de Lillie Aether, solo que peor enfocado. Mucho peor enfocado. Un deseo de ganar sin límites, ciego, está condenado al descuido. Y fue el descuido lo que hizo que Acerola olvidara que Ariados no solo conocía Pin misil.
Una Bola sombra fue lanzada. Ariados, como una bala, salió disparado hacia Gengar con las patas por delante. El golpe, cubierto en un aura oscura como la de Pulso umbrío, reventó la Bola sombra y siguió hasta llegar al rostro de Gengar, dándole de lleno en la zona donde debería de estar una nariz.
El tipo Fantasma cerró con fuerza los ojos, su ceño se frunció y sus dientes se apretaron tal como sus manos. Su cuerpo salió despedido hacia atrás, impidiéndole el avance un hilo que lo rodeó y tiró de él, devolviéndolo a donde estaba. Ahí Ariados lo esperaba con otro Golpe bajo que dio contra el mismo punto, y el proceso se repitió. El golpe mandaba lejos a Gengar, el hilo impedía que se alejara mucho y luego lo hacía regresar hacia Ariados, y así sucesivamente.
Acerola, inmediatamente, se dio cuenta de que estaba acorralada. Le gritó a Gengar que usara Rayo, pero su Pokémon estaba abrumado. Ariados estaba cansándose de repetir su jugada, pero era obvio que no se quedaría sin fuerzas antes de dañar gravemente a Gengar. Por eso, en un momento de desesperación y debilidad, Acerola hizo algo impropio de ella. Algo impropio de casi cualquier entrenador Pokémon.
—¡La participante Acerola retira a Gengar de esa carnicería! —El grito de Jeekyo solo denotó lo evidente.
Acerola había hecho volver a Gengar a su Poké Ball, liberándolo de los hilos y, por ende, de la peligrosa situación en la que estaba. Malíe, sin embargo, no parecía aliviada. Su mirada estaba gacha y su mano temblaba. No veía a Guzma, o al público, o a su propia Poké Ball. Veía el suelo. Murmullos comenzaron a escucharse.
—Acerola…—Lillie se llevó una mano a la boca. Su mirada mostraba consternación.
En las gradas podían verse reacciones similares. Todas ellas de decepción. Para aquellos que no estaban metidos en el mundo del entrenamiento Pokémon, esas reacciones fueron impactantes.
—¿Qué… qué pasa? —preguntó Asahi, confundida y preocupada por igual.
—Acerola rompió una de las normas no escritas del combate Pokémon —respondió Hau. Su voz era más ronca si acaso y, más que decepción, en ella se escuchaba tristeza—. Sacó a su Pokémon de una situación desfavorable al devolverlo a su Poké Ball.
Los no entrenadores recordaron el momento en el que Guzma había sacado a Scizor del combate para evadir el Fuego fatuo. Entendieron por fin la desaprobación del público.
—Pero si no está contra las reglas, entonces…
—Es un código de honor. —Selene interrumpió a su padre, tan decepcionada como todos los demás—. Entre los entrenadores, se considera tan bajo como atacar a un oponente sin que antes se ponga de pie. Y lo que hizo Acerola fue…
—Cobarde —dijo Hau.
—Hijo… —Malvácea dejó salir un suspiro ante la dureza de esa palabra.
—Lo fue. Fue extremadamente cobarde. Hacer eso solo demuestra que el entrenador no fue capaz de salir de una mala situación con su habilidad. Es una falta de respeto no solo para la estrategia y fuerza del rival, sino para uno mismo. Es lo equivalente a tirar la toalla sin siquiera intentarlo. —Con cada palabra que decía, Hau parecía verse más y más triste.
—Pero…
—Si lo que le hizo la Salazzle de Francine al Comfey de Lillie les pareció bajo, esto está exactamente al mismo nivel —cortó Elio. Sus padres por fin guardaron silencio. No pudieron seguir tratando de defender a Acerola.
Malíe comenzó a abrir y a cerrar el puño que no contenía la cápsula de Gengar. Sus dientes castañearon. Escuchó a Red llamarle, pidiéndole que sacara a su siguiente Pokémon. No volteó a verlo. No lo hizo porque no quería ver ni en él, ni en los demás miembros del jurado, la mirada de decepción que sabía que tenían. A quien sí vio fue a Guzma. Vio la sonrisa malévola que le dirigió a ella y solo a ella, y enfureció.
Ese hombre. Ese maldito hombre. Ese destructor y saboteador. Ese criminal vil y rastrero.
Sus dientes dejaron de castañear cuando apretó con fuerza la mandíbula. Sacó su siguiente Poké Ball y la lanzó con tanta fuerza como pudo.
Un montón de arena cayó sobre el campo de batalla, fundiéndose con el mismo. Pero, pese a que aquel gran montículo de arena había caído al cuadrilátero, curiosamente había evitado absolutamente todos los restos de hilo dejados atrás por Ariados o cualquier veneno que Gengar hubiera disparado. Lentamente la ponzoña fue sacada de los terrenos del campo.
Acerola Malíe estaba bendecida. Tenía la capacidad de leer a una persona tocándola, pero también podía hacer otras cosas. Si sus emociones eran muy fuertes, aquellos con los que tuviera un fuerte vínculo podían sentirlas. Fue por ello que, en las gradas y en el jurado, varios pares de ojos se ensancharon. Y en el campo de batalla, la tierra se descontroló.
Un fuerte temblor comenzó a sacudir a Ariados, quien rápidamente se dio la vuelta y disparó un Hilo venenoso en contra de las gradas, haciendo aparecer aquel campo de energía y pegando en él el hilo. Trató de escapar, pero en mitad de su ascenso la arena creó una gran ola que lo consumió por completo. La arena chocó pesadamente contra el campo de batalla y se agitó violentamente.
La gente solo podía alcanzar a ver ciertas partes del arácnido, quien de vez en cuando salía a la superficie entre ataques de Golpe bajo o intentos de utilizar Puya nociva o Hilo veneno, ante los cuales la tierra se abría y luego lo consumía de nuevo. Los fuertes temblores siguieron y la arena continuó moviéndose con violencia por lo que se sintieron como minutos enteros.
Finalmente, tras mucha lucha, Ariados salió disparado hacia el cielo como una bala de cañón. El arácnido, increíblemente lastimado, trató de aferrarse al campo de energía con su Hilo venenoso, solo para ser atrapado nuevamente por la arena, que se extendió hasta alcanzar el tamaño de un edificio de cinco plantas. La arena entonces cayó violentamente contra el suelo en un montículo enorme que, lentamente, comenzó a dispersarse, dejando ver un resultado claro.
En medio del campo de batalla, boca arriba e inmóvil, estaba Ariados.
—¡Ariados no puede continuar! —anunció Red, levantando una mano hacia la derribada araña—. ¡El participante Guzma debe de mandar otro Pokémon a combatir!
Entre las gradas, aunque aún se escuchaban ciertas quejas, estallaron en aplausos y ovaciones. La brutalidad del ataque de Acerola no pasó inadvertido para nadie y eso, al parecer, había gustado al público.
«Dios mío, ¿qué pasa con esta batalla? Como que me duele el estómago…».
«Creí que Acerola tendría más, no sé, moral. Es una policía… Aunque que digo, aquí en Unova los de la policía son unos cerdos. No me sorprenda que en Alola haya personas así».
«No es porque Acerola sea una policía. Se supone que es una reina y una heroína. Si no hubiera cambiado a Gengar como lo hizo, el resultado sería otro».
«No apoyo lo que hizo Acerola, pero la apoyo más que a Guzma. ¿Quién se pone a atacar al público? Si la barrera fallara, podría herir gravemente a alguien».
«Si la barrera cayera sería culpa de los organizadores de la Liga Pokémon. Deberían de crear una estructura fuerte e infalible. Si no pueden proveer eso, entonces no deberías de hacer una Liga».
«Ah, claro, pero si Guzma se pusiera a atacar una viga de metal, lograra romperla y parte del estadio se derribara, entonces también sería culpa de la administración, ¿no? Para nada sería culpa del hombre que ataca a CONSCIENCIA la infraestructura».
«No es comparable. La barrera está hecha para recibir golpes que se desvíen, las "vigas", o como quieras llamarlo, no. Si algo no cumple su propósito, simple y llanamente no debería de existir».
«Bueno, ahí va uno de los Pokémon de Guzma. No sé nada de los Pokémon de Alola, pero esa cosa es bestial. Quiero ver cómo se las apaña Guzma contra ella».
«Veamos cómo sigue el combate. Los Pokémon de Acerola no se ven precisamente en buena forma. Al menos no Banette, y no me quiero imaginar cómo está Gengar luego de ese combo».
«Las cosas hay que admitirlas. Guzma es listo. Tremenda humillada le pegó a Red, además de que sus estrategias son buenas. Algo rastreras, pero buenas».
Rotom no compartió los comentarios con nadie. Los mantuvo para sí mismo, pues no quería afectar la moral del grupo. No más de lo que ya parecía estar.
Aunque había sido Acerola la primera en lograr una victoria, la celebración era reducida. Estaban felices por ella, pero toda la situación anterior seguía presente en sus mentes. No dejaba de sentirse como una victoria a medias. Una victoria conseguida al rebajarse al nivel del oponente.
Y Acerola pensaba lo mismo. Ante sus ojos el montón de arena comenzó a tomar la forma de un castillo de arena. Era su Palossand. No tardó en hacerlo regresar a su Poké Ball.
—Has cambiado —dijo Guzma, despreocupado. Hizo regresar a Ariados a su Poké Ball, la guardó y sacó otra—. Esta vez, al menos, lograste derribar a uno.
Los ojos de Acerola se ensancharon por el enfado y sus cejas se arrugaron. Recordó aquel combate. Recordó toda la rabia y la frustración que había sentido. Recordó también quién era la persona con la que estaba peleando. Era Guzma Kiauka, líder del Team Skull. Un hombre que hacía todo con tal de ganar. Contra un hombre como él ¿no era normal hacer uso de todos los recursos disponibles? Si jugaba limpio contra un tramposo, nunca podría ganar. Entonces ¿qué le quedaba? ¿Jugar sucio?
La mano con la que no sostenía su Poké Ball comenzó a abrirse y a cerrarse. Debía decidirse. Y debía decidirse rápido. A su mente llegaron las palabras de Nanu. Unas palabras que nunca en su vida podría olvidar.
Lanzó su cápsula y de ella salió Banette. Guzma hizo lo mismo, solo que Scizor fue quien apareció.
La marioneta respiraba de forma arrítmica, frotándose el cuello y el abdomen cada cierto tiempo. Los jadeos que salían de su boca eran roncos y, de vez en cuando, entrecerraba un ojo con dolor. Era como si el simple hecho de tragar saliva le molestara.
Scizor, por otra parte, agitaba sus tenazas. Los golpes de Banette a los codos habían sido dolorosos, igual que aquellos lanzados a la mandíbula. Pero Scizor apenas estaba empezando.
—¡Scizor contra Banette! —dijo Jeekyo—. ¡Banette está lastimado, pero es él quien más daño ha hecho a Scizor! ¡¿Podrá doblar las cifras?!
Scizor y Guzma no creían que pudiera ser el caso.
—Puño bala —dijo Guzma con tranquilidad. Veía a una presa cansada y debilitada. Una presa que no podría huir mucho tiempo.
La mantis se abalanzó contra el oponente. Las pinzas le brillaban en un color metálico parecido al más pulido acero. Banette evadió el centelleante metal al fundirse con el entorno, desapareciendo.
Scizor esperó atentamente a las ondulaciones en el aire. En un momento vio hacia abajo y se encontró a una solitaria garra que lanzó arena directamente contra sus ojos. La mantis se cubrió con las garras y retrocedió a ciegas, lanzando frente a él un Tajo umbrío que destruyó por pura suerte un Fuego fatuo.
La mantis recuperó la vista justo cuando un puñetazo dio de lleno contra su cadera, torciendo su torso y haciéndolo tener una mala postura. Lanzó un Puño bala a toda prisa, el cual fue interceptado y superado por el Golpe bajo de Banette, que dio de lleno contra su rostro.
Scizor retrocedió con los ojos cerrados y, en cuanto los abrió, otro montón de tierra le llenó la cara. El tipo Acero puso todo su peso sobre su pata derecha y giró como una peonza. Sus pinzas no encontraron nada en su camino, pero el movimiento le compró tiempo.
Scizor entonces sintió un tirón en las alas, lo cual resultó bastante doloroso. Volvió a girar cual peonza, solo para encontrarse que Banette nuevamente había desaparecido. La mantis se agachó y tomó dos puñados de tierra con sus pinzas, subiéndolas hacia su frente y liberando su contenido. La tierra cayó al suelo, Scizor escuchó un tosido ronco y se giró de inmediato.
Los ojos de la mantis se abrieron hasta el límite de lo posible al ver que, frente a él, a escasos centímetros de su rostro, estaba una llama azul que se dirigía a su encuentro sin demora. El tipo Bicho se dejó caer de espaldas en un acto reflejo, pero aterrizó directamente sobre el puño de Banette, el cual lo elevó, pero no lo suficiente para tocar el Fuego fatuo. El golpe, sin embargo, sí que logró hacerlo caer pesadamente al suelo.
Scizor se puso de pie con un ágil movimiento, pero cuando pasó de estar acostado a estar arrodillado, algo chocó contra su cara. La garra de Banette no se limitó esta vez a lanzarle arena al rostro, sino que pegó la arena directamente en su cara, restregándosela y luego dándole un gancho en la mandíbula que hizo que la cabeza de Scizor se meciera. Un silbato se escuchó.
—Participante Acerola, deja de arrojar arena contra los ojos del oponente.
—¿Por qué?
La pregunta de Malíe, hecha con toda la inocencia del mundo, tomó a Red con la guardia baja. Ketchum frunció ligeramente el ceño.
—Arrojar arena de esa manera contra un oponente es perjudicial para la salud del mismo. No solo puede acarrear infecciones, sino también una atención médica inmediata dependiendo de qué haya en la arena. Hacerlo como táctica de distracción está bien, pero…
—Pero Ataque arena existe, y no se diferencia en nada a lo que yo estoy haciendo. Y según tengo entendido, lanzar arena a los ojos del oponente con Ataque arena no tiene un uso limitado.
Red pensó que eso era cierto, sin embargo había algo que hacía que los entrenadores no usaran una táctica como esa: el honor.
—Está bien, árbitro —dijo Guzma. Su semblante se veía impasible—. Es una molestia menor. Entrenadoras como ella recurren al uso de estas estrategias para ganar.
Acerola no dejó pasar eso.
—¿Qué quieres decir con «entrenadoras como ella»? —preguntó, visiblemente molesta.
—¿No está claro? —Mientras Guzma decía eso, Scizor se levantaba—. Débiles.
—Si fuera tan débil, entonces…
—Basta —sentenció Red. Ambos entrenadores Pokémon voltearon a verlo—. Lo que sea que esté pasando aquí, tiene que detenerse. Esta es una competición deportiva y los participantes deben de tener una actitud deportiva sana. Dejen de deshonrar el nombre de la Liga Pokémon con discusiones sin sentido, y dejen de deshonrarse a ustedes mismos.
La severa voz de Red Ketchum hizo que todos en el estadio guardaran silencio. Ni Acerola ni Guzma volvieron a hablar, solo que cada uno de ellos tenía una reacción distinta ante el regaño. Mientras que Acerola parecía frustrada, Guzma lucía indiferente. Red los inspeccionó a los dos con la mirada y, cuando vio que se la querella se había detenido, habló.
—Continúen el combate.
Guzma hizo regresar a Scizor a su Poké Ball y sacó otra. Dejó salir un suspiro.
—No quería tener que hacer esto, pero da igual.
La cápsula se elevó en el aire y Golisopod salió de ella. Acerola vio al gran samurái y tomó aire. El peso pesado. El gran rival a vencer. El Pokémon más fuerte de…
Sus párpados se cerraron y. cuando se abrieron, Golisopod ya no estaba. Confundida siguió el rastro de polvo que había quedado detrás de él, viendo que había colisionado rápidamente contra Banette. El Escaramuza del tipo Agua dio de lleno contra el estómago de la marioneta, quien perdió el aliento y salió despedido hacia sus espaldas.
—¡Golpe fantasma! —exclamó Acerola, apresurada.
—Acua jet.
Golisopod dio dos zancadas, pegó las garras al suelo, se rodeó de agua y luego salió disparado como una Hidrobomba. El tipo Bicho se movía a una velocidad que no correspondía a su tamaño y peso.
Para suerte de la marioneta, Golpe fantasma era un movimiento rápido. Logró fundirse con el aire apenas un segundo antes de que Acua jet lo alcanzara.
Al ver que su presa se había ido, Golisopod aterrizó. Se puso de cuclillas, con una garra pegada al suelo y la otra en la cintura, todavía rodeado por el agua a presión. Esperó pacientemente a que su enemigo apareciera.
Y el enemigo se reveló. Un montón de arena salió volando contra su rostro, pero el agua rápidamente la bloqueó y convirtió en lodo. Acerola contaba con ello, por lo que hizo que Banette apareciera en un costado de Golisopod. Mientras que el montón de arena le daba una ubicación falsa al enemigo, el tipo Fantasma preparaba un Fuego fatuo que ni siquiera Acua jet podría bloquear.
El error de Acerola fue creer que Golisopod se había tragado su señuelo.
El agua que rodeaba al samurái se condensó en su cintura y luego Golisopod dio un rápido giro, desenvainando una espada de agua. Aquella katana dio de lleno contra la sien de Banette, ennegreciéndole la mirada y mandándolo a volar.
Acerola abrió la boca con inmensa sorpresa, incapaz de responder al principio. Fue el sonido de una segunda Poké Ball la que la hizo reaccionar, aunque demasiado tarde.
Scizor llegó al encuentro de Banette, sujetándolo por el abdomen con sus poderosas pinzas y llevándolo al aire junto con él. Lo llevaba lejos de la Poké Ball de Acerola.
En el ascenso Banette era incapaz de moverse por la fricción con el viento. Sus garras, cuello y piernas colgaban como si fueran, irónicamente, de trapo. Scizor mientras tanto aprovechaba para castigarlo con repetidos movimientos de Puño bala dirigidos directamente contra el rostro.
El vuelo se detuvo cuando llegaron hacia la cúspide de la cúpula, la cual apareció cuando chocó contra la espalda de Banette. Scizor, en ese momento, lo dejó caer al vacío.
La marioneta comenzó a desplomarse y, por debajo de los párpados de sus entrecerrados ojos, pudo ver cómo Scizor iba en su búsqueda. Juntó sus garras, vio la velocidad de su enemigo, y supo que era el momento.
Una llama azul salió disparada en contra de la mantis y Banette se fundió con el aire. La marioneta, como pudo, fue hacia las espaldas de su oponente, quien seguía moviéndose hacia el Fuego fatuo. Apareció detrás de él, listo para conectar su Golpe fantasma y, cuando estuvo por tocarlo, una pinza lo sujetó con fuerza del brazo. La pinza lo movió violentamente, haciendo que pasara de estar en la espalda de Scizor a estar frente a él. Al final fue Banette quien recibió el Fuego fatuo con su cuerpo, siendo rodeado por una llamarada azul que lo hizo gritar con voz ronca.
Pero el castigo de Scizor no terminaba ahí. Quedaba la mejor parte.
La mantis permitió que la marioneta avanzara medio metro por delante de él y entonces lanzó un Tajo umbrío directo a su torso. Aplicó presión, empujó y lo hizo estrellarse contra el suelo, sumando a la caída todo el peso de su cuerpo.
Pese a la polvareda, todos sabían el obvio resultado. Acerola hizo regresar a Banette a su Poké Ball apenas escuchó a Red hablar.
—¡Banette no puede continuar! ¡La participante Acerola debe mandar otro Pokémon al campo de batalla!
«Y la balanza se equilibra. Banette estaba tocadísimo. Me sorprende siquiera que pudiera dar ese último empujón contra Scizor».
«Buah, ya te digo… Siento que Banette va a ser el MVP de la partida, al menos para Acerola. Fue el que más lastimó a Ariados y ha sido el que más daño le ha hecho a Scizor».
«Aunque le salió muy caro».
«Por el Golisopod de Guzma. Había oído que ese Pokémon era su estrella, pero A-MI-GO… ESA COSA ES UNA BESTIA!».
«GoliCHAD: Entra al combate, destruye ortos, se va».
«Ese regaño de Red me dolió hasta a mí…».
«BROOO A MÍ TAMBIÉÉÉÉN. Lo sentí en el alma».
«Acerola tendrá a su Palossand intacto, pero Guzma tiene a Golisopod aún sin tocar. Genuinamente no sé qué es lo que vaya a pasar…».
«Tipo Fantasma contra tipo Bicho… Esto es un duelo siniestro, sin duda».
«Oh, amigo… Estos tres últimos combates tienen toda la pinta de ser injustos. ¿Será que todos terminarán en un 2-0?».
«Te puedo adelantar que el de Ash y Elio será un 3-0. A favor de quién? Te dejo a ti adivinarlo XDDD».
En el estadio, Rotom escuchaba aplausos. No aplausos demasiado entusiasmados, pues la atmosfera seguía increíblemente cargada. Nadie iba a negar que, visualmente, la lucha era espectacular. El problema para todos era lo que transmitía. Ciertamente había algunos a quienes eso no les interesaba, por lo que disfrutaban sin preocupaciones.
Rotom, en todo caso, solo escuchaba dichos aplausos, porque su atención estaba centrada en otra cosa. Vio como Hau se ponía de pie, se movía en silencio entre los asientos y llegaba a las escaleras. Llegados a ese punto, no solo Rotom creyó que Mahalo, quien llevaba todo el combate luciendo molesto, se iría del lugar. Pero Hau no lo hizo. El moreno, en lugar de subir por las escaleras, las bajó. Bajó y al hacerlo llamó la atención, no porque hiciera un gesto en particular o porque dijera algo, solo por ser él. Mahalo llegó hasta la barandilla que dividía las gradas del campo de batalla y ahí se quedó. En silencio, simplemente mirando. Y no fueron pocos los que notaron esa penetrante mirada, entre ellos el objetivo de la misma.
Acerola, con el ceño fuertemente fruncido, se giró hacia Hau. La frustración de perder a Banette, de la forma en la que lo había hecho, era enorme, pero misteriosamente desapareció al ver sus ojos.
La decepción que Mahalo había mostrado antes, o la molestia que había presentado durante todo el combate, ya no estaban. En los ojos de Hau solo había comprensión y buenos deseos.
—Esfuérzate —dijo, no en voz ronca, sino en su voz de siempre. Una voz armoniosa y febril.
Acerola entonces se encogió. Nunca había sido precisamente alta, pero ahora parecía incluso más pequeña. Pocos fueron los que notaron el temblor contenido de su labio inferior. Malíe apartó su mirada de Hau y sacó una nueva Poké Ball. Y aunque nunca había olvidado las palabras de su padre adoptivo, Hau Mahalo le había dicho otras que era importante que tampoco olvidara.
—¿Estás bien? —le preguntó Hau. Lo vio revolverse en su saco de dormir—. Tu cara…
—Oh, ¿se me habrá olvidado lavarme los dientes? —Acerola levantó los labios para que la cámara captara sus dientes y encías—. ¿Ves algo?
—¿Pasó algo? —volvió a preguntar. Su voz le decía a Acerola que no estaba para juegos o evasivas.
Malíe suspiró y se dejó caer de espaldas sobre su cama. Sus cabellos del color de la amatista se esparcieron como olas en la almohada bajo su cabeza.
—No te puedo ocultar nada, Hauhau. Me lees como si fuera un libro abierto. —Normalmente Acerola diría eso riéndose. No esta vez—. Papá me… Bueno, papá habló conmigo hoy. Fue una charla seria. Mucho más seria de usual, y mira que ya es mucho decir. Papá nunca ha sido el señor Alegría, claro, lo sé, pero no hay ni punto de comparación. ¿Sabes esas veces que hablas con alguien y la atmósfera se siente… tensa, cómo que algo no está bien? Bueno, pues eso.
—¿Quieres contármelo? —dijo Hau. Su rostro era inexpresivo, tanto como podía serlo.
Acerola estiró las piernas. Sus pies se estiraron en forma de arco y los dedos se extendieron hacia afuera, separándose un poco los unos de los otros. Un pequeño gemido de cansancio salió de ella.
—Sí. Sí que quiero.
—Entonces te escucho, Ace.
Malíe miró hacia el techo, por lo que el rostro de Hau escapó de su visión. No necesitaba verlo, pues sabía que su expresión no cambiaría, pero tampoco quería. Sentía vergüenza de cierta forma, aunque sabía que no había razón para ella.
—Ser policía… Bueno, ser policía no es como en los cuentos infantiles ni como en las historietas. En especial ser policía de Alola. Otras regiones tienen diferentes departamentos jurídicos, claro que nosotros también tenemos más de uno, pero no al mismo nivel. Unova, por ejemplo, tiene al FBI o a la CIA. Nosotros no tenemos eso, ¿sabías? Solo es la policía, dividida en departamentos especializados, y ya. Aunque la policía de Alola es un organismo gigantesco, eso también voy a reconocerlo… Ah, disculpa, me fui por las ramas. —Una risita salió de su boca—. Lo que quiero decir es que la policía es un lugar peligroso. Papá me habló de… Él los llama "escoria criminal", pero no me gusta ese término. Me gustaría creer que todas las personas merecen cierto respeto por su condición de seres vivos, aún pese a sus crímenes.
Acerola apartó un poco la mirada del techo para fijarse en Hau.
—Está bien, HauHau. Si no estás de acuerdo puedes decírmelo.
—No. Sería un doble moral si diera mi opinión.
—¿Por qué?
—Eso… Ay, Ace. Eso no me corresponde decírtelo.
Malíe parpadeó y luego arqueó una ceja, confundida. Hau pocas veces le había negado la respuesta a una pregunta, y cuando lo hacía era porque había un motivo de peso para ello. No presionó.
—Pero bueno, siguiendo con lo que te contaba. Papá dijo que, durante mi carrera, me encontraré a mucha "escoria criminal". Especialmente al inicio, cuando no esté tan metida en la burocracia. Personas que no respetarán las leyes ni los derechos ajenos, ni siquiera el más básico. Y bueno… él me dijo que tenía que estar preparada para rebajarme a su nivel.
Acerola vio la sorpresa en los aparentemente serenos ojos de Hau.
—¿El tío Nanu dijo eso?
—Sí. Papá cree en elegir el mal menor. Dice que debo estar lista para matar en cualquier momento, porque aquellos a los que me enfrentaré no dudarán en matarme a mí. «Si debo elegir entre acabar con un hombre que mata sin escrúpulos y uno que mata porque se le obligó a hacerlo, entonces elijo al primero. Volvería a hacerlo tarde o temprano, mientras que la segunda persona nunca más lo haría si no fuera necesario». O eso dijo él. —Se puso un brazo debajo de la cabeza, luciendo pensativa.
—Es… un tema delicado de tocar. ¿Por qué salió?
—Papá creyó que era hora de tener esa conversación. Al parecer no quería seguir los pasos de su madre.
—¿De qué hablas?
—Bueno, la abuela le dio la charla a papá cuando ya estaba enlistado en la policía. Papá dijo que le habría gustado disponer de esa información antes de tomar una decisión. Dijo que, incluso si se hubiera unido de cualquier forma a la policía, lo habría hecho estando completamente informado, sin remordimientos… Él… Bueno, papá me dijo que no tenía que hacerlo si no quería. Que es tradición que el Kahuna de Ula-Ula sea el jefe de policía, pero que no tengo que hacerlo si no quiero.
—¿Y tú quieres hacerlo, Ace? —Los ojos de Hau eran inquisitivos.
—Quiero. Quiero corresponder a mis propias expectativas y para ello no debo de ser menos que otros Malíe. Si otros lo hicieron, yo también lo haré. Tan simple como eso. El problema es que… —Un suspiro salió de ella—. No quiero matar. Tampoco rebajarme al nivel de nadie.
—Pues... no lo hagas.
Acerola dejó salir una risita. Una risita que ocultaba su impotencia.
—Ay, HauHau, ojalá fuera tan fácil como decirlo.
—No es fácil, Ace. Lo digo desde la experiencia. Las muertes de Faba y ese chico Tori, así como de su Arcanine, fueron en parte mi culpa. Y en la guerra… En la guerra se mató por montones. Yo también tuve que hacerlo. Maté a un Kartana y a un Nihilego. Muchos tuvimos que hacerlo porque, en ese momento, no parecía haber otra opción. Y tal vez no la había. —Hau la veía con seriedad—. Lillie mató a un Stakataka. Los Pokémon de Elio tuvieron que matar a un Kartana y los de Selene a un Xurkitree.
»Gladio y Ash ni siquiera pudieron mantener la cuenta de los Ultraentes a los que tuvieron que arrebatarles la vida, a algunos en defensa propia o de otros, y a unos… a unos tratando de elegir el mal menor. Pero si a mí, actualmente, me obligaran a escoger entre dos puertas, una detrás de la cual se esconde el mal menor y otra detrás de la cual está el mal mayor, yo rompería la pared y crearía una tercera puerta. Elegiría el bien. Porque el mal, sin importar su escala, es el mal. Es demasiado optimista y un pensamiento extremadamente tonto, pero en estos tiempos de paz tenemos que ser lo más positivamente tontos que se pueda.
Ambos se quedaron en silencio, cada uno por razones distintas.
—¿Sabes algo? —dijo Hau, pareciendo nervioso—. Olvida lo que dije. Fue estúpido. Si estás en una situación en la que tengas que disparar para salir con vida, hazlo. Estoy seguro de que el tío Nanu quería decirte eso, solo que su policía interno se lo impidió.
Acerola dejó salir una risita que tomó a Mahalo con la guardia baja.
—Tenía planeado hacerlo, HauHau. No quiero matar a nadie, es cierto, pero mis deseos de volver con ustedes son todavía más fuertes. Tu consejo no fue estúpido. Intentar la solución pacífica antes que tomar el extremo más brutal es lógico, pero en un momento así… En momentos de desesperación, rebajarse es mucho más fácil que obrar pensando en el bien —Malíe le sonrió al moreno—. Gracias, HauHau. Por escucharme.
Mahalo se sonrojó un poco y se rascó la coronilla, avergonzado.
—Gracias por no reírte demasiado de mí.
Acerola volvió a reírse.
Y porque rebajarse era más fácil, Acerola se sentía en una encrucijada. Pelear valiéndose de trucos y artimañas, rozando apenas lo ilegal en un combate, era la mejor forma de pelear contra Guzma. Porque él, sin duda, haría eso. Y porque ella quería ganarle, y la mejor forma de llegar a ese resultado era adentrándose en su fangoso terreno.
Abrió y cerró los puños. Tomó aire y exhaló.
Recordó lo caliente que se había sentido su rostro cuando sacó a Gengar del campo de batalla. Recordó la vergüenza que había sentido, así como las ganas de llorar. Porque había decepcionado a sus amigos y, más importante, se había decepcionado a ella misma.
«Y si la ley se rebaja a combatir como matones a los verdaderos matones, entonces ¿en quién se podrá confiar?», pensó.
Guzma frunció el ceño al ver a Acerola reír como una chiquilla. La Capitana lanzó al aire su cápsula, dejando salir a Gengar.
—Supongo que no me queda bien jugar a la niña mala —rio Malíe mientras se cubría la boca con una mano.
Era Scizor contra Gengar. La mantis tenía el peso de su cuerpo apoyado en la pierna izquierda, estaba ligeramente encorvado y con una tenaza más arriba que la otra. Su postura daba un alarido de batalla difícil de ignorar.
Gengar, por otro lado, dejó salir una nubecilla de vapor y se dio unos golpecitos en los mofletes. Parecía cansado, sin duda, pero igual de dispuesto a combatir.
Fue cuestión de tiempo para que saltaran a la garganta del otro.
Scizor se lanzó hacia el frente con un Puño bala que Gengar esperó pacientemente a esquivar. En el último momento el fantasma hizo su torso hacia atrás, pasando una tenaza por delante de su rostro. La mantis se preparó para dar un segundo Puño bala que Gengar alejó gracias a una pequeña descarga.
El tipo Acero apartó la tenaza derecha, ligeramente adormilada por el shock, y luego lanzó un cabezazo que Gengar esquivó dejándose caer. En mitad de su caída creó una Bola sombra entre sus manos, extendiéndolas hacia la frente del enemigo. Hubo una colisión, una explosión y luego humo, montones de humo.
Ambos Pokémon salieron de la humareda de un salto, retrocediendo a una distancia considerable el uno del otro. Gengar no tardó en lanzar un Rayo que perforó el humo y lo pasó de largo, directo hacia Scizor. La mantis, feroz e implacable, se lanzó de frente con un Tajo umbrío.
Gengar era fuerte, pero Scizor no parecía impresionado por ello. La mantis seguía cargando contra él, haciendo retroceder la descarga con una facilidad pasmosa. Acerola sudó frío, sabiendo que esa descarga Ariados jamás habría podido bloquearla.
Gengar se elevó en el aire y cambió su enfoque. Dirigió una Bola sombra a los pies de Scizor, quien la destruyó de un rápido Puño bala antes de que siquiera tocara el suelo. Hubo otra explosión y todavía más humo. Gengar no se desanimó por ello, sino que siguió atacando. Las esferas del color de la malva volaban hacia la bestia carmesí, cubierta y escondida detrás de todo aquel humo que se formaba.
Scizor, desde dentro, no podía ver mucho. Escuchaba los ataques llegar hacia él y los destruía, logrando guiarse por su luminosidad. El humo, sin embargo, no le permitía ver donde estaba su oponente. Se movía a paso ligero, tratando de salir desapercibidamente de la bruma, pues sabía que sería atacado con más fuerza si salía de golpe. Entonces escuchó la voz de su entrenador.
—Entró contigo.
La mantis no sabía la dirección por la cual había entrado y sabía que su entrenador tampoco. El humo, como otras cosas, no solo no permite ver en un sentido. Se concentró y cerró los ojos. Escuchaba el silbido del viento, el murmuro de la tierra al moverse y el rumor de la fantasmagórica piel. Escuchó y esperó. Atento, atento, atento. ¡Ahora!
Scizor lanzó un puñetazo con todas sus fuerzas. Plantó todo su peso en la pierna derecha, dio una media vuelta y dirigió todo ese impulso hacia su puño. Su tenaza encontró algo que se resistió y, gracias a la cercanía, pudo ver los nerviosos ojos del enemigo. Gengar salió disparado de la humareda y Scizor, por supuesto, lo persiguió.
El tipo Acero lanzaba rápidos golpes que Gengar apenas esquivaba gracias a su propia velocidad y la elasticidad de su cuerpo. Entre esquive y esquive, Gengar intentaba lanzar un Rayo. Los débiles chispazos ralentizaban a Scizor por solo un momento, pero no lo suficiente para escapar de él. Gengar, finalmente, se lanzó en picada al suelo, atravesándolo y desapareciendo de la vista.
Reapareció ni siquiera un segundo después, detrás de Scizor, disparando una Bola sombra a quemarropa. Scizor dio una media vuelta y, con el revés de su tenaza, golpeó la esfera. Bola sombra se elevó un poco en el aire y finalmente explotó. La humareda fue disipada por un rápido movimiento de tenazas y un Rayo que iluminó el lugar.
Scizor apartó la descarga con un movimiento de sus poderosos brazos, los cuales le hormigueaban y sentía entumecidos. Estuvo a muy poco de lanzarse en contra del enemigo cuando éste desapareció. Gengar fue sustituido por aquel montón de arena que pronto cobró forma.
Palossand entró a la batalla.
—¡Palossand vuelve! ¡El ejecutor de Ariados regresa a la batalla y esta vez viene por Scizor! —La voz de Jeekyo resonó en los altavoces pero no alcanzó los oídos de los combatientes.
Acerola se retiró el sudor que le perlaba la frente, brillando como la plata. Su aliento se retuvo un momento y luego salió en un vaho que humectó más su rostro. Sus ojos veían a Guzma y a Scizor. No alejaba la mirada de ninguno de los dos, alternándola con la rapidez esperable de un entrenador Pokémon. Sus ojos eran tan rápidos como los de un piloto de Fórmula 1. Cambiaba el peso de su pierna derecha a la izquierda y viceversa, como si en cualquier momento fuera ella quien tuviera que pelear. Con el dedo pulgar se retiró el sudor que comenzaba a salir sobre su labio superior.
—¡Tierra viva! —ordenó. Su grito se rompió en un falsete que la hizo sonrojar levemente.
Palossand aumentó su tamaño y luego se dejó caer pesadamente, inerte, sobre el campo de batalla. El impacto de aquel colosal montón de arena creó aberturas en el terreno desde los cuales salieron grandes géiseres de energía del color de la terracota.
Scizor emprendió el vuelo, esquivando el movimiento como mejor podía. Era resistente, pero no demasiado rápido. Su carencia lo hizo recibir un golpe descendente en la boca del estómago seguido de otro en el mentón que lo hizo caer al suelo. Su fortaleza, sin embargo, le permitió levantarse sin mucho problema.
—¡Eso tuvo que doler! —exclamó Jeekyo, ajeno a lo que Scizor en verdad sentía—. ¡Scizor tiene que agradecer por su tipo Bicho!
La mantis no agradeció nada a nadie, solo atacó.
Su Puño Bala lo impulsó hacia el enemigo, cancelándolo a último momento para pasar a un Tajo umbrío. Palossand, quien había vuelto a su forma de castillo de arena, rápidamente perdió su forma y se volvió un montón de arena que pasó por debajo de Scizor, inundando sus piernas y envolviéndolo en un segundo. El gigantesco castillo se volvió a ensamblar, pero ahora un rastrillo cubría la entrada al mismo, impidiendo que nadie saliera de él.
—¡Volvió! ¡El destructivo movimiento de Palossand en acción!
La arena se agitó violentamente, cambió de forma y se moldeó a voluntad. Finalmente, tras segundos de suspenso y temblores, algo rompió el rastrillo.
Scizor salió del interior con un poderoso Tajo umbrío como ariete. La mantis dejó salir un suspiro, girándose rápidamente hacia Palossand, quien se convulsionaba violentamente.
La arena cayó, se mantuvo inmóvil y luego volvió a ser un castillo. Palossand, a través de los ojos que se moldeaban en la arena, mostró un gran dolor. Aquel ataque había sido devastador para él.
Acerola apretó los dientes y frunció el ceño. Una confrontación directa, contra Scizor, era inútil. Perdería todas y cada una de ellas. Pero no tenía por qué chocar sus fuerzas contra él. Podía usar otro método. Podía usar su método.
Palossand repentinamente sonrió antes de volverse a desparramar por el campo de batalla. Scizor, al ver esto, preparó sus tenazas, levantándolas frente a su rostro y haciéndolas brillar en un aura oscura y lechosa. Vio como la arena pasaba por debajo de él y se mentalizó para un forcejeo como el anterior. No pasó.
Desde sus espaldas algo lo golpeó. Se giró solo para ver a un montículo de arena deshaciéndose. Un aura azulada rodeó su cuerpo.
En su flanco derecho algo estalló. Nuevamente se dio una vuelta y ahí estaba otro montón de arena, desparramándose como agua por el suelo. Este golpe había dolido más.
Por la izquierda, a sus piernas; un aura azulada lo rodeó, en el omóplato derecho, en el codo izquierdo y luego en la cadera; otra aura azulada. Scizor comenzó a dar vueltas, alerta. No recibía la llamada de su entrenador, lo que quería decir que estaba solo. Guzma confiaba en que él encontraría la forma de salir de eso y lo confirmó al ver la impasibilidad en su mirada.
La mantis, con un rápido y brutal movimiento, dio un golpe hacia la arena bajo sus pies pero nada pasó. Se levantó polvo, un polvo de una tonalidad marrón. Diferente, pensó Scizor, diferente en color. Vio esa tonalidad marrón en un círculo perfecto a sus pies. Un tono que era diferente al marrón anaranjado que cubría casi todo el campo de batalla.
Buscó incansable. Sus ojos se movían al mismo tiempo que sus pies. Los obligó a encontrar la más mínima perturbación en la planicie. Veía pequeñas hendiduras producidas por Tierra viva, pero no era eso lo que buscaba. Buscaba… buscaba aquel pequeño relieve. Aquel objeto con las dimensiones perfectas de una pala.
En el trascurso de su búsqueda, otros cuatro ataques le habían golpeado y otra aura azul lo había rodeado. Una nueva Bola sombra iba hacia él, pero esta vez Scizor la tomó con su tenaza derecha y, como si fuese una pelota de playa, la hizo estallar. Humo. Una cortina que Scizor no usó demasiado tiempo, pues salió disparado con Puño bala al encuentro de su objetivo.
Antes de que Palossand pudiera moverse, la tenaza de Scizor se enterró en la arena y sacó de ella una pequeña pala roja, para luego dirigirse hacia los cielos. La pérdida de la pala hizo que la arena que conformaba a Palossand se revolviera violentamente, volviendo rápidamente a formarse.
Palossand vio hacia arriba y se agitó. Comenzó a atacar con furia a su oponente, disparando Bolas sombra que intentaba conectar pero que Scizor desviaba gracias a su predictibilidad.
La mantis vio al enemigo y luego a su entrenador. Guzma asintió con fuerza, pero no bajando mucho la cabeza. Scizor preparó un Tajo umbrío y se lanzó hacia el frente, directo.
Palossand no dejó pasar su oportunidad. De las grietas ya existentes salieron aquellos haces de luz. Uno de ellos, el más grande y al que más fuerza le había puesto el castillo de arena, dio directamente contra el mentón del tipo Bicho.
Scizor salió disparado hacia atrás, resintiendo el ataque mucho más que antes y apretando con fuerza los ojos. Por el impacto, su cuerpo entero se tensó y eso incluía la tenaza con la que sujetaba la pala. La tremenda fuerza aplicada sobre aquella pequeña herramienta terminó por partirla a la mitad.
El tipo Tierra montó en cólera, Acerola se llevó una mano a la boca; conteniendo un suspiro, y un pitido se escuchó.
—Maldita sea —se quejó Guzma, viendo la pala con, sorprendentemente, preocupación. Kiauka se rascaba la cabeza en señal de conflicto—. Hey, árbitro, no fue a propósito. Fue un espasmo involuntario.
Red vio a Guzma, quien incluso había comenzado a sudar, y luego a Scizor. El tipo Acero se arrodilló frente a la pala, tomándola con sus tenazas y tratando de volver a unir ambas mitades.
Ketchum no tenía motivos para dudar de ello. Las palabras de Guzma eran ciertas. Con un golpe como el que Scizor había recibido incluso el más fuerte apretaría el cuerpo, intentando amortiguar el impacto por puro instinto. Si había ejercido más fuerza de lo necesaria para partir la pala o no, eso no lo sabía, y nadie podría saberlo. Sabía que Guzma antes se había movido por el borde de lo ilegal en el combate, pero esto era directamente una infracción. Era demasiado obvio a comparación de todo lo que había hecho anteriormente, y ni siquiera intentaba negar lo que había pasado o darle un repaso a las reglas.
Se giró hacia los demás jueces, quienes parecían tener el mismo dilema que él. Volvió a ver el campo de batalla, encontrándose con que Scizor había llevado ambos trozos de la pala hacia Acerola, entregándoselos personalmente en las manos. La mantis tenía la mirada gacha, luciendo indignado por lo tener que disculparse pero resignado a hacerlo. No intentaba mostrar arrepentimiento o verdadera culpa, como Red habría esperado ver en un teatrillo cualquiera. O todo lo que había pasado era de verdad un accidente o Guzma y su Scizor eran increíbles actores.
Finalmente, y tras darle un último vistazo a los otros jueces, Red dio su veredicto.
—Un accidente. La pelea continúa.
¿Lo peor? Lo peor era que nadie podía apelar a esa decisión. Entrenadores veteranos como los jueces no habían sido capaces de discernir entre la verdad o la mentira, por lo que entrenadores con experiencia similar o inferior tampoco fueron capaces. Para todos, incluso para la misma Acerola, lo acontecido parecía, verdaderamente, un accidente.
La mirada de Scizor, sin embargo, le transmitió otra cosa totalmente distinta. Cuando la mantis levantó la cabeza para darse la vuelta, sus ojos se encontraron por una fracción de segundo y, en ellos, lo había visto todo. Había visto la malicia y su intención. Intencional. Había sido intencional. Ellos sabían que, sin la pala, Palossand no podía rastrear a sus enemigos cuando no estaba en su forma de castillo de arena. Ahora no podía esparcirse y su mejor defensa se había ido. Su ceño se frunció y sus dientes chirriaron.
—¡Palossand, Tierra viva!
El castillo de arena estaba iracundo, dejando ver sus emociones a través del poderoso temblor que creó. De las grietas se vio aquel centelleo terracota que dio paso a brillantes rayos luminosos que se elevaron en el aire.
Scizor no siguió su estrategia anterior. No intentó esquivar frenéticamente, sino que se quedó quieto en su lugar, esperando. Palossand lo notó y concentró su ataque en ese punto.
Una grieta enorme se formó en los pies del tipo Bicho, un boquete realmente profundo que lo obligó a volar para no caer dentro de él. Al instante vieron un resplandor que se materializó como un gigantesco géiser lumínico que Scizor esquivó al último segundo, sin evitar que el ataque rozara su pierna derecha.
Acerola, por primera vez en el combate, vio un verdadero gesto de dolor en el rostro de la mantis. Fue eso la que le dio un aumento en la confianza, y fue eso lo que la hizo volverse imprudente.
—¡Bola sombra!
Palossand comenzó a disparar repetidamente su ataque, pero Scizor era implacable. Pese al dolor y el daño causado, principalmente, gracias a la reducción de defensa especial de Bola sombra, el tipo Acero seguía siendo capaz de bloquear las esferas con su Tajo umbrío. Avanzó hasta llegar a Palossand, dando un poderoso corte que se encontró con el aire.
El tipo Tierra movía su cuerpo por el campo de batalla, deshecho, en búsqueda de un lugar seguro para reaparecer. Empezó a armarse nuevamente cuando un grito lo alertó. Demasiado tarde fue, pues el Tajo umbrío de Scizor había conectado directo contra su rostro.
Palossand se deshizo, retrocedió nuevamente y, cuando intentaba volver a recuperar su forma, otro poderoso Tajo umbrío le daba de lleno por el frente. El tipo Tierra repitió esa acción dos veces más hasta que se dio cuenta, por el punzante y agudo dolor, que no tenía caso. No podía ver a Scizor estando esparcido por el suelo. No podría armarse antes de que el enemigo llegara a él, y definitivamente no podía tragárselo de nuevo para permitirle atacarlo desde el interior. Podía intentar arrastrarlo como había hecho con Ariados, pero para eso necesitaba verlo y, a diferencia del arácnido, la mantis tenía la capacidad de volar.
Siguió retrocediendo, esperando el momento perfecto para volver a armarse, cuando escuchó el llamado de su entrenadora. No se dio cuenta del momento en el que más de la mitad de la arena que constituía su cuerpo cayó en aquella fisura que él mismo había creado. Intentó armarse de nuevo para salir, pero Scizor estaba sobre él, recibiéndolo con un Tajo umbrío que lo hacía caer. Es malo, pensó Palossand, sintiendo cada vez más dolor y menos fuerza. Su situación era extremadamente mala y, peor aún, denigrante. Estaba obligado a quedarse en ese pozo, pues de lo contrario sería devuelto a su interior de un sopapo.
Se quedó quieto. Se quedó muy quieto. Y luego intentó salir, recibiendo una fuerte reprimenda por parte de Scizor. Se sonrió aunque no tuviese boca, pues lo había localizado.
La gran parte del cuerpo de Palossand estaba dentro de aquella zanja, pero no todo. La parte sobrante, un veinte por ciento de su masa total, se elevó y envolvió en su interior a Scizor sin problema alguno. Palossand aprovechó ese momento para salir a toda velocidad, engullendo a Scizor en su interior y formando una gigantesca esfera. Todo se quedó muy quieto.
Esta vez la arena no se movía frenéticamente como antes. Esta vez lo que se agitaba era el suelo. Y el suelo brillaba con el color de la terracota. Aquellas lanzas de luz se elevaron, perforaron por los agujeros que Palossand había hecho especialmente para ello y golpearon lo que se contenía en el interior.
Tras segundos de temblores, la arena se desparramó y reveló su contenido. Scizor cayó sobre una de sus rodillas, con el aliento entrecortado y los párpados temblándole. La arena caía por sus hombros, cabeza y tenazas, alejándose lo más posible de él.
A metros de distancia, en un lugar seguro, Palossand volvió a armarse. Él, como Scizor, parecía fatigado. Nadie tenía forma de saber lo que había pasado ahí dentro, pero por su semblante todos deducían que no había sido nada bueno.
—Scizor y Palossand apenas se tienen en pie. El duelo entre ambos fue corto e increíblemente intenso. Se golpearon con todo lo que tenían, aprovechando sus estadísticas y ventajas de tipo… —El micrófono captó la forma en la que Jeekyo tragaba saliva—. ¿Podrán continuar?
Acerola vio a Palossand y él le asintió. Podía y quería. La futura Kahuna sonrió ampliamente, orgullosa de su Pokémon. Pese a la resistencia de Scizor, pese a su fuerza superior, había logrado hacer gran mella en él. Palossand, incluso más que Banette y Gengar juntos, había dañado a Scizor. Lo había dañado para llevarlo al punto en el que estaba.
La sonrisa de Malíe fue interrumpida por el sonido mecánico de una Poké Ball, seguido por otra. Sus ojos se abrieron hasta los límites de lo posible cuando vio al enemigo frente a ella. Era el oponente para el que tanto tiempo había guardado a Palossand; por el que lo había llevado en primer lugar.
Golisopod, el atroz samurái.
Las circunstancias eran distintas, pero el plan era el mismo. Acerola recordó su estrategia y no sintió miedo, al contrario, sintió emoción. Emoción por finalmente quitarse aquella espina.
—¡Palossand, Gigadrenado! —gritó con una sonrisa naciente en su rostro.
—¡Es Gigadrenado! —repitió Jeekyo, extasiado—. ¡La estrategia de la participante Acerola incluye Gigadrenado! ¡Un movimiento extremadamente poco eficaz en Scizor, pero efectivo contra el tipo Agua de Golisopod!
Un aura verde rodeó a Palossand y se extendió rápidamente hacia el oponente. Acerola sabía de Escaramuza, pero también estaba preparada para ello. El poderoso movimiento de tipo Bicho solo le permitía a Golisopod moverse en línea recta, por lo que Gigadrenado haría contacto sin ninguna duda. Entonces Palossand podría esquivar el ataque al seguir la estela verde que dejaría a su paso. Eso si su movimiento no detenía antes el movimiento del isópodo.
Pasó exactamente lo que Acerola había predicho. Gigadrenado golpeó algo que parecía invisible a primera vista, cosa que después se reveló como Golisopod, cuando dio un bestial zarpazo que Palossand esquivó al desparramarse por el suelo. Malíe sonrió ampliamente.
«Golispod es lento. Solo podrá evitar que Palossand vuelva a formarse si utiliza Acuajet», pensó Acerola. Que usara Acua jet era exactamente lo que ella quería. Pero no lo hizo.
Acerola se vio intrigada al notar que Golisopod se mantenía a la distancia, viendo tranquilamente como Palossand volvía a formarse. El tipo Tierra también parecía confundido, pero se puso a la defensiva en el momento en el que vio al oponente caminar hacia él. Bola sombra, pensaron Acerola y Palossand. Bola sombra, volvieron a pensar.
Pero por algún motivo ni ella podía ordenarlo, ni él podía ejecutarlo. Ambos se habían quedado absortos en el andar de Golisopod, despreocupado e increíblemente amenazante. Al verlo frente a él, Palossand se dio cuenta de una cosa muy obvia: su enemigo no era la presa; él mismo lo era.
El tiempo se volvió lento solo para Acerola y Palossand, quien retrocedía un metro cuando Golisopod avanzaba medio. Veían la forma en la que se llevaba la mano a la cintura, lentamente, como un vaquero de película western a punto de desenfundar el arma.
—¡Cuidado, Ace! —El grito nervioso de Hau se escuchó por sobre los sonidos de advertencia.
Malíe se sintió como un Deerling al que se le cegaba con los faros de un automóvil por la noche. Era una presión colosal. Lo dijiste, pensó ella, intentando reírse en ese momento de tensión. No lo logró.
Aquella tensión se mantuvo hasta que Palossand llegó al borde del campo de batalla y Golisopod se encontraba a diez metros de él. Aquella presión en el pecho era como una olla a vapor, acumulándose rápidamente. Y si una olla a vapor se abría antes de tiempo las consecuencias eran terribles.
Golisopod hizo ademán de sacar su katana de agua, por lo que Palossand se lanzó hacia el frente, arrastrándose por la tierra, directamente hacia una posición contraria a la de Golisopod. Volvió a armarse, disparó una Bola sombra y entonces la katana salió.
El samurái había corrido en dirección hacia donde iba Palossand, había esperado a que volviera a tomar forma y había atacado con una colosal espada. El filo de la hoja hídrica partió por la mitad el cuerpo del castillo de arena. La mitad superior quedó suspendida en el aire por menos de un segundo, cayendo entonces sobre la mitad inferior. Un aura rojiza rodeó a Palossand, indicando la activación de Hidrorrefuerzo, y luego el tipo Tierra se deshizo.
Se deshizo no a conciencia, como siempre lo había hecho. No se desparramó por el suelo como lo harían millones de organismos independientes que luchan por reorganizarse. Se desplomó simple y llanamente. Cayó al suelo presa del cansancio, del shock y, principalmente, del dolor.
Aquella finta, aquel pequeño paso en falso y aquel Hidroariete, habían sido los que destruyeron el plan de meses de preparación de Acerola. Y fue Red Ketchum quien lo confirmó.
—¡Palossand no puede continuar! —anunció, señalando al tipo Fantasma—. ¡La participante Acerola debe mandar a combatir a su último Pokémon!
El estadio estaba en un silencio sepulcral. Los murmullos comenzaron a hacer agujeros en él como las termitas en la madera.
—De un solo golpe… —Asahi tembló de pies a cabeza. El escalofrío que había recorrido su columna vertebral no pasó rápidamente.
—Imposible —Lillie sintió la boca seca—. Eso debió de ser…
—Pero si Palossand apenas y pudo pelear. A comparación de Banette y Gengar…
—A comparación de Banette y Gengar —Gladio interrumpió a Lana—, Palossand se enfrentó a los dos Pokémon más fuertes de Guzma. Todo el tiempo. —El rubio se llevó las manos frente a la boca, frunciendo el ceño—. Esos dos siempre fueron sus Pokémon más fuertes, pero esto…
—Gladio, ¿tienes información que nos quieras compartir? —preguntó Rotom, aparentemente molesto.
Aether vio de reojo a la Pokédex, luciendo ofendido.
—No creas que es lo mismo que con Francine. Todos sabemos que Golisopod y Scizor son los Pokémon más poderosos de Guzma —Su boca se torció en un extraño gesto—, pero no esperaba que la diferencia de poder entre esos dos y el resto del equipo de Guzma fuera tan dispar.
—¿Lo que significa que…? —Volvió a preguntar Rotom, inquisitivo.
—Significa que están muy por delante del nivel de los Pokémon de Acerola —respondió, dejando en shock a quienes no eran miembros del equipo S&M. Liam fue una clara excepción—. Eso no quiere decir que Acerola sea débil ni mucho menos. Su equipo, en general, tiene el mismo nivel de fuerza que el Ariados de Guzma, incluso diría que lo supera. Si tuviera que comparar al Gengar de Acerola, su as, pienso que sería capaz de rivalizar con Pinsir, el tercer Pokémon más fuerte de Guzma. Pero…
—Hermano —interrumpió Lillie. Sus ojos esmeralda se encontraron con los de Gladio—. Si tuvieras que comparar el poder de Golisopod con un Pokémon que conozcas, ¿con cuál sería?
Gladio se recargó en su asiento, miró al techo, se pasó una mano por el rostro y reflexionó muy bien lo que iba a decir. Pensó largo y tendido hasta que finalmente estuvo de acuerdo con su propia respuesta.
—Me estoy refiriendo solo a la fuerza bruta. No a su velocidad, no a su técnica. Solo su fuerza bruta —aclaró, generando tensión en el ambiente—. Y su fuerza bruta, al momento actual, creo yo, supera a la del Charizard de Ash.
Gladio vio como caían las mandíbulas de aquellos que sabían cuán fuerte era eso. Vio de reojo a Ketchum, quien asintió. Se sintió ligeramente aliviado al saber que el propio azabache estaba de acuerdo con su valoración.
Estaban ni más ni menos que ante un monstruo.
Malvácea vio el campo de batalla y recordó a aquel chico. No encontraba ni rastro del niño que la había visitado en su cuarto de hospital el día que había dado a luz. Unos ojos brillantes emponzoñados por el rencor y el desdén.
«¿Qué? Simplemente ¿qué?».
«Palossand estaba lastimado, sí… pero a ese nivel? Fue un oneshot».
«CARAJO. ¿El Golisopod de Guzma era tan fuerte? Viéndolo en retrospectiva, tampoco parecía estar esforzándose mucho cuando peleó contra el Dragonite de Ryuki…».
«El Dragón de Carmín solo estaba jugando con ese pandillero de poca monta. El Dragón lo vencería cualquier día de la semana. De hecho, fuentes internas revelaron que el siguiente rival del Dragón es Guzma».
»Fuentes: Un Chatot me lo dijo. En serio, los Ryukibots cada vez dan más cringe».
«Tf? Guzma ni siquiera ha ganado el combate todavía, Ryukibot».
«Es cierto que todavía no lo gana. Todavía…»
«Carajo… Que bajón, amigo. Palossand se estaba luciendo y así como así se fue…».
«Es frustrante, amigo… Nuestra futura reina está perdiendo contra el matón más grande de la región. Me rompe el corazón».
«Ojalá el señor Nanu siguiera siendo Kahuna. Era fuerte, diligente, justo e implacable. No puedo evitar derramar una lágrima cada vez que veo a nuestro rey en su estado actual»
«Vamos, gente, no sean así… Acerola es una reina en ciernes y solo tiene 18 años. Su oponente es un adulto de unos 30. 12 años es mucho tiempo».
«Pero no es normal la diferencia de fuerza. Golisopod derrotó de un golpe a Palossand ya cansado, sí, pero Ariados no habría podido hacer eso».
«Porque Ariados también estaba súper cansado».
«No me cuadra. Siento que hay algo mal con todo esto».
«Golisopod es el as de Guzma, se re nota. No es difícil suponer que se esmeró un poco más con su entrenamiento».
«No todo está perdido. ¡Acerola todavía tiene su Movimiento Z!».
Acerola estaba inmóvil. Pensaba, pero parecía no ser consciente de ello. Sudaba, más de lo que nunca había sudado en toda su vida. Adentro la calefacción calentaba como lo suficiente para que solo fuera necesario usar un suéter ligero aunque afuera hacía un frío de mil demonios. Pero en su piel el calor era insoportable. El sudor hacía que la ropa se le pegara al cuerpo y que el cabello se le adhiriera a la frente y a las mejillas. Y por dentro Acerola sentía como si un bloque de hielo enorme se le deslizara por el esófago; como si un carámbano la perforara de vientre a espalda. Aún con todo el calor, cuando exhaló sintió lo mismo que se sentía al abrir un congelador. Quemaba. Los nervios quemaban tanto que le dieron ganas de vomitar. Pero no lo hizo porque, pese a todo, quería seguir peleando. Quería ganar, y ese deseo de ganar la hizo recomponerse. Aunque fuese ese mismo deseo el que la tenía en ese estado en primer lugar.
Solo quedan Scizor y Golisopod, pensó Acerola. Solo quedaban ellos dos. Y aunque «solo» se utilizaba como una forma de indicar que las cosas estaban por terminar, eso estaba demasiado lejos de la realidad. Scizor y Golisopod. Contra uno solo podía utilizar dos de sus movimientos y el otro estaba como nuevo.
Malíe sacó una mano de su bolsillo y mostró su última Poké Ball. Una última esfera en la que estaba depositada toda su esperanza. La lanzó al cielo con la dedicación y el esfuerzo que su cuerpo rápidamente parecía estar perdiendo. Gengar apareció, vio a su oponente y luego al gran tablero. Su gesto sonriente se volvió sombrío solo por un segundo. Se giró hacia su entrenadora, le dio una gran sonrisa, le guiñó un ojo y le dijo algo. Acerola, sorprendentemente, se rio.
—Sí. Estamos de vuelta aquí, Gengar —asintió, frotándose la muñeca derecha—. Vamos a darlo todo.
Guzma no esperó a que empezaran a hacer eso. Él se apresuró a sacar una Poké Ball, hacer regresar a Golisopod, sacar otra y mandar a Scizor a combatir. La mantis aterrizó y, al ver a su oponente, supo lo que tenía que hacer: Puño bala.
El tipo Acero se movió a toda velocidad. Gengar lo vio llegar y, para recibirlo, preparó una Bola sombra que utilizó como escudo. La esfera estalló, creó una humareda y de ella salió una de las tenazas de Scizor, la cual no conectó con otra cosa más que con el humo y el aire. Gengar estaba debajo de él, preparando un Rayo que fue interrumpido por una poderosa patada en el rostro.
Gengar rebotó como un guijarro en un juego de cabrillas. Dio dos botes y luego su espalda se arrastró por el suelo. Cuando por fin se quedó quieto, su cuerpo se volvió intangible y fue bajo tierra. La pinza de Scizor llegó poco después. Muy poco después.
Gengar reapareció. Su Rayo fue bloqueado por el Tajo umbrío de Scizor, quien cargó contra él tan rápido como pudo, lo cual no fue suficiente. Palossand había hecho un trabajo excelente. Una de las rodillas de Scizor cedió, uno de sus codos se entumeció y sus tenazas se vieron obligadas a retroceder por el choque. Rayo, por primera vez, dio de lleno contra Scizor. La mantis agitó la cabeza, se puso de pie y una Bola sombra le dio en el rostro, aturdiéndolo por un momento. Sintió y escuchó aquella aura azulada que debió haberlo rodeado.
Scizor sabía que su condición era peor que la de Gengar. La ofensiva de Palossand había sido demoledora y los efectos de ella hacían mella en su cuerpo segundo a segundo. Se sentía pesado. Mucho más pesado que de costumbre. No podía permitirse seguir bloqueando los ataques, pues no tenía el aguante para ello, y esquivar era algo que también parecía difícil, pues moverse no le era precisamente fácil. Tuvo que optar por un enfoque híbrido.
Una de sus tenazas brilló como la plata y comenzó a caminar en medio círculo alrededor de su oponente. Gengar no se precipitaba, pues sabía lo que le costaría el atacar por impulso. En su lugar esperó, ambos lo hicieron. Esperaron hasta que los ojos del enemigo brillaron con clara intención, atacándose con todo.
La descarga eléctrica golpeó la tenaza plateada de Scizor, pero no hubo una descarga. La mantis se libró de ella al hundir la otra tenaza en el suelo mientras seguía corriendo. Su postura era graciosa, como la de un niño jugando al avioncito, pero el valor de la estrategia era superior a cualquier posible vergüenza, y vaya que la estrategia había sido útil.
Scizor llegó donde Gengar, lanzando un uppercut con la tenaza plateada que el tipo Fantasma esquivó por demasiado poco. Gengar se elevó en el cielo y Scizor no lo siguió. Los ojos de la mantis se afilaron como cuchillas y sus tenazas se envolvieron en un aura oscura, como un cielo sin estrellas. Dos pesados cortes de Tajo umbrío salieron disparados de sus brazos, elevándose hasta alcanzar a Gengar. El fantasma logró destruir uno con Rayo, pero la sorpresa inicial le había impedido defenderse del segundo.
Gengar cayó y Scizor lo persiguió. Quería atacarlo con Tajo umbrío, uno que fuera directo, que no sacrificara potencia por alcance, pero los brazos no le respondieron. Demasiadas descargas le habían tensado las articulaciones de los brazos. No pudo atacar con sus tenazas, pero sí con sus piernas. Antes de que Gengar pudiera tocar el suelo, Scizor le dio una patada en el aire. El tipo Veneno volvió a rebotar cual guijarro, mientras que la mantis aterrizó torpemente.
—¡El Scizor del participante Guzma efectúa un combo impresionante! ¡Valiéndose de técnicas que ya se habían visto anteriormente, el tipo Acero logra un devastador movimiento!
—La técnica de Ash. —Misty la reconoció al instante.
—No —dijo Ketchum, viendo a cierta persona—. Si usó ese movimiento, no fue inspirado en mí.
—Ese mamón… —farfulló Gladio en voz lo suficientemente baja como para que los niños no lo oyeran.
—¿De Gla…? —Selene se interrumpió—. Cierto. Esos dos movimientos los usó Gladio en nuestro combate.
—¿Estaba viéndolo? —se sorprendió Elio—. ¿Ese sujeto? ¿Por qué?
—Tal vez está analizando a la competencia —supuso Rotom—. Observando a los enemigos más fuertes. Aquellos que más problemas podrían darle.
Gladio no se sintió halagado ni mucho menos. Lo irritaba figurar como modelo para las estrategias de Guzma. Lo irritaba a niveles que no podía expresar.
—Al menos sé que sabe cómo pelea Zoroark. Una cosa a tener en cuenta.
Acerola, por supuesto, también había notado todo eso. Guzma había observado a Gladio. Lo había observado al menos con la atención suficiente para aprender y comprender sus técnicas, ya fueran aprendidas o inventadas. Lo había reconocido como una persona digna de su estudio y atención. Mientras que a ella ¿qué? Todo el tiempo con ese rostro indiferente, incluso cuando por momentos parecía ser ella quien tuviera la ventaja. Siempre viéndola hacia abajo, como si fuera una piedra en el zapato, una mera molestia. Acerola nunca se dejaba molestar por esas cosas, porque tampoco le interesaba mucho el resultado con tal de que se divirtiera en el proceso, pero esta vez no era así. El orgullo, para un entrenador Pokémon, lo es todo. Precisamente porque lo es todo, también podía ser su perdición, y un entrenador Pokémon con el orgullo dañado podría hacer muchas cosas que normalmente no haría.
Gengar se levantó levitando. Vio a Scizor con la tranquilidad de un francotirador y se abalanzó contra él. El tipo Fantasma no cargó de frente, sino que se perdió bajo tierra, reapareció unos metros a la izquierda, volvió a zambullirse, emergió de nuevo y repitió el proceso. La mantis, como su oponente, se mantenía imperturbable. Su entorno era una tormenta, pero él era una cascada. La lluvia no podía compararse al peso de un río.
El tipo Fantasma apareció detrás de Scizor, quien lanzó un rápido golpe gracias a una torsión del torso. Gengar no se dejó golpear, sino que se sujetó con fuerza a la tenaza del enemigo, por el dorso de la misma, y se dejó arrastrar con ella. Una vez sujeto a la pinza, atacó. Una descarga poderosa que hizo temblar el cuerpo de Scizor, debilitándole las rodillas y agarrotándole los músculos ocultos bajo capas de acero inoxidable. El primer reflejo de Scizor fue arrastrar la tenaza de la que se sostenía Gengar por el suelo, tratando de obligarlo a desprenderse, pero no funcionó. Su segundo intento incluía el uso de un débil Tajo umbrío que detuvo la descarga por tolo un momento, lo que fue suficiente para permitirle pensar con claridad. Cuando Gengar volvió a usar Rayo, Scizor ya tenía una pinza enterrada. Aunque gran parte del daño era desviado, la mantis no podía permitir que la situación continuara. Levantó su pinza secuestrada y golpeó fuertemente el suelo con ella. Una vez, luego otra y finalmente una tercera vez. El tipo Fantasma arqueó la espalda, Scizor desenterró su garra y lanzó un débil puñetazo contra su costado. Gengar rodó, Scizor intentó perseguirlo, pero se detuvo abruptamente, cayendo sobre sus rodillas. Pequeños jirones de luz amarilla salían de sus articulaciones, señal de la evidente parálisis a la que ahora era sometido.
Gengar suspiraba, luchando por recobrar el aliento. Uno de sus párpados temblaba y se sujetaba el costado golpeado. La rodilla derecha se le vencía por momentos y la cabeza le daba vueltas. Se había forzado al límite de dos maneras: prolongando su Rayo y recibiendo los golpes de Scizor por tanto tiempo. Pero había valido la pena porque por fin veía un camino a la victoria. Si él se sentía cansado, su oponente parecía peor. Scizor apenas logró levantarse tras un esfuerzo que involucraba a sus dos fuertes tenazas como punto de apoyo. El fantasma sonrió hasta que escuchó el sonido de una Poké Ball.
El tipo Acero desapareció y Golisopod regresó. El pesado tipo Agua, parecido a un tanque en movimiento, caminó con lentitud hacia Gengar. Acerola vio al enemigo boquiabierta. Estaba repitiendo lo de antes. Quería hacerle lo mismo a Gengar. Pensaba que volvería a ser tan fácil. Malíe se indignó por la osadía de Guzma, Gengar porque le habían quitado su victoria. Con el orgullo herido, ambos llegaron a una conclusión idéntica.
—¡Rayo!
El tipo Fantasma disparó la descarga. La electricidad se movió emitiendo chasquidos y zumbidos, deteniéndose solo cuando Golisopod lo bloqueó con uno de sus gigantescos escudos. Todo su brazo izquierdo centelleaba y chisporroteaba, pero Golisopod no parecía molesto por ello. Siguió caminando, imperturbable, hacia Gengar, quien aumentó la potencia de su movimiento. Era inútil, la descarga simplemente no avanzaba. Intentó redirigirla hacia una abertura en la armadura de Golisopod, pero allá donde movía el rayo, se movía el escudo.
—¡Desaparece y rodéalo! —ordenó Acerola, viendo que no estaba logrando nada de esa forma.
Gengar detuvo su ataque y se zambulló en la tierra. Comenzó a emerger en diferentes puntos alrededor de Golisopod, asegurándose de llamar su atención con una ocasional Bola sombra, logrando bajar en un nivel su defensa especial. Se lanzó nuevamente bajo tierra y entonces se preparó. Golisopod veía en una dirección específica, cerca de donde estaban los jueces, y su estómago estaba desprotegido. Gengar apareció por debajo de él, preparó una descarga y no logró lanzarla.
Golisopod había parpadeado. No de la forma que uno esperaría, pues no había abierto y cerrado los ojos —o tal vez sí, pero nadie lo vio—, sino que había parpadeado como una luz. Un momento estaba ahí, al siguiente no y luego sí. La posición del samurái había cambiado con respecto a antes del parpadeo, teniendo las garras del brazo derecho pegadas a la tierra, aprisionando a Gengar en el espacio entre ellas.
El tipo Fantasma parpadeó, esta vez, en la forma tradicional en la que lo haría un ser vivo. La confusión llenó su mente, confusión que luego se convirtió en miedo. Estaba ahí, indefenso, ante las garras del enemigo. Se preparó para usar una descarga, pero la presión de Golisopod contra su cuerpo se intensificó. Estaba aplastándolo, viéndolo con la indiferencia de un león al mirar a un ratón. Lo estaba aplastando y sus ojos mecánicos indicaban que lo hacía automáticamente, sin poner esmero en ello. La presión aumentó, no solo para su cuerpo, también para su espíritu. Escuchaba los gritos de su entrenadora e intentaba usar Rayo. Sentía como si un buldócer le estuviera pasando por encima y por un momento creyó que se le saldrían los ojos. La presión entonces se detuvo. La garra de Golisopod lo había liberado y el tipo Agua había retrocedido un paso.
Gengar se quedó tumbado en el piso, incrédulo y aterrado. La gente solía tener la idea equivocada de que los tipo Fantasma no podían morir; que ya eran de por sí espíritus, pero eso no era cierto. Necesitaban alimentarse, necesitaban respirar en cierta medida, sentían dolor y podían morir tal como Mimikins lo había hecho. Eso fue exactamente lo que Gengar sintió. Por un momento olvidó que era un combate monitoreado, que no podía pasarle nada realmente serio. Por eso, porque lo olvidó, creyó genuinamente que iba a morir. Su estado de shock era tal que no respondía a las palabras de su entrenadora, pero sí reaccionó a la voz de él. Una voz gruesa y autoritaria.
—Usa tu Movimiento Z —ordenó Guzma con las manos en los bolsillos—. Intenta ganar con él. Úsalo, Tapu.
Acerola se calló de golpe. Su mirada pasó lentamente de Gengar a Guzma. Era una mirada que no dejaba lugar a duda de las emociones de Acerola.
—Malíe —dijo con voz ronca—. Acerola Malíe. No Tapu.
Guzma se encorvó, se sonrió y gesticuló. No había hablado, pero Acerola había leído el mensaje en sus labios. Ese «Tapu», dicho con tanto énfasis y saña, dolió más que cualquier cosa que le hubieran dicho nunca. Porque Acerola, más que de cualquier otra cosa en el mundo, estaba orgullosa del apellido que compartía con su padre. Fue incapaz de contener el temblor de su labio inferior.
—¡RA…!
—¡Usa tu Movimiento Z! —gritó Guzma, sonriendo como un maniaco.
Golisopod sujetó a Gengar por una pierna antes de que pudiera hacer algo. Con un violento movimiento lo azotó contra el suelo una y luego otra vez. Lo hizo girar a una velocidad de vértigo por encima de su cabeza, interrumpiendo el movimiento con otro azote. El tipo Bicho levantó el brazo con fuerza y soltó al tipo Fantasma, permitiendo que volara libre en el aire, y lanzándose tras de él con Acua jet. La cascada en movimiento que era Golisopod chocó contra Gengar, quien se agitaba bajo el peso del enemigo y la presión del agua que emergía de él. El samurái apuntó hacia tierra firme, se movió un poco y luego frenó de manera que el impulso arrojara a Gengar contra el suelo. El tipo Fantasma, como un guijarro, volvió a rebotar.
Golisopod aterrizó frente a Gengar, viéndolo fijamente. El tipo Fantasma respiraba con dificultad, tendido en la tierra sin moverse. Como pudo intentó sostenerle la mirada a su enemigo.
—Usa tu Movimiento Z —repitió Guzma.
Acerola tembló por un momento y luego señaló a Golisopod.
—¡Bomba lodo!
Golisopod intentó volver a sujetar a Gengar, pero éste desapareció antes. Golisopod, con la garra todavía en el suelo, se dio un rápido giro y lanzó arena a los ojos de Gengar, quien había aparecido detrás de él. El tipo Fantasma se llevó las manos a la cara, aturdido y adolorido. El samurái se lanzó en su contra con un corto Acua jet que solo empujó a Gengar, haciéndolo rodar por el suelo. Gengar desapareció y reapareció solo para ser capturado entre las garras del brazo izquierdo de Golisopod, quien barrió el campo de batalla con su cuerpo para luego arrojarlo hacia el aire. Golisopod no lo persiguió, solo lo dejó caer.
La velocidad de Gengar no era ya rival para Golisopod. No era que el tipo Agua fuera rápido, sino que el fantasma se había vuelto lento y torpe al moverse. Eso se notaba en la forma en la que Gengar trastabillaba al ponerse de pie.
—Usa tu Movimiento Z. Intenta ganar —dijo Guzma, sacándose las manos de los bolsillos y crujiéndose los nudillos—. Es tu única oportunidad.
Los hombros de Acerola temblaron y sus ojos se encontraron con las gigantescas esferas carmesí de Gengar. Ambos sabían bien qué querían y qué no querían. Y lo que no querían era precisamente escucharlo. El orgullo, para un entrenador Pokémon, lo es todo. Precisamente porque lo es todo, también podía ser su motivación, y un entrenador Pokémon motivado por su orgullo era más terco e insistente que ninguna otra criatura viva.
—No —respondió Malíe.
Gengar se lanzó directamente contra Golisopod, quien creó una corta katana con la que lo golpeó en el costado. El daño no había sido, ni de cerca, el mismo que el infringido contra Palossand; la hoja era corta y además se había golpeado con el reverso del arma, pero incluso ese golpe tan débil mandó a volar a Gengar. El fantasma no se resignó. En mitad de su vuelo lanzó una descarga que golpeó la katana de agua, expandiéndose por la misma hasta llegar a la "mano" de Golisopod. El isópodo agitó su garra, deshaciéndose su espada y luego lanzándose en contra de Gengar.
El fantasma se puso de pie y luego un Acua jet lo hizo caer de sentón al suelo. Golisopod comenzó a caer desde el cielo sin utilizar ningún ataque, solo con su peso bruto. Gengar rápidamente se sumergió en la tierra, reapareciendo solo cuando Golisopod ya había caído. A su regreso le esperaba un golpe dado con el dorso de la garra cortesía del samurái. Gengar cayó nuevamente y, mientras se arrastraba por el suelo, disparó una Bomba lodo que dio de lleno contra el rostro de Golisopod. El isópodo se retiró toda la ponzoña del rostro con su Acua jet, el cual luego usó para cargar contra Gengar.
El fantasma lo esperó en su lugar, preparando una poderosa descarga eléctrica que disparó. La electricidad salió al encuentro del misil acuático, logrando golpearlo. Golisopod avanzó sin mucho esfuerzo, pareciendo que estaba por golpear a Gengar con su ataque. Al ver la inminente colisión, el tipo Veneno se echó hacia atrás. No hubo ningún choque. Golisopod se había detenido a dos pasos de Gengar y, aprovechando su desconcierto, lanzó un golpe con las garras. Todos los que vieron la trayectoria del ataque sabían a dónde se dirigía, entre ellos Gengar y los jueces. Red estuvo a punto de hacer sonar el silbato cuando la garra de Golisopod se detuvo, justo ante los protegidos y fuertemente cerrados ojos de Gengar, y la otra garra dio un golpe bajo que le sacó el aire al tipo Fantasma.
Todos lo habían visto y estaban seguros. Ese ataque iba a golpear a Gengar directamente en los ojos, pero aquella parada había sido perfecta y casi imposible de realizar. Un movimiento lleno de autocontrol impensable de ver en el autoproclamado Amo del Caos.
Gengar estaba de rodillas, sujetándose el estómago, cuando Golisopod lo tomó entre sus dos extremidades principales, elevándolo hasta que sus ojos quedaron a la misma altura. Golisopod le dijo algo a Gengar, seguramente lo mismo que Guzma a Acerola, pues el tipo Fantasma pareció darle la misma respuesta que su entrenadora había dado.
—¡Usa tu Movimiento Z!
—¡NO!
Golisopod lanzó a Gengar hacia arriba y se lanzó en su contra con un Acua jet que solo duró un segundo. Un escalofrío recorrió el cuerpo del samurái, haciéndolo estremecerse y caer al suelo. Gengar cayó, nuevamente, rebotando, mientras que Golisopod tuvo un aterrizaje torpe que lo hizo caer bocabajo. El Pokémon Blindaje se levantó, agitando la cabeza y luego recibiendo un Bomba lodo en el rostro. El samurái trató de rodearse de agua, pero nada salió. Incapaz de librarse del veneno de la forma en la que lo hacía usualmente, trató de llevarse su katana de agua a la cara. Se detuvo a causa de unas burbujas moradas que salieron de su cuerpo. Cuando recuperó la movilidad y se acercó la katana a la cara, una descarga alcanzó el arma, el veneno y el rostro de Golisopod, creando una reacción poco agradable. La explosión resultante hizo que Golisopod se levantara a toda prisa, con las garras sobre el rostro y retrocediendo a tropezones.
Gengar no esperó a que la oportunidad presentada se fuera. Se sumergió bajo tierra, apareció ante el vulnerable Golisopod, y lo llenó de Bola sombra. El tipo Agua lanzó zarpazos hacia donde creía que estaba el enemigo, dejando flancos abiertos que Gengar se encargaba de aprovechar. Al final de su ráfaga, Gengar había logrado reducir la defensa especial de Golisopod en dos niveles. Terminó todo con un poderoso Rayo que iluminó más que cualquier otro. Golisopod se retorció, rugió y luego se rodeó de agua. Cargó hacia Gengar, quien logró esquivarlo al esconderse bajo tierra. Golisopod se detuvo y estudió bien el entorno, fijándose en que Gengar había reaparecido a más de treinta pasos de él.
Una risita se escuchó en el campo de batalla, llamando la atención de Golisopod y Guzma, quienes miraron rápidamente a Acerola, quien tenía las manos frente a la boca.
—Supongo que tu máscara se cayó —rio Malíe.
—Gengar gen —se carcajeó el fantasma, señalando los rostros de sus oponentes.
Tanto Golisopod como Guzma guardaban un silencio sepulcral. El isópodo ni siquiera emitió sonido cuando el veneno corroyó su organismo. Sus miradas eran sombrías, producto de una rabia fría.
—Última oportunidad. Usa tu Movimiento Z.
Acerola se asentó firmemente en su lugar y luego se encargó de gesticular muy bien. Aquel «No» había sido uno de los más satisfactorios de su vida entera.
—Entonces no me sirves. Golisopod, acaba con esto. Hazlo como quieras.
El samurái se llevó una garra a la cintura y en ella se creó una masa copiosa y ondulante de agua. Eran unas aguas bravas, como las del mar ante la tormenta. Gengar, al verlas, desapareció bajo tierra y reapareció a sus espaldas. Preparó una descarga que no llegó a liberar. Golisopod giró como una peonza, utilizando su pierna izquierda como eje de rotación, y liberó la katana de su inexistente vaina.
Las personas que estaban en los lugares más altos de las gradas, así como los drones Rotom, vieron claramente la luna acuática que Golisopod había creado con su movimiento. Un perfecto aro líquido que centelleaba bellamente, reflejando la poca luz de la tarde y la de los reflectores. Gengar, sin embargo, solo fue capaz de ver un maremoto en miniatura que se dirigía hacia su cuerpo. Alcanzó a crear una pequeña Bola sombra, que hizo lo mismo que haría un fuerte de cartón contra una avalancha, y luego salió despedido hacia sus espaldas.
En un estadio silencioso, el único sonido era el ligero zumbido de la maquinaria y los pesados pasos de Golisopod. El isópodo se acercó a Gengar, quien estaba tumbado bocabajo en el suelo. Lo observó por unos largos segundos, se dio media vuelta y una descarga lo atravesó por el costado. Se retorció, escuchó una carcajada, vio de reojo la sonrisa de Gengar y cuando estuvo por abalanzarse contra él con su Hidroariete, un silbato se escuchó.
—¡Gengar no puede continuar! —anunció Red, señalando al debilitado tipo Fantasma y luego a Guzma—. ¡La participante Acerola no cuenta con más Pokémon para combatir, por lo tanto el participante Guzma es el ganador!
Detonaciones, pirotecnia en la gran pantalla y la imagen de Guzma agrandándose sobre el título de «VENCEDOR», desplazando por completo las fotografías de Acerola y su debilitado equipo. No hubo ningún sonido. Nada, solo silencio.
—¡Y SE ACABÓ! —gritó Jeekyo. Sus palabras hicieron eco en el estadio y en el interior de todos los espectadores— ¡Tras un impresionante combate, el participante Guzma se alza vencedor! ¡Un aplauso para nuestros dos combatientes, damas y caballeros!
Empezó con un pequeño aplauso, luego con otro y fueron sumándose rápidamente más y más hasta crear un alboroto. Acerola se quitó el sudor del rostro y caminó hacia Gengar. Buscó a varias personas en su camino. Encontró a su padre, quien tenía una mirada extrañamente amable y orgullosa en el rostro. Encontró a sus amigos en las gradas, quienes parecían frustrados, nerviosos y sorprendentemente contentos. El único par de ojos que no encontró fueron los de él. Encontró su espalda, saliendo a toda velocidad de las gradas. Suspiró y se sonrió.
Se arrodilló ante Gengar, ayudándolo a darse la vuelta. El tipo Fantasma sonreía pacíficamente, metido en un sueño del que no despertaría pronto. ¿Guzma? Guzma se había ido desde hacía muchísimo tiempo. Había hecho regresar a Golisopod cuando Red lo proclamó vencedor y se había retirado del campo de batalla incluso antes de que Jeekyo empezara a hablar.
—Esta vez, Gengar, hicimos lo que quisimos. No lo que se nos obligó. —Lo abrazó, lo hizo regresar a su Poké Ball y se levantó.
—¡SIEMPRE HABRÁ UNA PRÓXIMA VEZ, ACEROLA!
—¡LO HICISTE INCREÍBLE! ¡SOLO NECESITABAS UN EMPUJONCITO!
—¡LA PRÓXIMA VEZ! ¡LA PRÓXIMA VEZ SIN DUDA GANARÁS!
—¡ÁNIMO, REINA MALÍE! ¡LA VIDA ES LARGA!
—¡ESTO ES SOLO EL INICIO DE TU LEYENDA!
—¡SARGENTA MALÍE, YO LA RE BANCO!
—¡MUY POCOS PODRÍAN DERROTARLA, KAHUNA!
Vio al público que la ovacionaba y coreaba su nombre, haciendo una reverencia ante ellos. Así terminaba su primera y última Liga Pokémon.
«No, amigo… Sabía que iba a pasar, pero duele mucho, loco…».
«Acerola logró darle un último regalo de despedida a Golisopod. Eso es algo».
«Fue increíblemente satisfactorio ver cómo se le caía la máscara de soberbia a ese Guzma».
«Chiquita pero extremadamente poderosa».
«Cualquier día de la semana esa mujer podría ver mi trasero y darle una patada que me cree una segunda raya de trasero».
«Podrías tirarte dos pedos al mismo tiempo».
«Qué?».
«¿Acabas de hacer un chiste de pedos? ¿En serio?».
«Créditos a quien créditos merece. Acerola peleó excelente, pero Guzma fue sencillamente superior en cuanto a poder. Ese Scizor y ese Golisopod estaban en ligas distintas».
«Y aun así mira cómo los dejó mi kahuna».
«Cierto. Acerola pateó traseros, aunque no lo suficientemente fuerte».
«Ay, Ariados… Una especie tan incomprendida aun cuando estamos en presencia de, posiblemente, uno de los Ariados más fuertes del mundo…».
«Ariados fue como ver a Spider-Man en acción jejeje».
«Ese Gengar fue bestial. Mira que aguantar todo lo que aguantó…».
«Fui de los pocos que hizo la Prueba de Acerola en el tiempo que fue Capitana. Su Prueba era complicada, pero fue más complicado hacer la Prueba de Liam. Los que la hicieron lo comprenderán».
«Una vez la desafié, pero fue hace años, cuando ni siquiera se sabía de su existencia. Estuvimos más o menos igualados, pero ahora la veo y pienso "Chico, en mi vida le ganaría a esa persona"».
—Aunque perdió, las redes sociales solo están hablando de ella —Rotom dijo eso con satisfacción, aunque no con demasiada.
—Acerola… —murmuró Ash. La veía sonreír, pero él sabía bien lo que debía de estar sintiendo.
—De nuevo… Posiblemente era su última oportunidad, pero de nuevo… —Lillie parecía estar a punto de llorar.
—Carajo —dijo Elio entre dientes, golpeándose repetidamente las rodillas—. Le dio una buena tunda al final, pero… Carajo.
—Peleó bien —reconoció Gladio, poniéndose de pie—. Peleó excepcionalmente bien. Es la segunda persona que veo derrotar a un Pokémon de Guzma, y estuvo a muy poco de derrotar a dos.
—¿Gladio? —Selene vio como empezaba a alejarse—. ¿Adónde vas?
—A entrenar.
—Acerola Malíe —Iris se sonrió—. No voy a olvidar ese nombre.
Malvácea, en silencio, buscaba por todo el estadio. Buscaba a una persona en específico. Una persona que ya tenía mucho tiempo de haberse ido.
—¡Sableye! —llamó Acerola, muerta de preocupación.
Su Pokémon había chocado contra una pared, resbalándose por ella hasta tocar el suelo. Estaba inmóvil, fuera de combate. Acerola rápidamente lo hizo volver a su Poké Ball, viendo lo poco que quedaba de sus fuerzas. Froslass había sido la primera en caer, luego Dhelmise y ahora Sableye. Le quedaban solo tres. Tres Pokémon que se movían lentamente, suplicaban por tomar aliento y eran incapaces de esquivar sin casi colapsar.
La lluvia golpeaba las ventanas y las tejas del tejado. El sonido del agua corriendo y cayendo por las canaletas era casi tan notorio como el de los rayos que estallaban en el cielo. Ninguno de esos sonidos, sin embargo, se equiparaban al estruendo del corazón en el pecho de Acerola. Cada latido lastimaba sus oídos, secaba su boca y le hacía ver borroso.
Estaba aterrada. Estaba más aterrada de lo que nunca había estado antes. Se encontraba en el territorio del enemigo, rodeada de personas que querían hacerle daño. Había escuchado historias del Team Skull y de los delitos de algunos de sus miembros, y ahora ella estaba ahí. Los había hecho enfadar, les había dado un motivo para odiarla y ahora estaba luchando contra el líder del grupo, perdiendo poco a poco las fuerzas; quedándose rápidamente indefensa. ¿Qué le harían cuando ya no hubiera nada que la defendiera? ¿Qué haría con ella el Team Skull? ¿Golpearla, torturarla, matarla… o algo peor?
Y todo era por ese hombre. Aquel hombre le había borrado la sonrisa que siempre llevaba consigo, la sonrisa que usaba para defenderse de lo que no le gustaba y para no preocupar innecesariamente a quienes amaba. Aquel hombre la había hecho aceptar y abrazar el origen de todos sus problemas; la había hecho sentir y darse cuenta de que no era suficiente. Quería gritar, ponerse a llorar, llamar a su tío Nanu.
Su desesperación llegó a su máximo nivel cuando se apresuró a echarle la mano a su Pulsera Z. No pensó en nada más que en usar aquel gran ataque. Para ella, el Movimiento Z era una garantía de victoria, y esa garantía la sacaría de su apuro. La salvaría. Intentó utilizarlo pero, por primera vez en toda su vida, no le había salido. Se había equivocado en algún lugar, pero no sabía en cual y seguramente nunca lo sabría.
Intentó utilizarlo una vez más, pero su intento anterior la había hecho descuidar a sus Pokémon. Para cuando se dio cuenta, ya solo Gengar estaba de pie. Y después de un corto parpadeo, ni siquiera él seguía consciente.
Lo vio acercarse a ella, lo sintió sujetarla con fuerza del vestido y entonces todo se volvió negro. Lo último que vio fue aquella sonrisa enorme y desquiciada.
«Esta vez no hubo sonrisa», pensó ella misma con una sonrisa en la cara mientras mecía los pies en el banco del vestuario.
Su cabeza se movía como un péndulo, esperando escuchar los pasos que sabía que terminaría escuchando. Escuchó unos pequeños jadeos y la sonrisa se le fue por completo de la cara. Levantó la mirada, pero ni siquiera pudo verlo bien. Sus ojos estaban vidriosos y obstruidos por las lágrimas que salían más rápido de lo que ella podía intentar contenerlas. Sintió su cálido abrazo e hizo lo que tenía todo el combate queriendo hacer. Lloró. Lloró a mares, como no lo había hecho en mucho tiempo.
Toda su frustración, todo su resentimiento hacia aquel hombre y hacia ella misma, todo el miedo y desesperación. Liberó todo eso en un llanto que no escatimaba en sollozos, jadeos y sorbidos. Lloraba abrazada junto a la única persona que la había visto así de vulnerable.
Lo escuchó intentando consolarla y también escuchó cómo se le rompía la voz. Lo escuchó emitir un quejido y luego empezar a sollozar con fuerza. Le estás haciendo daño, pensó, deja de llorar porque lo estás haciendo llorar a él también. Pero no pudo. Lloraron juntos, lamentándose por el dolor que afligía a uno de ellos pero que ambos compartían. Lloraron y lloraron hasta que no hubo más lágrimas.
Y después, él le invitó un helado.
—¿Qué diría Hal de esto? —preguntó aquel Persian—. Intento de homicidio. Es un cargo serio, chico. Muy serio. Tengo a unos cuantos muchachos en la investigación y estamos trabajando con el testimonio de tu madre. Está en un estado mental frágil, rompe en llanto apenas le…
Vio a aquel Persian sin decir nada. Sus ojos estaban muertos, como los ojos de los pescados que se vendían en los mercados. Y se sentía como uno de ellos. Sentía que no estaba vivo, pero que su cuerpo seguía de alguna forma ahí, esperando cumplir un propósito que no quería.
Veía cómo se movían los labios del Persian y, sin intención alguna, su cabeza pasó a la placa en su uniforme. «Malíe». Malíe, se repitió, pensando por primera vez en mucho tiempo. Se imaginó lo fácil que sería la vida si hubiera sido un Malíe en lugar de un Kiauka; si hubiera sido un Mahalo. ¿Por qué no lo habían adoptado los Mahalo? El Rey Ciego o Hal. Cualquiera de ellos. Si hubiera sido su hijo, si no hubiera sido hijo de los ojos o de la máscara, entonces nada de eso estaría pasando. ¿Por qué él no había tenido esa suerte? ¿Qué había hecho para merecer esos padres? ¿Por qué estaba destinado a sufrir solo por haber nacido? Si era ese su destino ¿no era mejor no haber nacido para empezar?
Levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los del Persian, quien guardó silencio.
—Carajo. —Fue lo único que atinó a decir.
Porque ese Persian, antes que nadie más, había visto la degeneración en sus ojos. Había visto el sueño frustrado de un joven que nunca podría nacer como el hijo de uno de ellos.
Un chico que deseaba, más que la muerte de quienes le habían hecho daño, la muerte propia.
Guzma se dejó caer en el sofá del Centro Pokémon, en el área más alejada posible de todo y de todos. Escuchó pasos, levantó la mirada y vio a unos cuantos de ellos.
—Felicidades por su victoria, jefe…
Por segunda vez, el Rey Calavera había vencido a la Pequeña Fantasma.
Personas eliminadas: Chris, Mallow, Mina, Francine, Lana, Selene, Acerola.
Personas en octavos de final: Elio y Ash.
Personas en cuartos de final: Kiawe, Hau, Liam, Lillie, Ryuki, Gladio, Guzma.
Personas en semifinales: -
Personas en finales: -
Pues solo me tardé cuatro meses en traer la actualización. Si este ritmo de mierda sigue así, voy a terminar publicando solo tres capítulos en un año, y creo que nadie quiere eso… Carajo, pues sí que me tardé…
En fin, chicos, Aparte de mi disculpa por tardar tanto tiempo en actualizar, tengo que agradecerles porque la historia ya alcanzó los 400 favoritos. Somos, oficialmente, la cuarta historia con más favoritos de FF en la categoría Pokémon en Español. Poco a poco vamos rompiendo un record tras otro. ¡Ojalá podamos posicionarnos como, al menos, la tercera con más favoritos! ¡El viaje de Ash y las novatas de Unova, prepárate porque allá vamos la comunidad de LLDH!
Y como última cosa…
Adiós, Ash.
Me hice fanático de Pokémon cuando tenía once años, solo uno más que el eterno niño de diez años de pueblo Paleta. Seguí sus aventuras a mi modo, mediante vídeos de Youtube y capítulos cortados en partes. Vi algunas de sus aventuras en canales de televisión abierta, enfrentándose a Pokémon que ni siquiera conocía porque no había llegado a esos juegos. Lo vi iniciar su viaje por Kalos, lo dejé avanzar y sufrí su derrota en esa liga. Lo vi empezar a viajar por Alola y por fin, después de tanto tiempo, él y yo conectamos. Alola me hizo saber lo mucho que quería a Ash Ketchum y creó todo el fanatismo que siento por él. Y ahora, después de seis años de seguirlo activamente, él partió a una nueva aventura. Él, con sus eternos diez años, y yo con mis veinte, nos despedimos. Adiós, entonces, al niño de diez años que me vio nacer sin yo saberlo y que me ofreció unirme a su viaje tantos años después. Estoy contento de haberlo visto llegar a su fin. Adiós, entonces, Ash Ketchum. Y gracias. Por más de veinte años de aventuras, gracias.
Gracias también por haber cambiado toda mi vida.
Nos leemos y, ahora más que nunca, Alola.
