¡ADVERTENCIA! El siguiente capítulo tiene 45 MIL PALABRAS, por lo que recomiendo encarecidamente llevar un buen registro del punto en el que llevan la lectura. La lectura por partes también les ayudaría bastante, ya que en total son más de 125 páginas de un documento de Word.

¡Advertidos están, chicos!


—Estoy tan celosa, Elio.

Asutoro estaba sentado sobre la nieve. Su mentón estaba perfectamente nivelado, sus ojos cerrados y sus hombros relajados. Una ligera capa de polvo blanco se había asentado sobre su cabeza, siendo retirado por la pequeña mano de Selene. La Asutoro estaba a un lado de su hermano, viéndolo atentamente. Elio dejó salir el aire que había estado conteniendo por poco menos de un minuto.

—Vas a pelear contra el jefe —dijo Selene, abrazándose las rodillas—. Y ni más ni menos que en un combate oficial. Una lucha por la gloria y la fortaleza absoluta. No hay mayor honor que ese.

Lo escuchó inhalar el frío aire del exterior. El sol ya comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo de preciosos tonos anaranjados y verdes que solo eran visibles gracias a la claridad del cielo. Pocos eran los que esperaban que el clima fuera tan agradable tras una tormenta de nieve como la del día anterior. Selene se fijó en el sol menguante y luego se fijó en el sol a su lado.

—Siempre. Hemos soñado con este día desde siempre, Elio —recordó, reposando el mentón sobre las rodillas—. Desde que éramos unos niños. Un combate contra el inigualable Ash Ketchum en un majestuoso estadio ante la mirada del mundo. Nos quedamos en vela tantas veces, hablando hasta la madrugada sobre lo que haríamos en nuestros combates. Yo decía que enfrentaría al Charizard del jefe con un Blastoise y tú decías que usarías tu propio Charizard, ¿recuerdas? Yo me imaginaba un duelo entre Llamarada e Hidrobomba, pero tú soñabas con…

—Un duelo entre Llamarada y Llamarada —completó Elio abriendo los ojos. Las comisuras de sus labios estaban ligeramente alzadas. Exhaló—. Sería un combate increíble. Mi pasión ardería y se la transmitiría al jefe mediante el fuego de mi, entonces soñado, Charizard. La determinación del jefe y su hambre de victoria serían transmitidas a mí mediante el fuego de su Charizard. Las Llamaradas chocarían, la temperatura se elevaría hasta convertir el estadio en una sauna y habría una gigantesca explosión. Al final, tras la cortina de humo, habría un ganador. Ganaría el jefe o tal vez ganaría yo, pero sin importar cuál fuese el resultado, habría algo que no cambiaría.

Selene sonrió como una niña pequeña al recordar el sueño de su hermano mayor. Su mirada enternecida era el reflejo de los ojos soñadores de Elio.

—El jefe te vería como su igual.

Elio volvió a cerrar los ojos y asintió.

—Sí. El jefe me reconocería y elogiaría. Tomaría mi mano y me llamaría por mi nombre. —Vio su propia mano derecha—. Un sueño hermoso.

—Haz que no sea un sueño, hermano. —Selene se abrazó del brazo izquierdo de Elio, apoyando la cabeza sobre su hombro—. Te estaré animando más fuerte que nadie en el mundo.

Elio miró al cielo, hacia el sol que se ocultaba cada vez más en el horizonte. Su desaparición era inevitable, pero desde la altura del Monte Lanakila era más tardía. Se consideró afortunado, extremadamente afortunado, por ser capaz de presenciar aquellas preciosas vistas.


En la cercana roca nevada había un espacio despejado por el calor y el movimiento. En dicho espacio se encontraba la joven Lillie Aether, sentada en completo silencio. Sus chispeantes ojos verdes, similares a la más hermosa esmeralda, se centraban solo en una cosa: la nuca de Ash Ketchum.

Lillie pensaba en los muchos contrastes que había en el ser de Ketchum. Uno de ellos era la diferencia que había entre la zona donde la gorra le cubría la cabeza y la zona donde no. Ahí donde se posaba la gorra había orden y pulcritud, mientras que la parte que no cubría mostraba un cabello largo, erizado y oscuro; muy oscuro. El cabello de Ash Ketchum, a ojos de Lillie, era como las plumas de un Honchkrow: hermoso, misterioso y profundamente cautivador.

Otro contraste que le llamaba la atención era la repentina serenidad que mostraba en distintas situaciones. Aquel niñote de diecinueve años, siempre corriendo, gritando, riendo y hablando, se volvía sorprendentemente tranquilo cuando tocaba atender ciertos temas. Se sintió un poco decaída al pensar que su niñote de diecinueve años era, en realidad, un niñote de tal vez veintiséis. No le molestaba la diferencia de edad. La entristecía el hecho de que no pudo estar ahí con él para verlo madurar y crecer mentalmente.

Lillie no pudo evitar bajar de la roca, caminar torpemente por entre la nieve y arrodillarse detrás de él. Pasó los brazos por alrededor de su cuello, pegando el mentón sobre su hombro izquierdo. No sintió ningún sobresalto ni perturbación en el ánimo de su pareja, pero sabía que él pensaba en ella. Lo supo cuando sintió aquel gentil y cálido apretón de manos, seguido del conmovedor contacto de su palma contra la mejilla izquierda.

—¿Qué pasa, Li? —preguntó, torciendo un poco el cuello para poder ver su perfil.

—Vas a pelear, Ash.

—Por supuesto. Voy a pelear, Li.

—Después de tanto tiempo.

Sintió su pecho inflándose y escuchó el sonido del aire aspirado. Ese contacto tan íntimo era, para Lillie, irremplazable.

—No tienes ni idea de cuánto extrañaba esto, Li.

—Creo que puedo imaginarlo —respondió con una sonrisa que se borró cuando vio su rostro.

—No. Porque ni siquiera yo tenía idea.

Lillie se alejó de su espalda, moviéndose hacia su costado, tomó su rostro entre sus manos y le plantó un tierno beso en los labios. Los labios de ambos, pálidos y temblorosos por el frío, recuperaron calor y color al unirse. Solos eran blancos como la leche, mientras que juntos ni el más dulce melocotón podía igualar su color. Sus frentes se unieron y sus narices se tocaron. Lillie se apresuró a darle un rápido beso en la mejilla para luego obligarlo a verla a los ojos.

—Mi campeón.

Ash se sonrojó y rio nerviosamente.

—Me heces sentir como un niño pequeño.

Lillie se rio.

—Bien. Era la intención. —Le dio un toque en la nariz con el dedo índice.

Se quedaron sentados, en silencio, tomados de las manos. Lillie notó la forma en la que la mirada de Ash se desviaba hacia el atardecer salpicado de estrellas. Vio su mirada reflexiva y la forma en la que la canaleta dejada por la pequeña lágrima brillaba a la luz de los astros. La limpió.

—¿En qué piensas? —preguntó tras contener por un buen largo rato su duda.

—Por fin, Lillie —respondió él con voz ausente—. Elio por fin llegó.


Los pasillos en ese momento estaban vacíos. No había ninguna regla que impidiera que hubiera gente a esa hora, pero tampoco había nadie que optara por quedarse fuera del estadio en lugar de hacer crecer su expectativa desde las gradas. Elio aprovechaba bien ese silencio y esa soledad. Lo aprovechaba a su manera.

Caminaba con tres Poké Balls en la mano. Veía las diminutas esferas y jugueteaba con ellas, moviéndolas entre sus dedos. Eran esos tres chicos. No podían ser otros.

No pensaba en mucho, solo en cosas sencillas. Pensaba en lo mucho que quería una sopa instantánea. Pensaba en lo que comería para la cena. Se preguntaba si cenaría con su familia o si se reuniría con sus amigos para darles a sus padres un tiempo a solas. Pensaba también en el vídeo que vería antes de irse a dormir, así como en la camiseta que utilizaría el día siguiente. Se moría de ganas de que se filtraran los nuevos personajes de ese juego gacha al que se había enganchado. Y también pensaba en una personita.

—¡… me patee un Mudsdale y me sacuda una brigada de Beedrill! ¡Años de no verte, maldito jayán! ¡Te miro y me patea en la tripa la nostalgia! Maldita sea, ¿qué te trae por mi región?

Grande fue la casualidad cuando se la encontró en medio de esos pasillos, pero no sola. Escuchó su voz provenir de una esquina, por lo que se apresuró a asomarse por ella. Ahí estaba Hapu Honua, Kahuna de Poni, quien para Elio era la definición de diccionario para belleza, fuerza y genialidad. Frente a la reina había un sujeto que dejó a Elio boquiabierto. Era alto, condenadamente alto, incluso más que Gladio. Su altura hacía ver a Hapu cómicamente pequeña, pero no era lo único grande en él. Sus brazos eran del ancho de troncos, sus pectorales parecían haber sido rellenados con cascos de fútbol, su cuello era grueso como un pilar de mármol y sus piernas eran mandobles hechos de carne. Su pelo, rubio como el centeno, brillaba saludable y bello.

—¿Y qué más sería? La Liga Pokémon, la nostalgia y reencontrarme con viejos amigos, por supuesto. —Su voz sonaba serena y melodiosa, no profunda y estridente como Elio la imaginaba—. Ha pasado un montón de tiempo, Hapu ¡y sigues siendo igual de pequeña!

—Tú tendrás todo el músculo de un Machamp pero sigues con el cerebro de un Slowpoke —se carcajeó la Kahuna, impactando a Elio. La Hapu que él conocía nunca dejaría que le llamaran pequeña—. Por las aletas de Tapu Fini… Incluso llegué a creer que formabas parte de alguna especie de sueño lúcido o algo así.

—Habría dicho lo mismo de ti. De no ser por las cartas y las noticias, ni me enteraría de que seguías entre los nuestros. —El hombre se cruzó de brazos. Los músculos se le tensaron, dejando la mente de Elio en blanco.

—Las cartas, caramba. Me olvidé completamente de mandarte una de vuelta. Disculpa, jayán.

—Qué va, solo han pasado unos meses. Usualmente me considero afortunado si me llega correspondencia tuya dos veces al año.

Ambos rompieron en carcajadas.

—Si lo dices así parezco la peor de las amistades. He estado ocupada, ya lo sabes. Sé que como excusa no vale, pero espero que te puedas apiadar un poco de esta negligente reina.

—En serio, si tratas a tu pueblo como tratas a tus viejos amigos entonces Poni se irá en picada dentro de muy poco.

—¡A ver si voy a tener que darte una paliza para que te retractes de esa afirmación, insensato! —dijo. Pese a sus palabras, parecía estarse divirtiendo.

—Una paliza de Hapu… Lo único que falta para que mi viaje de regreso sea más bien un viaje de regreso en el tiempo.

Una vez más rieron.

Elio tenía la mandíbula desencajada, los ojos desorbitados y la tez pálida como un fantasma. ¿Qué estaba pasando y dónde estaba la Hapu que él conocía? La Hapu Honua que se autoproclamaba su mejor amiga ni siquiera habría dudado en saltar a la acción. Antes de escuchar una palabra de ella sentiría el ardor de su manotazo en la espalda. Pero lo peor no era eso. Lo peor era preguntarse quién era ese sujeto. Vio su cuerpo fibroso y luego vio su propio cuerpo, definido pero ni de cerca tan construido como el de ese tipo, y su mente trajo a colación cierta comparación entre las astas de los Sawsbuck y los músculos de los hombres.

—Pero en fin. Imagino que recordarás el contenido de mi última carta.

—Tu última… ¡Hombre, claro! ¡Para olvidarlo!

—Pues lo olvidaste porque no recibí respuesta.

—¡No pensemos en ello! ¡Hablemos al respecto ahora que estamos aquí!

Un suspiro.

—Tan típico de Hapu. Sería más fácil si dejaras tus ideas obsoletas y te compraras un teléfono.

—¡Ja! Pues ahí te llevo ventaja, jayán. ¡Mira esto!

—¡¿Un teléfono?! ¡¿Tú?!

—¡Y bien merecida te tienes la sorpresa! Esta reina se enorgullece de llamarse a sí misma una caja de sorpresas.

«Eso nunca me lo ha dicho a mí», pensó Elio, sujetando con fuerza la esquina.

—¡Entonces pásame tu número! Así será mucho más fácil ponerme en contacto contigo.

—¡Claro! Aquí, búscalo tú. A mí eso de la tecnología me da pereza, por eso no me he molestado en aprender todas sus funciones, pero admito que estos tiempos son de modernización.

Elio vio al "jayán" tomar el teléfono de Hapu con toda la confianza del mundo. Asutoro nunca, en su vida, se habría imaginado capaz de algo así. ¿De dónde había salido aquel hombre y por qué parecía tan cercano a ella? Su interior comenzó a rugir y los pensamientos que podría tener en la cabeza se desvanecieron para centrarse en el escenario frente a él.

—Todo listo. Te llamaré de vez en cuando para saber si sigues entre los mortales, su alteza.

—¡Y más vale que te dirijas a mí por "usted" cada vez que lo hagas!

Más risas. Hapu le dio un golpecito juguetón al jayán en el bíceps. Elio ardió en celos, pues ella nunca había hecho con él algo parecido.

—En fin… Sobre lo de la carta…

—Oh, cierto. Dime, dime.

—Bueno, ¿has pensado en la propuesta?

—¡Oh! ¡La propuesta, es cierto! Déjame responderte aquí mismo.

Elio ni siquiera se interesó en saber cuál era esa propuesta. Haciendo uso de sus mejores dotes de actor, retrocedió unos pasos, caminó sonoramente en su propio lugar y luego dobló la esquina. Fingió sorpresa al ver a la Kahuna.

—Ah, Hapu. Ya decía que me sonaba escuchar tu voz —sonrió.

—¡¿Asutoro?! ¡Tú deberías estar de camino al campo de batalla, mentecato! —exclamó, sorprendida y preocupada al mismo tiempo.

—Bueno, lo mismo podría decir de ti, pero aquí estás. —Fingió reparar en el jayán por primera vez—. Oh, una disculpa. ¿Amigo tuyo?

Hapu alternó la mirada entre Elio y el jayán para luego llevarse una mano a la cabeza.

—¡Qué me partan! ¿Dónde están mis modales? —Se colocó entre ambos con una gran sonrisa en el rostro—. Jayán, este de aquí es mi mejor amigo: Elio Asutoro; Flautista del Día, héroe de guerra, etc, etc. Seguro que has oído hablar de él. Elio, este es Kurt Tanaka, a quien yo llamo «jayán», porque ciertamente es uno. Es un viejo rival, compañero de viaje y queridísimo amigo.

Elio de inmediato se sintió incómodo. La presentación de Kurt Tanaka había sido mucho más cálida y afectiva que la suya. Se habría quedado callado, pensando en ello, de no ser porque una mano se extendió hacia él.

—Claro que lo conozco —dijo Kurt—. Es un hermano kantonés y un orgullo para nuestra patria. Gracias por todo su esfuerzo, Elio.

Asutoro parpadeó varias veces, viéndose tomado por sorpresa. Estuvo a punto de darle la mano cuando Hapu interrumpió.

—¿Por qué la formalidad? ¡Llámalo de tú! Es solo un mozuelo de dieciséis. Comparado a ti, jayán, con tus buenos veinticuatro, no es nada más que un bebé, tampoco necesitas tratarlo como a un señor feudal —se carcajeó la reina.

Elio no respondió, en su lugar la miró. Hapu, acostumbrada ya a las malas miradas de Elio, se sintió genuinamente asombrada al ver en su expresión un sentimiento que esta vez parecía verdadero. «Cállate», le decían sus ojos. No era una orden dada con enojo u odio, parecía más bien una petición, brusca, pero una petición a fin de cuentas.

Elio parpadeó y ese mensaje desapareció tras sus párpados. Se giró hacia Kurt, hizo una reverencia y le sonrió cortésmente.

—Un placer, señor Kurt. Tenga una buena estancia el día de hoy. Si viene a presenciar mi combate, me aseguraré de darle un espectáculo difícil de olvidar.

Kurt tuvo una sensación incómoda que le nació desde la base del estómago. El tono de voz de Asutoro se sentía mecánico e irreal. Una cortesía fingida. Se obligó a responder con la misma cortesía, pero intentando darle una entonación diferente.

—Definitivamente me pasaré, Elio. Tenga buena suerte.

—Y por favor, hábleme de «tú». No necesita ser tan formal con alguien menor. Entonces, Kurt, Hapu, me retiro. —Hizo otra reverencia y se fue del lugar.

Escucharon los pasos alejarse y, cuando dejaron de oírse, Kurt volteó a ver a la silenciosa Kahuna.

—Cielos, ¿por qué dijiste tal cosa? —preguntó, retirándose una pequeña gota de sudor del rostro.

—¿Decir qué? —interrogó Hapu, confundida.

—Eso que dijiste. Que es muy joven. Está claro que lo incomodaste.

Honua se rascó la cabeza.

—Él nunca ha tenido problema con eso…

—No que tú lo sepas. Es distinto decirle ese tipo de cosas a alguien en privado o entre amigos a decirlo frente a alguien completamente desconocido. —Kurt se cruzó de brazos—. La misma Hapu de siempre.

La Kahuna se amohinó.

—Cállate. No es mi culpa que sea tan sensible.

Escuchó un suspiro y, sin ser consciente, vio en la dirección a la que se había ido Elio. Pese a la faceta áspera que le daba a Kurt, en su interior las cosas eran diferentes. Muy, muy diferentes.


—¡Al!

Dos personas reaccionaron al llamado de Ash. Sentados en un solitario banco estaban Alphonse y Elizabeth Loa. El joven se levantó rápidamente, corriendo hacia Ketchum con una gran sonrisa en el rostro. Ambos se encontraron chocando sonoramente los cinco.

—¡Lo lograron! —dijo el azabache con alegría.

—Tarde pero seguros —rio Alphonse.

—Lamento que nos hayamos perdido algunos de los combates. —Elizabeth le sonrió.

—No pasa nada, no pasa nada —aseguró Ketchum, dándole un corto abrazo a la mujer—. Tu jefe es tan inflexible como siempre, ¿eh?

Elizabeth suspiró con una contenida irritación.

—Te lo juro, Ash, él es de lo último que quiero hablar en mis vacaciones.

Alphonse y Ash intercambiaron miradas y luego sonrieron. El joven Loa notó cierto silencio en el lugar y reparó en la ausencia de cierto dúo.

—¿Y Rotom y Pikachu?

—Con Lillie —respondió Ash—. Una lástima, pero no pueden acompañarme al campo de batalla.

—¿No usarás a Pikachu? —Elizabeth parecía intrigada.

—Bueno… —Ash se paró de puntillas, estirando la pierna—. Digamos que Pikachu tendrá que pasar el relevo a los novatos.

Elizabeth y Alphonse entendieron lo que Ash quería decir.

—¿Poipole? ¿Lycanroc? ¿Decidueye o tal vez Gumshoos? —preguntó Alphonse sin perder tiempo.

Ash, con una sonrisa juguetona, se llevó el dedo índice frente a los labios.

—Lo averiguarás cuando llegue el momento.

Alphonse suspiró. Arruinarse la sorpresa tampoco sería divertido.

—Deberías ir, Ash —dijo Elizabeth, viendo el reloj que tenía en la muñeca—. Fue lindo de tu parte que nos dejaras verte antes de la pelea.

—¡Y espero que me vean durante! —Ketchum extendió un puño hacia el frente en una explosión repentina de energía—. Estoy que ardo de emoción.

Alphonse le extendió el puño, el cual Ash rápidamente le chocó.

—¡Suerte, Ash! Voy a estar gritando con fuerza.

Ketchum asintió y los pasó con dos largos pasos. Antes de seguir avanzando, se giró hacia ellos.

—Vengan a buscarme cuando se termine el combate, estaré en el Centro Pokémon —pidió con una gran sonrisa en el rostro—. Quiero presentarles a mis otros amigos.

Los Loa sonrieron y asintieron.

—¡Cuenta con ello!

Ash se perdió al cruzar una esquina.

—Vamos, mamá —dijo Alphonse al cabo de un rato.

Elizabeth vio la espalda de su hijo, la cual cada día era más ancha. Sus ojos se entrecerraron y, en silencio, lo siguió.


La expectativa era abrumadora. El ambiente en el estadio parecía haberse calentado, convirtiéndose en un horno que chamuscaba la piel abrigada. El aliento de los miles de presentes, así como su movimiento, impedía que el gélido clima nocturno penetrara por las paredes del estadio. El calor, tan humano como él solo, caldeaba a los presentes.

Este combate era, para muchos, el más esperado de todos. No solo era la batalla entre aquellos sembrados y germinados por la luz del sol, sino que también marcaba el regreso completo, sin medias tintas, de Ash Ketchum. El héroe más admirado, la celebridad más grande y el mito en persona. Y aunque había gente que quería verlo ganar, había todavía más gente que, en el interior, deseaba verlo perder. Porque más que a un ídolo inalcanzable, la gente quería ver a aquel que podía vencerlo. Presumir a quienes pudieran que ellos, y solo ellos, habían visto el desplome de una leyenda. Porque el brillo de la estrella era hermoso, pero más hermoso era su destello final. Por ese mismo motivo, Elio Asutoro tenía tantos fans de closet, tanta gente que públicamente afirmaría la inminente victoria de Ash, pero que para sus adentros anhelaba el alzamiento de Elio.

La expectativa creciente, ardiente y asfixiante, pero embriagante a la vez, hacía imposible el quedarse quieto. Era especialmente malo para aquellos con mayor susceptibilidad a ciertas… tendencias.

—Mi pecho… —dijo Kiawe con voz ahogada. Entre jadeos apretaba fuertemente la zona de su corazón con la mano derecha, mientras que con la mano izquierda se secaba el sudor del rostro. Su sonrisa y sus ojos parecían un fuego crepitando, a veces ruidosas y a veces mucho más.

Acerola puso una mano sobre la pierna de Hau, la cual no dejaba de temblar. Mahalo, sorprendido inicialmente por el gesto, comprendió después por qué lo había hecho. Apartó la mirada, cubriéndose el sonrojo del rostro con una mano.

—Parezco un perro…

—Creo que es lindo. —Le murmuró Acerola al oído, asegurándose de que solo él pudiera escucharla.

El sonrojo de Mahalo se pronunció.

—Esto es malo. Me falta el aliento —Selene comenzó a quitarse la chaqueta como muchos antes que ella lo habían hecho. Se quitó el sombrero y se lo dio a su papá, quien comenzó a ventearle el rostro.

Delia vio atentamente los ademanes de Gladio. Lo vio mover los pulgares de manera indecisa, para luego sujetarse con fuerza la muñeca izquierda, como si su mano fuera una serpiente a la que había que contener. Esto no era para nada como la primera Liga Pokémon de Ash.

—Se siente tan diferente —dijo Misty. Sus ojos no se estaban quietos, mirando, como Delia, los gestos ansiosos de los demás.

Brock asintió ante las palabras dichas al aire de Kawanami.

—Es definitivamente distinto. La atmósfera… El ánimo de todos es tan… Es como si…

—Todos los fogones hubieran sido encendidos —terminó de decir Cilan. Brock y Mallow dieron una rápida cabeceada. El ejemplo era bueno—. Una cocina grande pero con más comensales en la zona del comedor de los que puede atender. El deseo y las ansias se acumulan, tanto de aquellos que están en la mesa como de los que esperan en la fila.

Liam rio. Se pasó una mano por la frente perlada de sudor.

—No se trata solo de la energía de los que estamos en el estadio, sino que también contamos con la de aquellos que ven desde afuera. ¿Eso es lo que quieres decir? —preguntó, quitándose elegantemente su chaleco de lana.

Barnes sonrió, complacido.

—Cielos. Una mente increíblemente perspicaz.

—Pues qué bueno que Liam lo explicó, porque no había entendido nadita. —Iris parecía estar en su elemento. El ambiente cálido parecía ser el entorno perfecto para una dragoncita como ella, quien reposaba tranquilamente en su asiento.

—Yo todavía no entendí —rio May.

—Todo el mundo está viendo —explicó Max—. Niños y adultos. Civiles y entrenadores. Novatos y veteranos. La gente, sin importar condicionamientos individuales, está viendo.

—Después de todo, el Héroe va a pelear —dijo Lillie, sonriendo y con un sonrojo en el rostro. Amber, en sus brazos, se revolvía inquieta.

—¿Ash dónde? —repitió la joven Ketchum por enésima vez en tan solo tres minutos. No podía comprender por qué Pikachu y Rotom estaban ahí pero su tío no.

Lillie la abrazó por la cintura y puso el mentón sobre su cabecita.

—Preparándose, amor. Preparándose para dejar al mundo embelesado.

Amber no entendió nada de lo que Lillie le dijo, por lo que hizo un puchero. Yellow comenzó a jugar con ella para intentar distraerla, a lo que rápidamente se le unieron Aether y Delia. Las tres adultas, en conjunto, lograron mejorar el ánimo de la niña.

Serena veía la cercanía entre Lillie y la familia Ketchum. Una cercanía a la que tendría que hacerse a la idea que ella nunca tendría. Y aunque la vista le dolía en el corazón, le habría dolido mucho más no estar junto a todos sus amigos para ese momento tan especial. Porque no estaba ahí por ella misma. Estaba ahí por él. Miró a Clemont y a Bonnie, dándoles una sonrisa que ellos creían imposible de ver en esas circunstancias.

—Animémoslo hasta que nos quedemos sin voz, ¿sí?

Los Blanchet se vieron, asintieron y gritaron.

—¡Sí!

La espera continuó por dos minutos más que se sintieron eternos, siendo la voz de Jeekyo la señal de que la tortura había terminado.

—¡Alola, damas, caballeros y pequeños de la audiencia! —Gritos de alegría se escucharon tras emitirse la voz de Jeekyo—. ¡Veo que tenemos un público muy animado! ¿Y cómo no estarlo? ¡Nos reunimos para ver el último combate del día y el último combate de los octavos de final! ¡Oh, hablando de día! ¡El de hoy sin duda es un combate entre los hijos del sol! ¡Quien gane ahora pasará al selecto grupo de los cuartos de final! ¡El club exclusivo de los ocho más fuertes de Alola! ¡¿Deberíamos presentar a nuestros combatientes del día de hoy?!

Al mismo tiempo se entonó un poderoso «¡Sí!» que retumbó entre los cimientos del estadio.

—¡Entonces empecemos! —La voz de Jeekyo se escuchó más poderosa que nunca—. ¡Saliendo por la derecha tenemos a un héroe de pleno derecho! ¡Un hombre que, como su gemela, dio fuerza, motivación y esperanza a aquellas almas que cedieron al miedo! ¡Aquel que envalentonó al cobarde y alentó al sin aliento! ¡El Flautista del Sol! ¡Un hombre que arrolla a sus oponentes con una fuerza aplastante y una mente aguda! ¡El que por su cuenta se ganó el apodo de «Buldócer»! ¡SU NOMBRE ES…!

El pasillo se iluminó y de él emergió. Elio Asutoro, bautizado por el sol, caminó con ojos como estrellas a través del imaginario escenario que había creado en su mente. Su cabeza, libre de cualquier tipo de sombrero, estaba en alto y sus dientes relucían a través de su sonrisa. Un rostro ya atractivo embellecido por la emoción y la expectativa. Los gritos correspondieron a su actitud.

—¡EEEEEEEELIOOOOOOOO ASUUUUUUUUTOOOOOOOOROOOOOOOO!

El estadio se llenó de aplausos, vítores y silbidos. Era aclamado. Elio Asutoro era sumamente aclamado. Su entrada, indudablemente, había sido la segunda más aplaudida solo por detrás de Gladio. Asutoro no lo entendió, pero supuso que era por el estado de ánimo que ya se había asentado en el lugar. Por ello solo podía imaginar cómo sería el recibimiento que tendría él.

—¡HIJOOOOOO! —gritaron Asahi y Tsukishima.

—¡LUCHA HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO, ELIO! —animó Hau.

—¡VAMOS, VAMOS, VAMOS! ¡ELIOMBIEEEE! —Acerola agitaba las manos como si estuviera en un concierto.

—¡ELIO, CREO EN TI! —Lillie hizo un megáfono con las manos y gritó tan fuerte como pudo.

—¡Recuerda lo que aprendiste! —Gladio hizo su mejor esfuerzo por gritar al mismo volumen que los demás. No lo consiguió.

—¡ENSEÑA TU FUEGO, ELIO! —Kiawe fue el representante principal de los deseos de los Capitanes.

—¡HERMANOOOOOOOOO! ¡CUMPLE NUESTROS SUEÑOS! —El poderoso grito de Selene pronto hizo mella en su garganta pero logró su cometido. Elio la escuchó.

El primogénito la vio directamente a ella pese a la distancia y le levantó un pulgar. Lo haría.

—¡Y saliendo por la izquierda está este otro hombre!

La manera en la que el estadio guardó silencio en cuanto la voz de Jeekyo se anunció fue sobrenatural. No se escuchaba ni un alma, cosa muy contraria al ambiente anteriormente vivido. Todos esperaban con el corazón en un puño, incluso Elio.

—¡Su nombre pasó a los libros de historia! ¡Su imagen ha sido retratada en estatuas y pinturas alrededor del mundo! ¡Localidades han sido rebautizadas por sus hazañas! ¡Su historia de lucha y sacrificio conmovió al mundo e hizo derramar lágrimas hasta al más duro de nosotros! —La voz de Jeekyo se quebró por un momento—. ¡Se ganó el respeto de la humanidad a pulso y con sus acciones obtuvo un lugar en el corazón del mundo! ¡El hombre que acabó con la mayor amenaza que el universo jamás haya visto! ¡La leyenda que con sus manos forjó un futuro para humanos y Pokémon! ¡El hijo predilecto de Kanto y el orgullo de Alola! ¡Aquel cuyo nombre hace eco! ¡Aquel cuyo nombre ha recibido miles de sinónimos! ¡Lo llaman «El Retador Más Fuerte», «El Ejército de Un Solo Hombre», «El Representante del Sol» o simplemente «El Héroe»! ¡Pero por hoy refirámonos a él por como de verdad se llama! ¡ÉL ES...!

El estadio respiró como uno solo. Pulmones de metal se llenaron de un aire cálido suficiente como para elevar cien globos aerostáticos. Un llamado fue proferido al unísono en cuanto el pasillo otrora tan oscuro se iluminó por una genuina llamarada. De las tinieblas emergió el rostro más brillante y la sonrisa más acogedora que el mundo había visto alguna vez. Su presencia, porte y energía contagiaron a todos con un éxtasis irrepetible. Él comenzó a correr mientras el público gritaba:

—¡AAAAAAAAAAAAAAASH KEEEEEEEEETCHUUUUUUUUUUM!

Y entonces saltó. De su pierna protésica emergió una llamarada parecida a la de antes, solo que más concentrada y controlada, con el impulso suficiente para elevarlo en el aire. Bocas se abrieron por la sorpresa y ojos se desorbitaron. Ketchum dio una voltereta en mitad del aire y cuando llegó el momento de aterrizar… aterrizó. A medias.

Cayó sobre su espalda, rodó y terminó con la rodilla derecha flexionada y el torso bien erguido, en una genuflexión. Pese al aparatoso aterrizaje, Ketchum parecía radiante. Su rostro resplandecía como el oro y sus ojos eran dos preciosas pepitas. Se levantó rápidamente, sacudiéndose el polvo y entre risas habló.

—¡Lo haré bien para cuando termine el torneo!

La expectativa previa, la entrada y esa declaración de intenciones, que claramente decía: «No planeo perder», alborotó el avispero y las avispas salieron. Los gritos fueron tan estridentes que algunos, los de oídos más sensibles, incluso tuvieron que cubrirse las orejas. No había duda alguna de que estaban ante el favorito y el más esperado por todos.

Ash escuchaba los gritos con una sonrisa y un sonrojo en el rostro.

—¡MI NIÑOOOOO! —Delia, que no cabía en sí del orgullo, se retiraba las lágrimas que se formaron en sus ojos.

—¡PELEA, PELEA, ASH! ¡VENCE, VENCE, ASH! —coreaban como uno solo todos aquellos que habían acompañado a Ketchum en sus viajes previos a Alola.

—¡NI SE TE OCURRA PERDER AQUÍ, ASH! —gritó Hau, haciendo uso de toda su capacidad pulmonar para siquiera sobresalir por entre los demás.

—¡ENSÉÑALES EL VERDADERO PODER DEL SOL, ASH! —Acerola seguía agitando los brazos como si estuviera en un concierto.

—¡JEFEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! —El grito de Selene ensordeció momentáneamente a sus padres.

—¡TODAVÍA TIENES QUE ENFRENTARME, ASH! —volvió a gritar Kiawe.

—¡QUE TU PASO POR ALOLA SE NOTE! —exclamaron los Capitanes al mismo tiempo, menos Mina.

—Un buen cuadro… —murmuró ella.

—¡Ten cuidado! —advirtió Gladio.

—¡Vamos, Ash! ¡Todos te apoyamos! —Yellow movía la manita de Amber, quien seguía en brazos de Lillie.

—¡Ash! —reía la pequeña mientras saltaba en las piernas de Aether.

—¡PIKA PIKAAAAAAAAAAAAAAA! ¡PIKA PIIIIIIIIII!

—¡Esfuérzate! —Rotom por fin se había permitido gritar.

Lillie reunió todo el aire que pudo pero, antes de gritar, él gesticuló.

Las cámaras se enfocaron en el repentino movimiento de Ash Ketchum. Su mano se extendió hacia determinadas zonas del palco y con su índice fue señalando a varias personas. Las drones Rotom hicieron esfuerzos inhumanos por captar a la persona exacta a la que Ketchum señalaba, basándose en la trayectoria de su dedo. Todas esas personas aparecieron en la gran pantalla. La primeras dos fueron una madre y su hijo a los que pocos conocían, pero quienes los recordaban sabían que se trataba de la familia del guardia de seguridad más famoso de la historia. La tercera persona fue el juez Red Ketchum, quien trató de fingir indiferencia, siéndole imposible. Las siguientes fueron su madre, Delia Ketchum, quien le lanzó un beso entre lágrimas, su cuñada Yellow Ketchum y su sobrina Amber Ketchum, quienes saludaron. La última persona, a la que por más tiempo miró, fue su novia: Lillie Aether, cuyo conmovido rostro mostró un pronunciado sonrojo y una vibrante sonrisa. La mano de Ketchum finalmente dejó de señalar y se cerró en un puño, puño que después chocó contra su corazón.

Fue después de ese gesto, dedicado a todos aquellos que le habían permitido la vida, que Lillie por fin pudo gritar.

—¡VE POR ÉL, MI AMOR!

Ash finalmente se giró hacia esa última persona que faltaba por ver. Se fijó en Elio y pronto le sonrió. Una sonrisa desafiante que Elio no tardó en corresponder. Los labios de Ash se movieron pero no liberaron ni una palabra. Fue un mensaje que Elio entendió a la perfección solo leyendo el movimiento: «Te estoy viendo». Asutoro se llevó una mano al bolsillo de la chaqueta, pero luego la retiró. Él asintió y también movió los labios: «Siga viéndome».

Cuando ambos participantes por fin dejaron todo espectáculo, el árbitro se movió. Hapu Honua se colocó en el centro del campo de batalla.

—Las reglas. Lo diré simple y claro para que podamos empezar con esto de una vez —aseguró Hapu, plantándose firme y mirándolos.

Ash la vio de reojo y asintió mientras sonreía. Elio no hizo nada de eso. De no ser por el pequeño asentimiento que dio a los pocos segundos, Hapu habría creído que no la había escuchado. Eso molestó a la reina, pero si lo había hecho o no, nadie más que ella lo supo.

—Este combate será de tres contra tres. Sustituciones permitidas. Pierde el que antes se quede sin Pokémon. —Con los dedos comenzó a enlistar las siguientes cosas que iba a decir—. Está prohibido utilizar objetos curativos, que potencien los atributos combativos y también se ve como ilegal el atacar a zonas sensibles del cuerpo con ataques que no se consideren como Movimientos Pokémon. Pueden usar la Megaevolución o los Movimientos Z, pero solo uno de ellos y solo una vez. —Se cruzó de brazos—. Y creo que no necesito ni mencionar que los ataques directos a las partes bajas y los ojos, aunque sea con Movimientos Pokémon, es motivo de sanción inmediata. Quiero saber que ambos entendieron lo que acabo de decir.

—¡Sí, señora! ¡Entendido y procesado, señora! —exclamó Ash, parándose firmemente y llevándose una mano a la frente.

Hapu se volteó hacia Elio y lo miró con severidad.

—¿Todo entendido? —preguntó. Su voz solo admitía una respuesta verbal y eso lo sabían aquellos que la conocían. Fue ahí que el enojo de Hapu se filtró aunque fuese solo por un momento.

Elio la miró directamente a los ojos, le sonrió y, con los ojos cerrados, habló.

—Todo entendido.

Hapu, y no solo ella, notó el temblor en la mano izquierda de Elio. La futura Kahuna frunció el ceño de manera casi imperceptible.

«No es momento de ponerse sensibles, Asutoro», pensó, por mucho que ella también se había visto afectada por la actitud de Elio. Trató de enfocarse en lo que importaba en el momento.

—Entonces, participantes, manden a combatir a su primer Pokémon.

Ash y Elio participaron en una carrera por ver cuál de ellos atrapaba primero los ojos del otro. Resultó en un empate. Siguieron con un duelo por ver cuál sacaría antes su Poké Ball. Otro empate. El último desafío permitiría ver cuál de los dos sería el más rápido a la hora de mandar a su Pokémon a combatir. El empate fue claro al ver cómo ambos lanzaban sus cápsulas a la misma altura.

Las esferas se abrieron y de ellas salieron dos grandes, fornidos y pesados tigres. Ambos Incineroar cayeron al campo de batalla con miradas distintas. El Incineroar de Ash lucía determinado, valeroso y lleno de vigor. El Incineroar de Elio mostraba ímpetu, rigor y cierta rigidez en su movimiento.

—¡Incineroar contra Incineroar! ¡Un duelo entre Pokémon de la misma especie! ¡¿Cuál de ellos dos será el mejor Incineroar del campeonato?! ¡Un duelo entre ases! —gritó Jeekyo. Sus comentarios cumplían su función, pues inflaron las expectativas de los espectadores.

Rotom vio ese choque y se preguntó qué diría el mundo sobre ello.

XtracJester68: Oof papá, lo que se vendrá con Ash Ketchum y Elio Asutoro, esta batalla sin duda será de Fuerza Bruta. El Bulldozer sin duda le dará pelea al Asesino de Dioses.

HashiramaUchiha: La forma en la que TOOOODOS sabemos quién va a ganar el siguiente combate, es tan obvio que ya ni es divertido, pobre Elio lol.

TheNewDabs: Espero que todos tengan listos lentes de sol que esto es Ash VS Elio, después de un combate peculiar tendremos un choque de potencias, obviamente mi apuesta es por Ash pero no espero un combate sencillo ¡No puedo esperar!

La opinión del público era clara, pero no definitiva. Rotom se preguntó si Elio tenía lo que hacía falta para cambiar las opiniones de aquellos que no parecían tener fe en él. De corazón, esperaba que sí.

—¡Participantes!

El grito de Hapu tensó a todo aquel que lo escuchó. Sabían lo que estaba por venir.

—¡EMPIECEN!

—¡Incineroar, Lariat Oscuro! —gritaron ambos entrenadores al unísono.

Los tigres corrieron el uno contra el otro y, en mitad de su marcha, comenzaron a girar. Se convirtieron en peonzas vivientes que se movían con un objetivo claro: derribar al contrario. Sus brazos chocaron y aparatosos estruendos se esparcieron por el aire. Retrocedían ante el contacto para luego volver a la carga, chocando una y otra vez. Chispas parecían saltar de sus cuerpos, pero todos pensaron que era imposible pues ninguno estaba hecho de metal. Y tenían razón, no eran chispas, eran ascuas.

Ambos Incineroar pararon al mismo tiempo, alejados el uno del otro por unos cuantos pasos, para después disparar un poderoso Lanzallamas desde el centro de sus cinturones. Mientras que el fuego de Elio salió como una llamarada común y corriente, el de Ash parecía una espiral que engulló en su interior la llamarada enemiga. El Lanzallamas de Elio no podía penetrar la defensa que se creaba en el nacimiento del Lanzallamas de Ash, problema que éste no tenía. La espiral avanzó y pronto fue evidente quién terminaría siendo golpeado. El Incineroar de Asutoro levantó un campo de fuerza verdoso con sus manos, repeliendo el movimiento.

—¡UN INICIO EXPLOSIVO! ¡MISMOS MOVIMIENTOS, DIFERENTES EJECUCIONES, UN VENCEDOR! ¡¿Cómo responderá el participante Elio ante la brecha de experiencia que hay entre él y el participante Ash?!

Elio respondió respirando, observando y decidiendo. Conocía a Ash Ketchum. Había visto todos y cada uno de sus combates más importantes, presenciado la evolución de su estilo de combate y, más importante que eso, había luchado a su lado. Sabía cómo era él y aprovecharía al máximo ese conocimiento.

—¡Lariat oscuro! —ordenó.

—¡Vamos con Lariat oscuro también, Incineroar! —exclamó Ash, señalando hacia el frente.

Los tipo Fuego corrieron al encuentro del otro, comenzaron a girar y, cuando estuvieron por chocarse, el Incineroar de Elio se barrió por el suelo. En mitad de su barrida sujetó las piernas del Incineroar de Ash, las únicas que no estaban protegidas por los constantes giros, y las jaloneó con fuerza. El tipo Siniestro enemigo perdió el equilibrio, comenzó a caer y, cuando estaba a medio camino del suelo, utilizó Acróbata. La rápida voltereta que dio gracias al movimiento tipo Volador le permitió aterrizar en cuatro patas, fijando su atención en el Incineroar de Elio. Ambos se vieron por un momento, el tigre de Ash en cuatro patas y el de Elio recostado en el suelo, y actuaron.

El Incineroar de Ash se lanzó con otro Acróbata que el Incineroar de Elio esquivó al rodar por el piso, utilizando un Lanzallamas contra el enemigo que ahora se encontraba en el aire. El torrente de fuego fue bloqueado por un rápido Lariat oscuro. Ambos tigres recuperaron la compostura.

—¡Tajo cruzado!

—¡Acróbata!

El Incineroar de Ash se movió primero. Sus garras, extendidas, se cubrieron en un aura celeste que se canalizó como una cuchilla. Se abalanzó contra el enemigo, quien respondió con dos poderosas brazadas impulsadas desde el centro de su pecho. El Incineroar de Ash retrocedió, trastabillando, para luego lanzar un poderoso golpe desde abajo en contra del tríceps izquierdo del oponente. El Incineroar de Elio no dejó que esto lo amedrentara o distrajera, pues sujetó con su garra derecha los dedos del rival en el acto, apretándolos con fuerza y zarandeando su mano. El Incineroar de Ash jugó su mismo juego, apretando con la mano que tenía libre la clavícula derecha del enemigo, haciéndolo doblarse por el repentino dolor. El Incineroar de Ash aprovechó la falla en su postura para ponerse a girar con un rápido Lariat oscuro, que lo ayudó a librarse del agarre del oponente. El Incineroar de Elio dio dos nuevas brazadas con las que contuvo el movimiento del enemigo.

La ventaja era obvia. El Incineroar de Elio estaba acuclillado, siendo presionado contra el suelo por el incesante movimiento del contrario. Sus antebrazos, los que soportaban todo el peso del ataque, temblaban levemente. Parecía que no tendría escapatoria, pero él se hizo la suya. Se dejó caer, permitiendo que el enemigo avanzara, y luego pateó con fuerza sus piernas. El Incineroar de Ash tropezó y entonces un Lanzallamas lo golpeó en la espalda. El tigre se giró con presteza, respondiendo con un Lanzallamas común y corriente. La fuerza que nacía de su cinturón logró hacer retroceder el ataque de Elio, quien seguía recostado en el suelo.

—¡Rueda y carga!

Incineroar escuchó las órdenes de Asutoro, haciendo justo lo que le había dicho. Rodó hacia la derecha, dejando que el ataque enemigo golpeara el suelo y sintiendo como las ascuas chamuscaban su pelaje, y se puso de pie. Se lanzó en contra del Incineroar de Ash y lo tacleó a la altura del pecho, giró hacia su espalda y lo sujetó por la cintura. El oponente retrocedió varios pasos antes de que el Incineroar de Elio comenzara a levantarlo por los aires. Una vez que lo alejó del piso, se dejó caer al arquear su espalda. El suplex parecía estar por funcionar, pero el Incineroar de Ash evitó que su cabeza tocara el suelo al extender los brazos.

Ambos Incineroar se quedaron en una posición de arco, sujetados por las piernas del de Elio y los brazos del de Ash. Era un punto muerto que pronto dejó de serlo. El Incineroar de Ash enredó las piernas por detrás de las del Incineroar de Elio, comenzando a patear el dorso de sus rodillas que pronto cedieron. Aprovechó el momento para tomar el completo control del equilibrio, parándose completamente recto sobre sus brazos y luego dejando caer todo su peso hacia atrás, de forma que el impacto lo recibiera la espalda del Incineroar de Elio. El azote hizo que el agarre del oponente sobre él se aflojara, cosa que aprovechó para librarse.

El Incineroar de Ash se alejó a rastras, recuperando la compostura mientras que el de Elio tardó más en ponerse de pie. Esos segundos marcaron una importante diferencia en el ritmo de la batalla. O eso parecía.

Para cuando el Pokémon de Asutoro se puso de pie, una garra, la derecha, se acercaba volando contra su rostro a toda velocidad. Cuando parecía que el Acróbata estaría por conectar, no lo hizo. Las mandíbulas del Incineroar de Elio se abrieron, dejando entrar el movimiento enemigo a su hocico, para posteriormente cerrarse en torno a la garras del oponente.

Esa acción tan increíblemente temeraria no solo tomó por sorpresa a los espectadores y jueces, sino también al mismo Ash. Ketchum parpadeó dos veces seguidas, tratando de entender lo que había ocurrido.

—¡Tajo cruzado! —gritó Elio.

Y Ash reaccionó.

—¡Lariat oscuro!

Cuando las brazadas estuvieron por alcanzar el pecho del Incineroar de Ash, éste retrajo los dedos que tenía dentro de la boca del enemigo, sujetando con su gran pulgar la barbilla. Haciendo uso de gran fuerza, fue capaz de despegar al enemigo del suelo, haciéndolo girar.

Parecía que había impedido su ataque, pero no fue el caso. A mitad de su cuarto giro, una brazada individual le dio directamente en el hombro. El ataque hizo que el Incineroar de Ash entrecerrara un ojo, adolorido, y que sus giros se detuvieran. Frenó en seco y, con un brusco movimiento, mandó al rival lejos de él. Creyó que los colmillos le dejarían un regalo de despedida, pero no había sido el caso; el Incineroar de Elio había abierto la mandíbula en el momento previo a su lanzamiento.

El tipo Fuego más joven detuvo su avance al clavar las garras contra el suelo, para posteriormente salir corriendo hacia el contrario en cuatro patas. Se abalanzó con un gran salto y un Lanzallamas que le nacía del cinturón y rodeaba su cuerpo, volviéndolo una fogata andante.

La gran masa de fuego que iba directo hacia el tigre veterano era intimidante, pero no lo suficiente como para que ellos no pensaran en algo. El Incineroar de Ash rápidamente sujetó con sus enormes patas superiores dos grandes puñados de tierra e imitó a una peonza.

Las rápidas revoluciones alcanzadas por Incineroar le permitieron esparcir la tierra de manera precisa, permitiéndole golpear a la fuente de combustión. La tierra ayudó a hacer un poco más pequeñas las llamas, extinguiéndolas lo necesario para que pudieran alcanzar a distinguir los rasgos del enemigo.

—¡Corpulencia! —gritó Ash.

La orden fue escuchada pero no comprendida por el estadio. Utilizar Corpulencia en ese momento no era una idea que a nadie se le hubiera ocurrido, pero había gente que solo se reía ante las instrucciones dadas. La mente de Ash Ketchum era un enigma.

El Incineroar de Ash vio como la masa llameante se acercaba, identificó el brazo del enemigo en medio del infierno ardiente y se hizo a un lado con un grácil movimiento que no correspondía a su pesado cuerpo. El Pokémon rival pasó de largo, pero él lo detuvo sujetándolo por el mismo brazo que había identificado. Una vez que estuvo a sus espaldas el fuego desapareció y él lo abrazó.

El abrazo que el Incineroar de Ash daba era distinto al que había recibido. No estaba sujetando a su oponente por la cintura, sino que lo rodeaba por los pectorales. Fue ahí cuando el uso de Corpulencia cobró sentido.

Los poderosos músculos dorsales, pectorales, bíceps y tríceps del Incineroar de Ash se tensaron hasta el punto en el que las venas se remarcaron en un vistoso espectáculo. Toda esa tensión fue dirigida directamente hacia el Incineroar de Elio, quien recibió una presión aplastante en la zona del pecho, aunque solo por unos segundos.

Antes de que el enemigo pudiera romperlo, el Incineroar de Elio invocó un campo de energía que rodeó su cuerpo primero como una fina capa y rápidamente se convirtió en una gran burbuja que obligó al enemigo a abrir los brazos y a dejarlo ir.

Apenas cayó al suelo, el Incineroar de Elio se dio una rápida vuelta y se lanzó de cabeza contra el cráneo del enemigo. Antes de poder llegar a golpearlo, comenzó a girar. Sus garras arañaron los fibrosos pectorales del rival, haciéndolo rugir levemente. El Incineroar de Ash, en respuesta, lanzó un golpe con Acróbata dirigido directamente hacia la boca del estómago de Incineroar de Elio. Había sido un golpe perfecto, dado en el momento preciso para identificar el vientre del enemigo en medio de todas esas vueltas.

El Pokémon de Elio detuvo su movimiento y comenzó a caer hacia un costado, adolorido por el golpe, pero no llego a tocar el piso. Se sujetó del brazo con el que había sido golpeado y lo rodeó con sus piernas, apalancándose sobre él. Al notar los planes del oponente, el Incineroar de Ash se dejó caer de rodillas, evitando así el quedar a su merced.

Ambos tigres intercambiaron miradas y, al mismo tiempo, sus cinturones brillaron. Dos bombillas se encendieron a la par, convirtiéndose en una única y gran luz que cegó a los que la veían. Las llamas eran intensas, atrapando en su interior a los felinos. Al cabo de un rato, el fuego comenzó a moverse.

Tanto Ash como Elio llegaron a una conclusión silenciosa. Los dos sacaron sus Poké Balls y obligaron al incendio a apagarse. Las últimas brasas se desvanecieron en el aire mientras los haces carmesíes desaparecían en el centro de las cápsulas.

—¡Ambos entrenadores retiran a sus Incineroar del campo de batalla! —comentó Jeekyo—. ¡Esperamos una revancha entre estos dos pesos pesados!

—Elio es agresivo —notó Iris con una sonrisa feroz.

—Lo había visto en sus Battle Royale anteriores, pero aquí ciertamente parecía algo más… ¿motivado? —Clemont se llevó una mano al mentón.

—Su oponente es Ash —interfirió Gladio—. Al luchar contra él tienes que luchar con el doscientos por ciento de lo que tienes. Elio sabe que los instintos de Ash lo hacen un oponente difícil, por lo que la agresividad es la opción con la que puede empezar a igualar su tiempo de respuesta; abrumarlo incluso.

—Está tomando acciones arriesgadas para desconcertar a Ash y golpearlo con todo en esos momentos —añadió Rotom.

—Pika —El roedor, con los ojos cerrados y las patas superiores cruzadas, asintió.

—Pues tiene que tener cuidado si esa es su estrategia —Mallow entrecerró los ojos con cierta perspicacia—. Si va contra su enemigo con toda su energía, todo el tiempo, mientras que éste no se esfuerza al máximo, va a terminar quemándose. Como Kiawe.

—Eso último no era necesario…

La risa de Selene logró colarse por entre los gritos de emoción del público.

—No pareces recordarlo, Mallow —Su sonrisa descarada cautivó a todos—. El motivo por el cual todos llaman a mi hermano «Buldócer».

En el cuadrilátero, Ash y Elio sacaron sus siguientes Poke Balls. Se comunicaban únicamente mediante la mirada, e incluso eso les parecía un desperdicio. Para ambos kantonéses la mejor forma de transmitir sus sentimientos era mediante el combate. Los puños eran honestos, siempre transparentes y creíbles. No engañaban, no fallaban a la hora de comunicar. Por ello, porque los puños eran los mejores a la hora de enviar un mensaje, se apresuraron a lanzar al campo a sus siguientes combatientes.

Golisopod y Metagross aterrizaron con pesadez, haciendo retumbar al estadio y a la tierra bajo sus pies solo con sus pesos. Ambos mastodontes se miraron, pero para ellos la mirada no era suficiente. Usaron sus puños.

Escaramuza salió al encuentro de Puño bala. Ambos movimientos permitieron que esos pesados cuerpos recubiertos por placas de quitina y acero se movieran como pulgas al saltar; rápidos y ágiles.

La garra verdosa chocó contra el puño plateado. Ambos chocaron, forcejaron y se movieron. Escaramuza atravesó a Puño bala, haciéndolo retroceder violentamente. El brazo de Metagross se movió de forma brusca, como el retroceso que sufría uno al disparar un arma de gran calibre. Golisopod, aprovechando el momento de debilidad, se llevó una mano a la cintura y comenzó a crear una katana de agua que tuvo que desenfundar mucho antes de lo planeado.

El retroceso para Metagross había sido horrible, pero su tenacidad era impresionante. Se obligó a sí mismo a recuperarse en cuestión de segundos y a lanzar otro Puño bala que esta vez no chocó contra Escaramuza, sino contra el incompleto Hidroariete de su oponente. La katana y el puño chocaron, pero esta vez no hubo forcejeo. Ambos retiraron rápidamente sus extremidades, tratando de tomar una mejor posición a la hora de volver a atacar.

Metagross parecía llevar la ventaja gracias a la velocidad de Puño bala, y todo apuntaba a que él atacaría primero, pero no esperaba que Golisopod hiciera lo que hizo. Una burbuja del color de un arcoíris sucio, como el petróleo sobre el agua, se dirigió directamente contra los ojos de Metagross. El veneno, por supuesto, era solo agua para los tipo Acero, pero eso no significaba que pudieran ver a través de él. Eso quería decir que, por un segundo, Metagross no pudo ver a su enemigo, y eso eran malas noticias.

El tipo Acero trató de no permitir que eso le afectara. Cargó sin importarle nada, esperando que su golpe fuese preciso. No lo fue.

Golisopod, con una torsión de torso, logró evadir el ataque y lanzar el suyo propio. Su espada acuosa dio directamente contra el mentón de Metagross, haciéndolo trastabillar y perder el equilibrio.

—¡OTRO ENCUENTRO DE PESOS PESADOS! —gritó Jeekyo, reventando los altavoces —. ¡Golisopod y Metagross se lanzan en contra del otro con todo su poder! ¡La ventaja de tipo, sin embargo, está a favor del gran tipo Bicho! ¡¿El participante Elio vuelve a estar en desventaja?!

—¿Cómo que vuelve? —se preguntó Asahi, frunciendo el ceño.

—Bueno, si hablamos de los Incineroar, es claro que el Incineroar del jefe es más fuerte que el de mi hermano. Tiene bastante más experiencia —admitió Selene. No parecía muy entusiasmada, pero tampoco lucia molesta en lo absoluto.

—¡Pero! Ash comenzó a entrenar a su Incineroar solo unas semanas antes de que Elio tuviera a su Litten, ¿no? No puede haber tanta diferencia… —Tsukishima, tratando de equilibrar las cosas para su hijo, lucía ligeramente desesperado.

—Eso es cierto, pero una cosa no quita la otra. El Incineroar del jefe partió con una gran ventaja sobre el Incineroar de mi hermano. No es solo que su entrenador tuviera muchísima más experiencia y habilidad entrenándolo, que de por sí ya es un mundo de diferencia, sino que tenía acceso a rivales y mentores más fuertes —siguió diciendo Selene.

Y esta vez, pensaron los presentes, la ventaja no solo era por la experiencia. Aunque ninguno de los dos Pokémon tenía súperefectividad de tipo contra el otro, sí había una desventaja notoria en contra de Metagross. Su tipo Acero, del que más ataques ofensivos poseía, veía su fuerza mermada al enfrentarse al tipo Agua del isópodo.

Metagross, sabiendo esto tan bien como su entrenador, tal vez incluso mejor, se preparó para la inminente orden que sabía que llegaría. Se sonrió al escucharla.

—¡Tormenta de arena!

Las patas metálicas de la mole golpearon el suelo, un rugido chirriante vibró en el aire y la arena se levantó. Jirones de tierra comenzaron a surgir de la nada, arrastrándose por todo el campo de batalla y creando enormes cortinas que imposibilitaban la vista. Las partículas llenaban tanto espacio como podían, envolviéndolo todo de un color amarillento bastante precioso para el que fuera lo suficientemente tonto como para abrir los ojos. Aunque eso solo pasaba en el campo de batalla. En las gradas todos estaban a salvo. Los escudos al principio habían dejado pasar una cierta cantidad de arena, pero en cuanto detectaron la anormal masa se activaron y fungieron como barrera para evitar su paso.

Ash tuvo que cubrirse con el antebrazo para evitar que toda la suciedad le cayera en los ojos. Lágrimas comenzaron a formarse como método de defensa contra la arena. Tormenta de arena era una molestia enorme y no sabía bien lo que Elio tenía pensado hacer aprovechándose de ella.

Había hecho su investigación. La noche anterior se la había pasado analizando los combates del Asutoro en la Liga Sinnoh. Lillie incluso le había llevado un pan a la habitación para que su cerebro, frito de tanto esfuerzo, pudiera tomar un respiro. Gracias a su estudio y a su conocimiento de Elio, se hacía una idea de lo que podía hacer, pero no era como Lillie. Ash no podía prever todas las situaciones ni adelantarse a ellas, pero sí que podía responder.

La tormenta de arena no solo era un impedimento visual, sino también auditivo. El fuerte sonido de los vientos huracanados que arrastraban la arena, así como la necesidad de cubrirse las orejas para que ésta no entrara en ellas, hacía que escuchar fuera mucho más complicado. Sin embargo, Elio había ideado una manera para distinguir a su Pokémon por entre todos esos obstáculos. Una sensación curiosa, como el de un toque propiciado por un bebé, le llegó desde cierta parte del campo de batalla, seguida de otra más. La primera onda le había dado en el codo izquierdo, mientras que la segunda en la pantorrilla derecha.

Metagross era un Pokémon de tipo Psíquico. Su capacidad cerebral era impresionante y sus habilidades psíquicas sobresalientes. Por ello, para el tipo Acero, no era ningún problema enviar señales lo suficientemente fuertes como para sacudir a Elio, pero también lo bastante débiles para no lastimarlo. El primer impulso psíquico señalaba la ubicación del enemigo y el segundo marcaba la posición de Metagross. Con esa información, Elio podía empezar a hacerse un mapa mental del campo de batalla y, gracias a ello, podía comenzar su ofensiva.

Su estómago recibió quince pequeños golpecitos, tan débiles que ni siquiera deberían de llamarse como tal. Esos toques le señalaban la cantidad de distancia en metros que había entre ambos Pokémon. Era una brecha considerable, por lo que Elio supo cómo empezar.

—¡Puño bala!

—¡Guardia alta, Golisopod!

El silbido producido por el movimiento de Metagross se camufló lo suficientemente bien detrás del ruido producido por la tormenta de arena, de manera que apenas sonó un poco más alto. Gracias a esa cobertura, Metagross no vio su posición revelada hasta el final. Lo único que lo delató fue la gigantesca polvareda que dejaba a su paso, la cual realmente destacaba.

Golisopod recibió el golpe con sus escudos en alto. El tipo Bicho retrocedió un paso, empujó sus quitinosas protecciones y lanzó un rápido zarpazo recubierto en un aura verdosa que solo cortó el aire. La tierra hacía que su movimiento fuera más torpe y pesado, mientras que solamente beneficiaba a Metagross.

Nadie parecía verlo, pero el tipo Acero se movía con la agilidad de un Surskit al patinar sobre el agua. Gracias a eso pudo posicionarse rápidamente detrás de Golisopod, asestando un fuerte puñetazo contra su espalda. El samurái avanzó un paso de forma torpe, girándose con su katana desenvainada y errando nuevamente.

Todo el peso de Metagross tambaleó a Golisopod al golpearlo con Cabezazo zen, seguido de un Puño bala que fue hábilmente bloqueado. Golisopod, gracias al corto intervalo entre ambos movimientos, pudo reaccionar lo suficientemente rápido como para lanzar un ataque que logró rozar a Metagross.

El tipo Acero se apresuró a retroceder, sintiendo el ardor de las garras del enemigo sobre su propio acero. Vio la forma en la que Golisopod comenzaba a moverse, alejándose de su posición previa, por lo que comenzó a mandarle impulsos a Elio para avisarle de esto.

Metagross siguió moviéndose, buscando el lugar perfecto para atacar, y Golisopod hizo lo mismo. El tipo Acero, de haber tenido cejas, las habría arqueado. El movimiento de Golisopod parecía demasiado preciso, incluso premeditado. No era la forma de moverse de alguien que no sabía adónde iba. Comenzó a indicarle la ubicación de ambos, la suya y la del enemigo, a su entrenador.

Elio sí que tenía cejas y por ende las arqueó. Golisopod no estaba perdido. Se movía conscientemente; con un objetivo fijo. Cada cierto tiempo cambiaba su ruta y aceleraba un poco el paso, pero no lo suficiente como para que fuera motivo de alerta. ¿Adónde iba? ¿Qué quería hacer? No lo sabía. Lo que sí sabía era que no quería darle vía libre para obrar como quisiera.

—¡Puño bala!

Metagross se lanzó, Golisopod se movió un paso y una onda se envió a Elio. Asutoro, entonces, se dio cuenta.

—¡Deten…! —Arena entró a su boca, obligándolo a escupirla —. ¡Detente, Metagross!

La capacidad cerebral de Metagross era impresionante, mayor que la del mejor superordenador existente. Su tiempo de reacción también era fantástico, pero ni él podía hacer que las leyes de la física desaparecieran sin más. Desacelerarse a sí mismo, una mole de media tonelada moviéndose a velocidades casi sónicas, en cuestión de un segundo era imposible. Y aunque sabía que no podía detenerse, su súper procesamiento le hizo decidir que la mejor opción era seguir con su Puño bala; así al menos podría hacer una contra reacción.

El puñetazo de Metagross chocó pesadamente contra la katana de Golisopod. Ambos movimientos se unieron en un forcejeo que duró tan poco como el tiempo que tardó el tipo Acero en llegar al tipo Bicho. El sable, blandido con la excelencia de un artista marcial, fue capaz de desviar a la mortífera bala y seguir hasta llegar a la pistola que la había disparado.

Metagross sintió como el agua, condensada a grandes presiones, hacía que su metálico cuerpo se sacudiera. Salió impulsado hacia su espalda, aferrándose tanto como pudo al suelo para no irse demasiado lejos. Ese golpe había sido bestial, pero no lo había alejado lo suficientemente rápido como para evitarle ver el as bajo la manga del tipo Bicho.

El factor sorpresa se había ido y tenía que hacérselo saber a su entrenador.

Elio se confundió cuando sintió un golpecito en la frente. Había sido un pequeño toque, seguido de uno que se prolongó bastante más. Siguió sintiendo esos toques, repitiéndose una y otra vez, hasta que se dio cuenta.

Código morse.

Cerró bien los ojos y se concentró tanto como pudo, intentando recordar todas las letras que podía. Se maldijo enormemente por solo haberse aprendido las vocales y la letra «s» cuando Metagross le había insistido en que aprendiera todo el alfabeto.

Sintió un toque rápido, seguido de uno prolongado. Era fácil, una «a».

Un toque prolongado, luego otro y finalmente un toque rápido. Se quedó en blanco. No tenía ni idea de lo que significaba.

Toque rápido, toque rápido, toque prolongado. Esa la sabía: una «u».

Nuevamente hubo un toque rápido seguido de uno prolongado. Otra «a».

Hubo una espera bastante más larga que los toques prolongados. Elio esperó hasta que, de nuevo, los toques regresaron. Tres toques prolongados seguidos, los cuales tuvieron la misma duración que el silencio previo. Esa era, sin duda, una «o».

Un toque rápido, seguido de tres toques prolongados, no le dijeron nada a Elio. Era una consonante, porque no la recordaba.

Al final, volvió a sentir tres toques prolongados seguidos. Una «o» más.

Elio esperó, hubo un silencio prolongado y luego volvió a sentir un toque rápido y otro prolongado. El patrón comenzó a repetirse de forma cíclica. «A… ua o… o» era lo que decía.

Para sus adentros, Asutoro agradeció enormemente que solo le faltara una palabra a cada oración, por lo que rápidamente pudo deducir lo que su Pokémon quería decirle. «Agua ojo». Había agua en los ojos de Golisopod; agua que seguramente lo protegía de la arena.

«Eres condenadamente inteligente», pensó Elio, refiriéndose tanto a su Pokémon como al rival.

—¡Cabezazo zen! —ordenó.

Metagross empezó a patinar sobre la arena, moviéndose de un lugar a otro para tratar de confundir a Golisopod. La mole era rápida, pero no lo suficiente como para escapar de la vista del samurái. Los ojos del insecto, acostumbrado a velocidades mucho más altas, eran lo suficientemente capaces de seguirle el ritmo sin problemas.

El tipo Psíquico se lanzó en contra del tipo Agua, centrando todo su peso en la coronilla de su cabeza, la cual brillaba como un chicle de fresa introducido a un reactor nuclear. En respuesta al ataque de Metagross, Golisopod mostró sus dos grandes garras y las abalanzó en su contra, brillando en un tono verdoso.

Chupavidas chocó contra Cabezazo zen, haciendo que ambos Pokémon apretaran fuertemente la mandíbula, Metagross por el poderoso choque y Golisopod por el intenso escalofrío que había recorrido su cuerpo de arriba a abajo con una intensidad equiparable a mil rayos. El amedrentamiento ocasionado por Cabezazo zen hizo que las garras de Golisopod se vencieran, permitiéndole el paso al resto del ataque. Cuando parecía que Metagross estaba por golpear a Golisopod, éste se lanzó a interceptarlo con su propia cabeza.

El choque entre el metal y la quitina fue absurdamente estruendoso. Viento se creó a partir del punto de unión, dispersando levemente la tierra y obligando a ambos Pokémon a volver a apretar la mandíbula. Cuando el choque terminó, ambos retrocedieron con ligeros tropezones.

Chupavidas había reducido la potencia de Cabezazo zen, al menos lo suficiente para que Golisopod pudiera recibirlo con su extremadamente resistente cabeza sin sufrir demasiado. La sacudida había sido mucho más molesta que el golpe en sí, aunque también había contribuido a su lenta reacción para bloquear el Puño bala de Metagross que vino después.

Logró levantar sus escudos a tiempo, afirmándolos con todo su peso y logrando que Metagross frenara un poco. El tipo Acero hizo retroceder su brazo, cargando de nuevo con un Puño meteoro que Golisopod no tenía la menor intención de dejar que lo tocara.

El isópodo dio un pesado salto hacia atrás y utilizó un Hidroariete que más que una katana parecía una cuchilla en forma de media luna. El improvisado filo salió disparado como un corte en contra de Metagross, acto seguido golpeándolo directamente en la frente y haciéndolo vacilar a la hora de seguir adelante con su embestida. Golisopod aprovechó la oportunidad para lanzar un Chupavidas con el que alejó el brazo de Metagross de sí.

El tipo Acero retrocedió, adolorido, y trató de volver a atacar, pero vio la intención en los ojos de Golisopod y se apresuró a retroceder, perdiéndose entre la arena. Un Escaramuza, dado de frente, seria letal, sin importar cuan lento fuese. Tal vez no lograría conectarlo a tiempo, pero definitivamente no sería Metagross quien se arriesgaría a averiguarlo.

Elio, a lo lejos, sintió los toques en su cuerpo. Nuevamente era código morse, pero esta vez con un mensaje que podía interpretar fácilmente. «SOS». La señal; el límite.

Elio decidió, entonces, que debía romper el molde. Debía de dejar de enfrentar a sus pesos pesados contra los de Ash, al menos por ahora. Sacó su Poké Ball y la apuntó hacia donde sabía que estaba Metagross, haciéndolo regresar.

Los drones Rotom tenían incorporados en ellos cámaras realmente resistentes, a prueba de agua, polvo y hasta de balas. No eran cámaras todopoderosas que les permitieran ver perfectamente a través de la arena, pero si eran lo suficientemente buenas como para vislumbrar el panorama general. Por ello captaron el momento en el que Metagross salió del campo de batalla y en el que el relevo entró.

—¡El participante Elio hace un cambio de trescientos sesenta grados! ¡El poderoso tipo Acero se va para darle paso al pequeño tipo Roca! —anunció Jeekyo.

Eso se lo dijo todo a Ash. «Sabía que lo usarías, Elio», pensó. Porque Elio Asutoro, por mucho que quisiera negarlo, era un sentimental. Y entre su forma de operar estaba lo que ahora hacía. Si Selene había ido a la batalla con un Pokémon de la misma especie que uno de los que Elio tenía en su arsenal, entonces él sin duda también lo utilizaría para combatir. Esa era su forma de honrarla y de mostrarle al mundo lo diferentes que eran.

Minior, en su forma meteorito, esperaba inmóvil las ordenes de su entrenador.

Elio sabía que ahora tenía que ser extra cuidadoso con los movimientos tipo Agua de Golisopod, pero también sabía que ahora tenía movimientos que eran eficaces contra el enemigo. Por ello, antes de que su oponente pudiera atacarlo, se aseguraría de ser lo suficientemente fuerte como para resistir sus embates.

—¡Masa cósmica!

El cuerpo de Minior se rodeó por un manto de un color precioso que la arena impidió que se exhibiera en todo su esplendor. Era como ver una amatista, intensamente morada, salpicada por la espuma del mar en toda su superficie. Cuando la espléndida muestra de color desapareció, un aura rojiza rodeó a Minior.

Minior era, posiblemente, el Pokémon de Elio del que menos sabía, pero recordaba la forma en la que había empezado a entrenarlo. Por ello sabía que dejarlo hacer lo que quería hacer era absolutamente impensable.

Golisopod cargó contra el meteorito, cuyo pequeño tamaño le facilitaban bastante más el ocultarse entre la arena, pero cuya posición era delatada por el brillo característico del potenciamiento de estadísticas. Corrió contra él y creó una katana de agua en su cintura que desplegó. La espada no se detuvo a una distancia normal, sino que siguió de largo hasta llegar a donde estaba Minior. El tipo Roca apenas pudo moverse lo suficientemente rápido como para evadir el ataque. Ash pesó que eso no debió de ser posible hasta que vio un brillo azulado a la distancia.

El Rompecoraza de Minior, hecho en el momento justo, le había permitido evadir el ataque entrante. Ash pensó en lo problemático que sería dejar a un Minior desatado por el campo de batalla y decidió que era hora de que la tormenta se fuera. Pasó su mirada de un lugar a otro, con los ojos lo suficientemente abiertos como para ver, y pensó en algo.

Elio notó algo a la distancia que lo hizo fruncir el ceño. Vio un destello a la lejanía que comenzó a trazar un movimiento ondeante. Aquel brillo solo siguió intensificándose. No se dio cuenta de lo que era hasta que fue bastante tarde.

Una gran espada de agua, del tamaño de dos Golisopod, se elevó hacia el aire. Su envergadura partió la arena de la misma manera en la que un edificio perforaba los cielos. Comenzó a moverse como un poderoso ciclón, formando vientos huracanados que arrastraron la arena. Pronto aquel torbellino liberó al campo de batalla de arena, concentrándola en un solo punto: Sobre la cabeza de Golisopod.

El tipo Agua parecía cansado y no era para menos. Tremenda proeza de fuerza y habilidad debía de ser desgastante. No tuvieron mucho tiempo para pensar cuando vieron la forma en la que el tornado comenzaba a caer directo hacia Minior. Elio, con los ojos y la boca bien abiertos, decidió tomar acción prontamente.

—¡Giro bola!

El tipo Roca comenzó a moverse lentamente y, al cabo de unos segundos, sus giros aumentaron en velocidad hasta que su imagen se volvió borrosa. Utilizando el movimiento comenzó a repeler parte del agua y de la arena que caían sobre él, comenzando a surfear sobre las bravas olas como una boya. Pese a ello, el maremoto todavía lo había sacudido lo suficientemente fuerte como para dejarlo mareado.

—¡Hidroariete de nuevo, Golisopod! —Escucharon gritar a Ash.

—¡Avalancha!

Las rocas salieron volando, un poco en desorden, en contra del isópodo, quien cortaba las que podía con su precisión letal mientras que bloqueaba las más pequeñas con las placas de su armadura, protegiéndose bien el vientre.

Golisopod avanzó a gran velocidad en contra de Minior, pero no era lo suficientemente rápido como para alcanzar al meteorito con facilidad. Minior se echó hacia atrás, vio la katana pasar frente a sus ojos y luego se lanzó en picada al suelo, sintiendo una brisa fría soplar sobre su cuerpo. Utilizó un rápido Giro bola que Golisopod interceptó con el escudo de su brazo izquierdo.

La intensidad de los giros de Minior hizo que chispas saltaran de su contacto con la armadura de Golisopod. Comenzó a moverse por el escudo y, cuando llegó al borde interior, su insistencia le permitió atravesar la defensa del enemigo. El meteorito había ganado acceso al vientre del samurái, una de las únicas zonas desprotegidas, pero cuando intentó golpearlo múltiples garras salieron a su encuentro.

Aquellas extremidades, afiladas como picas y repentinas a la hora de moverse, fueron todo un impedimento para Minior, quien se vio rápidamente alejado de punto débil del enemigo. Mientras se apartaba lanzó un rápido Avalancha que Golisopod alcanzó a bloquear con un sable corto hecho de agua y varias de las subgarras que había su torso. Una de las rocas, sin embargo, logró colarse al interior y golpearlo directamente en el mentón.

—¡MINIOR SE ESCABULLE! Aprovechando su pequeño tamaño, el Minior del participante Elio dirige una ofensiva explosiva en contra de Golisopod, asestando un golpe que sin duda dejará un moretón.

—No para… —murmuró May—. Sigue atacando y atacando.

—Bueno, no puedo decir que no entiendo por qué lo llaman «Buldócer»… —admitió Serena.

—La ofensiva de Elio es excelente, pero Ash siempre se las arregla para bloquearlo. Ataques que deberían dar de lleno y con fuerza se ven reducidos a migajas de lo que podrían ser. —Cilan analizaba la situación con ojo muy crítico.

—Pues bueno, ese es Ash —Dawn se encogió de hombros, no muy impresionada por el desempeño en combate de su amigo. Piplup, a su lado, la imitó.

—¡ESTÁS GENIAL, GOLISOPOD! —gritó Lillie con fuerza, colorada hasta las orejas como una fanática viendo a su ídolo—. ¡Tan grande y tan fuerte!

Lana asentía enérgicamente, maravillada por la constitución del tipo Agua.

Misty, por su lado, parecía seguir en conflicto por la naturaleza de Golisopod. Un año no era suficiente para resolver su dilema interno.

—A Lillie-tan de verdad le gusta Golisopod —rio Acerola, viendo la sonrisa de chiquilla en la cara de Aether.

—Lillie tiene debilidad por todos los Pokémon de Ash, pero es todavía más débil con sus Pokémon de Alola porque los vio crecer. Y entre todos ellos, es Golisopod al que más cariño le tiene —explicó Rotom.

Hau se llevó una mano al pecho, fingiendo dolor.

—Qué duro… Que Lycanroc y los demás no escuchen eso. Se les partirá el corazón.

—Bueno, no es que Lillie quiera más a Golisopod, es solo que… Bueno… Podrías decir que se identifica con él —terminó de decir la Pokédex.

Elio permitió que el sudor se arrastrara hasta su barbilla y ya ahí se dio el lujo de secarlo. Sus ojos, tan afilados como para cortar el aire con ellos, estaban fijos en algo. Estaba tan cerca. Demasiado cerca de encontrar el ángulo exacto. Solo tenía que aumentar la velocidad. Solo tenía que ser más rápido.

Dejó salir un suspiro y sus puños se apretaron.

—¡Rompecoraza!

Minior se retiró a la brevedad, poniendo toda la distancia posible entre él y Golisopod. El isópodo, al verlo alejarse, se lanzó en contra de él con su Hidroariete a distancia. Las guadañas de agua salían disparadas, pero la creciente velocidad del meteorito le permitía esquivarlas con cada vez menos dificultad.

Elio sonrió al ver como el ritmo de la batalla comenzaba a tornarse a su favor. Su gesto pronto se borró cuando vio como una burbuja fangosa salía del hocico de Golisopod y rápidamente subió la guardia. No había forma de que Ash Ketchum utilizara Tóxico contra Minior, que era inmune a él gracias a Escudo limitado.

Sus párpados se separaron al recordar aquella anécdota en la que Ash había utilizado un ataque eléctrico contra un tipo Tierra. Había sido a inicios de su carrera como entrenador, pero remarcaba un hecho muy importante: su ídolo no era perfecto. Cometía fallos como todos, erraba y a veces de formas que podían considerarse tontas. Elio, sin embargo, no sabía si estaba ante un "error tonto" o ante algo más.

Lo descubrió cuando vio como las cuchillas de agua reventaban la burbuja venenosa. El veneno diluido en agua avanzó hacia Minior, creando una copiosa masa de agua ponzoñosa que el meteorito vio venir pero que sabía que no podía esquivar.

—¡Giro rápido!

Minior comenzó a rotar como una centrifuga, recibiendo de lleno el ataque de Golisopod y repeliéndolo en cierta parte. La sacudida había sido brutal, pues la reducción de defensa de su segundo Rompecoraza no era ningún chiste. Tenía suerte de haber utilizado con anterioridad Masa cósmica.

El tipo Roca dejó de sentir el agua y lentamente dejó de girar. A su alrededor el panorama empezó a aclararse, pero no fueron sus ojos los que le advirtieron del peligro: fueron sus oídos.

—¡BAJA, MINIOR!

El repentino grito de su entrenador lo hizo dejarse caer, viendo como por encima de su cabeza pasaba rozando una hoja transparente en la que vio su propio reflejo. Minior, dentro de su coraza, sintió un escalofrío terrible.

Creyó que la había esquivado, pero se llevó una desagradable sorpresa cuando vio como la masa de agua perdía su forma para empezar a caer inerte sobre él. Se apresuró a utilizar un Giro rápido que hizo rebotar parte del agua sobre su superficie, pero el peso de la misma era aplastante. Minior perdió altura y ahí Golisopod aprovechó.

Una cuchilla de agua salió al encuentro de Minior, cuyos giros habían disminuido la velocidad por el peso del agua. Era un golpe directo; uno que frenaría por completo el movimiento del meteorito. Lo habría sido.

—¡DE FRENTE! —gritó Elio con toda la fuerza que tenían sus pulmones.

En su coraza, Minior sonrió y sus ojos brillaron como la estrella que era. Los giros se hicieron más rápidos y luego más y más rápidos. El agua que pesaba sobre su cuerpo se sentía como una manta ligera y suave. Tan irrisorio era su peso que Minior casi se carcajeó.

Como la proa de un barco, el meteorito rompió las olas y las atravesó. Siguió avanzando a una velocidad a la que Golisopod podía seguir, pero no después de la sorpresa que se había llevado. Minior se movió como una pelota de fútbol pateada por el mejor futbolista y llegó hacia su enemigo, quien intentó bloquearlo con sus escudos.

Elio lo vio. Finalmente sus ojos hicieron contacto con ese punto específico que tanto anhelaba. El lugar del contacto; la zona cero. Ahí estaba el pilar que debía de golpear para derribar el edificio. Bajo la gran garra derecha de Golisopod y todavía más abajo de sus dos cortas extremidades; cerca de su cintura y a la altura de su codo. Asutoro sonrió, perdido ante la belleza de su hallazgo, como una doncella enamorada o como un demente, dependiendo de a quién se le preguntara.

Minior se escabulló por ese punto. Entró en perpendicular, metiéndose por entre el codo y la cintura de Golisopod, encontrándose con un vientre desprotegido. Sus giros chocaron contra la carne del samurái y luego rocas salieron disparadas a mansalva.

Golisopod comenzó a retorcerse mientras era acribillado, retrocediendo varios pasos hasta que se alejó un poco de Minior. El meteorito habría seguido girando de no ser porque unos sables cortos aparecieron en las cuatro extremidades más cortas de Golisopod, comenzando a cortar las rocas y persiguiéndolo incesantemente. El tipo Roca se echó hacia atrás, lanzó una última roca y uno de los sables lo golpeó de lleno en el rostro, empotrándolo contra la tierra.

Golisopod retrocedió torpemente, con una expresión afligida en el rostro. Se llevó una garra a la zona afectada. Sus ojos se centraron en Minior, quien ya se levantaba del suelo aunque con dificultad.

—¡MINIOR HACE RETROCEDER A GOLISOPOD! —gritó Jeekyo, desatando una cadena de gritos y ovaciones—. ¡La impresionante tenacidad del participante Elio le permitió dar con la debilidad de Golisopod! ¡Un golpe increíblemente certero que habría sido devastador de haber durado más!

—¡ESO, HERMANOOOO! —exclamó Selene, levantándose de su asiento y extendiendo un brazo hacia el frente.

Los señores Asutoro gritaron con la misma fuerza que su hija.

—¡Conectó un golpe impresionante! —reconoció Kiawe, tanto orgulloso como frustrado—. Más te vale no caer aquí, Ash…

—Un buen golpe, pero con un alto costo. —Chris lucía pensativo—. Me pregunto cómo se encuentra Minior ahora mismo. Por mucho que use Giro rápido, sus defensas están reducidas y ya se enfrentó tres veces al Hidroariete de Golisopod. La forma meteorito lo ayuda a aguantar, pero no es infalible…

—¡Es tan pequeño y tan fuerte! —Bonnie, con las manos en las mejillas y brillo en los ojos, veía al meteorito brillar a su manera.

—¡Y no has visto nada! —Selene de inmediato saltó—. El Minior de mi hermano es una bala. Una vez que empieza, no se detiene hasta que todo termina. ¡Lo bueno está por comenzar!

Elio se echó hacia atrás y dejó salir un sonoro suspiro. Sus ojos se encontraron con los de Ketchum, que no hacían nada más que brillar.

«¿Me está viendo?», le preguntó Elio.

«Te estoy viendo», respondió Ash.

Asutoro asintió y Ash extendió su Poké Ball al frente. Golisopod regresó a ella en un parpadeo, y en un parpadeo Ketchum sacó la siguiente cápsula. Una esfera particular, bastante característica e inconfundible: una Ente Ball.

—¡ESTÁ AQUÍ! ¡La joven promesa del equipo de Ash Ketchum! ¡Un llegado de otra dimensión! ¡Alguien que luchó junto a Elio pero que ahora se ha convertido en su enemigo!

La esfera despegó ante la atenta mirada de todos y se abrió. De ella salió una pequeña criatura que vio en todas direcciones con alegría y curiosidad. Comenzó a reírse y a girar como un trompo.

—Poipole… —Elio se crujió los nudillos—. A ver qué puede hacer.

—Veamos, esto… Según los datos previamente proporcionados, Poipole pertenece al tipo Veneno, por lo que se encuentra en desventaja de tipo en contra del tipo Roca de Minior. ¡El participante Elio lleva la delantera! —informó Jeekyo.

—¡Poipole, enseñémosles tu arte! —dijo Ash con una sonrisa en el rostro.

El Ultraente, en un abrir y cerrar de ojos, dejó de girar para encarar a Minior. Comenzó a lanzar pequeños golpecitos con sus patitas mientras agitaba enérgicamente la cola. Su ceño levemente fruncido contrastaba con su sonrisa de oreja a oreja.

—¡Minior, Avalancha!

—¡Maquinación!

Elio supo lo que quería hacer Ketchum. Un duelo de Pokémon pequeños y ágiles, ambos con estadísticas potenciadas. Una batalla en donde el vencedor seria determinado por quién golpeara primero. Para mala suerte de Ash, pensó Elio, Rompecoraza hacía a Minior bastante más veloz que Poipole.

Mientras las rocas volaban hacia él, Poipole comenzó a girar como trompo nuevamente. Su cuerpo pequeño y flexible le permitía moverse entre las rocas, aunque no lo hizo mucho. Esquivó tres proyectiles y, cuando vio llegar el cuarto, se sujetó fuertemente a él, siendo arrastrado durante varios metros. La estrategia, aunque poco ortodoxa, le había dado al Ultraente el tiempo necesario para utilizar Maquinación.

Poipole se bajó de la roca, riéndose y flexionando sus pequeños bíceps. Con sus patitas señaló a Minior, incitándolo a atacar de nuevo.

—Dos pueden jugar a ese juego… ¡Minior, Masa cósmica!

El meteorito se rodeó de aquella preciosa luz, pero Poipole pronto reaccionó. Del aguijó de su cabeza salió un chorro tóxico que avanzó con presteza en contra de Minior. El tipo Roca y Elio se sorprendieron por la velocidad del ataque, obligando al primero a cancelar su movimiento.

—¡En ese caso llevaremos el combate a ti, Elio! —dijo Ash—. ¡Doble rayo!

Poipole acortó la distancia, lo suficiente para que su ataque llegara pronto en caso de que Minior quisiera volver a aumentar sus estadísticas, y disparó. Dos rayos nacieron de sus aguijones laterales, comenzando a rodearse entre ellos, tomando la forma de eslabones que se entrelazaban para crear una larga cadena que tenía al tipo Roca como objetivo.

—¡Avalancha! —respondió Elio, apretando con fuerza un puño.

Las rocas se crearon y dispararon, chocando contra el haz de luz. Las piedras eran destruidas en fragmentos más pequeños que caían al suelo, creando una insistente cortina de polvo que no desaparecía del punto de colisión. Aunque las balas rocosas eran rotas, el ataque de Poipole tampoco avanzaba. Era una situación más o menos pareja hasta que dejó de serlo.

Avalancha comenzó a ganar terreno sobre Doble rayo. Las esquirlas de roca saltaban por todos lados y el sonido producido por el láser era casi hipnótico. Poipole pronto vio que la situación era insostenible y, por orden de Ash, se retiró con un rápido giro.

—¡Sigue con Doble rayo!

Poipole, en medio de sus giros, disparó. El ataque tipo Bicho avanzó y la cadena se estrechó, creando un punto súper concentrado que destilaba potencia.

Minior quiso volver a utilizar Avalancha, pero Doble rayo esta vez era más poderoso y Poipole tampoco se estaba quieto. Elio sabía que Ash era un fan de la energía cinética, por lo que tenía que reducir la movilidad de Poipole a como diera lugar. Si no había alas que pudiera cortar, entonces se dedicaría a lastimarlo hasta en el punto en el que no pudiera sostenerse en el aire.

—¡Giro bola!

Minior dejó de lado su Avalancha para cargar contra Poipole. Se arrojó por tierra, comenzando a levantar una polvareda ahí por donde pasaba, siendo también perseguido por el ataque enemigo. El Ultraente era insistente y había estado a punto de atrapar al tipo Roca en varias ocasiones, pero no lo hizo.

El meteorito salió disparado de entre el polvo, apareciendo repentinamente ante el tipo Veneno. Poipole lo vio acercarse rápidamente e hizo lo que le parecía más sensato: se sujetó a él.

El Ultraente no luchó contra la corriente, sino que se unió a ella al permitirse ser arrastrado. El pequeño comenzó a dar vueltas como si estuviera en una lavadora mientras que Minior insistía en sus giros, sin ser capaz de procesar todavía que su ataque no estaba teniendo efecto. Elio fue más rápido al pensar.

—¡Tírate al suelo!

Minior obedeció. Cambió su trayectoria y se disparó contra la tierra. Antes de poder chocar en contra del suelo, Poipole se soltó y salió volando hacia la derecha del tipo Roca. Mientras salía despedido empezó a dar sus propias vueltas, creando otro Doble rayo súper concentrado que utilizó para atacar el lugar exacto en el que caería el oponente.

El Pokémon de Elio chocó contra el suelo y, ni un segundo después, el Doble rayo le dio de lleno en la coraza. Minior salió rodando de la polvareda creada por el impacto y volvió a emprender el vuelo con relativa facilidad. Si estaba cansado o no, nadie lo sabía gracias a su caparazón hecho de polvo estelar. Lo único que podía delatarlo era su movimiento, y se veía bastante bien.

Asutoro veía los giros despreocupados de Poipole, la sonrisa satisfecha de Ash y el ascenso de su propio Pokémon. Podían aguantar un poco más. El show requería de unos últimos preparativos que, dentro de muy poco, quedarían zanjados. Y cuando eso pasara… Cuando eso pasara, Poipole ya no luciría tan despreocupado.

—¡Subamos el ritmo! ¡Rompecoraza! —gritó.

Un destellante brillo blanquecino recorrió la coraza del tipo Roca, fragmentándose y esparciendo esquirlas de luz por el aire. Un aura roja, seguida de un aura azul, rodeó al pequeño. Antes de poder moverse, fue golpeado directamente por una Bomba lodo que lo arrojó hacia atrás.

—¡Giro bola!

Minior avanzó con presteza, incrementando sus giros cada vez más y más. Su movimiento pronto se hizo tan rápido que se volvió borroso para el ojo. Con gran velocidad, una que abrumó a Poipole, se lanzó en contra de él.

El tipo Veneno preparó un Doble rayo que disparó en contra de Minior, quien cambió su trayectoria, dando una media vuelta alrededor de Poipole y posicionándose en su espalda. El Ultraente se giró con una rápida pirueta digna de un bailarín profesional de breakdance, disparando un Doble rayo que se encontró de frente con el Avalancha de Minior.

Las rocas nuevamente comenzaron a ser destruidas, pero llegó un punto en el que la ofensiva de Poipole se vio sobrepasada. Los proyectiles se acumularon y Doble rayo no pudo seguir el ritmo. Poipole se detuvo y trató de echarse hacia atrás tan rápido como pudo. Una de las piedras rozó su cráneo, otra su torso y una finalmente lo golpeó en las piernas.

El equilibrio del pequeño Ultraente, ahora comprometido, fue aprovechado por Asutoro de otra forma.

—¡Masa cosmica!

—El ataque y la velocidad de Minior están al máximo —murmuró Hau—. Si Ash le permite restablecer sus defensas, entonces estará ante un enemigo formidable.

—Un objeto del tamaño, velocidad y poder de Minior… El peor escenario sería uno en el que Elio explotara al máximo Masa cósmica —analizó Rotom.

—Golisopod e Incineroar tendrían muchos problemas para golpearlos. Su especialidad es enfrentarse a otros pesos pesados. Esto es peligroso para Ash —comentó Lillie. Todos los que posaron la mirada sobre ella, sin embargo, no percibieron ninguna vibra de genuina inquietud.

—Lillie. —La llamó Selene. Asutoro recibió la mirada de Aether con cierto desafío en ella—. Tus palabras no suenan muy genuinas.

—No me malentiendas, Selene. —La rubia le regaló una sonrisa y su mirada transmitía una respuesta recíproca al duelo planteado por su amiga de pelos azabaches—. Entiendo el peligro que representa Elio. Sin embargo, confío en la capacidad de Ash para salir del peligro.

Selene no lo dijo, pero ella pensaba igual. Conocía a Ash tan bien como su hermano lo hacía, por lo que estaba segura de que ambos tenían el mismo pensamiento en la cabeza. Si Elio quería ganar, tendría que hacer mucho más que solo aumentar el poder de Minior.

Y eso haría.

—¡Esquiva!

El grito de Elio alertó a Minior, quien rápidamente se lanzó como un remolino hacia el suelo. Su veloz movimiento le permitió infiltrarse entre los huecos que había entre cada rayo lanzado por Poipole. El Ultraente había comenzado a girar frenéticamente en medio de su desbalance, disparando una ráfaga de Doble rayo que se esparció por el campo de batalla como la luz reflejada en una bola disco por la pista de baile. Minior, quien le hizo honor a su forma esférica, se unió sin problemas al baile forzoso de Poipole.

Los pasos de Minior pronto lo llevaron a encontrarse en los aires con el Ultraente, quien no había dejado de girar aunque hubiese recuperado la compostura. Se abalanzó en su contra a tal velocidad que apenas podía distinguirse el color marrón rocoso de su coraza, pero aun así Ash lo vio. Vio el momento adecuado.

—¡Clávale el aguijón!

Poipole dejó de girar y apuntó el filo que coronaba su cabeza hacia Minior. El meteorito, sin tiempo para frenar golpeó al enemigo. Minior siguió girando y, sorprendentemente, Poipole lo hacía a su misma velocidad.

Si los presentes pudiesen ver a cámara súper lenta se darían cuenta de que el aguijón de Poipole estaba perfectamente incrustado en uno de los huecos de la coraza por los que sobresalían las puntas del cuerpo de Minior.

Gracias a la estructura especial del cráneo de Poipole, el cual hacía a su cerebro virtualmente inmune a cualquier tipo de sacudida o mareo, el pequeño no tuvo problema en quedarse ahí, llevando a cabo la estrategia de su entrenador.

Minior, dentro de su coraza, comenzó a sentir cierto escozor. El espacio hueco, el cual era realmente limitado, que existía entre su cuerpo y el caparazón que lo protegía estaba siendo rellenado por una sustancia viscosa, ácida y corrosiva. El meteorito no era tonto y su entrenador tampoco.

—¡Ve al suelo! —gritó Elio.

El tipo Roca hizo exactamente eso. Tal vez a Poipole no le molestaban los giros, pero chocar contra el suelo a varias cientos de revoluciones por segundo seguramente lo haría. Minior estuvo a nada de llegar cuando sintió un calor explosivo en uno de sus vértices, seguido de un fuerte chasquido y un retroceso bestial.

Elio vio con incredulidad la forma en la que su Pokémon retrocedía. ¿En qué momento Poipole había ganado el poder suficiente para mandar a Minior a volar de esa forma? Llegó a su conclusión cuando vio como el meteorito se clavaba en el suelo. Durante los giros, cuando el color marrón rocoso de la coraza de Minior era casi imperceptible, Poipole había utilizado Maquinación, ocultando su aura rojiza de la vista de todos. Desconocía cuántas veces había utilizado el movimiento, por lo que el resultado estaba entre peligroso y sumamente peligroso.

Elio dejó salir un suspiro y, mientras su Pokémon se levantaba, extendió un poco los codos hacia los costados, los hizo girar suavemente como un molinete y se detuvo. Inclinó su cuello hacia la derecha, crujió, lo inclinó hacia la izquierda y volvió a crujir. Abrió los ojos.

Barry, en las gradas, reconoció el pequeño ritual del Asutoro. Le causaba algo de gracia lo ridículo que era y lo infantil de su mentalidad, pero admitía que, fuese lo que fuese, funcionaba. Cuando Elio terminaba sus pequeños estiramientos, su cabeza daba un vuelco total y su forma de pelear también. Barry desconocía si se trataba de autosugestión, si solo se presionaba mucho más de lo normal o si era auténtica magia, pero no importaba al final. Lo importante era que el buldócer había sido puesto en marcha y a toda velocidad.

«Aunque me pregunto qué tan efectivo será contra Ash, quien se encuentra en la cima de la cadena de poder», pensó Nakano. El truquito de Elio había funcionado bien contra él y debía reconocer que si fuera algunos años más novato, posiblemente habría perdido, pero eso era en su caso y en el de sus experimentados Pokémon. Se preguntaba cómo lo haría un joven Ultraente.

—¡Avanza sin miedo, Minior! ¡Confía en mí! —gritó con firmeza y pasión. Pasión que se le transmitió a su Pokémon.

Minior volvió a girar. Giro bola era más fuerte cuanto más lento fuera el usuario, por lo que Elio había sacrificado poder de impacto a cambio de velocidad de movimiento. La rapidez de Minior era superior a la de Poipole, quien rápidamente disparó un Doble rayo para defenderse. El tipo Roca esquivó y, sin quedarse quieto, utilizó Avalancha. Las rocas eran mucho más pequeñas de lo normal, pero esa lluvia de guijarros era increíblemente devastadora. A Poipole le bastó con sentir como una de las piedritas le rozaba la punta de la cola para saber que no quería volver a sentir un rasguño semejante.

—¡Gira con Doble rayo, Poipole!

El Ultraente hizo lo propio. Sus giros no eran tan rápidos como los de Minior, pero bastaron para crear un remolino con su Doble rayo que lo defendía bastante bien de la lluvia de meteoritos. Poipole se sintió a salvo por un momento, lo cual lo hizo olvidar el hecho de que el tipo Roca no estaba anclado a un solo lugar.

Minior se movió sin dejar de atacar. Se movió bastante más rápido que Poipole, quien tenía que cambiar la dirección a la que su cuerpo apuntaba. El Ultraente creyó que Minior volvería a atacar desde la distancia, por lo que fue sorprendido por un repentino escopetazo en el pecho. Los guijarros lanzados a bocajarro fueron devastadores para el tipo Veneno, quien lanzó un desesperado Bomba lodo hacia el cielo. La ponzoña comenzó a caer, siendo acribillada por las piedritas que salían disparadas hacia las alturas, pero cayendo de igual manera sobre el cuerpo del meteorito, quien ni se inmutó y volvió a avanzar.

Poipole disparó un Doble rayo que Minior evadió. El pequeño, sin dejarse intimidar y sin frustrarse, escuchó atentamente las palabras de su entrenador.

—¡Es como en el juego que tanto le gusta a Rotom, Poipole! —le dijo Ash, sonriendo con la seguridad de quien sabe que está dando un buen consejo.

El tipo Veneno recordó ese juego que tanto le gustaba a Rotom, llegando a adueñarse de la televisión de la sala por horas. Ese juego en el que se disparaba a unos Ducklett con tirachinas. Aunque algo abstracto, Poipole lo comprendió, pues lo abstracto era fundamental para un artista como él. La clave no era un disparo continuado, era uno certero.

Los ojos de los entrenadores Pokémon experimentados eran como los de un conductor de Fórmula 1, eso era un dato ya bien conocido. Los reflejos de un Pokémon, sin embargo, eran mucho mejores.

Poipole acalló la voz interior que le decía que atacar sin parar era mejor, pues no era eso lo que necesitaba. Le hacía falta certeza, la misma certeza que Ash había demostrado al hablar anteriormente. Sus ojos siguieron a Minior y, entre las rocas, vio un destello de luz. Era perfecto.

—¡Dispara! —Ash, quien también había visto esa oportunidad, se sorprendió cuando su Pokémon atacó medio segundo antes de que él siquiera pronunciara la primera sílaba de su orden.

El Doble rayo salió como una bala de francotirador. El disparo fue tan rápido que primero golpeó a Minior, lo desequilibró, formó una pequeña polvareda y solo entonces se escuchó el impacto. El golpe había sido increíble, pero igual de increíble fue ver como Minior ignoraba el dolor por completo para lanzarse contra Poipole con un Giro rápido que le dio directo en la cara.

El Ultraente retrocedió, sorprendido y levemente acongojado. Ese golpe que había dado podría ser descrito como perfecto, o al menos cercano a eso, pero al rival poco o nada le había importado. Poipole, con la cara adolorida por el brusco roce, tuvo que apresurarse a esquivar el siguiente embate del enemigo.

Poipole volaba de espaldas, sin apartar su mirada de Minior, esperando ver el momento perfecto para disparar de nuevo. El meteorito había dejado de utilizar Avalancha después de aquel preciso Doble rayo, por lo que atacar era más fácil ahora.

Ash se sintió repentinamente intranquilo. Los vellos de su brazo se erizaron y algo dentro de él gritó fuertemente. No era un grito de los malos, no precisamente. No era el rugido de los celos, tampoco la angustia del terror. Era una sensación que hasta podría describirse como placentera. Era la premonición de un punto de inflexión en el combate. Tan incoherente como eso pudiera sonar, Ash actuó en consecuencia.

—¡Déjalo acercarse! —le ordenó a Poipole.

El pequeño, como llevado por un trance inducido por la voz de su entrenador, obedeció. El tiempo se le hizo lento, pero sabía que el movimiento de Minior era uno tan veloz que marearía a cualquier otro. Lo vio acercarse peligrosamente, de forma que indudablemente lo golpearía. Sintió algo de miedo, no le mentiría a algo tan privado como su consciencia, pero también albergaba cierta calma que hacía de anestesia para el malestar. Si era Ash quien le decía eso, entonces el resultado sin duda valdría la pena.

—¡DISPARA!

El grito, dado con presteza, accionó algo en Poipole. Sus ojos brillaron y de su aguijón se emitió un destello que se extendió hacia Minior. Todos en el estadio tuvieron la sensación de que la batalla se había congelado, pues creyeron haber visto con total claridad la forma en la que Doble rayo atravesaba a Minior de extremo a extremo. Obviamente eso era imposible, pues eso significaría dos cosas: tendrían ojos robóticos y, la más importante, Minior estaría muerto. Esa sensación de ver el tiempo congelarse se deshizo cuando el meteorito siguió de largo, ignorando nuevamente el poderoso ataque de Poipole y chocando contra él. Ambos se estrellaron pesadamente contra el suelo, levantando una polvareda.

—¡UNA SÚBITA COLISIÓN! ¡Poipole logró atacar pero eso no evitó que Minior completara su embestida! ¡¿Habrá sido tan devastador para ambos como me lo pareció a mí?!

Poipole respondió a las palabras de Jeekyo saliendo de la polvareda con un rápido vuelo. El Ultraente dejó salir un suspiro, secándose un poco del sudor del rostro. Su sonrisa había desaparecido, al menos por un momento.

—¡Poipole es el primero en salir! ¡¿Dónde está Minior?!

Esperaron la respuesta a esa pregunta por un largo tiempo, el suficiente para que el polvo se asentara. Llegó un momento en el que el estadio asumió, casi unánimemente, que Minior no había salido de esa. Todos, con excepción de dos (uno en el campo de batalla y otro en las gradas), creían que verían el cuerpo inconsciente del meteorito tras el polvo. Lo que vieron sin dudas le pertenecía a Minior, pero definitivamente no era él.

En el suelo, partida por la mitad, estaba la coraza del tipo Roca, abierta como un simple cascarón de huevo. La visión fue un tanto sorprendente al inicio, pero pronto surgió una duda.

—Si la coraza de Minior está ahí, ¿entonces dónde está él?

La respuesta a esa pregunta fue un largo e impuro silencio, ensuciado por las voces bajas de los que ahí se encontraban. Cuchicheaban entre sí, especulando qué podría haber pasado. El desconcierto era palpable y, mientras todos veían hacia la tierra, solo él veía al cielo.

Elio soltó una pequeña risita y dijo una grosería en voz muy baja, como si inconscientemente tuviese miedo de que alguien lo escuchara pronunciarla. Con su dedo índice apuntó hacia arriba, atrayendo la mirada de todos.

Los que vieron a la dirección señalada por Elio no encontraron nada en el primer vistazo. Tuvieron que ver por unos segundos hasta notar el borrón que se movía a toda prisa en la parte más alta de la cúpula. Algunos solo repararon en que había algo ahí cuando se percataron de las ondulaciones en el campo de energía que aparecía por repentinos y continuados impactos.

La entidad que se escondía en los cielos finalmente se dignó a bajar y, cuando lo hizo, muchos tuvieron que cubrirse los oídos. El viento silbaba exactamente de la misma forma que lo hacía cuando uno sacaba la cabeza por la ventanilla de un auto en movimiento. Ash tuvo que cubrirse con los brazos al sentir que algo pasaba a un lado suyo, amenazando con quitarle la gorra de la cabeza simplemente con el rastro que dejaba a su paso.

Trataron de seguir al ser, pero solo tuvieron un buen vistazo de éste cuando se estrelló estrepitosamente contra el suelo. Otra polvareda se levantó, una que se deshizo más rápido por el repentino giro de quien residía en su interior. Cuando la tierra fue alejada a la fuerza, solo quedó una pequeña esfera. El Minior de Elio, amarillo como la representación más clásica del sol, levitaba torpemente.

Los ojos en forma de espiral del pequeño Pokémon podían dar la sensación de que ese bamboleo era natural en él y tenían la razón, aunque no toda. Aquel movimiento de vaivén era inconfundible para los entrenadores Pokémon y, claro, para el comentarista.

—¡Minior está confundido! ¡El Doble rayo de Poipole lo liberó de su coraza, dotándolo de increíble velocidad, pero también infringiéndole confusión! ¡Esto no pinta nada bien para el participante Elio!

—Qué velocidad… —Cilan, maravillado por el veloz movimiento de Minior, contuvo la necesidad de tragar saliva.

—¡Fuerte y también rápido! —exclamó Bonnie, maravillada—. ¡Encima es lindísimo!

—Minior sin su coraza es realmente veloz, por lo que Rompecoraza convirtió al coche deportivo en un tren bala —explicó Rotom.

Escucharon un fuerte pisotón, seguido de otro y otro más. Sorprendidos vieron a Selene, quien fruncía el ceño con gran frustración. La Asutoro no parecía para nada contenta con la situación actual.

—De todos los momentos posibles…

—Ay, ay… —Mallow mostraba un semblante consternado—. Toda la preparación de Elio para este momento…

—Podría desaparecer. —Liam, con una mano en el mentón, observaba la situación que se vivía en el campo de batalla—. Minior ahora es mucho más fuerte y veloz, pero de igual forma sus defensas son casi inexistentes. Un verdadero tanque de papel. La confusión entra en la ecuación de la peor manera.

—Si los controles del tanque no funcionan bien, nada garantiza que el mismo no disparará al suelo que tiene enfrente —añadió Clemont.

—¿Qué harás, Elio? —La pregunta de Lana fue arrastrada por el viento, esparciéndose por todo el estadio hasta llegar al blanco de la misma.

«¿Qué harás, Elio?», era una excelente pregunta en la opinión del Asutoro. Lo que decidiera ahora podría ser decisivo. La construcción que tan meticulosamente había llevado a cabo podría perderse y el resultado sería definido. Necesitaba quitarse a Poipole de encima. Necesitaba eliminar al obstáculo y llegar al peso pesado.

Vio el rostro de Ash y sus ojos le formularon la misma pregunta. Llegados a ese punto era un todo o nada. En su situación actual… En su situación actual… Elio pensó, irónicamente, que sobrepensar sería su tumba. Un Buldócer no pensaba, o al menos no cuando estaba en marcha.

—¡Minior, Avalancha! —gritó.

—¡Ataca! ¡El participante Elio ha decidido ignorar la confusión y va por todo!

Minior no parecía estar muy por la labor de obedecer, pero sin duda no se quedó quieto. Su cuerpo empezó a girar para luego chocar contra el suelo y avanzar a rastras por toda la superficie del campo de batalla. Roca esporádicas salieron disparadas y una de ellas pasó rozando la frente de Poipole. El pequeño Ultraente se llevó las manos al lugar afectado, increíblemente adolorido. Pensó que prefería que lo golpeara la roca entera a que solo le rozase, pero pronto se arrepintió.

Un guijarro solitario salió volando tan rápido que el tipo Veneno no pudo ni verlo, impactándolo directamente en el hombro. Poipole retrocedió y en su rostro solo se veía reflejado el dolor.

Elio notó la expresión en la cara de Ash. Sus reflejos eran sobrehumanos, sí, pero los Pokémon podían igualar y superar esa barrera con una facilidad pasmosa. Incluso la increíble capacidad motriz de Ketchum tendría problemas para seguir un objeto incluso más rápido que una bala.

—¿Ha oído hablar alguna vez de la ruleta Rossya? —preguntó Asutoro, captando la atención de Ash y de Poipole.

—¿Ruleta Rossya? —Ketchum arqueó una ceja en señal de confusión.

—Hace mucho tiempo, cuando las armas de fuego no eran tan perseguidas como en la actualidad, la gente de un pequeño pueblo sinnense llamado Rossya decidía asuntos importantes con este… juego. —Elio dio medio paso al frente—. Dos personas se reunían alrededor de una mesa, sobre la cual había un revolver. Un revólver, por si no lo sabe, es un arma de fuego con una especie de barril donde se ponen las balas.

Ash sabía lo que era un revólver. Le habían apuntado con uno cuando era tan solo un niño.

—El punto es que, en dicho barril, solo se ponía una bala. Una vez puesta, el barril se giraba a toda velocidad para que ninguno de los dos supiera donde estaba. Luego de eso una de las dos partes tomaba el revólver y se lo llevaba a la sien. —Pegó los dedos índice y medio de la mano derecha contra la sien—. Y jalaban el gatillo. La victoria de la ronda solo era clara hasta segundos después, cuando descubrían que seguían con vida. El juego, por supuesto, no terminaba hasta que la solitaria bala por fin decidía el momento de salir. Puede imaginar el premio del ganador y el castigo del perdedor. —Con una sonrisa en el rostro, Elio hizo un gesto que imitaba el disparo de un arma. Su cabeza se movió en correspondencia.

Ash sintió como su corazón se aceleraba, y no fue el único. Los ojos de Elio eran una delicia para el alma de un entrenador Pokémon de alta competitividad. Esa mirada tan pasional, la cual rayaba la locura, era simplemente hechizante. Los ojos de Ash se distorsionaron para corresponder el deseo de su oponente y su sonrisa se ajustó para la ocasión.

En las gradas, varios vieron como Gladio se pasaba un dedo por la comisura de los labios. Unos ojos así eran raros de ver. Tenían la misma carga emocional que los de una persona dispuesta a matar y a morir, solo que sin el mismo nivel de peligro. Una vez retirado el veneno de un Qwilfish, solo quedaba un manjar digno de pocos.

—Entonces, jefe. ¿Quiere jugar conmigo?

Ash no respondió. No podía. Estaba perdido en su propio éxtasis y en sus anhelos. Anhelo de pelear. Anhelo de apostar.

—¡Giro bola!/¡Contraescudo!

Minior, por casualidad o milagro, escuchó fuerte y claro a Elio. El meteorito se lanzó en contra del Ultraente a una velocidad pasmosa. Se movió a sus alrededores un poco, solo para desubicarlo, y justo cuando se lanzó por él se encontró con una barrera que le impedía el paso.

Poipole había comenzado a girar como un bailarín de breakdance, dando giros desenfrenados mientras disparaba un Doble rayo que se distorsionaba y adquiría forma de todo menos de cadena. Los haces de luces verdosos cortaban por completo el paso, sin dejar un solo espacio para que Minior se escabullera.

—¡Contraescudo! —exclamó Dawn con una sonrisa en el rostro.

—¿Contraescudo? —repitió Misty. Sus ojos alternaban entre Dawn y Poipole.

—Es una técnica que Ash desarrolló durante nuestro viaje por Sinnoh. Lo aprendió observando los movimientos que Dawn ensayaba para sus concursos —respondió Brock, cruzado de brazos y sonriendo. Era buen volver a ver un viejo clásico.

—Esto seguro trae recuerdos —Gladio, con una expresión nostálgica en el rostro, dejó salir una pequeña risita.

Elio, por primera vez en su vida, vio el famoso Contraescudo en vivo y en directo. Sintió que podría echarse a llorar ahí mismo, pero no lo hizo. Aguantó y ordenó.

—¡Gira a su alrededor y Avalancha!

Minior ignoró la confusión nuevamente. Como si Poipole fuera la tierra y él la luna, comenzó a orbitarlo. Mientras giraba a su alrededor le disparaba una lluvia de mini meteoritos que chocaban contra los incansables rayos verdes. Elio sabía que, por mucho que Contraescudo fuera una excelente defensa, no era infalible. Siempre quedaba un pequeño hueco que podría aprovechar. En algún momento una roca se rompería y tendría el tamaño justo para atravesar el minúsculo hueco comprendido entre dos haces de luces.

El volumen de rocas arrojadas era insano. No eran rocas demasiado grandes, del tamaño del puño de un bebé tal vez, pero a esa velocidad y en esa cantidad eran tan mortíferas como un cañón. Poipole cedería en cualquier momento, no porque los giros lo cansaran, sino porque le era imposible mantener Doble rayo por tanto tiempo.

Cuando parecía que el pequeño Ultraente estaba a punto de perder su barrera, Minior cambió súbitamente su trayectoria. Dejó de girar alrededor de Poipole y fue a estamparse contra el suelo, creando un pequeño boquete.

En los rostros de Ash y su compañero podía verse la perplejidad que sentían. Minior había estado respondiendo tan bien a las órdenes de Elio que por un momento olvidaron que estaba confundido. Lo consideraron como un pequeño golpe de suerte, pues así Poipole podría recuperar el aliento.

Lo que no esperaba ninguno de ellos, ni siquiera el Asutoro, era que Minior volvería a atacar. Desde la tierra, en su pequeño hueco, el meteorito disparó una ráfaga de rocas que el Ultraente no pudo ni siquiera intentar esquivar.

Los ojos de Ash al ver caer a su Pokémon hacia la tierra lo decían todo. Él no se esperaba para nada ese resultado. Se apresuró para dar una orden, pero su cabeza se había quedado en blanco por un momento. Ese segundo de vacile le permitió a Minior recomponerse y cuando lo hizo… Nada. No pasó nada. El meteorito salió disparado hacia el aire, pasando a un lado del desplomado Poipole y comenzando a dar giros erráticos por el aire. El pequeño tipo Veneno cayó, quedando tendido en el suelo.

—¡UN PODEROSO IMPACTO! ¡Minior se recuperó por un momento para dar un ataque sorpresa que tomó al participante Ash y a Poipole con la guardia baja!

En las gradas, Gladio se inclinó hacia el frente, recargándose en el respaldo del asiento de Selene y poniendo la cara muy cerca del perfil de la azabache. La Asutoro dejó salir un gritito de sorpresa mientras que su rostro ganó un tono carmesí intenso.

—¡Eso es! ¡Ahí está su punto débil! —exclamó el rubio.

Mientras Selene tartamudeaba de manera inentendible, Liam se encorvó de manera inquisitiva.

—Ya veo… Esos instintos salvajes siempre tuvieron una debilidad oculta a simple vista.

Gladio ni siquiera esperó a que le preguntaran. Su mirada, la cual relucía como la esmeralda, ardía en deseos de explicarles a todos su nuevo hallazgo.

—El instinto a la hora de una batalla Pokémon se basa en la capacidad que se tiene para responder al peligro. Dicho peligro no se siente por arte de magia, sino que son las propias emociones y gestos de los enemigos los que crean esa sensación. Por ejemplo, la intención de Minior de atacar a Poipole dispararía todas las alertas de Ash, quien es increíblemente sensible a las emociones ajenas.

—¿Pero qué pasa cuando el enemigo ni siquiera es consciente de sus propias intenciones? —murmuró Cilan, comenzando a armar las piezas del rompecabezas.

—Exacto. Minior ahora mismo no es dueño de su propio cuerpo y es incapaz de atender a razones. Todos los estímulos que Ash pueda recibir de su parte pueden ser perfectamente falsos. Su impredictibilidad es la que sobrestimula los instintos de Ash —respondió Gladio.

—Imagina recibir una señal tan fuerte como una orden de ataque directo, solo para que después el enemigo caiga al suelo sin rastros de hostilidad y que luego, cuando creíste que nada pasaría, te ataque con una fiereza inesperada… —Liam, en su mente, repasaba toda la nueva información que estaba recopilando.

—¿Entonces el enemigo natural de Ash son los Pokémon confundidos? —Esa pregunta dejó a Bonnie confundida al cuadrado.

—No per se. Aunque Minior lograra abrumar los instintos de Ash, no habría problema debido a sus inhumanos reflejos —Gladio sonrió de pronto.

—Y ese es el problema. —Una gota de sudor corrió por la mejilla de Hau—. Minior también abrumó sus reflejos. La velocidad es tal que el cuerpo de Ash no logra recibir a tiempo las órdenes de su cerebro.

—Pensar que lo que se necesitaba para vencer el regalo natural de Ash eran unas condiciones tan absurdamente rebuscadas pero tan obvias a la vez… —Kiawe se llevó una mano al rostro.

Rotom dejó salir una risa que fue escalando en intensidad.

—Es hasta ridículo. Solo una espada de doble filo es capaz de dañarlo.

—Supongo que se necesitaba algo tan inverosímil como un tanque de papel. —Clemont se ajustó las gafas.

—¡¿Puedes levantarte, Poipole?! —preguntó Ash en el campo de batalla.

El pequeño Ultraente comenzó a ponerse lentamente de pie, despegando la cabeza del suelo. Se le veía adolorido al moverse. Se alejó varios centímetros del suelo entre bufidos y jadeos.

Minior seguía moviéndose por el aire, pero ni Poipole ni Ash dejaron que eso los distrajera. Ya habían bajado la guardia una vez y no lo harían de nuevo.

Elio notó un sobresalto en Ketchum y de inmediato volteó a ver a su Pokémon, quien había comenzado a girar en un mismo lugar. Había recuperado parcialmente la lucidez y era hora de atacar.

—¡Contraescudo, Poipole! —El tiempo para consideraciones y preguntas se había ido. Ash necesitaba que su Pokémon actuara, y necesitaba que lo hiciera a la brevedad.

Poipole giró, utilizó Doble rayo y fue cubierto por el movimiento. Una roca chocó contra el Contraescudo ni siquiera un segundo después, seguida de otra y luego por otra. La ráfaga volvió, solo que esta vez estaba menos concentrada. Los giros de Minior en las alturas dispersaban el Avalancha en todas direcciones, por lo que solo una fracción de los proyectiles llegaba a impactar contra el Contraescudo.

Avalancha se detuvo pasados unos cinco segundos, por lo que Poipole bajó su escudo. Apuntó el aguijón en contra del enemigo y, cuando estaba por disparar, se lanzó hacia atrás por orden de su entrenador. Habría sido impactado por Minior de no haberlo hecho, pues el meteorito se había abalanzado contra él súbitamente.

El tipo Roca, al no encontrar nada que lo detuviera en su camino, chocó directamente contra el suelo y levantó una pequeña polvareda. Poipole no desaprovechó la oportunidad para disparar un Doble rayo directamente en su contra. Cuando el ataque estaba por impactar, Minior salió disparado hacia el cielo y se quedó quieto. Poipole volvió a actuar, atacando esta vez con un Bomba lodo que fue esquivada en el último segundo. Desconcertado, el Ultraente buscó al enemigo y disparó un Doble rayo apenas lo encontró. Su ataque fue nuevamente evadido.

Poipole insistía en el uso de su Doble rayo, pero no como lo había hecho siempre. Estaba intentando repetir el ataque preciso que anteriormente había despojado a Minior de su coraza, pero no parecía ser capaz de lograrlo. El oponente era rápido, por lo que los reflejos de Poipole no eran suficientes para alcanzarlo, y también era impredecible, impidiendo que el tipo Veneno pudiera especular correctamente el siguiente lugar por el que pasaría.

Minior, repentinamente, dejó de huir y se lanzó nuevamente contra Poipole con Giro bola. El pequeño intentó esquivar y lo logró parcialmente, no sin antes recibir un rozón en el cráneo que lo hizo perder todo el equilibrio. Pokémon y Ultraente cayeron al suelo, chocando pesadamente contra el mismo.

—¡Bomba lodo! —exclamó Ketchum.

Poipole apuntó la cabeza hacia el aire y disparó un fangoso proyectil que, en las alturas, se convirtió en una fina pero amplia capa de veneno que pronto comenzó a caer.

—¡Elévate con Giro bola! —ordenó Elio.

El meteorito pasó del reposo al movimiento en un parpadeo, ascendiendo directamente contra el charco venenoso para luego atravesarlo con sus mareantes giros. Giro bola mandó a volar la mayor parte de la ponzoña, aunque algunas gotas se quedaron adheridas a su cuerpo.

Sin dudar en lo más mínimo, y aprovechando la distracción proporcionada por la capa de veneno que acababa de caer al suelo, Poipole se elevó y disparó un poderoso Doble rayo súper concentrado. Cuando el ataque tipo Bicho apenas había avanzado unos centímetros, Minior dejó en claro que no iba a permitir que lo tocara. Comenzó a girar sobre sí mismo, utilizando nuevamente avalancha. En ese momento, tanto Ash como el público en general lo notaron.

—Este es nuestro propio Contraescudo, jefe. —Elio extendió un puño hacia el frente y, con una sonrisa, apuntó a Ash con él—. A su manera, inconscientemente, Minior sigue siendo un gran fan suyo. No quiere perder la oportunidad de usarlo contra usted.

Ketchum también sonrió y se pasó el índice derecho por debajo de la nariz, en un gesto de halago.

—No esperaba menos de mi aprendiz. Pero como mi aprendiz, debes de saber que aún hay muchas cosas que todavía no te enseño. —La mirada de Ash subió hacia Poipole y le gritó—. ¡Afina más la punta, Poipole!

Mientras disparaba su Doble rayo, Poipole comenzó a girar como si fuese un pollo rostizado. Esos giros añadidos hicieron que el ataque se volviera cada vez más delgado, hasta que finalmente se concentró en un pequeño punto que se enfrentó al Contraescudo de Elio.

Por entre el espacio dejado por unas rocas, el ataque de Poipole se coló, atravesando una roca recién creada y golpeando directamente a Minior, lo que creó una humareda. El Ultraente no se fue de rositas, pues al tener toda su energía enfocada en el ataque, había descuidado la defensa. Una solitaria roca rozó su cara, haciéndole soltar un quejido de dolor y obligándolo a interrumpir su ataque.

—¡Bomba lodo! —ordenó Ash de inmediato.

Poipole vio la humareda y decidió crear un ataque lo suficientemente amplio como para engullirla por completo. Un gran Bomba lodo salió, aunque no tan grande como el pequeño la había imaginado, lo que lo frustró en cierta medida. La Bomba lodo entró a la humareda, la atravesó y salió por el otro lado completamente intacta. Poipole levantó la mirada y ahí vio a Minior, quien se había arrojado en su dirección.

Elio esperaba un impacto, al igual que Ash, pero eso no ocurrió. Minior pasó al enemigo de largo, llegando a ras del suelo y luego saliendo disparado hacia el aire como un cohete.

En el aire, Poipole veía con gran confusión la trayectoria de Minior. Nuevamente se movía sin ningún rumbo aparente, lo que hacía extremadamente difícil para el pequeño el decidirse a atacar. Vio como el enemigo se movía y, por un momento, le pareció ver algo en sus ojos; algo que su entrenador también vio.

—¡Doble rayo! —exclamó Ash.

Poipole apuntó y disparó a un punto en específico; uno en el que Minior fue a caer. El tipo Roca, haciendo gala de unos reflejos bien pulidos, evadió el ataque y comenzó a hacer tirabuzones alrededor del mismo, avanzando hasta llegar lo más cerca posible al Ultraente. Con brusquedad, Poipole movió su Doble rayo, casi impactando a Minior y obligándolo a alejarse.

—¡Contraescudo!/¡Avalancha! —gritaron ambos entrenadores. Aquellas personas de oídos más agudos escucharon innegablemente como la orden de Ash había sido la primera en ser proferida.

La Avalancha de Minior salió disparada de la manera convencional, por lo que esta vez Poipole tuvo más facilidad para bloquearlo. Sus giros se intensificaron, en un intento desesperado del pequeño Ultraente por mantener activa su defensa. El oponente no lo estaba dejando respirar y su uso de Doble rayo se había prolongado por ya más de diez segundos. No podía aguantar, y no aguantó.

Al mismo tiempo que Contraescudo desaparecía, Avalancha también cesó, pero eso no impidió que las últimas rocas lanzadas golpearan con fuerza a Poipole, lo que lo hizo caer al suelo.

Minior se quedó en el aire y Poipole en tierra. El meteorito se quedó quieto, recuperando el aliento, mientras que el Ultraente recuperaba la postura. Ambos estaban unidos por un silencio interrumpido únicamente por jadeos. Sus miradas se encontraron y, a la par, actuaron.

El tipo Roca se lanzó contra Poipole y, cuando estaba por golpearlo, dio una media vuelta que lo posicionó en su espalda. Parecía que golpearía sin falla, pero el Ultraente ya lo estaba esperando. Un rápido Bomba lodo golpeó a Minior, quien no se detuvo y siguió avanzando, golpeando al enemigo y pasándolo de largo.

Poipole se retorció por el dolor, Minior avanzó y se detuvo varios metros por delante. Se giró y entonces unas burbujas moradas salieron de su cuerpo.

—¡SE ENVENENA! ¡El letal Minior es afectado por el veneno de Poipole! ¡Un brutal intercambio que dejó a ambas partes lastimadas!

Elio, sin embargo, había decidido que no era suficiente. No todavía.

—¡Contraescudo!/¡Avalancha!

Minior disparó y, en ese momento, lo que había en sus ojos desapareció. Poipole intentó usar su ataque, pero el escozor era tal que ni siquiera pudo concentrarse en girar. Las únicas rocas que el meteorito disparó antes de salir volando hacia el cielo lograron impactarlo poderosamente, creando una fuerte polvareda a su alrededor.

—¡Céntrate, Minior! —le gritó Elio—. ¡Ve por él!

Ash no parecía dispuesto a dejarlo "ir por él". Sacó rápidamente la cápsula de Poipole y la apuntó hacia la polvareda que cada vez se hacía más clara. El jadeante y tembloroso Ultraente regresó a su cápsula. Minior repentinamente chocó contra el suelo donde segundos antes había estado el tipo Veneno.

—¡El participante Ash se ve obligado a retirar a su compañero! ¿¡Qué utilizará para enfrentarse al Minior del participante Elio?!

—Poipole lo hizo increíble por un momento, justo antes de que su Contraescudo fallara —dijo Mallow.

—Eso es porque, por un momento, Minior recuperó la consciencia. Sus movimientos se hicieron más predecibles, lo que permitió que los instintos de Ash funcionaran a plena potencia nuevamente —explicó Lillie—. Por eso sabía en qué lugar aparecería Minior.

—No lo entiendo… —murmuró Serena, sintiendo un pequeño escalofrío—. ¿Qué pasa con el Minior de Elio? ¿No está cansado? Ha estado atacando y recibiendo golpes por mucho tiempo.

—Cierto. —Max se recargó en su asiento—. Por muy poco efectivos que fuesen los ataques de Poipole, su ataque especial estaba subido al máximo y las defensas de Minior se encontraban reducidas.

—Y ahora el veneno… —masculló Selene. La Asutoro sentía un vacío en el estómago. Minior estaba muy cerca de lograr algo grande, pero también era cierto que…

—Está a solo un buen golpe de caer —dijo Gladio—. Un Lariat oscuro de Incineroar o un Hidroariete de Golisopod. No tiene que ser ni siquiera un ataque efectivo, bastaría uno neutro.

—Ese escenario está cada vez más cerca. La confusión ha beneficiado a Elio mucho más de lo que lo ha afectado, pero no es eterna. Han pasado cuatro minutos desde que Minior quedó confundido, y la confusión suele durar entre cinco y seis —calculó Rotom.

—Veamos qué hará Ash para contrarrestar estos últimos minutos en los que sus instintos y reflejos no son suficientes —Liam, divertido por la situación, esperaba pacientemente.

Elio vio a Ketchum sacar otra Poké Ball y solo pudo imaginar cuál sería. Se preparó para lo que podría ser, o no, el último asalto.

—¡Golisopod, yo te elijo!

La cápsula salió volando bien alto, justo encima de donde Minior todavía estaba tumbado, y se abrió. El tipo Agua comenzó a caer con los escudos por delante, intentando aplastar al tipo Roca.

—¡Esquiva, Minior!

Pero Minior no esquivó. Atacó directamente a Golisopod con un Avalancha que chocó contra sus escudos. El retroceso era poderoso, pero la defensa del tipo Agua era impecable. Justo cuando parecía que Minior sería golpeado, éste se alejó.

El samurái vio la dirección en la que se había ido Minior y no perdió el tiempo, atacando con una guadaña de agua que salió disparada en su contra. El tipo Roca se volteó a tiempo, interceptando el ataque con un Avalancha que pronto fue perdiendo terreno, por lo que se vio obligado a esquivar nuevamente.

Minior se movió hacia Golisopod, intentando pasar por encima de su cabeza, cuando fue repentinamente atrapado en el interior de algo. Una enorme masa de agua, creada entre las garras del tipo Bicho, lo había aprisionado. El agua se hacía cada vez más abundante, lo que le impedía moverse como quería.

Elio supo que, de no hacer algo ahora, tal vez no podrían salir después.

—¡Giro bola! —gritó.

Minior comenzó a girar en el interior del manto acuífero y, para sorpresa de muchos, el agua comenzó a arremolinarse a su alrededor. Vieron como Golisopod intentaba mantener el control del agua que él mismo había creado. Ambos se habían unido en un forcejeo donde no chocaban fuerzas directamente.

El remolino creado por Minior se hacía más y más grande hasta que, finalmente, Golisopod azotó la gran masa de agua contra el suelo. Minior chocó bruscamente y el líquido se desparramó por todos lados.

La falta de oxígeno no era un problema para los de la especie de Minior, pero las poderosas corrientes que se formaron dentro del agua sin duda lo era. Con la cabeza dándole vueltas, Minior comenzó a levantarse. Un grito le advirtió del peligro.

—¡MUÉVETE!

Salió disparado, evitando el Hidroariete de Golisopod y comenzando a sobrevolar los aires. El tipo Bicho lo veía desde tierra, tratando de atraparlo con la mirada. Minior pasó a su lado y Golisopod, impresionantemente, lo atrapó en otra masa de agua más pequeña que esta vez no le dio tantos problemas. El meteorito pasó de largo, volviendo a sus movimientos erráticos.

Mientras se movía, Golisopod lanzaba guadañas de agua que intentaban predecir su trayectoria, fallando terriblemente. Elio notó en el ceño fruncido de su oponente que no tenía ni idea de la posible futura ubicación de Minior. Casi se rio, pues ni él lo sabía.

Repentinamente vieron como Minior arrastraba el cuerpo por todo el campo de batalla, emitiendo un sonido desagradable y levantando una polvareda que dificultó aún más la visión que tenían todos sobre el pequeño. Golisopod, sin embargo, sí que era capaz de seguir con la mirada la estela de polvo que se formaba.

Las grandes y pesadas extremidades de Golisopod se extendieron hacia los costados, generando otra copiosa cantidad de agua entre ellas. Comenzó a correr en círculos, en dirección opuesta a Minior, agitando los brazos. Esos movimientos comenzaron a agrandar el alcance de la masa como una pompa de jabón que se expandía cuando se le soplaba directamente.

Nadie comprendía bien lo que hacía el tipo Agua, no hasta que vieron como movía bruscamente las extremidades y se detenía repentinamente. En el interior de la gran burbuja que el samurái arrastraba consigo estaba Minior. El meteorito se veía claramente desorientado, intentando avanzar nuevamente sin éxito. Se agitó en el interior de la corriente por culpa del veneno.

—¿Qué está haciendo Ash? —se preguntó Kiawe—. El daño que hace con ese movimiento es mínimo. Si quiere acabar con Minion, tendrá que golpearlo con algo más contundente.

—Tienes razón, Kiawe, pero no estás comprendiendo la estrategia de mi Ash —Lillie, con una sonrisa de oreja a oreja, olvidó por completo el decoro al hacer su declaración—. Él no está intentando que Golisopod acabe con Minior. Está comprando tiempo.

Se fijaron en la forma en la que Minior batallaba en el interior de la burbuja y lo comprendieron todo.

—Cuanto más tiempo pase Minior ahí adentro, menos podrá hacer antes de que se le pase la confusión —dijo May, chasqueando los dedos.

—¡Y el veneno le hará más daño! —añadió Bonnie.

—Golisopod no puede intentar alcanzar a Minior con sus ataques, por lo que solo le queda aprisionarlo para darle paso al único que puede hacerlo.

Las palabras de Hau dijeron todo.

—¡¿Está planeando volver a mandar a Poipole?! —preguntó Asahi.

—Exactamente. Poipole es el único con el tamaño, la velocidad de disparo y la precisión de impacto necesaria para alcanzar a Minior.

—Sin contar el hecho de que es el único que puede volar —añadió Chris.

—¡MINIOR LUCHA DESESPERADAMENTE! —escucharon gritar a Jeekyo, volviendo la mirada al campo de batalla—. ¡El tipo Roca se agita para liberarse del opresivo movimiento de Golisopod!

Minior había vuelto a repetir su estrategia de girar a toda velocidad, arremolinando el agua a su alrededor para que Golisopod perdiera control sobre la misma. El volumen de líquido era muy superior al de la otra vez, por lo que comenzó a tener problemas para crear un torbellino sólido.

Elio vio la lucha de su Pokémon y entonces lo notó. Ahí estaba su muchacho.

—¡Permite que la corriente te arrastre y no dejes de usar Giro bola! —ordenó.

Minior obedeció las instrucciones. En lugar de esforzarse por ser el centro del torbellino, se dejó llevar por éste. Los giros de Minior, sumados a la corriente que previamente había formado, incrementó la velocidad con la que las aguas se arremolinaban.

El samurái sabía que era cuestión de unos pocos segundos para que su control sobre el agua se perdiera por completo, lo que la convertiría en una masa de agua sin voluntad que caería a tierra. Estuvo a punto de volver a azotar al tipo Roca contra el suelo cuando lo vio salir disparado por la parte superior de la burbuja.

Minior se elevó, descendió, rodeó a Golisopod y se coló por el punto exacto por el que lo había hecho anteriormente. Los ojos de Ash brillaron al ver eso. Era un destello de entendimiento y alivio.

—¡HIDROARIETE!/¡AVALANCHA!

Mientras que las pesadas garras principales de Golisopod dejaban caer la masa de agua, las garras secundarias crearon pequeños sables de agua que intentaban reflejar las rocas disparadas a bocajarro. La velocidad de Avalancha pronto superó la de Golisopod, quien perdió en su propio terreno. Las rocas acribillaron el vientre del tipo Bicho, quien rápidamente dejó ver su malestar por el poderoso golpe.

Golisopod rápidamente movió su gran garra derecha contra Minior, quien se apresuró a esquivarla, alejándose a la brevedad de su punto débil.

—¡MINIOR REPITE! ¡Un nuevo Avalancha conectado a plena potencia! ¡¿El participante Elio está poniendo al participante Ash contra las cuerdas?!

Minior comenzó a ascender hacia los cielos, cuando repentinamente frenó. De haberse tardado un solo segundo más, una guadaña de agua lo habría golpeado directamente. El meteorito volteó a ver a Ketchum, quien lo señaló con un dedo índice. Era su forma de decirle que ya lo tenía.

La Poké Ball de Golisopod absorbió a su residente y la de Poipole dejó salir al suyo. El pequeño Ultraente, entre jadeos, levitó frente a su entrenador.

El tipo Roca se puso frente a Elio, encarando al enemigo. Esa fue la señal que todos necesitaban para estar seguros.

—¡Minior ha salido de la confusión! ¡¿Puede que el participante Elio aumente su ofensiva a niveles inimaginados?! ¡¿Este será el encuentro decisivo entre Minior y Poipole?!

Pero eso no era cierto. Ahora que Minior era dueño de su cuerpo, se había hecho esclavo de sus emociones, las cuales lo delatarían ante Ash.

No había otra opción. Elio necesitaba hacer la mayor cantidad de daño posible antes de que, inevitablemente, Minior cayera.

—¡Giro rápido, Minior!

—¡Espéralo!

El tipo Roca se abalanzó contra el Ultraente una vez más. Su velocidad seguía siendo impresionante, por lo que Poipole tuvo grandes problemas para seguirle el paso. Lo sentía en su espalda, luego sobre él, por debajo y a la izquierda. Comenzó a notar algo, algo que no supo describir.

Lo que Poipole sentía era algo que Ash ya había notado. Era un patrón. El Minior de Elio aparecía en un lugar muy específico: el opuesto al que Poipole veía. Ketchum siguió con la mirada los lugares exactos en los que Minior estaba apareciendo y pronto notó un cambio en su movimiento. Se iba haciendo más lento, como si estuviera cargando algo. No dudó en gritar cuando todas las piezas encajaron.

—¡DOBLE RAYO A TU DERECHA!

—¡AVALANCHA!

Poipole vio hacia su derecha y disparó. Ahí, en ese lugar exacto, apareció Minior. El tipo Roca tuvo que apresurarse para lanzar un Avalancha con las prisas. Tal vez había reaccionado después, pero su velocidad era la necesaria como para empezar el choque de ataques con un buen impulso. Ese impulso inicial, sumado al increíble poder ganado con Rompecoraza, le permitió mantenerse estable y comenzar a ganar terreno.

Elio veía la manera en la que el enemigo se resistía frenéticamente a los avances de Minior, lo que sabía que solo lo cansaría más. El Ultraente ya no era rival en cuanto a fuerza, pero Asutoro también sabía que Minior estaba en las últimas.

El tipo Veneno, mientras hacía todo lo posible por mantenerse firme, pensaba. Necesitaba algo más. Algo que no fuera ni Doble rayo ni Bomba lodo. Algo, lo que fuese, solo necesitaba que el tipo Roca de Minior no lo resistiera.

Mientras Doble rayo caía y Avalancha lo golpeaba, Poipole pensaba en todos los que le habían enseñado. Pensó en Pikachu, en Ribombee, en Decidueye, en Muk y en muchos otros Pokémon de Ash y Lillie. Pensó, también, en sus primeros mentores. Pensó en Zoe, en Darius, en Kahlo y en Goya.

Aun cuando era arrastrado por las rocas, Poipole recordaba a sus mentores. Rememoraba con lujo de detalle (y con una nostalgia para nada adecuada a la situación) a los Naganadel de Zoe Torres y Darius Dilisk. Pensaba en su estilo de vuelo, en su manera de combatir y en sus sonrisas. En su cabeza resonaban sus palabras, las cuales en su momento no había entendido porque era demasiado joven y lo que más le importaba era jugar.

Poipole, entonces, recordó el plasma morado.

Las rocas estaban haciendo con su cuerpo lo que querían, pero el Ultraente no pensaba tolerarlo más. Sus ojos se entrecerraron y un grito de determinación salió de su boca. En la punta de su aguijón principal se canalizó un poder que nunca antes había sentido; algo tan primordial e importante como la propia respiración. Una sensación acogedora llenó su ser y entonces, aquel poder comenzó a brotar a borbotones. Poipole sabía que no podría utilizarlo de la manera que le gustaría hasta que Minior no dejara de atacar con Avalancha, por lo que el veneno le vino como anillo al dedo.

El meteorito dejó de moverse presa del envenenamiento. Su gesto se veía decaído, claramente agotado y al borde del colapso. Sus ojos se clavaron en el suelo por un momento y, cuando subió la mirada, no se encontró con Poipole, sino con un dragón.

Del aguijón principal de Poipole emergió una energía morada que rápidamente tomó la forma de un pequeño dragón que se abalanzó contra Minior. Todos vieron con sorpresa como Pulso dragón engullía en su interior al meteorito, arrastrándolo hacia el suelo y creando una explosión.

Desde el cielo, Poipole veía expectante el resultado de su obra magna. Una pequeña sonrisita acompañaba sus jadeos, la cual solo se intensificó cuando el polvo se despejó y el resultado fue dado.

—¡MINIOR NO PUEDE CONTINUAR! —exclamó Hapu, señalando al inconsciente tipo Roca—. ¡El participante Elio debe mandar otro Pokémon a combatir!

—¡CAE EL PRIMERO! ¡Después de una cardiaca batalla entre Minior y Poipole, el resultado por fin ha sido decidido! ¡El Pulso dragón recién aprendido de Poipole le dio el resultado que tanto había estado buscando!—comentó Jeekyo.

—¡Bien hecho, Poipole! —exclamó Ash, espabilando por fin—. ¡Aprendiste Pulso dragón por tu cuenta!

El estadio aplaudió y vitoreó a Poipole, quien comenzó a reír mientras daba vueltas sobre su cabeza. Un pequeño suspiro de alivio le fue arrancado inconscientemente y, sin saberlo, fue rodeado por un aura rojiza.

«Lo que hizo Minior no tiene nombre. Combatió contra Golisopod y Poipole, dos rondas contra cada uno, y aun así aguantó como todo un campeón».

«Amigo, ¿qué le pasó a Elio en estos meses? Ese no es el nivel que demostró en Sinnoh. Tenía a Ash contra las cuerdas».

«Lo veo y no lo creo… Esa no es la fuerza de un entrenador que solo lleva dos años entrenando Pokémon».

«Poipole estuvo estupendo deteniendo la bala que es Minior, en especial si consideramos que es su primer combate en una Liga, pero no podemos negar quién está siendo el MVP de este combate. Elio logró crear un cañón en miniatura».

«Fue un duelo entre pequeños titanes, pero tenemos que admitir que Minior tuvo mucha suerte de que el rival con sus mismas características solo tenía ataques poco eficaces. Ese último Pulso dragón fue la muestra de lo que habría pasado si la situación fuera otra».

«FLI-PÉ con ese pulso dragón, tío. No me lo puedo ni empezar a creer. ¿De dónde cojones salió eso? ¿Los Poipole pueden aprender esa clase de movimientos? Estoy alucinando, joder».

«Hay muy poco que sabemos sobre los Poipole en general. Apuesto que ni siquiera Ash sabía de esto».

«Bueno, definitivamente podemos darnos cuenta de cuál de los dos hermanos capturó al Minior más fuerte».

«Se están dejando llevar por el hype. Sí, está bien que Elio dominó durante una parte del combate, pero es Ash quién ha estado llevando el ritmo de la batalla durante la mayor parte. El mejor momento de Elio fue, curiosamente, cuando Minior estaba confundido. Una vez que Minior se recuperó, Elio perdió en cuestión de segundos. No subestimo a Elio, pero alguien tiene que darles una checada de realidad, porque en serio no me puedo creer que estén considerando seriamente que pueda vencer a Ash».

«Como llora la puta».

—Era el resultado esperable, pero llegó de una manera totalmente inesperada. —Liam parpadeaba, anonadado.

—En la guerra vi a muchos Naganadel utilizando Pulso dragón, por lo que no me sorprende, pero… ¿Por qué ahora? Poipole nunca había dado señales de querer aprenderlo. ¿Habrá sido una respuesta a un deseo que nunca antes había manifestado? —se preguntó Rotom.

Selene apretaba un puño con frustración. El Minior de su hermano había estado excepcional, pero no había sido suficiente. Se sobresaltó al sentir una mano en su hombro.

—Dejó un gran legado. Recuerda que Elio todavía tiene dos Pokémon —le dijo Gladio, sonriéndole.

Asutoro lo vio, se sonrojó y le devolvió el gesto. Apretó su mano.

—Sí. Confío en mi hermano.

Nadie notó la forma en la que las miradas de Rotom y Acerola volaron al encuentro del otro. Máquina y médium intercambiaron en silencio la información que tenían.

—¡Vamos, Elio! ¡Tú puedes ganar, hijo! —gritó Tsukishima, poniéndose de pie.

—¡No te desanimes, bebé! —animó Asahi—. ¡La batalla todavía no termina!

—¡Solo quedan dos, Ash! —Lillie comenzó a agitar las manitas de Amber, emocionada—. ¡Este combate es tuyo!

—¡Ash! —repitió la niña.

—¡Pika Piiiii! —El roedor, en las piernas de Delia, comenzó a darle porras a su entrenador y a su compañero de equipo.

Elio, en el campo de batalla, hizo regresar a su debilitado Pokémon. No podía decir que la estrategia había sido en vano, pero sentía muy en el fondo que pudo haber hecho mucho más. Vio la cápsula con cierto arrepentimiento antes de volver a guardarla.

—¡Has mejorado mucho, Elio! —lo felicitó Ash, sonriendo ampliamente—. Todas las aventuras y encuentros que tuviste en tu viaje por Sinnoh no fueron en vano. La experiencia que ganaste, sumada a lo que viviste aquí en Alola, te han convertido en un entrenador formidable. ¡Estoy orgulloso, Elio!

El arrepentimiento se fue y la alegría llegó. Asutoro comenzó a mirar en varias direcciones hasta que su cabeza finalmente apuntó al cielo. Se esforzó muchísimo por no romper a llorar ahí mismo.

—¡E-estoy muy honrado por sus palabras, jefe! ¡De corazón, gracias!

—¡Gracias a ti, Elio! ¡La espera valió la pena! ¡Si te has hecho tan fuerte en este tiempo, ardo en deseos por ver lo que serás capaz de lograr el año siguiente y el año después de ese! —Ketchum no sabía lo mucho que Elio se estaba conteniendo y por ello siguió con su oleada de halagos. Asutoro, por supuesto, no aguantó.

El ceño de Elio se frunció al igual que sus labios y su nariz. Se llevó una mano a los ojos, haciendo un esfuerzo por retirarse las lágrimas de rebosante alegría que salían a borbotones. Necesitaba dejar de hablar. Quería seguir oyendo los halagos de Ash, pero si lo hacía perdería la concentración. Su siguiente Poké Ball salió.

—¡Sigamos, jefe! —dijo una vez que se estabilizó lo suficiente.

—¡Vamos, Elio!

—¡Muéstranos algo genial, Metagross!

La Poké Ball de la mole se abrió y ésta emergió. Metagross no perdió el tiempo y de inmediato comenzó a volar. No era necesario que se quedara en tierra esta vez.

—¡Metagross contra Poipole! ¡Dos Pokémon que en el pasado fueron aliados pero que ahora se enfrentan entre sí!

—¡Usemos lo que aprendiste, Poipole! ¡Pulso dragón! —El brazo de Ash señaló a Metagross.

—¡Puño bala!

Poipole giró un poco, canalizó el nuevo poder que había adquirido y lo disparó. El pequeño dragón morado salió al encuentro del tipo Acero, quien se disparó a sí mismo hacia el frente. El ariete creado por Metagross comenzó a atravesar el Pulso dragón, logrando romperlo por completo.

—¡Doble rayo! —gritó Ash a la brevedad.

Poipole retrocedió unos pocos centímetros y disparó. El choque entre Puño bala y Doble rayo esta vez tuvo otra reacción, la cual fue una explosión. El tipo Veneno fue eyectado hacia atrás, marcando distancia con Metagross.

—¡Acércate con Puño bala y usa Cabezazo zen!

—¡Bomba lodo!

Metagross volvió a la carga y, aunque era rápido, era predecible. Poipole disparó un Bomba lodo a los ojos del enemigo, aprovechando su inmunidad, para bloquear su vista momentáneamente. Esa distracción le permitió al tipo Veneno el escabullirse por un costado, aunque tuvo que esquivar rápidamente el repentino Puño meteoro.

El tipo Acero entonces gritó. Su grito llamó una Tormenta de arena que comenzó a arrastrar a Poipole, quien no podía mantenerse estable y menos en el ojo de la tormenta. Cuando el pequeño creyó que lograría recuperarse, un poderoso Puño meteoro le dio en todo el rostro, mandándolo a volar increíblemente lejos. Metagross no perdió la oportunidad y lo persiguió mientras era rodeado por un aura rojiza.

Poipole giraba a la deriva, esforzándose al máximo por frenar. Tuvo que llegar hasta la barrera para hacerlo, chocando su espalda contra la misma.

El Ultraente escuchó un silbido en medio de la tormenta y, sin pensarlo, utilizó Doble rayo. La cadena de luz chocó directamente contra la frente de Metagross, quien cargaba con un peligroso Cabezazo zen. El pequeño tipo Veneno gritó por el esfuerzo, pues estaba logrando mantener a Metagross a raya. Al final fue el tipo Acero quien tuvo que desistir, pues el contacto prolongado con Doble rayo podía ser muy perjudicial.

Metagross subió, perdiéndose de la vista de Poipole, quien se alejó lo más rápido posible de la barrera. Tenía que volver al lado de Ash; estar a su vista.

La tormenta de arena era imposible de atravesar si se basaba únicamente en sus sentidos, por lo que gritó en búsqueda de su entrenador.

—¡Estoy aquí, Poipole! —escuchó entre la tormenta.

Trató de ir en dirección a la voz, pero nuevamente escuchó un silbido. Se giró a toda prisa y, cuando lo vio, se dejó arrastrar por la tormenta. Metagross había pasado a un lado suyo con un poderoso Puño bala que fue a impactar directamente contra el suelo. Poipole solo alcanzó a ver como la arena que se encontraba en el suelo saltaba en todas direcciones y eso le dio una idea.

Metagross se giró, volviendo a ver el último lugar en el que había visto a Poipole y no lo encontró. Movió el cuerpo en todas direcciones, buscando al Ultraente. No parecía encontrarse en ningún lado, por lo que asumió que había cambiado su altitud. Se alejó del suelo, voló hasta superar la altura de las gradas y llegó al punto más alto del estadio. Buscó, atento, pero no encontró nada. Era como si Poipole simplemente hubiese desaparecido.

Mientras se cubría de la arena, Elio sintió los toquecitos de Metagross. «…o …eo». Alzó la mirada encontrándose con su Pokémon, quien seguía sobrevolando la zona y lo entendió. «No veo», era lo que le quería decir.

Elio primero se preguntó si su Pokémon había sido cegado de alguna manera, pero no parecía estarse moviendo sin un rumbo. Era claro que buscaba a Poipole, por lo que supo que el enemigo había desaparecido. Pensó. Se devanó los sesos, tratando de averiguar dónde podía estar el enemigo. Era imposible que fuese retirado del campo de batalla, principalmente porque Jeekyo lo anunciaría. Asutoro entonces cayó en cuenta. Si Poipole no estaba en el aire, entonces estaba en…

—¡La tierra, Metagross! ¡Bárrete por la tierra con Puño bala!

La mole se lanzó en picada y su puño se pegó al suelo. Era como una quitadora de nieve, solo que la arena era la que se apartaba de su camino. Gracias a su ataque no le tomó mucho tiempo peinar medio campo de batalla. Fue a mitad de su movimiento que él reapareció.

De entre una pequeña duna de arena, cercana a Ash, emergió Poipole. El tipo Veneno volaba directamente hacia el rostro del enemigo mientras disparaba un Doble rayo. El ataque, en lugar de avanzar, se escurría por todo el cuerpo del Ultraente a manera de manto.

Metagross no logró reaccionar, por lo que fue poderosamente impactado en la frente. El impacto lo hizo retroceder, adolorido. Lanzó un rápido Puño bala que Poipole esquivó torciendo el torso para luego impactarse a sí mismo contra la extremidad atacante. El tipo Acero volvió a retirar el brazo, sintiendo un grave escozor, y fue rápidamente golpeado en la coronilla.

—¡POIPOLE SE DISPARA COMO UN TORPEDO! ¡Poipole utiliza su propio cuerpo como medio para conectar sus poderosos ataques! —exclamó Jeekyo, viendo la imagen que los drones Rotom transmitían a su pantalla.

—¡Ahí está! ¡Una de sus locurAsh! —dijo Lillie. Sus ojos brillaban, como salpicados por un mar de estrellas, mientras que sus manos cubrían sus sonrojadas mejillas. Su rostro, el cual trataba de contener su gran ilusión, fue traicionado por el frenético movimiento de sus piernas—. ¡Las extrañaba tanto! ¡VE CON TODO, ASH!

Amber, quien rebotaba en las piernas de la novia de su tío, comenzó a carcajearse.

—¡Riri brillante!

—¿LocurAsh? —Iris volteó directamente hacia Gladio, pues la rubia no parecía muy dispuesta a responder.

El mayor de los Aether se rio.

—Es la forma en la que Lillie llama a las estrategias extravagantes de Ash.

—Le pega. Definitivamente le pega —Misty dejó salir una risita.

Entre el público, rápidamente, se comenzó a esparcir el nombre de "locurAsh".

Serena no fue muy consciente de ello, pues su mirada estaba clavada en Lillie. Solo viendo su perfil podía notar lo que ella sentía por Ash. Los labios apretados de Aether, los cuales contenían los latidos de un corazón desbocado y lleno de amor, le parecieron tremendamente lindos pero increíblemente desgarradores a la vez. Lillie no era solamente la mejor amiga o la novia de Ash, sino que era su mayor fan. Con una solemne resignación, suspiró. «Me alegro por ti, Ash», y aunque todavía dolía, también le daba gusto que su gran amigo hubiera encontrado a una persona que lo amaba tanto. Descartó el pensamiento de «aunque tal vez no tanto como yo», pues lo consideró tremendamente inapropiado e innecesario.

Elio, en el campo de batalla, dirigió la mirada hacia las pantallas. Aunque la tormenta de arena impedía que se viera con total claridad, todavía era lo suficientemente visible. Ese movimiento de Poipole era totalmente nuevo, parecido a un Contraescudo pero mucho más enfocado en la ofensiva. Sabía que Ash era increíble, lo suficiente como para que se le ocurrieran nuevas técnicas incluso aunque la batalla tuviera ya mucho tiempo de haber iniciado.

«Está compensando el escaso poder físico de Poipole al rodearlo con sus ataques especiales», pensó Elio. Sintió las ondas de Metagross y de inmediato intentó descifrar el mensaje. «…ue…e». «…a…i…a…io…».

Oh, lo mucho que Elio pensó, y oh lo mucho que se maldijo a sí mismo. Pensó en que, sin duda alguna, de manera definitiva y absoluta, aprendería el código morse al completo cuando terminara la batalla. Se sintió frustrado por no poder aclarar rápidamente el mensaje de Metagross, pero decidió que debían de seguir actuando. No era bueno haciendo dos cosas a la vez, pero era mejor que quedarse completamente quieto mientras pensaba.

—¡Puño meteoro!

—¡Sigue como hasta ahora, Poipole!

Metagross lanzó un puñetazo que el Ultraente evadió al pasar justo por encima mientras giraba, arrojándose nuevamente contra la frente del tipo Acero. El golpe aturdió al tipo Acero, quien tuvo que tomarse un segundo para recuperarse. Ese segundo Poipole lo aprovechó al máximo.

Mientras Metagross se recuperaba, Poipole comenzó a brillar. Un aura roja recubrió su cuerpo, indicando el uso de Maquinación.

Fue ahí que Elio lo supo. Al pensar en Maquinación, ambos mensajes cobraron sentido. «Fuerte». «Maquinación». Poipole, sin lugar a dudas, había aprovechado su escondite para utilizar el movimiento un número incierto de veces. Se sintió estúpido por no haberlo pensado antes, pero también se sintió apresurado. No había tiempo para ponerse a jugar. Necesitaba derribar al Ultraente a la brevedad.

—¡Puño bala! —gritó.

—¡Esquiva y utiliza Dardo rayo!

El brazo de Metagross se movió de manera vertiginosa, pero Poipole pareció predecir su trayectoria de forma excepcional. El Ultraente aprovechó la apertura que Metagross había dejado para colarse y, nuevamente, utilizar su nueva técnica.

En lugar de golpear la frente de Metagross, Poipole esta vez golpeó el brazo izquierdo. La mole también había predicho de forma impecable el lugar exacto al que Poipole apuntaría.

Poipole intentó empujar, notando claramente el rostro adolorido de Metagross, pero fue interrumpido repentinamente por la arena. La tormenta lo zarandeó, rompiendo su postura y destruyendo su balance. Sintió como si la arena estuviera entrando a sus ojos, por lo que rápidamente se los cubrió con las manos.

Aprovechando el momento de debilidad de Poipole, Metagross se lanzó en su contra con un poderoso Cabezazo zen. Aquel golpe estrelló al Ultraente contra la tierra, levantando toda una polvareda que no tardó en dispersarse por la tormenta. El daño, sobra decirlo, fue devastador.

El Ultraente estaba tendido en el suelo, con la respiración agitada y los ojos bien cerrados por el dolor. Intentó moverse, pero un escalofrío terrible lo recorrió de pies a cabeza. Abrió los ojos en el momento justo para ver a Metagross lanzarse contra él con Puño meteoro.

En cualquier otra ocasión, Poipole estaba seguro de que tendría tiempo para esquivarlo, pero no en esta. Estaba muy lastimado y el amedrentamiento no lo ayudaba en lo más mínimo. Lo único que logró hacer fue disparar un apresurado Doble rayo que chocó contra la cara de Metagross. Cerró los ojos, preparándose por un impacto que no llegó. A su lado, sin embargo, sí que se escuchó un poderoso estruendo acompañado de una fuerte presión que lo mandó a volar.

Estando en el cielo nuevamente, Poipole pudo ver más o menos bien lo que había pasado. Metagross estaba en tierra, con el puño clavado en la tierra y con la mirada perdida. Supo, en ese momento, que era su oportunidad. La mole de metal no era ni de cerca tan rápida como Minior, por lo que no tendría problemas en derribarla. Se preparó y atacó con su Dardo rayo.

Tal vez fue la soberbia de haber derrotado a Minior, la bravuconería producto de tener un blanco fácil, la tormenta de arena o incluso los giros. Ni Ash ni Poipole supieron decirlo después, pero el punto es que algo impidió que Poipole viera como Metagross volvía a su Poké Ball en sustitución de Incineroar.

Cuando el Ultraente se dio cuenta del cambio, ya estaba envuelto en un mar de fuego que fue mermando todavía más su aguante. Dardo rayo no era como Contraescudo, no le brindaba ni un tercio de la protección, por lo que no tardó en sentir las llamas abrasando su cuerpo. Intentó cambiar a Contraescudo, pero no lo logró.

Una vez que Lanzallamas terminó, Poipole se quedó quieto en el aire. Le costaba horrores respirar y la cabeza le deba, curiosamente, vueltas. Vio como alguien corría hacia él y escuchó el grito de Ash, por lo que frunció el ceño y comenzó a girar. De su aguijón principal salió un Doble rayo súper concentrado que chocó contra el Lariat oscuro de Incineroar. Poipole sintió que, en cualquier otra ocasión, habría ganado ese duelo, pero no en esta.

Le costaba respirar y, si le costaba respirar, entonces también le resultaba difícil moverse. Si no se movía no había giros y si no había giros no había Doble rayo súper concentrado. Sin un Doble rayo súper concentrado su poder se reducía y, en su estado, eso era todo.

Incineroar logró atravesar la ofensiva de Poipole y, cuando se acercó lo suficiente, tomó al Ultraente por el rostro. Comenzó a girar a todavía más velocidad, pues Elio sabía que tomaría más que eso para siquiera marear a Poipole.

El Ultraente, mientras era presa de unos giros que consideraba ciertamente relajantes, se dio cuenta de que estaba a merced del enemigo, pero no quería decir que fuera exactamente algo malo. Aprovecharía que estaba en su espacio para dejarle, en caso de que fuera su final, un último regalo.

Del aguijón principal salió veneno a borbotones, el cual se elevó hacia el cielo y comenzó a caer. Poipole, en ese momento, sintió como era arrojado en la misma dirección que su Bomba lodo.

Con desgana, Poipole ascendió. Esos segundos en los que había girado junto a Lariat oscuro y esos en los que estaba volando sin quererlo se sentían increíblemente pacíficos. Tan pacíficos que le dio tiempo de pensar. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus párpados se cerraron. Ah, lo mucho que su corazón anhelaba volver a ver a Darius, Zoe, Goya y Kahlo.

—¡POIPOLE!

Ese grito lo devolvió a la realidad. Sus ojos se abrieron rápidamente al recordar su combate y apuntaron hacia el enemigo. En lugar de encontrarse con Incineroar se topó con un enorme torbellino de fuego que iba hacia él. Lo siguiente que sintió fue el calor infernal y luego de eso vio una imagen.

Le encantaba quedarse inconsciente porque, en sueños, podía reencontrarse con ellos.

Hubo una explosión y se creó una humareda de la que Poipole salió disparado. La tormenta de arena se encargó de arrastrarlo lejos de Incineroar, quien tenía la intención de tomarlo en su caída. Sus ojos se entrecerraron, pues no podía ver bien por la arena.

Ash vio a su Ultraente, quien caía como un muñeco de trapo, e intentó devolverlo a su Poké Ball sin éxito. Como a Incineroar, la arena no lo dejaba ver. Justo cuando estuvo por lanzarse para atrapar a su compañero, alguien apareció.

Metagross, en el aire, se apresuró a atrapar suavemente a Poipole. Bajó con lentitud hacia Ash, quien le sonrió en agradecimiento y le dio unas palmaditas en la cabeza. El azabache vio a su compañero con una sonrisa resignada pero orgullosa.

—Lo hiciste increíble, amigo —dijo mientras lo hacía regresar a su Ente Ball.

—¡POIPOLE NO PUEDE CONTINUAR! —gritó Hapu a todo pulmón—. ¡El participante Ash debe enviar a su siguiente Pokémon!

«¿Lo logró? ¿Elio lo logró?...».

«¡LO LOGRÓ, CARAJOOOO! ¡EL BULDÓCER DE KANTO DERRIBANDO DINASTÍAS! ¡VAMOS, CARMÍN!».

«¡ORGULLO PARA CARMÍN! ¡ASUTORO A LA VICTORIA!».

«Es solo Poipole, están haciendo demasiado ruido por algo que cualquier podría hacer».

«"Es solo Poipole", dijo el desinformado. Puede que sea pequeño, pero sigue siendo el Pokémon de Ash Ketchum. ¿Quieres juzgarlo porque no ha evolucionado? Perfecto, entonces también juzga a su Bulbasaur. Juzga también a Pikachu, después de todo le queda otra etapa evolutiva, ¿no? No es "solo Poipole", taradito, es un Pokémon del PUTÍSIMO Ash Ketchum».

«El hype está merecidísimo, loco. Poipole demostró estar a la altura de la Liga y ser un oponente formidable. Se batió en duelo contra un Minior chetadísimo y contra un Metagross y dio gran pelea. Puede que sea el Pokémon de Ash del que menos hayamos visto, pero no quiere decir que sea para nada débil».

«La de mérito que tiene esto… Los Asutoro son impresionantes, de verdad. Selene venció a (casi) dos Pokémon de Gladio, mientras que Elio ya derrotó a uno de los de Ash. Esos chicos o son prodigios o han entrenado como locos».

«¿Dónde estaban los que decían que solo eran fuertes porque Ash y Gladio los entrenaron?».

«Aquí, y mantengo mi opinión. Los Asutoro le deben todo a Ash y Gladio».

«Idiooooooooota».

«¡NO ME IMPORTA NADA, CARAJOOOOO, AGUANTE ELIO! ¡MUCHA FIEBRE DE SOBREVALORASH! ¡EMPIEZA EL REINADO ASUTORO!».

«¿Cómo le faltas el respeto así a la persona gracias a la cual estás vivo?«.

«Bravo Poipole. Todos te estarán tirando mierda, pero yo te defiendo a ti y a tu labor. Lo hiciste bien, pequeño».

En las gradas hubo un silencio enorme. El público en su totalidad, Jeekyo incluido, se estaba tomando su tiempo para procesar lo que acababan de escuchar. Había algo mágico en ese «el participante Ash debe enviar a su siguiente Pokémon». Fue el significado intrínseco de la oración el que, en cuestión de segundos, causó un completo alboroto.

—¡ELIOOOOOOOOOOOOO! —gritó Selene, poniéndose de pie. Sus ojos mostraban una alegría sin igual y sus manos se apretaban fuertemente en puños.

El resto del equipo S&M abrió los ojos como platos. Lo había logrado. Elio había…

—¡CAE! ¡CAE, CAE, CAE! ¡EL POIPOLE DEL PARTICIPANTE ASH CAE! ¡Tras un increíble combo realizado por Metagross e Incineroar, Poipole por fin cae! ¡La pequeña gran amenaza ha dejado el campo de batalla! —Los gritos extasiados de Jeekyo eran contagiosos.

—¡BIEN HECHO, ELIOOOOO! —Hau fue el primero en saltar después de Selene.

—¡ERES LO MÁXIMO, ELIOMBIE! —gritó también Acerola.

El brazo izquierdo de Gladio tembló violentamente, por lo que tuvo que sujetarse la muñeca para contenerlo. Sus dientes se apretaron con fuerza y un fuerte chasquido de lengua se escuchó.

—¿H-hijo?... —lo llamó Mohn con una preocupación que pronto se fue.

Gladio levantó la mirada y en ella había una especie de sensación de logro. Su sonrisa, muy distinta a la que le había dado a Selene pero igual de genuina, se extendía de oreja a oreja.

—Hapu era la única del equipo S&M que había derrotado a un Pokémon de Ash. Ni Hau, ni yo, ni Acerola lo habíamos logrado —explicó, conteniendo el orgullo y la envidia que sentía—. Pero ese chico… Tan solo dos años después…

Lillie parecía un poco molesta por la caída de Poipole, pero no permitía que eso manchara la enorme alegría que sentía por Elio.

—Es el primero de la agrupación inicial que lo logra.

Todos escucharon eso con gran interés. Eso era, sin lugar a dudas, un gran logro. Se reforzó esa sensación cuando escucharon dos llantos: el de Amber y el de Selene.

Mientras que la niña lloraba por la derrota de Poipole, la joven derramaba lágrimas de pura felicidad por su hermano y su victoria. Asutoro había caído en su asiento, siendo rápidamente confortada por sus padres, quienes se habían mantenido en silencio todo ese tiempo.

Delia, quien también era orgullosa madre de dos hijos, no sintió ninguna frustración por el resultado. Su corazón solo encontró felicidad por la familia Asutoro.

La matriarca de la familia Ketchum se preguntó, y no fue la única, cómo se tomaría Elio ese resultado. Tuvieron suerte de que justo en ese momento la tormenta comenzara a amainar, pues podían ver la reacción de Elio con lujo de detalle.

El Asutoro, quien era el blanco de todos los vítores y aplausos, parecía abrumado. No estaba saltando, ni gritando o llorando como Selene lo había hecho al derrotar a Zoroark. Parecía confundido, sin saber qué hacer. Cerró los ojos, se sacudió la ropa para quitarse la arena y se rascó la cabeza con el dedo índice derecho. Pasó de rascarse a frotarse y su mano, lentamente, bajó hasta sus ojos. Sus hombros comenzaron a agitarse y todos imaginaron que ese era el momento del llanto, por lo que se sorprendieron cuando escucharon una risa que fue haciéndose más y más alta. Pronto los altavoces emitieron la sonora carcajada y los monitores captaron como su cabeza apuntaba hacia el cielo y sus brazos se extendieron hacia los costados.

—¡Por fin! ¡Después de más de dos años! ¡Alguien por fin derrotó a uno de los Pokémon de "El Ejército de un Solo Hombre"! —exclamó. Su voz mostraba un auténtico éxtasis que era acompañado por sus carcajadas—. ¡No fue "El Campeón Plateado", tampoco "El General Príncipe", ni siquiera "La Bestia de Alola" o "El Cráneo"! ¡Fui yo! —Su mirada finalmente se encontró con la de Ash. Sus ojos estaban produciendo lágrimas a mansalva, haciendo de su rostro un desastre lacrimógeno— ¡ELIO ASUTORO!

Ash tembló de pies a cabeza al escuchar ese poderoso grito. Sus ojos se abrieron de par en par y su alma se llenó de un regocijo incomparable.

Elio no tenía forma de saberlo, pero las lágrimas, palabras y gestos producto de su estallido de emociones eran simplemente adictivos. Era como la miel para las abejas. Un entrenador como Elio, con la capacidad de encender el espíritu de otros entrenadores, era increíblemente raro de encontrar.

La incontenible sonrisa de Ash no dejaba lugar a dudas de sus intenciones. Estaba ardiendo más de lo que había ardido en años. En el campo de batalla todos vieron un reflejo. Vieron el reflejo de los ojos de Ash en los de Elio y viceversa. Entrenadores increíblemente parecidos que se encontraban tras mucho tiempo de haberse estado buscando.

—No hacen falta palabras. —Ash se ajustó la gorra, ocultando la mirada tras su visera por unos segundos. Cuando sus ojos volvieron a estar a la vista, dieron la ilusión de ser hogueras—. Dime más, Elio. ¡Quiero que tus puños me digan todo lo que guardas en tu interior! —Otra Poké Ball salió y fue arrojada al aire—. ¡Incineroar, yo te elijo!

El feroz tigre cayó al campo de batalla, profiriendo un rugido tremendo que ensordeció a los presentes por un momento. Elio no dudó y se mantuvo firme con Metagross en el campo de batalla.

Asutoro se apresuró a quitarse las lágrimas de los ojos, recuperando un semblante mucho más tranquilo. Su sonrisa, llena de confianza y alegría, fue vista por todo el mundo.

Mientras que todos veían al poderoso Elio Asutoro, en las gradas había dos personas que recordaban al niño detrás del hombre.


Los Asutoro siempre habían sido una familia estable económicamente. Las sabias inversiones del matrimonio los habían llevado a adquirir una central de taxis que pagaba las facturas y les permitía vivir cómodamente.

La unidad familiar también era fuerte. Aunque el señor Asutoro pasaba gran parte del día fuera para administrar el negocio familiar, eso no quería decir que descuidara a sus niños ni a su mujer. Siempre encontraba un momento en las noches para charlar con ellos sobre su día, un fin de semana para dedicarle exclusivamente a sus muchachos o una ocasión especial para agradecerle a su mujer por todo el trabajo que hacía en la casa. Los Asutoro se amaban.

Su vida era tan plena como podía serlo, salvo por un pequeño detalle: sus hijos no disfrutaban la escuela. No porque no quisieran, porque la odiaran o porque la idea de ir les causara un rechazo injustificado. Sus niños odiaban la escuela porque otros niños los habían obligado a hacerlo.

Desde la tierna infancia sus hijos habían tenido personalidades muy marcadas. Selene era un niña tranquila, un poco llorona y nerviosa, pero de gran corazón e ingenio. Elio, por otra parte, era un pequeño activo, fuerte y decidido pero algo cabezota. Pese a sus personalidades tan dispares, ninguno de los dos discutía y Elio, aunque podía parecerlo, jamás impuso su voluntad por sobre la de Selene, al contrario. Elio amaba tanto a su hermana menor que saltaba a la más mínima provocación con tal de defenderla. Eso nos lleva a lo anterior.

Para los niños más grandes era fácil meterse con Selene. Era un objetivo que les daba todo lo que querían: no oponía resistencia, lloraba con facilidad y les ofrecía algo a cambio de que la dejaran en paz. Sería el blanco perfecto sí, y solo sí, su hermano mayor no estuviese ahí.

«Elio es un niño valiente, pero no sabe elegir sus peleas», les había dicho una vez el padre de Tsukishima en una visita que le hicieron a ciudad Verde. En dicha visita, unos niños locales le habían robado las tarjetas coleccionables a Selene, las que había reunido por más de tres meses, y Elio se había lanzado directamente a los golpes para recuperarlas. Consiguió su cometido, pero solo cuando dos adultos llegaron a salvarlo. En retrospectiva, era imposible que un niño de seis años les ganara a tres niños de nueve.

La testarudez e insensatez de Elio no desaparecieron con los años, al menos no en cuanto a defender a su hermana nos referimos. Por eso a Tsukishima no le sorprendió (pero no por eso le preocupó menos) cuando recibió una llamada de su esposa al trabajo, comunicándole que su hijo había sido golpeado por unos matones en la escuela. El Asutoro se disculpó con sus trabajadores y salió del trabajo mucho antes de lo normal, apresurándose a volver a casa.

Cariño —lo llamó su esposa apenas pasó por el marco de la puerta.

¿Dónde está Elio? —preguntó, sintiendo los nervios a flor de piel y una ira burbujeante en el estómago. También tenía miedo de ver a su hijo, pues solo Arceus sabía lo que le haría a los padres de los que habían abusado de él.

Arriba, en su cuarto —respondió Asahi, viendo con preocupación a las escaleras.

Tsukishima se movió, decidido a subir al segundo piso, pero la visión de alguien lo detuvo. Sentada en la mitad de las escaleras estaba su hija menor, abrazándose las rodillas y con la mirada baja. Se acuclilló lo mejor que pudo, haciéndola mirarlo.

¿Estás bien, mi amor? —Con ternura comenzó a acariciarle los cabellos, lo que solo hizo que la niña volviera a ser presa del sentimiento.

Ella negó con la cabeza mientras las lágrimas le salían incesantemente, cayendo sobre los escalones de madera. Comenzó a sorber con fuerza los mocos que amenazaban con salírsele.

Le pegaron a Elio por mi culpa —dijo con la voz rota. Varios sollozos empezaron a escapársele.

No, cielo, eso no es cierto. —Se puso de pie, tomando a su hija en brazos—. Tú no tienes la culpa de que existan abusones en este mundo. La culpa siempre es de los que buscan dañar a otros.

Selene pegó la cara al hombro de su padre y rompió en un llanto desconsolado pero amortiguado.

Vamos a ver a tu hermano, ¿sí?

La niña no respondió, pero Tsukishima no esperaba que lo hiciera. Retomó su paso, subiendo las escaleras que le faltaban. Cuando solo quedaban tres escalones para llegar al segundo piso, escuchó algo. Era un ruido tenue y confuso, pero había uno que le resultaba inconfundible: la risa de su hijo.

Tsukishima se paró frente a la puerta, confundido, y la abrió lentamente. Su cerebro jamás olvidaría la siguiente escena: su hijo, sentado en medio de la oscuridad y frente al televisor, viendo un combate Pokémon.

El señor Asutoro reconoció el combate. Era aquel que tanto le había fascinado a sus muchachos unos meses atrás. No recordaba los nombres de los entrenadores, pero nunca olvidaría al Charizard ni al Blaziken de aquella ocasión. A los niños les había gustado tanto que hicieron que su padre consiguiera un DVD para grabarlo.

En silencio, Tsukishima veía la espalda de su hijo, la cual ocasionalmente se agitaba por las risas. Era algo casi hipnótico, pero fue obligado a salir del trance por los toquecitos que su hija le dio en la cara. La niña, con la mirada, le pedía que la bajara y eso hizo.

Selene entró a su cuarto apenas tocó el suelo y se sentó al lado de su hermano. Elio ni siquiera volteó a verla, sino que simplemente la envolvió con su brazo derecho y la hizo recargarse contra su hombro.

Asahi llegó en ese momento, abrazando el brazo de su marido y uniéndose a él para presenciar la curiosa escena.

Incluso tras ganar un ojo morado, perder las deportivas que su abuela le había regalado y que le rompieran su gorra, Elio reía. Elio reía por ese combate. Por él.

¡Es Ash Ketchum! —gritó, señalando al entrenador del Charizard.

Aunque Tsukishima se grabó a fuego el nombre, la cara la olvidó en poco tiempo. No era un hombre al que se le diera muy bien recordar rostros, y menos cuando los veía seis años después.


El largo suspiro de Elio fue interrumpido por el repentino grito del rival.

—¡Lanzallamas! —gritó Ash.

—¡Esquiva con Puño bala!

Incineroar atacó. El enorme torrente ígneo subió al encuentro de Metagross, quien utilizó su movimiento para esquivar. El tigre insistió, pero no fue capaz de atrapar el evasivo paso del enemigo.

El tipo Acero tocó tierra, alejándose del cielo y del fuego que ahí flotaba, por lo que Incineroar se lanzó contra él con un Lariat oscuro que Metagross volvió a evadir con Puño bala. Cuando el tipo Fuego se detuvo y miró a su espalda, el oponente se encontraba a diez metros de distancia.

—¡Tendrás que venir por nosotros, Elio! —sentenció Ash, para luego comenzar a posar. Se puso de costado, flexionó el brazo derecho y sujetó la muñeca del mismo con la mano izquierda. Su pierna derecha se dobló ligeramente hacia el frente. Su pecho se expandió y los músculos de su cuerpo se contrajeron— ¡Corpulencia!

Incineroar imitó exactamente la misma pose que su entrenador. Sus músculos se hicieron más grandes y abultados por un momento, para después volver a su tamaño inicial. El tigre fue rodeado por un vaporcillo que se elevó al cielo y por un aura rojiza que le cubrió todo el cuerpo.

—¿Era necesario posar?... —se preguntó Misty con una mirada de desagrado.

—¡Súper necesario! —exclamó Lillie sin ocultar su emoción.

—¡Una buena pose da un buen efecto dramático! —Lana, la entusiasta del fisicoculturismo, no tardó en manifestarse.

Las tres coordinadoras que estaban ahí también estaban de acuerdo. Aunque en el combate Pokémon no era tan necesario, como coordinadoras les gustaba ver batallas en las que los entrenadores se lucieran tanto como sus Pokémon.

—Ash tiene razón. Elio no puede darse el lujo de ser evasivo ahora. Corpulencia es un problema que tiene que arrancar de raíz, por no mencionar que se encuentra en una ventaja de tipo aplastante —analizó Rotom.

—¡Él encontrará la forma de solucionarlo! —aseguró Selene. En ese momento, todo el respeto y orgullo que sentía por su hermano se había quintuplicado.

Elio, en el campo de batalla, pensaba en lo muy jodido que estaba. Era un momento horrible para que su cerebro se hubiera sobrecalentado. Todas las emociones y el frenético combate de Minior lo habían dejado frito. Le dolía la cabeza a puntos que no podía imaginarse, por lo que necesitaba un descanso urgente.

«Quiero un ramune», pensó, frunciendo el ceño. Pero por mucho que quisiera tomar algo, eso sería después. Después de ganar. Ahora solo tenía que concentrarse en que el buldócer descansara para que pudiera volver a rendir a máxima potencia.

—¡Acércate con Puño bala! —gritó.

—¡Espéralo!

Metagross se abalanzó en contra de Incineroar, quien lo esperó pacientemente. Justo cuando parecía que el tipo Acero estaba por golpearlo, y segundos antes de que Incineroar utilizara Lariat oscuro, se desvió. El tigre se giró rápidamente para tratar de encontrar a Metagross, quien acababa de aparecer en donde antes estaba su espalda. Ambos se quedaron viendo y ninguno hizo nada, al menos no por unos segundos.

El Lanzallamas de Incineroar falló cuando Metagross volvió a moverse con Puño bala, posicionándose en el costado de Incineroar y lanzando un rápido Puño meteoro que el tipo Fuego esquivó al saltar por encima de la extremidad.

Incineroar se preparó para dar un Acróbata que fue interceptado por un Puño meteoro dado con la otra pata. El choque fue poderoso, por lo que ambos retrocedieron. Al estar en el aire, Incineroar ascendió todavía más. Recuperó su postura al dar una rápida serie de volteretas.

—¡Lanzallamas!

El rudo atacó. Sabía que mantener el Lanzallamas y moverlo por completo para que siguiera a Metagross no funcionaría, por lo que comenzó a interrumpir su ataque y a lanzar otro nuevo en cada ubicación donde creía que el enemigo podría aparecer. Incineroar se dio cuenta de que esto era todavía más impráctico, pues el tiempo en el que Lanzallamas tardaba en llegar a su nuevo destino era mayor que el que le tomaba moverlo.

Metagross había logrado esquivar el movimiento exitosamente gracias a su capacidad de vuelo y, con Puño bala, logró posicionarse detrás de Incineroar. Justo cuando estaba por conectar un Puño meteoro, Incineroar torció el torso para bloquear parcialmente con un Acróbata. La mala postura del tipo Fuego lo hizo perder el intercambio, y aunque salió disparado hacia el suelo aun así redujo bastante el daño potencial.

Apenas cayó al suelo y se hubo recuperado, Incineroar comenzó a utilizar un feroz Lanzallamas que Metagross se apresuró a evadir. Utilizó Puño bala nuevamente para posicionarse tras Incineroar y cargó en su contra.

—¡Lariat oscuro! —gritó Ash.

Incineroar no necesitó voltearse, sino que simplemente comenzó a girar. Elio vio el movimiento y sus ojos se afilaron. El tiempo pareció alentarse un poco, al menos lo suficiente como para que pudiera distinguir la posición del tigre. Fue cuando vio la postura vulnerable de las piernas de Incineroar que gritó.

—¡Tacléalo!

Puño bala se canceló, pero la energía cinética no desaparecía así como así. En lugar de atacar con un punto concreto de su cuerpo, Metagross cargó con toda la pesadez de su ser. El golpe tomó a Incineroar por sorpresa, quien se vio obligado a dejar de girar y a quedar en una postura que le resultaba por demás incómoda. Las grandes garras del tipo Fuego evitaban que el cuerpo de Metagross avanzara más, pero no lo sujetaban, lo que fue un error.

Cuando Incineroar utilizó Lanzallamas, Metagross esquivó volando. El tipo Fuego lo persiguió con su ataque de nuevo, pero sin llegar al punto de cansarse.

Metagross nuevamente se colocó en su espalda como tantas veces había hecho ya aprovechando la velocidad superior que Puño bala le daba. Ahí, el tipo Acero invocó una tercera Tormenta de arena.

Incineroar entrecerró los ojos para protegerse de la arena, la cual solamente molestaba pero no intimidaba. No dudó a la hora de utilizar Lariat oscuro para atacar el lugar en el que todavía podía ver a Metagross.

El tipo Acero nuevamente se movió hacia las espaldas de Incineroar y lanzó un Puño bala que esta vez fue interceptado. El tigre sujetaba fuertemente la pata de Metagross y comenzó a aplicar fuerza. La mole intentó defenderse, pero el poderío físico de Incineroar era superior, por lo que comenzó a ser doblegado. Sus patas metálicas perdían fuerza y comenzaban a temblar mientras se sentía cada vez más y más pequeño. Lanzó un Puño meteoro con la pata delantera que todavía tenía libre e Incineroar la interceptó con la pata que él tenía desocupada. Metagross no aguantó más y, momentos antes de que las chispas del cinturón de Incineroar se convirtieran en Lanzallamas, voló.

Se elevó lo más alto que pudo y una vez ahí comenzó a girar a toda velocidad. Los giros de centrifuga no mareaban del todo al tigre, pero si lo desconcertaron lo suficiente como para que no usara Lanzallamas. Metagross repentinamente agitó los brazos, lo que hizo que Incineroar aflojara su agarre sobre ellos y finalmente lo perdiera, saliendo disparado hacia la tierra.

En medio de su caída el tigre atacó. Lanzallamas fue evadido nuevamente por Metagross y esta vez, en el aire y cayendo de espaldas, Incineroar no podía siquiera intentar perseguirlo. Aterrizó con una pirueta y no tardó en utilizar Corpulencia. Una vez que sus músculos se asentaron, algo lo embistió por la espalda.

Metagross nuevamente llevó al tigre a los cielos, donde frenó repentinamente y lo mandó a volar varios metros más arriba. Incineroar volvió a utilizar un Lanzallamas que Metagross una vez más. Esa repetición tan insistente y la negativa de un enemigo de ese calibre a enfrentarlo cara a cara hicieron encender a Incineroar.

El rudo comenzó a caer, pero no de forma normal. Se permitió quedar bocabajo en el aire, de forma que golpearía el suelo con el estómago, pero entonces comenzó a utilizar Lariat oscuro. Los giros se intensificaron gracias a la energía cinética, por lo que la arena se arremolinó a su alrededor en grandes cantidades.

El tipo Acero se puso encima de él, pero no podía verlo bien por lo que no sabía cuál sería el momento indicado para atacar. Se llevó una gran sorpresa cuando Incineroar dejó de girar repentinamente y lo vio frente a frente. La sorpresa fue todavía mayor cuando vio el intenso brillo en el cinturón del tipo Siniestro, el cual luego se convirtió en el Lanzallamas más grande que había visto nunca.

El fuego, tan aterrador y destructivo como él solo, era también muy hermoso. Tal vez esa belleza letal fue la que embelesó a Metagross por un momento y le impidió moverse en los primeros segundos. Cuando volvió en sí, se apresuró a subir lo más alto que pudiera, pues sabía que no lograría esquivar hacia los costados.

Sintió el abrasivo abrazo del fuego y creyó que sería engullido. No se detuvo hasta que llegó a la parte más alta del estadio y se dio cuenta de que el Lanzallamas había quedado muy atrás. Sintió el ardor de las llamas y vergüenza por la desesperación con la que había actuado.

La lengua de Lillie se chasqueó con fuerza. Varios se sobresaltaron al oír un gesto como ese salir nuevamente de la Aether.

—Mi pobre Incineroar debe de estar tan frustrado, ese ataque lo demuestra… —murmuró, mordiéndose levemente el pulgar derecho con la misma frustración que ella estimaba que sentía el tipo Fuego.

—Conociéndolo y viendo ese ataque, eso es un hecho. Aun así, estoy impresionado. A pesar de lo que dije antes, Elio se está manejando bastante bien —dijo Rotom.

—¡Te lo dije! —exclamó Selene con un aire de fanfarronería a su alrededor— ¡Mi hermano mayor es impresionante!

—Pero Elio no está siendo evasivo como tú dijiste, Rotom. ¡Está atacando a Ash! —dijo Asahi, recibiendo una rápida negativa por parte de la Pokédex.

—Está atacando, sí, pero desde una postura más pasiva y segura. Combate evitando los ángulos fuertes, yendo por la espalda y desconcertando a Incineroar para que no tenga la oportunidad de conectar ningún golpe seguro —corrigió Rotom.

—Es muy distinto a cuando está en su modo "Buldócer" —dijo Gladio, sonriéndole con gentileza y paciencia a la señora Asutoro—. Elio es muy agresivo cuando está atacando, pero sigue siendo formidable aun cuando defiende. Recuerde esto, señora Asutoro: los entrenadores de todo el mundo tienen distintas formas de hacer una misma cosa. Esta es la manera que Elio tiene de protegerse.

—Entiendo… Intentaré ver el gran panorama de las cosas a partir de ahora. Gracias, Gladio —le dijo, llevándose una mano al pecho y sonriéndole.

El rubio le devolvió el gesto y dio un ligero asentimiento con la cabeza, haciendo una pequeña reverencia.

—Es un placer, señora Asutoro.

Selene dejó que un poco de su atención se desviara a esa interacción, pero de inmediato la regresó al campo de batalla. Soltó un fuerte suspiro al ver a Metagross desaparecer de donde antes estaba.

Ash también había perdido de vista a Metagross, por lo que no dudó en gritarle a su compañero.

—¡¿Lo ves, amigo?! —interrogó, cubriéndose la boca para evitar la arena.

—¡Roar! —le respondieron segundos después de entre la arena.

Para Ketchum, eso lo decía todo.

—¡Usa Lariat oscuro por todo el campo de batalla! ¡Quitémosles su escondite!

Incineroar corrió y comenzó a girar. Su melena ya no era tan sensible como cuando era un Torracat, pero seguía sirviendo para sentir levemente la presencia del enemigo. Se movió hacia donde creía que estaba Metagross, que era también los lugares donde las dunas de arena parecían más prominentes.

Los giros de Incineroar dispersaban la arena de buena manera, pero no era tan eficiente como lo había sido la embestida de Metagross. Era más lento y no abarcaba la misma área. Fue esa misma lentitud la que permitió que Metagross hiciera su movimiento.

La melena del tigre repentinamente comenzó a vibrar con fuerza y, cuando estaba por darse la vuelta, sus piernas fueron fuertemente sujetadas. El tipo Acero emergió con estruendo de entre una duna que apenas lo cubría y despegó.

El vuelo era lo suficientemente rápido como para evitar que Incineroar doblara fácilmente el torso y, por si no fuera poco, Metagross había decidido que quería ir bajo. La baja altitud hacía que la espalda y nuca de Incineroar se arrastraran por el suelo, viéndose malogrado por el zarandeo de la arena y el de Metagross.

—¡Sujétate del suelo y usa Corpulencia! —escuchó gritar a Ash.

Obedeció. Vaya que si obedeció.

Las garras del tipo Siniestro se aferraron fuertemente al suelo, pasando por la arena y finalmente perforando el suelo. Diez extensos surcos nacieron del lugar donde las garras de Incineroar se clavaron por primera vez, haciéndose más profundos una vez que los músculos del tigre se inflaron como globos. El uso de estas dos armas (su cuerpo y su técnica) permitió que Incineroar frenara por completo el vuelo de Metagross.

El tipo Acero vio confundido a su presa, dándose cuenta de que no se movía. Estiró e insistió, pero el oponente no cedía. Se había aferrado a un punto y no se soltaría.

—¡Puño bala! —gritó Elio.

El tipo Acero soltó las piernas de Incineroar y en un parpadeo se lanzó en su contra. Su golpe impactó directamente contra el estómago del felino. Intentó alejarse, pero fue repentinamente sujetado.

—Roar… —dijo Incineroar, con un ojo entrecerrado y una sonrisa confianzuda. Era su manera de decirle: «Eres mío».

Los brazos del tipo Fuego rápidamente buscaron un mejor agarre, optando por tomar a Metagross por su parte superior e inferior en lugar de por los costados, y lo levantaron del suelo.

Metagross intentó alejarse volando, pero el agarre solo se hizo más fuerte. Sintió como los músculos de Incineroar se abultaban más y más, por lo que la preocupación comenzó a adueñarse de su ser. Con cada segundo que pasaba estaba más y más seguro de que un Lanzallamas no tardaría en golpearle el rostro, por lo que envió un mensaje.

«SOS».

—¡Puño meteoro a toda velocidad! —ordenó Elio.

Lo tenía ahí enfrente, por lo que golpearlo no era difícil. Pronto comenzó a atacar su espalda, pecho, brazos y hasta la zona de las piernas que alcanzaba. Cada puñetazo que daba se sentía más poderoso que el anterior, pero la presión que envolvía su cuerpo también incrementaba. Podía sentir los pequeños espasmos que Incineroar tenía producto de los impactos, pero seguía sin dejarlo ir y sin atacarlo. Era una especie de tortura psicológica, pues la ansiedad por saber cuándo llegaría el ataque lo estaba carcomiendo. Una vez que Puño meteoro subió su ataque por quinta ocasión, la presión se fue.

Incineroar soltó suavemente a Metagross, dejándolo cuidadosamente en el suelo. El tigre retrocedió un paso mientras le sonreía, como si nada hubiera pasado. La mole lo vio con incredulidad, misma que compartía con Elio y con el público. Esa decisión tan increíblemente irracional parecía carecer de todo propósito. Así fue hasta que Incineroar utilizó un Lariat oscuro que hizo temblar a Metagross como un terremoto a una urbe.

El golpe fue tan bestial que los presentes jurarían haber oído el sonido del metal rompiéndose por sobre el ruido de la tormenta. Cuando el castigo parecía haber terminado, Incineroar tomó las patas de Metagross y lo hizo girar junto a él, lanzándolo hacia el aire.

Elio tuvo una extraña sensación de deja vú cuando vio a su Pokémon subiendo involuntariamente hacia el cielo. Esa sensación solo se potenció cuando un torbellino de fuego salió al encuentro del tipo Acero.

—¡METAGROSS! —exclamó al ver como el infierno devoraba a su compañero.

Los Drones Rotom tuvieron muchos problemas para captar las imágenes. Había demasiadas partículas que ensuciaban la calidad del vídeo, pero emitían con suficiente claridad. En las gradas, viendo lo transmitido, los espectadores también tenían la claridad de que no había forma de que Metagross saliera de esa situación. Incluso el mismo Elio lo creyó hasta que, de pronto, sintió unos toquecitos. «Siu». Vaya sonrisa la que le apareció en el rostro.

—¡PUÑO METEORO! —gritó con el ceño fruncido al completo.

Para sorpresa de todos, de entre las llamas salió Metagross. El Goliat de acero se lanzó con ambos puños de frente en contra de Incineroar para luego golpearlo directamente. El ataque fue tan poderoso que tumbó al tipo Fuego, haciéndolo caer sobre su espalda. Pero no acabó ahí, puesto que Metagross comenzó a barrer, literalmente, el suelo con él. Mientras volaba, el tipo Acero afirmaba su agarre sobre el rostro del tigre al aplicarle más presión. Un aura rojiza rodeó a Metagross.

El castigo terminó una vez que ambos Pokémon chocaron contra la barrera de energía. Ahí, y solo ahí, Metagross se alejó, pero solo para conseguir más impulso. Voló tan alto como pudo y, desde esa altura, se dejó caer con un poderoso Puño bala que iba dirigido directamente al estómago de Incineroar. Mientras más se acercaba, más le parecía ver algo en el rostro del tipo Siniestro. La sonrisa que creyó ver desapareció cuando lo golpeó con toda la fuerza y velocidad de la caída.

Una polvareda se creó. Era una tan grande como la expectativa de todos en el estadio. Ese último combo había lucido devastador en extremo, por lo que las personas realmente se preocuparon por el estado de Incineroar y del combate. Las dudas desaparecieron junto a la cortina de polvo.

Ahí, parados frente a frente, estaban el tigre y el coloso. Incineroar dejó salir un profundo suspiro y, con la respiración medianamente agitada, caminó hacia Metagross.

El tipo Acero intentó retroceder, pero sus piernas no encontraron fuerza para hacerlo. Creyó que todo estaba acabado, pero la desesperación fue rápidamente reemplazada por confusión cuando sintió unos toquecitos en la coronilla. Volteó a ver a Incineroar y se encontró con su sonrisa.

—Roar —le dijo, elevando una mano y alejándose de él.

Metagross vio como el tipo Fuego se perdía entre la tormenta y luego vio un haz de luz rojo. Eso había sido…

—¿Una despedida?... —murmuró Max, arqueando una ceja.

—Él lo sabe —dijo Iris. En su rostro solo había seriedad—. Incineroar sabe que sus caminos se han separado, al menos en lo que a este combate se refiere. Sabe que no volverán a enfrentarse.

Las palabras de Iris parecían verídicas. Jeekyo solo llegó a repetir lo ya dicho.

—¡¿SE DESPIDE?! ¡Incineroar se despide de Metagross, ofreciéndole su respeto! ¡¿Tan seguro está de su victoria?! —se preguntó. Se aclaró la garganta y, en cuanto vio la siguiente acción de Ash, elevó la voz—. ¡El participante Ash manda a combatir a su Golisopod! ¡¿Podría ser el fin de Metagross?!

De entre la tormenta apareció el samurái. Su caminar, increíblemente amenazante, hizo que Elio y su Pokémon fruncieran el ceño. La Tormenta de arena podría irse en cualquier momento si Golisopod estaba en el campo, por lo que tenían que aprovecharla.

—Un último empujón, amigo —dijo Elio, depositando toda su confianza en su Pokémon. Confianza que se había ganado con creces—. ¡PUÑO BALA!

—¡Escaramuza! —gritaron desde el otro lado.

Metagross salió disparado y Golisopod también. El samurái solo hizo dos terceras partes de su recorrido antes de detenerse. Caminó hacia su noreste y ahí se acuclilló. Volvió a levantarse y con sus manos creó una gran katana de agua para, acto seguido, hacer desaparecer la tormenta con la misma técnica que había usado la primera vez. El agua cayó y la arena se dispersó, permitiendo ver lo que Golisopod había visto claramente.

En mitad del campo de batalla, completamente inconsciente, estaba Metagross. Había caído en su viaje a la espalda de Golisopod, presa de un agotamiento que había tratado de suprimir por mucho más tiempo del que debió hacerlo.

Hapu no dudo en anunciarlo.

—¡METAGROSS NO PUEDE CONTINUAR! —Señaló al debilitado Pokémon y luego a Elio— ¡El participante Elio debe mandar a combatir a su último Pokémon!

El estadio, por supuesto, estalló. Había algo mágico en oír "último Pokémon". Era la señal inequívoca de que el combate estaba por terminar, pero también era el presagio de que las cosas estaban por encenderse de verdad.

«Oh, bro… Ya decía yo que había aguantado demasiado. Metagross en general lo hizo bien. Diría que hizo un gran trabajo mareando al Incineroar de Ash».

«Bueno, ahí está el baño de realidad que muchos necesitaban. El resultado obvio está por manifestarse».

«Me gustaría decir que no cantemos victoria, pero amigo a quién engaño? A Elio solo le queda su Incineroar y está en total desventaja de tipo».

«Lo hiciste bien, Elio. FF».

«¡No hablen como si fuera el final! ¡Si Elio se aplica, puede hacer maravillas!».

«Yo creo que esto que estamos viendo es el resultado de que se haya aplicado al extremo».

«¡VENGANZA POR POIPOLE! ¡JAJAJAJAJAJA! ¡MISMO COMBO, MISMO FINAL!».

«No realmente. Metagross aguantó eso».

«Esto es el final… El cénit de la fuerza. El punto más alto del combate de los hijos del sol».

«Cénit… ¿Han pensado en lo bonita que es esa palabra?».

—Es la última parada de Elio. Todo se decide aquí para él —dijo Hau.

Nadie dijo nada porque sabían que era cierto. Los Asutoro eran los que más esperanza tenían y, al mismo tiempo, eran los más nerviosos de todos. Selene incluso dejó de gritar, sintiendo un vacío espantoso en el estómago.

Elio, en el campo de batalla, se acuclilló por un momento. Un suspiro salió de su boca y se llevó las manos a la boca, como en un intento por contenerlo. Tal vez se quedó demasiado en esa posición porque pronto escuchó que lo llamaban.

—Participante Elio, ¿puede seguir? —le preguntó Hapu.

Los ojos de ambos se encontraron y, por primera vez, Hapu dejó caer su máscara de dureza. «Lo estás haciendo increíble. Un poco más», le dijeron sus ojos. Elio sonrió y se puso de pie. «Sigue viéndome», dijo él.

—Por supuesto —respondió con su boca.

Hapu sonrió, pero no con los labios. Asintió.

—Mande a combatir a su último Pokémon.

Elio sacó una cápsula de su mano y la vio fijamente, levantando la mirada hacia el hombre frente a él. La joya de su corona, su mayor orgullo y su mejor amigo. Lo apostaría todo a él, no porque no tuviera otra opción, sino porque no quería que fuera con nadie más.

—¡Muéstranos algo genial, Incineroar! —exclamó en un fuerte grito.

La cápsula se abrió y el tigre salió de ella, aterrizando pesadamente y en cuatro patas. Se mantuvo en esa postura, en silencio, viendo a Golisopod.

—¡Golisopod contra Incineroar! ¡En este combate es Golisopod quien tiene ventaja de tipo! ¡¿Podrá Incineroar mantener el paso y darle la victoria a su entrenador?!

—¡Este es, jefe! —dijo Elio, sonriendo con confianza— ¡Este es el nacimiento de una estrella! ¡Grábese bien en la retina este momento único en la vida! ¡Es a partir de aquí que el camino de Elio Asutoro oficialmente comienza!

Ash abrió la boca, pero inmediatamente la cerró al ver como Elio sacaba algo del bolsillo de su chaqueta. Una gorra coronó su cabeza y, rápidamente, fue girada de forma que la visera apuntaba hacia atrás. Ketchum sonrió y, en un acto reflejo, imitó al Asutoro.

Desde las gradas, Barry tuvo que esforzarse muchísimo por dejar pasar esa falta de respeto. La forma en la que Elio había menospreciado a los entrenadores que había enfrentado antes al tratarlos como simple precalentamiento era degradante, pero tendría que soportarlo. Elio, después de todo, había mejorado muchísimo en el poco tiempo que había pasado entre su combate y la actualidad. Eso no quería decir que fuera a ganarle, para nada, pero sabía reconocer el potencial como la sabia persona que era.

«Haz lo mejor que puedas, Buldócer», pensó. Casi se rio al ver que, en ese preciso momento, Elio había vuelto a hacer su pequeño ritual.

—¡Tajo cruzado! —gritó Asutoro.

—¡Hidroariete!

Incineroar corrió en cuatro patas hacia Golisopod, quien lo recibió con un rápido Hidroariete en horizontal que evadió al saltar por sobre él. Utilizó la gran cabeza quitinosa del isópodo para impulsarse y cayó sobre él con un Tajo cruzado que fue bloqueado por uno de los grandes escudos.

El felino generó impulso con ese choque, retrocediendo y disparando un rápido Lanzallamas.

Golisopod era consciente de que cortarlo solo sería una solución temporal, por lo que rápidamente levantó sus escudos. Apartó sus brazos cuando sintió que el aire se enfriaba, encontrándose con Incineroar. Lanzó un rápido Chupavidas que el enemigo evadió al agacharse.

Una vez que la distancia fue lo suficientemente corta, Incineroar utilizó un Lariat oscuro que fue interceptado por el Chupavidas que Golisopod utilizó en sus pequeñas garras.

Aunque eso no cubrió a Golisopod de todo el daño, sí le dio el tiempo necesario para utilizar un Hidroariete con la mano que previamente había errado el Chupavidas. Incineroar se protegió con un Protección, pero aun así fue mandado a volar.

En medio del aire, el tigre giró y se estabilizó extendiendo las extremidades, aterrizando suavemente. No dudó en volver a cargar contra el enemigo.

—¡Tóxico!

—¡Vuélvete salvaje, Incineroar! —El puño de Elio se cerró con fuerza y lo extendió hacia el frente en una explosión de energía.

A mitad de su carrera, Incineroar se dejó caer al suelo, comenzando a correr en cuatro patas. Saltó y dio un rápido giro, evitando la burbuja de veneno que había caído a sus pies. Ver a un Pokémon tan grande ejecutar esos gráciles movimientos era todo un espectáculo. Era como si Incineroar hubiera abandonado todos los rasgos que lo hacían ver humanoide para darle rienda suelta a su lado más feral.

Golisopod vio como el tigre se abalanzaba en su contra y, con una velocidad sorprendente, lanzó un Hidroariete que fue esquivado con un salto. El tipo Agua y Ash esperaban ese resultado, por lo que las subgarras atacaron con sus propios mini sables que fueron interceptados por un Lariat oscuro.

Los rápidos giros de Incineroar concluyeron segundos antes de que las pesadas garras de Golisopod se movieran hacia él. El Chupavidas no llegó a conectar, pues del cinturón del rudo emergió un poderoso Lanzallamas en forma de espiral que el tipo Bicho tuvo que apresurarse a bloquear lo mejor posible.

—¡Estás aprendiendo rápido, Elio! —dijo Ash, viendo como el torbellino seguía arrasando con todo a su paso—. ¡Este es mejor que el anterior!

El anterior, por supuesto, había sido el que había acabado con Poipole.

—¡La práctica es la mejor maestra, jefe! —rio Asutoro.

—¡Aunque necesitarás mucho más que esto para derribar a nuestro escudo!

De entre el fuego emergió el Hidroariete de Golisopod, el cual Incineroar se apresuró a esquivar. El tigre saltó, pero eso no evitó que el ataque lo rozara en la pierna, haciéndolo perder el equilibrio. Incineroar, en mitad de su caída, se sujetó de las placas quitinosas que cubrían la cabeza del samurái, moviéndose hacia su espalda y tirando de ellas.

Golisopod comenzó a retroceder a tropezones por culpa del peso del tigre. Sintió un calor en la espalda que pronto comenzó a ser molesto, por lo que levantó la cabeza. De su hocico salió una burbuja de veneno que comenzó a caer directo hacia él. Incineroar, como no era tonto, se alejó a toda velocidad. Golisopod lidió con el veneno con unos rápidos tajos de su Hidroariete, el cual cortó la burbuja. Toda la zona que rodeaba al samurái estaba llena de veneno, menos la que él ocupaba.

El repentino Tajo cruzado de Incineroar fue bloqueado por uno de los escudos de Golisopod, quien aprovechó su garra libre para lanzar un Chupavidas. Incineroar dobló las rodillas, evitando por poco el ataque para luego pararse sobre las garras. Aunque sintió un escalofrío terrible en el cuerpo, utilizó ese punto para impulsarse hacia atrás y volver a cargar.

La marcha de Incineroar era recta, por lo que Golisopod sabía dónde atacar. El tigre no era tan predecible, por supuesto. Se sujetó de la gran placa que había en el brazo izquierdo de Golisopod, el cual salió a su encuentro con un Chupavidas, y la utilizó como impulso para lanzarse en contra de sus piernas con un Lariat oscuro. Los giros desequilibraron a Golisopod y, cuando Incineroar estaba por utilizar Lanzallamas, el enemigo lo sujetó de las piernas con la garra derecha para luego alejarlo con un poderoso zarandeo.

Sin soltar al oponente, Golisopod desenvainó una larga katana de agua que el tigre bloqueó con Protección. El campo de energía también liberó a Incineroar del agarre de Golisopod.

—Elio está manejándose muy bien —admitió Kiawe—. El estilo de su Incineroar es muy poco común de ver.

—Sí. Es raro ver a un Incineroar moviéndose como el de Elio. Es algo a lo que les cuesta acostumbrarse cuando evolucionan, pero luego es casi imposible que abandonen la postura erguida para volver a las cuatro patas —dijo Rotom.

—Está aprovechando bastante bien la postura. Le está dando menos espacio a Golisopod para atacar y aprovecha su flexibilidad para esquivar —analizó Gladio—. Aunque tiene que tener cuidado. Golisopod podrá ser más lento, pero uno solo de sus ataques podría ser devastador.

En el campo de batalla, Incineroar acababa de aterrizar. Vio a Golisopod, quien también le veía a él. Ninguno de los dos quería ceder, no en ese momento. Querían acabar con el otro costase lo que costase.

—¡Ve por él, Incineroar!

—¡Espéralo!

El tigre volvió a correr en cuatro patas, llegando pronto ante Golisopod. El tipo Agua no hizo ningún movimiento, sino que simplemente se le quedó viendo. Lo siguió con la mirada incluso cuando saltó por encima de él y ahí fue cuando decidió que era hora de atacar.

—¡Hidroariete!

—¡Lanzallamas!

Golisopod trazó un arco horizontal sobre su cabeza con su katana y, aunque parecía que golpearía, no fue el caso. Un poderoso Lanzallamas salió del cinturón de Incineroar, el cual tuvo la potencia suficiente para impulsarlo lejos del rango de la espada.

—¡Voltéate y usa Chupavidas, Golisopod!

Decirlo era mucho más fácil que hacerlo. El gran tamaño del tipo Agua le impidió moverse con toda la soltura que quería, por lo que no alcanzó a encarar al enemigo, quien aprovechó que se encontraba a sus espaldas para conectar un poderoso Tajo cruzado. Golisopod se desequilibró un momento y al segundo siguiente se giró con un Chupavidas que Incineroar esquivó con una pirueta hacia atrás.

El tipo Agua vio fijamente al enemigo y luego cerró los ojos. Sus garras se posicionaron a la altura de su pecho, para, acto seguido, comenzar a bajar a la altura de su cintura al ritmo de su prolongada exhalación. Separó los párpados, clavando su mirada en la del oponente.

Elio e Incineroar juraron ver un tenue brillo ser emitido del cuerpo de Golisopod, pero no sabían a qué se debía. ¿Era una ilusión producto del poderoso espíritu de lucha del samurái? No lo sabían, pero sí que tenían una manera de averiguarlo.

—¡De frente, Incineroar!

"De frente" era un decir. Aunque el tigre inicialmente sí cargó de esa manera, eventualmente su trayectoria cambió. Su objetivo eran los costados de Golisopod, donde sabía que su defensa era más débil. Se abalanzó en su contra y viró repentinamente hacia su derecha. Cuando estaba cayendo vio algo que lo dejó desconcertado. De detrás de las grandes garras del isópodo emergió una cantidad increíble de agua que se condensó para dar forma a una burbuja.

Incineroar parpadeó una vez y luego otra. Todo a su alrededor era de un azul bastante bonito. Golisopod era azul, el público y Elio también. Le habría gustado apreciarlo por un rato más, pero los zarandeos y la presión aplastante a la que su cuerpo se estaba viendo sometido no se lo permitieron. Pronto sintió que no podía respirar, dándose cuenta de que estaba encerrado dentro de la burbuja que cada vez se hacía más grande.

Desde el exterior el espectáculo era grandioso. Antes Golisopod había hecho burbujas para atrapar a Minior, pero ninguna como esta. La gran masa de agua, que había alcanzado un diámetro de tal vez tres metros y medio, continuaba creciendo. Todos podían ver el rostro concentrado de Golisopod, quien parecía estar teniendo sus dificultades para mantener y aumentar el tamaño de la burbuja.

Elio vio a su Pokémon tratar de salir nadando, solo para ser arrastrado por una poderosa corriente que se concentraba en el centro de la burbuja. Lariat oscuro era inútil, pues ahí adentro no podría girar a su voluntad. Frunció el ceño al notar como Incineroar perdía cada vez más oxígeno.

—¡INCINEROAR, LANZALLAMAS! —gritó.

El tipo Fuego rápidamente obedeció. Su cinturón comenzó a liberar una poderosa llamarada que al principio fue consumida por el agua, pero que se hacía más y más grande conforme más esfuerzo ponía Incineroar. La burbuja pronto comenzó a emitir un poderoso vapor y a reducir su tamaño más rápido de lo que Golisopod podía incrementarlo. En el interior, Lanzallamas pronto ganó presencia.

Incineroar sentía como sus pulmones se vaciaban a un ritmo aterrador y el agua quemaba horriblemente. Por muy tipo Fuego que fuese había límites para el calor que podían resistir, y ahí adentro se estaba a mucha más temperatura que la necesaria para llegar al punto de ebullición. No por nada Escaldar era un movimiento tipo Agua.

El tigre comenzó a sentir cómo todo a su alrededor se nublaba, por lo que dio un último gran esfuerzo. Gritó bajo el agua, liberando lo último que hubiera de oxígeno en su cuerpo. Su Lanzallamas llegó a puntos que él desconocía y de su cinturón sintió un ardor en extremo desagradable. Pese al dolor, la quemadura y la falta de oxígeno, Incineroar lo logró.

La burbuja se evaporó lo suficiente como para que Golisopod perdiera control sobre ella. El agua cayó al suelo junto al tigre, quien aterrizó en cuclillas luchando por recobrar el oxígeno.

En las gradas, todos estallaron en ovaciones para Incineroar. Todos alababan su increíble tenacidad y voluntad para salir de esa situación que parecía completamente perdida. Los gritos y los aplausos hicieron que el tipo Fuego levantara la cabeza, viendo en todas direcciones. Una gran sonrisa apareció en el rostro del Pokémon.

Lo había hecho increíble. Se había lucido. Era poderoso. Lo suficientemente poderoso como para vencer a Golisopod aun en su propio terreno. Se puso de pie con la respiración agitada y, cuando estaba por subir los brazos para recibir los halagos, escuchó un grito.

—¡ATENTO, INCINEROAR! —El poderoso estallido de Elio, con una voz tan severa como la de un teniente, hizo que el rudo volviera a sus cinco sentidos.

El tigre se volteó con presteza hacia el enemigo, dándose cuenta del Hidroariete que iba hacia él. Intentó invocar Protección y lo logró en cierto modo. Lo malo era que sus niveles de oxígeno eran tan bajos que la barrera pronto cedió, permitiendo que gran parte del ataque lo golpeara.

—¡GOLISOPOD GOLPEA! ¡Y qué golpe! ¡Se ve que el Pokémon del participante Ash tenía cierto deseo contenido! —La broma de Jeekyo sacó más de una risa de entre los vítores.

El tigre se arrastró varios metros por el suelo, siendo sacudido y recibiendo más de una contusión. Se frenó haciendo uso de sus propias garras, lo que sirvió para mitigar una parte mínima del daño. Se puso de pie, dándose cuenta de que ya había comenzado a jadear.

—¡¿Estás bien, Incineroar?! —preguntó Elio, preocupado por el gran golpe.

—Roah… —asintió.

—¡Elio! —El llamado de Ash hizo que Elio apartara la mirada de su Pokémon—. ¡Eres todo lo que esperaba y más! ¡Pero ya no puedo conformarme con solo esto!

Asutoro parpadeó, confundido. Dentro de su ser nació cierta inseguridad. ¿No era capaz de satisfacer el deseo de combate de Ash? ¿No estaba a la altura? ¿No era suficiente? Sus miedos se esfumaron cuando Ketchum volvió a hablar.

—¡Quiero que tus puños hablen por ti! ¡Quiero que nos enfrentemos frente a frente! ¡Una exhibición de ofensiva máxima! ¡Elio, permite que nuestros puños choquen sin nada que los interrumpa! —Extendió la mano, haciendo regresar a Golisopod a su Poké Ball—. ¡Que nuestros corazones se comuniquen únicamente por el fuego de nuestra voluntad y pasión!

Al escuchar esas palabras, Elio tembló de pies a cabeza. Era ese momento. Por fin el tan ansiado momento que toda su vida había esperado. La aparición del Incineroar de Ash solo se lo confirmó.

Estaban ahí, de nuevo, como en el inicio. Ash y su Incineroar. Elio y el suyo. El campo de batalla había cambiado, ellos también y sus Incineroar igual. El paso del tiempo y el innegable desgaste del combate habían hecho mella en todos ellos, pero no importaba. Solo les importaba estar ahí, de nuevo, a punto de batirse a duelo.


Elio era su propio ser. Él era él. El único e irrepetible Elio Asutoro. Estaba convencido de que no había absolutamente nadie en el mundo que se le pareciera. Nadie que compartiera sus mismos patrones de pensamiento, sus hábitos y costumbres o siquiera sus gustos de moda. No había nadie en el mundo que compartiera su filosofía, ni siquiera el hombre en el que se había inspirado para crearla.

Pero había ocasiones en las que Elio no pensaba así. Había veces en las que se sentía una versión venida a menos de otra persona. Por momentos, Elio Asutoro se consideraba a sí mismo como una imitación mal hecha de Ash Ketchum.

Porque había muchas cosas en las que ambos se parecían, cosas en las que Elio se veía inferior a Ash. Le halagaba muchísimo compartir, inconsciente y conscientemente, actitudes con su ídolo, pero al mismo tiempo lo acomplejaba. Se sentía poco original; carente de brillo.

Ash y él comían de la misma manera y con la misma voracidad, solo que Elio no tenía ni de cerca el mismo espacio que Ash tenía en el estómago.

Corrían igual, dando largas zancadas aprovechando cada centímetro que sus piernas pudieran recorrer, pero Elio era más bajo que Ash y mucho menos eficiente al aprovechar su energía.

Tenías las mismas manías a la hora de escalar. Ambos comenzaban siempre con su lado derecho y de vez en cuando les gustaba dar saltos arriesgados, pero Ash siempre era mucho más arriesgado que él.

Incluso cuando combatían compartían ciertas costumbres. Atacar con fuerza, defender con fiereza y reaccionar con presteza. En todos esos apartados, Elio era peor. Su potencia de ataque era menor, su defensa era más débil y su tiempo de reacción era peor. Se sentía orgulloso de llamarse a sí mismo "el cuerpo" del dúo Asutoro, pero cuando estaba con los S&M se sentía como el segundón eterno de su propio estilo.

Tal vez era una consecuencia innegable de haber crecido teniendo a Ash como ídolo y modelo a seguir, pero a Elio tampoco le gustaba atribuirle todo a Ketchum. Él combatía de la forma en la que lo hacía porque él era así. Solo daba la casualidad de que su personalidad, a la hora de combatir, se traducía a un estilo de combate similar al de Ash. Simplemente había que mirar a Selene para deducir que una misma inspiración podía dar resultados distintos dependiendo de la persona que la tomaba.

Eran pensamientos como esos los que hacían que, en momentos como el que estaba viviendo, Elio perdiera la motivación por un momento. Y si perdía motivación, también perdía fuerza.

Se detuvo a dos terceras partes de su carrera, cayendo de rodillas y jadeando pesadamente. Incineroar, a su lado, también se detuvo. Ambos estaban exhaustos. El entrenamiento era demasiado pesado. Solo había escuchado de regímenes así por parte del Teniente Surge, quien dio una conferencia pública hablando sobre el infernal entrenamiento especial del ejército.

Tenía el pelo empapado en sudor, la respiración entrecortada y la mirada desenfocada. Sus piernas se sentían como gelatina y los pulmones le ardían. El sol de Poni no ayudaba a que la situación fuera más manejable.

Levantó la mirada, cegado por el brillante destello del astro del que había recibido su nombre. Una silueta le bloqueó el paso de la luz y le brindó sombra, cosa que agradeció internamente. La silueta se agachó y solo ahí vio la sonrisa de Ash, quien apenas parecía cansado. Tampoco en estamina podía igualarlo.

¿Puedes seguir, Elio? —le preguntó, ofreciéndole una mano que Asutoro aceptó.

E… Eso… —Intentó levantarse pero no lo logró. Con gran frustración negó—. No pue… do… Lo siento, je… fe…

Ey, no te disculpes. Es un entrenamiento pesado, es normal que te canses —aseguró, sentándose frente a él—. A decir verdad, nosotros también estamos fatigados, ¿verdad, Incineroar?

El tipo Fuego, quien estaba detrás de Ash, caminó hacia el frente y asintió. Aunque no se veía tan fresco como Ketchum, sin duda estaba en mejor condición que el Incineroar de Elio.

Elio se sentó y recargó su espalda contra la de su Incineroar, recuperando el aliento lo mejor posible.

Recuerdo cuando entrenaba de esta manera en pueblo Paleta. Los primeros días fueron un infierno, te lo juro —dijo Ash mientras reía. Su Incineroar se sentó junto a él—. Creí que se me saldrían los pulmones por el esfuerzo. Nunca antes había tanto de mí como en ese año. No puedes dedicarte de esa manera al entrenamiento mientras viajas, porque tienes que preocuparte por muchas otras cosas.

Elio lo veía, todavía jadeando y sintiendo los parpados pesados por el cansancio.

No dudo que todos saldremos de este cañón con mucha más fuerza de la que entramos. ¡Es muy duro, pero la recompensa es grande! El dolor es solo un instante comparado a todo el tiempo que tenemos por delante para vivir —aseguró.

Las palabras de Ash seguían siendo captadas por los oídos de Elio, pero no eran procesadas por su cerebro. Lo oía, pero no lo escuchaba.

—… verás lo mucho que Rotom se sorprenderá. Estoy seguro de que tiene un antes y después de todos noso…

Estoy cansado, jefe… —murmuró Elio, sorprendiendo a Ash.

Ah, lo siento, tienes razón. Debes de querer descansar y aquí estoy yo, hablando sin parar —rio de forma nerviosa, rascándose la cabeza.

No es eso —Negó con la cabeza—. Estoy cansado de intentar… ¿Nunca antes ha sentido que quiere…? ¿Que quiere tirar la toalla? Pienso en lo mucho que va a… doler y en el tiempo que tomará, y me siento… inseguro…

Ash guardó silencio, pasmado. Elio esperó su respuesta entre jadeos, la cual llegó en forma de caricia. La mano de Ketchum se posó sobre la cabeza de Elio, importándole poco el sudor que hubiera en su cabello.

De verdad estás cansado, Elio —dijo, brindándole una sonrisa que hizo espabilar por completo al muchacho.

¡L-lo sien…! ¡Lo siento, jefe! N-no sé qué fue lo que se me metió, yo… Ol-olvide lo que dije, era una tontería… —Sus ojos vieron a todos lados menos a Ash, temeroso de que esa sonrisa comprensiva se convirtiera en un gesto de decepción.

No es una tontería. Todos hemos tenido momentos en los que nos sentimos así, pero son pasajeros —aseguró, dándole un último toquecito a su cabeza y luego alejando la mano—. Es difícil, en serio. Este mundo; este estilo de vida. Requiere muchos sacrificios, disciplina a montones y dedicación como ninguna otra. Es por eso que solo unos pocos llegan a ser los mejores.

Elio sintió como su boca se fruncía.

¿Y cómo sabré… si yo seré uno de esos pocos?... —preguntó. Tal vez la noción de que alguien no minimizara sus sentimientos lo hizo abrirse más; tal vez fue porque era Ash o tal vez fue por simple y banal curiosidad.

Ash cruzó las piernas y miró hacia el cielo, comenzando a mecer el torso.

¿Cómo decirlo?... —Reflexionó por un momento la respuesta. Bajó la cabeza, volviendo a ver a Elio—. No lo sabrás. Al menos no de inmediato.

¿Ehh?... —Asutoro no ocultó su gesto de decepción.

Hay personas que nacen con un talento natural, como mi hermano. Debiste verlo cuando éramos niños. Era un maestro con los Pokémon. Se ganaba su confianza en un santiamén y hasta parecía que tenía un vínculo mental con ellos. Tú sabes, como si se mandaran unas ondas al cerebro de esas que hacen "buruburuburuburuburu". —Comenzó a ondear los dedos y luego se rio.

Eso suena igual a usted, jefe. —Elio se permitió sonreír.

¡Para nada! No te daré trato preferencial solo porque me halagues, Elio. —Soltó una carcajada a la que se le unió Incineroar con una tenue risa.

Asutoro no quería interrumpir la diversión de Ash, pero su pregunta…

Pero no he respondido tu pregunta —dijo Ketchum, conteniendo sus carcajadas hasta convertirlas en una pequeña sonrisa.

«De verdad puede leer mentes», pensó Elio.

Así como hay personas con talento natural, también hay personas que se esfuerzan muchísimo. Y como hay personas que se esfuerzan muchísimo, también hay personas que tienen el espíritu de un entrenador Pokémon. También hay personas que tienen las tres cosas al mismo tiempo —explicó, levantando sus dedos.

¿Espíritu de entrenador Pokémon?...

Sí. Tengo una amiga llamada Iris, creo que llegaste a verla en esa ocasión en la que me llamaron en navidad —recordó. Como vio que Elio no recordaba a la persona, prosiguió—. Ella es, en pocas palabras, una entrenadora Pokémon por naturaleza. Todo sobre su personalidad, forma de vivir y actitud son las que hacen a un gran entrenador. Ella es… Un poco primitiva —rio nuevamente—. Pero cuando se trata de algo tan antiguo como combatir, creo que eso está bien.

No creo entenderlo del todo, jefe. ¿Qué se toma en cuenta para decir que una persona tiene "espíritu de entrenador Pokémon"?

Bueno… Ay…, ¿cómo te lo explico? Bueno, hay algunos entrenadores Pokémon a los que simplemente les encanta combatir y hay algunos que viven por el viaje. Una persona con espíritu de entrenador Pokémon es mucho más que eso. Es vivir el combate, apasionarse por el viaje, sentir la necesidad de explorar y conocer el mundo —comenzó a ejemplificar, levantando los dedos de las manos conforme enlistaba—. Sabes que tienes espíritu de entrenador Pokémon cuando tienes muchísimas ganas de conocer a tu rival. Es como querer que sus emociones se conviertan en las tuyas, ¿sabes? ¡Explorar el corazón de otra persona únicamente mediante los puños y no con palabras! Creo que en el equipo S&M todos somos así.

Elio por fin comenzaba a comprender, pero había algo en lo que discrepaba.

No quiero ser irrespetuoso, jefe, pero…

Lillie, ¿verdad? —Ash mantenía su sonrisa. En su gesto no había la menor señal de ofensa.

Asutoro asintió.

No creo que Lillie tenga lo que usted llama "espíritu de entrenador Pokémon".

Puede parecerlo a primera vista porque no has estado tanto tiempo con ella como yo, pero créeme, Lillie tiene un fuerte espíritu de entrenador Pokémon. —Sus ojos se volvieron soñadores y su sonrisa se hizo un poco más grande—. Deberías verla cuando tiene un combate que la divierte de verdad. Sus ojos brillan, su voz se hace súper fuerte, comienza a hacer gestos con el cuerpo que representan sus deseos, incluso se hace un poco bravucona. —Lo último lo dijo con una pequeña risita. Incineroar le dio la razón—. Ella solo es un poco más exigente con los combates en los que se permite actuar así.

Elio se intentó imaginar así a Aether, pero no lo logró. La sonrisita amable, la voz suave y los gestos mayormente refinados que se había grabado en la cabeza le impedían imaginarse una Lillie así.

¿Entonces una persona con ese tipo de espíritu puede optar por no ser entrenador Pokémon? —preguntó.

Tenerlo no significa que debas serlo. ¡Puedes aprovecharlo para muchas otras cosas! La pasión por el viaje es muy importante cuando se es curioso, ¿no crees? ¿Qué mejor manera de conocer todo lo que hay que conocer que viajando? —respondió, comenzando a ponerse de pie.

Elio, todavía sentado, miró al suelo. Su pregunta…

Es por eso, Elio, que no hay nada decidido en este mundo. —La voz de Ash exaltó al Asutoro—. Incluso tener las tres cosas no te garantiza nada. Ni el espíritu más espirituoso de entrenador Pokémon podría asegurarte un puesto en la cima. Yo llevo en esta senda casi la mitad de mi vida y aun no lo tengo claro. Hay muchos tipos ahí afuera que me patearían el trasero cualquier día, pero no es porque yo lo haya intentado poco, sino porque ellos lo intentaron más, y así son las cosas. —Le tendió una mano—. Puede que algún día te llegue la sensación de que esta es la forma en la que quieres vivir el resto de tu vida, puede que ya haya llegado y no te hayas dado cuenta o puede que nunca lo haga. Estamos en un camino inseguro, así que asegúrate de disfrutar de la adrenalina que ofrece.

Elio vio cómo su Incineroar se paraba con la ayuda del de Ash. Tomó la mano que se le era ofrecida, también poniéndose de pie.

¿Sabe, jefe?... Creo que solo me hizo sentir más inseguro de si este estilo de vida vale la pena…

Las palabras de Elio rápidamente sobresaltaron a Ash, quien comenzó a verse extremadamente nervioso. Asutoro se carcajeó de pronto.

Es una broma, jefe.

¡No me asustes así, cielos! No habría podido vivir conmigo mismo si te hubiera alejado del entrenamiento Pokémon…

Elio se rio, pero para sus adentros se sentía preocupado por lo último que Ash le había dicho. ¿Cuándo llegaría ese momento en el que sentiría que quería dedicarle su vida entera al entrenamiento Pokémon? ¿Ya había llegado y lo había olvidado? ¿O quizás…? Pensó que no tenía caso devanarse los sesos pensando en ello, pues solo lo distraería de su meta final.


Había llegado. En el interior de su ser todo gritaba. Le gritaba que lo salvaje era bueno, que el instinto era lo único que necesitaba. Golpear para transmitir, una extraña forma de comunicarse que quería llevar a cabo.

Quería pelear. No solo esta vez. Quería vivir peleando. Combatir, conocer, aprender. No añoraba la violencia injustificada de su niñez; deseaba la violencia controlada y creativa. Elio, desde lo más profundo de su ser, por fin se convenció. La mejor forma de conocer a alguien era mediante sus instintos más básicos y él quería conocer a Ash; forjar un vínculo completamente honesto, donde ninguno mintiera. Eso se lograba únicamente mediante los puños.

—¡VAMOS, ELIO!

—¡VOY POR TI, ASH!

—¡ATACA! —gritaron al mismo tiempo.

El Incineroar de Ash corrió a dos patas contra su enemigo, quien iba a cuatro. El Incineroar de Elio saltó y se sujetó del torso del de Ash, haciéndolo trastabillar. A Garra no le tomó mucho tiempo quitarse de encima a Incineroar, tomándolo de los brazos y mandándolo a volar con un fuerte zarandeo.

Incineroar cayó al suelo nuevamente en cuatro patas y volvió a cargar en contra de Garra, para luego embestirlo por la cintura. Lo levantó del suelo y, cuando tuvo sus piernas a su alcance, las tomó y comenzó a girar a toda velocidad con Lariat oscuro. Lo mandó a volar hacia el aire, atacando luego con un poderoso Lanzallamas que salió en forma de torbellino.

Garra recuperó el equilibrio en el aire y se lanzó en picada contra el Lanzallamas, permitiéndose ser engullido. Salió segundos después por el otro lado con un Lariat oscuro que Incineroar interceptó con un Tajo cruzado hecho a las prisas. El choque lo ganó Garra, por lo que Incineroar retrocedió cinco pasos.

Un fuerte y bien lanzado Tajo cruzado chocó entonces contra el Acróbata de Garra. Incineroar se dio cuenta de que volvería a perder, por lo que alejó el brazo izquierdo de la equis que había formado con los brazos y tomó la pata con la que Garra atacaba, tirando de ella con fuerza. El jalón desequilibró a Garra, quien fue atacado con un corto Lariat oscuro que cubrió con un Acróbata bien conectado en el estómago.

Incineroar se dobló por un golpe, pero no soltó al enemigo, sino que al contrario, intensificó su agarre. Levantó el brazo de Garra con fuerza, lo zarandeó y lo obligó a quedar de cuclillas. Fue un error, pues Garra rápidamente se abalanzó contra sus piernas. Ambos cayeron al suelo, solo que Garra se encontraba encima. Al mismo tiempo ambos se atacaron con sus propios Lanzallamas, los cuales se combinaron creando una gran llamarada.

De la llamarada salió volando Incineroar, quien rodó por el piso. Se puso de pie, siendo atacado de inmediato en el pecho con un Acróbata que lo hizo dar media vuelta. Completo dicha media vuelta con un Lariat oscuro que golpeó a Garra en el rostro.

El trastabilleo de Garra terminó cuando, sorprendentemente, alcanzó a sujetar la cola de Incineroar, obligándolo a parar. Garra tomó la cola con ambas manos y pronto fue él quien comenzó a girar. Fue cuestión de segundos para que todos vieran a Incineroar volando por el aire.

Garra se puso a girar a una velocidad impresionante, mostrando gran maestría en el arte de Lariat oscuro. Se detuvo de golpe, redirigiendo toda la energía cinética a su cinturón y disparando un gigantesco Lanzallamas que iba hacia Incineroar.

—¡TAJO CRUZADO!

El rudo volador hizo lo mismo que Garra había hecho antes, zambulléndose de lleno en el Lanzallamas con sus brazos puestos en forma de equis frente a él.

Los ojos de Garra se afilaron y, repentinamente, utilizó su pierna derecha como punto de apoyo para girar todo su cuerpo hacia esa dirección. Incineroar salió de la decadente llamarada un segundo después, siendo sujetado por la cintura y recibiendo un suplex al que no pudo reaccionar.

La espalda de Incineroar golpeó estrepitosamente el suelo, por lo que Garra lo soltó para poder levantarse y seguir atacando. Cuando Incineroar reaccionó, vio como Garra se lanzaba sobre él con un codazo que evadió al rodar hacia su izquierda. Dio una rápida pero poderosa patada que conectó contra la cara de Garra, aturdiéndolo por un momento, y se levantó.

Un gran Lanzallamas envolvió a Garra, quien salió de él poco después. Con sus poderosas patas, Garra apretó los hombros de Incineroar y comenzó a obligarlo a ceder. Incineroar también sujetó a su enemigo de los hombros y trató de defenderse, pero sin éxito.

Incineroar se dio cuenta de que iba a perder ese duelo de potencia bruta, por lo que dio un rápido salto y pateó fuertemente el pecho del oponente, impulsándose hacia atrás y obligándolo a soltarlo.

Garra hizo todo menos retroceder, pues se abalanzó con un Lariat oscuro al que el oponente respondió con su propio Lariat oscuro. Incineroar se detuvo de pronto, lanzando un Tajo cruzado que frenó en seco a Garra.

El Pokémon de Ash, ligeramente encorvado, sujetaba los brazos del Pokémon de Elio. Imitó el movimiento que antes le habían aplicado a él. Saltó, dejándose caer con todo su peso, lo que desequilibró a Incineroar y lo hizo avanzar a tropezones hasta finalmente caer.

Ambos tigres se incorporaron, quedando espalda con espalda, y rápidamente dieron un codazo con brazo derecho. Dado que la derecha de Garra era la izquierda de Incineroar y viceversa, ambos terminaron golpeando el costado desprotegido del otro. Soltaron un pequeño rugido y se levantaron. No perdieron el tiempo en darse la vuelta, pues se pusieron a girar con su Lariat oscuro.

Retrocedían para ganar impulso y luego se lanzaban en contra del otro, volviendo a chocar y repitiendo el proceso.

En mitad de este aparente combate interminable de peonzas, Garra saltó. El salto fue una espectacular pirueta que le permitió llegar a la cara de Incineroar, obligándolo a frenar.

El Pokémon de Elio se vio cegado por las patas de Garra, quien se encontraba a su espalda. El tigre veterano se apresuró a pisar la parte trasera de las rodillas (corvas) del tigre más joven, obligándolo a arrodillarse. Teniéndolo a sus pies, Garra aprovechó para someterlo en una llave de estrangulamiento. El brazo derecho rodeó el cuello de su víctima, mientras que el izquierdo se posicionó detrás de su cabeza. Con el bíceps derecho y el antebrazo izquierdo comenzó a aplicar presión.

—¡Es una mataleón! —exclamó Lana, poniéndose rápidamente de pie. Parecía altamente exaltada.

—¿U-una qué? —preguntó Chris, confundido por lo agresivo que eso sonaba.

—¡Una técnica de sometimiento muy peligrosa! Puede dejar inconsciente en segundos o incluso matar a la víctima.

—¡¿Qué?! ¡E-eso es demasiado! —dijo rápidamente Asahi— . ¡Los árbitros…!

—Es peligrosa hecha por alguien sin control. Un profesional puede ejecutarla con riesgos mínimos. —El ceño de Selene estaba fuertemente fruncido, viendo que su hermano estaba en una mala postura.

—¡P-pero Incineroar es un Pokémon! —rebatió Tsukishima.

—Muchas de las técnicas de autodefensa que los humanos han aprendido fueron transmitidas por los Pokémon —dijo Lillie sin apartar la mirada de la batalla.

Todos vieron con el aliento contenido lo que haría Elio para liberarse.

No pasó mucho tiempo antes de que los ojos de Incineroar comenzaran a verlo todo negro. Intentó liberarse al mover súbitamente su torso hacia el frente, pero no tenía caso. También intentó jalar del brazo de Garra, pero no podía. De por sí era más débil que él, por lo que era imposible librarse ahora que estaba perdiendo fuerzas con rapidez.

Incineroar creyó que era el fin cuando todo a su alrededor se volvió oscuro. Fue en medio de dicha oscuridad que una voz lo llamó.

—¡INCINEROAR!

Y el infierno se desató. La oscuridad se convirtió en una gran masa de fuego comparable solo al mismo infierno.

Los ojos del tigre recuperaron todo su vigor y ardieron como una gran pira funeraria. Un brillo rojizo hizo relucir su pelaje, volviendo indistinguible los colores negros y grises que conformaban su cuerpo, sus músculos se tensaron, engrandeciéndose incluso sin la necesidad de Corpulencia, y su cinturón comenzó a flamear con una intensidad varias veces mayor a la habitual.

Con fuerzas revitalizadas y aumentadas, Incineroar logró colar las puntas de las garras entre su cuello y el brazo derecho de Garra. Una vez que hizo eso, el resto fue pan comido. Tiró fuertemente del brazo agresor, bajó la barbilla para evitar que pudiera volver a apresarlo y giró rápidamente hacia la izquierda, de modo que encaró a Garra. Un rápido y feroz puñetazo hizo retroceder al sonriente enemigo.

Garra retrocedió unos pocos metros y tuvo que doblar las rodillas para reducir el impacto. Cuando su retroceso cesó, se pasó una mano por el rostro y, con una mirada satisfecha, escupió al suelo.

—¡LOGRÓ LIBERARSE! ¡El Incineroar del participante Elio consiguió un poderoso estallido de fuerza, siendo capaz de soltarse de la letal técnica del Incineroar del participante Ash! ¡LA COSA ESTÁ QUE ARDE! —El grito de Jeekyo encendió los ánimos de los espectadores, quien entraron en un éxtasis fogoso.

—No lo entiendo, ¿no se supone que Mar llamas solo se activa cuando el Pokémon está en las últimas? El Incineroar de Elio no parece así de lastimado. —Bonnie lucía confusa.

—Tampoco lo entiendo. —May se rascó la cabeza. Recordaba a Blaziken activando Mar llamas, pero siempre era como un último impulso o recurso final.

—Creo que… Creo que Ash logró forzar un Mar llamas al hacer que Incineroar casi perdiera la consciencia. ¿Pero por qué haría…? —Liam se detuvo, pensativo. A su cabeza comenzaron a llegar un montón de sucesos previos—. Ya veo… Este era exactamente el resultado que Ash quería…

—¿El resultado que Ash quería...? —Clemont chasqueó los dedos—. ¡Entiendo! ¡Por eso no siguió utilizando a Golisopod! Ash quería que el Mar llamas del Incineroar de Elio se activara mientras peleaba contra su Incineroar.

—De esa forma el Incineroar de Elio podría pelear con mucha más fuerza sin la necesidad de estar realmente al borde del colapso.

—¡Un verdadero combate frente a frente! —exclamó Iris con una gran sonrisa en el rostro.

—Creo que eso también estaba en los planes de Elio —señaló Cilan—. La forma en la que guardó de forma tan recelosa a Incineroar, reservándolo como si fuese el platillo principal…

—Ambos hicieron los preparativos para este momento. —Mallow rompió en risas—. ¡Después de todo un verdadero plato estrella brilla al máximo cuando está servido!

—Esos dos… —Lillie suspiró con cierta resignación y diversión. Eso solo le duró un segundo antes de que sus ojos mostraran toda su emoción—. ¡VAYAN CON TODO, CHICOOOOS!

—¡PIKA PIIII! —El roedor comenzó a lanzar puñetazos al aire.

Selene volteó a ver a sus padres, quienes rápidamente asintieron. Los tres tomaron todo el aire que pudieron y, al unísono, gritaron.

—¡VE POR ÉL, ELIOOOOOOO!

Asutoro escuchó únicamente el rugido de su Pokémon, el cual emitía ondas de calor simplemente al estar de pie. Su sonrisa se amplificó al igual que las de los enemigos.

—¡LANZALLAMAS!

Incineroar subió los codos a la altura de sus hombros y luego los bajó con fuerza hacia su cintura, disparando un gigantesco mar de llamas que avanzó hacia Garra. El Pokémon de Ash vio con una gran sonrisa como el ataque llegaba hacia él y extendió los brazos para darle la bienvenida.

Decir que el campo de batalla se llenó de fuego sería ligeramente exagerado, pero tampoco estaba demasiado lejos de la realidad. Una ancha línea recta, que comprendía desde donde estaba parado Incineroar hasta donde se encontraba Garra, se llenó del millar de lenguas flamígeras que componían a las llamas en su totalidad. Había un motivo para decir que el fuego solo llegaba a donde estaba Garra, y era un motivo en exceso sorprendente.

Las bocas se abrieron al ver como Garra, con los brazos bien abiertos, contenía el avance de la llamarada. Las garras de sus pies se clavaron con fuerza en el suelo, hundiéndose para darle una mejor postura. Garra comenzó a rugir con fuerza y sus músculos dorsales se marcaron de uno en uno, hasta que el mapa de su musculatura quedó completamente claro.

La sorpresa solo aumentó cuando el fuego comenzó a desaparecer, no porque el Incineroar de Elio dejara de atacar, sino que fue porque el cinturón de Garra comenzó a absorberlo. Fueron muchos los que se pusieron de pie, profiriendo gritos de sorpresa, al ver una escena tan increíblemente surrealista.

Garra infló el pecho y contuvo la respiración, absorbiendo hasta el último centímetro de fuego que había sido disparado. Una vez que terminó, su cinturón comenzó a emitir un resplandor equiparable al del Incineroar de Elio.

—¡¿Q-q-q-q-qué…?! ¡¿QUÉ ACABA DE PASAR?!-ROTO —gritó la Pokédex. En su pantalla se veían múltiples signos de interrogación.

—La impresión fue tan fuerte que lo reseteó de fábrica… —dijo Hau, parpadeando con perplejidad.

—¡Qué genial, qué genial! —Acerola comenzó a reírse como una niña pequeña.

—¿Eso es siquiera posible? —se preguntó Liam, sudando por la impresión.

Kiawe rompió en carcajadas, llevándose una mano al rostro.

—¡Cómo se esperaba de Ash! ¡Él hace posible lo imposible!

—Hay niveles para este tipo de cosas, ¿sabes?... —Mallow tragó saliva, atónita.

—¡El Incineroar de Ash es genial! —Los ojos de Lana parecían dos faros en la oscuridad. Chris parecía compartir su emoción.

—Un buen choque —dijo Mina con una sonrisa satisfecha.

Selene parecía tener un dilema interno. Por un lado la técnica de Ash había sido tan impresionante que quería gritar como la fanática enloquecida que era, mientras que por el otro lado le daba frustración que el gran ataque de su hermano se hubiese desaprovechado. Manifestó esa serie de emociones contrarias mediante ruidos ininteligibles.

—Ash… —murmuró Lillie. Su rostro transmitía un intensa pasión, casi tan ardiente como la batalla que se libraba ahí abajo. Intentó taparse la cara con las manos para cubrir su intenso sonrojo— ¡V-vamos, Incineroar! —Su tono de voz se fue haciendo más y más bajo conforme hablaba, hasta terminar en un pequeño murmuro.

—Podría decir que me he acostumbrado a que no me sorprenda, pero esto… —Gladio sonrió—. No esperaba menos de alguien como él.

—Siempre sorprende. Ya sea con diez o con diecinueve. —Brock le dio una palmadita en el hombro a Gladio.

El rubio vio como todos los amigos de Ketchum lucían igual de maravillados por lo que acababa de ocurrir. Era el efecto Ketchum, supuso.

—¡Ese fue un gran fuego, Elio! Incineroar y yo ahora los entendemos un poco más —dijo Ash con una gran sonrisa.

Elio rio, anonadado por lo que acababa de pasar.

—¿C-cómo? —Fue lo único que atinó a decir. Vio a los árbitros, quienes parecían igual de confundidos y sorprendidos, Nanu incluido.

—¿Cómo? Bueno, ¿cómo te lo explico?... —Se rascó la barbilla y de reojo miró hacia las alturas. Ahí logró distinguir el esbozo de una sonrisa en el rostro de Kukui—. Digamos que lo vi en un sueño y me dieron ganas de intentarlo.

Esa declaración tan escandalosa encendió el estadio. Los gritos se manifestaron mediante estridentes sonidos de admiración hacia Ash Ketchum. Explicar las razones era redundante. Todos se quedaron con la conclusión general: «Este tipo es increíble».

Elio rio nerviosamente y luego suspiró.

—¡Ese es el jefe!

Ketchum le sonrió y sus ojos se mostraron desafiantes.

—¿Seguimos?

—¡Por supuesto que sí! ¡Tajo cruzado!

Incineroar espabiló al agitar la cabeza. Cargó una vez que salió de su estupor, en una postura feral increíblemente amenazante. Ese tigre infernal moviéndose erráticamente a una velocidad anormal era una imagen de pesadilla, pero era un fiel reflejo del espíritu combativo de Elio.

El tipo Siniestro saltó frente a Garra quien, en un segundo, disparó un poderoso Lanzallamas tan grande como el que Incineroar había lanzado antes. El impulso fue tan poderoso que el propio atacante retrocedió, por lo que el efecto en el atacado debería de ser imaginable.

Garra se quedó en silencio, sorprendido por su propio poder. Él estaba, comprensiblemente, tan asombrado como todos los que lo habían visto, pues era la primera vez que había intentado esa nueva técnica.

Ash rio con inmensa emoción.

—¡Eso es, Incineroar! ¡Funcionó, amigo!

Garra asintió y, sonriendo, le levantó un pulgar a su entrenador.

El Incineroar de Elio cayó de espaldas, confundido por lo que había pasado. Se sentó rápidamente, viendo lo lejos que estaba del enemigo, y se levantó de un salto.

—¡Eso fue sorprendente, pero no nos dejemos intimidar, Incineroar! ¡Tajo cruzado!

Acató la orden. Volvió a cargar contra el oponente y esta vez no fue tan obvio. Realizó una rápida finta, virando hacia la derecha en el último momento. Dio las poderosas brazadas, esperando golpear el hombro del enemigo, pero fue recibido por un certero Acróbata que chocó justo en el centro del antebrazo derecho.

El forcejeo duró más de dos segundos, tiempo suficiente para que Garra volviera a utilizar Lanzallamas. El tipo Fuego lo intentó, pero en lugar de salir fuego lo que emergió fue un humo tan oscuro como la propia noche. Fue cuestión de tiempo para que empezara a toser, por lo que se apresuró en alejar a Incineroar. Le dio una poderosa patada en el estómago, apartándolo y alejándose él.

Mientras retrocedía, los tosidos se intensificaron y el humo se volvió más y más copioso. Intentó utilizar Lanzallamas de nuevo, creyendo que era lo mismo que cuando se atoraba un eructo, pero solo logró intensificar el humo.

—¡A-ahhh! ¡I-Incineroar, tranquilo, amigo! ¡Es una sobrecarga normal! ¡Y-ya pasará! ¡Visualiza el fuego, amigo, visualízalo! —comenzó a decirle Ash, preocupado. Creyó que, si el Incineroar del Kukui de la otra realidad había aguantado, el suyo también. Solo entonces recordó que el volumen de fuego absorbido no era el mismo ni por asomo.

Garra vio a su entrenador con un ojo entrecerrado. Con la cabeza le dijo que no entendía lo que quería decirle.

Ash, siendo la mente brillante que era, no tuvo una mejor idea que dar un ejemplo práctico.

—¡Así, mira! —Extendió su pierna izquierda hacia el frente y activó el propulsor. Una llama salió de ella, alcanzando los diez centímetros y luego desapareciendo al instante. En lugar de fuego lo que empezó a salir fue un humo blanquecino que Ketchum reconoció al instante. Intentó volver a apoyar la pierna protésica sobre el suelo y cedió por completo, haciéndolo caer de sentón al suelo—. ¡No debí de haber practicado tantas veces mi entrada!

En el estadio todos se quedaron en silencio. Tras la genialidad que Ketchum había exhibido, eso era una desmejora impresionante. Era incluso…

—Woah… Que penita… —murmuró Iris, apartando la mirada con cierta lástima.

—B-bueno, el fracaso también es parte de la experimentación… —rio Clemont, ajustándose las gafas.

—Eso es algo tan típico de ti, hermano… —suspiró Bonnie.

—¿E-es correcto ver esto? —le preguntó Tracey a Misty, quien se encogió de hombros.

—Él solito se lo buscó.

—No puedes refinar tu cocina si no quemas un plato en el proceso —rio Cilan.

—Tan típico de Ash… —Max negó con la cabeza.

—Por mucho que le digan "El Héroe", sigue siendo Ash. —Dawn se rio con la mano derecha frente a la boca.

—Ese es Ash para todo el mundo —señaló May.

Serena no dijo nada, sino que simplemente negó con la cabeza. Parecía tan resignada como entretenida. Ese era, a fin de cuentas, el hombre que la había inspirado, con sus fallas y aciertos.

Brock sintió un toquecito en el hombro, por lo que volteó a ver a Gladio.

—Imagino que, ya sea con diecinueve o con diez años, Ash sigue siendo tan extravagante como siempre.

Ishihara volteó hacia donde estaban los alolianos, viendo sus semblantes llenos de resignación.

—Por fin tengo una idea para ese cuadro que habla de la vergüenza ajena… —murmuró Mina.

En el campo de batalla, Elio e Incineroar intercambiaron miradas preocupadas. ¿Qué se suponía que hicieran? Voltearon a ver a los árbitros, quienes tampoco parecían tener la respuesta. Olivia parecía empatizar, Red lucía simplemente preocupado, Hapu estaba estoica y Nanu contenía las ganas de reírse.

Ash se quitó la pierna protésica, dejándola en el suelo. Se levantó rápidamente, con una agilidad inimaginable en un hombre de una sola pierna. Pisó la tierra con una firmeza y equilibrio envidiable incluso para aquellos que no habían perdido una extremidad.

—Bueno, esto es algo incómodo. —Ash se rio, rascándose la nuca.

Incineroar se encogió, también rascándose la mejilla.

Elio no sabía bien cómo reaccionar, así que hizo la primera pregunta que se le vino a la mente.

—Jefe, ¿deberíamos detener el combate?...

Esa pregunta hizo saltar a Ketchum de inmediato.

—¡No! —gritó con firmeza, viendo fijamente a Elio—. ¡Por nada del mundo! ¡ABSOLUTAMENTE NO!

—¿E-ehh?... Pero, jefe, su pierna…

—¡Con o sin pierna, sigo siendo capaz de pelear! —le dijo, frunciendo el ceño—. ¡No me veas con lástima, Elio!

El Asutoro se sintió aterrado al escuchar eso, por lo que se vio en la necesidad de corregir sus palabras.

—¡E-esa no era mi…!

—¡Lo sé! —interrumpió Ash, poniendo los brazos en jarra y dejando salir un bufido.

—¿Ehhh?... Entonces…

—¡No quiero que te contengas, Elio! ¡Esto fue un error mío y yo debo aceptar las consecuencias! ¡Mi condición y la de Incineroar son irrelevantes! ¡Mientras estemos de pie, podemos pelear! ¡Incluso si nos arrastramos, vamos a pelear! —Su pecho se infló, dejando salir su deseo—. ¡Nada ni nadie va a detener esta batalla!

—¡Roar! —exclamó Garra, conteniendo un tosido.

Elio no sabía bien qué hacer, por lo que miró a Hapu. La Kahuna detectó su mirada y parecía decidida en su respuesta, pero antes de eso tuvo que mirar a los otros árbitros. Los tres, Red incluido, le dieron un asentimiento.

—Participante Ash, ¿está seguro de que no quiere que le busquen aunque sea una muleta? —preguntó Honua.

—¡Seguro! ¡Eso solo sería un pérdida de tiempo! ¡Yo quiero combatir! —respondió sin voltear a verla. No quería que la emoción que sentía en el pecho se extinguiera.

—Entonces pueden continuar.

—¡LOS ÁRBITROS LO PERMITEN! ¡Las apasionadas palabras del participante Ash parecieron tocar los corazones de los árbitros, quienes decidieron no interrumpir el combate pese a las circunstancias especiales! ¡Qué espíritu de lucha! ¡Qué ansia de combate! ¡¿Cómo responderá el participante Elio al deseo del participante Ash?!

El público adoraba una buena historia, y esta sin duda era una. El vergonzoso momento de Ash pronto se convirtió en uno inspirador.

Elio, sin embargo, no lo vio así. Si explotaba esta debilidad, ¿en qué sería mejor a personas como Guzma o Francine? Esa misma duda se le contagió a su Pokémon.

—¡V-vamos con Tajo cruzado!

Incineroar vaciló en un inicio y luego comenzó a correr en dos patas. Juntó los brazos frente a su torso, formando una equis. Vio el humo negro que salía del cinturón de Garra y escuchó sus tosidos. El ojo entrecerrado del enemigo lo hizo sentirse increíblemente angustiado. Apretó los dientes y atacó. Dio las brazadas, pero no conectaron. No estuvieron ni cerca de hacerlo.

Garra esquivó dando un paso hacia atrás y lanzó un rápido Acróbata en el rostro del enemigo, cuyos ojos lagrimearon, impidiéndole ver lo que siguió. Garra tomó con la cabeza de Incineroar con su pata y luego lo separó del suelo por un segundo al subir violentamente el brazo. Lo zarandeó con fuerza, estrellándolo contra el suelo y comenzando a correr.

La espalda de Incineroar se arrastró por el suelo y, aunque intentó liberarse del agarre de Garra, no lo logró. El Pokémon de Ash cesó su movimiento y luego lo obligó a levantarse, conectando un rápido Lariat oscuro y, consecutivamente, un Acróbata que lo hizo retroceder.

Garra no esperó. Se lanzó con una patada voladora, impactando con ambas piernas el pecho de Incineroar. El ataque hizo que el Pokémon de Elio retrocediera a tropezones. Garra aprovechó el desequilibrio para cargar contra él, sujetándolo por la cintura.

Incineroar comenzó a golpear la espalda de su atacante, pero no fue suficiente. Garra lo levantó en el aire y lo dejó caer con un poderoso azote en el suelo. Cuando estuvo en el piso, Garra se dejó caer encima de él con un poderoso codazo que le sacó el aire.

Elio estaba tan consternado como la gente en el estadio, que se había quedado en silencio. Vio a su Pokémon indefenso contra el ataque enemigo. No comprendía lo que estaba sucediendo. ¿No se suponía que estaba débil? ¿Por qué era tan poderoso entonces?

Mientras Garra sujetaba las piernas de Incineroar y lo arrastraba por el piso, alguien gritó en medio del silencio.

—¡VE CON TODO LO QUE TIENES! —se escuchó desde las gradas.

Asutoro vio en dirección al grito, encontrándose con la misma persona que ubicaron los Drones Rotom. Los monitores transmitieron la imagen del ceño fruncido de Lillie.

—Lillie… —murmuró Elio.

—¡¿SABES CUÁNTO TIEMPO HA ESTADO ESPERANDO ESTE COMBATE?! ¡TE HA ESTADO ESPERANDO POR AÑOS, ELIO! —Lágrimas de frustración se formaron en sus ojos—. ¡NO VOY A PERDONARTE SI LO DECEPCIONAS! ¡DEJA DE TENERLE LÁSTIMA!

Asutoro se estremeció. Escuchó los murmullos en el estadio y notó la fija y seria mirada de Ash. Vio a su Pokémon ser golpeado por un Lariat oscuro y pensó.

¿Lástima? ¿Lo que sentía era lástima? ¿Estaba viendo a Ash como si fuera inferior? ¿Pensaba que esa discapacidad lo convertía, automáticamente, en un luchador menos competente? ¿Qué había cambiado? ¿Por qué el Ash Ketchum que solo se paraba sobre una pierna era distinto al Ash Ketchum que se paraba en dos? No era diferente. No era para nada diferente.

Se sintió increíblemente enojado consigo mismo. Estaba siendo absurdamente arrogante. ¿Creía que podía darse el lujo de no luchar contra él con todas sus fuerzas solo porque le faltaba una pierna? Su rostro se arrugó y la rabia explotó.

—¡TAJO CRUZADO!

El deseo del entrenador se transfirió al Pokémon.

Incineroar se cubrió con los brazos, conteniendo los giros de Garra. Dio las poderosas brazadas, haciéndolo frenar en seco y golpeándolo directamente en el pecho.

Garra retrocedió y lanzó un rápido golpe apenas se recuperó, el cual fue evadido con un amago. Un poderoso golpe en la mandíbula hizo retroceder a Garra, quien se llevó una pata a la zona golpeada. Antes de que pudiera atacar, el Incineroar de Elio se barrió y golpeó sus piernas, haciéndolo caer.

Garra comenzó a levantarse utilizando sus brazos, pero lo sujetaron de la cola. Con un poderoso movimiento, el Incineroar de Elio lo levantó del suelo y le azotó la espalda contra la tierra.

Incineroar retrocedió varios pasos, corrió hacia el frente, saltó y comenzó a girar. Con sus brazos en forma de equis cayó sobre el torso de Incineroar, conectando un letal Tajo cruzado que hizo rugir a Garra. El Pokémon de Elio se levantó y retrocedió de un salto, disparando un Lanzallamas mientras estaba en el aire.

El Incineroar de Ash salió de entre el fuego, lanzando un Acróbata que el Incineroar de Elio evadió al agacharse. El brazo de Garra fue sujetado con fuerza y pasado por encima del hombro de Incineroar, quien lo utilizó como palanca para volver a tirarlo al suelo.

Teniéndolo a sus pies, Incineroar saltó y se lanzó sobre él con una plancha. Todo el peso del cuerpo de Incineroar fue transmitido al pecho de Garra, quien intentó utilizar un Lanzallamas que no salió.

Incineroar rápidamente giró el cuerpo de Garra, poniéndolo bocabajo. Clavó las rodillas en la espalda del enemigo y sujetó fuertemente su brazo derecho, empujándolo hacia el frente como si fuera un freno de emergencia. En esa posición disparó un poderoso Lanzallamas.

La audiencia se quedó en silencio, viendo como las tornas de habían girado en un santiamén. No era que Garra se hubiera fortalecido antes, sino que Incineroar se estaba conteniendo.

Mientras Garra seguía siendo sometido bajo la flamígera llave de Incineroar, Elio esbozó una sonrisa. Vio a Ash y tomó aire.

—¡¿ASÍ ESTÁ BIEN, JEFE?!

Ketchum sonrió enormemente y también gritó.

—¡ASÍ ESTÁ PERFECTO, ELIO!

El acuerdo de ambos entrenadores encendió el ánimo del estadio. Todos gritaron con fuerza, animando el encuentro una vez más. El silencio se convirtió en un recuerdo muy, muy lejano.

—Gracias, Lillie —Selene bajó la cabeza, reverenciándose ante Aether—. Al ayudar al jefe, también ayudaste…

—No fue solo por Ash —afirmó Aether, retirándose una lágrima del ojo derecho—. Sé lo mucho que él ha estado esperando a Elio, y sé lo mucho que desea disfrutar al máximo su combate; también se lo frustrado que se sentiría si no fuera el caso. Pero tampoco podía soportar ver a Elio contenerse de esa manera. Verlo desaprovechar su potencial y todo su esfuerzo sería… exasperante.

Selene solamente pudo sonreírle.

—En ese caso, por pensar en mi hermano, muchísimas gracias, Lillie.

Aether le devolvió la sonrisa.

—Las dos queremos lo mejor para ambos, ¿no?

—Sí. Sí, así es.

Las chicas se vieron y rieron.

Los que vieron el intercambio notaron de inmediato el fuerte vínculo que había ahí. No solo entre Selene y Lillie, sino entre todos. Era solo un ejemplo del poderoso lazo que unía a los S&M.

Por muy lindo que el momento fuera, era necesario volver la atención a lo importante. Y lo importante estaba ocurriendo en el campo de batalla.

Garra, con el brazo que tenía libre, comenzó a levantarse. Se puso de pie lentamente pese al Lanzallamas y la técnica. Logró erguirse para sorpresa de todos. Nadie supo qué era lo siguiente que pasaría hasta que Garra sujetó con fuerza la cola de Incineroar, comenzando a tirar de ella hacia el frente.

Incineroar se sorprendió al ver que lentamente comenzaba a ceder, perdiendo agarre sobre el brazo de Garra. Frunció el ceño y se soltó voluntariamente, cayendo al suelo y pateó la corva derecha del enemigo.

El tipo Fuego de Ash cayó sobre su rodilla, levantándose inmediatamente y lanzando una patada a la que Incineroar respondió con otra patada. Sus espinilleras chocaron una, dos y tres veces antes de que retrocedieran para volver a levantarse.

Incineroar se lanzó con una patada voladora en contra de Garra, quien sujetó su pierna y lo tiró al suelo. El tipo Siniestro se levantó con una rápida voltereta, esquivando el Acróbata de Garra para posteriormente tirar un puñetazo que alcanzó a conectar contra la clavícula izquierda del enemigo.

Garra, aprovechando que tenía el brazo justo al lado del rostro de Incineroar, utilizó un Lariat oscuro que lo derribó. Al verlo en el suelo intentó atacar con un Lanzallamas que simplemente no salió. Eso le dio tiempo suficiente a Incineroar para ponerse de pie y abalanzarse con un Tajo cruzado.

El ataque de tipo Lucha fue evadido con una rápida voltereta hacia atrás. Incineroar comenzó a toser, por lo que su aterrizaje fue torpe. Incineroar aprovechó eso para tomarlo por el rostro y comenzar a utilizar un Lariat oscuro. Luego de unos segundos de giros, lo mandó a volar.

Garra se arrastró por el suelo, levantándose tan rápido como pudo y recibió de frente el Lanzallamas de Incineroar. Sus garras adquirieron un intenso brillo celeste que se extendió hasta formar dos cuchillas. Con sus nuevas armas como aliadas, Incineroar se abrió paso por entre el infierno. Pronto, pero no sin esfuerzo, atravesó el obstáculo y lanzó dos rápidos golpes contra la mandíbula de Incineroar. Eso bastó para que el fuego cesara.

El tipo Siniestro de Ash sujetó a Incineroar de los hombros y, cuando estaba por golpearlo, recibió un poderoso cabezazo que lo dejó viendo luces por un momento.

Ambos tigres se separaron, retrocediendo a tropezones. Al mismo tiempo ambos espabilaron y se lanzaron en contra del otro.

Garra desvió el puñetazo de Incineroar, conectando el suyo propio. Lo dio con demasiada fuerza, pues perdió el balance. Aprovechando el desequilibrio, Incineroar utilizó un corto Lariat oscuro que fue interrumpido por un puntapié.

Incineroar pateó la rodilla de Garra, obligándolo a agacharse y luego golpeándolo con un gancho en la mandíbula. Garra comenzó a subir, pero fue sujetado por la pierna y bajado al suelo a la fuerza.

La espalda de Garra chocó pesadamente contra la tierra, pero no se permitió quedarse abajo por demasiado tiempo. Dio una voltereta hacia atrás, evadiendo el Lanzallamas de Incineroar. Cuando se puso de pie cargó contra Incineroar con Acróbata, golpeando su costado y haciéndolo perder el equilibrio.

El Pokémon de Elio recuperó la compostura con su propio Lariat oscuro, que chocó directamente con el de Garra. Ambos Pokémon finalmente se detuvieron y, estando frente a frente, atacaron. Dos poderosos Lanzallamas emergieron, engullendo a ambos. Las llamaradas cesaron al mismo tiempo.

Poco o nada pareció importarle a Ash el que el fuego hubiera regresado, lo que se demostró con su siguiente orden.

—¡DE FRENTE!

Lo que siguió fue un duelo de golpes sin precedentes. Ambos tigres lanzaban la misma cantidad de puñetazos que recibían. No se rendían, ya fuera que conectaban en la mandíbula, en los hombros, en el estómago o en las costillas. Nada importaba; no vacilaban.

Patadas, zarpazos, y puñetazos volaban. Giraban ocasionalmente, utilizaban sus otros ataques rara vez y muy de cuando en cuando manifestaban el fuego de su interior en forma de auténticas llamaradas. Se sujetaban e intentaban someterse mutuamente, utilizando todas las herramientas que había en su repertorio. Casi todas. En ningún momento, ni por asomo, tuvieron la intención de utilizar Protección o Corpulencia.

Garra sujetó los hombros de Incineroar, quien se liberó de su agarre al golpear con fuerza el reverso de sus codos. Lo siguiente que pasó fue que Incineroar lanzó un Tajo cruzado que golpeó el pecho de Garra, quien, antes de retroceder por el impacto, alcanzó a atacar con un Acróbata que hizo que el Pokémon de Elio volteara la cabeza. Ambos retrocedieron varios pasos y entonces algo pasó.

La mirada de Garra se elevó y de sus fosas nasales salió humo. Su pelaje, como el de Incineroar, comenzó a relucir en un intenso color rojo. Pronto las hebras negras y grises se volvieron indistinguibles del resto. Sus músculos se hicieron todavía más grandes que los del enemigo y vapor comenzó a brotar producto de la ebullición de su sudor. Golpeó su pectoral izquierdo, luego el derecho y finalmente rugió.

El Incineroar de Elio apretó los dientes, pero sonrió. Era hora del final. El auténtico final. Él no era el único que lo sabía.

Tanto Ash como Elio, al mismo tiempo, mostraron sus Pulseras Z. Con rápidos movimientos ambos quitaron los cristales que ahí había, reemplazándolos con uno en específico: el Pyrostal Z.

El público explotó ante la idea de una colisión final. Este momento sería imperdible y vaya si lo terminó siendo.

—¡AMBOS ENTRENADORES MUESTRAN SU PYROSTAL Z! ¡Luego de un intercambio de golpes cardíaco, los dos participantes por fin deciden mostrar sus armas secretas! ¡¿El final del combate o solo un golpe más en el camino para decidir quién es el Incineroar más poderoso?! —se preguntó Jeekyo.

Ambos eran Incineroar. Ambos se encontraban bajo el efecto de Mar llamas. Ninguno de los dos tenía aumentos o reducciones de estadísticas. No había objetos de combate de por medio, ni siquiera una baya se habían comido. Lo que sucediera ahora sería decidido por una cosa, y solo por una: su fuerza.

El Poder Z se concentró en sus pulseras y, mientras elevaban los brazos hacia el aire como lo hacía el humo de un volcán, se traspasó hacia sus Incineroar. Los dos Pokémon fueron cubiertos por aquel resplandor amarillo cuando las manos de sus entrenadores apuntaron hacia ellos. El Símbolo Z apareció ante ambos.

—¡INCINEROAR…!

Los ojos de Ash y de Elio se encontraron, así como las miradas de ambos tigres. Lo único que lograron hacer era sonreírse. No necesitaban nada más, pues ya todo había sido dicho en el combate. Ambos se perdieron en aquel mundo creado por su vínculo.

—¡…, HECATOMBE PÍRICA!


A Elio le ardían los pulmones. El dolor que sentía apenas y era descriptible. Llegados a ese punto, ni siquiera sabía distinguir entre el frío y el calor. La pendiente se hacía cada vez más y más empinada, mientras que sus fuerzas menguaban con cada segundo que pasaba.

¿Era de día o era de noche? Sentía que el tiempo se había vuelto algo irrelevante; demasiado vano como para llevar registro del mismo. Lo que importaba era el sudor que salía de sus poros, la sangre que brotaba de sus heridas abiertas y las lágrimas que manaban de sus ojos.

El esfuerzo que ponía al recibir cada golpe y al levantarse de cada caída era algo que solo se lograba al permitirse a uno mismo dejar de vivir para sí. Elio ya no existía para ser el hombre como tal. Su propósito, en ese momento y lugar, era ser Elio Asutoro, el entrenador Pokémon.

¿Hambre? No había. ¿Sed? Era incapaz de sentirla. ¿Sueño? Innecesario. ¿Cansancio? Demasiado. Tanto que quería morir. Sus niveles de estrés eran tan altos que eran lo que lo mantenían moviéndose por los días.

Pero había un límite. Todos tenían un límite.

Elio cayó de rodillas al suelo. Veía a las personas a su alrededor, quienes también luchaban por seguir subiendo, y se sintió pequeño. En la inmensidad de un mundo con miles de millones de habitantes, la existencia particular era irrelevante. El deseo de dejar huella en la historia era fantasioso, pues difícil era encontrar algo en lo que alguien no hubiese destacado antes.

Pensó en la historia humana. Pensó en los sacrificios y el sufrimiento que se había vivido en todos esos años. Pensó en lo inútil de su propio esfuerzo.

«Pero, ¿y qué?», también pensó. Tan vasto como era el mundo y tan pequeño como era el individuo, era ridículo creer que ya se había logrado todo lo que había por lograrse. En toda la historia de la humanidad nunca había existido un Elio Asutoro, hijo de Asahi y Tsukishima Asutoro, hermano de Selene Asutoro, amigo de Hau Mahalo, Lillie y Gladio Aether, Acerola Malíe y Hapu Honua, aprendiz de…

Ash Ketchum. Lo veía. Estaba muchos kilómetros por delante de él y de los demás, tantos que incluso se necesitaría un catalejo para verlo claramente. Incluso así Elio lo veía, y sabía, muy en el fondo, que Ash lo veía a él.

Podía ver, pese a la distancia, el sufrimiento del hombre que consideraba perfecto. Podía ver su lucha para sobresalir a su manera, para no estancarse en el título del hombre que salvó al mundo. Pudo ver el tamaño de su carga y las dimensiones de su propio dolor. Incluso aunque estaba tan adelante, la cima todavía lucía lejana para él. Aunque parecía tan próximo a llegar a la meta, el dolor no era menor.

Elio se dio cuenta de que, conforme más se subiera, más se sufría. La ilusión de llegar a lo más alto era solo otro factor que añadía penurias a la existencia y una carga más para alguien que ya carga demasiado. Con todo ese dolor en consideración, Ash Ketchum todavía tenía un espacio en su vida para mirarlo a él.

Llegados a ese punto, Elio Asutoro no podía decir la hora del día, la temperatura a la que estaban o siquiera si estaba despierto o dormido, pero sabía una única cosa: estaba vivo.

Mientras estuviera vivo, Elio Asutoro no dejaría de pelear, y sabía que él tampoco lo haría.

Porque ambos se habían jurado encontrarse en la cima.


Los cinturones de ambos tipo Fuego se comenzaron a crear un fuego tan intenso y abrasivo que el estadio se puso al rojo vivo. Nadie logró mantenerse puesto el abrigo y los bebés incluso comenzaron a llorar por el insoportable calor. Nadie era capaz de verlo, pero en el techo del estadio la nieve comenzaba a derretirse.

Las llamas rodearon a ambos tigres, quienes concentraron toda su energía en hacer crecer el calor. Una vez que sus siluetas fueron indistinguibles, atacaron.

No permitirían que nada más que ellos, con sus propios puños, diera el golpe final. Cargaron en contra del otro y las esferas flamígeras no tardaron en encontrarse.

Dos masas de ese tamaño, chocando entre sí, crearon una colisión impresionante que hizo correr por todo el lugar un aire increíblemente caliente. Los gritos de los Incineroar y de los entrenadores fueron silenciados por la terrible onda sonora que se creó al momento del impacto.

Por un momento todos creyeron que el sonido se había ido. Ese segundo, previo a la explosión y al rojo que inundó todo a la vista, se sintió eterno.

La barrera se levantó, el público gritó atemorizado y el fuego se esparció. El único que no apartó la mirada en ningún momento fue Kukui, quien desde las gradas veía el duelo final.

—Esto es lo que quería… —murmuró para sí mismo. Su satisfacción y alegría eran indescriptibles.

La Liga Pokémon de sus sueños finalmente estaba ocurriendo y todo era gracias a los excepcionales entrenadores que en ella habían entrado.

No pasó mucho hasta que las llamas comenzaron a desaparecer y el polvo y el humo a asentarse. La gente pudo volver a ver el campo de batalla y el frío del exterior volvió a circular en el interior del estadio. Poco a poco, el lugar fue recuperando su bullicio.

El campo de batalla tardó un poco más en aclararse. Todos veían con gran expectativa el que sería el resultado final de esta primera ronda y por fin, después de agónicos segundos, pudieron ver un indicio de la respuesta.

En medio del polvo podían verse dos siluetas, ambas muy unidas. Mientras el paisaje se aclaraba, el resultado iba haciéndose más y más evidente.

De entre el polvo y el humo, por fin los vieron. Ambos Incineroar, de pie al lado del otro. Garra, con una expresión satisfecha, sujetaba el brazo izquierdo del inconsciente Pokémon de Elio para evitar que tocara el suelo.

—¡EL INCINEROAR DEL PARTICIPANTE ELIO NO PUEDE CONTINUAR! —anunció Hapu, señalando a Ash— ¡El participante Elio no cuenta con más Pokémon, por lo tanto el ganador es el participante Ash!

Detonaciones se escucharon a la par de las ovaciones y los fogosos aplausos. La gran pantalla eliminó la foto de Elio y de su equipo, quedando únicamente el retrato de Ash sobre el texto: «GANADOR».

Elio vio el resultado final con una sonrisa resignada. No podía permitirse perder mucho tiempo admirando su derrota, pues su Pokémon lo necesitaba.

Caminó hacia ambos Incineroar, sonriéndole al de Ash y dándole unas palmaditas en el bíceps. Apenas lo hizo, acarició el mentón del suyo, quien no daba señales de querer despertar.

—Gracias por todo, amigo. No quería que fuese con nadie más que tú —le dijo, dándole un suave toquecito con la Poké Ball.

Una vez que su Incineroar desapareció, vio como el de Ash avanzaba a su entrenador, sirviéndole como punto de apoyo para que avanzara. Ketchum llegó donde Asutoro.

El paletiano miraba en todas direcciones, donde escuchaba gritos que lo alababan y aplausos que los tenían a ellos como objetivo. Todo tipo de comentarios podían escucharse provenir de todo tipo de personas. Inhaló y exhaló, viendo a Elio.

—Ya extrañaba esta atmósfera, ¿sabes? —rio.

—Yo extrañaba verlo a usted en ella, jefe —admitió Elio—. Nada me honra más que ser el hombre que experimentó su regreso.

Ash entonces pudo ver sus ojos de cerca. Pudo ver toda su frustración, pero también apreciaba el fuego que ardía en su alma. Ese espíritu de entrenador que refulgía como ninguna otra cosa. Los deseos de mejoría, el amor al combate…

Al verlo, Ash no pudo evitar echar la mirada al pasado. A un presente que ya no era el suyo.


Mientras el Incineroar de Elio caía a manos del Lycanroc de Gladio, Elio ni siquiera pestañeaba. Sus ojos, cascaras vacías de lo que anteriormente habían sido, veían con entera resignación y desgana el resultado que consideraba era el evidente.

Mientras era anunciado el perdedor, liberó un suspiro de alivio porque por fin se había terminado.

Mientras Gladio le daba la mano, Elio apenas y la apretó, en señal de que poco o nada le importaba lo que estaba pasando.

La indiferencia de Elio Asutoro, del Elio Asutoro de aquel mundo, masacró el alma de Ketchum. Su desapego total de los Pokémon fue algo que hundió todavía más el espíritu de Ash.


Pero ahora él estaba ahí. Su piel era saludable, su sonrisa encerraba ciertas emociones pero era sincera y sus vivaces ojos transmitían el chispeante mensaje que su alma gritaba.

Al ver al Elio Asutoro frente a él, el rostro de Ketchum se deformó y se lanzó sobre él, envolviéndolo en un fuerte abrazo que sorprendió al muchacho.

—Qué alegría, Elio… —murmuró con la voz rota, sintiendo como la garganta le ardía y las lágrimas le escocían al bajar por sus mejillas—. Que alegría me da de que por fin hayas llegado… Estoy tan orgulloso de ti…

Al escuchar eso, el rostro de Elio también cambió. Sujeto con fuerza la sudadera de Ash y pegó el rostro contra su hombro.

—Gracias… Gracias de corazón, jefe.

Alrededor del estadio varias miles de lágrimas brotaron y cayeron. El emotivo abrazo de ambos katoneses duró aproximadamente dos minutos antes de que se separaran.

Ambos se secaron las lágrimas y se vieron frente a frente, sonriendo. Ash le ofreció la mano a Elio, quien sin dudarlo aceptó el apretón de manos.

—Eres mi rival, Elio. De ahora en más y para siempre, eres mi contrincante. No seré suave contigo —aseguró, sonriéndole.

Elio, al escuchar semejante reconocimiento, volvió a derramar lágrimas.

—¡N-no espero otra cosa…, Ash! —dijo, conteniendo el temblor de su voz.

El apretón se deshizo y Ash, con ayuda de Incineroar, se giró hacia el túnel por el que había entrado. Lo vio una última vez de reojo y levantó una mano en señal de despedida.

—¡Volvamos a luchar, Elio!

—¡Lo esperaré con ansias, jefe!

Al final, ambos entrenadores salieron del campo de batalla.

—Ah, Incineroar, lo siento, amigo, pero ¿puedes recoger mi pierna?...

«Un último duelo de fuerza bruta. Espectacular. Simplemente sin palabras. Bravo, Ash. Bravo, Elio. Ambos se lucieron».

«Mira, amigo, sé que los fans de Elio estaban demasiado hypeados, pero… como que ahora lo entiendo. Este combate lo tuvo de todo, en serio. Elio es increíble, para nada inferior a su hermana».

«Podría hacer el chiste fácil, pero me abstendré por hoy. Bien luchado, Elio».

«Se ve que el Incineroar de Ash todavía tiene fuego en su interior, pero eso no quita que Elio haya hecho un excelente trabajo. Puede que solo se haya llevado a Poipole, pero sus esfuerzos fueron bien recompensados».

«Quiero verlo en unos años. Claro que para ese entonces Ash ya será el mejor del mundo, pero me intriga mucho saber lo que puede crecer Elio de ahora en más».

«No creo que este sea el peak de la fuerza de Asutoro. Ambos hermanos solo irán hacia arriba a partir de aquí».

«Era el resultado esperado, pero de la forma más inesperada. Bien dicen que lo mejor del viaje es el proceso. Elio me sorprendió en más de una manera».

«Fui, soy y sigo siendo Team Ash, pero Elio tiene algo que me hizo animarlo a partir de cierto punto. No me molesta su derrota, pero tampoco me alegra. GG, hermano».

«¿Cómo esperan que no los shipee si se ponen a llorar y a abrazarse de esa forma?».

«MI CORAZÓÓÓÓÓN! MIS NIÑOOOOOOOOOOS!».

«La regañina que le dio Lillie a Elio va a pasar a la historia del internet jajajajaja».

«Los GOATs nacen en Kanto, eso ya está comprobado. Abran paso, pues los Ketchum ya no son la única familia de entrenadores con un castillo a su nombre. Los Asutoro son la nueva monarquía rival».

En las gradas eran precisamente esas dos familias las que lloraban. Los Asutoro porque sabían el gran honor y lo contento que Elio debía de sentirse al ser reconocido por la persona que había cambiado su vida. Los Ketchum porque sabían lo mucho que Ash añoraba la adrenalina del combate y su batalla contra su aprendiz.

Selene y Lillie se pusieron de pie al mismo tiempo. Asutoro fue la primera en salir corriendo pese a que las lágrimas apenas y la dejaban ver. Lillie tuvo que hacer algunos pasos extras.

—¿C-crees que…? ¿Crees que pueda llevar a Amber conmigo? —le preguntó a Yellow, intentando controlarse lo mejor posible.

—¡Mami, quiero ir! ¡Quiero ir! —comenzó a pedir la pequeña, quien ardía en deseos de ver a su tío.

Yellow vio a ambas rubias y rápidamente les sonrió, retirándose una lagrimita del ojo.

—¿Cómo puedo decirles que no? Vayan.

Junto a Rotom y a Pikachu, las rubias salieron de la zona de las gradas.

—¡Esos dos van a tener que combatir conmigo! —exclamó Hau.

—¡Y CONMIGO! —gritó Kiawe mientras las lágrimas caían a borbotones.

Mallow y Lana se vieron, conmovidas.

—Supongo que Mina sacó buen material para un cuadro.

—Me lo pregunto —Liam se rio ante el comentario de Chris al ver como Kauai comenzaba a salir del estadio con cuaderno en mano.

—Qué coctel de emociones tan lindo —Acerola se recargó un poco en el hombro de Hau.

Gladio no pudo sentir nada más que alegría por los combatientes. Eventualmente, y como Hau y Kiawe, él también quería su combate.

—Ahh, hombre, me prometí que Ash Ketchum nunca más volvería a hacerme llorar… —Misty intentaba actuar indiferente mientras se secaba los ojos.

—Con lo sentimental que es, creo que eso es imposible —rio Dawn.

—Plup piplup… —El pequeño pingüino le dio la razón.

—¡Que platillo tan espléndido! ¡Que chefs tan maravillosos! —Cilan lloraba a rienda suelta.

—Él regresó, profesor Oak, con su mismo fuego de siempre… —el murmuro de Tracey pasó desapercibido.

—Más vale que mamá haya grabado la repetición del combate en casa —May se rio junto a su hermano, secándose ambos las lágrimas.

Clemont directamente no podía hablar. Iris y Bonnie le estaban dando unas palmaditas en la espalda para tranquilizarlo.

Serena vio el rápido andar de Lillie con Amber en brazos. Vio como Rotom y Pikachu la acompañaban como si fuese una más de la familia. En otro mundo, en otro tiempo, tal vez habría sido ella la que fuera en su encuentro. Desafortunadamente, ese no era ese mundo. Permitió que sus lágrimas se disfrazaran y sonrió.


Selene no se sorprendió al escuchar el llanto de su hermano. Sabía que era lo que sucedería, pero lo que no sabía era el motivo de dicho llanto. No quería preguntárselo; se sentía incapaz. Se acuclilló para estar a su altura y lo abrazó con gentileza.

—Me reconoció…

—Sí.

—Me vio cómo su igual...

—Sí.

—Perdí…

—… Sí…

—No lo entiendo, Selene… No lo entiendo, no lo entiendo… —La obligó a mirarlo. Su llanto se había estabilizado, pero las lágrimas no habían cesado su flujo en ningún momento—. ¿Cómo debería sentirme? ¿Debería… debería estar feliz? ¿Debo estar triste? Perdí, pero perdí contra el mejor… ¿Debo estar frustrado porque solo pude derrotar a uno de sus Pokémon? ¿O debo de estar contento porque pude hacerlo? —Su rostro se deformó, signo previo al llanto descontrolado—. ¿Cómo debo…?

—Orgulloso.

La voz de Hapu sorprendió a ambos Asutoro, quienes voltearon a verla. La Reina de Poni estaba parada frente a ellos con los brazos en jarra y una sonrisa en extremo amable.

—Siéntete orgulloso, mozuelo, porque lo que acabas de lograr es el sueño más loco de alguna persona en el mundo. Lo que conseguiste hoy es una proeza comparable a las de las fábulas. Lo que hiciste y lo que harás será recordado por un largo, largo tiempo —Hapu puso sus manos sobre la cabeza de cada uno, no sin antes quitarles sus gorros—. Ustedes dos, Asutoro, deberían de sentirse orgullosos. Son la nueva generación de entrenadores y han demostrado el día de hoy, con creces, que son dignos de continuar con un legado de miles de años. ¡Inflen el pecho del orgullo, Elio y Selene, porque tienen motivos para estarlo! ¡Llénense de alegría porque yo, Hapu Honua, estoy terriblemente orgullosa de ustedes!

Los gemelos se vieron entre sí y no tardaron mucho en comenzar a llorar.

La frustración, el dolor y el anhelo. Todo eso era combustible para el alma, eso Hapu lo sabía bien.

Mientras los dos kantoneses lloraban a sus pies, Honua se permitió a sí misma derramar una pequeña lágrima.


—Se acabó por hoy, Incineroar…

—Roar.

—¿Cómo que a qué me refiero? Al combustible de mi pierna, obviamente. ¡Todavía nos espera un entrenamiento cuando todos se recuperen! Quiero ver qué es capaz de hacer Poipole ahora.

—Roar roar.

—Claro, amigo. Sé que se merecen un premio. ¡Estuvieron espectaculares! Tú realmente te luciste.

Incineroar se pasó una garra por debajo de la nariz, halagado. Sus orejas se movieron de pronto y sus ojos se movieron hacia la entrada de los vestidores. Por ahí entró la familia de Ash, compuesta por Lillie, Amber, Rotom y Pikachu.

—Oh, ¡ey, chicos! —Los saludó Ketchum con una sonrisa.

Lillie dejó a Amber en el suelo y la tomó de la mano, avanzando hacia su novio. Cuando llegó frente a él, se acuclilló y lo besó. Ash le correspondió de buena gana, sintiendo como sus mejillas se humedecían por la cercanía de las lágrimas de Lillie. Ambos se separaron luego de unos segundos y se sonrieron.

—¡Giuuuu! —dijo Amber, apartando la mirada.

La joven pareja estalló en carcajadas. Pikachu se les unió, subiendo al hombro de su entrenador.

—Felicidades por su victoria, chicos —les dijo Rotom—. Hay muchas pruebas que quiero hacer, pero lo dejaré para después del festejo.

—Roar —señaló Incineroar.

Ash se rio, viendo como Lillie se sentaba a su lado.

—¡Lo sé, no hace falta que me lo digas!

—¿Qué cosa? —preguntó Aether, quitándose finalmente las lágrimas y sujetando la mano de su novio.

—Incineroar quiere comer algo rico como recompensa por haber ganado. Me dijo que hasta Rotom sabe que primero es la fiesta y luego el trabajo —respondió divertido.

—Te has hecho todo un glotón, Incineroar —señaló Lillie, también riéndose.

—¡Y tanto!

—Roar.

—¡Pika Pikapi!

—Roar roar.

—¡Ash, carga!

—Claro que sí, Amber. ¿Vas a felicitar a tu tío por su victoria?

—¡Felici.. Felicis…! ¡Felicidades!

—¡Bien hecho, mi amor! ¡Eres tan lista como la tía Lillie!

—¡Riri brillante!

—¡Un momento, ¿cómo que "hasta Rotom"?!

—¡Se dio cuenta, se dio cuenta!

—¡Roar roar roar!

—¡Pikakakaka!

—¡Jajajaja!

El brillo de los luchadores no se apaga ni tras su deceso. Es un brillo tan especial que resalta incluso entre las tinieblas más oscuras, encontrando siempre una forma de perseverar.

Los luchadores se han reunido en ese estadio y entre ellos comparan sus luces. Quien brilla más fuerte es quien avanza.

Hoy las ocho luces más fuertes de Alola han sido decididas.

Sus nombres son: Kiawe Wela, Hau Mahalo, Liam Sotobosque, Lillie Aether, Ryuki, Gladio Aether, Guzma Kiauka y Ash Ketchum.

CONTINUARÁ…


Terminé. Chicos, carajo, terminé… Terminé este puto capítulo que es… es simplemente una burrada… Cuatro meses tardé en sacar este capítulo de 45 MIL PALABRAS. En serio, quiero que lo lean bien: CUARENTA Y CINCO MIL PALABRAS. ¿Se dan cuenta de lo que es eso? No solo el capítulo más largo del fic, sino también un documento de 127 hojas.

Hablando del número de hojas. 127 hojas fue el total del capítulo, pero escribí las últimas 80 en cuestión de dos semanas. Las últimas dos semanas para ser precisos. De hecho, en las últimas 12 horas escribí veinte de esas páginas. He trabajado muy duro, chicos, denme un elogio o algo… ¡Lo espero en las reviews!

En fin, les tengo un anuncio muy importante. Bueno, son dos.

El primero es que esperen pacientemente el interludio número 2. Ahí, además de ver historias transitorias, también tendremos la revelación de los siguientes cuatro combates.

Y hablando de combates. El segundo anuncio importante es el siguiente: Los combates van a ser más cortos. Esto lo haré no solo pensando en ustedes, pues sé lo TEDIOSO que puede ser leer todos estos tochotes de texto. Es demasiado texto que en serio puede llegar a resultar pesado. También tomé esta decisión pensando en mí y en la historia. Esta cantidad de palabras es sencillamente insostenible. Solo para que se hagan una idea, en el último AÑO solo han salido NUEVE capítulos de LLDH.

En serio, chicos, esto ya no es normal. He decidido que los combates serán más cortos. Trataré de que no pasen de las quince mil palabras, cuidando siempre que no se sientan apresurados. Pude haber adoptado este cambio en este capítulo, pero no quería que el combate de Ash y Elio se sintiera distinto a los demás de los octavos de final.

En fin… Me da mucho miedo que nadie quiera leer todo este capítulo, pero espero que lo disfruten aquellos que sí lo hagan. Les pido una enorme disculpa por la gran espera que les he hecho pasar. Soy consciente de que solo dos capítulos han salido en este año 2023 (este y al anterior), por lo que intentaré ponerme las pilas con la historia.

Eso sí, chicos, comiencen la cuenta regresiva porque a La Leyenda del Héroe le quedan, quitando los interludios, 12 capítulos. La cantidad es casi inamovible, por lo que esta vez mis estimaciones no pueden fallar.

Oh, cierto… ¡LLDH cumplió seis años hace dos meses! Seis años juntos, chicos. ¡Muchas gracias por haberme aguantado a mí y a mis cosas durante este último tiempo! ¡Solo quiero que sepan que el chico de catorce años que conocieron en aquel entonces es ahora un adulto de veintiuno! ¡Muchas gracias por estar conmigo todo este tiempo!

Con todo eso dicho, nos leemos y, por primera vez en mucho tiempo, ¡ALOLA!

Capítulos para el final: 12.