Después del cinturón de asteroides, hay unas lunas de planetas peculiares. Las lunas de los planetas gigantes.
Los cuales obviamente tienen su nombre, personalidad y deseos.
Empezando por un día normal en la mansión Joviana. Un planeta de alto rango como Júpiter necesita muchas ayudantes, o sea lunas. Las primeras en despertar son sus lunas, las cuales se levantan y empiezan con sus labores, ya sea comenzar a hacer el desayuno o alistar la ropa de Júpiter, desempolvar libros y las más jóvenes tenían el trabajo más divertido: levantar a Júpiter con un ataque sorpresa en su barriga, saltando desde su armario para usarlo como trampolín.
Así dice Júpiter que empieza el día, riendo con las lunitas y va a la cocina para empezar a ayudar en la realización del desayuno para más de 90 lunas contando el suyo.
También que les muestra una cálida sonrisa y no le molestaba jugar un poco con la comida, viendo a sus lunas hacer carreras con los rodillos o hacer ángeles de harina. Mientras todo quede limpio claro.
Esta mañana veremos cómo preparan el desayuno de hoy.
- Cálice deja de jugar con el ámbar, ponlo en un plato y caliéntalo, debe servir para más de 200 panqueques – dice Júpiter mezclando rubíes en la masa – Lisitea ya te vi ¡Deja de comer los choco-asteroides, son para los panqueques!
Las dos lo miraron, dieron una sonrisa tímida y volvieron a trabajar.
- Tebe, podrías ayudar a batir la masa
- Meh…dile a tu equipo dinamita o lo que sea… - siguió en el sofá descansando
Claro, no todas las lunas le obedecían a Júpiter. Era muy molesto para el planeta más grande.
Atender a muchas lunas pequeñas no era muy fácil, pero al menos tenía a 4 ayudantes mayores.
O eso pensaba.
Dos lunas machos compartían una litera, abajo dormía una luna llamada Ío, era muy inocente, divertido, aunque por su geología, nunca para de toser y arriba estaba la luna mayor. Su nombre es Ganimedes, y era el más rebelde de la casa Joviana. Esta mañana Ío tosía demasiado azufre, el cuál siempre fue una molestia para Ganimedes.
- ¡ÍO! Podrías dejar de toser, ya tomaste tus pastillas de hielo, ya dijo Júpiter, cuando más caliente es la lava, más reacción hay o no sé, ni presté atención – Ganimedes no se preparaba, leía una revista erótica de astros de otros sistemas solares.
- lo siento Ganimedes, es que yo tenía mucho sueño y se me olvidó las tomaré ahora. -
- Hazlo, no pienso tolerar la tos que te dan – Dijo un Ganimedes gruñón para envolverse en sábanas con su revista, sin importar que a esta hora las lunas deberían empezar sus tareas diarias. Pero él sabía cómo evitarlas, aún así solo quería estar acostado, Ío se terminó de vestir y después de tomar sus pastillas golpeo la parte de arriba de la litera.
Por otro lado, en el cuarto que conjunto estaban dos lunas hembras. Europa ya estaba levantada buscando una ropa perfecta para hoy, algo que resalte su cicatriz marrón y sus capas de hielo. Calisto estaba en la cama del otro lado de la habitación esperando que Europa terminara de arreglarse. Todo el tiempo era igual.
- Solo espera, a veces es difícil combinar todo esto, además que aún me falta el maquillaje –
- ¿Siempre va a ser lo mismo? Las lunas nos deben estar esperando
- Somos más de 90 lunas, pueden esperar, además recuerda que jamás se come sin que aparezca la reina
- Oh el planeta… - Calisto le molestaba un poco tener que recordarle a Europa que solo son lunas, aunque también dejaba que viviera su fantasía donde según ella "todas las lunas la aman".
Europa termino de ponerse su diadema con orejitas y cueritos de becerro. Para luego ir al cuarto de las otras lunas Galileas.
- Cariño¡ Ya estas despierto? – dijo luna tocando la puerta llamando a Ganimedes
- Ío abre la puerta – dijo Ganimedes mientras escondía la revista y bajaba por las escaleras de su cama. Ío obedeció y entró Europa.
- Ganimedes porque aún sigues en ropa interior?
- Pensé que te gustaría – Dijo Ganímedes para tomar la mano de Europa y comenzar a darle un beso apasionado mientras la manoseaba el trasero – justo tenías que usar mi vestido favorito hoy?
Ío se avergonzó y miró al otro lado.
- Mmmff Ganimedes~, deja de…mmmmfff quieres algo verdad? – Dijo Europa ya conociendo a su novio.
- Oye no, bueno, podrías eh…es que sabes que siempre estoy cansadito y…
- NO GANIMEDES – dijo Europa enojada – Hoy vas a hacerte cargo de por lo menos una tarea
- Aghh bueno, pero al menos me dejarías… – dijo Ganímedes mientras metía una mano bajo el vestido de Europa acariciando la curvatura de sus pechos – tocar un poco? Vamos amor, necesito motivación
- Solo un rato – dijo mientras desabotonaba un poco el vestido dando libertad a Ganimedes para tocarla un poco.
La luna macho comenzó a acariciar poco a poco los pezones y besar el cuello de su novia.
- Muy lindas Europa…
- Supongo que si estabas necesitado – rio al ver a su novio descontrolarse con lo besos en su cuello quitándole su collar.
Ambos se besaron de nuevo, pero más desordenadamente y antes de que Ganimedes la llevara a la cama Ío reclama:
- Oigan, al menos no lo hagan en MÍ cama…y además aún sigo aquí…
Europa se fastidió y dejó a los dos en el cuarto para luego ir a la cocina y supervisar. Mayormente solo se paseaba y veía que todos hicieran lo que debían hacer, siempre tuvo ese aire de liderazgo. Aunque siempre la luna más grande es la que lidera a los demás, en el fondo sabe que su novio tiene más ego que control. Así que es mejor tomar el mando y hacer que Ganimedes este en algún lado ayudando en cosas simples.
Ganímedes fue al comedor.
- ¡Despierta! – dijo Ganimedes tirando una almohada a Tebe que estaba en el sofá medio dormido
- Aghh ya voy ya voy…iré a traer algunas tazas… pero deja de molestarme – dijo Tebe levantándose yendo a la cocina.
Luego de eso entró Amaltea y Elara. Dos lunas que se caracterizan por tener su placa Lunar de forma irregular, además de que son vistas como asteroides por los terrícolas. Amaltea tenía un pelo crespo hacia los lados con un vestido a cuadros tipo irlandés y unos moñitos fucsias por todo el lado izquierdo, Elara estaba más presentable, teniendo un uniforme tipo académico, pelo largo alborotado y unos labios rojos. Ganimedes solo las observaba, Amaltea tenía una torre de Platos y Elara una torre de servilletas. Pero la pobre Amaltea estaba balanceándose con esa torre, había cargado más de lo que podía sostener.
- ¡Cuidado!
Antes que perdiera totalmente el equilibrio y tirar todos esos platos al suelo, Ganímedes fue hacia ella y sujeto los platos.
- Wow, oye la próxima mide lo que puedas cargar…casi lo rompes todo
- Lo sé, como sea, solo déjame hacer esto… - dijo Amaltea fastidiada y giró la cabeza haciendo que sus cabellos naranjas golpearan a Ganímedes
- Oye que grosera
- Te conocemos, debes estar tramando algo… - dijo Elara mientras ordena la mesa
- Bueno no, solo estoy aquí viendo que lo hagan bien
Mientras Amaltea ordenaba los platos y cubiertos, sintió Ganimedes detrás de ella y se sonrojó al sentir su falda levantada.
- Color coral… buena elección – dijo Ganimedes sin estar avergonzado de ver la ropa interior de su compañera lunar.
Amaltea respondió empujando a Ganimedes.
- Tú empezaste de grosera, así que no tienes derecho a decirme nada
- Agh, solo déjame terminar mis tareas…
-claro preciosa
- Le digo a Europa que me dijiste preciosa
- Yo le digo a Júpiter que por accidente manchaste su libro "perdido" de tinta y lo escondiste en el cinturón de Kuiper.
La luna naranja se asustó y empezó a temblar
- Por lo que más quieras...n-no le digas a Júpiter
Unas sombras se dibujaron en el rostro de Ganimedes.
- Entonces, no habrá quejas … - volvió a sonreír y se fue a ver cómo iba su novia.
El olor de panqueques recién hechos se olía por todo el comedor; las lunitas se emocionaron con el buffet de panqueques que les dio Júpiter, él les sonrió de vuelta:
- Recolecte los asteroides con los minerales más puros y este es el resultado de nuestro trabajo en equipo. Coman Lunitas.
Las lunas sonrieron y las que están más cercanas también comieron con la cabeza agachada.
A pesar del dulce aroma y de la felicidad que se veían algunas lunas al comer. Júpiter volvió a quejarse un poco que uno de sus libros favoritos aún no aparece.
Le parecía raro al planeta gaseoso que su mejor Luna aún no lo haya encontrado.
-Al menos sé que cuando lo veas me lo dirás, bueno puedes descansar de la búsqueda Ganímedes- dijo Júpiter riendo junto a su luna líder.
Amaltea miró con miedo a Ganímedes y este le guiño un ojo dándose el gusto de ver esa cara de miedo, pero ella podía estar tranquila, él no es lo suficientemente cruel como para decirle a Júpiter lo que hizo ella.
