Otro capítulo. Veremos si no me da otro bloqueo de escritor. ( Estoy oxidado si no le pongo Angst).


El equipo de élite Paw Patrol estaba listo para proteger al candidato. Chase se aseguraba de que todos los vidrios estuvieran blindados y de que no hubiera ningún hueco en el techo o el suelo.

Mientras tanto, afuera del edificio de campaña, La Sombra Blanca observaba detenidamente la seguridad del lugar. Al darse cuenta de que estaba siendo reforzado, sabía que atacar ahí no sería una buena idea.

Con rabia, La Sombra Blanca murmuró: "Veo que te estás escondiendo, cerdo degenerado. Tenías que ser político".

En ese momento, se percató de que uno de los policías adentro era Chase.

La Sombra Blanca pensó molesta: "Cómo se atreven a utilizar a personas honestas para proteger su culo. Solo por eso, le daré un tiro en la cabeza".

Su mente bullía con pensamientos de venganza mientras urdía un plan para matar al candidato. Sabía que debía actuar con rapidez y discreción para no levantar sospechas.

Con cuidadosa precisión, se deslizó entre las sombras, eludiendo sin esfuerzo el escrutinio de las medidas de seguridad establecidas. Mientras se acercaba sigilosamente al edificio de la campaña, apretó con fuerza su arma.

De vuelta al interior, Chase continuó con los Paw Patrol y guardaespaldas del candidato poniendo controles de seguridad, ajeno al peligro que acechaba más allá de los muros. El equipo de seguridad no tenía ni idea de que estaban siendo vigilados por La Sombra Blanca.

Mientras la Sombra Blanca se abría paso sigilosamente entre las sombras, acercándose al edificio de la campaña, un repentino destello de luz llamó la atención de Chase. Se giró y sus agudos ojos captaron la perturbación. Un destello de reconocimiento pasó por sus ojos al vislumbrar una figura acechando en la oscuridad.

El corazón de Chase se aceleró con una mezcla de adrenalina y determinación. Sabía que tenía que enfrentarse a ella antes de que pudiera llevar a cabo su siniestro plan.

"Ahora vuelvo chicos, voy por más cámaras para sus uniformes". Dijo Chase mientras se retiró del lugar.

Rápidamente se fue a un cuarto y sacó su uniforme de policía secreto. Con su máscara su fue a toda marcha, Chase se movió rápidamente, sus pies casi ingrávidas lo llevaron hacia la misteriosa figura.

La Sombra Blanca, al sentir que el policía se acercaba, giró sobre sí misma para enfrentarse a él. Sus ojos ardieron de furia al ver la determinación e inquebrantable resolución en la mirada de policía.

"Polizonte", se mofó la Sombra Blanca, con una voz cargada de desdén. "Así que el poderoso policía se une a las filas de esos políticos corruptos. No eres diferente a ellos, ¿verdad?"

La voz de Chase estaba impregnada de determinación cuando respondió: "Puede que esté aquí para proteger al candidato, pero sigo siendo fiel a mi sentido de la justicia. Matar no es la solución a todo. Te equivocas si crees que estoy de su lado".

La tensión crepitaba en el aire mientras se miraban fijamente, enzarzados en una batalla de voluntades. La Sombra Blanca apretó con fuerza su arma y Chase agarró la suya instintivamente. Era un enfrentamiento entre dos fuerzas muy pareja.

La Sombra Blanca habló con firmeza. "Matar otro corrupto no me va doler."

Chase respondió con determinación: "No me dejas otra opción. Tus acciones te han convertido en una amenaza para todo lo que valoro. No podré descansar hasta verte detrás de las rejas."

La Sombra Blanca, con una mezcla de rabia y tristeza, expresó: "¿Acaso no ves? Estoy luchando por una causa justa."

Chase, respirando agitadamente, dijo: "No puedo permitir que sigas lastimando a inocentes."

La Sombra Blanca, con voz más suave, hizo un último intento: " Si te rindes ahora, puedo ayudarte. Podemos encontrar una solución. Comprueba que eres un policía honesto."

Chase, manteniendo su guardia alta, respondió: "No puedo confiar en alguien que ha matado."

La Sombra Blanca, con tristeza, aceptó: "Entonces, que así sea. Pero recuerda que todo esto podría haberse evitado si hubieras elegido entender en lugar de combatir."

Sin previo aviso, la Sombra Blanca se lanzó hacia delante, apuntando a Chase con su arma. Más rápido que un rayo, Chase se giró para esquivar el disparo, y su agilidad y reflejos le salvaron del daño. En un instante, sonó el eco de los disparos, rompiendo el silencio de la noche.

Se intercambiaron palabras entre el choque de zarpas, armas y chispas de determinación. Con la intención de proteger al candidato y enmendar su pasado,"¡Estás cegada por tu sed de venganza! Todavía tienes la oportunidad de elegir un camino diferente, de luchar por la justicia de la forma correcta!".

Pero La Sombra Blanca, consumida por su ira y su falta de voluntad para entrar en razón, siguió atacando sin tregua. La batalla continuó, una danza de fuerza, agilidad e ideologías enfrentadas.

En un último movimiento desesperado, Sombra Blanca se abalanzó sobre Chase con el arma en alto. Pero Chase, que nunca se echaba atrás, hizo acopio de todo su valor y habilidad. Con una maniobra rápida y oportuna, desarmó a su adversario y lo inmovilizó en el suelo.

Con la respiración agitada y los ojos entrecerrados, Chase habló con una mezcla de determinación y empatía: "Estás perdida en tu ira y tu dolor, pero no es demasiado tarde para encontrar la redención. Deja ir la oscuridad, abraza la luz y, juntos, podremos luchar por la justicia".

La mirada de la Sombra Blanca se suavizó, la confusión evidente en sus ojos. Pasaron unos instantes, con el silencio flotando en el aire como un frágil hilo. Y entonces, lentamente, asintió, con una chispa de esperanza parpadeando en su corazón.

"Al menos me alegra saber que hay muchos policías honestos. Esa mascara talvez no me permite ver tú cara, pero sé que tu mirada está motivada por ver que tu discurso funciono." Dijo la enmascarada. "Cuídate mucho, hay gente mala en este mundo". Tras decir eso brinco la azotea.

"¡No!" Gritó Chase quitándose la máscara.

Al ver abajo presenció como la asesina se escapaba en un camino de colchones que motivaron la caída. "¡Hija de su lista madre!".

Chase no podía creer lo que acababa de pasar. Había estado tan cerca de capturar a la Sombra Blanca, la asesina más buscada de la ciudad, y la había dejado escapar. Se sentía frustrado, confundido y, para su sorpresa, también un poco triste.

¿Qué había visto en los ojos de la Sombra Blanca cuando le había hablado? ¿Había sido un destello de arrepentimiento, de compasión, de... amor? Chase se estremeció al pensar en esa posibilidad. ¿Cómo podía sentir algo por alguien que había matado a tantas personas, que había puesto en peligro la vida del candidato a la presidencia, que había sido su enemiga durante tanto tiempo?

Pero no podía negar que había algo en la Sombra Blanca que le atraía, que le intrigaba, que le hacía querer saber más sobre ella. ¿Quién era realmente? ¿Qué la había llevado a convertirse en una asesina? ¿Qué causa justa creía defender? ¿Y por qué le había dicho que se cuidara, que había gente mala en el mundo?

Chase se levantó del suelo y se puso la máscara de nuevo. Sabía que no podía dejar las cosas así. Tenía que encontrar a la Sombra Blanca, tenía que detenerla. Pero también tenía que hablar con ella, tenía que entenderla, tenía que... ¿qué?

Chase sacudió la cabeza, tratando de despejar sus pensamientos. No tenía tiempo para dudar, para sentir. Tenía una misión que cumplir, una responsabilidad que asumir, una justicia que impartir. Y nada ni nadie iba a impedírselo.

O eso creía él.

Porque un mensaje de Everest hizo que todo lo anterior se esfumara.

Mientras tanto, en un lugar desconocido, la Sombra Blanca se quitaba la máscara y se miraba al espejo. Su rostro reflejaba una mezcla de emociones: ira, dolor, esperanza y... amor. Sí, amor. Porque ella sabía que lo que sentía por Chase era amor. Un amor imposible, un amor prohibido, un amor peligroso. Pero un amor, al fin y al cabo.

Fue por su seguridad que no mató a nadie. El ya era una distracción y ya era muy tarde para impedirlo.

Ella también se había sentido atraída por Chase desde el primer momento en que lo vio. Había admirado su valentía, su habilidad, su honestidad. Pero sabía que eso era imposible. Él era un policía, ella una asesina. Él defendía la ley, ella la rompía. Él era la luz, ella la oscuridad.

No era una asesina por placer, sino por necesidad. Había visto el sufrimiento de su pueblo, la injusticia de su gobierno, la corrupción de su sistema.

Había decidido luchar por una causa justa, por una revolución, por un cambio. Y estaba dispuesta a sacrificarlo todo por ello. Incluso su amor.

Y porque ella sabía que, a pesar de todo, lo amaba. Amaba a un policía.

Y que lo seguiría amando hasta el final.