esta vez toca a mi pareja favorita ; D y es una escena no apta para publici menores XF


Bulma agarró el brazo de su novio y entre empujones avanzó hasta el fondo del vagón del metro, fueron uno de los primeros en ingresar, sabía que en la siguiente parada se llenaría.

— Este es el mejor lugar para llegar a nuestra estación — Bulma mira a su amante, noto una perceptible sonrisa. Parecía aburrido, su semblante, a pesar de la pequeña sonrisa de cortesía, delataba que hizo un gran esfuerzo en acompañarla hasta la casa de unos viejos amigos. Tuvo que ponerse de puntilla y susurrarle al oído — Pronto llegaremos y tal vez necesite ayuda para desvestirme ¿Podrías ayudarme con eso, Vegeta?

Él susodicho no pudo evitar tragar saliva, su mente se inundó de imágenes del cuerpo femenino que no se cansaba de poseer en las noches.

La risa de Bulma lo despierta, maldijo internamente al ser descubierto. Sacó su mano del bolsillo de su pantalón y sin escrúpulo, lo llevó hasta el trasero de su novia, la pellizca al punto que ella dió un brinco con un grito.

— ¡Ve-vegeta! — ahora era ella la que estaba sonrojada, algunas personas dentro del vagón giraron a ver a la mujer, otros solo la miraron de reojo. Vegeta estaba indiferente, nuevamente con la mano en el bolsillo de su pantalón.

— ¡Silencio! — mando a callar, era una mujer de mayor de edad sentada, molesta por el ruido — estamos en un lugar público, tenga más respeto. Estos jóvenes — regaño en un murmullo para nuevamente cerrar los ojos y volver a su siesta.

— Lo siento — Murmuró la peliazul avergonzada, fulminó con la mirada a su novio, este no le dirigió ninguna mueca ni la mirada, seguía impasible. Molesta, estaba ideando un castigo, volvió a ver a la anciana que la regaño. Exasperada, soltó un bufido, aunque pronto su rostro adquirió una mueca diabólica.

Al mismo tiempo que la puerta del vagón se abrió para que ingresaran las personas, ella se posicionó delante de su novio, a espalda.

— Oh, rayos —murmuro distraída — nuevamente se llenará — pegó su trasero con la ingle de él, lo sintió sobresaltarse, sonríe — Y será un viaje largo — suspira, menea su cadera en un círculo suave.

Pronto sintió la fuerte manos masculinas agarrar su cadera, aunque solo estaban quietas, no detuvo su movimiento pélvico. Escucho como trago saliva, y su ingle podía sentirla tan dura como siempre, gruesa, venosa y con el glande hinchado. Se le hizo agua a la boca. Tuvo que alejar su trasero de esa parte caliente. Sus manos temblaron y aquella venganza, que había pensado que serviría para castigarlo, se volvió de doble filo.

Tenía la tentación de girar, hincarse y chupar la gruesa verga de su novio. No le importaba que tuviera espectadores.

— ¿Ya está caliente? — la ronca voz masculina la despierta — sin duda alguna no tienes control propio.

— Yo sí tengo control — soltó molesta. Las manos de Vegeta seguía aún en su cadera, los pulgares acariciaron su piel descubierta. Bulma toma un suspiro para calmarse.

— Lo que tú digas — Vegeta suelta una ligera risa y aparta las manos, vuelve a su posición, como si no tuviera una erección debajo de su pantalón.

A Bulma, aquello le molestó. Ella sentía la necesidad de tenerlo dentro suyo, o que le diera placer con esa lengua hábil, y sus dedos hábiles que le podía, y le había llevado más de una vez, a un orgasmo que la transportaba al cielo y al infierno a la vez.

Sus ojos se abrieron y miraron los dedos de su mano. Sonríe.

Como si estuviera accionando el robo de un diamante en público, sigilosamente llevó su mano hasta atrás, tocó el fuerte estómago de su novio sobre la camisa que llevaba puesto.

Vegeta se sobresalga ligeramente, baja la mirada encontrando el cabello azul de ella, bajó la mirada notando aquella mano femenina bajar como una víbora, rozando la hebilla del cinturón, tuvo una fuerte imagen de cómo ella se lo quitaba, con tanta facilidad. Volvió en sí al sentir el fuerte agarre en su falo. Ella sabía que le encantaba la rudeza, el salvajismo. Pero, estaba en público. Avergonzado miró con sigilo a las personas que seguían ignorando lo que estaban haciendo.

— Bulma — su voz salió ronca, y es que ella no se detuvo en agarrar su falo sobre la ropa, su mano bajaba y subía, desde la base hasta recorrer el camino para encontrarse con la punta redonda. El pantalón que tenía puesto no era apretado, pero sentía que se volvió su carcelero. Cerró los ojos con fuerza, tuvo que aclarar su voz —, detente.

— Entonces — Pudo escuchar la voz de su mujer, tan suave y deliciosa — ¿No tienes autocontrol, príncipe? — El tono de voz que usó era irónico, juguetón.

La respiración de Vegeta se volvió pesada, no sabía si era por el éxtasis o por el enojo de que la mujer se atreviera a jugar tan sucio.

— Dilo, y me detendré — condiciona la femenina tan poderosa como su sonrisa que le otorgó cuando giró su rostro. Quiso explotar en una risa al notar el sonrojo de su hombre, y la tensión en su cara. Volvió a mirar adelante, aún con la mano vagando por el bulto que se estaba volviendo tan duro, grande, apetitoso. Tenía deseos de bajar la bragueta, meter la mano y sentir la humedad del glande. Se le hizo agua a la boca.

Su mano se movió sola, sus ojos buscaron alguna mirona, con lentitud bajo el cierre, esperando que el ruido del metro opacara la del cierre.

Vegeta abrió los ojos, él pudo escuchar el sonido de su bragueta bajar, el pantalón en esa zona, se sentía menos apretado. Quiso detenerla, pero él ya no tenía control de su cuerpo, dejó que la mano se introduzca, se abrió paso en el calzoncillo de él, por la apertura lineal.

Apretó los labios para no soltar un ronco gemido al sentir la calidez de la mano femenina tocar su falo que saltó de alegría.

Bulma tragó saliva, sus ojos se dilataron de la excitación, le excitaba tocar el falo duro y también hacerlo en un lugar público, nunca creyó que esa cosa le prendiera. Sabía que era una mujer nada tímida, pero tenía ciertos límites, sin embargo, Vegeta era un hombre que provocaba sin que él lo dijera, que rompiera esa barrera que la frenaba.

Tembló al sentir un mordisco suave en su oreja.

— El que suelta el primer grito, será el perdedor — el susurro de Vegeta freno su caricia sutil de su mano, y es que no era experta en hacerlo debajo de la ropa, en vía pública y menos en esa posición, su mano, por la postura, se estaba adormeciendo por el poco espacio, tal vez porque la gruesa verga estaba tan hinchada que no le daba mucho espacio para moverse con facilidad.

Sintió un escalofrío cuando los dedos de Vegeta recorrieron su muslo, ahora entendía las palabras de su amante, suspiro profundo, intentando calmar su corazón que se agitó por un simple toque, aunque esos malditos dedos subieron con lentitud, colándose en su falda del vestido.

— Vegeta — murmuró, quería decirle que se detuviera.

— ¿Um? ¿Eso fue un gemido? — pregunta con la misma ironía que ella usó en él.

— Claro que no — respondió molesta, apretando el falo en su mano, escuchó el fuerte sonido gutural de él, ríe — deberías tener cuidado, al parecer estoy un paso por delante tuyo.

— Puedes que tengas ventaja, pero no significa que seas la ganadora.

Los dedos masculinos, a diferencia de lo que esperaba ella, apartan la braga a un lado, y se introduce en la húmeda vagina. Bulma aprieta las piernas y lleva su mano libre a su boca, intentando controlar el impulso de gemir. Era una mujer competitiva, y él lo sabía.

— Eso es trampa — soltó como pudo. Buscando venganza, hace el esfuerzo de abrirse espacio en ese pantalón, metió aún más la mano, hasta que su pulgar encontró con el húmedo glande, recoge lo que pudo del líquido preseminal y lo usa como una crema para masturbarlo como sabía que le gustaba.

— No escuché ninguna regla — soltó en un tono normal, como indicando que sus caricias ya no le hacían efecto. Aunque dentro, tenía ganas de detener el metro, llevarla hasta el baño, y follarla, la cavidad vaginal húmeda, fue una tentación, maldijo su tontería de hacer una competencia, haría que su mujer perdiera, que le ruegue detenerse e ir al baño público para terminar esto, si lo hacía, con gusto, antes de penetrarla, le daría un oral.

El pensar que saborear su dulce jugo, hizo que su excitación se multiplique. Y sus dedos demostraron lo que tenía pensado hacerle, puesto que la penetraba como si estuvieran solos, el pulgar acariciaba el clítoris ya endurecido.

Bulma no podía controlarse, estaba inquieta por la excitación, mordía su mano libre para calmar el placer que le estaba generando esos malditos dedos que amaba. Él era bastante bueno con esos dedos, al punto que el movimiento de ella se detuvo.

— ¿Quieres detenerte? — volvió a preguntar cerca de su oreja.

Con los ojos vidriosos miro adelante, el cartel del metro indicaba que pronto llegarán a una parada de estación, no era su parada, pero quería acabar con esta sensación.

— Sí, vamos al baño — sugiere con la voz trémula por la excitación, en un murmullo que él escuchó.

Sonríe, saca la mano y lleva sus dedos a su boca. Bulma no lo sabía, pero ella había ganado. Él mismo se sube la bragueta, mientras ella acomoda la falda de su vestido, sus piernas temblaba de la ansiosa excitación, sintió un brazo rodear su cadera y cuando la puerta se abrió, Vegeta lideró la salida y la llevó sin demora hasta el baño público que ingresó.

Bulma agradeció que el baño estaba vacío, no era extraño que un hombre ingresara a un baño femenino, en la sociedad actual, ya no era extraño, pero sí lo sería si ambas parejas ingresaban a un mismo cubículo, como ellos.

— Tienes tanta prisa ¿Eh? — Bulma levantó la falda de su vestido mientras mira el bulto — Tu amigo está más que preparado.

Vegeta miro la braga roja de su mujer, tenía un bonito encaje que provocaba que su tentación se multiplique, ella sabía que ropa interior le volvía loco.

Llevó su mano a la vulva y la acarició.

— ¿Quieres jugar nuevamente? — pregunta muy cerca de sus labios.

Los ojos de ella se entrecortan, nuevamente aquellos dedos vagaban deliciosamente en su zona sensible.

— Vegeta — murmuró extasiada, su mano quiso tocar el bulto pero él la detuvo.

— Tenemos suficiente tiempo para jugar.

Bulma sabía que significaban esas palabras, lo sabía tan bien que su cuerpo se estremeció por el recuerdo, abrió las piernas cuando él se bajó, levantó la falda para no perderse el espectáculo. Tenía tanta ansias de sentir la lengua caliente de su novio.

Deslizó la braga con lentitud disfrutando la visión de bajarla por sus piernas, la quitó y la guardó en el bolsillo de su pantalón. Admiro la vulva, un pequeño mechón azul en forma de triángulo invertido, como si estuviera apuntando el tesoro oculto.

Abrió los labios y ahí lo encontró, redondo e hinchado, sacó su lengua y jugó con el clítoris, los dedos volvieron a penetrarla sin compasión.

Bulma llevó una mano a su boca para cubrir sus gemidos, y la otra mano se sostuvo como pudo de la pared del cubículo. Pudo sentir que la otra mano de Vegeta la sostuvo del trasero, apretando hacia él, como si ella pudiera alejarse, lo que quería era que se la comiera, que la penetrara, que la volviera hacer suya.

— Vegeta — gimió su nombre mirando el techo del baño. Llegaría tarde a su casa, aunque eso no le importó.