DISCLAIMER: Hetalia y sus personajes, que hasta la fecha son canon (enero de 2024), pertenecen a Hidekaz Himaruya. La trama y el resto de personajes son de mi autoría. El siguiente fanfic tiene como único propósito entretener, y no intenta fomentar algunas de las acciones y/o conductas de los personajes. Por último, queda estrictamente prohibido plagiar cualquier elemento relacionado con mi trabajo, así como resubir el fanfic a otros sitios web sin mi autorización. Sin más que decir, les doy la bienvenida y espero que disfruten la historia.
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CAPÍTULO 1
El Comité Ejecutivo
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En el corazón del planeta Tierra existe un enorme y extenso instituto que es un secreto para el resto del mundo, ya que en este lugar solo asisten las personificaciones humanas de los países, quienes se preparan para graduarse y ser reconocidos como territorios oficiales.
Para el alumnado de este recinto es popular la gran cantidad de clubs que la escuela ofrece, que varían desde los más comunes como el Club de Arte o el de Natación; hasta los más insólitos como el Club de Apreciación de Elefantes, el Club de la Siesta, o el Club de Ir a Casa Después de Clases. Algunos son más accesibles, mientras que otros tienen requisitos muy específicos para todo aquel que esté interesado en ser un miembro. Y es en esta última categoría que se encuentra un club que es el epicentro de esta historia, la cual comienza en un día normal, en una de las salas de reuniones de la World Academy W.
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— ¡En conclusión, no me parece justo! —exc lamó Estados Unidos una vez que terminó con su alegato. Sentados en sus respectivos asientos, los otros siete integrantes del Comité Ejecutivo lo miraron con extrañeza, asombro y apatía—. ¡Ese club es solo un pretexto para que sus miembros puedan hacer lo que quieran sin sufrir consecuencias! ¡Yo digo que debemos clausurarlo! Además, ¿qué tiene de productivo un club como ese?
— La misma productividad que el cincuenta por ciento de los otros clubs —contestó con sarcasmo Inglaterra. De su taza de porcelana tomó un sorbo de té negro y prosiguió—. Sin mencionar que no tenemos la autoridad suficiente para clausurar todos los clubs que no nos agraden.
Aún de pie en su sitio, Estados Unidos fulminó con la mirada al británico, quien no se sintió intimidado y, por el contrario, continuó disfrutando de su bebida. Entonces Japón levantó la mano derecha y fue el siguiente en hablar.
— Él tiene mucha razón, Amerika-san —dijo en su usual tono de voz sosegado—. Además, no hay nada en el reglamento oficial que indique qué tipos de clubs pueden existir en la escuela.
Por su parte, si bien Alemania le daba un poco de razón a Estados Unidos, ya que a él tampoco le agradaban todos los clubs de la academia, tuvo una corazonada al respecto, la cual fue más evidente por los comentarios indirectos de Inglaterra.
— ¿Alguien podría explicar por qué el tema más importante de hoy es el Club Fiesta?
Ante la vista de todos, Estados Unidos iba a tomar la iniciativa de responder a la pregunta, pero en ese preciso momento se arrepintió de lo que iba a decir y trató de evadir la mirada inquisidora del alemán. Inglaterra, queriendo aprovechar la oportunidad para molestar aún más al americano frente a sus compañeros, contestó.
— Simplemente les tiene rencor porque no le permitieron formar parte de su grupo.
Las demás naciones voltearon a observar incrédulos a Estados Unidos, a lo que él respondió con una carcajada falsa y colocando los brazos en jarras.
— Ha, ha, ha! What?! ¡Claro que no, estás loco!
— ¿Qué estabas pensando aru? —le dijo China—. ¿Nunca leíste lo que escribieron en su anuncio?
Estados Unidos dejó de reír al ver que no había resultado su mentira. Claro que lo había leído, se dijo a sí mismo, pero según él, en aquella ocasión había tenido fuertes argumentos para haber sido aceptado.
El Club Fiesta era famoso porque cada viernes después de clases sus integrantes, con comida y bebidas en la mano, se reunían en un enorme salón de proyecciones, lugar que habían negociado con el Comité Ejecutivo para usarlo como su sede principal, y ahí adentro arrinconaban los muebles, e instalaban las decoraciones y todo el equipo necesario para tener una reunión amena. Conforme transcurría la noche, los demás estudiantes de la academia solo podían limitarse a escuchar la música animada que salía de aquel lugar, así como voces que reían, vitoreaban y cantaban a todo pulmón.
Mientras que una parte de la escuela consideraba al Club Fiesta molesto, para los más extrovertidos sonaba muy tentador su ambiente, y si no fuera por el único requisito que tenían los integrantes del club para poder ser aceptado, se hubieran inscrito sin dudarlo. Una sola oración, escrita tanto en el cartel que habían colocado en el tablón de anuncios, como en el letrero que colocaban en la puerta del salón de proyecciones cada viernes: "Solo se permiten latinos".
A pesar de que el Club Fiesta no impedía que los demás organizaran sus propias reuniones, tanto adentro como afuera de la academia, varios consideraban que su exclusividad era muy injusta, y por lo tanto, sentían curiosidad por saber que ocurría detrás de aquella puerta. Y fue así como el chico más popular de la clase Americana insistió e insistió por varios días en que lo dejaran entrar, hasta que los principales administradores del club decidieron citarlo ese día a la hora del almuerzo para dejar las cosas en claro con él.
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Inglaterra, y un renuente Estados Unidos, contaron a sus compañeros del Comité cómo hace unas horas atrás estaban en la cafetería del instituto. Sin decirle sus verdaderas intenciones, el joven británico había decidido acompañar al norteamericano solo para presenciar el resultado desastroso que se avecinaba. Los dos caminaron hasta el fondo de la habitación, hacia las mesas de madera que se encontraban cerca de los altos ventanales, y ahí divisaron a los administradores del Club Fiesta en la segunda mesa, quienes invitaron a Estados Unidos a tomar asiento. Frente a él, como si se trataran de directores de un casting, estaban sentados de izquierda a derecha Argentina, Brasil y México.
— ¿Así que realmente quieres pertenecer a nuestro grupo? — le preguntó México con una sonrisa ladina, mientras reposaba su mentón sobre sus manos entrelazadas.
— Of course!*
Brasil sacó de su mochila un fólder con una hoja que tenía impreso lo que parecía ser un cuestionario.
— Pues primero vas a tener que responder unas preguntas. Si contestas "sí" a la mayoría podrás entrar.
Estados Unidos sintió nervios, pero no se iba mostrar vulnerable frente a todos los presentes y no iba a retroceder. Él nunca lo hacía. Tragó saliva y levantó ligeramente el mentón.
— Estoy listo, comiencen.
El primero que inició con el interrogatorio fue Argentina.
— ¿Tu idioma principal es el español?
— Uhm… no.
Con un bolígrafo de tinta roja, Argentina marcó una "X" al lado de la pregunta.
— ¡Esperen!, ¿pero qué hay de Brasil? —exclamó Inglaterra, quien hasta ese momento había decidido no intervenir— ¡Él habla portugués!
— What? No way!* —dijo sorprendido Estados Unidos y soltó una risa nerviosa—. ¡Siempre pensé que hablaba español!*
Ante ese comentario Brasil arqueó una ceja, México puso los ojos en blanco, y a causa de la risa Argentina casi escupió el mate que estaba sorbiendo. Un muy apenado Inglaterra se llevó la mano a la cara, tratando de recordar cuándo fue que descuidó la educación básica de su ex–hermano. Después de unos segundos México fue la que contestó.
— Brasil vivió por un tiempo con nosotros*, así que lo consideramos como parte de la familia —la chica de piel morena puso su brazo alrededor de los hombros del susodicho—. Además es un amor de persona.
Ante este halago Brasil se rascó la nuca sonrojado. En cambio, Argentina volteó a ver a México con una mueca de disgusto.
— ¡Hablá por vos!
— ¿Envidia, Arge? —le preguntó la mexicana con una sonrisa burlona. Ambos países estuvieron a punto de iniciar una de sus usuales discusiones, de no ser porque Brasil estaba en medio de los dos.
— ¡Bueno, siguiente pregunta! —exclamó y se dirigió al estadounidense—, ¿obtuviste tu independencia a partir de 1800?
Estados Unidos lo negó, había sido antes. Otra "X" roja en el cuestionario. A continuación México señalo a España, quien estaba a cinco mesas de distancia de ellos.
— ¿De joven ese tipo de ahí se adueñó de tu casa e influyó en la cultura y tradiciones de tu gente, creando un sincretismo y mestizaje que perdura hasta hoy?
Tanto Inglaterra como Estados Unidos se sorprendieron de lo específica que era esa pregunta, pero al final este último tuvo que dar otra negación. Y tras otro par de preguntas, las cuáles tampoco fueron afirmativas, Brasil volvió a colocar el cuestionario lleno de marcas rojas sobre el folder y lo cerró.
— Entonces lo sentimos mucho Estados Unidos, pero no puedes formar parte del Club.
A pesar del rechazo, y antes de que los administradores del Club Fiesta tomaran sus pertenencias para retirarse del comedor, el chico norteamericano usó la última carta que iba a utilizar a su favor.
— ¡Yo también tengo sangre latina! A mi casa llegan muchas personas de sus tierras a trabajar —dirigió su mirada a México—, y tú eres quien lo sabe mejor que nadie.
La joven se quedó muda, sin saber con qué contrarrestar su argumento, y miró de reojo a Argentina y a Brasil para que la auxiliaran. Estados Unidos comenzó a celebrar la no muy lejana victoria dentro de su cabeza. Pero fue entonces que Brasil le pidió que los disculpara por un segundo, e hizo una señal a sus dos compañeros para que retrocedieran y se acercaran a él.
Las tres naciones latinas le dieron la espalda a Estados Unidos y comenzaron a susurrar entre ellos, al principio en un tono de inquietud, pero poco a poco sus voces comenzaron a sonar más tranquilas, hasta que el estadounidense empezó a escuchar exclamaciones de felicidad y algunas risitas. «Shit», pensó.
Argentina, Brasil y México se separaron y regresaron a sus asientos, con unas enormes sonrisas de orgullo en sus rostros.
— Tienes razón —le dijo México—, pero si nos guiamos por eso, tendríamos que aceptar también a España, Alemania, …
— Media Europa en general…—dijo Argentina.
— A China, Japón, Corea…—añadió Brasil.
— Fine! Fine!* ¡Ya entendí! —contestó Estados Unidos, comenzando a sentirse irritado.
— El punto es —dijo Argentina mientras recogía sus cosas de la mesa—, que queremos que nuestro club sea exclusivo, y por lo tanto no podemos aumentar el cupo, ¿entendés?
Estados Unidos solo los miró con una expresión fría. Antes de que los tres latinos se retiraran de la mesa, México aprovechó el momento para acercar su mano al hombro derecho de su vecino del norte y darle unas pequeñas palmadas.
— Bueno gringo, te felicito por haber hecho tu mejor esfuerzo.
El norteamericano pudo haber jurado que, mientras se marchaban, las tres naciones siguieron riendo y haciendo chistes sobre él, aumentando sus ganas de desquitarse contra ellos en la junta que iba a tener después del almuerzo, con el resto del Comité Ejecutivo.
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— Bien —dijo Alemania cuando Inglaterra y Estados Unidos terminaron su narración—, por lo que ustedes dos nos acaban de contar, admito que algunas de sus preguntas sonaban contradictorias. ¿Alguien tiene a la mano el reglamento escolar para saber qué hacer en este caso?
Japón sacó de su maletín de cuero negro un librito de tapa dura. Buscó entre las páginas el apartado dedicado a los clubs escolares, y cuando lo encontró su dedo descendió por los párrafos hasta que se detuvo en uno en particular.
— Me temo que no hay nada que podamos hacer al respecto. Según esto, cada club tiene derecho a decidir quién puede ser aceptado o no, por más cuestionables que sean sus requisitos.
— ¡Aiya!, ¿quién escribe las reglas de esta escuela? —exclamó China.
— Si yo las pudiera reescribir haría que los clubs fueran de todos y para todos, y así toda la academia sería mi amiga —contestó Rusia con una sonrisa tierna pero a la vez intimidante, provocando escalofríos a China, quien estaba sentado a su lado.
Estados Unidos sintió una enorme frustración, pero justo cuando los demás integrantes del Comité Ejecutivo iban a dar el tema por terminado llegó su salvación, en forma de Francia. El susodicho se levantó de su asiento, se acercó a él y puso una mano confortante sobre su hombro.
— Te entiendo Amerique. A mí también me gustaría estar en ese club, los latinos tienen ese "algo" cuando bailan —el hombre de origen galo suspiró—. Sería divertido ser invitado a alguna de sus fiestas.
— ¡Ve, de hecho eso es posible! —dijo Italia emocionado, pero antes de que pudiera decir otra cosa Alemania exclamó con enfado su nombre, lo que erizó su piel y el rizo sobresaliente de su cabello. No obstante, Francia fingió pasar por desapercibida la reacción negativa del hombre germánico y se dirigió a Italia.
— ¿A qué te refieres?
— Eh… ¡nada! —contestó con nerviosismo, a la vez que negaba con ambas manos— Prometimos que no contaríamos su secreto cuando fuimos a entrevistarlos…
— ¡Italia! ¡Cierra la boca! —volvió a exclamar Alemania, pero ya era demasiado tarde. Tanto Francia como Estados Unidos recordaron lo que había pasado hace un mes con el Club del Periodismo, conformado por Alemania, Japón e Italia. Entonces el norteamericano rodeó la mesa cuadrada en la que todos se encontraban sentados y llegó al lugar del alemán, a quien observó de forma interrogante.
— Es cierto, ustedes escribieron un artículo sobre los clubs de la escuela, ¿verdad?. Algo les dijeron que no nos quieren contar.
Estados Unidos podía parecer muy amenazante cuando se proponía a hacer algo a toda costa, pensó Alemania. No obstante, mantuvo la calma y cruzó los brazos sobre la mesa.
— No diré nada al respecto —dijo desviando su vista de la de Estados Unidos.
Después el chico americano dirigió su mirada a Japón, quien se encontraba sentado justo a la derecha de Alemania. La nación nipona titubeó e inclinó la cabeza.
— Lo siento America-san, pero yo tampoco lo haré.
— Agh! Come on dudes!*
En ese momento Francia tuvo una brillante idea, al observar a Italia comiendo a gusto un trozo de pizza. Con movimientos elegantes y extravagantes se paró de su silla y se dirigió a la mesa que usaban como coffe break, tomó una botella de cátsup y se colocó al lado del asiento del italiano.
— Tendrás que decirnos su secreto a menos que quieras que…—dijo mientras inclinaba la botella sobre la pizza, dispuesto a depositar una significante cantidad. El resultado fue el que esperaba, ya que Italia lanzó un grito de horror y comenzó a hablar a una velocidad apresurada.
— ¡No! ¡Te diré todo lo que sé, pero por favor no lo hagas!* ¡En todas sus fiestas escogen a una nación no latina que será el invitado de honor, pero debe ser alguien que consideren como un amigo cercano y que sea de confianza!
Alemania gruñó y levantó sus anteojos con una mano, mientras que con la otra se frotó el puente de la nariz. «Dummkopf*…», murmuró disgustado.
Los ojos de Estados Unidos comenzaron a recuperar el brillo que habían perdido hace unos minutos atrás.
— ¡Vaya, eso cambia todo!
Con arrogancia Inglaterra le dirigió una pequeña risa.
— ¿En serio lo crees? ¿Crees que para ellos eres un amigo cercano y confiable al que puedan invitar?
— Ha! ¿Y tú sí, dude? Por la forma en que te veía ese tal Argentina lo dudo mucho.
— ¡Yo jamás dije que fuera cercano a ellos! —Inglaterra cruzó los brazos y giró su cabeza a la dirección contraria del estadounidense, observándolo solo por el rabillo del ojo—. A diferencia de ti no necesito la aprobación de los demás para intentar probar algo al resto del mundo.
— Y es por eso que eres la oveja negra de Europa —le dijo Francia mientras le pellizcaba una de sus mejillas. Ante esto Inglaterra se levantó de su silla, tomó al chico de largos cabellos rubios por el cuello de su camisa blanca y comenzó a zarandearlo.
— ¡¿Cuántas veces te he dicho que no me llames así, stupid frog?!
— ¡Las veces que yo quiera, oveja negra de Europa!
En ese momento la sala de juntas se volvió un caos: Francia e Inglaterra forcejearon el uno contra el otro, intercambiando insultos y amenazas; desde su sitio Italia trató de calmarlos en vano; Alemania se quejaba con Japón («Este lugar nunca tiene una junta seria»), mientras que China alardeaba sobre ser la única nación sensata entre un montón de países inmaduros. Por parte de Rusia, este solo permaneció sentado con los ojos cerrados y una sonrisa relajada, como si los gritos y las protestas de los demás formaran una orquesta sinfónica para sus oídos.
En tanto, Estados Unidos se quedó pensando en lo que habían dicho Italia e Inglaterra. ¿Conocía a alguien que fuera de confianza para los latinos? A pesar de la actitud defensiva que había tenido momentos atrás, reconocía en secreto que Inglaterra tenía razón. Aunque era uno de los chicos más populares en la World Academy W, eso no significaba que fuera la persona más admirada y respetada en su clase, la clase Americana, en la que se encontraban todos los países de ese continente, y de la cual más de la mitad eran latinos, razón por la que prefería juntarse con naciones de otros grupos, como la clase Europea y la Asiática.
Paseó la mirada por la sala, analizando a cada uno de sus compañeros. ¿Alguno de ellos ya había sido un invitado de honor del Club Fiesta?. Conociendo sus intentos de intervención en el continente americano, era obvio que Inglaterra y Francia estaban descartados de la lista; Alemania tenía buen trato con algunos de ellos, así como Japón e Italia, pero los dos primeros no iban a cooperar con él debido a sus principios y, como lo había presenciado, el último estaba bajo la amenaza de Alemania de no revelar más detalles; había visto a los latinos tratar bien a Rusia, pero tenía el presentimiento de que debido a la forma intimidante de ser del ex-soviético, algunos lo hacían por mera diplomacia que por verdadera amistad; y en cuanto a China, también había notado que lo trataban de forma cordial, pero su relación era antes que nada comercial, ya que China tenía la costumbre de querer vender sus productos a todo el instituto.
Entonces Estados Unidos dedujo que el invitado de honor del Club Fiesta tenía que ser un país que se llevara bien con todo el mundo, y que no tuviera una personalidad conflictiva. Tal vez alguien que fuera introvertido y que no se metiera en muchos problemas.
El pesado ambiente de la sala se disipó cuando alguien tocó la puerta. Todos retomaron sus lugares y pretendieron que no había pasado nada. Cuando Alemania le indicó a la persona al otro lado de la habitación que pasara, la cabeza de Canadá se asomó con timidez.
«Bingo!», pensó Estados Unidos.
CONTINUARÁ…
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GLOSARIO Y NOTAS:
- Of course: "¡Claro!"
- No way!: Expresión en inglés que se usa como sorpresa o incredulidad.
- Es un estereotipo famoso el que los estadounidenses crean que los brasileños hablan español, ya que portugués y el español tienen palabras parecidas, al ser lenguas romances.
- Desde 1580 hasta 1640 Portugal y sus colonias pertenecieron a la Casa de Austria (de la que formaba parte España), en la etapa que se conoció como la Unión Ibérica.
- Fine! Fine!: "¡Bien! ¡Bien!"
- Agh! Come on dudes!: Expresión parecida a "¡Oh! ¡Vamos hombre/tío!"
- Para los italianos es un insulto a su gastronomía el ponerle cátsup a la pizza, así como piña. A menos que quieran que los crucifiquen y los consideren personas non gratas en su territorio, jamás lo hagan frente a ellos.
- Dummkopf: Tonto.
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Si llegaste hasta aquí, muchísimas gracias por tomarte tu tiempo para leer este capítulo :) Tenía ganas de empezar el año practicando mi escritura con una historia corta y sencilla, así como lo hice con "Ahora toca a mí Salvarte" (historia que también recomiendo si no la han leído, jeje).
Bueno, quedo atenta a cualquier comentario o crítica constructiva. En el siguiente capítulo verán cómo Estados Unidos logra infiltrarse al Club Fiesta. Nos vemos!
