El camino de vuelta fue largo, solitario y triste.
En su cabeza, su propia voz no dejó de reprocharle que perderla era enteramente su culpa.
"Si la amaba...¿por qué no se lo propuse antes? ¿Por qué esperé tanto?. Le fallé, no pude protegerla" Pensó, a medida que recorría la distancia de regreso a su casa. Pensamientos que no tuvo la fuerza de frenar y terminaron golpeando severamente su corazón.
Llegó a su hogar bien entrada la noche, y el primero en salir a recibirlo fue su padre.
Allí, antes de que Kyojuro llegara, Shinjuro albergaba una pequeña esperanza de que su hijo pudiera retornar con su nuera, le había tomado afecto a la chica, le agradaba el efecto positivo que ésta tenía en su hijo mayor y la complicidad que había desarrollado con el más joven. Sabía, sin embargo, que cuando el honor y, en mayor medida, los bienes materiales, están en juego, son poquísimos los que apuestan al amor. Y cuando lo vio parado sólo en el recibidor, con la vista baja y los ojos oscuros, supo que el padre de Yuzuki no era de esos pocos. Miró la silueta de su hijo parado en la penumbra, y dudó en preguntar qué pasó.
- Hijo...- empezó a decir. No sabía cómo encarar la pregunta.
- No Padre...ahora no.- Lo frenó un Kyojuro con una voz casi rota.- No quiero oír un sermón sobre lo que tendría que haber hecho o dicho.-
-No iba a decir nada de eso...- dijo Shinjuro, acercándose un poco a su hijo.
- La perdí, Padre. Ella está entre la espada y la pared y yo no puedo hacer nada para solucionarlo...- dijo Kyojuro, en un susurro.
- Quizá el tiempo...-
- No. Su Padre está enfermo y ella aceptó el matrimonio impuesto por esa razón.-
Shinjuro no dijo nada, aunque las noticias fueron como un cachetazo con una mano helada. Sintió claramente como la llama de esperanza que tenía en su corazón se apagó de un soplo, y dejó una oscuridad densa. Supo que su hijo debía de sentirse mil veces peor, y su alma se retorció.
Se sentó junto a él, que estaba sentado en el escalón de madera, y puso una mano sobre su hombro.
-Quiere hacer feliz a su padre lo que le quede de vida. ¿Y sabes que es lo peor?- Dijo Kyojuro, sin levantar la vista del suelo.- Que no pudo ir en contra de ese deseo. Porque entiendo su sentir.-
A Shinjuro pareció encogersele el corazón, y apretó suavemente el hombro de su hijo.
- Creo que has tenido suficiente por hoy. Ve a descansar. O al menos, inténtalo...-
Kyojuro asintió y se puso de pie. Segundos después había desaparecido dentro de su cuarto.
Shinjuro se quedó de pie, y sólo atinó a dejar salir un profundo suspiro.
Cuánto desastre.
En su habitación, Kyojuro abrió el shōji para dejar entrar la luz de la luna, y en esa penumbra pálida, se sentó a observar el cielo.
Los recuerdos dolorosamente vivos del día sangraban profusamente dentro de él.
Que trago cruel estaba intentado pasar. Amargo, oscuro. Venenoso. Yuzuki estaba tan hermosa, lista para una ceremonia de compromiso contra su voluntad...pero a Kyojuro se le clavaron en el alma los ojos apagados de la chica, esos hermosos y vivaces ojos avellana estaban totalmente vacíos, la llama que ardía dentro de ella se había acabado, ese brillo que él tantas veces había visto cuando ella reía o cuando algo le daba curiosidad, cuándo él le contaba historias sobre sus días de Cazador o incluso cuando le hacía el amor, no estaba más ahí.
Intentó, en vano, dormir. Pero el sueño huyó de él incluso después del viaje largo, de la tristeza.
Probó con meditar, y desviar sus pensamientos o incluso canalizarlos, pero le fue imposible. Sólo lo alivió volver a llorar un poco más en completa soledad y silencio. Fue testigo mudo de como el cielo cambiaba su matiz oscura por un celeste lavado, salpicado con largas nubes blancas. Vio como, al igual que sus deseos y esperanzas, las estrellas fueron desapareciendo.
Y no mucho después, escuchó el ruido de la preparación del desayuno, y a su padre y hermano andar por la casa.
No lo llamaron para desayunar y por un lado lo agradeció. Eran su familia pero él, en este momento, quería soledad. Haría las cosas a su tiempo y ellos sabían eso.
Un pensamiento apareció repentinamente en su mente: a esa hora seguramente ya habían comenzado a preparar a Yuzuki para la ceremonia de casamiento, y seguido a ese pensamiento vino otro en el que por la noche alguien la desvistiría. El hecho de que el hombre que la arrancó de su lado podría dormir junto a ella por siempre y él no, le revolvió el estómago y fue la gota que colmó el vaso de su dolor.
Salió por fin de la habitación y apareció en donde su padre y su hermano desayunaban.
- ¿Has podido dormir algo?- quiso saber Shinjuro, mirando con preocupación a su hijo.
Él negó con la cabeza y se sentó con ellos. Senjuro se apresuró a servirle una taza de té.
Al menor todo este tema le preocupaba y lo había sensibilizado bastante. Porque si cerraba los ojos podía ver cómo se llevaban a Yuzuki justo frente a sus narices, podía ver el cañón del arma apuntando a su cabeza. Cruel. Imponente.
Podía ver la mirada aterrada de Yuzuki.
Ese día todo su cuerpo falló, como nunca antes. Todos y cada uno de sus músculos se agarrotaron, y aunque su padre le dijo que fue una reacción normal, él siguió pensando que su hermano si hubiera podido desarmar al psicópata que se llevó a su amiga. Pensó, una y otra vez, en que si hubiera sido más valiente quizá ella no estaría donde está.
Y eso, a fin de cuentas, era otra piedra en su zapato.
- Creo que deberías salir un poco...- propuso su padre.
- Iré a entrenar más tarde.- dijo Kyojuro, y le agradeció a su hermano la taza de té con una sonrisa leve.
- No, me refiero...a la casa de Uzui o incluso a la del joven Kamado. Este lugar, por ahora, va a dolerte.- dijo Shinjuro, intentando ser lo más sincero posible.
Kyojuro no dijo nada, pero no le pareció una mala idea. Después de desayunar, y entrenar, envió una
carta a Tengen Uzui.
~*~
La respuesta de Tengen fue que las puertas de su casa estaban abiertas para ambos hermanos, como siempre. No estuvieron seguros de dejar a Shinjuro solo, pero este insistió en que ya tenía las pelotas demasiado grandes como para cuidarse sólo y saber que hacer, así que dos días después de todo el incidente, partieron hacia allá.
Al llegar, un sonriente y enérgico Uzui les dio la bienvenida y sus esposas les prepararon un almuerzo digno de un shogun.
Ir allí siempre lo animaba. Su hogar era, en efecto, un hogar cálido y vibrante. Había tenido un niño, con una de sus mujeres, Hinatsuru. Kenichi tenía cerca de 3 años, los ojos de su madre y la energía inagotable de su padre, por lo que aprovechaban esa cualidad para instruirlo tanto en el manejo de una espada (Tengen solía bromear diciendo que le daban un escarbadiente para practicar) como en los quehaceres domésticos. Kyojuro sabía que no tardaría mucho en tener otro, era evidente.
También era evidente que Tengen había hecho las elecciones correctas, algo que quedó prendido en su mente al observar la vida hogareña y amorosa que su nakama ostentaba.
Una vida que él nunca creyó desear, y ahora que se veía tan imposible, realmente anhelaba.
- Y bien, ¿vas a contármelo o no?- Uzui preguntó, mientras se metían al agua.
Kyojuro sonrió. Cerró los ojos y dejó que el calor de las aguas termales le acaricie el rostro.
Habían ido los tres solos y Tengen había llevado una vasija de sake de la mejor calidad. La tarde caia templada en un hermoso ocaso de tonalidades naranjas, y las cigarras cantaban suavemente. Todo ese conjunto de sensaciones confortó levemente el corazón de Kyojuro.
- Supongo que Senjuro ya te lo dijo.- dijo, con los ojos aún cerrados.- Parece que mi hermano es muy hábil contando historias ajenas.- Sonrió.
- Me estás llamando chismoso. Otra vez.- Senjuro se cruzó de brazos.
- Por supuesto que lo sé.- aclaró Tengen, y abrió la vasija de sake.- Tu hermano no es chismoso. Me mantiene informado porque alguien parece no poder escribir más seguido.- dijo, y agregó con marcado doble sentido.- Aunque entiendo que has tenido las manos...ocupadas.-
El ex Pilar de la Llama sonrió casi con tristeza y comenzó a relatar todos los sucesos que se dieron desde que Yuzuki escapó. Y concluyó con el amargo final que tuvo que soportar. Aunque el dolor aún latía en su corazón, y la tristeza era como una mano que apretaba su garganta al hablar de ella, se sintió bien hacerlo en ese contexto, con su amigo.
Tengen por su parte fue conducido por una montaña rusa de sensaciones y no fue un buen viaje, al menos no el último tramo. Y por primera vez, no estuvo seguro de qué decirle.
- Vaya situación de mierda...- dijo con toda sinceridad, y le sirvió otra copa de sake a su amigo y luego a él mismo.
- Ni que lo digas.- aportó Senjuro. Por primera vez había oído lo que había sucedido en la Casa Gotō. Y no pudo evitar entristecerse por Yuzuki y su hermano.
-Realmente la amas ¿verdad?- preguntó el hombre de cabello blanco.
Kyojuro asintió, con una sonrisa agridulce.
- Nunca pensé que llegaría el día en que me digas que estabas enamorado de alguien.
- Tampoco yo.- dijo el hermano mayor.- De hecho no esperaba que esto pase. Y mucho menos que todo se de así.-
El silencio se instaló por un momento entre los tres. En cada cabeza, en cada mente, se sucedían una serie de reflexiones, sopesando todo lo vivido hasta ese momento.
- Tu hiciste lo correcto.- dijo entonces Kyojuro, volteando a ver a Tengen.- Te retiraste a tiempo y te dedicaste a tu familia. Si yo hubiera hecho eso luego de la pelea contra la Tercera, quizá mi situación sería otra.-
Tengen Uzui sentía un cariño muy grande por la familia Rengoku.
Pero por Kyojuro sentía además una gran admiración. Había logrado todo sólo, incluso teniendo en su momento a su padre no solo en contra sino como lastre. Había cuidado a su hermano, a su padre adicto y su casa, prácticamente sólo. Y aún así, era y es un buen amigo, ayudó a quien lo necesitó, luchó con valentía y fiereza incluso luego de haber sido gravemente herido.
Entonces en vista de todo eso, Tengen estaba convencido de que Kyojuro se merecía la felicidad. Y tenía la fe de que la conseguiría.
- Sabes...- reflexionó Tengen.- nosotros estamos acostumbrados a resolver inconvenientes en el momento. Porque en la batalla, generalmente no teníamos tiempo de generar estrategias elaboradas. Esta no es la situación...-
- Yo tampoco tengo tiempo.- Dijo el hermano mayor y miró a su amigo con evidente tristeza.- Y además, por delante tengo un muro inquebrantable que es su determinación a acompañar a su padre. No puedo negarle eso. Sería egoísta pedirle que renuncie a lo único que le queda por mi. Y sé que no lo hará.-
- La vida da muchas vueltas, amigo. Quizá de una a tu favor. Procura estar atento a las señales.- dijo Tengen.
- No lo sé. No quiero esperar nada que quizá no llegue nunca.- contestó Kyojuro.
- Deja que la vida y su sabiduría te sorprendan cómo te sorprendió el amor cuando menos los esperaba y dónde menos lo esperabas. Esto que sucedió no lo puedes solucionar ya asi que deja que todo fluya.- Tengen Uzui sirvió una copa más a su amigo, y luego una más a si mismo. Con un gesto, ambos brindaron.- Eso si...no pierdas la fe. Si estás convencido de que ella es la indicada, si tiene que ser será, no importa cuánto tiempo pase.-
Kyojuro escuchó atentamente a su amigo. Quizá tenía razón. O quizá no.
Pero si tenía razón en algo seguro: no perdería la fe.
