Hola. Parece que hoy logré llegar algo temprano.
Mientras escribía este capítulo escuché probablemente en bucle la canción The Night We Met de Lord Huron. Parece que fue bastante popular hace un tiempo, pero con lo desconectaba que andaba hace tiempo creo que me salté ese momento jajaja. Aún así, luego de un tiempo escuché una canción muy bonita de The Smiths llamada Asleep, que posiblemente refleje mucho la manera de pensar de Fate en este momento.
Suficientes canciones tristes por hoy.
Disclaimer: MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.
Capítulo 16.A: Buen viaje (Adiós)
Cuando llegaron a la casa de Fate ya la noche se cernía sobre ellas. Sobre el cielo nocturno la luna se explayaba radiante, y muy pronto Rein descubrió que en la zona en la que Fate vivía, alejada del centro de la ciudad, aún con la iluminación podían verse las estrellas. Si le miraba el sentido poético al asunto, parecía incluso una bonita noche para morir.
Habían salido bastante tarde del hospital mientras llenaban el papeleo necesario para el alta de Fate. También, se habían demorado un tiempo extra porque Shamal había insistido en despedirse personalmente de la rubia antes de irse. Por la demora, había tenido que coordinarse remotamente con Hayate para que, en la casa de Fate, dejaran instalado previamente el equipamiento médico que necesitarían los especialistas encargados de ayudar a Fate con el término de su vida.
Fate había decidido que prefería morir en su casa. Ninguno de los encargados de esa logística puso un pero al respecto.
El camino hasta la residencia de Fate fue bastante silencioso. Durante todo el trayecto, la rubia permaneció pegada al cristal de la ventana del automóvil, mirando como se alejaban las enormes estructuras de concreto, y el gris monótono de la ciudad era sustituido gradualmente por los frondosos árboles que colindaban las vías que daban a las residencias privadas de las afueras, con una tenue sonrisa en los labios. Rein, como tantas veces, solo la dejó ser, y trató de enfocar su vista en la carretera mientras manejaba lentamente por las calles, secretamente deseando que el trayecto fuese mucho más largo de lo que realmente era.
Al llegar, ayudó a Fate a moverse a la moderna silla de ruedas que había conseguido a manera de préstamo con Shamal y, aunque los enfermeros que ya estaban en el lugar se ofrecieron a ayudarla, insistió en trasladar a su amiga hasta su habitación ella sola.
Una vez en la habitación, dejó que los enfermeros hicieran el correspondiente trabajo de acomodar a Fate en la cama mientras le colocaban una vía y la conectaban a los aparatos necesarios para medir sus signos vitales, mientras que conversaba con el médico encargado de supervisar el procedimiento, recibiendo sus instrucciones.
Todo era tan simple que Fate solo tendría que presionar un botón de la máquina que habían puesto a su lado, para que el mecanismo impulsara lentamente a su sistema sanguíneo la mezcla exacta de anestésicos que necesitaría para sumergirse en un sueño del que no despertaría. Unos pocos minutos después, su sistema respiratorio se iría deprimiendo lentamente hasta apagarse por completo, y todo habría terminado.
Era tan simple, pero para sus adentros era tan complejo. Ese único botón era el término de todo el cúmulo de situaciones y decisiones que la habían llevado ante el.
Por eso, una vez que todo el equipamiento fue instalado, le pidió al médico y a sus asistentes que le dejaran tener un momento a solas con la mujer que en esos momentos permanecía acostada, aún sonriendo.
- Así que ¿Hasta aquí llegamos? - preguntó Rein, sentándose en el borde de la cama, cerca de Fate.
- Así es - respondió afirmativamente Fate - Hasta aquí llegamos. Fue bueno mientras duró.
- ¿Estás preparada?
- Eso creo. No se si alguien pueda estar preparado al cien por cien para morir, pero a estas alturas no tengo miedo.
- Es bueno que no tengas miedo. La Fate que conozco no es una gallina.
Ese comentario, aunque simple, hizo que Fate soltara una buena carcajada. Rein intentó capturar en su memoria ese momento en el que su amiga, a pesar de estar a punto de acabar con su vida, reía con tantas ganas. Estaba segura de que iba a preferir recordarla así, riendo aunque tuviese todo en su contra.
Al detenerse, Fate se limpió un par de lágrimas que, de la misma risa, se le habían escapado, y la miró.
- Rein - habló la rubia - Hace un par de días hablé con Hayate. No te vayas a molestar, pero no tenía con quién dejar todas mis cosas, así que esta casa y todo lo que está dentro te pertenecen ahora.
- ¿Qué? - preguntó Rein, sorprendida - ¿Pero cómo? No, ni se te ocurra, no puedo aceptar eso.
- Ya firme el testamento, así que no te queda de otra. - dijo Fate, encogiéndose de hombros
- ¿Te das cuenta de que siempre haces lo que quieres? - inquirió Rein, mientras negaba con la cabeza.
- Ya, no te enojes. Además, te tengo otro regalo.
Con una sonrisa, Fate señaló la mesa de noche que estaba en el otro lado de la cama.
- ¿Podrías revisar el primer cajón? Encontrarás un cuaderno de apuntes negro.
Siguiendo las instrucciones de Fate, Rein se levantó y rebuscó en el cajón que le había indicado previamente, ubicando el pequeño cuaderno negro. Regresando al lado de su amiga, se sentó nuevamente en la cama y se lo entregó.
Fate miró el cuaderno, sin dejar de sonreír. Era increíble los tantos secretos que esa pequeña libreta de cuero escondía entre sus páginas.
- Esta es la bitácora de mis viajes - explicó Fate - Aquí están escritas todas las interacciones que tuve en mis viajes a la otra realidad. Todo lo que no te dije cuando llenamos los formularios, todas mis interacciones con Nanoha, absolutamente todo está escrito aquí, con la mayor cantidad de detalles posibles. Bueno, el último viaje no está escrito, ya que tuve que quedarme en el hospital, pero en líneas generales en ese viaje fue que nació la hija que tuve con Nanoha. Puedes agregarlo como nota póstuma, si quieres. Es tuyo - añadió, extendiéndole el cuaderno para que lo tomara - No creo que te sirva mucho para la investigación, pero al menos espero que te ayude a entender el por qué de las cosas que hice. Puedes hacer lo que quieras con él.
Rein tomó el cuaderno con manos temblorosas, pero no se atrevió a ojearlo frente a Fate. Ya luego tendría tiempo suficiente.
- Gracias por confiarme esto - musitó la mujer de cabellos plateados.
- Espero no te vayas a reír de mis secretos ¿Eh? - bromeó Fate.
- Bueno, si estamos para confesar secretos - empezó a decir Rein - Creo que no puedo dejarte ir sin mostrarte uno de los míos.
Esperando a que su colega empezara a hablar, Fate la observó con interés. Pero, en vez de susurrar palabra alguna, su amiga se acercó a ella e, inclinándose ligeramente, la beso en los labios.
La sorpresa se hizo evidente en los ojos de Fate, mientras que sus mejillas rápidamente se enrojecieron.
- Pero, Rein, esto, Hayate - balbuceó - Es decir ¿Tú?
Divertida ante la reacción de la rubia, no pudo evitar soltar una risita. A diferencia de Fate, que nunca pudo superar el amor tan intenso que sentía por Nanoha, ella había logrado superar el ligero enamoramiento que había sentido hacia Fate cuando recién habían empezado a trabajar juntas, antes de empezar a salir con Hayate y finalmente haberse enamorado profundamente de quién era su actual esposa.
- Sí, yo - admitió Rein - No te confundas, amo profundamente a Hayate, pero no puedo negar que cuando recién te conocí tuve una especie de crush contigo. Cuando me dí cuenta de lo densa que eras para estas cosas desistí completamente de mis intenciones, y te tomé un inmenso cariño como amiga, pero no podía dejar que te fueras sin saberlo.
Eso era algo que Fate no podía negar. Siempre había sido muy mala para darse cuenta de las cosas. Su misma relación con la Nanoha de esa realidad lo confirmaba.
- Tal vez, en otra realidad - murmuró Fate.
- Tal vez - accedió Rein - Pero prefiero quedarme con la tranquilidad de saber que, en esta realidad, pude hablarlo contigo. En fin - agregó - traje lo que me pediste.
Rebuscando en su bolso, Rein sacó un pequeño vial que contenía ese líquido luminoso que Fate tanto había anhelado. No era una gran cantidad, pero al menos era la dosis suficiente para permitirle visitar esa otra realidad antes de que la máquina deprimiera su sistema por completo. Con cuidado, retiró la tapa del vial y le ayudó a tomar su contenido, para luego guardar el vial vacío nuevamente en su bolso.
Antes de levantarse, se acercó una última vez a Fate, besando su frente.
- Cuídate Rein - pidió Fate, sonriendo - No le des tanto trabajo a Hayate, y no seas tan dura con quién sea que asignen para que te ayude en el laboratorio.
- Lo intentaré.
- Gracias, por tanto.
A Rein le hubiese gustado quedarse un rato más, pero con el RF6 ya viajando por el sistema de Fate, sabía que su querida amiga deseaba aprovechar hasta el último minuto posible que el compuesto pudiera brindarle en esa otra realidad que le había dado tantas alegrías.
Con pesadez, se levantó de la cama y, luego de tomar su bolso, se dirigió hacia la puerta de la habitación. Antes de salir, se permitió mirar a la rubia por última vez, quién la miraba aún sonriendo, y con un dedo posicionado justo sobre el botón que debía presionar.
Había llegado el momento.
- Buen viaje - le deseó, antes de salir cerrando la puerta tras sus pasos.
El frío golpeaba sus mejillas de manera inclemente, pero permanecía sentada en la banca de ese mirador, estoica. El solitario lugar, usualmente concurrido durante las mañanas, estaba lleno de un pacífico silencio que calmaba de cierta manera los gritos que resonaban en su interior. Ya era bastante tarde y, a pesar de que la zona en la que se encontraba era bastante segura, a esas alturas de la noche lo más prudente era que se fuese a casa.
Pero esa noche sería larga, más larga de lo que le gustaría. Al menos, con la ciudad extendiéndose bajo su mirada podía tener cierta sensación de tranquilidad.
Aunque no quería pensar, su mente de investigadora no dejaba de hacerse preguntas. Esa noche, en especial, una pregunta casi filosófica se había anidado en su mente.
¿A dónde van las almas al morir?
La vibración de su teléfono la sacó de sus ensoñaciones. Al ver en la pantalla el nombre de su esposa supo que, muy probablemente, Fate ya tuviese la respuesta a esa interrogante.
- Rein - pronunció Hayate, al otro lado de la línea.
- ¿Sí? - dijo, a manera de saludo.
- Ya está hecho - informó Hayate - El doctor que asignaron me avisó hace algunos minutos que ya están sacándola de la casa.
Mentiría si decía que no sentía un inmenso vacío al escuchar esas palabras.
- ¿Tú estás bien? - preguntó su esposa, compasiva - Sé que Fate era muy importante para ti.
- Lo estaré - respondió escuetamente, incapaz de decir algo más.
- Me encargaré de todo mientras - aseguró Hayate - Pero mañana necesitaré tu ayuda. Tenemos que hacer varios trámites y, bueno, Fate no tenía más familiares.
- Entiendo.
- Cuídate ¿Sí?. Tengo que colgar. ¿Nos vemos luego?
- Nos vemos.
El pitido que anunciaba el final de la llamada sonó en sus oídos, pero aún así tardó algunos segundos más en retirar el aparato de su oreja.
La imagen de una rubia testaruda que sonreía ampliamente, orgullosa al ver por primera vez el líquido verde en el matraz de aforo, llegó a su mente. Le siguió otra imagen de la misma rubia con inmensas ojeras peleando con la cafetera para intentar hacerla andar por tercera vez en el día, y luego recordó también las veces que, entre tantos informes por hacer, la mujer se llevaba las manos a la cabeza y se recostaba en el escritorio cansada de tanto papeleo, provocándole un ataque de risa ante esa actitud tan infantil.
Y con tantos recuerdos en su mente, en ese lugar tan solitario y con la noche de testigo, lloró.
Nunca se había sentido tan sola como en esa noche.
N/A: Al final de este capítulo, me gustaría aclarar una parte que considero que, aunque simple, tiene un significado importante. Quizá algunos se preguntarán el por qué de la acción de Rein. A pesar de que puede parecer una acción aleatoria, tiene un significado que va más allá, y es el mostrar que, a pesar de todas las similitudes que pudo haber entre ella y Fate, habían pequeñas diferencias que marcaron que sus caminos fuesen distintos. Ambas fueron personas brillantes, que podrían parecer incluso hurañas ante los ojos de los demás, y con una gran pasión por su trabajo, hasta el punto de que cualquiera podría considerarlas unas workaholics, pero a diferencia de Fate, que se quedó tan anclada en el pasado que fue incapaz de pensar en el presente y a raíz de eso no pudo imaginarse la posibilidad de un futuro, Rein supo superar los contratiempos del pasado y dejarlos ir, para vivir el presente plenamente y así albergar la esperanza del futuro.
Aún así, mantendré internamente mi minuto de silencio.
Nadaoriginal: Querido nadaoriginal, ten por seguro que yo también respiré hondo al escribir este capítulo, así que te acompaño en tu dolor. Irónicamente, posterior a esto me quedé pensando mucho en la frase de "Nunca es demasiado tarde". Creo que esa frase aplicaría para la mayoría de las cosas, pero posiblemente no aplicaría para todas. Esta es justo una de esas escasas situaciones en las que no aplicaría. Te envío un gran abrazo a la distancia. Qué tengas una excelente semana.
Gui: Ah! Aplicando la técnica universal de reir ante la desgracia? jajaja. Confieso que esa técnica la aplico muchas veces así que me declaro culpable. Espero que este capítulo no haya sido tan doloroso... Aunque... Vamos, si que duele la cosa, para que te lo voy a negar. Muchas gracias por leer! Qué tengas un bonito domingo.
Nos leemos el próximo domingo, con el capítulo final de este camino.
