Holi.

Hoy parece que será un día tranquilo... A veces me pregunto, ¿Cómo uno puede pensar cosas tan contradictorias cuando hay mucha calma?

Gracias a los que están acompañándome en esta sección tan dolorosa de la historia.

Disclaimer: MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.

Capítulo 14.A: Sin vuelta atrás

Los días transcurrían tan lentamente que parecían eternos, y no había podido evitar perder el interés en el blanco techo que veía cada vez que despertaba. Era un letargo que no deseaba, pero que se había ganado a punta de malas decisiones. Con cada día que pasaba, la sensación de estar en mitad de un inmenso lago del que no podía ver el fondo se hacía presente. Si miraba hacia su alrededor solo encontraba kilómetros de aguas oscuras, extendiéndose en todas las direcciones, tan vasto que era inútil intentar nadar hacia alguna dirección. Moriría si intentaba llegar a la orilla. Aunque se esforzara, el resultado de su desesperado nado sería el mismo, ser engullida por la aterradora inmensidad que paralizaba su cuerpo.

Extrañamente, cuando los días se volvieron meses, esa inmensidad dejó de parecerle aterradora, sobre todo cuando se había quedado encerrada en un cuerpo que se iba apagando lentamente sin que nadie pudiese hacer nada para evitarlo.

Gracias a sus arriesgadas pruebas habían descubierto que el RF6 era, en efecto, tóxico. El compuesto guardaba una toxicidad residual que no terminaba de desaparecer, provocando efectos a largo plazo que aparecían y empeoraban lentamente. La aparición de los efectos también se veía afectada por la cantidad que se había utilizado, y por la frecuencia en su uso.

Era así como Fate, luego de tres meses, seguía en el hospital incapaz de desplazarse por sí misma. Luego del último contacto que tuvo con el compuesto había perdido completamente la movilidad de la pierna que le estaba causando problemas desde hace tiempo, y no mucho tiempo después su otra pierna empezó a fallar. Los sangrados se habían hecho frecuentes, y muchas veces despertaba a mitad de la noche completamente desorientada, sin entender muy bien en donde se encontraba.

Días atrás, había notado que estaba empezando a tener dificultades con una de sus manos. Sabía muy bien que esa sensación era solo una antesala, el aviso que su sistema nervioso le estaba dando antes de apagar otra de sus extremidades.

Al principio habían intentado ocultarle la gravedad de lo que estaba sucediendo, lo cuál había sido un intento completamente inútil, considerando que la mente rápida de Fate ya se había apresurado a sacar una conclusión preliminar de lo que estaba ocurriendo con su cuerpo. Después de tanto insistir, en una de sus visitas Hayate le había entregado una copia del informe que llevaban acerca de su salud, y que había sido previamente aprobado por el comité.

Al leerlo Fate había soltado una carcajada. Habían calificado su situación como un envenenamiento accidental por radiación. La descripción tan genérica sólo le demostraba que a los ancianos de la junta directiva les interesaba únicamente archivar su caso para que pudiera pasar desapercibido. Para ellos, su situación era solo un simple daño colateral. Fortuitamente desafortunado.

En otro momento se hubiese sentido indignada por la actitud del comité, pero entendiendo que ella misma era la que se había metido en esa situación por sus actos arriesgados, decidió que no valía la pena dedicarle tiempo a una lucha que no llegaría a ningún lugar. Ahora, que no sabía por cuánto tiempo conservaría su cordura, lo que menos le interesaba era desperdiciar ese tiempo pidiéndole a personas frías y desalmadas algo de humanidad.

Hayate sí había tomado cartas en el asunto, solicitando algunas concesiones especiales para Fate en vista de su sacrificio. Así, había conseguido que Fate pudiera prolongar su estancia en el hospital sin necesidad de trámites adicionales. Para evitar que el personal médico hablara más de la cuenta, tuvieron mientras que sostener la mentira de que Fate accidentalmente había estado expuesta a material peligroso, y eso era lo que había dañado su salud. Del hospital, la única persona a la que finalmente habían tenido que informar de la realidad de la enfermedad que estaba aquejando a Fate era a Shamal, quién seguiría siendo la encargada de su caso clínico.

La otra persona que la visitaba frecuentemente era Rein. Desde que la ingresaron al hospital Rein intentaba pasarse a diario por su habitación, aunque fuese tan solo por algunos minutos. Se notaba que la mujer hacía su mejor esfuerzo para hablarle acerca de trivialidades y así hacerla sentir ligeramente mejor. Luego de tanto insistir para hablar acerca de la investigación, a duras penas logró que la mujer le dijera que le habían pedido preparar un paper con su análisis e impresiones de los resultados que habían recopilado en esos experimentos.

A pesar de que Rein no quería seguir involucrándola en el tema, no pudo negarse cuando Fate le pidió revisar las anotaciones. Así, fue como terminó revisando semanalmente las anotaciones que Rein había hecho acerca del artículo, aportando su punto de vista y corrigiendo ciertas sutilezas que Fate había podido notar con la experiencia que había obtenido luego de cada viaje.

Esa mañana Rein ya había ido a visitarla, por eso no pudo evitar sorprenderse cuando la puerta de la habitación que le habían asignado se abrió.

Al ver a Nanoha en el umbral de la habitación, se estremeció de manera involuntaria.

Al encontrarla postrada en esa cama de hospital, luciendo dolorosamente indefensa, los ojos de Nanoha se humedecieron casi de manera inmediata, y tuvo que aguantar un gemido de frustración que se formó en su garganta y que amenazaba con salir. Fate, desde la posición en la que estaba, solo mostró una tenue sonrisa, que la hacía ver aún más vulnerable.

- ¿Puedo pasar? - preguntó Nanoha, temerosa.

Ante la pregunta, Fate asintió suavemente. Entendiendo el gesto, Nanoha terminó de entrar a la habitación cerrando la puerta tras de sí, y tomó asiento en la silla que estaba junto a la cama.

- Perdóname por no venir antes - pidió Nanoha, agobiada - Había estado fuera. No sabía que estabas aquí. Escuché rumores y le pregunté a Hayate, pero no había querido decirme nada hasta…

- Nanoha, no tengo que perdonarte nada - la detuvo Fate, suspirando - De todas las personas del mundo, soy a la que menos tienes que pedirle perdón. Si estamos en esas, creo que yo soy yo quién debería pedirte perdón a ti.

- ¿Me dejarías tomar tu mano?

En los ojos violáceos de la cobriza había una intensidad que no podía explicar con simples palabras. La petición que le hacía, en su mirada, se leía como una súplica desesperada. Incapaz de decirle que no Fate estiró su mano, y disfrutó de la cálida sensación de las manos de Nanoha rodeando la suya.

- ¿Hay algo que se pueda hacer?

Nanoha no le hablaba claramente, pero entre líneas, para Fate era bastante obvio a lo que se refería. No creía que Hayate le hubiese dicho la verdad acerca del mal que la aquejaba, pero para esas alturas era muy probable que ya hubiese leído al menos el informe oficial que reportaba su situación.

- No pueden hacer nada más - respondió Fate, con una sonrisa - Solo queda esperar.

- Pero quizá podemos consultar en otro hospital - sugirió Nanoha, tercamente - Si te ve algún otro especialista puede ser que…

- Nanoha - pronunció Fate, llamando su atención - No hay nada más que hacer. Es demasiado tarde para mi.

Leerlo en el informe había sido un golpe emocional para Nanoha. Incluso escucharlo de Hayate la había dejado con un vacío que se negaba a desaparecer.

Pero escucharlo de la boca de Fate, era desgarrador. La dulce voz de la persona a la que había amado con tanta intensidad años atrás, y que secretamente había revolucionado su interior con el beso que le había robado, sepultaba toda la esperanza que ingenuamente se había atrevido a albergar.

El beso que había anhelado por tantos años había llegado tan tarde que ella había sido incapaz de deshacer todas las decisiones que había tomado hasta ese momento, y que la habían separado irremediablemente de la persona que se encontraba postrada en esa cama de hospital, en su peor momento. El abismo que las separaba ¿Siempre había sido tan grande, o ambas pasaron años empeñándose en hacerlo crecer?

- Si tan solo te hubieses decidido antes - murmuró Nanoha, apenas con un hilo de voz, sin soltar la mano de Fate.

- Perdón, por tardarme tanto.

Aún con sus manos sosteniendo la pálida mano de Fate, lloró dolorosamente. Durante algunos minutos, Fate solo la miró silenciosamente mientras Nanoha buscaba algo que decir, pero no habían palabras suficientes para expresar todo lo que no se habían dicho, y el expresar todo lo que sentían a esas alturas ya no serviría de nada. Muy pronto, la rítmica vibración del teléfono de Nanoha interrumpió el momento, y al ver el sonrojo avergonzado de Nanoha cuando miró la pantalla del aparato, Fate comprendió que había llegado el momento de dejarla ir, de una vez por todas.

- Ve Nanoha - dijo Fate, esforzándose por sonreír - No te preocupes por mí. Él te espera.

Nanoha, ante las palabras de Fate, suspiró profundamente y se limpió como pudo las lágrimas. Sus caminos se habían separado irremediablemente. A pesar de que en un momento estuvieron tan cerca, sus destinos avanzaron tan separados como líneas paralelas, líneas que habían perdido por completo la capacidad de intersectarse, líneas que no se tocarían jamás.

- Gracias por venir a verme - escuchó Nanoha decir a Fate, antes de salir de la habitación con un nudo en la garganta.


Cuando Nanoha salió de su habitación, Fate tomó firmemente la decisión.

Para escapar de un mundo que solo estaba lleno de dolor y sufrimiento sabía que solo tenía una alternativa, y la única persona que podía ayudarla con esa gestión llena de burocracia era Hayate. Por eso, en su revisión de rutina le comentó a Shamal que deseaba hablar con ella.

No sabía qué tan rápida había sido la doctora en transmitirle su solicitud a Hayate, pero, al día siguiente, se sorprendió de ver entrar en su habitación a la directora de la TSAB, a primera hora de la mañana.

Luego de saludarla efusivamente, la mujer tomó asiento en la silla que estaba cerca de su cama y la miró con interés.

- Cuéntame Fate ¿Qué puedo hacer por ti?

No había manera sutil de pedir lo que estaba por pedirle, así que optó por transmitir sus deseos de manera directa, sin irse por las ramas.

- Quiero optar por el suicidio asistido - respondió Fate, sin duda en su voz.

La petición de Fate tomó por sorpresa a Hayate, quién abrió los ojos de par en par y se mantuvo en silencio por algunos segundos. Nuevamente, en Fate veía tanta determinación que estaba segura de que cualquier intento por convencerla de replantear su petición sería fútil. El hecho de que se lo pidiera directamente solo le demostraba que ya la mujer había pensado todas sus alternativas.

- Fate, sé que tu situación es complicada - empezó a decir Hayate - Pero ¿Estás completamente segura de lo que me estás pidiendo?. Si sientes que la situación te está sobrepasando aquí en el hospital hay muy buenos terapeutas. Podemos iniciar un tratamiento si así lo deseas.

- No te voy a mentir Hayate, mentalmente no estoy en mi mejor momento - admitió Fate - Sin embargo, creo que ambas sabemos que lo que me está sucediendo es algo que no va a desaparecer tan solo yendo a terapia.

- Entiendo Fate, pero aún así ¿No quieres pensar mejor tu petición? - preguntó nuevamente Hayate - Eres bastante joven y sé que estás pasando por un mal momento, pero tienes mi apoyo y el de Rein. Podemos encontrar otra solución.

- ¿Leíste el último informe? - refutó Fate - Pero el informe de verdad, no ese dossier lleno de mentiras que adora el comité.

Desde luego que Hayate lo había leído, más veces de las que le hubiera gustado. En la soledad de su oficina había repasado cada palabra intentando buscar alguna luz que le ayudara a solucionar la situación de Fate. Sentía que se lo debía. Pero, con cada palabra, se hacía más obvio que estaban lejos de poder ayudarla realmente. Su situación con cada evaluación era peor, tanto que simplemente estaban esperando a que su cuerpo decidiera hacer un shutdown total.

Cosa que podía pasar en semanas o en algunos meses. Shamal dudaba que, si seguía así, Fate siguiera viva en un par de años más.

- Sí, lo leí.

- Entonces sabrás que mi cuerpo está decidiendo apagarse de a poco - explicó Fate, amargamente - Ahora se está extendiendo a una de mis manos, pero la próxima semana podrían ser mis pulmones, o mi cabeza, o cualquier parte que se te pueda ocurrir. En unos pocos meses más posiblemente ni siquiera pueda hablar.

- Fate, sé que es duro pero… - inició Hayate, intentando por última vez.

- Hayate, por favor, déjame morir con dignidad.

Hayate sabía que Fate era una persona orgullosa. A pesar de que intentaba ser modesta, por las historias que Rein le contaba sabía que Fate estaba consciente de que era una investigadora brillante, y lo disfrutaba. Le gustaba saberse capaz, le gustaba ser autosuficiente. Sentía una gran satisfacción personal cada vez que sobrepasaba sus límites y lograba cosas que parecían inalcanzables, pero ahora había quedado condenada a una cama de hospital, atada a mirar como las funciones de su cuerpo empezaban a desvanecerse sin solución posible. Por eso, aunque sentimentalmente no le gustaba la petición que Fate le hacía, era incapaz de negar su solicitud.

En el caso de Fate, acceder a su petición era prácticamente un tema de humanidad.

- ¿Hablaste con Rein? - preguntó la directora, llevándose una mano a la cabeza, para masajear su sien.

- No - respondió Fate - Aún no le he comentado mi decisión. Preferí hablar contigo primero. Sé que va a negarse.

- No solo va a negarse, capaz y me mata a mi también - comentó Hayate, exhalando sonoramente - Tú ganas. Si eso es lo que deseas Fate, te ayudaré en ese trámite. Tengo algunos contactos, así que creo poder acelerar un poco el proceso. Dame algunos días para preparar todo. Vendré nuevamente cuando ya tenga tu solicitud aprobada pero, por favor, por lo que más quieras, habla con Rein.

- Muchas gracias Hayate. Puedes estar segura de que hablaré con ella.


Nadaoriginal: Tienes toda la razón. Al menos, en este camino de la historia, Nanoha tiene muy pocas intervenciones, lo que hace más curioso que la parte más dolorosa de este camino tenga que ver directamente con ella. Al entender justo como la mente de Fate se diluye como granos de sal en el agua, entiendo también su decisión. En fin, querido nadaoriginal, espero tengas una excelente semana. Te envío un abrazo en la distancia.

Gui: Tienes mucha razón. Aún así, es increíble ver como la definición de "límite" es tan distinta entre cada persona, así como sus consecuencias. El límite de Fate llegó tan tarde, que simplemente causó un daño que no podría ser reparado. Curioso, como tratando de arreglar las cosas en una realidad, terminó por hacer añicos la realidad a la que pertenecía. Espero tu corazón no siga rompiéndose tanto! Aunque no tengo moral para pedir eso, considerando que cuando estaba escribiendo esto mi corazón también estaba completamente destrozado por los sentimientos de Fate jajaja. Qué tengas un maravilloso domingo!

Muchas gracias por seguir aquí. Nos leemos pronto.