Todo lo que vino con el comienzo de la relación de Ember y Wade era nuevo. Y lo nuevo era extraño. Al menos para el resto: los seres de agua, fuego, aire y tierra que se topaban con esta curiosa pareja en los lugares más triviales y públicos y veían destellos de su evolución y sus descubrimientos cotidianos. Después de todo, esta era una de las primeras parejas de elementos distintos de la historia de los elementos, ¡la primera de agua y fuego, por si fuera poco!
No obstante, eso no era lo más importante para Ember y Wade, que no solo se iban conociendo a sí mismos, sino también a la nueva ciudad en la que se habían instalado que, lejos de sus familias tan diferentes y únicas, les proveía un nuevo comienzo y una nueva etapa a sus individuales vidas.
La mujer de fuego y el hombre de agua tomaron el desayuno con un poco de silencio. Y hoy en particular, comieron aquellos alimentos que eran especialmente para ellos, pues la mujer no tardaba en irse a la empresa, donde los sentimientos de malestar y debilidad no debían tener cabida si ella quisiese hacer su labor correctamente —por el momento poner toda su energía en derretir ciertos materiales y formar con ellos vidrio que moldearía en complejas estructuras, durante varias horas—. Entretanto, el hombre tenía que repartir por todo lugar de trabajo curriculums escritos en unas hojas a prueba de los cuatro elementos e impresos treinta veces para conseguir empleo acorde con sus capacidades, lo que le tomaría un rato, sin contar la compra semanal que haría al terminar y la limpieza y cierto orden que le daría a su casa. Otro día habría tiempo para que él y Ember ordenaran juntos en un acuerdo para que la casa no se sintiera perteneciente a fuego o agua, sino a ellos… con un toque único.
Aunque con cierta duda debido al largo día que ambos tendrían, se despidieron con un beso.
Eso dejaría huella.
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Ambos lo sabían.
No se habían percatado; después de todo, habían tomado caminos separados para dedicar su tiempo al área laboral de sus respectivas vidas.
Parte del cuerpo de Wade, donde nosotros imaginaríamos que estaría un corazón, empezó a desprenderse en forma de gotas extremadamente pequeñas sin llegar al punto de convertirse en vapor. En este tipo de ocasiones el hombre de agua podía elegir actuar de tres formas: pensar en algo muy triste para que aquello que todavía se consideraba suyo pesara más y cayera sobre el resto del cuerpo de nuevo; comer un bocadillo para reponer el agua perdida; o esperar con la debida paciencia a que esas pequeñísimas gotas retornaran por su cuenta… un método de lo menos seguro. Después de todo, cualquier brisa podría intervenir en el camino "único" de la gotita; se podría mezclar con cualquier otra gota de agua que ya estuviera en el aire y en definitiva olvidarse de su anfitrión.
En el caso de Ember las consecuencias no daban lugar a muchas opciones —considerando su cuerpo que seguía su naturaleza salvaje… de seguir los parámetros del agua—. Había que tomar más seriamente que se trataba de la extinción del fuego, distinto del cambio de estado del agua. Podría resolverse de otra forma si un beso solo hiciera que el cuerpo de la mujer de fuego expulsara brazas… ¡Lo podría volver a consumir tal y como Wade incorporaba sus gotas de agua en estado gaseoso!
Así que Ember no tuvo más remedio que comprarse un pequeño bocadillo antes de llegar al trabajo.
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La pareja podría haber presumido de lo poco difícil que era estar juntos para siempre, si le consultaran a esta versión inicial.
Sin embargo, sucedía que cada toque dejaba huellas.
Quizás al principio no lo habrían notado tanto porque estaban buscando trabajo, o empezando un nuevo trabajo, o consiguiendo cosas para hacer que su casa se sintiera como un hogar para los dos, o simplemente construyendo una rutina… una vida juntos.
Una vez que se habían instalado completamente fue que notaron.
Solía existir un equilibrio. Las decoraciones de fuego, las decoraciones de agua; la comida para Ember y de vez en cuando para Wade, la comida para Wade y de vez en cuando para Ember… La cama era de vidrio, el baño también, los muebles… Todo con excepción de las decoraciones y los alimentos era de materiales que ambos podían soportar permanentemente.
Extrañaban sus antiguos hogares, tan inferiores como ahora los consideraban por que su pareja no se hubiera encontrado en ellos.
Así que una manera tibia de relatar el cambio quizá no habría.
En algún día uno de los dos (Ember) trató de imponer objetos propios de su vida pasada al otro (Wade). El otro terminó herido emocionalmente e incluso ofendido, pero no se quejó.
Resistió por unas semanas.
Luego consiguió su propio pequeño pedazo de hogar dulce hogar.
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—Me… alegra que ahora tengas algo con lo que sentirte cómodo —opinó sobre el paquete recibido esa mañana.
—Sí, la verdad me estaba sofocando por aquí. Sin ofender, pero extrañaba mi pequeño sillón de agua. Tuve que recuperarlo de mi familia.
—Ya-lo-creo —masculló entre dientes, forzando una sonrisa.
Y luego pasó otro período de tensión… Esta vez de solo cinco días. Cinco días de tortura para Ember, de alejarse porque sabía lo que sucedería si ella quería acurrucarse encima de él y aun así solo…
Se dio paso a la destrucción mutua. Ninguno terminó orgulloso al final. Habían vuelto a ser invadidos por la melancolía —ruidosa en el caso de Wade e hirviendo casi imperceptiblemente en Ember—.
Él se recuperó primero, optimista.
—¡Mira! Ahora tenemos hasta almohadas de vapor —Se refería a aquellas sobre las que ambos tenían sus cabezas apoyadas.
Sus sábanas usualmente individuales se habían vuelto una sola y apenas cubría la mitad de sus cuerpos desnudos enfrentados sin pudor alguno.
Ella reprimió una risita.
—Así lo veo, Wade.
Cautelosa tocó una de las almohadas con una mano a pesar de estar en contacto con las mismas, pronto sin retroceder ante otro tipo de material "indestructible".
—Ahora es apto para los dos —Wade posó su mano líquida sobre el hombro descubierto de su novia, esta vez sin causar una reacción en ambos cuerpos… Lo nulo ocurría muy pocas veces.
—Deberíamos hacer lo mismo con el resto de la casa.
—Pero ya no tendrías casi nada tuyo, Ember —se preocupó. No quería que se sintiera incómoda con él.
—No sería la única… También, supongo que ese es el punto de mudarnos juntos. Hacer de este hogar nuestro.
La mujer de fuego se acercó un poco más y el hombre de agua acercó su rostro al suyo, ambos a punto de mezclarse una vez más.
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Según mi drive empecé esto el 14 de julio… Vean casi siete meses después como al fin lo termino.
Jaja, espero que les haya gustado.
