CAPÍTULO DOS.

El golpe lejano de algo rompiéndose le hizo despertarse súbitamente, con el pulso aún acelerado y la sangre latiendo en los oídos permaneció tumbado en la cama. Sus ojos avellana apuntaban a la lona blanca que cubría el techo de su cama sin enfocar nada concreto, más por el miedo que había dilato sus pupilas, que por la miopía y astigmatismo que padecía. Sentía ganas de gritar, pero en vez de eso se mordió fuertemente el labio y cerró los ojos, ahogo el grito en su garganta, que sonó más como un gruñido. Respiró hondo intentando ralentizar el ritmo se su corazón haciendo que su sangre volviera a fluir a un ritmo normal, evitando así sentir el latido de esta en sus tímpanos. Cosa que, había descubierto hacía poco tiempo, acrecentaba el miedo que sentía en el momento.

Había pasado una semana desde que las pesadillas comenzaron, y no pasaba una noche sin que tuviera. Sabía que de enterarse su padre le daría una de esas pociones para dormir sin soñar que tenía guardadas bajo llave en el armario de su despacho, al lado del laboratorio de pociones, o aún peor le enviaría directo a Hogwarts. Pero él no quería nada de eso. De alguna retorcida forma que aún no llegaba a comprender, le gustaba tener esas pesadillas, le obligaban a revivir lo ocurrido la madrugada del 1 de septiembre una y otra vez. En ellas buscaba detalles, pistas, cualquier cosa que aclarara lo ocurrido, que le diera un culpable.

Estirando la mano derecha tanteó a ciegas en su mesilla, para intentar encontrar sus gafas de ver. Sabía que la noche anterior, exactamente hacía apenas unas horas, había lanzado los lentes ahí cuando se fue a dormir, como tenía por costumbre. Cuando por fin las encontró, se puso las gafas y se levantó al baño a lavarse la cara y limpiarse los restos de sudor que la pesadilla había dejado en su rostro.

El suelo de su cuarto de baño era de baldosas blancas, a diferencia del de él resto de la casa, que tenía suelo de madera. El suelo de ese baño siempre se encontraban extremadamente frío al tacto de sus pies, los cuales acostumbraba a llevar descalzos en todas las épocas del año menos en invierno, al menos en su casa. James recordaba como cuando era pequeño y tenía fiebre, o ahora de adolescente y estaba borracho o con resaca, se tumbaba ahí y sentía el suelo de baldosas como un regalo. Pero en una noche como esa, en la que las pesadillas causaban estragos en su cuerpo, la sensación era todo lo contraria, incrementando los efectos adversos de las pesadillas en su cuerpo.

Abrió el grifo dejando que el agua fría golpeara con fuerza contra la superficie del lavabo salpicando ligeramente gotas de agua por todas partes, incluidos sus dedos. Finalmente cuando el agua ya había corrido durante un par de minutos, utilizando sus manos como un cuenco recogió esta y se mojo la cara. Levantó la vista clavando sus ojos en el espejo nuevamente, su reflejo le devolvía la mirada desde este. Pero en el no veía al chico adolescente y seguro de si mismo que solía proyectar a todo el mundo, sino que en él veía a un niño aterrado y perdido. Las ojeras enmarcaban sus ojos avellana, ojos que en ese momento estaban entrecerrados exagerando el efecto de las ojeras, ya que sus gafas se encontraban en su pelo azabache medio pérdidas en esa selva negra. Que como de habitual estaba completamente indomable, el adolescente que le miraba desde el cristal estaba más pálido de lo esperado para ser principios de septiembre, e igual que su tono de tez, la expresión adornando su rostro era inusual. Tenía una mueca de terror gravada que nunca nadie podría haber imaginó ver en James Potter.

Otro ruido fuerte proveniente de alguna parte de la casa, interrumpió el análisis de sí mismo que estaba llevando acabo, su mente voló a una semana atrás, como si de un sueño se tratara.

Flashback

"Era la madrugada del 1 de septiembre de 1976, y esta historia -para que el lector se haga una idea-, se sitúa al oeste de Inglaterra. A varios kilómetros de un pueblo llamado "El Valle de Godric". Donde se había desatado una tormenta de verano, justo en el epicentro de la tormenta se erguía una mansión blanca de aspecto solemne y tamaño considerable.

Otro día cualquiera, en el que pudiera brillar el sol o en el que el cielo apenas tuviese una ligera capa de nubes. Uno sería capaz de apreciar el Valle de Godric en su totalidad desde la mansión, como si la imponente casa estuviera velando por él. Sin embargo, en esos momentos el viento soplaba vorazmente azotando los cristales de la casa, las gotas de lluvia repiqueteaban contra las ventanas y fachada, ensuciando su señorial apariencia. Los rayos que no tardaban ni diez segundos en caer, algunos contra la mansión otros se perdían en el aire, iluminaban el cielo proyectando un aspecto lóbrego. Impidiendo ver a sus habitantes más allá de un palmo, mucho menos kilómetros de distancia.

Hacía mucho tiempo que un fenómeno natural tan violento, no azotaba esa zona.

Sin embargo, para el ojo entrenado de un meteorólogo, esa tormenta tenía poco de fenómeno natural. Aunque claro, solo alguien sería capaz de llegar a esa conclusión, si además de sobre ciencia meteorología tuviera conocimientos de la existencia de la magia. Por ende, de ser un simple muggle meteorólogo, uno caería en la falsa premisa de que una vez más la ciencia había fallado a la hora de explicar ciertas cosas de la naturaleza, y que aún existían muchas cosas que no se podían explicar.

Un estruendo, aún más fuerte que los anteriores, y espeluznantemente parecido a una risa maniaca, retumbó contra las paredes de la mansión, despertando a los habitantes que en esta residían. Que para semejante tamaño de casa eran pocos.

Una luz se encendió en la planta superior del ala oeste de la mansión, dentro de la habitación a duras penas se podía vislumbrar a través de la ventana, la borrosa figura de un adolescente aún sentado en su cama. Dicha figura, se trataba de un joven alto y fibroso, de revuelta cabellera azabache. El chico tanteaba a ciegas su mesilla de noche en busca de sus gafas, las cuales había lanzado sobre la mesilla esa misma noche cuándo se fue a dormir, escasas horas atrás. Finalmente encontró las lentes y se las puso para acto seguido salir de entre las sábanas y acercarse a la ventana a observar el fenómeno. Que como los lectores podrán imaginar, él no consideraba del todo natural.

Porque nadie que hubiera crecido en el Valle de Godric y en el mundo mágico, o supiera de la existencia de la magia lo haría. Estaba a dos pasos de la ventana cuando un estruendo, más fuerte que los anteriores, rompió el cristal de esta haciendo saltar las alarmas que protegían la mansión. Cientos de cristales volaron en todas direcciones, algunos dentro, otros fuera. Por un eterno segundo el joven quedó paralizo en su sitio, su reflejo: pálido, despeinado y aterrorizado le devolvía la mirada desde los trozos restantes que quedaban del cristal roto de la ventana. El miedo ante la posibilidad de que alguien hubiera conseguido romper los hechizos protectores que llevaban siglos puestos sobre la ancestral casa de su familia, había inmovilizado cualquier respuesta de su cuerpo. Pero acto seguido otro pensamiento aún más temible azotó su mente, provocando por fin una respuesta muscular en él.

Impulsando por el pánico y con la adrenalina corriendo por sus venas, el adolescente, corrió a la mesita de noche donde además de las gafas, también había dejado su varita mágica la noche anterior. Cuando llegó tomó el objeto en sus manos, apagó la luz de la lámpara, y a pasos rápidos ando hacía la puerta del cuarto. Aún no la había alcanzado cuando esta se abrió de golpe. Sin pensarlo un segundo y llevado por sus instintos, el joven se lanzó detrás de un mueble escondiéndose del intruso, imaginando lo peor. Agazapado en las sombras, y con el corazón latiendo a mil, escudriño la oscuridad para ver si distinguía al intruso, pero en el umbral de la puerta no había nadie. En lugar de tranquilizarlo esto aumentó la preocupación del chico.

Una sombra descomunal y peluda se proyectaba, a intervalos irregulares, sobre el suelo de su cuarto, iluminada tan solo por los rayos que seguían cayendo. Por un momento sus ideas barajaron la posibilidad de que fuera un hombre lobo. De ser así los acelerados latidos de su corazón, que no le dejaban pensar con claridad. Y los cortes sangrientos, de los que no era consciente, provocados por los trozos de cristal de su venta, delataban su posición a la criatura. Pero entonces, sus ojos avellana se posaron con mayor precisión en el animal peludo, grande y negro que avanzaba por el cuarto, olfateando en busca de un olor concreto, su olor. Y por fin pudo suspirar.

- Canuto -llamó al animal.

El perro automáticamente ante el sonido giró su cabeza en su dirección, enseñándole los dientes ferozmente y clavó sus ojos grises en él. Ojos que denotaban inteligencia. De un salto se puso al lado del adolescente, para rápidamente cambiar de forma y tomar la de un muchacho de dieciséis años. Este era otro adolescente, tan o más apuesto que el anterior, con el cabello negro largo y los mismos tormentosos ojos grises que poseía el perro. James vio en ellos reflejados el mismo terror que en los suyos. En su cara se podía leer el alivio de ver a su amigo bien a pesar de los ya mencionados cortes, pero los rastros de preocupación y temor, aún no se habían borrado del todo. El chico/perro envolvió fuertemente al muchacho de cabello azabache en un abrazo rápido, en el cual sobraban las palabras.

- James, estas sangrando -susurró el perro/joven.

El azabache miro sus extremidades con confusión y por fin se percató, de que sí ciertamente la explosión de su ventana había producido en su piel alguna herida superficial.

- No es nada,-dijo negando con la cabeza -todo bien y ¿tu? -El joven Potter recibió un asentimiento únicamente como respuesta -ha sido muy buena idea lo de transformarte en Canuto...

- Yo siempre tengo buenas ideas -replicó con un intento de sonrisa ladina.

- Lo que tu digas -rodó sus ojos avellana el azabache, saber que su hermano estaba bien había devuelto parte del carisma bromista del joven a su ser, -creo que deberíamos buscar a mis padres podrían…

- Ni lo pienses -le cortó, sabiendo por donde iban los tiros -vamos.

Los dos adolescentes se miraron durante unos segundos y después salieron de detrás del mueble donde seguían agazapados, abandonaron el cuarto y se encaminaron rumbo a la habitación de los padres del primero. Cuando se estaban acercando al pasillo que desembocaba en el dormitorio de los señores Potter escucharon un ruido, se volvieron a mirar. En la milésima de segundo que tardaron en reaccionar, Black fue consciente de cómo el cuerpo de su amigo se había tensado completamente. Los susurros y pasos, que habían oído hacía unos segundos sonaban cada vez más alto e iban en su dirección, una mirada les bastó para saber qué pensaba el otro. Sin decir nada Sirius se alejó unos metros para que no se le pudiera ver envuelto en la oscuridad, mientras James se cubría con una capa que traía en el bolsillo de su pantalón de pijama y la cual había cogido antes de salir del cuarto. Expectantes a lo que pudiera ocurrir a continuación, aguantaron cada uno su posición, y entonces dos figuras aparecieron doblando la esquina. Por un segundo James no bajó la varita ni dejó de apuntar a las dos personas, quienes no habían notado nada raro en el aire y seguían avanzando directos hacía él. Fue en ese instante cuando el joven Potter se deshizo de la capa de invisibilidad. Al instante, dos hechizos se alzaron en su dirección, el azabache no tuvo tiempo de reaccionar, pero su amigo sí, lanzando un rápido "impedimenta" fue capaz de desviar ambos hechizos. Pero los señores Potter a pesar de ver que era su hijo no bajaron las varitas ni pidieron perdón, en su lugar el señor Potter reafirmó su postura frente a su mujer.

- James, no hagas eso podríamos haberte hechizo -le recriminó el señor.

- ¿Podríamos? Me habéis lanzado dos hechizos papá -contestó, mientras veía como Sirius se acercaba a ellos también.

El señor Potter no pidió perdón, pero sonrió divertido.

- Hijos míos estáis bien -exclamó entonces la señora Potter aliviada, su semblante se relajó notablemente quitándole años aunque aún miraba preocupada a James, mientras finalmente bajaba la varita y extendía sus brazos maternales hacía los dos jóvenes.

- Euphemia no, -la detuvo su marido, impidiendo el abrazo -podrían ser los intrusos.

- Chorradas Fleamont una madre reconoce a sus hijos. Además tú mismo acabas de hablar con James como si nada, ahora venid aquí y abrazad a vuestra madre. Es una orden.

James se acercó a su madre y la estrechó fuerte entre sus brazos mientras besaba su coronilla, después dejó que ella se acercara a Sirius e hiciera los mismo, mientras él joven Black devolvía torpemente el gesto, aún no del todo acostumbrado al amor materno que le procesaba la madre de su mejor amigo. El azabache vio todo eso mientras se colocaba al lado de su padre, quien apretó fugazmente la mano de su hijo entre la suya. Los señores Potter estaban ambos entrados en edad, sin embargo seguían conservando un aspecto joven, Fleamont era bajito y delgaducho, tenía unos rasgos un poco toscos y vastos, y un aspecto fiero que le hacía parecer un guerrero. Mientras que Euphemia, era alta y esbelta, poseía rasgos clásicos de la aristocracia, estos eran un poco angulados y puntiagudos, pero a la vez con un deje delicado, su cabello caoba se entremezclaba con hebras grises y sus ojos avellana brillaban con miedo en ese momento.

- James -susurró la señora Potter acercándose a su hijo y acariciando sus brazos -estas herido.

El adolescente, quitándole importancia, ignoró a su madre y miró al señor Potter.

- Padre si las defensas han saltado crees que sean los mortífagos o tal vez…-James se cortó a sí mismo mirando a su mejor amigo de refilón.

- Mis padres otra vez -continuó Sirius notando la mirada de quien era prácticamente su hermano.

- De eso nada, tus padres somos nosotros. Si esa Walburga te quiere de vuelta se llevará un buen maleficio. -Quién no había abandonado el lado de su hijo y miraba sus heridas con gran preocupación y el entrecejo fruncido.

- Euphemia…

- ¡De Euphemia nada Fleamont Potter!, ahora nosotros vamos a comprobar que ha sido mientras vosotros os quedáis aquí por si acaso y eso también es una orden, no quiero más heridas en ninguno de los dos. ¡Bonky! -Un chasquido indicó la aparición de la pequeña elfina -llévate a los chicos a un lugar seguro.

- No pienso esconderme, ni ir a ninguna parte mientras tu te expones mamá -refuto James. -Bonky puedes irte, no te necesitamos por ahora.

Otra vez más un estruendo aún más fuerte que los anteriores hizo temblar los cimientos de la casa, causando que parte de la pintura que se había desconchado con los siglos cayera del techo. James no estaba seguro pero podía jurar que lo que oía cada vez que la casa temblaba era una risa extremadamente estridente, y por el semblante de Sirius estaba seguro que él también pensaba lo mismo

- Bajaremos todos y punto, -viendo que la discusión iba para largo y sabiendo que no tenían mucho tiempo, Fleamont decidió intervenir. -Ahora, James no quiero ninguna estupidez, ni gesto heroico por tu parte.

- Lo mismo va para ti Sirius -estuvo de acuerdo la señora Potter.

- Bonky, ya sabes que hacer, pon en sobre aviso a tu padre y al resto, a la mínima señal de peligro desaparecéis.

- Sí amo -asintió a las órdenes del señor Potter y otro chasquido indicó que se había ido.

Así los cuatro se dirigieron a la puerta principal mientras el estruendo desencadenado por la alarma seguía sonando con fuerza por toda la casa, y ese sonido como de risa maníaca acompañaba las sacudidas. La mansión Potter a la luz de los acontecimientos recientes y debido a las altas horas de la madrugada que eran, estaba bañada con un aspecto sombrío poco característico de ella. Los cuadros de las paredes estaban todos en silencio expectantes y preocupados por sus dueños, como si pudieran notar la tensión en el ambiente. Mientras tanto los elfos domésticos habían desaparecido obedeciendo las órdenes de su amo, aunque no sin antes unas cuantas quejas y llantos, pues estaban dispuestos a defender a su familia. Cuando alcanzaron la puerta bajo una orden del señor Potter, los tres se quedaron parados detrás de él a unos pasos, los dos jóvenes colocaron a su madre estratégicamente detrás de ellos en un gesto protector. El señor Potter miró a sus hijos, ante un gesto suyo abriría la puerta y estos debían estar preparados, así que contando hasta tres abrió la entrada principal de la mansión.

Los jardines siempre llenos de flores, alegres y hermosos, tenían un aspecto desolador, los rayos proyectaban sombras amenazantes y perversas de los elementos más simples del jardín, el viento soplaba con fuerza simulando gritos y risas que producían escalofríos. Pero más allá de ese aspecto lóbrego y tétrico, más digno de un campo de trincheras de la primera guerra mundial que de una pintoresca casa a las afueras de un valle, no había nada raro en los terrenos de los Potter. Sin embargo, Fleamont no bajó la guardia, y tampoco lo hicieron sus hijos.

James fue el primero en verlo, sus reflejos de cazador le habían entrenado para analizar el terreno y adelantar las jugadas de sus contrincantes antes de moverse por él. Por eso no tardó en distinguir que las sombras negras que se movían por el cielo, no eran a causa de los rayos. Eran magos que habían conseguido romper las barreras y se aparecían y desaparecían constantemente dejando un rastro. Justo cuando estaba a punto de decírselo a su padre, un bulto haraposo cayó de dónde las sombras estaban, con esa última jugada y con un último estruendo acompañado de esa risa que James ahora estaba seguro provenía de esos magos. Los brujos desaparecieron, y con ellos los ruidos y los rayos, para dar paso a una lluvia, que tampoco se sentía natural. Una vez más llevado por sus impulsos y con el corazón latiendo más rápido que nunca echó a correr hacía la masa que ya se había estampado en el suelo, coreado por los gritos aterrorizados de su madre, las advertencias de su padre y los gruñidos de Sirius. Cuando llegó, sin bajar un segundo la varita o la velocidad, se tiró al suelo al lado del bulto, que empezaba a cobrar una forma más humana.

El joven de ojos avellana quedó impresionado ante la visión de la característica y distinguible ropa de lo que ahora podía identificar como una persona, y con tortuosa lentitud le dio la vuelta. Su corazón por primera vez en toda la noche, en vez de acelerarse, se paralizó de terror, al reconocer la maltrecha cara de lo que había confundido con un bulto. Un susurro débil escapó de sus labios.

- Por Merlín, Tim.

Fin del Flashback.

El agua fría que había dejado corriendo, le sacó de sus recuerdos cuando una gota particularmente gorda llegó a salpicarle en la cara. Sacudiendo un par de veces su cabeza para salir de su entumecimiento, decidió volver a lavarse la cara, la sensación del agua fría contra su cara nuevamente calmo cualquier sensación que los recuerdos hubiera provocado. Se secó con una toalla los restos de agua que empezaban a resbalar por su mandíbula y cuello, e ignorando los ruidos sordos que venían de las plantas inferiores anduvo hasta su cama, dónde se sentó encima de las sábanas. Había pasado una semana desde aquel incidente en que las alarmas de la mansión habían saltado, en el que él, el único heredero de los Potter había identificado el bulto malherido y lleno de sangre que habían encontrado en los jardines de la mansión. James aún recordaba como una hora y media después las alarmas habían vuelto a saltar, esta vez empujadas por la llegada de una brigada de aurores que habían tardado un rato en romper los escudos que los elfos y los señores Potter habían vuelto a levantar. James era consciente de como desde entonces solo podía dormir unas horas debido a los ruidos que hacían, y probablemente las pesadillas, pero jamás lo admitiría.

El azabache volvió a pensar en aquella noche, para la hora en que el cuerpo del ministerio había llegado, la familia se encontraba reunida en una pequeña sala cerca de la biblioteca de la primera planta, era un pequeño salón donde James acostumbrara a tomar el té con su madre, ahí se sentían protegidos y resguardados a la espera de noticias. Esa noche, un joven, vestido de una forma ridículamente ostentosa se colocó frente a la butaca de Fleamont Potter, dónde miraba al patriarca preso de los nervios. Con gestos torpes y bajó la varita amenazante del señor Potter, trataba de explicar qué hacía ahí. Visto una semana después la situación tenía gracia, pero en el momento James no supo apreciar el lado comido de ver a alguien vestido de esas formas hacer aspavientos torpes frente a su padre.

Si el joven Potter no recordaba mal, se trataba de un funcionario del ministerio, no debía tener más de treinta años y había llegado junto con los aurores y algunos medimagos para informar al Primer Ministro del estado de los Potter, una de las familias más reconocidas del mundo mágico.

La conversación no había ido bien:

- Señores Potter, vengo en nombre del Ministro de Magia, mi nombre es Cornelius Fudge y soy su secretario, me temo que me envían para mantener al Primer Ministro de su estado, deberé informar del estado de... ¿su sobrino ha dicho?

- Así es, es el hijo de mi hermano -corroboró la señora Potter.

- Bien, -asintió el joven agitando su cabeza arriba y abajo, haciendo que todo su cuerpo se moviera con él y por ende la ridícula fedora con pluma de pavo real que sujetaba en sus manos - ¿podrían describir el accidente?

- ¿Accidente? -El escepticismo estaba presente en la voz de James, quien en el tiempo que habían tardado las autoridades se había cambiado de ropa, y limpiado la sangre de las heridas, pero a pesar de ello, los cortes se seguían percibiendo en algunas partes de sus brazos, cuello, cara y demás. Si Fudge se había percatado de esto no hizo ningún comentario al respecto.

- James, por favor -regaño la señora Potter.

- Si, -carraspeo de forma incómoda el secretario -bueno me temo que el chico tiene razón. No ha sido exactamente un accidente -continuó el funcionario mientras agitaba con renovado nerviosismo su sombrero color lima.

- ¿A qué se refiere exactamente? Y ¿Qué cree que es exactamente lo que ha ocurrido señor…?

- Fudge, señor Potter, Cornelius Fudge -contestó con ansiedad -no lo sabemos, pero los aurores están investigando...

- ¿Investigando? -Inquirió el señor Potter con tono peligroso -¿quiere decir que mi sobrino es tirado en los jardines de mi casa de mala manera y mi familia se encuentra bajo investigación por su... ah si ¿accidente ha dicho?

- No señor, yo jamás insinuaría tal cosa -las risas amortiguadas de James y Sirius, solo empeoraba los nervios del secretario.

- Niños -regañó la señora Potter, generalmente tenía una sonrisa traviesa para cada una de sus bromas, pero en esa ocasión se encontraba mortalmente sería. Los dos adolescentes tomaron una postura más seria y firme. -Señor Fudge, ¿puede decirnos en qué consiste la investigación? -Preguntó a continuación con amabilidad.

- Si claro señora Potter -contestó aliviado por la gentileza de la dueña de la casa -pues les gustaría saber si conocen de alguna posible riña que su sobrino pueda tener o...

- ¿Una riña? Si claro, porque sus heridas son de una riña, no se refiere más bien a ¿ si conocemos a algún mortífagos que pueda tener motivos para haber atacado a Tim?, -la voz de Sirius desprendía asco.

- ¡No! Señorito Potter eso…

- Es Black -corrigió el joven con desprecio, dejando helado y sin palabras al secretario.

- Sirius tiene razón, no pueden seguir negando lo que está pasando, esto es obra de Voldemort -defendió el azabache a su amigo.

- ¡James! -Regaño nuevamente Euphemia

- ¿Qué madre? ¿Crees que porque no digamos su nombre no va a venir a por nosotros? Han atacado a Timothy, si crees que nosotros no estamos en su lista estás muy...

- ¡Basta ya! -La voz imponente de Fleamont Potter, no se había alzado pero no hacía falta. -Ahora, Sirius quiero que te lleves a James de aquí, esta es una conversación de adultos y vosotros aún sois menores de edad, me da igual que tengáis dieciséis o diez años. Mañana temprano partís rumbo a Hogwarts, debéis descansar. Weesy -añadió dirigiéndose a uno de de los elfos presentes -prepara té por favor, la señora y yo vamos a necesitarlo. E informa a nuestros... invitados -añadió mirando al señor Fudge de refilón -que cualquier información o cosa que necesiten les será proporcionada.

- Sí amo -con un ligero pop el elfo doméstico desapareció rumbo a las cocinas.

- Bonky, por favor, tú asegúrate que los chicos obedecen las órdenes del señor, si no lo hacen eres libre de utilizar la magia -esta vez quien habló fue la señora Potter dirigiéndose directamente a la pequeña elfina de antes. -Después avisa a los Caradoc de donde está Tim y de su estado. No me imagino que el ministerio se haya preocupado de ello -comentó la señora Potter, mirando al funcionario quién se movió incómodo en su sitio ante la certera acusación.

Con un gesto de la mano de la elfina los dos jóvenes aparecieron en la habitación de James, con ellos estaba Bonky. Quién había hecho aparecer otra cama en la habitación para Sirius, y había traído su baúl ya cerrado.

- ¡No me lo puedo creer! -James recordaba lo frustrado que se había sentido en ese momento -no pueden excluirnos de esto, ¡por Merlín han atacado a mi primo! Es mi único primo, y el ministerio no puede seguir negando la realidad, ¡maldita sea!

- Cornamenta relájate, no puedes hacer nada frustrado. Tenemos que pensar cómo enterarnos de lo que hablan abajo.

- Lo siento señoritos pero eso no va a pasar -la voz estridente de la elfina llenó la habitación -la ama me ha ordenado detenerlos aunque sea con magia.

- Bonky, eres mi elfina, no la de mi madre, no puedes usar magia contra mí.

-No señorito James, por si no lo recuerda fui asignada a usted pero mis amos siguen siendo sus padres, además el señorito siempre ha sido tan bueno conmigo que no podría perdonarme que le pasara nada. Así que sintiéndolo mucho, yo debo hacer lo que la señora me pide.

Tras un chasquido de la elfina ambos jóvenes cayeron bajo un sueño profundo, que les dejaría fuera de combate hasta la mañana siguiente.

Una sonrisa inusual en él estos días, se dibujó en sus facciones, a pesar de no estar ya frente al espejo James lo sabía, ya que ese gesto se había vuelto antinatural en él, y sentía los músculos de la cara atrofiados al hacerlo. Pero no podía evitarlo cuando pensaba en Bonky, su elfina había demostrado tener tanto carácter como él. Ahora entendía porque le habían asignado a Bonky cuando era pequeño.

Desde el momento en el que los funcionarios invadieron su casa, todo se había convertido en ruido y sobretodo papeles. Todo eran papeles, papeles oficiales de San Mungo, papeles oficiales del Ministerio de Magia, papeles oficiales de la oficina de administración y seguridad, y papeles oficiales del escuadrón de aurores. Todo era ruido, papeles y preguntas, ¿si sabían quienes habían sido? ¿Si conocían de algún enemigo público de la familia? ¿Si pensaban que su sobrino pudiera estar metido en algo raro? ¿Si les parecía que habían mantenido un comportamiento extraño? Y muchas más preguntas. Pero ninguna que dejara caer la posibilidad de la existencia de un levantamiento de magos oscuros contra el gobierno actual.

Todo era ruido, papeles, preguntas y gente. Sí, la mansión Potter había sido invadida, por un escuadrón de aurores, entre los que también había algún tipo del ministerio que decía que trabajaba para el departamento de leyes o algo así y por supuesto ese molesto secretario dando vueltas por todas partes.

Todo en su casa eran papeles, preguntas, gente y ruidos, y James Potter ya no aguantaba más, estaba estresado, muy estresado y no era una persona fácil de estresar.

Sucedió muy rápido, tan rápido que apenas se dio cuenta, tras haberlos hechizado Bonky los jóvenes se despertaron a la mañana siguiente prácticamente rodeados. Si bien los "intrusos" no habían pisado la habitación de James, el resto de la casa parecía estar completamente ocupada y eso que era una mansión. Durante el desayuno sus padres les informaron qué aún no se sabía nada del ataque a su único primo, técnicamente no era su único primo, pero era el único cercano a su edad. El brutal ataque que Tim no era de conocimiento público, pero a petición de su tía, Tim había sido traslado de la mansión de los Potter a su casa, cerca de un pueblo completamente mágico. Pero eso no había impedido la llegada de, por lo menos, otras treinta personas más, de esta manera James se había visto privado de su intimidad y finalmente habían empezado con el dichoso ruido y las malditas preguntas.

La familia Potter había sido puesta bajo lupa, muchos cuestionaban que el cuerpo inconsciente de Timothy Dearborn fuera depositado en su casa y no en la de los padres del joven. Pero James estaba seguro que de conocer la historia familiar no se lo hubieran cuestionado tanto, aunque más de eso luego.

Como la invasión tuvo lugar la madrugada del 1 de Septiembre, el repentino acontecimiento hizo que el joven se negase a abandonar su casa al despertarse esa mañana. Había requerido de todo su poder de persuasión y la ayuda de Sirius, para convencer a su madre de ello, ya que el señor Potter no había puesto pegas. El mayor de los Black a pesar de haberle ayudado no estaba contento con la idea de viajar a Hogwarts sin su mejor amigo, pero todavía le quedaba un año más para disfrutar del 1 de Septiembre de camino a Hogwarts, le había apoyado y aseguró a la señora Potter que la materia no sería problema para James, ya que seguro Remus tomaría notas por él.

Sin embargo, el único hijo de los Potter se estaba empezando a arrepentir de su decisión, sí, Tim era su primo. Pero a penas le habían dejado verlo antes de trasladarlo. Y la única vez que le permitieron entrar, se encontró con un hombre inconsciente, que poco se asemejaba a su primo. Estaba cubierto de heridas y cortes, que ningún hechizo podía sanar a la primera, tenía marcas que no habían desfigurado su cara, pero sí le iban a dejar cicatrices de por vida. Además de eso, James también se había encontrado con un interrogatorio gratuito por parte de un aspirante a auror, muy pedante cabe remarcar.

Lo único medianamente bueno que había supuesto todo eso, era ver a Ojoloco Moody trabajar, y sobre todo ver a Ojoloco Moody echar la bronca a los novatos. Sin contar, por supuesto, el acceso no autorizado a información privilegiada. Pero es que James Potter siempre tenía un as bajo la manga.

Fue así como resultó en ser de los primeros en enterarse de lo sucedido a la alumna de primero de Hogwarts, y por supuesto en cuanto lo hizo corrió al espejo doble a contárselo a sus amigos, pero el idiota de Canuto no lo llevaba encima. Sin embargo horas más tarde, cuando ya hacía un rato que se había cansado del estúpido espejo, escuchó su nombre proviniendo de este. Sus tres amigos estaban al otro lado, y por sus caras lúgubres James dedujo que ya habían recibido la noticia.

Fue gracias a lo que ellos conocían que se enteró de la versión de la historia de aquel rapto que él desconocía. La niña tan mona y sonriente que había visto en las fotografías del despacho improvisado que habían colocado los aurores en uno de los cuartos, apenas habían tenido noticia del incidente, era la vecina de su compañera de casa Heather. Y al parecer Jorkins llevaba cuidando de ella desde que había nacido, escuchar aquello llenó a James de más rabia, si eso era posible.

¿Cómo podía el mundo estar tan lleno de injusticias? Era solo un adolescente, pero a pesar de lo que la gente creía, James Potter se sabía extremadamente privilegiado. Tenía dos padres, que a pesar de ser mayores, le amaban. Carecía de hermanos, pero a parte de los primeros años de su niñez, nunca se había sentido solo. No le había faltado de nada jamás. Y sabía que sí así lo quería al salir de Hogwarts no tendría que trabajar, pues poseía una cuantiosa cantidad de galeones en su cámara en el banco. Mientras que el tenía todo eso, sus mejores amigos sufrían desmesuradamente, uno de ellos era repudiado por su familia y a saber lo que había podido sufrir antes de eso, Sirius jamás se lo había contado. Otro sería tratado por la sociedad como una paría en cuanto saliese al mundo y su condición fuese revelada, su primo Timothy quien su único objetivo era dedicarse a luchar por la igualdad en el mundo mágico era brutalmente atacado, y una niña de apenas once años raptaba para posiblemente ser torturada y después asesinada. Definitivamente James odiaba las injusticias, pero sobretodo odiaba a Voldemort.

El joven Potter sabía que la guerra había comenzado hacía ya un tiempo, a pesar de que el Ministerio quisiera negarlo, y que se había cobrado unas cuantas víctimas ya. Sin embargo, por muy cruel que sonase, entendía los motivos que había detrás de los asesinatos de aquellas personas, aunque jamás comprendería cómo alguien era capaz de matar. Pero sabía que estaban en guerra y en la guerra como en el ajedrez, deberías deshacerte primero de las piezas más peligrosas de tu contrincante para poder ganar. James era el capitán de quidditch de Gryffindor y eso lo convertía en un estratega nato, pero sobre todo era extremadamente listo. Y entendía que todas esas personas que habían sido asesinadas resultaban amenazas para Voldemort, todos magos y brujas poderosos, todos con grandes influencias o con mucho dinero y acceso a recursos. Pero lo que James no podía entender era como alguien atacaba a una niña que apenas sabía sujetar una varita, o a su primo quien, a pesar de que sonara mal, no era nadie especial.

Él siempre había sabido que quería luchar no le interesaba trabajar, ni ganar dinero, no al menos hasta acabar con esta guerra y traer paz y justicia. Así se lo dijo a su profesora el curso pasado cuando hablaron acerca de su futuro y las notas que debía sacar en los TIMO'S y a qué exámenes se presentaría. Estaba seguro que McGonagall había llegado a esbozar una sonrisa llena de orgullo detrás de aquellos papeles al escucharle, pero sin embargo, la estricta profesora en vez de halagarle, ese no era su estilo, le dijo que debía tener objetivos profesionales más allá de la guerra existente en el mundo mágico. Ahora la idea de luchar se volvía más nítida en la mente de James, mientras todo lo demás iba siendo relegado a segundos, terceros y cuartos planos, esa idea se mantenía constante e iba tomando forma en su cabeza. James Potter sabía una cosa acerca de él y su futuro, y era que él, James, lucharía.

Con eso en mente el único hijo del matrimonio Potter volvió a caer en un sueño intranquilo, aún con las gafas puestas y con la mano aún agarrando la varita bajo la almohada, en caso de que esta fuera necesaria en una emergencia. Cuando despertó al día siguiente las cosas no habían mejorado, todo seguía igual de caótico y sin solución alguna, cada día nuevo que pasaba se hacía más complicado encontrar respuestas. Y parecía que la vox populis empezaba más a culpar al estilo de vida de Tim que a un posible ataque de mortífagos. Por eso resultó un alivio cuando unos días más tarde su padre le anunció de que era hora de que volviese a Hogwarts.


Había pasado una semana y media desde los incidentes y James se estaba preparando para volver a Hogwarts, ese día tendría lugar un funeral en Hogsmeade en honor a la "Pequeña Lissy", apodo que había sido otorgado por la prensa a la niña, el azabache encontraba esto mórbido, incluso repugnante, ¿qué clases de personas apodaban a una niñita que había sido asesinada? Todos los alumnos que quisieran, tenían permiso para asistir al funeral, sabía que sus amigos irían y estaba seguro que sus compañeras de año acompañarían a Heather.

Antes de marcharse de casa James paso por el despacho de su padre a despedirse, dentro de él se encontró no solo con el señor Potter, pero además estaban con el Ojoloco Moody, y un chico joven. Si no recordaba mal, ese chico iba unos cuantos años por delante de él en Hogwarts, lo cual no explicaba que hacía en el despacho de su padre. Los tres guardaron silencio abrupto cuando el adolescente entro en la sala, James apenas tuvo oportunidad de acercarse unos pasos a la mesa de su padre cuando este se puso en pie y se adelantó hasta donde estaba él para sacarlo del despacho y despedirse fuera de la vista de los otros dos. La despedida fue breve y un tanto impersonal, poco propia de su padre, aunque el adolescente pensó que apenas había visto a su padre en esos días, ni siquiera en las comidas o la hora del té y estaba seguro de que no se iba a la cama a la vez que su madre. Lo más probable es que su apatía se debiera a todo el caos de su alrededor, que seguro le generaba mucho trabajo.

Un rato -largo- después su madre y él, anduvieron hasta la verja de la mansión siendo escoltados, bajo órdenes del Ministerio, por un grupo de aurores jóvenes y el mismísimo Ojoloco. Quién había salido del despacho de su padre unos minutos después de este volviera a entrar. Desde los límites del terreno, su madre y él hicieron aparición conjunta hasta Hogsmeade. El adolescente era consciente de que su madre conocía de sus habilidades para desaparecerse, pero aunque James lo hubiese hecho muchas veces, aún no tenía su licencia de aparición, ya que aún no había alcanzado la mayoría de edad mágica que te permitía obtener la licencia. Por ende, James sabía que no era buena idea cometer ningún delito, delante de los aurores, menos aún de Ojoloco Moody. Quién fue con ellos hasta Hosgmeade, el auror afirmaba estar allí en capacidad oficial, para asegurar el perímetro, pero James sospechaba que la realidad era otra muy distinta. Para él no había pasado desapercibido como Moody se había pasado los días entrando constantemente en el despacho de su padre. A veces solo, otras acompañado por el mismo auror que estaba esa mañana en el despacho, y si no se equivocaba estaba seguro de que el mismo Dumbledore había estado alguna vez presente. Aunque nadie le había confirmó esto a James nunca.

Además, desde hacía tiempo, antes incluso, de los incidentes, James había notado como en su casa entraban continuamente personas distintas. Todas ellas se dirigían al despacho de su padre al lado del laboratorio de pociones, algunas de esas personas resultaban totales desconocidos, otros eran gente como Caradoc, Alastor, la señora Figg y demás, que James conocía desde que era pequeño. Siempre iban con una buena excusa, generalmente algo relacionado con pociones -teniendo en cuenta la fama mundial como pocionista de su padre, no resultaba extraño- o incluso en alguna ocasión, con temas relacionados con los negocios familiares. Pero James sospechaba que había algo más detrás, los patrones eran erráticos, no existía en ellos una constancia suficiente como para ser temas médicos o para llevar contabilidad financiera. Además, las personas que iban tampoco tenían mucho sentido, ya que eran muy diversas e inesperadas para temas aleatorios. El azabache había llegado a la conclusión de que todos ellos iban por una sola razón: su padre estaba metido en algo secreto.

Pero volviendo al presente, Euphemia había decidido acompañar a su hijo, porque quería presentar sus condolencias a la familia Quinn. Quienes -como cabe de esperar- resultaban ser altamente conocidos en la sociedad mágica y hasta el momento habían sido muy respetados. Los Quinn eran buenos amigos de los Potter, y al parecer también de la familia de su primo Timothy, los Caradoc. Además, la señora Potter le dejó claro al adolescente que, también quería hablar con la profesora McGonagall y mantenerla al corriente de su situación.

Nada más aparecerse, fueron parados por varios aurores, quienes les dejaron tranquilos al ver a Ojoloco. Los tres anduvieron en silencio hasta llegar a la plaza del pueblo, donde tendría lugar el homenaje. Cerca de la última hilera de sillas, James pudo vislumbrar a sus amigos esperándole. A pesar de la situación tan deprimente, el joven Potter no pudo evitar sonreír, con paso apresurado se dirigió donde los tres le esperaban, dejando atrás a su madre y a Ojoloco. En cuanto estuvo a su lado abrazó a sus hermanos con fuerza, a quienes había extrañado horrores en esa puñetera semana y media de locos.

- Vaya Cornamenta ya sabemos que no puedes vivir sin nosotros pero que solo han sido 10 días- ladró Sirius, cuando se soltaron del abrazo

- No le hagas caso, lleva toda la semana llorando porque su novio no estaba- contraatacó Lupin.

Eso provocó que el licántropo se llevará un puñetazo suave en el brazo además de una pequeña risa del grupo, sin embargo no llegó a más, el ambiente alrededor era demasiado pesado. James percibió que Peter apenas había sonreído y le pasó un brazo por los hombros, dándole un fuerte apretón.

- ¡Venga Pete anímate un poco, que ya estoy aquí!- exclamó el morocho.

- Si claro si eso es genial pero..., lo siento es que es triste, ¿sabéis? -Parecía que le costaba cada palabra que decía. -No me había dado cuenta hasta que vi la foto, pero me la cruce en el tren. Apenas podía con su baúl, era más grande que ella, y ¡ella era tan pequeñita!..., le ayude a subirlo abordo. En un principio no quería dejarme ayudar, -hizo una pausa y una sonrisa melancólica se formó en sus labios -decía que ella "ya era mayor y que podía con él sola", pero al final cedió. Estaba muy emocionada.

Los otros tres se quedaron en silencio sin saber qué decir. Ni siquiera Sirius pudo hacer una broma.

- Me dio un abrazo en agradecimiento, y eso no es lo peor James, ¡deberías escuchar las historias que cuentan las chicas! Hablan de ella como un angelito -sonrió tristemente el rubio -seguro que hubiera sido hufflepuff, era buena, se podía ver.

- Seguro que sí Colagusano -el joven Black no pudo más que afirmar y palmear la espalda a su amigo.

- ¿Cómo están tu primo Tim y su familia, James? -Preguntó Remus en un vano intento de desviar la atención hacía algo... ¿mejor?.

- Mejor, ahora por lo menos las heridas están sanando aunque aún no está consciente..., pero le van a quedar cicatrices por todas partes -contestó el joven mientras se encogía de hombros.

Sin nada más que decir, y perturbados por la seriedad de su conversación los adolescentes avanzaron por las filas de sillas dispuestas en la plaza hasta sentarse un poco por detrás de sus compañeras de curso.

El velatorio que siguió fue uno de los más tristes a los que James había asistido. Fue oficiado por alguien del ministerio, alguien que probablemente había pedido hablar para darse a conocer, después de que el tipo dijera unas palabras Dumbledore tomó su lugar, aprovechando para intentar concienciar a los jóvenes de la tragedia y de que en este momento era más necesario que nunca mantenerse unidos. A pesar de las palabras emocionales del profesor lo que más conmovió, y entristeció a los presentes fue el discurso de Heather Jorkins, James sintió un nudo en la garganta cuando escuchó a la joven gryffindor hablar de la pequeña y dirigirse a la familia con todo el pesar y el dolor del mundo, detectables en su voz. La ceremonia terminó con la imagen de Lissy siendo proyectada en el cielo, por el mismísimo Dumbledore. Desde arriba ella les observaba etérea, perfecta como un pequeño ángel, no había rastro de sangre o heridas como en la foto del periódico o del despacho que James había visto, pero sí una sonrisa pacífica. Y el joven Potter encontró eso excesivo y hasta un tanto cruel por parte del director, pero se guardó su opinión.

Los padres de la niña habían acudido y estaban sentados al lado de la tarima desde la que hablaba la gente. La madre tenía el mismo cabello rubio que James había visto en la fotografía y un aire de derrota, de él padre no destacaba nada en particular más que sus ojos azules y su nariz torcida. James, sin embargo, no podía deshacerse de la sensación de que había visto antes a ese hombre. A uno de los lados de la mujer se encontraba su hijo, esté pasaba de forma protectora su brazo sobre los hombros de su madre, debía tener unos 8 años. También era rubio, y con los mismos ojos azules de su padre. Pero estos estaban enrojecidos, igual que su piel, rastro que había dejado el llanto continuo en su piel. Y por el otro lado de la mujer, había una niña, la madre apretaba fuertemente la mano a su hija que tendría apenas 5 años, la presión que ejercía era tal que desde donde James estaba sentado era capaz de verlo. El azabache, podía ver como la niña tenía las puntas de los dedos rojas y blancas, signo inequívoco de una mala circulación. La diminuta niña era sin duda una copia de Lissy en miniatura.

Sin embargo, la pequeña parecía haber comprendido la situación, a pesar de sus escasos cinco años, y se mantuvo sería todo el rato sin soltarse en ningún momento del agarre de su madre, mientras lágrimas caían sin parar por sus mejillas, llorando a su hermana mayor. Solo al terminar la ceremonia la niñita se alejó de la señora Quinn. Potter observó como la niña corrió lo más rápido que sus cortas piernas le permitían y con lágrimas en los ojos saltó encima de Heather quien estaba sentada en primera fila junto a sus hermanos, la adolescente la apretó fuerte contra sí y empezó a mecerla para controlar el llanto que pugnaba por salir de ella.

Bajo las órdenes de Flitwick los jóvenes se empezaron a retirar rumbo a Hogwarts. Los merodeadores permanecieron sentados en sus sillas, viendo como sus compañeras de casa esperaban a Heather, quién se había acercado junto a sus hermanos a hablar con la familia Quinn. Mientras el azabache observaba como la señora Quinn abrazaba fuertemente a Heather dejando caer todo su peso sobre la castaña. James fue a despedirse de su madre, seguido de cerca de los otros tres merodeadores, Euphemia se encontraba hablando entre susurros con Ojoloco y McGonagall, los tres brujos estaban en una esquina apartada y mantenían el semblante serio.

- Mamá -James carraspeo para hacerse notar -vengo a despedirme, nos vamos ya al castillo -disculpándose la señora Potter se alejó de los otros dos adultos.

- Bien, ahora quiero que me escuches. Tu padre y yo te mantendremos informados de cómo evoluciona Timothy, pero James por favor este año no quiero ninguna estupidez. Sé que eres mayor pero te lo suplico no te escapes a Hogsmeade, y no finjas que nunca lo has hecho, nos conocemos hijo mío. No te metas en peleas con ningún purista, no gastes más bromas de las necesarias, no digas tus opiniones a gritos y por favor ten cuidado. Debes mantener un perfil más bajo que nunca ¿está claro? -No le gustaba nada de lo que estaba escuchando, pero James sabía que su madre le decía todo aquello porque estaba aterrada. Tenía miedo de que algo malo le ocurriera a su hijo, y él no le iba a dar más motivos de los necesarios para preocuparse. -Al menos hasta que Timothy esté a salvo, una vez pase eso ya veremos, -se resignó su madre, que conocía bien a su hijo -pero por lo menos hazlo hasta entonces, ¿entiendes? -James asintió con pesadez, -y esto va por todos, sobre todo tu Sirius.

- Si Euphemia, -asintió el adolescente.

- Si mamá -corrigió ella con una sonrisa triste pero llena de amor -ahora dadme un abrazo fuerte y un beso, todos -remarcó la última palabra mientras se despedía con un beso y un abrazo de cada uno de los muchachos, imprimiendo especial cariño en el de Sirius y James.

Sin embargo, antes de dejarles marchar, Euphemia cogió a Remus por banda.

- Cielo, sé que tienes muchas cosas en las que pensar. Pero necesito que me prometas, que vas a intentar cuidar de esos dos tontos, que harás todo lo que puedas. Si algo les pasara..., -se cortó ahí mismo -tu eres el más responsable y sensato de los cuatro.

- No se crea señora Potter, James tiene mucha cabeza.

- Remus por favor -prácticamente lo suplico.

- Está bien, le prometo que haré todo lo que pueda para mantenerlos fuera de peligro.

- Gracias.

Mientras volvían a Hogwarts andando, ya que los carruajes eran limitados y habían sido predispuestos para que los ocuparan los más pequeños. James se alejó unos pasos, del pequeño grupo compuesto por sus amigos y algunas de las chicas de su curso y casa. El triste acontecimiento, por lo que pudo notar, les había llevado a sentirse más unidos, al menos en señal temporal de apoyo y respeto hacía Heather. El grupo, para él por lo menos, resultaba una mezcla extraña.

Encabezado por Sirius quien había dejado a un lado su habitual sentido del humor y se veía especialmente serio. Al lado de él -sin tocarse pero- más cerca de lo normal, se encontraba Blish. Seria como siempre, pero esta vez en su rostro había una expresión de tristeza y sus ojos dorados, normalmente inteligibles, dejaban ver el estrago que este acontecimiento había causado en ella. A la izquierda de la negra sorprendentemente iba Macdonald. La castaña hija de muggles, con su brazo izquierdo agarraba fuertemente el brazo derecho de Heather, mientras las lágrimas caían libres por su rostro.

Heather iba posicionada estratégicamente según lo que pudo ver, entre Adam y Mary, sus ojos verdosos demostraban un dolor profundo y parecía que el discurso le había quitado sus últimas fuerzas. Adam giraba la cabeza cada poco hacía ella, temiendo que se fuera a romper en cualquier momento, como una muñeca de porcelana. Y finalmente Remus y Peter iban unos pasos por detrás de ellos, cerrando la marcha. Se mantenían serios, pero hablaban en voz baja entre sí. El licántropo parecía más cansado que nunca como si le hubieran echado encima treinta años y Peter simplemente no era él, no tenía esa sonrisa que siempre adornaba sus labios, ni sus ojos tenían ese brillo especial.

Potter no pudo evitar preguntarse dónde estaría Evans, era la única de gryffindor que faltaba, sin embargo distinguió la melena de la pelirroja unos metros más allá detrás de ellos. No estaba sola, a su lado marchaba una raramente llorosa Marlene y una inimaginable apagada Meadowes. Por un segundo James se preguntó si habría pasado algo entre las chicas, pero descartó la idea, probablemente Marlene no querría llorar frente a Jorkins, pero seguramente, el temor de saber que su hermana tenía la misma edad que Lissy Quinn no le permitía controlarse.

A pesar de todo, de los llantos, del dolor, de ver como moralmente se encontraban destrozados, James notó que algo había cambiado, no sabía que era pero algo era diferente.

Unas horas más tarde sentado ya en su cama, el joven merodeador no paraba de revivir una y otra vez esas semanas, el cuerpo maltrecho de Tim, los aurores llamando a su puerta de madrugada, los llantos de su madre, la desaparición de la niña, cuando hallaron el cuerpo, los continuos avisos de socorro que llegaban. El cuerpo de su primo completamente destrozado hasta el punto de ser básicamente irreconocible, y las demás noticias devastadoras que llegaban todos los días para los aurores, quienes muchas veces se veían sobrepasados por lo que pudo comprobar.

La lluvia que había empezado a caer golpeando los cristales de su habitación en la torre de gryffindor le saco de la espiral en la que su mente se había metido. Entonces James Potter miró a su alrededor, a aquellos que había conocido hacía ya seis años y que se habían convertido en sus hermanos, con quienes había compartido cuarto durante cinco largos años y pronto serían seis. Y supo, aunque creía que siempre lo había sabido, que moriría por ellos, incluso por Robins. Por todos ellos, por traerles paz, por darles un mundo mejor y una oportunidad de vivir.

La rabia y las ganas de luchar contra todo lo que era injusto llenaban al joven, un fuego que parecía arder en la boca del estómago de James desde hacía varios días se encendió con más intensidad.


¡Hola gente! ¿Qué tal estáis? Yo estoy muriéndome por ver si os gusta la forma que va tomando la historia. Es una historia lenta y progresiva así que voy a ir con calma. Sorry por tardar tanto.

Quiero daros las gracias por leer, y especialmente a Paula, quién ha sido la única que me ha dejado un review. Y a quién se me olvidó agradecerle en el capítulo anterior.

Saludos,

B.