CAPITULO CINCO.

Un año dura 365 días y 4 horas, es decir, 8.766 horas, o lo que es lo mismo 525.960 minutos incluso podríamos medir la duración de un año en segundos, 31.536.000 segundos. Sin embargo, a pesar de ser capaces de saber exactamente cuantos segundos tarda en dar la tierra la vuelta al sol, no resulta incalculable estimar el valor total de ese tiempo. Puesto que el tiempo no se calcula en segundos, minutos, horas o incluso días, si no en los actos que se realizan mientras las agujas del reloj van pasando. Todos hemos vivido esa sensación de pesadumbrez cuando nos hemos tenido que despedir de alguien tras horas pensando que solo habían sido unos minutos. Algunos pocos conocen el sabor agriulce de ver un mes volando en las hojas del calendario y los menos afortunados han experimentado esa opresión en la garganta y dificultad al trgar cuando un segundo se ha hecho eterno.

Por eso este autor puede expresar con absoluta certeza que en 1976 pasaron muchas cosas, algunas de ellas fueron grandes acontecimientos que cambiaron el curso de la historia tal y como la conociamos, y que en el futuro se seguirán conmemorando y estudiando. Otras resultaron increíblemente insignificantes. Sin embargo en 1976 pasaron muchas cosas. Puesto que 31.536.000 segundos dan para mucho.

La vida, a diferencia de lo que nos hacen creer los cuentos, las series o incluso las comedias románticas, no se basa en grandes acontecimientos, si no -al menos desde la perspectiva de este autor-, más bien, en un trazo continuo de pequeños detalles poéticos que conforman nuestro día a día, y van dando forma a nuestra historia. Aquellos que pasan desapercibidos, y que sin notarlo marcan la diferencia, que te llenan de satisfacción con su mera realización y que sin desearlo pasan a formar parte de tu rutina. Por eso, cuando uno se ve obligado a irse de un sitio y siente la melancólia inunando cada poro de su piel, lo que recuerda no son las cosas legendarias. Más bien pequeños detalles que pueden parecer superfluos, como puede ser; el olor del café por las mañanas inundando la cocina, el ruido de la puerta de tu vecino al cerrarse antes de salir, la señora cotilla del cuarto que siempre te saluda y cuenta el último chismorreo, ese chorro de agua fría que te golpea el cuerpo antes de que salga caliente, el olor hierba recién cortada en la calle, o el que deja una tormenta en el aire, y otras tantas cosas así.

Y ese es el motivo principal que hace que a nosotros a pesar de los grandes acontecimientos de 1976, nos interesen las muchas cosas que llevaron a nuestros adolescentes a ser quienes eran.

Por eso, mientras que en 1976 tenía lugar la Masacre de la Universidad de Thammasat, yo os cuento como James Potter encontró paradójico, que aquello que se había jurado olvidar, era la principal fuente de su felicidad.

O como en Septiembre de 1976 en Argentina se perpetra "La Noche de los Lápices", en Inglaterra Regulus Black percibía bucólico, que a veces aquello que nos puede salvar, es eso que escondemos en lo más profundo de nuestro ser.

O que cuando el presidente Carter es elegido en Noviembre 1976, Remus Lupin veía sarcástico, tener que ocultar la verdad a la primera persona de Hogwarts que había conocido sus secretos.

Y finalmente que mientras que Fidel Castro llega a la presidencia de Cuba el 2 de Diciembre de 1976, Mary Macdonald descubría lisonjero, poder pagar con la misma moneda.


Después de los acontecimientos de las últimas semanas, la rutina supuso un alivio para los jóvenes. La vuelta a la normalidad y el horario de las clases obligaba a los estudiantes a centrarse en los ensayos y trabajos que debían entregar, en los exámenes parciales que debían afrontar y en las pruebas mágicas que debían pasar, y los hechizos que debían dominar. Y a los profesores les daba una excusa para mantenerse ocupados. En vez, de que todos ellos tuvieran tiempo para hacer conjeturas y preocuparse en exceso por lo que podría ser o quién estaría detrás. Si bien, la carga de trabajo no había drenado el aluvión de cotilleos que decoraban las paredes de Hogwarts, sí que había frenado un poco el terror que se había estado colando en el castillo desde principios de curso.

Y a pesar de todos los esfuerzos de los profesores el ambiente en la torre de gryffindor se sentía de todo menos rutinario. Los leones no habían vuelto a ser los mismos desde la pelea, de alguna forma los merodeadores sentían que la situación aún era peor para ellos. Puesto que los chicos aún no tenían claro sí sus compañeras de curso conocían o no, el secreto mejor guardado de Remus. Provocando comportamientos bastante cuestionables por parte de alguno de ellos hacía las chicas, quienes aún no habían llegado a perdonar a Remus por haber abandonado a Lily sola en un momento tan crítico para alguien como ella. En fin, las cosas no podían estar más lejos de lo que se denominaba normal en esa casa. Todos sus miembros, incluyendo a aquellos a quienes la pelea no había afectado directamente, se esforzaban por mantener la apariencia de cara hacía fuera. De las cuatro casas que conformaban Hogwarts, los tejones y los leones siempre se habían jactado de su espíritu de hermandad, y este estaba siendo cuestionado, no solo por el resto del alumnado, si no también por sus propios integrantes. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos titánicos de sus miembros, resultaba inevitable para el resto del colegio ver que los leones estaban más divididos que nunca.

Por suerte o por desgracia, aunque todos habían oído hablar ya de la pelea en la torre de gryffindor tan solo unos pocos se habían enterado de que Remus había acabado en la enfermería antes de eso. Y alguno más conocía el estado en el que Lily había sido llevada a la sala común. Sí los gryffindor habían respetado algo con extremo recelo, era el hecho de que la famosa pelirroja de carácter indomable había sido atacada y herida, todos en la torre sabían que esta se había negado a decir nada. Y Lily a cambio del silencio de su casa, tuvo que ir al despacho de McGonagall, después de su viaje a la enfermería, pero contrario a lo que la mayoría de los leones pensaba. La charla había sido acerca del cuidado y la alimentación que el cuerpo debía recibir, y de lo estúpidas que resultaban las jóvenes de hoy en día. Sí Lily se había ahorrado unos cuantos detalles del ataque, era porque sabía que tras esa apariencia de piedra que poseía la jefa de su casa, se encontraba alguien con un corazón blando, el cual latía por sus alumnos.

Cabe destacar, que la discreción, nunca había sido el punto fuerte de Sirius, y este no había dudado en crear un frente en común contra el grupo de Lily junto a Toddler, cuando James había hablado con el al respecto, el pelinegro había dejado claro que era una mera represalia por ser tan cotillas, pero el azabache estaba convencido de que iba más allá. A esto había que sumarle que Remus evitaba a toda costa toparse con ninguna de las chicas por miedo. Si la situación ya era tensa en la sala común, las clases con los de sexto de gryffindor se volvieron insoportables, y ahí sí que había sido abiertamente demostrado. Las miradas acusadoras volaban de un lado a otro, los pequeños tropiezos y fallos siempre estaban acompañados de comentarios que rozaban la crueldad y no se veía ni una sola sonrisa de amabilidad o compañerismo entre los dos grupos, los leones habían empezado a quedarse atrás en el marcador de la copa de las casas. Y aunque como siempre sucedía en Hogwarts, apenas unos pocos conocían el motivo real de todo aquel malestar, eso no hacía que el resto del alumnado no tuviera opiniones propias sobre el tema.

Pero lo peor de todo, la situación que se llevaba la palma era el campo de batalla en la que se había convertido el cuarto de las chicas de sexto de gryffindor. Era sin duda más una zona de guerra más que un espacio en el que poder convivir. Cada vez que Emmeline o Elea se encontraban cerca de alguna de las otras cuatro, Lily temía que se desatará el caos y acabará alguna en la enfermería, aunque la pelirroja intentaba contener el carácter explosivo de sus amigas, en especial el de Blish y Mary. Le resultaba muy difícil, ya que ella misma tenía que luchar contra sus propios impulsos para no hechizar a la joven y borrarle esa estúpida sonrisa falsa. Por supuesto que se había enterado de lo sucedido en la sala común, en su ausencia. No había secreto en Hogwarts que se quedara oculto, eso era de conocimiento público, en el castillo las paredes tenían oídos. Y menos si este se trataba de ti o de tus amigas.

En definitiva a pesar del mal momento que se estaba viviendo entre los leones de sexto, la lealtad y nobleza de todos los estudiantes gryffindor seguía siendo fiel a su casa, y aunque ninguno de ellos entendía bien los motivos detrás de la mente de la pelirroja de no querer revelar el ataque, lo respetaban. A pesar del sentimiento de hermandad, la actitud de unos pocos, nuevamente los de sexto, se expandía por toda la torre como la viruela, creando una sensación de malestar general.

Por desgracia, la torre de ravenclaw seguía de cerca al sentimiento depresivo que se había impuesto sobre gryffindor. Ya que cuando el novio de Heather, Edward Turpin, se había enterado de lo que Emmeline había dicho monto una buena, al parecer las amigas ravenclaw de Toddler y Lynn habían metido baza. Y entre ellas y Edward había habido una buena bronca, por la cual Marlene y Dora también se vieron afectadas. Ahora mismo la pareja que llevaba saliendo felizmente casi dos años y medio, veía su relación al borde del abismo amenazando con una ruptura inminente. Y finalmente aunque hufflepuff se hallaba lejos de la fuente del conflicto de la pelea de las leonas, se unía en su malestar al resto de casas. Al ser la más afectuosa y empática en general, y también por tener amigos en todas las casas. Claro que el hecho de que Adam Robins fuera prácticamente uno más allí, también había contribuido.

Emmeline Toddler había pasado a ser una de las chicas más deseadas de Hogwarts a una de las más odiadas, pero a la völva le daba igual, mientras ella pudiera mantener sus rutinas.

La única casa que no parecía afectada por todo esto era slytherin.

A pesar de todo esto, en gryffindor seguía existiendo una persona que estaba colmada de la más absoluta felicidad. Dicha persona era James Potter, aunque el joven había renunciado a tener ninguna relación romántica con Lily o de cualquier otro tipo, las cosas no habían salido así. El hecho de ser solo amigos era más de lo que nunca hubiera podido esperar, y que ella hubiera aceptado estar cerca del él sin una obligación de por medio, le hacía muy feliz. Por eso el joven vivía inmerso en su mundo, ignorando a los de su alrededor y su malestar, era el único de los merodeadores que hablaba con las chicas. Seguía bromeando con Blish, ayudando a Mary con transfiguraciones y se sentaba todos los días un rato a hablar con Marlene, además de por supuesto comentar jugadas con Dora (lo cual le divertía en esceso, por sus ideas únicas) y saludar a Lily todas las mañanas con una sonrisa.

Ese día en concreto era sábado por la mañana, uno de esos de invierno en los cuales el sol cae a través las hojas marrones de los árboles, en los que el cielo apenas tiene nubes, uno de esos en los que la brisa fría que arrecia era suficiente para sentir como los pulmones se cortan con solo respirar profundo. Sin embargo todo a eso a James Potter le daba igual, tampoco le importó que afectará a sus jugadores en el entrenamiento de quidditch que había convocado para ese día. A el todo le parecían condiciones únicas para jugar al quidditch, y más teniendo en cuenta que la temporada empezaba ya y a penas habían entrenado. Lo cual resultaba frustrante, más si valoraban el hecho de que ese año había varios novatos en el equipo, y aún tenían que pulirse.

Como capitán del equipo era su responsabilidad no solo que todos dieran lo mejor de sí, sino además facilitar las cosas en lo posible a su equipo. Por ello se encontraba a las 7 de la mañana de un sábado en el campo de quidditch, él había ido media hora antes al campo a preparar todo para el entrenamiento, mientras sus chicos desayunaban.

Las primeras en llegar al campo fueron Blish y la pequeña Lazy Bones, una alumna de cuarto que había sido su descubrimiento el curso pasado. Ambas saludaron a su capitán y se fueron directas al vestuario, mentalizándose de lo que les esperaba. Una vez estuvieron todos, los titulares y suplentes incluidos dio por comenzado el entrenamiento. James Potter podría ser un desastre y un irresponsable para muchas cosas, pero no cuando se trataba de quidditch.

Su entrenamiento, siempre, estaba dividido en tres partes: físico, estrategias y práctica.

- Buenos días, confío en que hayáis tenido tiempo suficiente para despertaros y desayunar. Porque quien no esté al 200% en mis entrenamientos estará fuera del equipo en menos de lo que se tarda decir quidditch ¿entendido?

- Si capitán -asintieron todos los jugadores a una, esto hizo sonreír a James.

- Bien pues por parejas para la primera parte del entrenamiento, físico. -Se escucharon algunas quejas que fueron rápidamente sofocadas por una mirada del azabache -Blish como segunda al mando te pondrás conmigo y ayudarás a supervisar que el resto cumplan con los ejercicios. Y pobre del que no haga lo que he mandado. ¡A ello, vamos!

Los miembros del equipo se miraron entre sí y suspiraron, iba a ser una mañana dura.


Regulus Black observó con hastío a sus compañeros, como siempre estaban hablando de tonterías y chiquilladas. Como si la aparición de panfletos o el ataque a Evans sirviera de algo. Suspiró, estaba cansado de esas nimiedades, él no debía estar ahí con ellos, el ya tenía la marca. Y debía estar sirviendo a su señor de verdad, fuera de Hogwarts si solo Bellatrix le mantuviera informado.

Paseo su mirada por el grupo, Avery, Mulciber y Rosier estaban sentados en el sofá grande, y el resto dispuestos a su alrededor como perritos falderos. Avery se había autoproclamado cabecilla del grupo, nadie se atrevía a contradecirlo, Mulciber era básicamente su mano derecha y el que, por así decirlo, hacía el trabajo sucio. Y Rosier, se trataba de una fan incondicional a la que se podía tirar cuando quisiera, a Regulus le entraba la risa de solo pensar lo que haría Evan Rosier si se enterara de eso, estaba convencido de que fuera lo que fuera no sería bonito. El único que no parecía obnubilado además del propio Regulus era, Severus Snape, quien a pesar de estar dentro de ese círculo se mantenía al margen. En ese momento se encontraba sentado en una mesa detrás del grupo, lo suficientemente cerca para formar parte, pero lejos como para que nadie le perturbara. Y escribía sin parar en uno de sus libros ignorando la conversación.

El pequeño de los Black apartó su mirada del grupo y la paseó de nuevo por la sala común con aburrimiento. El joven tenía claro que a diferencia de lo que muchos pensaban fuera de su casa, no todo slytherin apoyaba la misión del Lord. De hecho la mayoría de los slytherin solo eran niños que no sabían lo que ocurría realmente más allá de las paredes del castillo. Regulus estaba convencido de que si aquellos chicos supieran lo que realmente hacían sus padres en nombre de su señor, se mantendrían callados. Ya no tanto por la impresión que podría causarles, si no además porque no existía ni una sola actividad realizada en nombre del señor oscuro que fuera legal. A veces no entendía como esos chicos habían acabado en su casa, pues a la mayoría les faltaba el cerebro necesario. Desde su punto de vista eran mucho más merecedores de pertenecer a la noble casa de Salazar aquellos que se mantenían callados en los lados. Porque eran lo suficientemente astutos para guardarse sus opiniones, y no molestar a sus compañeros. Sus ojos grises como el metal recayeron en una chica de su curso, la epitome de su línea de pensamiento actual, Celine Cosmello.

Se trataba de una bruja de procedencia italiana. Por lo que había oído, la familia de la joven debía de tener el mismo estatus en Italia que los Black en Inglaterra. Sin embargo, hacía unos años que se habían mudado, la caída del Grindelwald en el continente había creado un fuerte rechazo ante las familias sangre pura. Esto no había ocurrido en las islas, aunque Regulus admitía que si que había implicado algún cambio, ninguno que se pudiera comparar, con los que habían sufrido aquellos países que habían mostrado su apoyo al mago. Regulus, sabía que los Cosmello se habían mudado cuando su compañera era muy pequeña, apenas tendría cinco años, ya que la niña había empezado a aparecer en fiestas de la alta sociedad mágica inglesa al rededor de esa época. Sin embargo el joven Black apenas la conocía. Por lo que había oído, el padre de la joven había conseguido mantener varios negocios familiares a flote, sin duda debido a su estelar reputación. Y era lo que les había comprado la entrada a las fiestas.

Sus rasgos mediterráneos la hacían extremadamente exótica y atractiva, poseía una piel bronceada tono aceituna, un largo y sedoso cabello negro ondulado, unos ojos color chocolate y unos labios gruesos y rosados. Sin duda alguna era la chica más guapa de todo slytherin. Se decía que muchas familias sangre puras habían tratado de arreglar un matrimonio con ella, pero el padre de la joven había rechazado todas. Nunca había llamado la atención de Regulus especialmente, a decir verdad el joven no mostraba interés en ninguna chica nunca, solamente le había interesado una en toda su vida, pero no podía ser. Sin embargo, ese año había estado observando más a todos sus compañeros. No por inte´res, pero su madre ya le había informado de su obligación de perpetuar el nombre de la noble y ancestral casa Black. Y Celine Cosmello había pasado a ser alguien intrigante, no porque le atrayese, si no por el misterio que la envolvía.

Casi no se relacionaba con nadie de slytherin, Rosier había intentado incluirla en su grupo como le gustaba hacer con todas las chicas meramente atractivas y sangre puras de slytherin, sin embargo Cosmello había declinado su invitación. La había visto hablar únicamente con el hijo de Bartemius Crouch, dentro de slytherin pero sí sabía que tenía amigos en otras casas. Justo en ese momento la chica levanto la mirada del libro que estaba leyendo, y gris y marrón chocaron. El pequeño de los Black intentó leer algo en aquellos ojos, pero se mantenían impertérritos, entonces ella hizo algo que le sorprendió. Sonrió, no una sonrisa calculada o fría, si no una de aquellas en la que demuestras que sabes lo que el otro está pensando, y luego asintió con la cabeza en su dirección, antes de retirarse fuera de la sala común.

Regulus la siguió con la mirada mientras se iba, Celine era un ministerio en algunos temas, porque en otros él tenía claro que no. Sin embargo se había convertido en un misterio que le interesaba.

La conversación del grupo le hizo volver a la realidad.

- Fue brillante ni siquiera sabe quién lo hizo -escuchó como decía alguien a Avery -estará cagada esa sangre sucia -varios rieron ante eso.

- Si, pero no era lo que queríamos -dijo Rosier -¿verdad Polux?.

- No, no lo era Snape -Avery llamó al mestizo -aún no has cumplido tu misión. Y no tengo que recordarte que si no lo haces, no podrás entrar.

- Lo sé, es que…

- No hay excusas, todos tienen que demostrar que creen en la causa -salto Mulciber.

- Tranquilo Mulciber -intervino Avery -Snape queda advertido, ahora bien, vendrá a la próxima reunión de Hogsmeade y no creo que estén muy contentos con el y su desempeño. Ahora callad, se supone que nadie fuera de gryffindor sabe lo que le sucedió a esa sangre sucia.

Regulus cansado de tanta tontería se incorporó para irse, era sábado y tenía todo el día por delante, pero una voz le retuvo.

- ¿A dónde vas Black?

- No te incumbe Avery.

- Lo hace cuando estamos hablando de la próxima reunión Black, sabes que soy el que han asignado para…

- Y tu sabes quien soy yo -los ojos de Regulus se habían oscurecido, hasta volverse completamente negros, dándole un aspecto amenazador, un tanto salvaje y animal -un Black no recibe órdenes de nadie, las imparte. Que no se te olvide quién es tu superior Avery, no importa que te hayan asignado.

Y con la misma se fue de la sala común.


Hacía una semana que los carteles habían aparecido, hacía una semana que la salida a Hogsmeade se había cancelado, hacía una semana que gryffindor había entrado en una pelea interna, hacía una semana que las discusiones y gritos se daban diariamente en el cuarto de las chicas, hacía una semana que había sido atacada y hacía una semana que había hecho un pacto de amistad con James Potter.

Lily Evans decidió que ese día iba a dejar el mundo un poco en paz y esperaba que este en retribución hiciera lo mismo por ella, sin embargo de alguna manera u otra estaba segura que no iba a suceder. Su presentimiento se hizo real cuando escuchó golpes al otro lado de la cortina de su cama, cuando las entreabrió lo suficiente para ver que sucedía fuera, deseó no haberlo hecho.

Mary y Toddler estaban discutiendo en el centro de la habitación, como cada mañana desde hacía una semana, a pesar de que los días pasaban las cosas no parecían calmarse. La castaña apretaba fuertemente los puños y parecía dispuesta a darle una lección a la rubia a la manera muggle. Mientras Heather observaba a las dos chicas pelear sin intervenir y Elea Lynn tiraba con insistencia de la túnica de su amiga.

La pelirroja se pregunto porque Angelina aún no las había separado o mandado al diablo, pero después se acordó de que era sábado, lo cual significaba que el plan de entrenamiento intensivo de Potter ya había empezado. Cerró los ojos y respiró profundamente tres veces antes de incorporarse del todo y salir de la cama, sí definitivamente el mundo no era capaz de dar un suspiro a Lily Evans.

- ¿Se puede saber qué pasa ahora? -Las dos adolescentes se giraron hacia ella.

- Ya está la perfecta Evans arreglando problemas ajenos, vuélvete a la cama esto no te concierne -respondió Emmeline.

- Te recuerdo Toddler que no solo soy perfecta, si no que soy una una perfecta prefecta. Asi que sí, las peleas sí me conciernen y sobretodo las que tienen lugar en mi habitación y me impiden dormir -intento que su voz sonara calmada a pesar de su irritación.

- ¿Y qué vas a hacer quitarme puntos? ¿Castigarme?

- No, -respiro profundamente antes de seguir -simplemente estoy diciendo que resolváis la estupidez por la que os estáis peleando esta vez y rompáis la pelea. Me vuelvo a la cama.

- Mira Evans estoy hasta..

- Milly -intervino Elea -será mejor que lo dejes, por esta vez. Por favor es sábado y tenemos planes...

La rubia resignada, pero hecha una furia, dando un portazo salió de la habitación, Lynn rápidamente fue tras ella, no sin antes disculparse con el resto de la habitación. Lily se frotó el puente de la nariz intentando alejar el dolor de cabeza que había empezado a aparecer. Y miró a sus amigas.

- ¿De verdad? ¿Otra vez? -Las dos castañas asintieron -¿Se puede saber por qué esta vez?

- Pues que conste que no hemos empezado nosotras -aclaró Mary -me he despertado porque estaba rebuscando entre mis cosas.

- ¿Qué? -Lily abrió sus ojos esmeralda de par en par incrédula a lo que estaba escuchando.

- Sí, la muy cerda me ha acusado de haberle robado su cepillo, así que obviamente me he tenido que defender.

- Vale eso lo entiendo ¿pero me explicas como eso ha llegado casi a las manos?

- Pues lo de siempre, que si somos unas hipócritas, celosas, unas falsas, bla bla bla… ya sabes como es.

- Mer, ¿no has cogido su cepillo verdad?

- ¡Lily, por supuesto que no! ¿Por quién me tomas? Lo habrá perdido, sabes que yo no uso cosas ajenas y menos de gente como ella igual lo de ser zorra se pega...

La prefecta asintió y agotada se dejó caer en su cama entre risas contenidas debido al temperamento de su querida amiga, la pelirroja no pudo evitar pensar que sí, sabía como era Emmeline Toddler. Llevaba casi seis años compartiendo cuarto con ella. Se trataba probablemente, de la chica más atractiva de Hogwarts con su piel pálida, sus grandes ojos azules y sus rasgos nórdicos heredados de su madre. Sin embargo también era lo que se denominaba un "alma libre", Emmeline era sangre pura, su madre era descendiente de las völvas, por lo que sabía, Lily había encontrado ese detalle fascinante al principio hasta que conoció más a la chica. Emmeline Toddler era considerada rara hasta dentro de la comunidad mágica y eso a la rubia le encantaba, la adolescente creía en la meditación como canalizador de la magia, que el poder de la naturaleza debía ser consagrado, solo tomaba batidos verdes y era vegetariana, respetaba a los animales y se negaba a usarlos en pociones, lo cual le había costado un suspenso en los TIMOS y por encima de todo creía en el amor libre. Ningún alma estaba destinada o atada a una sola, lo cual le había otorgado mucha fama entre los chicos de Hogwarts.

Si, Lily conocía a Emmeline Toddler y aunque a veces encontraba sus rarezas interesantes, sabía que la chica tenia otro lado mucho más superficial y agotador, que por mucho que intentara fingir que no existía, seguía estando ahí y resultaba ridiculamente exhaustivo.

- Solo quería un día tranquilo -murmuró la pequeña de los Evans.

- Lily, esto es Hogwarts, aquí no existen días tranquilos -y con eso Mary se metió al baño para cambiarse, mientras Heather retomaba la lectura de su libro.

Una vez Mary estuvo lista las dos castañas se despidieron de su pelirroja amiga y partieron a desayunar dejándola sola en el cuarto. Sin embargo el sueño ya se había ido de su cuerpo y la situación de su cuarto le había turbado lo suficiente para saber que necesitaba despejarse.


Remus Lupin, milagrosamente había conseguido que Peter saliera de la cama antes de la hora de la comida ese sábado. Ambos leones se encontraban rumbo al gran comedor en ese momento, estaban solos ya que sus otros dos mejores amigos entrenaban esa mañana. James era el capitán del equipo mientras que Sirius era suplente, en palabras del pelinegro "así conseguía mantenerse en forma sin tener ningún tipo de responsabilidad real", así que los dos tenian la mañana ocupada.

Pero lo que era aún más milagrosamente sorprendente es que Remus John Lupin aún no había sido expulsado. Desde el martes por la mañana, el día en que se enteró que sus compañeras y amigas de casa sabían acerca de su pequeño problema peludo había estado esperando ese momento. Sin embargo, nada había sucedido, el joven sabía que debía contárselo a Dumbledore, el profesor había sido muy generoso brindándole esa oportunidad, sin embargo no le apetecía demasiado tener esa conversación con el anciano director de Hogwarts.

Llevaba varios días practicando en su cabeza como iría, y pasara lo que pasara nunca acababa bien, al menos no en su imaginación. Ya podía ver la cara que pondría su director al decirle que no solo sus tres mejores amigos lo sabían, sino también todas sus compañeras de gryffindor y seguramente varios alumnos más. ¿Había sido una locura pensar que podía ser un chico normal durante unos años? La respuesta era obvia, y Remus no entendía como había odido perder la perspectiva de la realidad tan facilmente.

Antes de entrar al gran comedor se aseguro de que no estuvieran ninguna de sus compañeras de casa y una vez comprobó que era así era, tomó asiento en la mesa de los leones con tranquilidad. Su desayuno por primera vez en toda la semana fue tranquilo. Eso, probablemente, también debía agradecerselo a James y Sirius, la falta de los dos chicos, sobretodo del último, suponía tranquilidad y calma por un rato, aunque a veces también se volvía tediosamente aburrido. No sabía como era posible, pero Sirius tenía la habilidad de sacar a cualquier persona de quicio en menos de 3 minutos. Además a esto había que sumarle su talento especial de poder hablar en cualquier momento, situación y lugar, sin parar aunque fuera científicamente imposible y la conversación no estuviera remotamente relacionada con él.

Peter y Remus iban por la mitad del desayuno cuando llegó el correo, como cada fin de semana después de la luna llena, entre el correo había una carta de sus padres en la que seguramente le preguntaban cómo había ido y si había habido algún inconveniente. Remus se permitió sonreír sarcásticamente, si tan solo sus padres supieran la verdad... le sacarían de Hogwarts inmediatamente y probablemente también se mudarían de país. Levantó los ojos del sobre justo cuando Mary y Heather hacían su aparición en el Gran Comedor, las dos leonas estaban también solas y parecían dispuestas a sentarse con ellos.

El pavor inundó al prefecto, quién apresuró a Peter para que cogiera unas cosas más de desayunar y salir de ahí lo antes posible, y asi evitar cruzarse con las dos castañas. A regañadientes y quejándose Peter tomó un par de cosas más de comida que guardó en el bosillo, el paquete que le habían enviado sus padres y "El Profeta" al que estaba inscrito, y siguió los apresurados pasos de Remus, quién ya había emprendido la huida. Sin embargo, el gran comedor solo tiene un puerta, y fue incapaz de evitar el encuentro con ellas en esta misma.

- ¿Ya os vais? Pero si acabamos de bajar -se quejo Mary.

- Si lo siento tenemos prisa, no queremos llegar tarde perderemos puntos y todo eso...

- Lupin es sábado -la hija de muggles miraba incrédula al licántropo -hoy no hay clase, no vas a llegar tarde a ninguna parte.

- Es que Remus no se refería a un sitio -intervino Peter -sino a un trabajo que tenemos que hacer y no hemos empezado, ya sabes que es un poco empollón y se agobia.

- Exacto, el trabajo y no soy empollón, soy precavido Pettigrew que luego se nos olvida -el otro se encogió de hombros.

Con ademanes torpes y hablando sin parar del trabajo tan importante que tenían que hacer los dos chicos salieron de ahí, no fue hasta que estuvieron lo suficientemente lejos que pararon a tomar aire.

- ¿Sabes que van a las mismas clases que nosotros no? -Preguntó Peter jadeante

- Si claro -asintió Remus, su respiración se había calmado por completo -¿qué pasa con eso?

- Pues que saben que no tenemos ningún trabajo importante, que les hemos mentido... -aclaró el rubio.

Después de unos segundos de pensarselo Remus dijo.

- ¿Que me dices de aritmancia? -La mirada de Peter bastó para saber que su excusa no había justificado su despavorida huída.

Los dos leones se quedaron pensando en lo que había sucedido, hasta que uno de ellos rompio el silencio.

- ¿Y ahora qué hacemos? Porque te aseguro que no voy a ir a la biblioteca a hacer un trabajo que no existe -dijo el más bajito de los dos.


El pequeño de los Black merodeaba por el castillo sin rumbo aparente, simplemente con la intención de alejarse de los de su casa. Se podría decir que el pequeño de los hermanos no era tan popular como el primogénito. Apenas tenía amigos en slytherin, y las serpientes en general no se relacionaban con gente fuera de su casa. Sin saber cómo había llegado enfrente del aula de DCAO, "resulta gracioso" pensó el joven mientras se acordaba de que esa era una de las asignaturas que mejor se le daban, y lo que era aún más poético, era una de las que más le gustaba. Su tío Alphard siempre había dicho que "había algo bucólico en estar atraído hacía aquello que te puede salvar", y Regulus lo sabía.

Con una sonrisa torcida llena de emociones contrarias empujo la puerta y entró en el aula, paseo por esta como si nunca hubiera estado ahí, a pesar de llevar años dando clase en el mismo sitio. Observó todo de manera distinta, dejando a un lado esa mascara marca Black que sus progenitores le habían enseñado a llevar. Entonces una tos hizo que parara su caminar, cuando se giró se encontró con unos penetrantes ojos felinos de color azul. Dorcas Meadowes, su profesora y antigua slytherin se encontraba detrás de él. Ese día llevaba una túnica azul clara, que hacía resaltar su piel chocolate y su cabello generalmente suelto en una trenza gruesa y larga que caía por el lado derecho.

- Señor Black ¿a qué debo esta visita? Hoy no hay clase -su voz y su expresión eran neutrales, controlaba cada célula de su cuerpo perfectamente.

- Disculpe profesora, no he venido a importunarla, he visto la clase abierta y por un impulso he entrado.

- ¿Un impulso? Vaya, no muchos slytherins se dejan llevar por ellos -sonrió ligeramente mientras decía eso -y dígame ¿qué clase de impulso cree que le ha llevado a entrar aquí señor Black?

- No sabría decirle -a Regulus desde pequeño le habian enseñado a mantenerse alejado de la gente y había acabado desarrollando un impulso que le hacía crear unas barreras a su alrededor, sin embargo estaba siendo franco con ella.

- ¿De verdad? -No parecía sorprendida por su respuesta, sino más bien divertida -quizá podría ser su curiosidad por saber que daremos la semana que viene, o tal vez su ambición para con sus notas, o puede que algo más complejo y animal… ¿tal vez algo así como un instinto de protección? -Regulus se tensó ante la última sugerencia.

- ¿Y de que debería protegerme? Sino resulta descortés mi pregunta -aquella voz que le advertía se hizo más fuerte.

- Porque no me lo dice usted señor Black -esta vez no era una pregunta sino una afirmación.

- Porque no lo sé -contestó simplemente, pero algo en su respuesta le hizo sentirse incómodo.

- Si es así como afirma puede irse -la mayor de las Meadowes señaló la puerta -pero señor Black quiero una respuesta.

Regulus salió lo más deprisa que pudo del aula, con pasos ligeros y rápidos pero llenos de elegancia se alejó aprisa de esa clase y su profesora. ¿Una respuesta? No entendía nada, era imposible que Dorcas Meadowes supiera nada de él y su vida, aunque tal vez… ¡No! Si llegara a sospechar tan siquiera el no seguiría en Hogwarts.

Había escuchado a su prima Bellatrix varias veces de ella, pues Dorcas tan solo iba un curso por debajo de ella. Al parecer la chica había demostrado un extraordinario talento desde pequeña, pero por como hablaba Bella de ella dudaba que fuera leal a la causa. Y si no era leal a la causa, pero sin embargo sabía que Regulus si eso quería decir... ¡no! No podía ser, Belatrix le hubiera avisado, sin duda.

Con tantas cosas dando vueltas en su cabeza no se percató por donde iba hasta que fue tarde. Chocó de lleno con alguien, haciendo que la otra persona cayera al suelo. El slytherin miró de quien se trataba, y su mente se quedó en blanco unos segundos, no llevaba uniforme al ser fin de semana, pero el no lo necesitaba para saber de qué casa era.

Su cabello rubio, rizado tapaba parte de su rostro, y sus ojos azules se encontraban abiertos de par en par por la sorpresa, sus mejillas habían enrojecido ligeramente por la vergüenza y sus pecas desaparecían bajo el rubor.

- Perdona Mckinnon, no te he visto no estaba atento.

- Un Black disculpándose, -dijo ella burlona -¡vaya! Ahora si que lo he visto todo -ella estiró su mano para que él tirara de ella y la levantara.

- Es mi hermano quién no sabe pedir disculpas no yo, no nos confundas. -Contestó más duro de lo que pretendía.

- Tienes razón -sonrió ella -perdona, es que se me olvida que Sirius es el idiota arrogante.

- A mi no -respondió él.

- Claro ¿cómo se te iba a olvidar? Es tu hermano mayor, además siempre le has admirado.

- Le admiraba, en pasado, ya no lo hago -una vez más, su respuesta fue más fría de lo que pretendía.

- No era un ataque Regulus -dijo Marlene, apoyando sus ojos imposiblemente azules en los grises de él.

- Lo sé, es tu amigo, pero él rompió el corazón de mi madre.

- Siento eso, yo tampoco perdonaría a mis hermanos si hicieran daño a mi madre.

Con eso Regulus dio la conversación por terminada y se disponía a irse cuando el águila volvió a hablar.

- Regulus, -titubeo un poco antes de continuar -sé que la situación en tu casa no debe ser la mejor en estos momentos y con Sirius... bueno, fuera. No tendrás con quién hablar, así que si quieres puedes contar conmigo.

Con una sonrisa sincera y un ligero apretón en el brazo Marlene se marchó de allí dejando solo al pequeño de los Black en el pasillo. Sin poder evitarlo Regulus se giró para verla desaparecer por el pasillo, y con cada paso que daba ella, el corazón de él se iba hundiendo un poco más.

Si, el adolescente dejó escapar un suspiro, Regulus Black sabía muy bien que había un deje bucólico en estar atraído hacia aquello que te puede salvar, y lo sabía muy bien.


Acababan de empezar la parte práctica del entrenamiento, y quedaba aproximadamente una hora y media por delante cuando James Potter vio algo que le distrajo. Lily Evans acababa de entrar en su campo de visión, la pelirroja se había sentado en las gradas a observar lo que quedaba de entrenamiento.

Al ser fin de semana el uniforme no era reglamentario y eso solo dificultaba los esfuerzos del azabache por volver a centrarse en el entrenamiento. Y es que hay una cosa de Lily Evans que tenéis que saber, la pelirroja a sus tiernos once años había llegado con los brazos y mente abiertos a un mundo nuevo lleno de posibilidades. Sin embargo, a diferencia de muchos hijos de muggles, había abrazado la cultura mágica sin dejar atrás su vida muggle. Y por desgracia para el heredero de los Potter eso incluía su ropa, la prefecta aunque había estado encantada, había encontrado el mundo mágico retrasado con respecto al muggle. Si, al principio había estado emocionada de poder utilizar plumas, velas, túnicas y demás, pero al cabo de un tiempo la practicidad venció al entusiasmo. Y desechó aquellas cosas que consideraba poco útiles, entre ellas las túnicas.

Se trataba de una ropa horrible, si bien seguía usando las obligatorias del uniforme su armario estaba lleno de ropa muggle para los fines de semana y salidas a Hogsmeade. Las túnicas además de no ser, en general, estéticamente bonitas, resultaban muy pesadas, fáciles de arrastrar e incómodas, al menos para ella.

En ese momento llevaba puesto un vestido-peto corto verde de pana, con medias y un jersey de cuello ambos beige. Su pelo rojo color sangre caía libre hasta pasada la media espalda, con esas suaves ondas que no lo hacían ni liso ni rizado, mientras su piel pálida cubierta de pecas se había tornado roja al contraste con el frío aire. Era una imagen francamente preciosa.

El azabache sacudió su cabeza intentando sacar a la pelirroja de ella mientras el entrenamiento continuará, y casi, casi lo consiguió. Cuando aún faltaba una hora de práctica echó a todos del campo mandandolos a las duchas y se quedó él solo a recoger.

Estaba en ello cuando escuchó como una voz decía "excipirent fregotego", todos los materiales utilizados se colocaron automática dentro de el baúl de manera ordenada y limpia.

- Está prohibido manipular mágicamente material deportivo Evans -dijo mientras se giraba.

- Solo lo he recogido -replicó ella -aunque si quieres lo dejo como estaba…

- ¡No! Se me ha olvidado la varita, y tardare horas sino -Lily sonrió ante esto -¿qué haces aquí?

-¿No estaba prohibido manipular el material deportivo? -Le picó ella ignorando su pregunta.

El por toda respuesta se paso la mano por la nuca frotándose el pelo, y se encongio de hombros mientras sonreía avergonzado. Lily sintió un calor en el pecho desconocido. Para su alivió fue en ese momento que él decidió volver a preguntarle que hacía ahí.

- No sé… mmm tal vez he venido a ver como entrenaba el equipo de mi casa -contestó sarcásticamente -creo.

- Nunca lo has hecho antes -dijo James sin inmutarse.

- Bueno, antes no éramos amigos, más bien lo contrario.

- Eso significa ¿que a partir de ahora vendrás a verme a los entrenamientos? -El joven león estaba sonriendo ladinamente solo de imaginarlo.

- Puede, quién sabe.

- Pues para la próxima tráeme comida que me muero de hambre -ante esto Lily extrajo una manzana verde del bolsillo de su abrigo y se la lanzó.

- Toda tuya Potter -él la miró asombrado.

- Vaya, vaya Evans estás a todo, sino fuera porque es imposible diría que te preocupas por mí -Lily enrojeció ante esto.

- No te emociones Potter, la he cogido por si acaso y mira.

- Ya… no te preocupes Evans tu secreto está a salvo conmigo -la frustración era visible en la expresión de la joven.

- Potter que no… -pero fue cortada por la llegada de una tercera persona.

- ¿Vamos Lily? -Blish, ya cambiada estaba unos metros más allá -tengo un hambre canina, de hecho te podría comer a ti de un bocado.

Lily que se había girado al escuchar su nombre, no vio la expresión en la cara de James al escuchar la última frase de Blish, y para él fue todo un alivio, porque le dio tiempo a reponerse.

- Si vamos -asintió ella de acuerdo -adiós Potter -se despidió.

- Adiós Evans y no te preocupes, soy una tumba -añadió mientras daba un mordisco a la manzana.

James vio como la pelirroja se alejaba mientras negaba con la cabeza rumbo al castillo con Blish a su lado, estaba casi seguro que si ella se giraba podría ver una sonrisa divertida en su cara. Y el azabache no pudo evitar que un sentimiento cálido -muy parecido al que había sentido Lily hacía unos minutos- invadiera su pecho, mientras terminaba de comerse en su opinión la manzana más sobrasa que jamás había probado.

Sí, definitivamente había algo totalmente poético y contradictorio en que Lily Evans, de quién iba a pasar ese año, fuera la fuente de su diversión.


Mary Mcdonald estaba cabreada, y francamente no era su culpa. Desde luego cualquiera diría que le había mirado un tuerto, o quizá se había cruzado con un gato negro, cosa que podía ser ya que Hogwarts estaba lleno de gatos. O que tenía una de esas ridículas maldiciones de la mala suerte que existían en el mundo mágico.

Pero si es que había empezado el día de la peor manera posible, la asquerosa roba novios-bocazas-presumida compañera de cuarto la había acusado de haberle quitado su cepillo de pelo. ¡JA! Eso tenía gracia, que alguien como ella acusara de ladrona a Mary, y más de cepillos de peleo ¿pero que se creía? ¿Rapunzel? Se rió internamente mientras dejaba escapar una sonrisa ante su referencia muggle.

Sin embargo desde esa mañana todo fue de mal en peor, se había quedado sin crema de pelo y su pelo ondulado estaba encrespado, después Remus y Peter habían huido de ella, sabía que no estaban en los mejores términos ¡pero para huir!, después Liam Lyle un ravenclaw de séptimo con el que había estado quedando un par de veces había pasado olímpicamente de ella, ni le había saludado, maleducado, además de que tenía la fuerte sospecha que se había enrrollado con Emmeline Toddler tras lo dicho por la rubia en la sala común. Lily y Blish habían hecho bomba de humo durante todo el día y para colmo de males se había visto forzada a desperdiciar un sábado por la tarde en la biblioteca, ¡jodidamente brillante!

Claro que todo esto no hubiera sido tan malo si tuviera a su mejor amiga con ella, pero no era así. Sí Heather Jorkins estaba a su lado, pero esa no era la Heather Jorkins que había conocido en primero, no tenía ese carácter fuerte y seguro, no hablaba sin parar de música, ni se quejaba de tener hermanos sobreprotectores, no la dejaba tirada por su novio, o le preguntaba las novedades del mundo muggle, no podía hablar de los últimos cotilleos con ella, o de lo guapos que estaban ciertos chicos, pero sobretodo no se reía ni sonreía.

Era como tener una cáscara vacía al lado, sabía que estaba siendo egoísta, pero Mary no creía poder aguatar otro mes más así. Suspiró nuevamente cerrando de golpe su libro de transformaciones, haciendo que Marlene y Pandora que estaban con ella en la biblioteca se sobresaltaran, pero no Heather. No obtuvo respuesta de la castaña, que estaba mirando al vacío sin nada sobre la mesa.

Mary Macdonald recogió a toda prisa sus cosas y salio precipitada de la biblioteca sin molestarse a esperar a su amiga. Necesitaba un respiro de ella, no podía seguir siendo su pañuelo de mocos, al menos por unas horas o iba a explotar. Mientras andaba por los pasillos sin ningún rumbo fijo tropezó con Adam Robins, y no pudo más que alegrarse.

Su compañero de gryffindor y ella nunca habían estado especialmente unidos, si bien siempre se habían llevado bien, en especial ese último año, sobretodo por Heather, pero no estaban unidos. Pero a parte de con Heather, Marlene, Lily, Blish y Dora la castaña nunca se había sentido especialmente unida a nadie, y estas dos últimas era a medias realmente.

- ¡Adam! Como me alegro de verte -el castaño iba acompañado de sus amigos de hufflepuff, y se sorprendió un poco ante el entusiasmo de Mary.

Siempre se habían llevado bien, en especial por Heather, pero no eran lo que consideraba especialmente cercanos.

- Mary -saludo el león -¿estas sola? -Añadió extrañado.

- Sí, -dijo la chica mientras echaba un vistazo a su alrededor derrotada, -es que no sé donde están Lil y Blish, y el resto están en la biblioteca…

- ¿Cómo esta Evans? ¿Mejor? -Preguntó entonces Cedric Shafiqs a la chica interrumpiendo la conversación.

- Eh si, -dijo un poco confusa por la pregunta.

- Se suponía que me mantendrías informado Macdonald -dijo el prefecto sonriendo de lado.

- ¡Oh Dios mio! -Sus ojos marrones se abrieron de par en par, recordando todo -es cierto, perdona. Se me olvidó, aunque a decir verdad supuse que Adam te había informado.

- Y así fu... -Robins fue cortado a media frase por un ligero codazo de Shafiqs.

- Ya ves que no -dijo el prefecto riendo ligeramente y elevando su voz por encima de la de su amigo gryffindor -últimamente está muy distraído.

Un silencio se alzo entre el grupo y la leona, solamente roto por pequeñas risas de los tejones y algún que otro carraspeo que intentaba disimular las risas.

- Entonces ¿qué vas a hacer? -Habló nuevamente el guardián de gryffindor, desviando la atención de todos de la castaña, quien parecía empezar a sentirse incómoda.

- Pues leer revistas y comer dulces de la cocina en mi cama supongo -contestó Mary, rápidamente sonrojándose por la vergüenza.

Unas ligeras risas se escucharon en el grupo.

- Si quieres puedes unirte a nosotros -ofreció Cedric Shafiqs, la gryffindor sonrió ante esto -claro si lo prefieres a tu plan original.

Mary se lo penso unos segundos antes de decirse.

- Me haríais un gran favor la verdad -sonrió encantadoramente hacía el grupo, provocando un par de sonrojos entre los chicos.

- Pues íbamos rumbo al gran comedor -dijo Adam.

- ¿No es un poco pronto para eso? -se sorprendió ella.

- Si pero no vamos a cenar, sino a pasar el rato, ya que no podemos ir a las salas comunes y ya hace frío fuera -esta vez fue Donna Foreman la prefecta de hufflepuff quién respondió.

- ¿Y os sentaís ahí sin más? -Preguntó asombrada, los tejones asintieron -nunca se me habría ocurrido, pues si, ¡genial!

Mary sonrió y se unió a los hufflepuff, había pensado en irse a su habitación y leer las revistas de cotilleos muggle, pero eso siempre lo podía hacer en otro momento. Además Cedric Shafiqs estaba especialmente guapo ese día, quizá que Liam Lyle hubiera pasado de ella no era del todo malo. El prefecto sonrío a la leona justo en ese instante, y Mary no pudo evitar pensar para sus adentros "que no, definitivamente que Liam Lyle pasara de ella, no era nada malo."


"¿Y ahora qué hacemos? Porque te aseguro que no voy a ir a la biblioteca a hacer un trabajo que no existe." Esas palabras seguían resonando en la cabeza del castaño cuando Sirius volvió del entrenamiento. El prefecto se había separado de Peter hacía horas y había subido a su habitación.

- Lunático -saludo el joven Black -¿que haces aquí solo? ¿Y Pete?

- Ha quedado con una chica -contestó.

- ¿Cómo? -Replicó sorprendido Sirius -¿nuestro Peter? -Remus asintió -¿con quién?

- No sé la verdad, con una hufflepuff de un año menos creo o algo así. La verdad es que no he prestado mucha atención cuando ha pasado.

- ¿Quieres decir que estabas delante cuando Colagusano ha conseguido una cita? -El castaño volvió a asentir -¿Y aún así ella se ha ido con él? -Remus ahora miró mal a su amigo.

- Peter no tiene nada de malo -dijo rotundamente.

- Venga Lunático eso lo sé, pero no es ¡ni yo, ni Cornamenta o incluso ni tú! -dijo medio en broma medio enserio.

- ¿Quieres decir que no es ningún egocéntrico, o está obsesionado con Evans o es un monstruo? Porqué no, no lo es -dijo abruptamente.

- Eh eh Remus, ¿que te pasa? ¿Ha ocurrido algo o...? -Preguntó preocupado Black, el prefecto negó con la cabeza -venga Lunático puedes contármelo.

- Es solo que estoy cansado -contestó mientras se levantaba -me voy a pasear añadió.

- ¿No estabas cansado? -Replicó escépticamente Black.

- Si pero no literalmente, sino figuradamente y con eso salió de la habitación dejando a Sirius solo para que se duchara.

Remus después de esa conversación paseaba solo por el colegio, era cierto lo que le había dicho a Sirius. Estaba cansado, pero no físicamente, sino psicológicamente, desde que se había enterado de que su secreto no era tan secreto, se había sentido irritado todo el tiempo. Estaba en constante tensión y aunque sonaba injusto sentía que no podía confiar en nadie, ni siquiera en los merodeadores.

Solo quería ser un adolescente normal por un tiempo, olvidarse de "ppp" y de secretos, incluso de la magia. Maldecía el día en que su padre se atrevió a desafiar a Fenrir Greyback, maldecía que nadie hubiera mirado debajo de su cama para comprobar si había monstruos. Solo quería un abrazo de su madre, sentir ese calor alrededor protegiendole, pero para ser franco hacía ños que no lo sentía. No porque su madre no le quisiera o le abrazara, si no porque su madre era una muggle que había accedido a formar parte del mundo mágico, pero nunca había accedido a tener un hijo licántropo. Y eso aunque jamás lo admitiría la sobrepasaba.

Quería no tener que huir de sus amigas, quería no tener que poner excusas cada vez que las veía, quería poder ser el de antes con ellas. Pero temía que le miraran como le miraban sus padres desde que le mordieron, porque Remus sabía que a pesar de lo mucho que sus padres le querían, Lyall y Hope Lupin le habían dejado de mirar como a un niño cuando tan solo tenía cuatro años. Y sabia que era, porque había dejado de ser un niño con tan solo cuatro años.

Esa maldita frase volvió a su cabeza una y otra vez, "¿y ahora qué hacemos? Porque te aseguro que no voy a ir a la biblioteca a hacer un trabajo que no existe." ¿Cómo se podía ser tan patético que se tenía que inventar un trabajo para no estar con sus amigas? Llenó de rabia dio una patada a una armadura, y por un momento pensó que se estaba volviendo loco, hasta que se dio cuenta de lo que pasaba de verdad.

- ¿Qué tenemos aquí? Vaya vaya pero si es el pequeño leoncito -una voz burlona y un tanto aguda llegó a sus tímpanos -al bueno de Filch no le va a gustar que estés maltratando propiedad escolar. -Remus miró hacía arriba y vio a Peeves flotando sobre su cabeza.

- Peeves, no estoy de humor ahora mismo…

- Uy uy que el pequeño Looney, loopy, Lupin no está de humor -se rió el poltergeist -quizá si le lanzó algo se le pasa -Peeves tenía algo de aspecto duro en su mano y parecía dispuesto a tirárselo al joven a la cabeza.

- Peeves si te enseño algo ¿me dejas en paz? -Sugirió Lupin desesperado por estar a solas, el poltergeist le miró con interés. Al fin y al cabo había aprendido un par de cosas de los merodeadores en los últimos años. Finalmente asintió.

- Bien -suspiró el licántropo -¿lo que más te gusta en el mundo es irritar al nuevo conserje no? -Volvió a recibir un asentimiento por toda respuesta -vale pues el conserje…

- Filch -dijo el poltergeist.

- Si, eso Filch es un squib, es decir no puede hacer magia, no sé si lo has notado -Peeves abrió sus grandes ojos negros y malvados con sorpresa -¿cómo no los has notado? Lleva tres años trabajando aquí, hace todo manualmente... Bueno da igual. El caso es que si no puede hacer magia una de las mejores maneras de molestarle es haciendo algo que solo tenga una solución mágica, como por ejemplo meter chicles en los agujeros de las cerraduras. Así no puede abrir las puertas ni sacar las llaves y estas se quedaran atrapadas ahí si lo intenta, y si lo haces con sus armarios mejor. Le fastidiará el triple.

El poltergeist agradecido se fue silbando de ahí planeando su próxima fechoría contra el conserje. Y fue cuando el joven prefecto escuchó una tos que venía desde atrás, cuando se giró sus ojos avellanas se abrieron desmesuradamente.

- Señor… -no sabía qué decir así que se quedo callado, no había justifiación para lo que acababa de pasar.

- Es una idea muy ingeniosa si me lo permite señor Lupin -el mismísimo Dumbledore con patines y una de sus coloridas túnicas, le felicitó -aunque cabe decir que el pobre Argus lo pasara un poco mal. No todos los alumnos son tan observadores como usted.

- Yo..., lo siento sólo quería estar tranquilo -dijo decaído el joven león.

- Oh y lo comprendo, sin embargo, no hay muchos alumnos que hayan dilucido la naturaleza de nuestro conserje, algo muy astuto por su parte. -Alagó el director.

- Fue James -contestó Remus sin saber bien que más decir -es más observador y listo de lo que parece.

- Nunca lo habría dicho del señor Potter -el adulto le analizo con sus ojos azules que parecían poseer rayos x -¿quiere contarme algo joven?

Remus Lupin miró a su director, y mil cosas le vinieron a la cabeza, desde cómo se había descubierto su secreto, la foto amenazante que había recibido Lily y la cual no había compartido con ningún adulto, que sabía que el zumo de calabaza de la mesa de ravenclaw llevaba una poción que iba hacer a todos hablar con rimas por unas horas, o que en opinión de sus amigos el viejo sanador Apgar estaba pérdiendo facultades para trabajar en Hogwarts, pasando incluso por todas las demás bromas que había hecho desde primero y hasta el hecho de que sus amigos eran animagos ilegales no registrados .

Pero guardó silencio, no dijo nada simplemente negó con la cabeza, y Dumbledore paso a su lado con sus patines como si nunca hubiera estado ahí.

Remus Lupin suspiró, sí definitivamente había algo poético en el hecho de verse forzado a ocultar la verdad a quién había confiado en él y le había dado una oportunidad que nunca imaginó tener.


Unas horas más tarde mientras subía a su dormitorio Mary fue realmente consciente de lo bien que se lo había pasado con los hufflepuff, el día había empezado siendo una mierda pero había resultado en algo bastante bueno.

Sonrió para sus adentros mientras pensaba en Cedric Shafiqs, se trataba de uno de los chicos más apuestos de Hogwarts y lo mejor era que estaba soltero. Estaba claro que el hufflepuff sentía algo por Mary, bueno más o menos, Mary no creía que estuviera enamorado de ella ni mucho menos, pero definitivamente estaba atraído hacia ella.

Y al parecer la castaña no era la única que lo pensaba, justo en ese momento Liam Lyle salió de detrás de un tapiz cortándole el paso. La gryffindor le había visto entrar en el gran comedor, pero había pasado de él, al igual que este había hecho con ella los últimos dias, además desde que Toddler había insinuado aquello en la sala común no había podido sacarselo de la cabeza. pero no quería verle ni en pintura, todo una contradicción en sí misma.

- Liam si no te importa, estoy agotada, solo quiero llegar a mi habitación -indicó Mary con la mano haciendo un aspaviento para que se moviera.

- Pero Mare solo quiero hablar contigo, -dijo el chico -un segundo es lo que te mendigo -la hija de muggles miró al mago estupefacta ante su rima.

- ¿Qué? -Intentó preguntar, pero no pudo evitar romper en carcajadas antes de terminar de formularla.

- Mierda no sé lo que pasa -dijo el ravenclaw con cara de sufrimiento -le ocurre a toda mi casa -recibió más carcajadas por toda respuesta.

- Vaya, pues quién haya sido podría haber añadido talento, estás haciendo rimas de primaria.

- ¿Primaria?

- Es una cosa muggle -replicó ella impaciente con el chico -mira Liam está claro que así no puedes y tampoco tenemos nada de lo que hablar por lo que se ha visto esta tarde y la semana pasada, -hizo una pausa dejando al chico tiempo para pensar -digo mientras te tirabas a mi compañera de mi habitación. -Los ojos marrones de Mary analizaban cada expresión del joven mientras asimilaba la información que acababa de escuchar. La joven fue capaz de ver el miedo de haber sido atrapado en los ojos del chico frente a ella, y lo que por unos segundos pensó, parecía culpa. -Así que adiós Lyle.

- Espera no dame un minuto -dijo mientras le agarraba del brazo -he sido un idiota eso no te lo discuto. Pero solo te quiero pedir perdón, para ver si me puedo ganar tu corazón -Mary volvió a estallar en carcajadas.

- ¿Ganar mi corazón? Liam espero que esto sea un chiste. ¿Crees que después de Toddler tienes alguna oportunidad de volver conmigo? -Los ojos marrones de Mary desprendían furia y esta incrementó al ver que el chico no negaba lo sucedido -vete a la mierda Liam.

- No Mary espera -volvió a intentarlo él - sé que tu no eres una cualquiera. Pero me equivoqué, vi que ibamos en serio y me bloqué. No volverá a pasar, ahora ya te sé valorar.

Ni siquiera las rimas absurdas que escapan de la boca del atractivo adolescente eran capaces de calmar la furia que Mary sentía bullendo dentro de ella.

- No me interesa ninguna excusa y si ahora me valoras o no me da igual -le corto ella dejando salir las palabras entre dientes -pero de todas formas, esto no tendrá nada que ver con Cedric Shafiqs ¿verdad? Porque esto lo sé desde hace un par de dias y hasta hoy no has intentado nada.

- ¿Ese payaso? -inquirió él -es solo un fracaso.

- Me alegro porque mañana tengo una cita con ese fracaso, perdiste tu oportunidad Lyle, no soy un juguete para usar a tu gusto. Buenas noches.

Se dio la vuelta para marcharse rápidamente de ahí, pero una idea inundó su cabeza antes de que pudiera dar cinco pasos.

- Ah y por cierto -el chico la miraba esperanzado -la próxima vez que te tires a alguien que no sea yo. Asegurate de que no te pueda pasar ninguna ets.

Y esta vez sí que se fue dejando al ravenclaw con sus rimas, cara de estupefacción y miedo por haber sido pillado y por el último comentario de la chica. Mientras se alejaba Mary pensaba en su conversación, ni siquiera era cierto lo que había dicho, no tenía ninguna cita con el tejón. Pero se había sentido tan bien. Mary Macdonald sonrió, ¿qué es lo que decían los muggles? Ah sí, cada acción tiene su reacción, o en otras palabras más exactas que ella prefería usar, karma.

Sí definitivamente había algo poético en dejar con la boca abierta a aquel idiota que la había subestimado y creído que la tenía a su merced.


Lily Evans subió esa noche después de su ronda de prefectos a la sala común hablando animadamente con Leslie, la chica no había sacado en ningun momento a relucir lo ocurrido hacía una semana. Sin embargo la pelirroja era capaz de ver que la adolescente se moría de curiosidad, pero la pelirroja tenía claro que no iba a ser ella quién sacara el tema por nada del mundo.

En un principio penso que la ronda iba a ser todo un suplicio, el premio anual le informó que otra vez Remus había pedido cambio de compañero, la hija de muggles sospechaba que se iba a convertir en la tónica habitual, y lo detestaba, pero detestó aún más la idea de hacer rondas con Leslie. Desde que la conoció unos años atrás Leslie le había dejado claro lo mucho que la admiraba con locura y como aspiraba a ser tan buena como ella en todo. Y sin embargo, el ataque había cambiado la actitud de Leslie hacía ella, haciendo que Leslie se volviera más precavida con ella, como si la pelirroja se fuera a romper. Y Lily lo odio y lo odiaba.

Sin embargo esa noche había pasado algo muy curioso en el comedor, en medio de la cena, una de las mejores amigas de Emmeline Turpin -quizá llamarla mejor amiga resultaba algo excesivo, pero eso más adelante- había pegado un gitro escalofríante, que dejó a más de uno la sangre helada. No obstante, un segundo después estaba puesta en pie hablando con un sin fín de rimas ridículas, y poco a poco las demás águiles le habían seguido. Al principio reino la confusión en el comedor, pues nadie entendeía la actitud de los ravenclaw, pero poco a poco todos se dieron cuenta de que nadie ninguno de los miembros de la casa poarecía poseer algún tipo de control sobre las rimas. Las risas empezaron a surgir de forma disimulada en la mesa de los leones, siendo seguidos de cerca por los tejones y finalmente las serpientes. Lily juraría que incluso vio a un par de profesores disimular una risa con la servilleta. Pero sin lugar a dudas, el colmo de la risa fue provocado por Pandora, quién a diferencia de esus compañeros de casa, parecía tomarse esa decisión con buen rubia parecía encantada con la situación, y se acercó cantando y bailando, al ritmo de sus rimas, hasta donde estaban sentadas sus amigas de gryffindor.

Y gracias a esa broma Lily y Leslie habían tenido tema de conversación de sobra para toda su ronda. Cuando atravesaron el cuadro de la señora gorda, la chica de quinto seguía elucubrando la manera en la que se había podido hacer cantar a todos los ravenclaws a la vez, y quién podía tener esa habilidad. Sin embargo la hija de muggles a pesar de tener una idea bastante acertada, no dijo nada, y la prefecta de quinto se dspidió rapidamente de ella -un poco decepcionada de no haber obtenico respuesta- y subio a su cuarto a prisa.

Lily sin embargo, se quedó unos minutos más parada en medio de la sala común sonriendo. Solo quedaban unos pocos alumnos en la sala común, un grupito de cuarto que estaban jugando al snap explosivo, un par de septimo leyendo papeles del ministerio, tres de primero que parecían dispuestos a intentar aguantar toda la noche. Y sentado en una butacana junto a los ultimos restos del fuego, un chico de cabello azabache despeinado.

Él no se había percatado de su presencia, pero Lily no se sintió molesta. Resultaba curioso como hace un par de semanas no habría mirado ni una vez sí él estaba en la sala, y ahora sin embargo sus ojos verdes habían volado por la sala buscando un rastro de él. Pero ella no se paró a pensar en esa idea, no estaba preparada para ello. Con sigilo se acercó a él, sus ojos avellana volaban por las palabras con rapidez, su entrecejo estaba ligeramente fruncido y en sus labios había un rictus de concentración y tal vez ¿molestia? Cuando estuvo junto a él, se fijo por primera vez en el libro y se sorprendió. No se le había ocurrido que James Potter pudiera estar leyendo algo más allá de un libro sobre el quidditch, pero ahí estaba él, con un libro titulado "Opúsculo de un mago sabio".

- Vaya -Lily no pudo evitar la exclamación.

Los ojos de él se despegaron de las hojas con una ligera alarma en ellos, pero rapidamente se apaciguaron.

- Lo siento -dijo ella, -no quería molestar, simplemente... -la pelirroja no sabía como decirle sin que sonara ofensivo que de alguien como él solo esperaba deporte y chistes. -No imaginaba que te gustará esa clase de libros.

Él no se lo tomo mal, simplemente dejó escapar una de sus encantadoras sonrisas ladeadas.

- Sí, generalmente la gente espera que esté leyendo algo así como "Historia del Quidditch" o "Mil y un formas de volver locos a todos". -Apoyándo el libro en la mesa frente a él, se inclinó hacía adelante obbligando a Lily a hacer lo mismo. -Pero te contaré un secreto, amo leer -esto último lo dijo susurrando, como si fuera información privilegiada.

Lily estuvo a punto de sonreír, pero su lengua pudo más.

- Claro, ¿quieres decir a parte de cosas como "10 consejos de como peinarte casual" o "como parecer el tipo guay de la fiesta" no?

Una risa ligera escapó de los labios de James, quién a continuación asintió con seriedad.

- A parte de esos por supuesto.

Los dos se quedaron mirandose con una sonrisa divertida en los labios, y un brillo retador en los ojos. Hasta que James decidió romperlo, y con una voz más casual de lo que aparentaba dijo.

- Tampoco voy a negar que no haya cosas útiles en "Mil y un formas de volver locos a todos" -Lily imaginándose por donde iban las cosas, no pudo más que seguirle el juego.

- ¿Ah si? -el asintió con seriedad y seguridad. -Sin duda debe haber mucha información de todo tipo.

- Alguno podría incluso pensar que puede dar pie a la más profunda inspiración.

- ¿Y cuál sería esa clase de inspiración? -Preguntó ella apenas conteniendo la diversión en su voz -si se puede saber claro.

- Creo -emezó el lentamente, como ei de verdad estuviera pensando que tenía que decir -que sería esa que hace que nuestra alma cante... -dejo unos segundos antes de decir -o mejor aún, rime.

Y entonces sí, una sonrisa lobuna apareció en sus labios, y la prefecta a pesar de que sabía que eso era una confesión en toda regla y que debía castigar al adolescente por lo que había hecho a los ravenclaw no pudo evitar sonreír de vuelta. Porque en esos meses había echado mucho en falta las risas del gran comedor, y después de todo nadie había salido herido con esa broma inofensiva.


¡Hola!

Siento muchisimo haber tardado tanto, pero he tenido unos meses muy malos. Parece que todo se está solucionado, así que espero no tardar tanto para él siguiente.

Bueno ashora si que tenéis otro cap más, espero que os guste la verdad, no sé que os parecerá porque esta vez me centró menos en James y Lily y más en la vida de todos los personajes en general. Además de que incluyo a Regulus como un personaje más relevante. Respecto a esto no tengo ninguna intención de hacer de Regulus un personaje principal, mi idea más bien es hacerlo un personaje secundario recurrente. Pero creo que su vida influyó mucho en Sirius y además me gusta mucho, es un personaje muy complejo y atormentando (o al menos así es como me lo imagino.)

En este cap he desarollado bastante más la personalidad de varios personajes, porfa porfa necesito saber que os parece de verdad. Y si teneís preguntas, porque no se si estoy siendo clara.

Bueno quiero hacer varias aclaraciones;

la primera Argus Filch empezó a trabajar en Hogwarts en 1973, en el fic estamos en 1976 así que llevaría tres años ahí.

Peeves, para aquellos que no hayáis leído el libro, sera un misterio así que mini resumen es un espíritu "maligno" (poltergeist) que vive en el colegio y hace la vida imposible a todo el mundo menos a Dumbledore y el Barón Sanguinario (tmpc sabréis quien es si no habéis leído los libros)

JKR dijo en una entrevista que Dumbledore llevaba patines en vez de zapatos y que iba con ellos por el colegio. Solo que ella nunca lo había especificado en el libro, y aunque no creo que siempre haga que Dumbledore patine, leí hace poco eso y me gustó me hizo gracia, el tipo de cosa excentrica que haría él.

Y con esto me despido, espero que os guste mucho gracias por vuestro tiempo y por pasaros.

B.

PD: el cap va dedicado a todos aquellos que me habéis escrito un review o habéis puesto mi historia en favoritos. Gracias.