CAPÍTULO SEXTO.

Como ya os conté la última vez, a James le gusta leer, se había convertido en uno de sus hobbies cuando era niño. Aunque ciertamente había sido un renacuajo muy movido su madre siempre había sido capaz de abstraerlo con libros. La señora Potter se sentaba con James algunas tardes en la sala rosa, que era su preferida, y le leía libros. A veces eran historias infantiles, y Euphemia iba cambiando la voz para adaptarse a los personajes, otras eran leyendas mágicas e incluso habían llegado a leer piezas históricas o tratados mágicos. Era la actividad que James más compartía con su madre, probablemente eso se debiese a la avanzada edad de sus padres cuando lo tuvieron. O quizá al hecho de que carecía de hermanos y no tenía con quién jugar. A pesar de que no le gustaba pensarlo, porque sentía que criticaba a sus padres, James se había pasado la mayor parte de su infancia solo. Sí, su madre hacía tiempo alguna tarde para leer con él, pero muchas veces estaba ocupada con eventos de la alta sociedad mágica inglesa. Y su padre pasaba la mayor parte del tiempo en su laboratorio, creando pedidos y llevando a cabo experimentos. Cuando cumplió 8 a James se le permitió ser el asistente de laboratorio de su padre para hacer experimentos, pero después de un pequeño incidente a los tres meses de su cumpleaños, tuvo la entrada prohibida de por vida. Pero James había llegado muy tarde a la vida de sus padres, y estos ya tenían sus rutinas establecidas. Desde luego que la infancia de James Potter no era la que uno esperaba de la súper estrella del colegio. El azabache se sabía querido, a pesar de su solitaria infancia, y daba gracias a Merlín todos los días por ello. Porque a pesar de haber tenido que recurrir en más de una ocasión al servicio para que jugará con él, había crecido siempre rodeado del cariño y amor. Y además, las cosas no eran tan malas como suenan, de vez en cuando había disfrutado de la compañía de otros niños de su edad, como Marlene y sus hermanos, su primo Tim, etc... Por eso aparte de sus interminables vuelos, intrépidas aventuras y eternas clases de piano, James también se había dedicado a la lectura.

La "Mansión Potter" -como la denominaba Marlene y posteriormente los merodeadores- contaba con un par de bibliotecas, pero la favorita de James, era la sala pequeña de lectura que se encontraba junto al cuarto azul. En ella tan solo había unas pocas estanterías, y un par de sofás y butacas dispuestos alrededor de la chimenea. Allí era donde el único hijo del matrimonio Potter, antes de llegar a Hogwarts, había pasado una gran parte de sus días. Por eso James sabía muchas cosas, más de lo que la gente se imaginaba.

Por ejemplo, sabía que la historia antigua estaba llena de leyendas, leyendas que si uno conoce de la existencia del mundo mágico pierden su toque de fantasía para pasar a entremezclar con la realidad peligrosamente. Los magos de la época, los magos antiguos o como eran conocidos en la era de Merlín, druidas, demostraban tener una verdadera conexión con los elementos. Ya que creían que su poder se lo debían a la tierra y por ende, a la madre naturaleza, James tenía entendido que hoy en día existían corrientes que seguían la misma línea de pensamiento. Y la misma cultura de su mundo había surgido de estas, por eso él no lo descartaba. Puesto que una cosa sí tenían clara los expertos, aunque el origen de la magia seguía resultando un misterio irresoluble, la naturaleza tenía gran importancia. Estaba convencido de que ese era uno de los grandes misterios que los inefables trataban de desvelar en el departamento de misterios, pero ¿quién era él para poder confirmarlo?

Sin embargo, lo que nos concierne a nosotros es que, de todos los elementos de la naturaleza al azabache siempre le había fascinado el 'aqua'. Encontraba que había algo hechizante e incluso cautivador en ella. Años más tarde James seguía pensando igual. Entre las propiedades mágicas que los celtas atribuían al agua, para James destacaban las curativas. Había leído mil veces como los baños, el agua hervida de cierta forma, o paños de agua habían salvado la vida de mucha gente. Y sin embargo para él las propiedades más destacables del agua eran aquellas de origen no mágico.

Puesto que para James es mágica la capacidad que tiene el agua de borrar los problemas a medida que las gotas resbalan por el cuerpo. Hacen que las marcas dejadas por los acontecimientos del día se vuelvan borrosas, dejando leves trazos que se acaban eliminando tras un breve tiempo, y la piel vuelve a estar limpia y fresca como si no hubiera ocurrido nada. La ducha, aunque es una imitación cara del fenómeno meteorológico, resulta cuanto menos, un lugar privado de inspiración y consuelo. Es donde se te ocurren las mejores ideas, donde las canciones saben a lluvia, donde el agua que cae es capaz de llevarse todas las ideas de tu cabeza, donde puedes llorar sin darte cuenta, donde se curan los malestares, se borran las marcas, donde sana el alma y donde se olvidan las cosas superfluas -o al menos para el único heredero de los Potter-.

En ese mismo instante, el agua caliente de la ducha caía sobre nuestro azabache favorito con fuerza, apenas había llegado a la habitación se había quitado la ropa sucia de aquel día sin ningún cuidado, y se había ido directo al baño evitando las miradas preocupadas de sus otros cuatro compañeros de cuarto. Una vez que el agua empezó a correr se dejó resbalar hasta estar apoyado en el plato de la ducha, el contraste entre el frío suelo, su cuerpo y el agua envió un escalofrío por toda su espina dorsal. Cerró los ojos y apoyó la cabeza contra la pared, dejando que las gotas se llevaran consigo todo lo ocurrido aquel día.

Las cosas no habían salido bien ese día, pero más de eso luego.


James Potter era lo que se puede considerar una persona de costumbres. Esto no solo se ceñía a su rutina diaria, si no que además también estaba relacionado con sus gustos y costumbres. James había llevado toda su vida un horario estricto, jamás se podía levantar pasadas las 8:30, una vez se duchara y vistiera debía bajar a desayunar, donde tomaba siempre lo mismo. Huevos revueltos, con salchichas, judías y pan tostado y para beber una taza de té con leche, después para el joven resultaba imperioso salir un rato a volar. Y una vez volviera de su vuelo diario debía complacer a su madre, y asistir un rato a su clase de música clásica. Si bien, la rutina había cambiado una vez entró en Hogwarts y alterado ligeramente el orden a lo largo de los años, James seguía siendo una persona meticulosa, y a sus once años, recién llegado a Hogwarts, el niño seguía levantándose temprano, desayunando y esta vez cambió la escoba por las piernas, puesto que a los de primero les estaba prohibido volar. Lo único que variaba entre su rutina daría en casa y su rutina en Hogwarts era la obligatoriedad de las clases, puesto que y a pesar de que jamás lo reconocería en voz alta, sentía verdadera pasión por todo lo que aprendía en Hogwarts.

Por ende, y debido a todo lo que os acabo de contar, a ninguno de vosotros queridos lectores, debería sorprenderos saber que aquella mañana James Potter se levantó a las 6:30 como ya era costumbre en el desde hace unos años, para poder entrenar un rato, ducharse y desayunar, antes de hacer los deberes corriendo y asistir a la clase que le tocara esa mañana. Llegó de un buen humor envidiable al gran comedor -como ocurría sospechosamente desde el 11 de Octubre-, para cumplir con el paso 3 de su lista conforme a las horas. Donde se sentó junto con sus compañeros de año, ya que no era probable que sus amigos asistieran al desayuno. Puesto que Sirius y Peter seguían durmiendo y Remus se acababa de meter en la ducha. Se colocó frente a Adam Robins quien estaba sentado junto a Heather, y escuchó la conversación con genuino interés.

Los dos hablaban del nuevo disco de "Basiliks Venon", una banda de rock mágico alternativo, James recordaba como por septiembre Blish había mencionado que la castaña era una gran fan. Hacía tiempo que el joven no escuchaba a Heather tan involucrada en una conversación o hablar con tanta pasión sobre algo, si bien es cierto que las últimas semanas la había visto más activa, aún no había escuchado su voz, sin contar claro el incidente de la sala común, hasta hoy. Sonrió para sus adentros le gustaba ver así a Jorkins. A pesar de que nada de esto molestaba a James, ambos hicieron verdaderos esfuerzos por hacerle sentir incluido en la conversación, pero al darse cuenta de que el azabache era incapaz de seguirles, los dos jóvenes cambiaron de tema a algo más básico. Sin embargo, y a pesar de que apreciaba el esfuerzo hecho por ambos, al haber cambiado de tema, el capitán aún apenas participaba. Puesto que una vez más se había perdido en sus pensamientos, los cuales rondaban alrededor por todo el lugar. Estuvieron un rato los tres solos hasta que apareció Remus, quien tomó asiento a la derecha de James, pero tampoco aportó nada a la conversación. No habían pasado ni quince minutos cuando el licántropo saltó como un resorte.

James miró a su amigo extrañado, pero los ojos del prefecto estaban ligeramente abiertos y fijos en la puerta, el azabache siguió la mirada aterrorizada de su compañero. Y se topó con la llegada de Macdonald, Blishwick y Lily, el castaño con una excusa un tanto lamentable, y tras haber cogido comida se fue corriendo de ahí, dejando a James solo de nuevo, rodeado de todos sus compañeros de año, pero sin ni uno solo de sus amigos. El azabache negó con la cabeza irritado ante el comportamiento, en su opinión ridículo -aunque efectivo-, de su amigo. Para cuando las chicas alcanzaron la mesa, todo rastro del prefecto había desaparecido. Sin embargo los ojos de Lily habían dejado de brillaban con intensidad notando la repentina ausencia del licántropo, el ceño de Macdonald se había fruncido profundamente y la cara de desconcierto de Jorkins y Adam era evidente. La pelirroja entonces tomó asiento y se dirigió al merodeador restante.

- ¿Qué mosca le ha picado a Lupin?

Al principio había resultado raro para todos los gryffindor ver como Lily y James tras años de peleas estúpidas podían hablarse el uno al otro sin problemas, pero día a día la sorpresa había quedándose relegada, pasando a un segundo plano. Por eso ninguno demostró la más mínima sorpresa al ver como la pelirroja preguntaba directamente al merodeador.

- ¿Cómo? -fingió hacerse el tonto él.

- Potter hacerte el tonto no te pega -declaró ella.

- Claro que no -sonrió el divertido -pero he de añadir mi querida pelirroja que yo no sé fingir nada...

Ignorando el ligero rubor que decoraba sus mejillas al oír el apelativo "querida" delante de pelirroja, Lily insistió.

- Potter...

- Ya sabes lo que le pasa -respondió él con rotundidad, y añadió ante la inminente protesta de ella -dale tiempo, se le pasará pero por ahora no le fuerces. Tienes que entender no es fácil..., -James se paró a sí mismo, por mucho que le gustara hablar con Lily, aún no sabía si sus compañeros conocían o desconocían el secreto del 'ppp'. -Siente que ha fallado, y no solo en su misión como prefecto, -continuó un tanto inseguro de sí lo que estaba apunto de decir tenía algún sentido -si no que te ha fallado principalmente a ti. -Añadió intentando arreglar su casi cagada, pero no queriendo que la hija de muggles se sintiera culpable no pudo evitar continuar -nosotros una vez pasamos por lo mismo.

- ¿Pasasteis por qué? -Preguntó la pelirroja confusa clavando su mirada apenada en la de él, pero James no tuvo tiempo para responder.

- ¡¿No me digas que sigue así por lo del otro día?! -Bufó Mary entre incrédula y frustrada, sin saber que había proporcionado la excusa perfecta al azabache para desviar la atención de Lily.

- Macdonald no conoces a Remus -declaró James -es muy cabezota.

- Tu tampoco me conoces a mí Potter -contestó Mary -te aseguró que Lupin y yo vamos a hablar si o si.

Un ligero terror recorrió la columna de James al oír la voz de Mary y ver su expresión segura, y no por primera vez desde la pelea, se sintió aliviado de no ser Remus.

- Haz lo que quieras -se encogió de hombros, sintiendo aún la mirada de la prefecta analizándolo -pero cuando algo se le mete en la cabeza no hay quién se lo saque, ni siquiera Black. Aunque por intentarlo no pierdes nada, pero no creo que lo consigas. Nosotros no lo hicimos.

- ¿Te refieres a aquella vez que dejo de dormir en la habitación durante un tiempo? -Preguntó Adam, James asintió incómodo notando la mirada inquisidora de sus compañeras -Frank Longbottom pensaba que os estabais metiendo con él y por eso le dejaron dormir en su habitación, nadie se imaginó que se había empeñado él.

- ¿A Lunático? -James no parecía ofendido, sino más bien divertido -si claro, prefiero dormir en slytherin que enfrentarme a él -todos le miraron de forma escéptica.

- Dudo mucho que Lupin cause ese efecto -comentó Blish.

- Eso -declaró el merodeador, mientras daba un mordisco a su desayuno y hacia una pausa excesivamente larga para aportar dramatismo a la conversación -es porque os tiene a todos engañados.

- Si si, no conocemos a Remus lo has dicho antes -volteó los ojos Mary, y añadió sarcástica -pero de ahí a que ahora resulte un psicópata peligroso mira si hay camino.

- Mer tiene razón del desconocimiento a la total confusión hay un largo trecho, y Pot..., James -se corrigió rápidamente, ante las miradas estupefactas de todos -francamente, te recuerdo que él y Pete son los únicos normales de vosotros cuatro -esta vez fue Lily quién habló.

- Bueno -el merodeador se aclaró la garganta, para deshacerse de la sensación que le había invadido ante la última declaración de la pelirroja -ahora si me disculpáis tengo que ir a despertar a el otro zoquete y al único que es normal a parte de Lupin o no llegaran a clase.

Aunque sus palabras desprendían sarcasmo su intención no era herir a Lily, pero tampoco se arrepintió cuando vio a esta bajar la mirada avergonzada ante su indirecta.

- Espera voy contigo y cojo mis cosas -le dijo Adam, riendo ante la ironía en sus palabras.

Ambos jóvenes tomaron rumbo a la torre de gryffindor mientras charlaban animadamente, dejando el tema de Remus en el Gran Comedor. Al llegar al cuarto se encontraron con que Sirius y Peter seguían durmiendo. James se acercó a Sirius, y haciendo caso omiso de los ronquidos y quejidos le despertó, luego hizo lo propio con Peter y una vez terminó se dispuso a coger sus cosas. Tan solo había conseguido encontrar unas pocas cuando llegó el correo.

- Potter -escuchó como le llamaba Robins -no te tomes a malas lo que ha dicho Lily -hizo una pausa como si no supiera cómo continuar. -A veces… puede ser muy cabezota y no le gusta reconocer que se ha equivocado.

- Ya -contestó el azabache sin saber muy bien qué decir.

- Quiero decir -le interrumpió Adam -no sabe cómo eres realmente, si supiera lo difícil que sería para estos sobrevivir sin ti, no te miraría igual.

- No quiero que me mire distinto por eso -replicó James.

- Me lo imagino -y el azabache estaba seguro de que Adam le comprendía -pero si supiera que eres casi más su "madre" -añadió señalando a los otros dos que seguían roncando -que una mala influencia cómo cree todo Hogwarts. Sería mejor para ti.

Ninguno añadió nada, no hacía falta, y mientras que James volvía a su tarea de ordenar, Adam abría la ventana.

Hasta hace poco James no había tenido apenas noticias de su casa desde que había empezado el curso tardíamente sus padres se habían comunicado pocas veces con él. Por eso, esa mañana, no esperaba nada más que el profeta, y si tenía suerte quizá alguna carta de un amigo que ya hubiera salido de Hogwarts o de algún familiar lejano, que quizá se hubiera acordado de él. Si embargo, tres lechuzas habían picado en la ventana ansiosas por cumplir su cometido, cuando Adam abrió la ventana pudo ver que una de ellas traía una carta para James, otra traía una para Peter y la última una carta para él. Antes de que ninguna de las tres pudiera entrar una majestuosa lechuza parda se poso en la ventana, con tres ediciones de "El Profeta" atado a la pata, James quien se había acercado a ayudar a Adam, le pagó y desató los periódicos para que pudiera irse. Le tendió un periódico a Adam que estaba a su lado, otro lo apoyó en el baúl de Peter, ya que tanto el rubio como ellos estaban inscritos. Luego entraron las otras tres lechuzas, pero el azabache ignoró el correo, y poniéndolo a un lado retomo la tarea de rebuscar lo que necesitaba para el día de hoy, sin embargo el sonido atragantado que salió de Adam le distrajo.

Robins, a diferencia de James, ya tenía todo listo y se había sentado a leer el periódico mientras esperaba al azabache, sus ojos azules estaban abiertos de par en par y seguían fijos en la primera página del periódico. Volvió su mirada hacía la otra única persona despierta en la habitación y más por inercia que por otra cosa le pasó el periódico. Cuando los ojos avellanas del joven Potter se toparon con la noticia, notó cómo su corazón se ralentizaba un segundo para tomar un ritmo frenético justo después. La rabia le llenó de arriba a abajo y sin pensárselo un instante salió corriendo con "El Profeta" todavía en la mano y cerrando de un portazo, despertando definitivamente a sus amigos. Aunque Adam hizo el amago de ir tras él, desistió casi al instante, ya que se dio cuenta de que sería inútil.

James había corrido directo a los jardines y se había adentrado un poco en la espesura del bosque prohibido donde podría estar solo, lo primero que hizo fue gritar hasta que la garganta le dolió. Una vez las fuerzas le abandonaron se dejó caer en la hierba, no sabía cuánto hacía que había llegado al bosque pero llevaba desde entonces ahí, con un sentimiento amargo en el pecho y la impotencia consumiéndolo por dentro. No supo cuántas horas pasó allí pero una vez se levantó, el sol ya empezaba a descender, desde luego se había saltado la comida pero eso le daba igual.

Como ya he dicho antes James apenas había recibido noticias acerca de su primo, y ni siquiera esta hacía referencia a su estado. Su madre, en una breve nota, le había informado que parecía que los aurores habían encontrado finalmente a los responsables del suceso y se estaban tomando medidas sobre el asunto. Sin embargo, un hecho que se suponía estaba dirigido a complacer su insatisfecha sed de justicia, solo alteraba más al joven, por la falta de capacidad del ministerio, que había seguido adelante con la absurda teoría de "una simple pelea de bar", en vez de llamarlo por lo que verdaderamente era. Inútiles.


Severus Snape sonrió, era raro ver al slytherin sonreír, y aún más tan abiertamente y en público, lo hacía tan pocas veces que ese gesto en su cara parecía casi algo antinatural.

Sin embargo en esos instantes estaba sonriendo mientras leía el periódico, últimamente el slytherin no prestaba mucha atención a "El Profeta", ya que encontraba la mayoría de cosas que decía aburridas o llanamente ridículas. Sin embargo ese día la portada del periódico le había llamado la atención, así pues, se encontraba sonriendo en ese momento. A pesar de la creencia popular, no solía regodearse en los males ajenos, si bien, no era lo que se pudiera considerar bajo estándares comunes una persona buena. Tampoco era alguien malo o perverso como parecía creer un alto porcentaje de la población estudiantil de Hogwarts. Snape, no veía las cosas blancas o negras, más bien distinguía una larga gama de matices grises entremedias, y si algo le convenía a él, ¿quiénes era el resto para decir que eso era malo? Sin embargo, había algo especialmente satisfactorio en que él sufriera una desgracia, y si algo malo le sucedía a James Potter, Snape podía jurar que lo siempre se encontraría sonriendo en esos momentos. Así como no pudo evitar la sonrisa, tampoco pudo evitar pensar que quizá con eso Potter aprendería una lección y dejaría de creerse tan importante.

Sus ojos negros escanearon la mesa de los leones en busca de su archienemigo con la esperanza de poder ver en primer plano su reacción, quería ver como su mundo poco a poco se derrumbaba, por desgracia no encontró al gryffindor por ninguna parte. Sin embargo, sus ojos tropezaron con otra cosa que también llamó su interés, una bonita cabellera rojo sangre. Se trataba, cómo no, de Lily Evans, la chica de la que había sido amigo desde los nueve años y con quien no había vuelto hablar desde aquel incidente al comienzo del curso. Llevaba años escaneando esa mesa tres veces al día solo para verla a ella, si bien había habido días durante esos años en los que no había podido hablar con ella, no había día en que no la hubiera buscando entre la gentuza que componía la mesa de gryffindor. Así que uno supondría que estaba acostumbrado al pequeño sobresalto que sentía cada vez que sus ojos negros se posaban finalmente en ella, pero no era así. Esta vez, Snape notó con alegría como la herida que le había hecho Mulciber en el pómulo había desaparecido de su cara, y vio como ella en ese instante estaba discutiendo algo con sus amigas. Severus pudo ver como también tenía el diario en sus manos y a diferencia de él, que estaba feliz por lo que acababa de leer, la pelirroja parecía preocupada, incluso le pareció que tenía los nudillos blancos, pero desde esa distancia era imposible estar seguro.

La rabia invadió al joven slytherin por completo solo de imaginarse a qué se debía su inquietud, ¿cómo se podía preocupar por un cretino como Potter? Eso, no era posible. Su Lily no era así, a ella le daban igual, ¡no!, le daban asco, los cerdos como James Potter. Sin embargo una voz en su cabeza le recordó "ha estado pasando mucho tiempo con Potter últimamente, tú los has visto lo sabes." Rechazó esta idea moviendo de lado a lado la cabeza, no esa no era su Lily, "pero ya no es tuya ¿recuerdas?" Volvió a hablar la misma voz "nunca lo fue, al menos no como tu querías" le respondió esta vez él a la voz de su cabeza con amargura.

Tenía que recuperarla, tenía que recuperar a su mejor amiga como fuera. Lily se estaba perdiendo, estaba confundiendo las cosas. Ella sabía como era realmente James Potter, y no quién aparentaba ser, ella lo había visto aquel primero de septiembre de 1971. Y para él, para Snape, no había nadie más en el mundo en quien pudiera confiar, que se preocupara por el como lo hacía ella. Y por eso Lily y el volverían a ser amigos, costara lo que costara.


Esa mañana Sirius y Peter se habían incorporado exaltados ante el ruido que había hecho la puerta al cerrarse de golpe, a pesar de estar aún dormidos él pelinegro había sido capaz de formular una frase entera. Así fue como gracias a Robins se enteraron del artículo del periódico y la reacción de James. Nada más saber de ello, y una vez Remus estuvo presente, el pelinegro propuso saltarse las clases y emprender una búsqueda, pero los otros dos merodeadores rechazaron la idea alegando que James querría estar solo. Eso, y que era el azabache quién tenía el mapa.

Por eso en ese momento se encontraba rumbo a clase con otros dos de sus tres mejores amigos, ninguno de ellos estaba especialmente hablador. Cuando llegaron a la clase de transformaciones, entraron en el aula y como era costumbre se sentaron en la fila de atrás. A pesar de estar preocupados, y de que francamente a él no le importaba una mierda las clases, Remus les había forzado a seguir con lo que el prefecto denominaba "sus obligaciones." El mayor de los Black suspiro con hastío, nunca había sido fan de seguir las normas o asistir a clase. Pero esto se multiplicaba cuando uno de sus mejores amigos no estaba por ninguna parte y se había llevado con él la única herramienta para encontrarle.

Cerró los ojos apoyando la cabeza sobre sus brazos cruzados encima de la mesa, al menos podría dormir un poco pensó... cuando unos pasos de alguien aproximándose a su mesa le distrajeron, levantó ligeramente la cabeza valorando si merecía la pena despejarse del todo. Sin embargo perdió tan rápido el interés como había llegado, al ver que se trataba de la prefecta de gryffindor de su año.

- Remus -Black notó como a su lado su amigo se tensaba, a pesar de ello respondió

- Dime Lily -su tono era excesivamente cortés.

- ¿Habéis visto a Potter? -Ahora eso sí, había llamado la atención de Sirius, clavó sus ojos grises en ella mientras apoyaba la barbilla en sus brazos, -por el artículo del periódico.

Añadió ella algo incómoda como si tuviera que dar una explicación de porqué buscaba a James.

- No, no desde el desayuno -replicó el castaño.

- Y ¿sabéis dónde está? -La chica parecía aún más incómoda planteando estas preguntas, aunque seguramente se debiera al escrutinio al que le estaba sometiendo Black.

- Robins ha dicho que ha salido corriendo cuando se ha enterado, ya aparecerá -volvió a contestar el prefecto.

- Bien…, vale pues si le encontráis… eh gracias -y tras despedirse y sacudir un par de veces más la cabeza con indecisión, volvió con sus amigas.

Los tres merodeadores se quedaron en silencio viendo como la pelirroja se alejaba y tomaba asiento con las chicas. Como siempre Blishwick, Evans y Mckinnon estaban en segunda fila sentadas de izquierda a derecha y detrás, Jorkins, Macdonald y Meadowes.

- Eso ha sido… -comenzó Peter.

- Curioso -añadió Remus.

- Cuanto menos -corroboró el rubio.

Sirius simplemente se encogió de hombros, no podía negar que había notado el cambio en la relación entre su mejor amigo y la chica que había sido durante años el objeto de sus deseos pero no le había dado ninguna importancia. Igual debería haber prestado más atención, no sabía a que estaba jugando Evans pero si tenía claro que de los dos, James era el que iba a salir mal parado. Después de todo no ocurría todos los días que Lily Evans se preocupara por James Potter.

- Pero Evans tiene razón, ¿qué vamos a hacer? -Peter miraba a Remus como si tuviera todas las respuestas.

- No lo sé Pete, supongo que buscar a James después de transformaciones -el rubio no parecía contento ante esta respuesta.

- No -negó el joven Black -ya aparecerá, tenemos que dejarle solo un rato, aunque deberíamos hablar con Minnie.

- ¿Por qué? -Pregunto Remus suspicaz.

- Por si intenta viajar a Londres.

- No puede, no hay tren y ... -empezó Peter.

- Claro -empezó Black sarcástico -porque que no haya tren supone un problema para James Potter.

- Bueno -protestó Peter molesto -no exactamente, pero sí le complica mucho las cosas.

- Todos aquí sabemos que sí James se lo propone lo conseguirá -Sirius no pudo evitar reírse de la respuesta de rubio.

- Si Pete, Canuto tiene razón -declaró el prefecto apaciguando las aguas entre sus amigos -James podría escaparse a Hogsmeade y desaparecerse, o usar una red flu, incluso coger el autobús noctámbulo y de ser necesario viajaría con su escoba o a pie -Sirius asintió ante lo dicho por el prefecto.

- Bien pues está decidido después de clase hablamos con McGonagall, y después de eso ¿esperamos...? -el plan no parecía convencer a Peter.

-Exacto -declaró el pelinegro.

- Bien, pero si no ha aparecido para la hora de la cena, salimos a buscarle -la decisión de Remus era rotunda y final.

- Vale -estuvo de acuerdo Black.

- Mmm... -Peter parecía incómodo -es que yo tengo una cita después de cenar -declaró sonrojándose.

-¿Qué? ¿Con quién Pete? -preguntó Remus sorprendido pero feliz.

- Con una alumna de ravenclaw -dijo sonriendo.

- Bueno pues no te preocupes Colagusano, Lunático y yo nos encargaremos en ese caso.

Una vez todo se había aclarado los tres volvieron su atención a sus actividades, siendo la de Remus repasar sus apuntes, Peter hablar con otros alumnos y Sirius dormir, hasta que la profesora McGonagall entró y comenzó la clase.


James acababa de entrar dentro de las paredes del castillo tras haberse pasado todo el día en los terrenos. Estaba debatiendo que hacer a continuación, si buscar a sus amigos y dejarles saber que estaba bien o retrasar eso para más tarde, cuando alguien le distrajo.

- Eh Potter -James se giró al escuchar su nombre -he leído el periódico esta mañana -era Anthony Davies, un ravenclaw de séptimo, el cual no hubiera conocido sino jugará en el equipo de su casa -siento todo eso es una mierda.

James asintió, aunque le caía bien el ravenclaw y le parecía buen jugador, no eran amigos, y no entendía muy bien porque le estaba hablando. Un silencio como se alzó entre los dos.

- Seguro que se aclarará -continuó el águila sin saber muy bien que decir notando la incomodidad en el aire.

- Mmm gracias Davies -el azabache no estaba muy seguro qué más decir, eso era probablemente lo máximo que habían hablado en sus seis años en Hogwarts, reitero, no entendía a qué venía esto.

- Bueno me envía McGonagall -soltó abruptamente el ravenclaw -te busca. Está en su despacho, quiere que vayas a verla.

- Claro -dijo entendiendo al fin -bien gracias Davies.

- Nada Potter.

Y se fue con sus amigos de casa, mientras James emprendía rumbo al despacho de su jefa de casa. Cuando llegó tocó tres veces la puerta y sin esperar respuesta, entró directamente, sin embargo no esperaba encontrarse esa imagen.

Minerva McGonagall, estaba sentada en su mesa, su espalda estaba completamente recta pero a diferencia de otras veces era de manera antinatural, rígida. Su pelo se encontraba como siempre acomodado en un moño, y llevaba una de sus clásicas túnicas verdes. Sin embargo era su expresión la que no encajaba del todo, sus ojos estaban fijos en sus manos. En estas apretaba fuertemente una hoja, de tal forma que sus nudillos se habían vuelto blancos, y su ceño estaba fruncido en señal de molestia. Cuando James tomó asiento, la profesora apoyó la hoja sobre la mesa, entonces el azabache la identificó como una carta.

- ¿Cómo está? Y quiero una respuesta real Potter -el adolescente pensó sus palabras antes de contestar.

- Frustrado francamente, y triste, pero sobretodo enfadado muy enfadado -la profesora le observó con cautela.

- Entiendo, ¿quiere ir a casa? Sus padres nos han dicho que prefieren que se quede aquí, pero si lo desea le han dado permiso para ir. Y el colegio lo entendería -añadió.

- No -finalmente respondió tras pensárselo un rato, si sus padres no querían que fuera el no iría -¿qué haré allí a parte de estorbar?

Una risa hueca salió de su boca mientras negaba con la cabeza, se paso las manos por la cara intentando borrar la frustración con ellas. No sabía por qué, McGonagall siempre había conseguido que se mostrara vulnerable, incluso cuando intentaba ser fuerte. Y lo odiaba. Guardo silencio, aún superado por las emociones del día.

- Pero si me gustaría hablar con ellos, -añadió intentado desviar la atención de sus obvios sentimientos -usar la chimenea si es posible, y seguramente Sirius y…

- Si, señor Potter -le cortó ella -sus amigos ya han estado antes aquí expresando su preocupación -eso no sorprendió a James.

Levantó sus ojos avellanas, que por alguna razón seguían fijos en sus manos, las cuales había apoyado en su regazo después de intentar -infructuosamente cabe añadir- borrar la frustración de su cuerpo, clavándolos en los de la profesora. Y sonrió con sinceridad en contra de su voluntad, pero a pesar de ser una sonrisa verdadera era también una sonrisa cansada, muy cansada.

- Son muy buenos amigos.

Ella asintió, no sonreía pero James la notaba muy ¿perceptiva? Se volvieron a quedar en silencio. Su día había estado lleno de ellos.

- Si eso es todo, gracias profesora -dijo al cabo de un rato mientras se incorporaba.

- No hay de que.

El león tenía una mano en la manilla de la puerta cuando volvió a escuchar la voz de su profesora llamándole, esta vez había dejado de lado todo tono formal.

- Señor Potter, sé que le sirve de poco consuelo, pero esta situación se aclarará algún día y los verdaderos culpables pagarán.

- Lo sé, es solo que primero fue el ataque a Timothy, y ahora ¿esto? -Por la forma en la que había salido su voz parecía incrédulo, pero no podía estar más lejos de la verdad, su familia se esperaba un golpe as desde hacía años. -Aunque no lo parezca, y los periódicos no se vayan a esforzar por investigarlo, esto va más allá de un error. Es un ataque contra mi familia, contra el nombre del apellido Potter. Pero esto usted ya lo sabe -afirmó el, sabiendo que cada palabra que decía era correcta. -No quiero que me tome por ningún cobarde profesora -aclaró -francamente, no lo soy. No le temo a la muerte, me parece absurdo hacerlo, no quiero morir pero... -carraspeó, iba a ponerse sentimental y perder el hilo de lo que estaba diciendo como siguiera por ahí -es solo que no quiero que les pase nada a mis padres.

- James, no es cobarde quien siente miedo, -comenzó la profesora a decirle con lentitud -todos lo hacemos -añadió. -Ser valiente significa algo más que no tener miedo, significa ser capaz de enfrentarte a tus miedos. -Hubo una pausa larga durante unos segundos hasta que McGonagall tuvo claro que había asimilado lo que ella acaba de decir, y entonces volvió a hablar -ahora váyase, antes de que los otros tres animales vengan aquí a buscarle.

James sonrió ante aquello, nuevamente se despidió de su profesora y salió del despacho, caminó sin rumbo por los pasillos del colegio pensando que hacer. No le apetecía ver a sus amigos Peter le asfixiaría a preguntas intentando hacerle sentir mejor, Sirius querría gastar una broma para distraerlo y Remus actuaría como si nada. Tampoco tenía hambre, a pesar de no haber comido en todo el día, así que descartó las cocinas. Necesitaba despejarse.

Finalmente decidió ir al campo de quidditch a ver si así se distraía.


Lily estaba en la biblioteca, es donde había pasado gran parte de la tarde, una vez las clases del día acabaron. Aquella mañana había recibido el periódico mientras desayunaba, e inmediatamente después James había acudido a su cabeza, llenándola de preocupación sin embargo había sido incapaz de localizarle o averiguar algo de él.

Según lo que le había dicho Adam, nada más leer el titular el azabache había salido hecho un torbellino de su habitación y nadie le había vuelto a ver. Ni siquiera sus amigos, Lily incluso había preguntado por él a Remus en transformaciones. Por eso mismo, James no había salido de su cabeza en todo el día, no conseguía imaginar por lo que estaba pasando. Y aunque no sabía cómo ayudarle, su instinto natural que le llevaba a arreglar las cosas, ahora le conducía a preguntarse si ella podría hacer algo por él. Sin embargo, inútilmente se fue a estudiar.

Era prácticamente la hora de la cena y la pelirroja seguía sin poder sacarse al chico de su cabeza, estaba deseando saber un mínimo de él. En un principio esto había sido por él, por James, para saber cómo estaba, pero había llegado a un punto en el que Lily había tenido que reconocerse a sí misma, que ya no lo era. La intriga e inquietud por el paradero de su compañero le había imposibilitado la concentración, y había desperdiciado toda una tarde de estudios. Tarde que no tenía.

Decidió tomarse un respiro y salió de la biblioteca para despejarse dejando sus cosas sobre la mesa. Un rato después, cuando ya iba a volver a entrar, escuchó una voz que la llamaba, y esta era la persona que menos deseaba ver en el mundo.

- ¿Lily podemos hablar? -la pelirroja no abrió la boca para responder, simplemente se quedó ahí estática mirándole -¿Lily… por favor? -suplicó.

- No -la prefecta dio la vuelta sobre sus talones dispuesta a marcharse de ahí e ignorarlo, pero la fría mano de él se lo evitó.

Bajo sus ojos verdes a dónde la mano de él estaba fuertemente agarrada a su muñeca.

- Tienes que escucharme -ya no había súplica en su voz, sino un tono imperativo, mientras la presión en su muñeca aumentaba.

- Suéltame en este instante.

- No, tienes que escucharme, debes hace…

- ¿Debo? ¿Tengo? Yo a ti no te debo nada -levantó su mirada esmeralda, clavando sus ojo relampagueantes repletos de furia en él -así que, como no me sueltes en este instante pienso gritar o hechizarte lo que venga primero, tienes tres segundos.

- No espera -el pánico estaba presente en su tono, pero a la pequeña de los Evans le daba igual ya había empezado a contar.

- Tres -con brusquedad se soltó del agarre del chico y una vez más se dio la vuelta.

El joven, desesperado, viendo como su oportunidad se le escapaba literalmente entre las manos, utilizó el último recurso que tenía.

- Lo prometiste, prometiste que no me abandonarías como ellos -Lily se quedó helada ante esas palabras, eran ciertas pero él también le había fallado.

- Y tu me dijiste que no pasaba nada por ser hija de muggles, supongo que los dos mentimos -estaba cansada de él, y de que siempre le echara todo en cara.

- Necesito hablar con alguien por favor -continuó ante las negativas de la chica -es por mi madre.

- Habla con tus amiguitos Snape, a ver si a ellos les importa -la desesperación de Severus crecía ante las palabras de Lily. En su cabeza solo podía pensar "ella no lo decía de verdad, no podía decirlo en serio."

- Se está muriendo -soltó de golpe -tiene cáncer y esta demasiado avanzado, es incurable -intentó conservarla a su lado en un último acto desesperado.

El corazón de Lily se detuvo unos segundos ante lo que acababa de escuchar, tenía en alta estima a la señora Snape, pero esa palabra "cáncer". Esa palabra, intentó acordarse de como respirar y durante unos segundos entró en pánico, verdaderamente no se acordaba de como hacerlo. Se estaba ahogando, le llegaron a la mente miles de recuerdos, de ella de pequeña intentando respirar ¿cómo lo hacía?, ¿qué le había enseñado su abuelo? Después cerró los ojos y dejo de pensar, el aire entro naturalmente en sus pulmones aliviando la presión en el pecho, y dejándola notar el escozor de sus ojos. Se frotó estos rápidamente y sacudió su cabeza.

Cuando la leona se giró por tercera vez, y sus ojos y los del slytherin conectaron, toda su fuerza de voluntad desapareció. Sí, Snape era un idiota que le había fallado ya demasiadas veces para contarlas, pero también había sido su mejor amigo durante muchos años. Y francamente su madre no tenía la culpa de tener un hijo tan insufrible, así que Lily se sentó a hablar con él.


Peter Pettigrew no era alguien a quien pudieras describir como descaradamente apuesto, no. Peter Pettigrew era alguien normal, no era ni alto ni bajo, ni feo ni guapo, ni gordo ni delgado, ni fuerte ni esmirriado. Tenía el pelo rubio oscuro, unos ojos marrones color chocolate, y una cara que se asemejaba graciosamente a la de un ratón. Sin embargo sí resultaba atractivo, puede que esto se debería a sus buenos modales, o quizá a su encanto natural, tal vez era por su facilidad al hacer reír o sino por su capacidad de hacer sentir bien a la gente, pero Peter Pettigrew era atractivo.

Cualquier adolescente de dieciséis años hubiera estado contento con esto, pero el joven león no era cualquiera. Sus tres mejores amigos eran Sirius Black, James Potter y Remus Lupin, y siendo francos los dos primeros jóvenes resultaban arrebatadoramente apuestos, y el último tenía algo que le hacía irremediablemente atractivo. Por eso nadie podía acusar al gryffindor de tener un complejo de inferioridad injustificado, al menos no con amigos como los otros tres.

Era por eso mismo que a pesar de la noticia que había ocupado la portada del periódico esa mañana y su consecuente preocupación, Peter no había cancelado su cita. Porque siendo sinceros dudaba mucho que hubiera tenido otra oportunidad con la joven de haberlo hecho, las adolescentes no solían conceder segundas oportunidades y menos a chicos como Peter Pettigrew. Por suerte para el esa mañana, Remus y Sirius habían trazado un plan en el cual no dependían de su participación. Pero a pesar de ello Peter no se hubiera sentido bien yendo en su cita sino fuera porque unas horas antes Anthony Davies les había informado de que James había sido llamado al despacho de McGonagall.

Volviendo a Peter, el rubio en el pasado, no había sido especialmente popular entre el sector femenino en Hogwarts, sin embargo ese año su popularidad había aumentado y su número de citas crecido. Esto probablemente se debiera al hecho de que el merodeador parecía estar dejando atrás esa etapa de cambios de la adolescencia tan mala, su piel se había aclarado de granos, la grasa típica de esa etapa había desaparecido, su nariz se había ajustado al resto de su cara y había crecido unos siete centímetros ese verano. A pesar de ello la confianza del gryffindor parecía seguir igual.

Esta vez, su cita, se trataba de una chica de cuarto de ravenclaw, Charity Burbage, la conoció de casualidad en la biblioteca un día que fue a estudiar con Remus. La chica estaba teniendo dificultad para alcanzar un libro y en su intento de alcanzarlo derribó toda una balda, causando un escándalo, malas miradas y muchas burlas. Él, como todo buen gryffindor, y por supuesto esto no tenía nada que ver con el aburrimiento que conllevaba el haberse visto arrastrado por Remus a la biblioteca, acudió en su rescate. Como un príncipe azul, al menos eso había dicho ella, no es que Peter entendiera lo que significaba, el no conocía a ningún príncipe o tampoco a nadie azul. Claro que el joven no la había ayudado con la intención de conseguir algo a cambio, eso había sido un efecto colateral, uno bastante gratificante, en su opinión.

Y eso nos trae a este momento, instante en el que Peter entró en el gran comedor. Sus ojos chocolate viajaron directos a la mesa de las águilas, y ahí estaba la joven, con su uniforme azul perfectamente colocado, su cabello castaño ondulado suelto recogido detrás de las orejas y su vista posada en la mesa mientras movía de manera inconsciente, seguramente causa de los nervios, los dedos tamborileándolos sobre la misma. No se percató de que su cita había llegado hasta que el león estuvo delante de ella, entonces levantó la cabeza y sus ojos se iluminaron unos segundos antes de sonreír.

Sí, definitivamente Peter Pettigrew no podía haber cancelado esa cita.


Iba directo al gran comedor, escoba en mano y sucio de pies a cabeza, pero le daba igual estaba agotado, tanto física como mentalmente, y ahora sí tenía hambre. Una vez comiera subiría a ducharse y se metería en la cama, necesitaba descansar. Sin embargo se encontró con algo en el camino, que le distrajo de su primer objetivo de la lista. Una sorpresa muy desagradable que frustró sus planes.

Lily Evans estaba sentada en un banco fuera de la biblioteca, pero esa no era la sorpresa desagradable, no a su lado y dándole la espalda a James se encontraba Snape. Aunque no podía verle la cara Potter podía jurar que era él, se habían estudiado durante años el uno al otro y por desgracia James sabía a ciencia cierto que reconocería la cabeza de Snape a kilómetros de distancia. Él estaba parcialmente inclinado hacia delante, esto hacía que su pelo graso cayera sobre su cara proyectando sombras sobre esta y sobre la de Lily. Hablaban en susurros, muy cerca el uno del otro y ella no parecía incómoda o molesta. La rabia invadió a James, ¿por que ella parecía tan cómoda con el?, y ¿no era que habían dejado de ser amigos? Después de que él la insultara delante de todo el mundo, después de conocer su opinión acerca de Voldemort, después del ataque de hace unas semanas… Había tantos motivos que era una locura que ella estuviera hablando con él tan normal. A James, la vista se le empezó a nublar por la rabia, tenía que salir de ahí, volvió a girar la esquina y se sujetó contra la pared. Respiró hondo para intentar calmarse, a pesar de que su respiración se estaba calmado aún veía rojo. Pensó un segundo en lo que acababa de pasar, ninguno de los dos chicos sentados en el banco le había visto, estaba seguro de ello, lo mejor sería que se marchara de allí antes de hacer una tontería de la cual arrepentirse.

¿Cómo? ¿Cómo? James no lo entendía ¿Cómo Lily podía ser amiga de alguien tan ruin? ¿Y luego no quería ni ser su amiga? ¿Potencialmente amigos? ¡Mis cojones! "James respira" se dijo, "no hagas nada que luego lamentes, tu tranquilo." Decidió poner la máxima distancia oportuna entre ellos y él lo antes posible, antes de hacer algo que le perseguiría, dio la vuelta tomó otro pasillo y se dirigió a las cocinas, cenaría ahí y se iría a la cama.

La cena le llevó más de lo que esperaba, ya era pasado el toque de queda cuando decidió volver a su habitación. Iba distraído intentando ocupar su mente para evitar pensar en lo que había visto esa tarde, pensaba en nuevas tácticas de quidditch cuando chocó contra alguien.

- James- fue solo un susurro pero escuchar su nombre de esos labios hizo que el corazón de James se saltara un latido, miró hacia abajo y se topó con los ojos esmeraldas de ella, se quedó sin respiración. -¿Qué haces todavía por ahí ya es pasado el toque de queda?- La pregunta se escapó de la pelirroja con cierto tono de reproche.

Pero esto, no fue buena idea, ya que hizo que James dejará de lado sus intentos por calmarse y volviera la imagen que había visto esa misma tarde, a su cabeza, resonando con más fuerza que antes. ¿Quién se creía que era ella para reprocharle si luego se juntaba con proyectos de mortífagos?

- Ja… es gracioso ya que lo mencionas, porque tu estas haciendo exactamente lo mismo. Hoy, si no recuerdo mal, no te tocan rondas -las mejillas de Lily se tornaron rosas.

- Estaba en la biblioteca terminando unas cosas -ni ella misma entendía porque estaba mintiendo a James, no le debía ninguna explicación.

- ¿Sí? Yo también creo que Snivellus -escupió el nombre con asco -es algo digno de estudio, pero no creía que un colegio fuera el lugar correcto sino más bien un laboratorio o quizá el departamento de misterios -los ojos de James brillaron con rabia.

- ¡No le llames así! -Si Lily se había sorprendido de que el supiera verdaderamente con quién había estado, no dejó verlo -¿nos estabas espiando? -La indignación en su voz era palpable.

- Si, -James soltó una risa cortante -no tengo nada mejor que hacer que espiar a una perfecta prefecta y a su grasiento amigo -los ojos de Lily se abrieron de golpe y miraron con rabia al joven.

- Mira Potter esta claro que estas cansado y no sabes lo que dices, así que es mejor que te subas ya a la cama.

- Oh Evans,-a Lily no se le escapó el uso de su apellido -como siempre creyendo lo mejor de la gente -su tono era tan escéptico -pero se perfectamente lo que estoy diciendo.

- Entonces -respondió ella verdaderamente irritada, -no eres más que un idiota Potter.

- ¿Yo soy el idiota? Evans -a Lily no se le escapó que había usado su apellido otra vez -no soy yo quien estaba con alguien que amenaza mi bienestar.

- Para eso no necesitas a nadie Potter -contestó ella mordazmente -el simple hecho de pensar, para ti ya supone un peligro, no vaya a ser que tus dos neuronas se sobre carguen y mueras de un derrame cerebral.

- Quizá tienes razón pero al menos yo sé cuidar de mí mismo y de los míos.

- ¿Qué quiere decir eso? -el enfado era palpable en la voz de la joven.

- ¿Qué qué..? ¿Cómo puedes hablar con él después de todo? ¿Del ataque de hace unas semanas? -El cabreo que tenía encima no le dejaba ni pensar con claridad.

- ¿Estás culpando a Severus del ataque? Porque no tienes pruebas, el no me haría daño y que yo sepa fue a mí a quien atacaron, ¡además no tienes pruebas!

- Eso ya lo has dicho.

- ¡Es que no las tienes! Y si quiero lo repito, deja de culparle.

-¡NO! -Gritó tan fuerte que consiguió asustar a la pelirroja -a ver cuando lo vas a entender de una maldita vez. Por Merlín, sí, le estoy echando la culpa. Le culpo a él y a todos los que piensan como él, de tu ataque y de todos los otros. Y aunque él no fuera quién levantó la varita, si que los apoya. Por eso culpo a Snape y a los que ÉL apoya Lily, ¿por qué no lo entiendes de una puta vez? Es una mala persona y no le importas una mierda nunca lo has hecho, si lo hicieras no querría hacer daño a los que son como tú, y en cuanto pueda te venderá a su amo -el enfado se había convertido en impotencia y miedo, ante la certitud de la última idea.

La mano de Lily voló rápidamente hacia arriba y con fuerza chocó contra la mejilla de James. La cara del azabache quedó ligeramente ladeada a la izquierda, él la volvió a centrar en ella. Fue entonces cuando la pelirroja, mirando directamente a James a los ojos dijo:

- No sabes nada de Severus y de mí. Así que te recomiendo que cierres tu boca de una puta vez, no vuelvas a acercarte a mí Potter me das asco -después de eso salió corriendo dejándolo ahí plantado.

A James le dio igual, no se arrepentía de nada de lo que había dicho, todo era cierto, se tocó la cara allí donde la mano de Lily le había pegado estaba caliente y le molestaba ligeramente. Recogió su escoba la cual se había caído al suelo y siguió su camino a la sala común como si nada hubiera pasado. Pero en el último momento decidió cambiar de rumbo y tomar el camino largo.


Lily subió como un torbellino rumbó a la torre de gryffindor, ignorando cualquier cosa que pudiera estar sucediendo en la sala común subió las escaleras a su cuarto de dos en dos y cerró de un portazo.

A los pies de su cama, sobre su baúl se encontraba el ejemplar de "El Profeta" de ese día, el cual le había causado tanta preocupación esa mañana y a su lado, estaba la cama de su gatito. El cual, tan solo era un cachorro, este estaba durmiendo en la cama, en un arrebato de rabia repentino tomo el periódico lo cogió y lo lanzó al otro lado de la habitación, cayendo este a los pies del aparador de Emmeline Toddler y causando un estruendo. Fritz se despertó con el ruido y maullando miró a su dueña con reproche, la pelirroja se agacho y acarició el lomo del gato anaranjado.

- Lo siento Fritz es que estoy un poco molesta hoy -el gato parecía entenderla porque se restregó contra su palma a modo de consuelo.

En ese momento la susodicha dueña del aparador hizo presencia en el cuarto, como sucedía desde aquel día, la tensión se hizo inminente, la rubia reconoció la presencia de la prefecta con un asentimiento de cabeza y se dirigió directa al baño, causando sin ningún motivo real, que la irritación y molestia que su compañera de cuarto ya sentía, aumentara peligrosamente.

- Toddler iba a entrar yo ahora, ¿por qué te crees que estoy aquí? -Dijo chascando la lengua.

- No lo sé Evans, ni me interesa, pero no haber tardado tanto.

- Toddler, no -la pelirroja se adelantó hasta ponerse a su altura -hoy no Toddler, te aseguro que hoy no te conviene enfadarme.

Pero y a pesar de sus advertencias la rubia hizo caso omiso procediendo a llevar a cabo sus objetivos, Lily deseo poder maldecirla, nada demasiado grave pero lo suficiente para que alguien como su compañera se viera permanente afectada por ello. Pero otra vez fue demasiado cobarde, y en lugar de eso, fue directa al aparador y se agachó para recuperar el periódico. Fantasear con hacer daño a alguien que se lo merecía era una cosa, hacerlo otra muy distinta, y no le apetecía ir a Azkaban. Al agacharse y meter la mano debajo del aparador para sacar el periódico, se topó con algo duro. Sacó el objeto desconcertada y comprobó que era un cepillo de pelo. Eso le trajo a la memoria una de las múltiples peleas que había habido en las últimas semanas, en concreto una en la que Toddler había acusado a Mary de robarle un cepillo de pelo.

Lily lo observó durante unos segundos sin verdaderamente ver el cepillo, absorta en sus recientes memorias y sin pensárselo demasiado tiro el cepillo al suelo nuevamente y le propinó una patada al mismo. El objeto se perdió en la oscuridad de debajo del aparador. No era James Potter, ni Emmeline Toddler, pero ¡madre mía!, que bien le había sentado dar esa patada al cepillo. Además Toddler se lo merecía por acusar sin pruebas.


Cuando llegó a la sala común esta estaba prácticamente vacía exceptuando a algún alumno de los cursos superiores, el fuego crepitaba débilmente en la chimenea y pronto se extinguiría, rápidamente subió las escaleras queriendo alejar recuerdos de unas brasas similares no hace tantos días. Y ya dentro de su cuarto se dirigió al baño si tan siquiera saludar a sus amigos. Que estaban los cuatro reunidos en la cama de Peter, quien parecía estar contando algo.

Una vez se hubo desnudado se metió en la ducha y dejó que el agua cayera fuerte sobre su cuerpo, eliminando cualquier pesar de ese día. No sabe cuando tiempo estuvo allí, pero definitivamente un rato largo, cuando salió la luna estaba ya en lo alto y sus amigos roncaban fuertemente cada uno en sus respectivas camas. Se dirigió a la suya, una vez se hubo secado el pelo mágicamente y puesto el pijama se metió dentro.

Lily y James todavía no eran amigos, estaban en ello, sin embargo no era fácil, chocaban en demasiadas cosas y apenas se conocían. Además James estaba seguro de que ella en el fondo le seguía odiando, por eso seguramente mañana desearía no haber abierto la boca, no haberse metido en ese tema. Pero en ese momento, metido entre las sábanas y con los doseles de su cama sin correr, le daba igual haberla cagado. Cerró fuertemente los ojos y pensó en todo lo que había sucedido ese día, se sentía desbordado de sentimientos negativos. Apretó los puños fuertemente haciéndose daño en las palmas de las manos y finalmente, después de un rato que se le hizo eterno, agotado por todo lo vivido ese día cayó rendido en los brazos de morfeo.

Lily Evans era capaz de desquiciarle, ¿potencialmente amigos? ¡Ja, los cojones!


¡Hola! Vale vale sorry sorry por haber tardado tanto pero no es nada fácil la verdad.

Espero que os guste la historia, no estoy muy segura de este capítulo, pero para ser sincera tampoco estoy segura de nada solo se como quiero que vayan algunas cosas de la historia pero es difícil ponerlo en palabras.

Como habréis visto este capítulo se centra más en James y Lily, que los últimos. Además deja ver un lado más personal de cada uno, ese lado que muchas veces ni siquiera tus amigos más cercanos conocen, o al menos eso me gusta creer a mi. También creo que muestra que ninguno de los dos es perfecto. Quiero decir, nadie cree que James lo sea, es más casi todo el mundo lo ve como un abusón y un gilipollas, cosa que para mí ,personalmente, no es cierta. Pero Lily se suele mostrar como la Hermione de las pelis sin defectos, cosa que tampoco creo que sea cierta.

Otra cosa, un personaje que también exploro un poco más en este capítulo es Snape. Desde el principio he querido darle importancia, particularmente, creo que su personaje fue esencial, no solo por todo lo del espionaje, si no también porque creo que el influyó mucho en Lily y las decisiones que tomó después, y estoy convencida de que en los merodeadores también. Sinceramente, habréis notado que no me encanta, me parece un personaje BRUTAL, muy complejo sí pero yo NUNCA lo voy a considerar un héroe, hizo cosas muy bien y otras horrorosamente mal. Pero creo de verdad, que todo lo que hizo, lo hizo porque el quería no porque considerase algo correcto. Y eso es muy distinto.

Bueno ya sabéis si tenéis alguna duda, queja, observación siempre podéis escribirme. Muchas gracias a Paula por el último review me anima mucho a seguir escribiendo

Gracias por pasaros.

B.