CAPITULO NOVENO.

La tragedia es una herramienta que aporta sabiduría a los vivos, no una guía para vivir -Robert Kennedy.

La apertura de la temporada de quidditch solía ser a principios de octubre y generalmente comenzaba con un partido entre slytherin y gryffindor -los eternos rivales-, pero considerando el clima del colegio los profesores habían tomado una decisión sabía, y ese año los dos equipos que darían inicio a la lucha por la copa del torneo serían: slytherin y ravenclaw. Las águilas siendo capitaneadas por primera vez, ni más ni menos, que por Marlene Mckinnon. Como entenderéis, el comienzo del torneo se había visto retrasado debido a todo lo ocurrido ese año, y de hecho la mayoría del alumnado a esas alturas del curso ya pensaba que se vería definitivamente cancelado al menos hasta el curso siguiente. Pero el profesor Dumbledore, notando cómo había mejorado el ambiente con la fiesta de Halloween decidió inaugurar la temporada, y una cosa estaba clara, ahora que el torneo iba a comenzar los equipos estaban dispuestos a darlo todo en el campo, en especial la recién mencionada capitana de las águilas. Con el anterior capitán el listón había quedado muy alto pues ravenclaw había alcanzado la victoria en una ocasión y llegado a la final dos veces más, y ahora los nervios y expectativas de la rubia estaban por todo lo alto. Además, que para este águila de plumaje dorado y rizado, este partido en concreto se trataba de algo personal, era sábado por la tarde y Marlene Mckinnon estaba lista para patear unos cuantos traseros de serpientes rastreras, en especial los de aquellos que molestaban a sus amigos por no ser "puros".

Desde el vestuario de las águilas se podía escuchar el zumbido procedente del estadio, solo faltaban 10 minutos para que comenzara el partido. La rubia se giró a su equipo ella no estaba nerviosa porque sabía que no se lo podía permitir, pero observando a todos y cada uno de sus jugadores se dio cuenta de que muchos de ellos si lo estaban. Sin embargo a Marlene le parecían nervios infundados, sabía cuánto habían entrenado y qué podían ganar sin problemas. Aún así debía decir algo, era su deber como capitana ayudar a los miembros de su equipo y guiarlos de alguna forma.

- Bueno chicos, hoy es nuestro primer partido de la temporada. El año pasado llegamos a la final, casi nos llevamos la copa a casa, y este año será distinto, este año no solo llegaremos a la final sino que además ¡ganaremos! Es mi primer año como capitana y no pienso fallaros, estamos listos, somos buenos, tenemos ganas, hemos entrenado sin descanso y tenemos nuestra inteligencia, así que confiad en vosotros y en vuestra memoria muscular. Y ahora, ¡vamos a machacar a esos reptiles! Demostremos que como águilas estamos en nuestro elemento, y dejemos claro que ellos están para arrastrarse por la tierra.

- ¡SIIIII! -el grito colectivo que recibió por respuesta solo motivó más a la capitana.

- ¿Soy yo o noto un poco de resentimiento ahí capitana? -Dijo Anthony Davies, las risas no se hicieron esperar ante la mueca de Marlene, y el guiño de complicidad.

Juntos, como un equipo auténtico, salieron del vestuario y se adelantaron hasta la entrada del estadio, estaba todo lleno hasta los topes, Marlene con mucha felicidad pudo reconocer un mar de banderas azules por todo el estadio. Sus ojos azules volaron entre la multitud, y se posaron en alguien que estaba sentado en la grada con los profesores. Era Dora, la comentarista de todos los partidos desde hace un par de años. Por muy extravagante que la rubia fuera a veces, sí había algo que hacía parecer normal a Dora era su amor por el quidditch. A su derecha estaba sentada Dorcas, su hermana mayor, erguida en todo su esplendor y portando una bufanda verde al cuello defendiendo a su antigua casa.

- El primer partido de la temporada dará comienzo en unos minutos -la voz amplificada de Dora se escuchó por todo el estadio, perdiendo su característico toque soñador -pero por ahora conozcamos a los jugadores de los dos equipos que se enfrentarán hoy. -Los aplausos retumbaban en las columnas del estadio, Marlene notó como el pulso comenzaba a acelerarse -por un lado, ¡SLYTHERIN!

Los abucheos no se hicieron esperar, Mckinnon suponía que estos venían de Gryffindor como ocurría siempre. La voz de Pandora aunque mágicamente amplificada apenas se podía escuchar por encima del griterío general.

- Aquí viene el equipo verde y gris -aplausos y gritos se dejaron oír mientras los slytherin hacían su entrada triunfal sobre las escobas - capitaneado por Polux Avery, uno de los tres cazadores del equipo. Seguido de cerca por sus cazadores Mulciber y Pucey, los dos bateadores del equipo Goyle y Mcnair. El guardián Higgs y por último el buscador Regulus Black.

Marlene evaluaba todo desde el suelo, parecía que el capitán de ese año, Avery, se había decantado por la fuerza bruta en vez de por la habilidad. Eso en cierta forma suponía una ventaja para las águilas que eran más ágiles, bueno, al menos mientras que hubiera juego limpio. La voz de su amiga hizo que volviera a la realidad.

- Y ahora si que si recibamos con un fuerte aplauso a las ¡águilas de Hogwarts! A la cabeza Anthony Davies, Mikeila Ackerley y un nuevo miembro Hestia Dots. Seguidos de dos increíbles bateadores Luke Corner y el novato Stewart Ackerley, como guardián tenemos al guapísimo Edward Turpin. Finalmente capitaneando el equipo y ocupando el último puesto como buscadora, está la fantástica e impresionante, que conste que estoy siendo totalmente objetiva, Marlene Mckinnon.

El estadio prorrumpió en aplausos mientras Marlene saltaba sobre su escoba y entraba a toda prisa en el centro, con una sonrisa en sus labios y una risa contenida. Los gritos de sus compañeros se fueron apagando con el rumor del viento en sus oídos, los rizos rubios que se escapaban de su trenza se movían frenéticamente al ritmo de la escoba y la mirada en sus brillantes ojos azules, se nublo por el golpe del frió aire contra ellos. Marlene respiró profundo llenando sus pulmones de aire fresco, el frío cortando un poco su respiración.

En la grada pudo distinguir a sus amigas de gryffindor junto con sus compañeras de habitación, habían traicionado su puesto en las tribunas rojas y doradas. Y se habían asentado entre las águilas, prácticamente mimetizándose con el ambiente, además llevaban una pancarta mágica en la que aparecía un águila cayendo en picado sobre una serpiente. Rezaba así: prepárate serpiente, el depredador cazado. Lily y Mary movían de lado a lado la pancarta pintada de azul y bronce. La primera tenía toda la cara pintada, un lado de azul y otro de color bronce. La segunda se había dibujado líneas de combate azules y bronces en un lado de la cara y en el otro el dibujo de un águila, parecían dispuestas para la guerra. A su costado estaban colocadas Blish y Heather, quienes pasaban más desapercibidas, a pesar de que Blish llevaba al cuello la bufanda dorada y roja de gryffindor -siempre fiel a su casa y equipo- aunque este no hubiera jugado aún ni un partido, sin embargo una sonrisa traviesa y el incesante golpeteo de sus manos traicionaba su orgullo de leona, por el que sentía hacía su amiga. Heather no hacía nada por destacar entre la multitud, llevaba el pelo castaño recogido detrás de las orejas aunque los mechones más cortos se escapaban e iba vestida con ropa de diario con tonos azules y ni siquiera llevaba su bufanda escolar puesta, pero el simple hecho de verla ahí de pie aplaudiendo como los demás, hizo que todo el apoyo brindado por el resto pareciera pequeño a su lado.

Cuando llegó al centro del campo se encontró con la joven profesora Hooch, quien les advirtió acerca de juego limpio. Antes de darle la mano al capitán del otro equipo inspiró lentamente tres veces, sacando cualquier pensamiento que no fuera quidditch de su cabeza, lo que produjo pequeñas burlas entre sus contrincantes, quienes confundieron concentración con pavor. Ella y el capitán de slytherin se dieron la mano, momento que aprovechó Avery para destrozarla y provocando un dolor incipiente, pero Marlene una vez más hizo todo pensamiento, que no fuera ganar, a un lado, y cuando sonó el silbato fue la primera en levantar el vuelo.


- ¡Cerdo cromañón! -Gruño Lily al ver como el capitán de slytherin se desviaba de su trayectoria para chocar deliberadamente con su amiga y hacerla perder de vista la snitch una vez más.

- Pops eres verdaderamente toda una caja de sorpresas -Sirius Black acababa de llegar seguido del resto de su grupo de amigos, y se había colocado al lado de Lily pasando su brazo por los hombros de la pelirroja.

- Black -saludó ella secamente, aunque admitía que el chico le había sorprendido gratamente en el castigo, pensaba que desde aquel día se había estado tomando muchas libertades con ella, como el hecho de llamarla por ese absurdo apodo constantemente o lo de tocarla.

- ¡Oh venga Pops somos amigos! No deberías recibirme así.

- ¿Y qué quieres Black que te plante un morreo? -Intervino Blish, sin apartar sus ojos del campo, ignorante al sonrojo que acababa de causarle a su amiga -déjala en paz y cállate, que este partido es importante.

- Todos lo son Blish -replicó James con tono serio.

La prefecta que había bajado la mirada al suelo ante la frase de Angelina, desvió sus ojos hasta posarlos en el azabache. El chico tenía su mirada avellana puesta en lo que pasaba en el campo, pero su espalda estaba muy recta y su mandíbula apretada como sí estuviera tenso. Lily era muy consciente de que aún no habían hablado desde aquella pelea en un pasillo, dónde ella le pegó un tortazo y le dijo que no se acercara a ella nunca más. Potter había cumplido, se había mantenido alejado de ella y Evans no recordaba que le hubiera hablado ni una sola vez desde aquel día, ni siquiera en clase. Y de alguna forma ser consciente de eso, le hizo sentir como sí el brazo de Sirius que rodeaba sus hombros pesara 500 toneladas.

- A mi me da igual el partido -comentó Mary -solo quiero que Marlene patee el culo a esas serpientes rastreras. Y si Corner o Ackerley pueden tirar a esos idiotas de su escoba yo sí que les daré un buen morreo.

Todos se rieron por la ocurrencia de la castaña, en especial Remus que se había colocado justo delante de ella, menos James y Angelina quienes miraron a la castaña como sí hubiera perdido la cabeza.

- Yo por un beso tuyo puedo intentar tirarlos desde aquí -declaró Peter con tono de broma.

- Uy Pet cuidado con lo que sugieres que esto puede acabar en un bonito trío -contestó la hija de muggles con una sonrisa y un guiño pícaro. El rubio aunque sonrió se sonrojó con la insinuación.

- ¿Queréis dejar todos el cardio para otro momento? Me desconcentráis y así no puedo aprenderme las jugadas -se quejó Blish.

- ¡Blish relájate solo están bromeando! -Comentó Adam que estaba colocado cerca de ellos, junto a algunos miembros más del equipo, y había escuchado la conversación.

- ¿Sabes lo importante qué es ganar la copa del torneo este año? -Replicó la negra

- No más que el año pasado me imagino -contestó con una sonrisa el guardián.

- ¡Te equivocas!, estamos en nuestro penúltimo año sí perdemos sólo nos quedaría una oportunidad más, y Marlene va a ir a por todas este curso.

- Blish -intercedió James con tono relajado intentando mantener la paz -tenemos que preocuparnos por entrenar bien y aprendernos las jugadas si. Pero eso no quita que podamos disfrutar de ver a los demás jugar, y más cuando lo hacen como las águilas. Además yo también pienso ir a por todas.

La morena no añadió más pero no parecía del todo conforme con lo dicho por su capitán, mientras que los demás miembros del equipo asentían con una sonrisa. Lily miró al azabache de reojo, sentía curiosidad ¿cómo podía mostrarse a veces tan… maduro? Y otras comportarse como lo hizo en ese pasillo. ¿Y por qué no paraba de pensar en todas las cosas que no había visto de él desde aquel dichoso castigo con Sirius? Por suerte para la pelirroja, el grito de alegría de Dora por el altavoz le hizo despertar, puesto que Potter había esgrimido una sonrisa que le había dejado sin respiración.


Marlene observó a su equipo, iban muy bien, llevaban una gran ventaja en el marcador, y se nota que todos aún tenían energía para seguir jugando, pero no podrían seguir así mucho más, debía encontrar la snitch. Había pedido una parada técnica para hablar un par de minutos con sus jugadores, y desde que habían aterrizado aún no había dicho nada, los ojos de todo el equipo de ravenclaw estaban fijos en ella.

- Chicos -empezó con lentitud sin saber exactamente qué decir -lo estáis dando todo en el campo, os estáis dejando la piel y cómo veis está surtiendo efecto. Llevamos mucha ventaja a las serpientes, y con eso podríamos darnos por satisfechos, pero hasta que no atrape la snitch no podemos parar. -Gestos de asentimiento y sonrisas de satisfacción afirmaban las palabras de la rubia.

- ¿Qué quiere que hagamos capitana? -Preguntó el menor de los hermanos Ackerley.

- Seguid jugando como lo estáis haciendo con eso bastará, yo atraparé esa pelotita dorada del demonio. -Corner y Turpin se palmearon mutuamente los hombros, mientras que Hestia y Mikeila se abrazaban con rapidez.

- Bien Marlene, te daremos tiempo y ventaja para atraparla -exclamó con entusiasmo Anthony, el resto del equipo le siguió. Y Marlene no pudo evitar sonreír, rodeada por su equipo con el brazo de Turpin en sus hombros y el apoyo de la afición rugiendo en sus oídos.

Se acercaron donde estaba la profesora de vuelo- que era quién ejercía de árbitro durante los partidos- ya listos para retomar el vuelo en cuanto tocará el silbato. Sin embargo los slytherin parecerían no estar preparados, Marlene observó con curiosidad como las serpientes tenían una pequeña riña. Por lo pronto algo raro debía haber sucedido durante el descanso técnico, porque en los ojos de Avery había un brillo de furia, pero estos no estaban fijos en ella o su equipo sino en su buscador, quién impasible a su capitán, sí que mantenía su mirada puesta en Marlen. Gris y azul chocaron, como tantas veces antes había sucedido, después de todo, Mckinnon y Black se conocían de toda la vida. Claro que cuando eran pequeños eran muy amigos y desde entonces las cosas habían cambiado, a pesar de ello, Marlene no encontró rechazo en los orbes gris de Regulus. Sí era sincera, nunca lo hacía, por mucho que la situación entre los hermanos Black fuera crítica en esos momentos, ella nunca había tenido problemas con el slytherin. A pesar de no encontrar rechazo, la rubia si vió algo en la mirada del buscador de slytherin que la inquietó aunque no supo identificar qué.

Antes de tener tiempo de analizar toda la situación el silbato sonó y una vez más Marlene se encontró levantado el vuelo para apartarse del camino de sus cazadores lo más rápido posible y dejarles jugar, mientras ella alcanzaba una altura que le permitía vigilar el campo entero y las jugadas. La voz de Pandora no tardó en mezclarse con el viento y en un segundo todo menos la búsqueda de la snitch se había desvanecido de su cabeza, estaba tan concentrada: vigilando las bludgers, jugando con las corrientes de aire, sintiendo el flojo sol de invierno y el despiadado frío en su blanca piel, que apenas prestó atención al marcador. Fue un atronador barullo de las gradas lo que devolvió su atención al marcador, pero tras asegurarse de que la distancia seguía siendo considerable volvió a perderse en su tarea. De las cuatro veces en las que había visto la snitch el suficiente tiempo para atraparla en lo que llevaba de partido, tres de esas se habían visto truncadas por un miembro del otro equipo, le habían cortado el paso obligándola a desviarse y perder la pelota en todas las ocasiones. Sin embargo ninguno de esos había sido Regulus, y ahora que el buscador volvía a su mente, se dió cuenta de que el slytherin no parecía estar haciendo esfuerzos por encontrar la pelota dorada. Black se había mantenido al margen del partido, pasados los postes de gol, y no había hecho ni un amago por atrapar la pelota, ni siquiera cuando esta había volado por el centro del campo, y eso era raro. Si bien la distancia que separaba a Marlene de la snitch era menor, Regulus pesaba más y su escoba era ligeramente mejor, así que lo más probable es que el hubiera atrapado antes la bola, pero ni lo había intentado.

Mckinnon posó sus ojos azules en él, algo en su pose que no cuadraba bien con la situación, estaba evidentemente inquieto, nervioso, pero no de la manera en la que uno está cuando juega quidditch, esto era distinto. Había una tensión marcada de oscuridad, como si supiera que algo malo iba a ocurrir. Y si lo pensaba bien, en la primera parte el chico había estado igual, hubo un par de ocasiones en las que se habían cruzado y en una de ellas, el águila estaba convencida de que Regulus le había apretado la muñeca, pero fue tan rápido que Marlene creyó que se lo había imaginado. Ahora, ya no estaba tan segura.

Un nudo se formó en su garganta y el aire comenzó a faltarle, se aferró al palo con las dos manos fuertemente intentando parar el ataque de pánico que se veía venir. Sus ojos habían abandonado a Regulus, y volaban por el campo pasando por todos los miembros de su equipo, ¿no les harían nada no?, no se atreverían en el colegio, ¡era absurdo!, pero cuanto más lo pensaba más crecía ese presentimiento oscuro que se había asentado en su pecho. Una vez más sus ojos que ya bailaban frenéticos por todo el campo se pararon en Black, pero ahora el chico le devolvía la mirada: gris, fría e impenetrable. Y Marlene supo que no estaba equivocada.

Pasó un rato largo en el que nada nuevo ocurrió, un par de goles por aquí, grito de la tribuna de ravenclaw, un par por allí la euforia de slytherin, un par de abucheos y unos tiros a puerta por faltas cometidas, pero nada más grave. Nadie atrapó la snitch, y lo que es peor nadie lo intentó, estaba empezando a pensar que era una desconfianza, paranoica e hipocondríaca, y que Regulus se había estado comportando de forma rastrera, cuando entonces pasó. El grito amplificado de Dora inundó el estadio con la fuerza de una corriente mágica que impacta contra algo que no se lo espera, desviando los ojos zafiros de la capitana de las águilas al centro del campo, donde Mikeila Ackerley estaba siendo rodeada y bombardeada por los dos bateadores de slytherin, mientras que su novio Archie y su hermano Stewie intentaban llegar a ella de alguna forma y Davies y Hestia volaban en círculo por debajo dispuestos a atraparla. Marlene se quedó horrorizada ante la escena: su compañera a unos 5 metros por debajo de ella, estaba colgando de su escoba que estaba a 10 metros del suelo con una sola mano, el palo se tambaleaba con fuerza por los golpes, y con la otra mano Mikeila se protegía la cabeza cómo podía.

Las gradas gritaban y abucheaban y no era de extrañar, Mikeila no tenía la quaffle por lo que lo que estaban haciendo estaba prohibido, Marlene escuchaba algún niño llorar, y sentía como se clavaban en su piel los gritos de Stewie y Luke, quienes desesperados hacían todo lo posible por llegar a la cazadora. Pero eso no era suficiente, no contento con lo que ya había hecho Macnair con cuidado de no partir el palo había comenzado a golpear la escoba con el bate. Marlene no se lo pensó dos veces, con rapidez se dirigió lo más rápido que pudo hacía Mikeila, desesperada por también hacer todo lo posible por ayudar a su compañera. Pero mientras volaba en dirección a Ackerley vio como Regulus por primera vez en todo el partido se movía, y caía en picado persiguiendo la snitch dorada.

Mckinnon no tuvo ni que tomar una decisión, a pesar de que le dolía que todo el esfuerzo de sus jugadores habían hecho se perdiera por culpa suya, lo más importante era el equipo y su bienestar, no ganar un absurdo partido. Tan concentrada estaba en llegar hasta Mikeila que no se dio cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir, pero la gente en las gradas debió percatarse porque lo último que distinguió Marlene antes de que todo se volviera negro, fue el grito desesperado de Lily al verla caer inconsciente desde 15 metros de altura.


James no se lo podía creer, hacía tiempo que no veía un partido tan sucio, aunque técnicamente muchas de las jugadas que habían utilizado los slytherin no se consideraran faltas, tampoco estaba bien visto usarlas, eran juego sucio. Ahora el azabache estaba apostado ante la puerta de la enfermería, impotente, furioso y desesperado.

Mckinnon había caído desde muy alto, y ningún miembro de su equipo había ralentizado la caída, ya que todos estaban ocupados intentando ayudar a Mikeila quién había también había pasado un mal rato. James a pesar de su enfado no los culpaba, entendía lo que había ocurrido y sabía que por muy rápidos que fueran ninguno hubiera alcanzado a Marlene a tiempo, pero deseaba que hubiera sido a ella a quién ayudaron y no a Ackerley. El joven tampoco podía evitar pensar que si al menos Dumbledore hubiera estado presente podría haber interceptado o frenado la caída, para que al menos el impacto no fuera tan fuerte, pero no, el director apenas hacía presencia en el colegio últimamente. Por eso, la buscadora cayó como un saco de patatas con la cabeza primero golpeándosela directamente contra el terreno, y haciéndose una herida muy fea como pudieron comprobar cuando Turpin la levantó del suelo para llevarla a toda prisa a la enfermería. La rubia había dejado un gran charco de sangre detrás, que llegaba desde el campo de quidditch hasta la puerta de la enfermería, debía haber perdido al menos dos litros de sangre.

Apenas se desmayó ahí mismo al ver toda esa sangre, sin embargo había tenido que guardar la compostura, ya que parecía que ninguno de sus amigos podía, incluso había tenido que contener a Sirius (y a él mismo) para que no matara a los slytherin, sobre todo a su hermano pequeño. Regulus había atrapado la snitch mientras Marlene caía, la profesora Hooch no había sido capaz de pitar tiempo muerto antes de eso, así que los slytherin se habían hecho con la victoria del partido con unos pocos puntos de diferencia. Y en su llegada a la victoria, dejaron a dos de las jugadores de la otra casa en la enfermería. Una de ellas tenía el cuerpo lleno de hematomas, se había roto el brazo derecho al intentar protegerse la cabeza, unas cuantas costillas y el pómulo izquierdo, y tendría que pasar la noche en la enfermería. Mientras que de la otra literalmente se debatía entre la vida y la muerte, al menos eso era lo último que había sabido de ella, y eso solo ponía nervioso a James.

Histérico se pasó las manos por el pelo alborotando aún más su cabello azabache, miró alrededor, el equipo completo de ravenclaw menos las dos accidentadas, el pequeño de los Ackerley y Luke Corner que no se encontraban allí, todos estaban sucios y cansados. Además del equipo de quidditch de ravenclaw, estaban Vivianne Mckinnon, rodeada de sus amigos y de los de su hermano mayor Daegal quién habíaentrado junto a Marlene, también estaban unas cuantas compañeras de casa de las águilas y por supuesto el grupo de amigas de la capitana. Sin poder evitarlo James observó a Lily, estaba "dormida" sobre Blish, tenía la cabeza apoyada en su hombro, sus ojos que estaban cerrados en ese momento se percibían ligeramente hinchados, y la pintura de su cara se encontraba toda corrida y entremezclada por las lágrimas que habían caído. Justo en ese momento se abrieron las puertas de la enfermería, Dorcas Meadowes fue la única que salió, era difícil deducir cómo se sentía, como siempre. Desde aquella conversación en la clase de DCAO James había estado observando a su profesora con cuidado y estaba seguro de que ocultaba algo, sin embargo en ese momento le traía sin cuidado solo quería saber cómo estaba su amiga.

Pandora se acercó a su hermana mayor, la joven profesora dejó por un momento de lado su faceta de maestra y abrazó a Dora contra ella, por primera vez en meses James pudo percibir un lado humano en la chica, que no había sido capaz de ver aún. Después los observó a todos uno a uno, tanto los ravenclaw como los leones formaron un círculo alrededor de ellas, al menos la mayoría de ellos, algunos se habían quedado rezagados no queriendo escuchar la conversación, o por haber caído rendidos al llanto hacía un rato. Vivi se había casi lanzado encima de Dorcas, a la niña no le habían dejado entrar porque estaba en primero y pensaban que era muy pequeña.

- Las buenas noticias es que la señorita Ackerley está bien, solo cansada y un poco dolorida, el sanador Apgar con la ayuda de la enfermera Pomfrey, la curó enseguida. Eso sí pasará la noche aquí, así que alguien vaya a avisar a su jefe de casa y cuando pueda que venga para relevar un rato a los señores Corner y Ackerley, por mucho que no quieran dejar el pie de su cama tendrán que ducharse y comer. Me da igual que ninguno parezca dispuesto a marcharse oblíguenles -respiró profundamente, como si lo siguiente le costará decirlo. -Mientras que la situación de Mckinnon es más complicada, aún no lo entendéis bien pero hay cosas que ni la magia puede curar. Y todavía no sé sabe que va a pasar, pero la señorita Mckinnon tenía una hemorragia interna grave y unas cuantas fracturas. Ni el sanador Apgar, ni la enfermera Pomfrey saben muy bien qué hacer pero han hecho todo lo que han podido, hemos avisado a un sanador de San Mungo para que venga a revisar que todo esté en orden, y seguramente sí es así se le trasladará al hospital. Pero la mente humana es muy delicada, puedes repararla fisiológicamente hablando pero pueden quedar secuelas psíquicas, pero eso por ahora no nos importa. Necesitaré que alguien haga lo mismo que con Corner y Ackerley por el señor Mckinnon, no es bueno que se quede a los pies de la cama de su hermana toda la noche.

Los sollozos entre el grupo, las caras de consternación y los rumores no se hicieron esperar. Si habían entendido correctamente, puede que su Mckinnon no se volviera a recuperar de ese golpe. Nadie habló durante un rato, todos intentaban asimilarlo, Vivianne fue la primera en hacer algo y corrió rápidamente a los brazos de uno de los chicos de cuarto para refugiarse en ello, este la abrazó contra sí, y le pasó una mano por el pelo, James asumió que era un amigo de Daegal.

- ¿Qué va a pasar con los slytherin? - el cazador de ravenclaw fue el primero en romper el silencio, todos habían observado a la pequeña de los Mckinnon y a más de uno se le partió el corazón solo de verlo. -Quiero decir, las cosas no se pueden quedar así, los slytherin no se pueden ir de rositas. Esto no ha sido ningún accidente lo hemos visto todos -la indignación en la voz de Davies era lógica, Marlene y él llevaban siendo amigos desde que ingresaron al colegio a pesar de llevarse un año de diferencia, y su amistad se había visto reforzada al convertirse ambos en jugadores del equipo, y Ackerley era también una de sus compañeras.

- Señor Davies esa acusación es muy grave, no creo que quiera usted decir que sus compañeros han intentado dañar intencionadamente a una de sus amigas.

- Claro que sí -esta vez fue una de las novatas del equipo Hestia Dots, o algo así creía James. -No es la primera amenaza, a mi el otro día me intentaron atacar, fueron Mulciber y otros, si no llega a ser por Black -esto lo dijo señalando a Sirius -lo hubieran conseguido. Y todos sabemos que las serpientes son lo suficientemente astutas para trazar este plan -James miró sorprendido a su amigo, quien parecía incómodo, así que esa era la razón de la pelea con los slytherins.

- Venga Meadowes tu sabes como es el quidditch, tu fuiste la capitana de slytherin en su día -a pesar de ser ravenclaw no fue muy inteligente por parte de Davies decir eso, la mirada de Dorcas era aterradora.

- Ya vale Tony, -esta vez fue Edward Turpin quién tomó la palabra -la profesora Meadowes no se encarga de la disciplina, ni es la jefa de slytherin, -su tono era respetuoso pero deja entrever que esperaba que a los slytherin se les castigará -ella solo se preocupa por Marlene y por Mikeila. Así que dejad el tema, ya hablaremos con Flitwick nosotros -estaba claro que no iban a dejar pasar este ataque -¿podemos pasar a verlas?

- Lo siento mucho señor Turpin pero no creo que sea posible -el tono de Dorcas era comprensivo, pero eso no evito que Vivi se retorciera en los brazos del chico de uarto, ella quería ver a su hermana -lo mejor es que se vayan a descansar y vengan mañana por la mañana. A su capitana no le gustaría ver mal a sus jugadores.

- ¿Qué más da si no puede vernos? -Replicó Davies con una risa sarcástica y llena de dolor, pero una mira de Turpin y el sollozo de Vivianne le bastó para agachar la cabeza.

Los ravenclaw asintieron cabizbajos y con un sólo movimiento de Edward, el segundo al mando del equipo de quidditch, se dirigieron todos menos Vivi y el amigo de Daegal rumbo a la torre. Pero los gryffindor no imitaron a sus compañeros. Entonces Dora, quien era el único águila que seguía ahí a parte de los otros dos, se giró a su hermana.

- Dor ¿es tan malo? -los grandes ojos azules de Pandora estaban rojos y su cara estaba irritada del llanto, su expresión era de puro terror. James no sabría cómo hubiera reaccionado sí su hermanita le hubiera mirado así, técnicamente él no tenía hermanos aunque consideraba a Sirius y a Marlene sus hermanos prácticamente.

- Me temo que si Dora, -James nunca había visto a Dorcas ser tan delicada, se había agachado para estar a la altura de su hermana pequeña y sus suaves y delicadas manos marrones tenían la cara de Pandora cogidas entre ellas, con los pulgares limpiaba los rastros de lágrimas que quedaban en su cara. Fue en ese momento que se giró dónde Vivianne quién lloraba silenciosamente en los brazos del amigo de su hermano, y la atrajo hacía así para abrazarla -Pero escuchad conocéis a Marlene, esa rubia es una cabezota -esto lo dijo con una sonrisa, como si fuera un chiste privado y sacudiendo un poco a Vivianne intentando hacerla sonreír -se pondrá bien, solo que llevará un tiempo y necesitará toda vuestra ayuda. -Soltó a la pequeña y se volvió hacía el resto de nuevo mientras rodeaba una vez más a su hermana con uno de sus brazos y apoyaba su otra mano en la niña, -ya sé que he dicho que no podíais pasar. Pero el sanador Apgar dejara pasar a unos pocos y como vosotros sois sus amigos íntimos, he decidido no decir nada al resto. Deberíais despertar a Lily u os matará si no ve a Marlene.

Dicho esto se fue, James la miró marchar mientras su figura desaparecía por el pasillo hacía la oscuridad. Su rizado cabello chocolate caía en cascada por su espalda, su paso era ligero y rápido al mismo tiempo, y en vez de dirigirse al piso donde supuestamente duermen los profesores giró en otra dirección.

- Entramos ¿no? -Lily quien ya había sido despertada y puesta al tanto por Blish, no esperó respuesta agarró la mano de Vivianne y abrió rápidamente las puertas de la enfermería y avanzando con presteza hasta el fondo donde suponía estaría Marlene.

La joven rubia se encontraba en una camilla al fondo de la enfermería, tenía una venda alrededor de la cabeza, y un ungüento verde en su mejilla izquierda, estaba tan pálida que sus rubias cejas resaltan en su cara y su tono de tez en vez de blanco pálido era grisáceo, seguía inconsciente como Dorcas les había dado a entender. A sus pies estaba Daegal con un tono tan grisáceo como el de su hermana y una cara de infinita tristeza, Vivianne se lanzó a sus brazos llorando, y el la sujetó con fuerza. Sin darse cuenta todos los demás se pusieron alrededor de ella, Blish se subió junto a los hermanos a los pies de la cama, Lily tomó la mano derecha de Marlene y se sentó en una silla, Pandora se recostó como pudo a su lado, Mary y Heather estaban en su lado izquierdo. Mientras que los chicos observaban impotentes la escena, no podían hacer nada por ellas, ni siquiera ayudar a mitigar el dolor y la rabia, lo sabían de primera mano, ya que ellos se sentían igual.

En algún momento de todo el tiempo que estuvieron allí, Edward Turpin había vuelto a la enfermería a relevar en su puesto a Corner y Ackerley, mientras estos se iban a duchar y luego uno de ellos volvería para pasar la noche. Pero antes de eso se pasó a ver como estaba Marlene, y si el resto necesitaban algo, en especial los hermanos Mckinnon o Heather, y James recordó que esos dos habían salido durante años y que solo recientemente Heather había roto con él. Todos negaron pero agradecieron el gesto, y volvieron a su silencio sepulcral. Estuvieron allí un buen rato, sin decir o hacer nada, hasta que el sanador Apgar les echó a todos de la enfermería. Por supuesto, que antes de irse lucharon con uñas y dientes por quedarse, pero Apgar se negaba en rotundo a dejar que se quedaran dos personas por enfermo, y Daegal no parecía capaz de estar solo frente al cuerpo casi muerto de su hermana mayor, Vivianne era demasiado pequeña para hacerlo y hasta que Lily no consiguió convencer al viejo gruñón de que se quedaría ella a pesar de no ser familia, ninguno abandonó la enfermería. Además también se aseguraron de saber las últimas del estado de su amiga y su compañera ravenclaw, pero había poco que reportar y aún no había ni rastro del sanador de San Mungo.

Todos los jóvenes se dirigieron, ya pasado el toque de queda, a la torre de gryffindor con excepción de Dora y los cinco ravenclaws que volvieron a su cuarto en la torre del ala oeste para informar a sus compañeras.


El frío despertó a Lily de madrugada, tenía la boca seca de haber dormido con esta abierta, y un dolor intenso en el cuello de haberse quedado dormida sentada. Se frotó los ojos intentando mitigar la picazón que sentía, sin embargo sus puños se colorearon de azul y bronce, y recordó que ni siquiera se había lavado la cara.

Miró a su amiga, no tenía mejor aspecto, pero tampoco parecía haber empeorado, sin embargo eso no tranquilizaba a Lily. Se le hacía raro ver a su inquieta amiga así, pero ¿qué podía hacer ella? se sentía totalmente inútil, solamente había gritado y cogido la mano de Marlene como si eso fuera a arreglar sus problemas. Y lo peor es que tenía la sensación de que algo así no sería la última vez que fuera a pasar.

Con un suspiró se levantó y se alejó de la cama, busco un bol o algo que le sirviera para convocar agua y con cuidado mientras estaba centrada en sus cosas se fue quitando la pintura de la cara. Cuando volvió junto con su amiga se encontró con una sorpresa.

Al lado de la cama de la rubia estaba un chico azabache, su pelo brillante y sedoso le llegaba hasta la barbilla. Por un segundo pensó que era Sirius, sus rasgos aristócratas y sus elegantes movimientos eran muy similares, pero a pesar de ello había algo diferente en él, si Lily hubiera creído en esas cosas habría dicho que el aura de Regulus era más oscura que la de su hermano, pero eso eran simples chorradas. La explicación era más sencilla que todo aquello, Regulus le caía mal y Sirius no.

Se quedó quieta observando al pequeño de los Black, no creía que fuera hacer nada malo, pero había aprendido que nada era seguro al cien por cien. El joven miraba a Marlene con intensidad, su rostro no mostraba expresión alguna pero Lily podía sentir su ¿enfado? ¿tristeza? ¿culpabilidad? No estaba segura, y por un horrible segundo Lily se dio cuenta de que Regulus podría haber sabido lo que iba a pasarle a Marlene, ¿pero él no lo hubiera permitido no? Conocía a Marlene desde hace mucho, antes incluso de entrar en Hogwarts, era algo así como una amiga suya de la infancia, y Lily siempre había tenido la ligera sospecha de que a Regulus le gustaba Marlene desde entonces. ¿Si alguien siente algo por alguien no podría dejar que le pasara nada malo sin hacer nada no?

- ¿Cómo está? -Lily se sobresaltó con la pregunta, no pensaba que se hubiera percatado de su presencia, sin embargo respondió con franqueza.

- Mal, no saben si se recuperará a decir verdad -no quería que su tono sonase tan duro, pero no podía evitarlo -la mente humana es muy delicada, ya seas muggle o mago. -Regulus desvió la mirada de la rubia un segundo para centrarla en Lily y luego volvió a Marlene.

- Ya veo.

Con esa frase debió de dar la conversación por terminada porque se levantó de la silla y se dirigió a la puerta, justo antes de abrirla miró a Lily y dijo.

- Intente advertirla, pero no me creyó -con esa confesión Lily sintió que se le caía el alma a los pies, así que las águilas tenían razón todo esto había sido premeditado ¿y para qué?¿Para ganar un partido de quidditch?

- ¿Tú lo sabías? -Preguntó lentamente intentando cerciorarse de que había entendido. Él se encogió de hombros, no era una confesión pero tampoco estaba negando nada -¿cómo no pudiste hacer nada para impedirlo?

- No todo es tan sencillo.

- Sí que lo es -declaró ella firmemente, y añadió con intención de hacerle daño -no te equivoques o intentes justificarte.

- No pareces opinar lo mismo respecto a Snape -replicó él dándose la vuelta y saliendo rápidamente de la enfermería.

Esa pequeña visita dejó inquieta a Lily, con una sensación pésima por todo el cuerpo, y lo que quedaba de noche apenas durmió, ¿cuánto podía equivocarse uno? Se tumbó en una cama que alguien había convocado para ella, suponía que Regulus, al lado de la de Marlene y cerró los ojos esperando dormirse pronto. Cuando volvió a despertarse ya era de día, Marlene seguía inconsciente y el sanador Apgar estaba sobre ella comprobando su estado, no parecía haber mejorado nada.

- Buenos días sanador Apgar, ¿cómo está? -El mago levantó levemente la vista y le dedicó un asentimiento de cabeza a la joven pelirroja, pero siguió con su tarea.

- No ha habido ni cambios ni alteraciones, nada simplemente nada… no lo entiendo.

- Pero eso, ¿eso no es malo no señor?

- No lo sé muchacha y no saber algo nunca es bueno, deberías irte a tu cuarto y dormir un rato son las seis aún.

- No señor quiero quedarme aquí con…

- Ve a tu cuarto a descansar es una orden, te vas a enfermar si sigues aquí y no ayudaras a tu amiga así.

- Pero…

- ¡Evans te quitaré puntos! Fuera, ya te he dejado dormir, además me imagino que ahora vendrán sus hermanos.

- Usted no puede quitar puntos -una mirada seria de él bastó para que se callara -si sanador Apgar.

Cabizbaja Lily se levantó de su cama y justo después de besar la frente de Marlene se dirigió hacía la puerta. Al pasar por delante de la cama de Mikeila vio una imagen similar, un alterado Stewart Ackerley se frotaba el cuello con frustración mientras discutía con la nueva enfermera gesticulando fuertemente. El joven finalmente debió rendirse de malas maneras ya que siguió los pasos de la pelirroja, dando fuertes pisadas. Lily esperó por él junto a la puerta queriendo saber el estado de la chica.

- ¿Cómo está tu hermana?

- Mejor -contestó él de mal humor -me ha dicho la tipa esa que seguramente esta noche dormirá en la torre.

- Se llama Pomfrey -comentó Lily con una sonrisa -me alegro que por lo menos ella esté bien.

- Por mi como si se llama Missy -dijo el pequeño de los Ackerley aún enfurecido, Lily le miró con reproche sabía que el enfado no iba con ella aún así era molesto que le hablaran a uno de esa forma. -Perdona, -dijo Stewart arrepentido -es que es mi hermana mayor y nunca la había visto mal, además no se tú pero he dormido fatal en esa silla.

- Si, no es lo más cómodo -respondió ella con una sonrisa.

- ¿Y cómo está Marlene? No te he preguntado -Lily no dijo nada esta vez, sus ojos verdes se humedecieron y sus puños se apretaron tornándose blancos -así que así de mal, vaya mierda -dijo el chico sin apenas voz, sabiendo que en el fondo su hermana había tenido suerte. -¿Van a pagar al menos no? -La pelirroja se encogió de hombros -bueno Evans veo que no estas muy habladora, así que te dejo me voy a la torre a despertar a Luke y que tome mi puesto. Adiós Evans -gritó el niño mientras se alejaba a pasos acelerados hacía la torre de las águilas.


Lily retomó su camino, rumbo a su sala común, quizá alguna de sus amigas estuviera despierta y así podría ir con Marlene. Los pasillos vacíos y silenciosos de Hogwarts resultaban escalofriantes, y la sensación de frío no atenuaba el sentimiento. Cuando llegó a la torre se encontró algo que no esperaba.

James Potter estaba sentado en el alféizar interior de la ventana, se había quedado dormido. Las piernas las tenía medio recogidas en el alfeizar, su espalda estaba apoyada contra la pared y su cabeza caía hacía delante, algo que probablemente le dejaría un intenso dolor de cuello el resto del día. Lily se acercó sigilosamente mientras el joven respiraba acompasadamente en sueños, al acercarse la pelirroja notó que las gafas del azabache habían resbalado por el puente de su nariz, varios centímetros y su boca estaba ligeramente entreabierta, lo que significaba que seguramente se hubiera babeado parcialmente los alrededores de la boca. A pesar de esto último a Lily la imagen le pareció adorable.

En su puño sujetaba una foto, la cual estaba siendo ligeramente aplastada, la prefecta tomó la foto entre sus manos. En ella se podía distinguir a dos niños pequeños jugando juntos en un jardín cubierto de flores, la pequeña era rubia y tenía unos rizos perfectamente peinados y recogidos en lazos azules, mientras que el niño tenía el pelo completamente negro y despeinado. Al tratarse de una foto mágica, esta estaba llena de movimiento, y se podía ver como después de manchar la preciosa túnica celeste de Marlene con barro, ella y James se reían a carcajadas cuando la pequeña se la devolvía poniéndole una mano cubierta de tierra en la cara.

Un millón de sentimientos invadieron a Lily a la vez, no estaba segura de entender ninguno de ellos en ese momento y tampoco sabía si quería hacerlo. Llevada por un impulso sacudió el hombro del joven mientras decía su nombre suavemente. Poco a poco pareció que él adolescente ya reaccionaba, en un primer momento Lily fue capaz de distinguir la confusión e incomprensión en sus ojos almendrados, hasta que los recuerdos llegaron a su cabeza.

- ¿Evans? ¿Qué haces aquí? -Su voz sonaba somnolienta -¿cómo está Marlene? ¿Sabes algo nuevo? -Lily forzó una sonrisa que más bien pareció una mueca.

- Nada nuevo, no ha habido ningún cambio durante la noche.

- ¿Eso es bueno no? Quiero decir, si no ha empeorado es que está estable eso es una buena señal -las ansias y el brillo en los ojos del azabache solo turbaron más a la leona.

- No, qué va, yo pensé lo mismo pero el sanador Apgar ha dicho que no lo sabe y que... -la voz de Lily se rompió en ese punto, se dejó caer al lado del chico en el alféizar.

- Y que no saber nunca es bueno -terminó el por ella, la pelirroja le miró sorprendida -he pasado mucho tiempo en la enfermería como para conocer los dichos de Apgar.

Los dos jóvenes se quedaron ahí sentados, el uno al lado del otro, con el ánimo hecho polvo y una sensación de malestar y pesadez general. Sin hablarse, ni mirarse y tan siquiera tocarse. Lily sabía que la había cagado con James, que había sido culpa de ella y solo de ella. Pero en esos momentos lo único que deseaba es que el joven demostrara un poco de compasión y se apiadara de ella, que la reconfortara y le dijera que todo iba a salir bien, que le pasara un brazo por los hombros y la apretara contra su pecho fuerte, y así ella podría sentirse protegida.

Sin embargo nada de eso sucedió, James se levantó bruscamente de su lado, dejando escapar un pequeño gemido de dolor de entre sus labios y se llevó las manos al cuello, ante el súbito movimiento, parecía que sus cervicales se estaban cobrando factura por la noche anterior. Se desperezó un poco y se dirigió hacía las escaleras de los chicos, sin despedirse, cuando estaba llegando al primer escalón pareció percatarse de algo.

- Evans... -empezó dubitativo, -supongo que Apgar te habrá echado para que descanses, pero ¿sabes si ha dicho algo de que pueda ir alguien a cubrirte? -La decepción invadió a Lily, no sabía que esperaba, pero eso no.

- No, no ha dicho nada -tragó fuertemente -pero cuando salía me he cruzado con Ackerley y me ha dicho que iba a mandar a Corner de suplente y me imagino que Daegal o Vivianne no tarden en aparecer, por si te interesa.

- Vale, gracias Evans -con eso último subió rápidamente los escalones de dos en dos, hasta que la prefecta pudo distinguir el ruido de una puerta cerrándose.

Se quedó ahí sentada un rato más, y sus ojos rápidamente se desviaron de las escaleras de los chicos, donde había estado un James Potter bastante incómodo unos segundos atrás, a su mano derecha. Donde sujetaba la foto de James y Marlene de cuando apenas tenían 6 años, no sabía porqué no se la había devuelto, pero él tampoco se la había pedido. Así que se la guardó en el bolsillo de su pantalón y se fue a su cuarto, donde sin tan siquiera quitarse la ropa se tiró en la cama y se quedó dormida, total era domingo, ese día no había clases.


Habían pasado unos cuantos días desde el partido, Mikeila Ackerley había salido de la enfermería el domingo por la noche y llevaba durmiendo en su cama de la torre desde entonces. Las únicas secuelas aparentes eran su brazo en cabestrillo, que a pesar de habérselo curado en un segundo Apgar le había mandado mantener la venda y una cicatriz pequeña en su pómulo izquierdo. Además de eso no había nada más, al menos si no contabas que cada vez que se le acercaba un slytherin su novio se ponía a la defensiva y listo para atacar.

Sin embargo Marlene era otro caso, la muchacha aún no se había despertado, los primeros días no demostró cambio alguno, cosa que solo hizo incrementar la preocupación del profesorado y los sanadores. Pero todo cambió el miércoles cuando los padres de la joven decidieron trasladarla a San Mungo, allí no tuvieron más suerte hasta el día siguiente cuando cambios en sus hondas cerebrales afectaron a sus control sobre la magia, causando brotes de magia accidental. De ahí en adelante los medimagos creían que solo llevaría un tiempo que la joven despertara y poco a poco podría volver a la normalidad. O algo así les había comentado Daegal a los gryffindor, después de recibir una carta de casa escrita por uno de sus hermanos mayores. Los amigos de Marlene no tenían permitido abandonar el perímetro del castillo por lo tanto no podían visitar a la adolescente rubia en el hospital, sin embargo aquellos amigos, como Alice, que se habían graduado hacía un par de años sí que iban a visitarla y les mantenían al tanto.

Las noticias a 1 semana y media del incidente aún no resultaban muy alentadoras, y eso solo caldeaba el ambiente en el colegio, los alumnos de ravenclaw exigían justicia para su capitana y jugadora, mientras que los de slytherin clamaban que no había pruebas de que no hubiera sido un incidente. Por supuesto las águilas tenían todo el apoyo de las otras dos casas. Finalmente los profesores cansados de la tensión en el colegio y las constantes riñas decidieron tomar medidas para con el equipo de slytherin. No anularon el partido, ni lo dieron por inválido, después de todo los slytherin habían ganado justamente con una diferencia de 30 puntos. Pero si que sancionaron a los cuatro jugadores verdi-grises involucrados en el accidente y les prohibieron jugar lo que quedaba de temporada, los slytherins no se lo tomaron tan mal sabiendo que el castigo podría haber sido peor. Así pues el equipo de las serpientes se vio sin capitán, sin golpeadores y con un solo cazador, para el siguiente partido y teniendo que rehacer la plantilla con la temporada ya empezada.

McGonagall no podía haber estado más satisfecha con el resultado del castigo, ella era la subdirectora del castillo y la encargada de la administración de actividades extracurriculares, las cuales incluía el quidditch. Además creía que actos como los que se habían llevado a cabo durante el partido no podían quedar impunes y que con dicha represalia se había hecho justicia, así se lo había hecho saber a Heather en una de sus clases particulares.

En lo que se refiere a la castaña de ojos verdes, si de algo había servido lo que le sucedió a Marlene fue de acelerante, como sí de un fuego se tratase, había retomado las clases con James de una manera mucho más directa y agresiva. Y a pesar de querer mejorar en DCAO prácticamente se dedicaba de pleno a los entrenamientos físicos. El cambio empezaba a ser obvio en su organismo, y rápidamente el peso perdido se estaba recuperando en fibra y masa muscular. Cada día estaba más unida al azabache y existía una mayor complicidad entre los dos, se pasaban casi cada segundo que tenía ella libre juntos. Y esto llenaba de celos a Mary y Adam aunque sorprendentemente resultaba indiferente para Sirius quién había convertido en su nuevo pasatiempo molestar a Lily.

Ese mismo viernes por la tarde, a pesar de encontrase ahora a mediados de noviembre, parecía que el invierno cruel y frío que reinaba en Gran Bretaña desde hacía un par de años, había decidido tomarse un descanso. Aunque la temperatura en el exterior no era superior a los 9º grados, la carencia de viento y la aparición del sol de invierno, ese que apenas calienta, hacían de la tarde de una perfecta de pasársela en el exterior al refugio de un abrigo calentito. Y eso es lo que se encontraban haciendo dos adolescentes, vestidos de deporte y realizando ejercicios físicos sin parar para mantener el calor.

- ¡Ni se te ocurra frenar ahora Jorkins! ¿Esta claro? -Gritó James metido en su papel de entrenador -quiero dos vueltas más al lago o te prometo que te arrepentirás.

Heather sacando fuerzas de donde no las tenía concluyó con lo mandado, cuando terminó se tiro a los pies del adolescente quién la miraba con sus brillantes ojos almendras llenos de diversión, mientras ella jadeaba fuertemente apenas sintiendo nada más que su corazón en la garganta apunto de vomitarlo.

- ¿Crees que te podrías cortar un poquito con todo el rollo este de entrenador personal? -Jadeo entre muecas y suspiros.

- Nop -contestó el con una sonrisa en sus labios -llevamos entrenando casi 1 mes y aún te saco 15 vueltas de distancia. ¡Venga en pie! Ahora toca las nominadas, vamos a los árboles.

Heather miró con horror a James, ni muerta se movía ella de ahí ahora para ponerse a trepar un árbol del que a continuación debía colgarse y descolgarse. Fue prácticamente arrastrada por el capitán entre quejidos y gemidos de dolor de la chica.

Visto desde la distancia, hacían una de las imágenes más divertidas y positivas que había tenido el castillo en todo el invierno. Sin embargo una joven también castaña y de ojos marrones y redondos que observaba desde la distancia no podía evitar no estar de acuerdo.


Mary había salido en busca de su mejor amiga, desde lo ocurrido a Marlene una sensación de vulnerabilidad había invadido a la joven, y solo quería pasar un rato a solas con su mejor amiga o en su defecto con sus amigas, una tarde de chicas, como las que siempre habían tenido. Sin embargo eso parecía imposible, desde aquel sábado parecía que las obligaciones de todas se hubieran multiplicado, mientras que las suyas se hacían cada vez más escasas y difusas, y eso que se acercaban los primeros exámenes importantes del curso, los que hacían en diciembre antes de Navidad.

Entendía que Lily estuviera ocupada, pues se había auto-impuesto copiar todos los apuntes para Marlene pues según ella "cuando despierte no querrá quedarse atrás", y seguramente a la pelirroja no le faltaba razón. Pero ¿y el resto?, Blish se pasaba el día en la biblioteca si no tenía entrenamiento, Marlene claramente estaba fuera de combate y con Pandora nunca había llegado a congeniar. Blish decía que eso se debía a que Mary era una materialista, obsesionada con las opiniones del resto y empeñada en quedar bien a pesar de su aparente personalidad y que Pandora vivía en la estratosfera, la castaña no estaba de acuerdo. Mary creía que se debía, de que a pesar de lo mucho que quería a Pandora, esta era un poquito rara por decirlo de forma suave. Además, que la rubia de ravenclaw desde lo ocurrido se encontraba muy ocupada, si no estaba con su hermana Dorcas estaba rodeada de los de su casa, quienes habían tomado como gesta propia el protegerla y hacerla sentir querida a pesar de que su mejor amiga no estuviera.

Nada de esto le hubiera importado si Heather hubiera estado donde debía estar, a su lado, y no haciendo monerías con Potter. Admitía que el tipo estaba bueno, pero siempre había considerado que se encontraba fuera de límites por Lily, y el rollo raro que se traían esos dos, y ahora su mejor amiga no paraba de ligar con él. El caso es que antes Mary se veía obligada a compartir a su mejor amiga con Edward Turpin, su ahora ex, y con Adam Robins el mejor amigo de esta, pero ese año se había visto obligada a compartirla con todo el mundo, incluso con la tristeza y no era justo. Si había decidido volver a Hogwarts al final, era principalmente por ella y solo le quedaban dos años para disfrutarla y todo el mundo se empeñaba en llevársela.

Una gota de agua inesperada, rompió con el brillante cielo azul del invierno escocés, Mary alzó sus redondos ojos marrones al cielo apartándolos de Heather y James, y dejó que unas pocas gotas más bañaran su cara antes de correr al interior del castillo. Andaba con ritmo acelerado por los pasillos sin rumbo alguno, hasta que tropezó con alguien de forma inesperada, se trataba de un chico y una chica él llevaba el uniforme de gryffindor y ella tenía un emblema azul y cobre brillante.

- ¿Mary? ¿Estás bien? No te había visto perdona -escuchar su nombre no hizo más que sorprenderla, entonces se fijó bien.

- ¡Peter! Perdona no te había reconocido, si si estoy bien -él y su acompañante la miraron con escepticismo -estaba paseando fuera y se a puesto a llover -dijo ella comprendiendo sus miradas ante sus cabellos chorreantes, se había mojado más de lo que creía.

- ¿Sola? -Preguntó Peter sorprendido, Mary nunca había sido una persona solitaria, era lo bastante conocida y popular, sobre todo debido a su belleza, para estar siempre rodeada de gente.

- Déjame que te seque -intervino la chica desconocida de ravenclaw ante la incomodidad evidente de la leona por la pregunta -ventis siccatiuom.*

- Gracias -agradeció la castaña sintiendo el calor llenar su cuerpo al instante.

- Es que eres brillante -dijo al mismo tiempo Peter mirando con admiración a la adolescente, la joven castaña clara se sonrojó y se llevó uno de sus mechones ondulados detrás de su oreja derecha.

Mary no se había percatado cuando se dio de bruces con ellos, pero ahora que observaba la estampa, podía notar que en el lenguaje del cuerpo de ambos había algo que indicaba más que amistad, los dos jóvenes tenían las manos a escasos centímetros, y ella llevaba puesta un abrigo demasiado grande para ser suyo, en los segundos que llevaban hablando habían cruzado miradas aproximadamente unas 30 veces. Ahora los dos adolescentes se habían quedado embobados mirándose el uno al otro a los ojos, Mary carraspeo un tanto incómoda por la situación.

- Bueno -dijo Peter sonrojándose -te presento a Charity Burbage, mi...esto amiga -el águila estiró la mano con una sonrisa hacía la joven leona.

- Encantada -contestó Mary, así que Peter tiene novia pensó para sus adentros y era una muy mona.

- Lo mismo digo.

- ¿Pero tú no vas a nuestro curso verdad? -Quiso saber Mary.

- Oh no qué va, -replicó Peter rápidamente -Charity está en cuarto pero es muy lista como ves.

- ¡Pet, para! -Exclamó la joven cada vez más sonrojada, Mary se rio ante esto.

- No te preocupes Charity, tu novio es un trozo de pan, siempre sabe como hacer sentir mejor a todo el mundo y si él lo dice será cierto -dijo Mary sonriendo, ante el apelativo utilizado para referirse a Peter los dos se sonrojaron.

- ¿Quieres venir con nosotros? Íbamos al gran comedor, hemos quedado con mis amigas ahora y seguramente venga Remus -la más pequeña de los tres había cogido confianza ante los halagos recibidos por los dos mayores.

- No gracias, -rechazó Mary -no te ofendas, me pareces un encanto y seguro que tus amigas también lo son. Pero me gustaría estar sola ahora mismo -la pareja asintió creyendo comprender las razones de la castaña.

- Siento mucho lo que le ha pasado a Marlene, sé que sois muy buenas amigas - volvió a decir la ravenclaw.

- Si Mer, no sé si te lo he dicho pero yo también lo siento, si necesitas cualquier cosa aquí estoy -dijo el rubio, mientras acariciaba la mejilla de su compañera de curso, Mary luchó contra las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos, verdaderamente era una persona horrible, porqué ¿estando así Marlene a quién le preocupaba qué le quitasen a su amiga?.

- Gracias a los dos, pero estoy bien, solo necesito un tiempo a solas -con eso último la pareja se fue, dejando a Mary sola en el pasillo y mientras se alejaban, la castaña atinó a escuchar como la chica le decía a Peter lo muchísimo que le ayudaba Marlene en la sala común.

Mary continúo sin rumbo por el castillo, esta vez a paso más relajado y tranquilo, mil pensamientos invadían su cabeza y hacían que las ansias de una vida tranquila y normal lejos de la magia crecieran en ella. Se sentó junto a una ventana, detrás de un tapiz del cuarto piso, el tapiz ocultaba un espacio como de 3x3 metros que tenía unas vistas privilegiadas al lago. Era un lugar muy acogedor y que pocos conocían, allí la había llevado su primer novio en una cita súper romántica, por suerte, ahora el lugar estaba más lleno de recuerdos con sus amigas que de otra cosa. Se quedó ahí a ver como caía el sol y salía la luna, como dos personas unidas pero destinadas a jamás encontrarse. No sabía cuánto llevaba ahí cuando escuchó como se corría el tapiz.

- Perdón -exclamó el recién llegado -no sabía qué había nadie, ahora me voy.

- No -dijo Mary sonriendo, -no hace falta, el castillo y el pasillo es de todos ¿no? Quédate si quieres.

- Si no te molesta -replicó él, Mary negó con la cabeza -pues genial.

El chico avanzó y se sentó enfrente de ella apoyando la espalda contra la pared, la castaña volvió una vez más la mirada hacia la ventana para observar el paisaje que ofrecía el castillo. Sin embargo, notaba los ojos grisáceos de su acompañante fijos en ella, aunque cualquiera se hubiera sentido incómoda ese no era el caso de Mary, estaba acostumbrada a qué la miraran, pero había algo distinto n la forma de hacerlo de Shafiqs. Estuvieron así un rato en silencio, hasta que en una de esas veces Mary giró la cabeza, y pillo al joven de lleno, él se sonrojo fuertemente pero sorprendentemente no se amedrentó.

- Perdona Mary, no he podido evitar mirarte, es que quería preguntarte una cosa -parecía muy incómodo por tener que preguntarle lo que fuera que tuviese en mente.

- No pasa nada Cedric -dijo ella sonriendo intentando infundirle confianza, aunque curiosa por lo último -entonces dispara.

- ¿Cómo lo haces? -Ella le miró confusa -quiero decir, ¿cómo puedes estar pasando por lo que estás pasando y seguir teniendo una sonrisa en los labios, siendo amable? Yo en tu lugar me volvería loco, eres tan valiente.

- Cedric, -empezó la hija de muggles -tu estas pasando por lo mismo, todos estamos sufriendo esta guerra y aunque ahora le ha tocado a Marlene, ayer le tocó a otra persona y mañana puede ser uno de tus amigos. Yo no soy más valiente que tú.

- Supongo que tienes razón -dijo él -aún así, a pesar de todo tu te ves preciosa y yo parezco un desastre -esta vez sí que se abochorno ante el repentino arrebato, Mary no pudo evitar reírse.

- Gracias supongo -respondió entre risas suaves -y no te equivoques, tú tampoco te ves mal -añadió guiñando un ojo, ambos se rieron ante esto.

- ¿Quieres ver lo que me hace seguir a mi? - Preguntó el joven, Mary asintió -es mi pequeño sobrino, el hijo de mi hermana se llama como yo, apenas tiene unos meses -saco una foto del bolsillo de su túnica.

- Es una monada -exclamó Mary mirando el bebé de la fotografía, un bebecito rubio con unos hermosos grandes ojos grises-azulados como los de su tío.

- Mi hermana Petra dice que es igual a mi, pero su marido Amos insiste en que se parece a él.

Y ahí se quedaron horas y horas hablando acerca del sobrino, la hermana, el cuñado y demás familia de Cedric, y luego vino el turno de la de Mary. Dejando nuevamente los problemas a un lado, intentando vivir aunque fuera un día más como adolescentes, en lugar de soldados o daños colaterales de una guerra temible.


¡Buenas! ¿Cómo estáis? Esta vez he tardado demasiado en subir, lo siento. Pero he tenido unos meses muy malos y no me ha dado la vida. Espero que os guste este capítulo y eso lo compense un poco, y lo que es mejor el siguiente casi está, así que prometo no tardar tanto.

Como veis en el capítulo he traído de vuelta personajes que ya se habían nombrado antes pero que no habían sido nada importantes. Además es una mezcla un tanto extraña, empieza de una forma bastante dramática y va dejando el tono oscuro a un lado, porque se vienen cositas, pero mejor poco a poco.

Como siempre porfa ya sabéis si veis fallos o cualquier errata, tenéis dudas o lo que sea no dudéis en decírmelo. Me encantaría recibir vuestros reviews para ver si os va gustando la historia o no, por si queréis que cambie algo o simplemente para ver vuestras opiniones.

Aclaración: *ventis sicattiuom: es un hechizo que técnicamente existe, utilizado por Newt en criaturas fantásticas, pero no lo pronuncia. Es decir me he inventado las palabras yo, pero la acción del hechizo existe.

Dedico este capítulo a Paula por su review porque me motiva a seguir y a los que la tienen en favorita o la siguen que también realmente motiva para continuar.

Muchas gracias por pasaros y leer, verdaderamente se os agradece,

B.