9 años después.

[...]

Como una rutina que se había planteado, independientemente si su fuero interno le recordaba las charlas con su tía Giggles o sencillamente la aceptaba o no, Miles se despertó y levantó a las 4 de la madrugada, tan típico de él y atípico para un adolescente promedio.

Se estiró un poco al tiempo que bostezaba, aún con algo de somnolencia y un ojo sin abrir.

No sonrió cuando se espabiló completamente del momento onírico, fue cuando la foto de hace unos 10 años en su mesita de noche le remembró su motivación diaria que ambas comisuras se alzaron en una sonrisa.

Se tuvo que llevar su cabello para atrás, ahí se repitió por quinta vez en el mes que debía cortarse el cabello, pero se burló de sí mismo a los segundos por idear esa mentira, le gustaba semi-largo, y no había mucha necesidad de cortarlo realmente.

Reanudó su rutina madrugadora con la higiene básica (pese a que su cuerpo rogaba que volviese a dormir hasta las 6 y algo), como cepillarse los dientes, darse un baño relajante, y continuar con lo que sucedería como cada mañana en su hogar.

[...]

Ya pasaban de las 5 AM, Miles había desayunado, y preparaba todo para cuando su padre se levantase, unos omelettes con una taza de café (los favoritos de su padre), aunque lo metió al microondas poco después, sabiendo (como algo intrínseco en su psique) que su papá no despertaría hasta más de las 10, tal vez 11 ó 12.

Miles sentía que no podía culparlo.

Suspiró un poco, y se llevó una mano a la sien, la masajeó lo suficiente para disipar el dolor que se originó por sus pensamientos dispersos e intrincados, y sonrió lo mejor que pudo, repitiéndose internamente que aún había trabajo y no podía gastar el tiempo en banalidades.

Cuando ya presintió que su metabolismo deglutió el desayuno adecuadamente para así ahorrarse una incomodidad estomacal, se levantó con cierta presteza, dirigiéndose a la sala, y el ánimo que se auto-indujo se desvaneció con el desorden que sus orbes presenciaron.

Una pequeña mueca se forjó en su faz al observar detenidamente las botellas desperdigadas por toda la sala, el sofá sucio y húmedo (rogaba que por alcohol solamente), y el resto de lo que podría clasificar como una alteración a la comodidad salubre de su hogar que ya le generaba grima.

Y él odiaba el desorden.

Se quejó, algo dramático, y tuvo que ir, raudo, por los artículos de limpieza antes que el dolor de cabeza recuperase el control de su cansada psique.

Le tomaría alrededor de 1 ó 2 horas, tal vez aun más, las manchas de alcohol siempre le daban motivos para aborrecerlas aun más.

[...]

—Joven Miles, ¿está prestando atención? —Le regañó la profesora de Química por tercera vez en el ínterin de la segunda hora—. ¿Debo enviarlo a dirección para que le levanten una acta?

Miles negó con prontitud aquello tan pronto la advertencia (que siempre evitaba) lo despabiló.

—N... No, profe, discúlpeme... —titubeó, medio nervioso. Algunas risas se escucharon en el salón, pero para él fueron insonoras—. No volverá a ocurrir...

Ella analizó su lenguaje corporal por unos minutos que percibió como horas, el sudor se le deslizó por el rostro, y por ese lapso sintió como su respiración se atascó (de alguna manera) en lo más profundo del interior de su nariz.

(¿O fue en la garganta?)

No comprendía sus propias reacciones desproporcionadas ante lo que era nimio en un mundo no errático como solía instarle su percepción ansiosa.

—Esta juventud de ahora... —Gracias a los poderes que su padre le heredó, logró escuchar, y el alivio le inundó profundamente.

Pero su compañero de al lado sí notó algo más.

—Miles, ¿todo bien?

El cuestionamiento le erizó la piel aun más. La condición de Dylan y la profesora era disímil, ella estaba a una distancia que no le permitía escudriñar todas las reacciones mínimas de Miles, tomando en cuenta que la visión de la profesora ya estaba defectuosa en colación con sus primeros años de servicio institutriz. Dylan, contrario a ella, estaba sentado a su lado, para peor, era muy observador.

El pulso de Miles podía escucharse con más sonoridad, y nuevamente percibió un horrible revoltijo que lo abrumó, Dylan se preocupó más.

—¿Hay algo que te mantiene nervioso? ¿Pasó algo en tu casa?, estás pálido... —Su tono fue inquieto, tratando de tranquilizarse así mismo para transmitirle esa seguridad a Miles, y le agarró la mano. Su mirada directa y que denotaba su preocupación genuina fue lo que tensó a Miles.

—Uh... yo... —Sin darse cuenta, su piel ligeramente morena se desteñía paulatinamente.

Shh... tranquilo... —Le acarició la mano con cariño y le sonrió—. Dime que te sucede, cariño, sabes que puedes confiar en mí.

—... Es... —A Miles le tembló el labio. Tragó saliva, buscando no ser tan indiscreto en sus visajes inquietos y ansiosos—. Bueno...

Las palabras solo no podían fluir.

—¿Cómo amaneció tu casa? —interrumpió, compasivo, su tartamudeo nervioso, y se figuró posibles escenarios que le diesen un porqué sobre la aptitud de Miles. No era la primera vez, después de todo—. No viniste a la primera hora, y sé que el profesor de Biología está enfermo, pero aun así...

Dylan dejó el resto al aire, mirándolo con ese sentimiento que Miles aún no lograba entender del todo, pero le gustaba.

Miles suspiró.

—La sala era un desastre cuando desperté —declaró en voz baja, anotando las fórmulas que la profesora explicaba—. La estuve limpiando, aunque aún está algo sucia... apestaba a alcohol...

Escuchó un murmullo consonántico que señalaba la desaprobación y pena de Dylan, mientras también escribía lo que deducía relevante.

—¿No has encontrado algún momento indicado para proponerle ayuda? —La pregunta en sí era obvia, pero Dylan ponderaba el casi nulo tiempo que el padre de Miles podía contar sus cinco dedos sin errar.

Miles negó débilmente.

—Entiendo. —susurró, algo ido. Dylan se sintió algo miserable por no ser más útil.

La palabrería de la profesora no fue más que un pitido casi imperceptible por el resto de la hora. Miles se mordió el labio inferior con nerviosismo.

Y el dolor de cabeza retornó.

[...]

Había escapado de más interrogaciones hechas por Dylan de forma casi infalible con excusas ya desgastadas por su uso tan sencillo.

Ladeó la cabeza mientras observaba lo que restaba de escalones para llegar al último piso, uno que se usaba para materias peculiares, temporalmente vacío mientras el receso transcurría.

«Sólo se preocupa por ti, y tú le das más razones para hacerlo, pedazo de estúpido»

Y era común que, luego de situaciones similares a ésa, él iniciase una especie de "auto-reprimenda" por causarle más preocupaciones a algún tercero, o cuarto, o quinto.

«¿Crees que no tiene mejores cosas que pensar que tus estúpidos problemas que TÚ mismo creaste? Se nota que estás idiota. ¡Qué gran novio saliste!»

Y, por supuesto, él permitía que esas "discusiones" consigo mismo calaran hasta lo más profundo de su mente.

(Porque tenían razón, ¿no?)

Entró al salón donde se practicaba baile, hasta sentarse por una de las esquinas, y posteriormente sacar la comida que había guardado, pues, las clases acabarían a las 12:30 ese día y no se le antojaba llegar cocinando.

Mientras masticaba un trozo de carne, analizó un poco cómo eludiría a Dylan en la tercera hora.

¿Qué mentira utilizaría para justificarse? ¿Qué le quedaba en su repertorio? ¿Era sano mentirle tanto a su pareja?

Se ahogó un poco con el arroz (ni supo cuándo comenzó con el arroz) en cuanto la duda, que nació como una divagación más, se tornó más pesada. Demasiado pesada.

«No le estoy mintiendo, solo no quiero que se involucre más... (Sí, claro, pequeña rata mentirosa). Pero él no debe venir a resolverme la vida. (¡Por supuesto que no! Pero lo preocupas, ¿no confías en él, acaso?). ¡Sí lo hago! (No parece). ¡Pero...!»

—¿Todo bien por aquí?

Miles ahogó pequeño grito en lo más profundo de su garganta.

—Oh, sí, sí. Solo almorzaba. —Se obligó a sonreírle al profesor, poco seguro de sí mismo y siendo ese aspecto muy notorio.

El profesor de educación física le observó unos segundos, hasta que le restó importancia como solía hacer cuando hallaba a los estudiantes en situaciones por lo menos algo raras y/o pintorescas.

—Cuidado que te ve la subdirectora, eh, no le está gustando mucho que los estudiantes anden por aquí si no son miembros.

—Entendido.

Cuando el hombre se fue, la sonrisa de Miles se desvaneció, tal cual como apareció, y pronto los cuestionamientos regresaron a su vez.

«No es totalmente mi culpa, tengo derecho a sentirme mal. (¿A costa de preocupaciones de los demás? Vaya que eres hipócrita, ¿te gusta hacerte la víctima?). ¡No me estoy haciendo la víctima! (Claro, claro, supongamos

—Chico, deja los gestos raros, me asustas.

Miles se paralizó cuando la voz del profesor se adentró a sus oídos. Pues, estaba totalmente seguro que él se había retirado, incluso volvió a palidecer como en la clase de Química, como con Dylan.

—Hey, ¿estás bien?

El hombre se acercó, muy intranquilo por su estudiante, y acercó su mano hacia su rostro, notó que temblaba. Miles apartó la mano con una sonrisa nerviosa y el sudor recorriendo su faz y deslizándose por su cuello.

—Cla... Claro, es solo que me asustó.

Su pulso se reguló de a poco, al igual que su tonalidad de piel. No obstante, el profesor continuó indagando sobre su estado, y Miles no sabía cómo controlar la situación.

Odiaba no tener el control de sí mismo.

—Puedo llamar a tu padre. —El profesor sugirió, pero aquello solo causó más temblores en Miles.

—¡No..! No hace falta, profesor, solo son nervios... ya sabe, exámenes, exposiciones y... y eso... —Intentó ser convincente en su explicación, pese a su inquietud poco disimulada y titubeos.

El profesor no se lo tragó, e incluso le angustió que tratase de mentirle, pero intentó comprenderlo.

—De acuerdo, pero ve a casa.

—Pero...

—Hablaré con la subdirectora, con el coordinador y hasta con el director si es necesario, y me aseguraré que esto no influya en tu rendimiento escolar —interrumpió la posible excusa que Miles diría—. Tranquilo, ve a casa, relájate y tómate unos días si quieres, estás tenso.

«Pero no quiero ir a casa»

—... Okay, profe... —Se esforzó por sonreírle, agradecido, aunque no lo estuviese.

Porque no lo necesitaba, según él, estaba perfectamente bien, y que sus reacciones eran por el agotamiento mental que tenía. Los profesores eran los exagerados.

Pero el profesor solo se preocupaba por él. Bien podía ignorarlo y fingir que nada sucedió, pero no lo hizo. Entonces, Miles quedaba como el malagradecido, porque lo estaba siendo.

«Das asco, Miles»

[...]

Miles llevaba observando la puerta de su casa por al menos 5 minutos.

La mano le temblaba, y aún tenía la llave encerrada en su puño, solo la punta sobresalía, y él se negaba a encajarla en la cerradura.

El miedo le calaba por los huesos, su respiración se tornaba más pesada y errática, y sudaba demasiado, sin siquiera haber estado en la clase de Educación Física.

—¡Miles! ¡Qué agradable verte!

De nuevo, se enfocó en un punto en específico, uno donde se concentraba su casi constante miedo y ansiedad, ignorando su alrededor hasta que alguien rompiese su burbuja. Por eso, casi chilló cuando el señor Lumpy le llamó, muy animado, desde el otro lado de la cerca que separaba ambas casas.

—¿No deberías estar en clases, niño? —cuestionó, encorvado en la cerca, mirando expectante a Miles.

Miles sintió un pequeño miedo creciendo, que la cerca no pudiese con el peso, por lo que el señor Lumpy se iba a desplomar, y por la posición en que estaba eso no terminaría nada bien.

Y eso le hizo olvidarse de lo demás por un momento.

—Señor Lumpy, bájase de la cerca, se caerá... —Miles se aproximó con precaución a su vecino, pues, el efecto mariposa en Tree Town era demasiado impredecible.

Y, a veces, Miles olvidaba que tenía superpoderes, también.

—¡Pff! ¡Tonterías, Miles! ¡Esta cerca es muy fuerte!

Se bajó del vallado, y la golpeó un poco para demostrárselo a Miles, incluso la pateó un poco por simple presunción.

Hasta que al menos 3 vallas se cayeron.

—Oh, creo que tenías razón —Lumpy rió, jocoso, golpeando su cabeza sin aplicar tanta fuerza—. Qué más da. ¿Quieres galletitas? ¡Mole hizo bastantes! ¡Porque se le pasó la harina! ¿¡Entiendes!?

Lumpy dio una carcajada por su propio chiste, al que Miles no le halló la gracia ni sentido siquiera. Pero su vecino siempre fue así de raro y estrambótico, por lo que ignoró esos detalles y aceptó la invitación.

El olor a pasto siempre persistía en los alrededores de la "casa" del señor Lumpy, mayormente se debía al jardín que poseía, y a Miles le agradaba lo beatífico que se sentía.

—Hola, señor The Mole —saludó, cordial, al esposo de su vecino Lumpy tan pronto cruzó la puerta del remolque—. ¿Cómo ha estado?

Mole sólo le mostró el pulgar hacia arriba como respuesta. Él siempre había sido un hombre de pocas palabras, por lo que Miles no se extrañó ni ofendió, sólo ubicó cuál sofá estaba relativamente limpio (aunque el señor Lumpy se volvió un poco más higiénico luego del nacimiento de su hija, según palabras de su padre, pero era un desastre ambulante tan pronto ella marchaba a la escuela, sepa el Ídolo Maldito cómo limpiaba con tanta rapidez).

—¿Sabes? No me has dicho por qué no estás en la escuela —Lumpy se tomaba una taza de café que The Mole le dió, haciendo una mueca de disgusto poco después—. Mole, cariño, le echaste sal en vez de azúcar, otra vez.

Miles rió un poco, una sensación hogareña se alojó en su interior, sentía tranquilidad, paz. Incluso si el señor Lumpy y el señor The Mole eran extremadamente caóticos, tanto como personas como matrimonio, el amor y la comodidad entre ellos era palpable.

¿Cuándo fue la última vez que estuvo en un ambiente así?

—Tuve un... percance... —inició, medio nervioso—. El punto es que tuve que volver a casa, nada del otro mundo.

—Comprensible. ¿Quieres chocolate? ¿O tal vez ver televisión? —Pareció quedar satisfecho con la contestación del adolescente, sin interpelar de nuevo, lo que hubiese puesto nervioso a Miles.

Tal vez ese era el principal motivo por el cual Miles prefería pasar tiempo con su vecino.

—Puede ser ambos, puedo preparar algún dulce de chocolate sencillo. —propuso, afable. Lumpy le sonrió.

Y mientras tanto, The Mole percibía algo más en las respuestas extrañamente complacientes de Miles.


Qué tal, mi gente, ¿todo bien?

Por aquí reportándome con el primer capítulo que he escrito completamente de todos mis fics (Crazy está desde el 03/2022 y yo sólo he editado el prólogo en todo este tiempo).

Pero bueno, al menos pienso comenzar a "comprometerme" con esto de los fanfics, es que hubo un tiempo que me dejó de llamar la atención esto de los fanfics y decidí tomar un descanso.

Y es que este capítulo le sacaba versión, tras versión, tras versión hasta que ésta me convenció lo suficiente para dejarla (mañana la voy a detestar, lo más seguro).

Sobre el capítulo como tal, seguramente la mayoría pensará que las reacciones de Miles cuando le preguntaban por su estado son demasiado exageradas. Pero él tiene sus razones para ser así, no es tanto misterio realmente, al menos no para mí (mayormente) y ustedes que leemos el fanfic XD

También, no quería meter tantos personajes, sino que la historia fuera al grano, tipo, sólo Miles y Flippy, Miles y Flippy. Pero luego de pensarlo mejor, decidí incluir más personajes (Miles sí tiene vida social, es introvertido pero tampoco es alto asocial).