Droide de comunicaciones: - Señor, nos informan que el general enemigo ha caído. Coburn: - ¿Qué? -
Droide de comunicaciones: - Confirmado señor, el general Jedi Ki-Adi-Mundi ha caído. -
Coburn: - Excelentes noticias pero ¿Cómo? -
Ícaro: - Parece que sobrestimamos a este Jedi. -
Coburn: - No lo creo. Ki-Adi-Mundi hizo retroceder a nuestras tropas en más de dos sectores. -
Ícaro: - Bueno. Al parecer ya no... -
Droide de comunicaciones: - Señor, nos informan que los clones han parado de avanzar. -
Ícaro: - Muy bien. ¿Cuántas tropas tenemos en posición? -
Droide de comunicaciones: - Apenas unos doscientos droides señor. -
Ícaro: - Eso es imposible. -
Coburn: - ¿Ocurre algo? -
Ícaro: - No he visto al Jedi en acción, pero conozco a los clones bastante bien. Sólo un par de ellos son suficientes para destruir un pequeño batallón. Es imposible que sólo doscientos droides hayan podido tener a los clones. Aquí está ocurriendo algo extraño. -
Droide de comunicaciones: - Señor, no fueron nuestras fuerzas. Al parecer los clones dejaron de disparar sin ningún motivo aparente. -
Coburn: - Esto es muy extraño. -
Ícaro: - No perdamos tiempo. Que todos los droides avancen. Eliminen a tantos cómo sea posible. -
Tal como Ícaro había ordenado, la pequeña columna de droides avanzó sobre el puente recuperando posiciones. Los clones estaban en shock, ninguno se movía y apenas eran capaces de responder al fuego enemigo. Uno por uno, el pequeño grupo de droides logró derrotar a más de quinientos clones que no hicieron nada para evitar su trágico destino. Era cómo si algo extraño estuviese ocurriendo en las fuerzas de la República. Y así, después de apenas unos minutos:
Droide de comunicaciones: - Señor, nos informan que estamos ganando en todos los frentes. Nuestras tropas están rompiendo sin apenas esfuerzos las formaciones enemigas. También hemos recuperado el sector este de la ciudad. -
Coburn: - Excelente. - El coronel se da vuelta, pero le llama la atención que Ícaro no dijera una palabra. - Eh. Ícaro. ¿Algún problema? -
Ícaro: - Nada de esto tiene sentido. Algo no está bien. ¿Tenemos las grabaciones de la muerte del general enemigo? -
Droide de comunicaciones: - Si señor. -
Ícaro: - Póngala sobre el tablero holo proyector. Quiero ver qué pasó exactamente. -
La grabación comenzó unos minutos antes de la muerte de Ki-Adi-Mundi. Tal cómo Coburn había mencionado, la llegada del Jedi al campo de batalla le propició un fuerte impulso a las fuerzas clon. Pero tras varios minutos luchando sobre el puente, el Jedi se lanza al ataque seguido por sus tropas, pero los clones se detiene varios metros antes que él. Ki-Adi-Mundi se da la vuelta lentamente y mira con preocupación a sus hombres, y antes de poder reaccionar, sus propios hombres, aquellos clones con los que había luchado desde el inicio de la guerra, le dispararon a quemarropa en pleno combate. Coburn: - Imposible. Parece que sus sospechas eran correctas. -
Ícaro: - Algo no está bien. Esto se supone que no debió haber ocurrido. -
Ambos continuaron viendo la grabación y se percataron que todos los clones se quedaron inmóviles, cómo si fueran droides desconectados mientras caían uno por uno ante el fuego separatista. La grabación finaliza cuando las tropas separatistas toman posesión de esa parte del puente. Coburn: - ¿En qué estás pensando? -
Ícaro: - No soy capaz de procesar estos acontecimientos. Nunca antes un evento así había sido visto. Es... inaudito. - Ícaro se da vuelta y se acerca a la ventana que da visión al puente. - ¿Es seguro el perímetro? -
Droide de comunicaciones: - Hemos asegurado un perímetro de varios kilómetros a las afueras de la ciudad. -
Coburn: - Eso es imposible. Fue demasiado rápido. -
Ícaro: - Iré a revisar. -
Coburn: - ¿A dónde va? -
Ícaro: - Si queremos saber qué ocurrió exactamente debemos investigar la escena con más detalle. Yo iré, usted quédese en el puesto de mando por si ocurre algún imprevisto. -
Ícaro abandonó el puesto de mando y se dirigió al puente donde se libró la feroz batalla. Caminó lentamente mirando los restos de la batalla. Cientos de droides destruidos se amontonaban sobre el puente, y a continuación, cientos de cadáveres de clones. Finalmente lo alcanzó, el cuerpo sin vida del general Jedi Ki-Adi-Mundi yacía sobre el asfalto boca abajo, y a pocos metros de él, algunos de los clones que lo ejecutaron. Ícaro caminó lentamente entre los muertos, tratando de procesar lo sucedido, pero no encontraban nada que le diera una pista. Revisó el cuerpo del Jedi detalladamente y se percató de las decenas de impactos de blaster que tenía, y entonces entendió que no fue un mero accidente. Los clones le habían disparado intencionalmente, y lo querían bien muerto. Ícaro recogió el sable de Ki-Adi-Mundi y lo miró con indiferencia. Lo guardó en uno de los compartimientos que tenía en el muslo y siguió revisando la escena. Al no sentir ningún tipo de temor hacia la muerte, el núcleo de metal de Ícaro no titubeaba a la hora de removerle los cascos a los clones para mirar sus caras.
Agarró la cabeza del cadáver de un clon y revisó sus ojos, su boca y dentro de sus oídos, pero nada le daba una pista de lo sucedido. Lo siguió revisando cuidadosamente hasta que finalmente sintió algo extraño en la cabeza del clon. Al parecer, dentro del cráneo del individuo se encontraba una especie de placa de metal. No podía saber lo que era, pero la pudo sentir sobre la oreja derecha del clon con los sensores magnéticos que tenía en sus manos. Pero antes de poder tener una idea de lo que era recibió una llamada del puesto de mando.
Ícaro respondió el holo comunicador y vió a Coburn, alterado gritándole con fuerza. Coburn: - Ícaro. Debemos evacuar de inmediato. -
Ícaro: - ¿Qué sucede? -
Coburn: - Es la República,. Se acerca una armada como nunca antes. Debemos abandonar el planeta antes que... AAAAAHHHHH. - La comunicación se interrumpe. Antes que Ícaro pudiera reaccionar, levantó la cabeza y vió una enorme explosión donde antes se encontraba el puesto de mando. Después, un enorme acorazado Venator descendió y se posicionó sobre la ciudad, y antes que pudieran reaccionar, el acorazado comenzó a abrir fuego con todas sus armas. Los poderosos blaster del Venator impactaban sobre la superficie y destruían la ciudad a pedazos. Ícaro vió con sorpresa cómo la imponente ciudad capital de Mygeeto cedía ante tal abrumadora fuerza destructiva.
Ícaro estaba confundido, primero los clones matan a su propio general, luego, un acorazado Venator arrasa con una ciudad matando a miles de vidas inocentes. Para el peculiar droide con su núcleo capaz de procesar las emociones de las criaturas orgánicas, esto era simplemente incomprensible. El fuego se esparció por la ciudad rápidamente mientras el Venator no dejaba de disparar. Los enormes edificios caían y provocaban fuertes temblores, el puente donde Ícaro estaba se sacudía con fuerza. Finalmente, dos disparos del Venator impactaron en la base del puente y este colapsó. Ícaro cayó junto a los restos del puente desde una gran altura. Los droides destruidos y los cadáveres caían a la par de él. Y tras unos segundos, el fuerte impacto de los escombros contra el suelo sacude la tierra, y los sistemas de Ícaro se apagan permanentemente tras el impacto.
Droide de comunicaciones: - Confirmado señor, el general Jedi Ki-Adi-Mundi ha caído. -
Coburn: - Excelentes noticias pero ¿Cómo? -
Ícaro: - Parece que sobrestimamos a este Jedi. -
Coburn: - No lo creo. Ki-Adi-Mundi hizo retroceder a nuestras tropas en más de dos sectores. -
Ícaro: - Bueno. Al parecer ya no... -
Droide de comunicaciones: - Señor, nos informan que los clones han parado de avanzar. -
Ícaro: - Muy bien. ¿Cuántas tropas tenemos en posición? -
Droide de comunicaciones: - Apenas unos doscientos droides señor. -
Ícaro: - Eso es imposible. -
Coburn: - ¿Ocurre algo? -
Ícaro: - No he visto al Jedi en acción, pero conozco a los clones bastante bien. Sólo un par de ellos son suficientes para destruir un pequeño batallón. Es imposible que sólo doscientos droides hayan podido tener a los clones. Aquí está ocurriendo algo extraño. -
Droide de comunicaciones: - Señor, no fueron nuestras fuerzas. Al parecer los clones dejaron de disparar sin ningún motivo aparente. -
Coburn: - Esto es muy extraño. -
Ícaro: - No perdamos tiempo. Que todos los droides avancen. Eliminen a tantos cómo sea posible. -
Tal como Ícaro había ordenado, la pequeña columna de droides avanzó sobre el puente recuperando posiciones. Los clones estaban en shock, ninguno se movía y apenas eran capaces de responder al fuego enemigo. Uno por uno, el pequeño grupo de droides logró derrotar a más de quinientos clones que no hicieron nada para evitar su trágico destino. Era cómo si algo extraño estuviese ocurriendo en las fuerzas de la República. Y así, después de apenas unos minutos:
Droide de comunicaciones: - Señor, nos informan que estamos ganando en todos los frentes. Nuestras tropas están rompiendo sin apenas esfuerzos las formaciones enemigas. También hemos recuperado el sector este de la ciudad. -
Coburn: - Excelente. - El coronel se da vuelta, pero le llama la atención que Ícaro no dijera una palabra. - Eh. Ícaro. ¿Algún problema? -
Ícaro: - Nada de esto tiene sentido. Algo no está bien. ¿Tenemos las grabaciones de la muerte del general enemigo? -
Droide de comunicaciones: - Si señor. -
Ícaro: - Póngala sobre el tablero holo proyector. Quiero ver qué pasó exactamente. -
La grabación comenzó unos minutos antes de la muerte de Ki-Adi-Mundi. Tal cómo Coburn había mencionado, la llegada del Jedi al campo de batalla le propició un fuerte impulso a las fuerzas clon. Pero tras varios minutos luchando sobre el puente, el Jedi se lanza al ataque seguido por sus tropas, pero los clones se detiene varios metros antes que él. Ki-Adi-Mundi se da la vuelta lentamente y mira con preocupación a sus hombres, y antes de poder reaccionar, sus propios hombres, aquellos clones con los que había luchado desde el inicio de la guerra, le dispararon a quemarropa en pleno combate. Coburn: - Imposible. Parece que sus sospechas eran correctas. -
Ícaro: - Algo no está bien. Esto se supone que no debió haber ocurrido. -
Ambos continuaron viendo la grabación y se percataron que todos los clones se quedaron inmóviles, cómo si fueran droides desconectados mientras caían uno por uno ante el fuego separatista. La grabación finaliza cuando las tropas separatistas toman posesión de esa parte del puente. Coburn: - ¿En qué estás pensando? -
Ícaro: - No soy capaz de procesar estos acontecimientos. Nunca antes un evento así había sido visto. Es... inaudito. - Ícaro se da vuelta y se acerca a la ventana que da visión al puente. - ¿Es seguro el perímetro? -
Droide de comunicaciones: - Hemos asegurado un perímetro de varios kilómetros a las afueras de la ciudad. -
Coburn: - Eso es imposible. Fue demasiado rápido. -
Ícaro: - Iré a revisar. -
Coburn: - ¿A dónde va? -
Ícaro: - Si queremos saber qué ocurrió exactamente debemos investigar la escena con más detalle. Yo iré, usted quédese en el puesto de mando por si ocurre algún imprevisto. -
Ícaro abandonó el puesto de mando y se dirigió al puente donde se libró la feroz batalla. Caminó lentamente mirando los restos de la batalla. Cientos de droides destruidos se amontonaban sobre el puente, y a continuación, cientos de cadáveres de clones. Finalmente lo alcanzó, el cuerpo sin vida del general Jedi Ki-Adi-Mundi yacía sobre el asfalto boca abajo, y a pocos metros de él, algunos de los clones que lo ejecutaron. Ícaro caminó lentamente entre los muertos, tratando de procesar lo sucedido, pero no encontraban nada que le diera una pista. Revisó el cuerpo del Jedi detalladamente y se percató de las decenas de impactos de blaster que tenía, y entonces entendió que no fue un mero accidente. Los clones le habían disparado intencionalmente, y lo querían bien muerto. Ícaro recogió el sable de Ki-Adi-Mundi y lo miró con indiferencia. Lo guardó en uno de los compartimientos que tenía en el muslo y siguió revisando la escena. Al no sentir ningún tipo de temor hacia la muerte, el núcleo de metal de Ícaro no titubeaba a la hora de removerle los cascos a los clones para mirar sus caras.
Agarró la cabeza del cadáver de un clon y revisó sus ojos, su boca y dentro de sus oídos, pero nada le daba una pista de lo sucedido. Lo siguió revisando cuidadosamente hasta que finalmente sintió algo extraño en la cabeza del clon. Al parecer, dentro del cráneo del individuo se encontraba una especie de placa de metal. No podía saber lo que era, pero la pudo sentir sobre la oreja derecha del clon con los sensores magnéticos que tenía en sus manos. Pero antes de poder tener una idea de lo que era recibió una llamada del puesto de mando.
Ícaro respondió el holo comunicador y vió a Coburn, alterado gritándole con fuerza. Coburn: - Ícaro. Debemos evacuar de inmediato. -
Ícaro: - ¿Qué sucede? -
Coburn: - Es la República,. Se acerca una armada como nunca antes. Debemos abandonar el planeta antes que... AAAAAHHHHH. - La comunicación se interrumpe. Antes que Ícaro pudiera reaccionar, levantó la cabeza y vió una enorme explosión donde antes se encontraba el puesto de mando. Después, un enorme acorazado Venator descendió y se posicionó sobre la ciudad, y antes que pudieran reaccionar, el acorazado comenzó a abrir fuego con todas sus armas. Los poderosos blaster del Venator impactaban sobre la superficie y destruían la ciudad a pedazos. Ícaro vió con sorpresa cómo la imponente ciudad capital de Mygeeto cedía ante tal abrumadora fuerza destructiva.
Ícaro estaba confundido, primero los clones matan a su propio general, luego, un acorazado Venator arrasa con una ciudad matando a miles de vidas inocentes. Para el peculiar droide con su núcleo capaz de procesar las emociones de las criaturas orgánicas, esto era simplemente incomprensible. El fuego se esparció por la ciudad rápidamente mientras el Venator no dejaba de disparar. Los enormes edificios caían y provocaban fuertes temblores, el puente donde Ícaro estaba se sacudía con fuerza. Finalmente, dos disparos del Venator impactaron en la base del puente y este colapsó. Ícaro cayó junto a los restos del puente desde una gran altura. Los droides destruidos y los cadáveres caían a la par de él. Y tras unos segundos, el fuerte impacto de los escombros contra el suelo sacude la tierra, y los sistemas de Ícaro se apagan permanentemente tras el impacto.
