Anneke
"No nos sigas" Eran las últimas palabras escritas en la nota dejada por su hermano Mikael, en la que le explicaba que se había decidido desterrarla del grupo debido a su comportamiento errático. Se disculpaba por haber tenido que llegar a ese extremo, pero le recordaba que era su hermano y siempre iba a amarla a pesar de todo, y le prometía volver a encontrarse con ella. Había salido durante la noche para cazar como de costumbre, al volver al campamento al amanecer todos se habían ido ya.
Al principio una sensación extraña la invadió, algo que no había experimentado en muchos años y que no creía que era capaz de sentir más, una profunda tristeza, derramó lágrimas por unos minutos y luego de esto, comenzó su característica furia, rompió en pedazos la nota mientras profería un grito infernal hacia el cielo. En su frenesí de furia se abrió heridas en la cara y cabello con sus garras, luego en sus brazos.
Arremetió contra los árboles a su alrededor dando zarpazos, algunos fueron partidos y derribados. Siguió así durante unos minutos hasta que la adrenalina se fue disipando en su cuerpo. Finalmente cayó de rodillas y agachó la cabeza. Pensó en todas las ocasiones que había peleado por ellos, cuántas veces les había salvado la vida a muchos, y ahora le pagaban así, abandonándola sin mediar palabra.
Juró vengarse de todos, matarlos uno por uno, dejando a su hermano para el final. Rastrearlos no sería difícil pero no iría tras ellos inmediatamente, dejaría pasar un tiempo primero para dejar que confíen y luego atacar. Habían dejado todas sus pertenencias junto con la nota de Mikael, tomó solo lo indispensable y lo de valor sentimental, lo guardó dentro de una mochila y se fue del lugar.
Caminó durante horas antes de encontrar una cabaña abandonada, sería un buen lugar para pasar una temporada. Había considerado la posibilidad de unirse a otro grupo de lycaons, pero decidió que estaría mejor sola, después de todo sus otrora compañeros siempre la habían necesitado más de lo que ella los necesitaba a ellos. Sabía sobrevivir y era una peleadora formidable, además tenía en su récord el haber acabado con muchos strigois.
Durante semanas salió a cazar y al regresar a casa se ejercitaba, siempre teniendo en mente cómo pensaba darle fin a todos, usaba el odio para motivarse, sin darse cuenta de que cada vez más se sumergía en la locura. Desde hace años dormía muy poco, y ahora era cada vez menos, al más mínimo ruido durante la noche brincaba emitiendo rugidos y sacando las garras.
En ocasiones durante la tarde permanecía observando la puesta del sol, recordando su vida antes de convertirse en Lycaon, solía gustarle pintar los atardeceres antes de que ello pasara, sin embargo los recuerdos de su vida humana eran cada vez más difusos, se perdían en el tiempo y se distorsionaban debido a su creciente insanidad. Ya no sabía si había sido granjera o mercader, junto a su hermano, lo único que recordaba con claridad era la masacre de su familia a manos de los strigois, ese evento la rompió y a pesar de que cobraron venganza eventualmente, fue el inicio de su descenso a la oscuridad mental.
Durante las noches de cacería, al estar devorando a sus presas, el aroma de la sangre le traía flashes de memoria, imágenes que no siempre reconocía, rostros llenos de miedo antes de que les diera muerte, en otras ocasiones imágenes de guerras pasadas, cuando se dejaba llevar por su furia y pasión por la sangre. Repentinamente se encontraba peleando contra nadie, y cuando recapacitaba solo veía el cuerpo del venado, ave, conejo o cualquiera que fuera la presa en turno.
Solo hasta haber pasado tiempo completamente sola fue que notó sus problemas mentales, pero esto solo la hizo llenarse de más furia, pensando cómo su propio hermano había sido capaz de abandonarla en tal estado. A veces cazaba solo para satisfacer su necesidad de hacerle daño a algo. Comenzaba a pensar que no le quedaba mucho tiempo de vida, ya que su mente la llevaría a una inevitable autodestrucción, pero quería asegurarse de que antes de que ello pasara, llevara a cabo su venganza.
Una noche salió a cazar y se dio cuenta de que ya había muy pocos animales en el bosque, había acabado con casi todos, era tiempo de moverse. Destruyó a puño limpio la cabaña en un arranque de furia, tomó sus cosas y se fue.
Después de caminar por horas pudo notar el aroma de un strigoi en el viento, se detuvo para evaluar la situación y miró alrededor suyo, el aroma era cada vez más intenso, y pudo reconocer que se trataba de alguien peligroso. Dejó caer sus cosas, pero antes de que estas tocaran el suelo, se vio obligada a esquivar el veloz tajo de una espada que intentó rebanarle el rostro, dio un salto hacia atrás en el último momento.
Al haber tomado distancia, pudo ver que no se trataba de una espada, sino una katana, esta era portada por una mujer alta, bien torneada y rubia, casi tan hermosa como ella misma, pensó. La mujer asintió y le sonrió, reconociendo su habilidad, sin embargo Anneke no estaba feliz, sacó las garras y sus ojos se pintaron de negro, luego se lanzó hacia su nueva enemiga.
