Arthur busca a Emily por toda la casa hasta que acaba sin querer, encontrando a su padre.

—Ah... Ehm... Mr. Jones. Dad... Good morning —saluda a uno y otro al meter la cabeza sin querer, planeando sacarla igual que la ha metido.

—¡Ah! Arthur! Entra —pide su padre.

—E-Ehm... N-No... No... Estaba... Estaba buscando a Emily. No quisiera molestar.

—Ah, se ha ido con Sesel esta mañana —explica Mr. Jones.

—Pero entra, Arthur… —insiste su padre.

—Oh... se ha... uhm. ¿Y sabe a dónde han ido? ¿Cuándo volverán? —entra con eso, igual vacilando un poco.

—Imposible saberlo. Las mujeres... —Mr. Jones se ríe como si hubiera contado un chiste obvio.

La verdad es que Mr. Kirkland mira a Arthur un poco en la línea de "necesito ayuda con este hombre cuyo humor no acabo de entender".

—Ah, ehm... sí, son impredecibles... Uhm —Arthur sonríe un poco pero sigue vacilando.

—Supongo que se unirán a nosotros para comer con el embajador. ¿No es así? —Mr. Jones mira a Lord Kirkland.

—Sí! Sí… desde luego que sí —asiente Lord Kirkland.

—¿Qué embajador? —pregunta Arthur que no tenía ni idea de nada de esto.

—El de... ¿Lisitonia? ¿Lutaninburgo? Ha dicho... No lo sé, muchacho, a los americanos ¡todos estos pequeños países europeos nos suenan iguales! —Mr. Jones vuelve a reírse.

—El embajador de Luxemburgo —explica su padre a Lord Kirkland—. Wallace ha estado con él toda la mañana en lo que yo he estado hablando con Mr. Jones sobre negocios.

—¿Has mandado a Wallace a...? —ojos en blanco porque va a estar insoportable.

—Scott no ha podido ir.

—Ehm... Ah, yes. Se marchó ayer a Scotland con Lady Zwingli —asiente recordándolo—. Dijo que había no sé qué problema con los castillos de mum. Pero no entendí muy bien qué.

Lord Kirkland suspira.

—Tal vez debería ir a preguntarle a Mum...

—¿Por qué marcharse con Lady Zwingli? Ella no es su esposa... ¿O sí? —pregunta Mr. Jones.

—No. Por ahora, no te vayas a ningún lado, Arthur. Vamos a comer. Ehm… me parece que Lady Zwingli iba a ver si…

But, Daaad...

—Arthur —le fulmina.

—Tal vez podría ir con Wallace y mandarlo a él aquí, está más al corriente de todo esto que yo.

—Ah, no. Wallace vendrá igual junto con el embajador. Pero he dicho que te quedes aquí.

—¿No prefieres que sea él quien te ayude?

—Nos ayudarán los dos.

—Tal vez Patrick debería ser el que lo haga ya que ahora el compromiso será con él.

—¿Me estás queriendo decir, Arthur, que… tú no quieres?

—Uhm... es que yo de estas cosas no entiendo.

—¿De hablar con la gente?

—De... sí. También. De estos negocios que haces y... ya sabes que siempre dices "Arthur deberías hacer más amigos"... "Arthur habla con la gente".

—Pues aquí está. Eso estarás haciendo hoy.

—Por eso te digo, sería mejor idea que uno de mis hermanos viniera y yo fuera a...ocuparme de Emily.

—Emily no está.

—Puedo ir a buscarla.

—No quiero que vayas a buscarla, quiero que vengas con nosotros —le fulmina.

—Uhm... Vale, vale.

Mr. Kirkland carraspea VISIBLEMENTE irritado con todo el mundo. Arthur mira a Mr. Jones de reojo y este se vuelve a los papeles a hacerle a Lord Kirkland el millón de preguntas que estaba haciéndole antes que Arthur llegara.

Así que el escritor, se sienta en una silla, se cruza de brazos y procede a querer irse a los mundos de fantasía de su mente divagando y pensando en lo que ha pasado esta mañana en la bañera.

—Nos iremos en cuanto nos avisen que el carro está listo —anuncia Lord Kirkland, sacando su reloj de bolsillo y mirándolo.

Mr. Jones asiente, siguiendo a lo suyo con sus preguntas y Arthur ni siquiera se mueve porque no les está escuchando.

Ugh, Arthur! No podrías ser menos útil.

Le obligará a estar ahí en cuerpo, pero no en mente.

¡Pues se supone que tendrías que estar en mente también!

Pues llámale la atención.

—¡Arthur! —suelta Lord Kirkland de repente al notar que le ha mencionado en la conversación y ni siquiera se ha inmutado.

Arthur parpadea saliendo de sus pensamientos y se sonroja porque se estaba recreando en la imagen de Francis tocándose en el aseo.

—¿Qué piensas?

—A-Ah... ehm... —traga saliva—. ¿D-De qué?

—¿No estás oyendo? —es que BUFA con esa respuesta impertinente.

—Estabas en las nubes, muchacho —se ríe Mr. Jones.

—Eh... S-Sí, perdón, solo me he perdido esta última parte... —Arthur sonríe tímidamente.

—Como siempre —se queja Lord Kirkland que considera tiene los hijos más desquiciantes que dios le pudo haber dado.

—Uhm... Sí. Creo que será mejor que vaya a por Mum.

—¡Que no vas a irte a ningún sitio para desaparecer! —es que Lord Kirkland podría ahorcarlo.

—Pero solo es a buscar a mum —aprieta los ojos.

—Y que no vuelvas con cualquier pretexto.

—Pues si ella me requiere...

—Es que no quiero que te requiera.

—Vale, vale...

—Lord Kirkland —le llama el mayordomo desde la puerta—. Los carros están listos.

—¡Ah! Ya vamos —Arthur sonríe con eso porque no se había enterado.

—Sí, solo estábamos esperando el carro —Lord Kirkland se levanta preguntándose a sí mismo si Arthur había escuchado ALGO.

—¿Y a dónde es que vamos? —Cómo ser exasperante en seis palabras, por Arthur Kirkland.

—A las Filipinas…. —responde sarcástico porque sigue a punto de ahorcarlo.

—No recuerdo ningún restaurante llamado... —parpadea el menor.

—Vamos a Rules, Arthur. No te enteras de nada.

—Oh, a Rules... No me gusta ese sitio —arruga la nariz.

Lord Kirkland mira a Arthur con una cara de verdad de... Arthur, ¿hay oxígeno en tu planeta?

Pues es que antes que un británico admita que le gusta algo...

—Lo eligió Wallace, ¿no? Le gusta porque parece súper caro y todo eso. Pero está sobrevalorado.

—Es el mejor restaurante de esta ciudad —protesta Lord Kirkland porque... ¡uno no dice "no me gusta el lugar al que vamos" cuando estás llevando a una visita y al estúpido embajador de un país al que quieres agradar!

—Mmmm... Bueno, yo discrepo.

—Pues ojalá discreparas en silencio y para tus adentros —murmura

—Qué pena que no tengas a ninguna hija que casar con el embajador, ¿no? —le mira de reojo y pone los ojos en blanco—. Mr. Jones, deberíamos presentarle a Emily...

Mr. Jones levanta las cejas con eso, porque no se le había ocurrido.

—Oh, si se concreta lo de Sesel, no me parecería la peor de las ideas— comenta Lord Kirkland porque por fin parece que las dos neuronas de Arthur han chocado en una buena dirección dentro del absoluto vacío del resto de su cráneo—. Parece ser un hombre poderoso, por lo que me han indicado.

—Pensaba que era un hombre de nuestra edad... —comenta Mr. Jones.

—Pues a lo mejor tiene un hijo —Arthur se encoge de hombros.

—Lo es, es un hombre no tan joven. Pero según he visto está soltero y no tiene hijos… —asiente Lord Kirkland—, la edad no es un problema.

—A Emily le gustan los hombres mayores, además —añade Arthur.

—Oh, ¿cómo sabe todas esas cosas? —pregunta Mr. Jones ya sentado en el carro—. ¿Le gustan… los hombres mayores? —pregunta extrañado también.

—Es un presentimiento... —se encoge de hombros el escritor.

—Un presentimiento muy preciso —comenta su padre con una ceja levantada.

—Por lo menos yo no presiento que el embajador no tiene hijos, eso parece espionaje internacional —le acusa.

—¡Es parte del dosier que me enviaron! —se defiende un poco escandalizado.

—¿Te enviaron un dossier?

—Claro que me enviaron un dossier, y a él deben haberle enviado uno de todos nosotros. Es solo un resumen de la información general para saber con quién hablas —aclara a Mr. Jones no sea que crea que son unos acosadores.

—Que bien organizado esta el gobierno británico —asegura Mr. Jones.

—Bueno, también es que tenemos grandes espías —asegura Arthur para que tampoco se crea.

—Sí que está bien organizado —asiente Lord Kirkland. Ojos en blanco de Arthur.

—¿Y qué más dice el dossier? —pregunta Mr. Jones.

—Que a Wallace se le ha empinado cuando le has dicho que podía ir él, seguro—susurra Arthur.

—Wallace parecía muy motivado en ir, sí —fulminación.

—¿Y qué pasó con lo de mum?

—Está mejor hoy.

—¿Se encontraba mal?

—¡Sí! ¡Pasó la noche en el hospital! Arthur, de verdad, ¿¡en qué mundo vives?!

—O-Oh... ¿En serio? ¿Qué pasó?

—Pues ¡¿en dónde estabas?!

—Me... sentía mal y me fui a mi cuarto —se sonroja.

—Pues se desmayó la pobre, fue todo un evento —asegura Mr. Jones.

—Igualmente, me refería a... ¿qué pasó con lo de Scotland? —explica Arthur.

—Scott fue a ver qué pasó con lo de Scotland.

—Sí, eso me dijo, quería saber si tú sabias qué pasó.

—No he recibido aún correspondencia, asumo que apenas se estará instalando.

—Oh... aun no entiendo porque ir con Lady Zwingli, pero bueno. Supongo que Vash podrá estar tranquilo unos días.

—Pues si tú madre sigue dándonos sustos, dudo que esté muy tranquilo.

—Me refería a sin su esposa.

—¿No es feliz con ella? —pregunta el americano.

—Nadie en esta ciudad es feliz con su esposa, Mr. Jones...

—Yo sí soy feliz con mi esposa —Lord Kirkland vuelve a mirar a Arthur con cara de WTF.

—Entonces es tu esposa la que no es feliz contigo —se encoge de hombros.

—Yo también soy feliz con mi esposa —Mr. Jones parpadea con todo eso.

—Usted es diferente, es americano.

—Mi esposa no… ¡Sí que es feliz conmigo tu madre! —protesta Lord Kirkland.

—¿Seguro? —la sonrisa un poco maligna de Arthur.

Lord Kirkland frunce el ceño y, gracias a Dios, el carro se detiene.

Mr. Jones piensa en si Arthur habrá querido decir algo con eso, aquí parece haber mucho... chismorreo. A lo mejor Sesel tenía razón con eso de que ella no había besado al párroco sin su consentimiento.

—Baja —pide Lord Kirkland a Arthur y este lo hace con un saltito, buscando a Wallace, de quien no hay ni señales.

—El lugar parece bonito, ¿es un restaurante francés? —pregunta Mr. Jones con un poco de esperanza, mirando el lugar.

—No. Venden cocina británica tradicional, especialmente de caza.

—Ah... —tan decepcionado.

—No está tan bueno —insiste Arthur y Mr. Jones traga saliva con eso.

—¡Sí que lo es! A tu madre le gusta también

—Mi madre, la experta en comida...

—Y tú el otro experto.

—Yo, como ella, sé de... —se detiene de decir... hombres.

—No prestar atención.

—Y molestar —añade cínicamente.

—Eso claramente.

—Haberme dejado irme, era fácil, te he dado como mil pretextos.

—Lord Kirkland, que gusto que nos visite —viene corriendo un hombre muy caravaniento a interrumpir a Arthur.

—Ñañaña lame botas —protesta este en un susurrito.

—Ahh… teníamos una reserva.

—Desde luego, desde luego. Para la comida con el embajador… —mira a Mr. Jones, que le sonríe al hombre.

—A nombre de quienes no saben comer —sigue Arthur que ahora se cree tan conneisseur por haber comido dos veces en casa de Francis.

—¿Puedes parar? —protesta Lord Kirkland.

—Solo digo —levanta las manos, inocente.

—¡Pues para de decir!

Mr. Jones mira a uno y otro porque parece ser de las primeras veces que ve a Lord Kirkland perder la compostura con uno de sus hijos.

La verdad, Wallace parece irritarle menos... Aunque para ser sinceros, ahora en quien está interesado él es en el párroco.

Si sirve de consuelo sospecho que también pierde la compostura con él. Por lo menos no lo ha hecho frente a Mr. Jones.

Lord Kirkland va hasta la mesa en la que le han puesto y saca su reloj porque Wallace aún no está ahí. Mejor, puede así recuperar la compostura.

Arthur se para un momento en la barra a pedir cervezas antes de ir con él y Mr. Jones.

La cosa que nos une: el amor a la cerveza.

Por lo menos...

—Wallace debe estar por llegar. Debemos todos ser muy respetuosos con el embajador.

—¿Qué consideras irrespetuoso? —pregunta Arthur

—En tu caso, prácticamente todo. Tú tienes que ser un lame botas.

—¿Para qué me traes entonces? Quieres que le pregunte al embajador si tiene otra hija, ya te he hablado de mis planes firmes de cortejar a... la madre del sastre.

—Arthur, ese asunto de la madre del sastre... Yo entiendo que es muy bonita pero no crees…

—No voy a admitir objeciones ahora —ni siquiera la llamas por su nombre.

—Es que la acabas de conocer. ¿Por qué querrías…?

—¡No la acabo de conocer! ¡Este es un romance secreto por largo tiempo!

—Oh... la verdad, ya podrías haberle dicho eso a tu padre antes de hacernos venir —interviene Mr. Jones.

—Ehm... B-Bueno, sí, pero entonces habría privado a Patrick de esta oportunidad...

—No me creo que esto sea un romance secreto por largo tiempo, Arthur —protesta un poco Lord Kirkland mirando de reojo a Mr. Jones con este asunto de poderlo decir antes.

—No puedes saberlo, en eso consiste que sea secreto.

—Es decir, lo sabías desde que hablamos de Emily.

—Pues... Sí, pero no pensé que tuviera opción. Pensé que ibas a venderme como ganado igual que hiciste con mis hermanos —el drama.

Mr. Jones mira a Lord Kirkland un poco escandalizado con eso y Lord Kirkland es que… fulmina a Arthur.

—No es como que te hayas detenido antes, ¿recuerdas antes de la boda de Patrick cuando dijo que estaba enamorado de...? —sugiero que le cortes antes que diga prostituta frente a Mr. Jones.

—ARTHUR! Pero… ¡¿qué te pasa?! —protesta Lord Kirkland—. Eso no fue así, estás haciendo un drama.

—Él mismo lo dijo... no sabemos si se lo inventó o no, pero lo dijo.

Es que si las miradas mataran…

—¿Qué dijo? —pregunta Mr. Jones.

—Patrick no quería casarse al principio y protestó muy activamente pero al final decidió aceptarlo.

—Eso lo hicieron todos —aclara Arthur cruzándose de brazos.

—Nadie llevó a ninguno de tus hermanos a rastras a casarse.

—Claro que sí, pregúntales... pregúntale a Wallace ahora que venga. Si casi no hablan de otra cosa. De eso y sus amantes.

—Bueno, no creo que esto sea un tema de conversación apropiado —protesta otra vez Lord Kirkland.

Arthur suspira porque ningún tema parece que le resulte apropiado.

¡Pues es que!

—¿Por qué no nos habla de Sesel? —le pregunta Arthur a Mr. Jones.

—Ahh! ¡Muy buena idea! —que no digas que no te lo admite cuando lo es.

—¿Qué quieren saber de ella?

—Pues... no lo sé, cosas... ¿Qué le gusta? ¿Qué no le gusta? ¿Qué podría hacer Patrick para agasajarla además de comerle la boca como si fuera una fuente en un desierto?

—Cielos…. Sí, bueno, en resumen todo lo que dice Arthur —asiente Lord Kirkland la verdad pensando que si algo es útil de sus hijos es que tengan una gran imaginación.

Mr. Jones se ríe con el asunto de la fuente, pensando que eso lo sacó de su madre

—Bueno, a ella le gusta... uhm... comprarse ropa.

—Como a todas las mujeres… incluso a la mía. A veces.

—Qué va. A mum solo le gusta ir a la costurera a... —se detiene de decir tirarse al sastre, sonrojándose un montón él solo.

¡Joder, Arthur! Lord Kirkland parpadea.

—A... comprar ropa.

What?

—¿No?

—Ehm... yes. Of course.

—Entonces, mucha ropa para Sesel… ¿qué más?

—Uhm... le gustan los... dulces —la verdad, no parece que Mr. Jones preste mucha atención—. Y ha tenido muchos pretendientes, es una chica muy guapa y suele ser muy dura y selectiva con ellos.

—¿Los dulces? —pregunta Lord Kirkland extrañado.

—Le diremos a Patrick que le lleve unos bombones. Yo podría mandar unos a la sastrería.

—Es buena idea… ¿a la sastrería? ¿Para el sastre? —Lord Kirkland le mira un poco confundido.

W-W-What? —Arthur levanta las cejas y se sonroja porque sí serían para el sastre pero cuando lo ha dicho en voz alta tenía otra excusa que sonaba bien y que ahora no puede recordar por que la acusación lo ha dejado en blanco.

—¿Para qué ibas a enviarle bombones al sastre?

—A-Ah... Y-Yo no... —vacila y Lord Kirkland sigue mirándole inocente pero persistentemente.

—Será para agradecerle sus trajes —propone Mr. Jones inocentemente.

—Un poco raro con bombones, ¿no?

—¿A lo mejor por otro favor personal? —propone el americano.

—¡NADA PERSONAL! —chilla el escritor.

—Que requiera… bombones —Lord Kirkland mira a Arthur sin entender el grito.

—NADA REQUIERE BOMBONES —insiste.

—Pues tú lo has dicho

—¡PUES NO LO DIGO!

—Mmm no parece que no lo digas…. Baja la voz, pareces tu madre.

—¡PUES NO DIGAS COSAS RARAS!

—¿Qué cosas raras estoy diciendo? —pregunta Lord Kirkland suspirando porque siempre es lo mismo con estos chicos que se ponen histéricos sin que el entienda por qué.

—¡TODO ESTO!

—¿Yo? ¡Tú eres el que grita!

—¡Yo no estoy gritando!

—Ahora estás gritando menos…

—No he gritado en todo el rato.

—Ojalá eso fuera cierto… — Ojos en blanco—. Bueno, nada de bombones a extraños, podrían mal entenderlo.

—¡Ya te he dicho que no iba a mandárselos! ¡Te lo has inventado!

—Pero si tú lo has dicho.

—¡Yo no he dicho nada!

—Mr. Jones, ¡dígale! Dígale que sí que lo di… ¡Oh! Ahí viene Wallace con el embajador —se levanta en automático, cambiando la cara de desesperación por una encantadora con una mini sonrisa.

Mr. Jones levanta las cejas, girándose a la puerta y Arthur sonríe ampliamente agradecido del cambio de tema poniéndose de pie también.

—Wallace! —agita la mano para que los vea.

Wallace levanta la nariz y camina hacia ellos muy dignamente pero de la nada le cambia la cara, levantando las cejas.