N/A Gracias a todos, por todos vuestros comentarios. Además, gracias al amable comentarista que señaló que Oliver Wood se habría marchado para quinto año. Tiene razón. Desafortunadamente. Oh, bueno.

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Barrido de Peones

Ron se despertó, se vistió, y fue a la habitación del emir. Sorprendentemente, al-Hadoud estaba levantado y tan ansioso por llegar a la planta de ajedrez como él. La mayor parte del día fue como los otros, aunque perdió la segunda partida con un chico chino de Singapur. Vigiló al emir cuidadosamente, pero intentó no dejar que su preocupación le distrajera del juego.

Esa tarde, estaba preocupado por el anciano árabe, pero todavía parecía estar bien. Al-Hadoud admitió haber utilizado la mitad de una poción que Rafi le había proporcionado la noche anterior, y había tomado el resto esa mañana. "Así que mañana probablemente voy a necesitar más descanso," admitió el anciano con pesar mientras se sentaban en el restaurante tomando una cena temprana. "El caballero a la mesa de hecho se disculpó por programar una partida nocturna para mí."

Ron asintió. No quería admitirlo, pero también estaba comenzando a sentirse cansado. Pero sólo quedaba un día más de juegos para los juveniles después de hoy. En sólo un par de días, todo habría terminado, y él y Snape estarían de regreso a Hogwarts. Se sentía como si hubiera estado aquí siempre. Había algunas visitas programadas por la ciudad, pero entre sus partidas y las de al-Hadoud, no iba a ser capaz de ir. Además, dudaba ser capaz de obtener permiso de Snape.

Esa noche bebió varias tazas de té sólo para permanecer despierto. En todo caso, ¡necesitar ir al baño evitó que sesteara! El emir perdió esa partida, sin embargo, y quiso hablar de ella una vez regresaron a la habitación. Rafi intervino misericordiosamente y envió a Ron de vuelta a su propia habitación. "Me ha enseñado lo suficiente, amo, para que podamos repasar esta partida nosotros mismos. Mañana es el último día del muchacho, y necesitará descansar."

Ron se había quedado alucinado por cuál alto estaba en la clasificación, considerándolo todo. Tenía que jugar tres partidas más antes de que se calcularan las clasificaciones finales, a menos que necesitara una sesión de desempate. Si las ganaba todas, tenía opción de quedar tercero. El pequeño ruso iba a ser probablemente segundo o tercero, mientras que el chico de Durmstrang iba a ser primero claramente a menos que mañana le alcanzara un rayo. Lee de Singapur estaba justo por delante de él, pero Ron sabía que podía hacerlo mejor si volvía a jugar con él. Durante la última partida del emir, el oponente de al-Hadoud había hecho algo realmente furtivo con su dama, maniobrándola una o dos espacios por turno hasta que había estado justo en el lugar exacto para descender en picado y acorralar al indefenso rey del emir.

Pero estaba demasiado cansado para disponer su tablero ahora mismo, y se fue directo a la cama. Snape todavía estaba jugando, o eso pensó. El Maestro de Pociones bien había empatado o ganado todas sus partidas. El programa de los adultos duraba un día más, ya que había muchos más de ellos. Al-Hadoud, Malfoy, y Snape parecían ser los tres líderes, aunque el emir probablemente había descendido un puesto después de esta noche. Morris de los Estados Unidos estaba justo por detrás de él, aunque podría ascender dependiendo de cómo lo hiciera Snape esta noche. Biggerson de Suecia no estaba haciéndolo tan bien como probablemente debería. Ron se preguntó mientras yacía en la cama si perder contra Snape justo al principio había descorazonado al hombre. Jefferson de Estados Unidos estaba haciéndolo bien. Todavía desearía que McGonagall hubiera sido capaz de acudir. Nunca antes había pensado en ello realmente, pero era extraño cuán pocas mujeres o chicas jugaban al ajedrez en los torneos. ¡Quizá Ginny sea la próxima Tigre! Lástima que Percy no juegue mucho. A Papá le gustaría que los Weasley siguiéramos con la tradición familiar.

Soñó con todos los Weasley apareciendo en un torneo y haciendo enorgullecerse a Papá barriendo todos los puestos…

La mañana siguiente Rafi le dijo que el emir iba a descansar hasta mediodía de nuevo. "¿Está bien?" preguntó Ron. "Quiero decir, sé lo anciano que es, pero el Director nunca parece estar así."

"Ah, pero él está en su propio lugar. A medida que los magos y brujas envejecen, a veces desarrollan una afinidad por cierto lugar y extraen fuerza de él. Mi amo está lejos del suyo. Desearía que me dejara llevarle a casa por la noche a través de la botella de modo que pudiera dormir en su propia cama y así descansar mucho mejor que aquí."

"¿Cómo funciona eso? ¿No llegaron aquí por Red Flu como todos los demás?"

"Por supuesto, pero una vez aquí yo puedo ir a otras botellas, que están en sus palacios. Como vio, puedo llevarle conmigo. Pero por desgracia, dijo que no sería justo para los demás jugadores, algunos de los cuales también son ancianos. Las normas tampoco permiten a nadie dormir en un lugar distinto a donde se celebra el torneo. Esto da ventaja a cualquier brujo nacido en el lugar donde se celebran los juegos, por supuesto, por lo que muchos compiten fieramente por el privilegio."

¡Eso era interesante! Y también explicaba por qué Dumbledore casi nunca abandonaba Hogwarts por lo que sabía Ron, ni siquiera en verano. También el Ministerio se reunía a menudo con el Director allí mismo en el colegio, aunque sabía por Papá que preferían ver a la gente en Londres.

"Gracias, Rafi. Aquí estaré."

Éste era su último día. Volvió a comprobar las clasificaciones, aunque su categoría no debería haber cambiado desde anoche. Petrosian era el primero, como pensaba, y Lee de Singapur el segundo. Incluso con sus derrotas, Ron se alegraba de estar empatado con Smerdlov. Vale, sólo tiene siete años. ¡Paro aun así estoy orgulloso de aquellas tablas! En el tablón de adultos, Snape estaba el tercero. Malfoy era el primero ya que había ganado más partidas, pero contra oponentes menores, mientras que al-Hadoud había descendido al segundo puesto tras su derrota de anoche. Morris era cuarto, y Biggerson estaba muy abajo en el décimo puesto. Gerrit era el decimoquinto, y Ron sonrió para sí mismo. ¡Eso es lo que pasa cuando te das por vencido demasiado pronto!

Se sentó para su primera partida de hoy, con un chico de Argentina. Apenas podían entenderse, pero no importaba. Las piezas hablarían por ellos.

El estilo de su oponente era engañosamente simple, un poco como el de Abercrombie. Ron dirigió con sus caballos como generalmente le gustaba hacer, y abrió camino para algunas de sus otras piezas. Las diversas estrategias que había aprendido durante los últimos meses estaban comenzando a sentirse menos como datos y pedazos separados y más como un conjunto, aunque no estaba seguro de estar ahí todavía.

Entonces el argentino comenzó a llevar sus piezas al centro. Alguien más ha estado observando a Snape, pensó Ron. Pero no lo bastante bien. El otro muchacho no se había tomado la molestia de proteger sus peones del modo en que lo hacía habitualmente el Maestro de Pociones. Ron sonrió ampliamente y dejó que Vinnie y Greg jugaran entre las piezas menores que su oponente había dejado atrás.

Entonces las blancas hicieron a su reina liderar un equipo de demolición contra la defensa de Ron. Tan interesante como ciertamente era, Ron notó un agujero donde podría enviar su propia dama para inmovilizar a la mitad de la otra fila trasera. Comprobó cuidadosamente la torre de ese lado–McGonagall le había enseñado a ser cauto con esa pieza–y deslizó su reina al lugar correcto a pesar de sus sonoras protestas.

Los ojos de su oponente se ensancharon cuando se percató del peligro. El chico retrasó su alfil en un intento de asustar a la dama para que se retirara, pero cuando Ron maniobró uno de sus caballos en una horquilla entre el rey y la torre de ese lado, el tipo volcó su rey.

Una partida menos y dos para terminar, pensó Ron. Se sentía nervioso e inquieto. Entonces localizó al chico para quien había hecho recados el día anterior. "¡Aquí están tus dos Knuts!" dijo, y le dio al muchacho las monedas. "No quería engañarte ni nada de eso. Recuerda, soy a quien pediste que llevara aquella bandeja a Jinowitz."

"Vale. ¡Gracias!" El chaval hizo tintinear el dinero, luego se lo metió en el bolsillo. "Di, me iría bien alguien mañana por la mañana."

"Apuesto a que la mayoría de los otros chicos se quedarán durmiendo," dijo Ron. "Pero yo estoy acostumbrado a levantarme temprano en mi colegio. Aquí estaré." Ya había comprobado el tablón, y el emir no tenía ninguna partida matinal mañana. Ya que él tampoco tenía nada programado, siendo el último día, al-Hadoud probablemente también dormiría. "Tengo media hora hasta mi siguiente partida," añadió. "¿Alguien necesita algo ahí afuera?"

"No hay partidas de adultos hasta dentro de una hora," dijo el otro muchacho. "Y tú eres el único juvenil que da propinas aparte del papá del niño. ¿Por qué vas a ayudarme?"

"El colegio se hace cargo de lo que consumo, pero puedo quedarme con lo que reúna," dijo Ron.

"¡Genial! Bueno, ven aquí mañana. Los adultos jugarán todo el día, y por lo que veo, quienquiera que aparezca primero podrá ayudar tanto como quiera."

"Hablas inglés muy bien."

"He de hacerlo. Me pagan más por cada idioma que aprendo."

"¡Ojalá también a mí!" dijo Ron.

"Tienes suerte, de ir al colegio como lo haces. Yo tengo que trabajar turnos de noche cuando estoy yendo al colegio. Estaría bien sólo tener que ir al colegio o trabajar, no ambas cosas al mismo tiempo."

"Sí, supongo que tengo suerte," dijo Ron. Ahora que pensaba en ello, las cosas podrían ser mucho peores, incluso con clase de Pociones con los Slytherin y el ataque anual de Voldemort.

"Aquí hay un pastel sobrante. No le digas a nadie que estoy dándotelo gratis, me metería en un lío."

"¡Gracias!" dijo Ron, y se lo zampó. Levantó la mirada al reloj. Era hora de su segunda partida. Era contra otro ruso de Durmstrang, alguien llamado Suvarov, que también estaba cerca de los primeros puestos. Ron descubrió enseguida por qué. Era difícil describir el juego de su oponente, porque era un estilo con el que no estaba familiarizado, pero ciertamente era bueno. Ron contraatacó lo más duramente que pudo, pero no sirvió de nada. Estaba dispuesto a resignarse.

Entonces recordó a Gerrit de Alemania, y el modo en que Draco se había dado por vencido en el tablero de aprendizaje allá en Hogwarts. Ron también recordó cómo se había sentido el emir acerca de rendirse con demasiada facilidad. Aunque consumió algún tiempo del reloj, se forzó a mirar la situación como si acabara de llegar a ella.

Sí. Había un modo de demorar las cosas. Suvarov tendría que ganarse su victoria. Ron movió un peón hacia delante. Cuando las piezas principales han desaparecido en su mayor parte, te apañas con lo que te queda.

Alrededor de una hora más tarde, estrecharon las manos sobre unas tablas muy feas. Las piezas seguían discutiendo entre ellas sobre lo que debería haberse hecho, lo que Ron sospechaba era inusual en piezas de torneo.

Era cerca de mediodía, y Ron estaba famélico. Para ese momento Snape estaba en el tablón mirando las clasificaciones. Mientras se acercaba al Maestro de Pociones, el tablón cambió para reflejar su empate con Suvarov. "Ésa fue una partida larga," dijo Snape.

"Y me alegró conseguir tablas," dijo Ron. "Está bien que el libro tendrá todas las partidas. Papá y yo las reproduciremos todas en verano, si tiene tiempo."

"Espero que lo tenga," dijo Snape, una mirada peculiar en su rostro mientras se frotaba el brazo izquierdo.

Ron se percató de a qué se refería su maestro, pero intentó aparentar que no lo hizo. A Voldemort no le importaba el ajedrez, o si le importaba, jugaba como Filch con personas reales. "Yo también lo espero," dijo al fin.

No tenía tanto apetito como pensaba una vez pidió algo por fin, pero terminó un plato de tallarines con salsa de carne de todos modos.

Entonces fue la hora de su tercera partida del día, y la última del torneo para él. Le sorprendió descubrir que su oponente era de nuevo el pequeño Konstantin Smerdlov, probablemente para resolver el empate. La única otra partida programada para los juveniles era entre Lee de Singapur y Petrosian de Durmstrang. Ron se percató de lo que eso significaba, una vez miró las clasificaciones y puntuaciones. Necesitaría una victoria para ser tercero, y tablas para ser cuarto, ya que como había empatado con Suvarov, el otro ruso iba justo por detrás de él. Los premios en metálico sólo llegaban hasta el tercer puesto, pero incluso esa posición valía cincuenta Galeones.

Se sentó frente al niño, y sacó negras. Ron cerró los ojos un momento, luego volvió a abrirlos. Cada partida era nueva, sin importar cuántas veces hubieras jugado con alguien. Se sintió un poco mareado por un momento. Ron comenzó a jugar una vez abrió Smerdlov.

Unos cinco movimientos después, algo hizo clic. Todo tenía sentido ahora. Comprendía cómo estaba jugando Konstantin, y cómo necesitaba jugar en respuesta. Era como aquella partida con Abercrombie cuando pudo ver por anticipado casi todo el camino hasta el final. Sólo que, mientras Konstantin jugara como estaba haciéndolo ahora, Ron no veía ningún modo de ganar.

Paro ahora mismo no importaba. Podía ver que el chico frente a él tenía el mismo tipo de comprensión en sus ojos. "Es tan sencillo a veces, ¿verdad?"

Konstantin sonrió y dijo, "Sí, lo es. La mayor parte del tiempo casi nadie lo ve salvo yo."

"Excepto que quiero cambiar a donde yo gano, en lugar de ti," Ron sabía que su conversación no tenía sentido, pero no le importaba.

Vio una alternativa y la tomó. Su visión cambió, entonces, como esperaba que lo hiciera. Sus movimientos eran rápidos y suaves.

También los de su oponente. ¿Qué está viendo Konstantin que yo no veo? Ron empleó parte del tiempo que había ahorrado e intentó seguir todo el camino hasta el fin del juego.

Sí. Había un modo. Como durante la trampa de ajedrez de McGonagall, donde no importó tener que sacrificarse él mismo para hacer avanzar a Harry. Ahora en esta partida se permitió implacablemente perder ambos alfiles. Era necesario. Sus peones estaban esperando que Konstantin entrara al terreno de la matanza ahora.

Pero el chico se contuvo y jugó a la defensiva. Ron estaba perplejo. Eso no había estado en sus visiones. Se detuvo de nuevo. ¡Ajá! Lo que parecía juego vacilante era en realidad una trampa. Cambiar, y volver a cambiar. Ron hizo avanzar sus peones, creando una red de escaques controlados entre ellos.

Apenas notó a la gente en pie alrededor, a pesar de que tenía la vaga sensación de que Snape estaba observando. Una habilidad de supervivencia que había aprendido en Hogwarts, sin duda. No importaba. Nada importaba salvo el tablero ante él. Ya no estaba usando datos de estrategia de otros, o si estaba haciéndolo se habían convertido en suyos ahora. "¿El ajedrez es así para ti todo el tiempo?" preguntó Ron, sabiendo que el chico comprendería.

"Sólo con una o dos personas," dijo Konstantin.

El juego terminó en tablas, pero no sorprendió a Ron. Estaba un poco decepcionado por no obtener el tercer puesto, pero por jugar al ajedrez así, del modo que había soñado a veces, había merecido la pena venir aquí incluso si no ganó ningún dinero.

El padre de Konstantin no parecía enojado con su hijo tras la partida. De hecho, el hombre se acercó y estrechó la mano de Ron. "Muchacho, sé lo suficiente para reconocer un buen juego. Escríbenos por lechuza a Ekaterinburgo cuando quieras."

"Gracias, señor. Su hijo es realmente bueno. Yo soy Ron Weasley de Hogwarts en Inglaterra. Sería estupendo jugar vía lechuza." Entonces Smerdlov senior se marchó con su hijo.

Snape salió de la multitud y asintió su aprobación. "Sospecho que jugará con él durante muchos años."

"Sí," dijo Ron. "Creo que lo haré." Estaba comenzando a sentirse un poco desilusionado ahora que el juego había terminado. "Espero que alguien tomara notas. No creo comprender lo que hice."

"Entonces tiene trabajo que hacer," dijo el Maestro de Pociones, pero con sólo un poco de su mordacidad habitual.

Snape se retiró cuando el emir avanzó. "Weasley, ésa fue una partida espléndida," dijo al-Hadoud, que lo abrazó. "Es tal gozo ver a un alumno crecer así. A veces es así cuando dos jugadores se encuentran, saltan chispas y juegan mejor de lo que podrían contra cualquier otro. Recuerdo que fue así la primera vez que jugué con Dumbledore."

"Desearía poder haber ganado, sin embargo," dijo Ron. Pero no iba a molestar al emir con el motivo. Su bolsa vacía ciertamente no era problema de nadie sino suyo.

"No es ninguna vergüenza acabar cuarto en un torneo así," dijo al-Hadoud, llevando a Ron consigo a la mesa de registro. "¡Y con tal partida! Estoy seguro de que tu familia estará muy orgullosa de ti."

Ron se animó, sabiendo que estaban orgullosos de él ya sólo por estar aquí. Cuando fuera a casa por Navidad, sabía que Papá se frotaría las manos y dispondría el tablero en la mesa de la cocina, sin importar cuánto se quejara Mamá. Pero ella no lo diría en serio, y simplemente haría que todos llenaran sus platos en el fogón y los dejaran en el fregadero después. Lo habían hecho bastante el pasado verano, después de todo.

El tablón de clasificación se reorganizó por sí mismo y resplandeció para mostrar que no habría más cambios. Petrosian de Durmstrang era primero, y Lee de Singapur era segundo. Smerdlov de Ekaterinburgo estaba listado como tercero, mientras que su propio nombre y el de Hogwarts estaban justo debajo. Sí, podría haberlo hecho mucho peor. Simplemente tendría que encontrar otro modo de conseguir suficiente dinero para un regalo para al-Hadoud y enviar algo a Mamá para Ginny.

El emir le llevó al restaurante y escuchó mientras Ron divagaba sobre la partida. "Fue maravilloso. Todavía no sé explicar cómo podía ver todo el camino por delante a través de todos los cambios. Desearía poder hacer eso en todas las partidas."

El anciano sonrió. "La comprensión a veces llega más tarde. Algunos pueden analizar bien, pero no saben jugar. Otros juegan sin un pensamiento en sus cabezas acerca de cómo lo hacen. Creo que serás capaz de hacer ambas cosas magníficamente algún día. Casi todas las grandes partidas, sin embargo, se juegan por diversión."

"¿Casi?" preguntó Ron.

"Algunas que se juegan por sangre y venganza alcanzan ese nivel. Pero la pasión es la raíz de todas ellas, incluso si la pasión no puede verse."

"¡La Profesora McGonagall juega así!" dijo Ron. "No parece así como persona, pero en el tablero de ajedrez es distinto."

"Por eso le llaman la Tigre, jovencito. Malfoy, ahora bien, juega por gozar, pero es el gozo de destruir a los demás."

"¿Y el Profesor Snape?"

Al-Hadoud pareció entristecerse. "Él no era mucho mayor que el niño ruso cuando vi por primera vez a su tío llevándolo por ahí. Cuando estaba conmigo, jugaba al ajedrez como si las piezas fueran las únicas cosas reales para él. Fue una gozada ver cómo creció también. Era como una planta apartada de la luz finalmente puesta al sol… pero ahora no le conozco, ni sé por qué está aquí."

"Cuando jugó con el Director no pareció importarle perder. Era como si el juego fuera lo único que importaba," dijo Ron, intentando encontrar las palabras precisas. "Por supuesto, se podría decir que disfrutó aplastando a McGonagall."

"¡Bueno, quién no lo haría! Ganar contra ella significa algo. Hablas con gran amabilidad de un maestro que no te gusta, sin embargo."

"Papá y Mamá dicen que siempre hay que decir la verdad sobre la gente, incluso si no son amigos," dijo Ron, que sabía que no siempre era bueno en eso. Cuando estaba enojado con alguien, le resultaba difícil ver cualquier cosa buena en él. Estaba bien ser justo con el imbécil grasiento en alguna ocasión.

"Entonces tu familia te ha educado bien."

Todavía molestaba a Ron no poder decirle al emir que Snape no era un verdadero Mortífago ahora. Pero al-Hadoud podría decírselo a la persona equivocada, e incluso él podía imaginar lo que podría ocurrir entonces.

Esa tarde sirvió té y a ratos se sentó mientras el emir jugaba su programación. Era extraño haber terminado con sus propias partidas. Probablemente sería mejor que trabajara en algo de sus deberes esta noche. Mañana por la noche tras la ceremonia de premios él y Snape probablemente viajarían por Red Flu de regreso a Hogwarts. Ahora que el torneo casi había terminado, no quería regresar de nuevo a la vida normal.

Quizá McGonagall le ayudaría a organizar un club de ajedrez, aunque esperaba que Draco no quisiera unirse. Su papá probablemente hará que lo haga, pensó Ron. Se alegraba de verdad de no ser Draco ahora, incluso con todo el dinero.

Más adelante esa tarde escoltó a al-Hadoud de regreso a la habitación, y ayudó a Rafi con el té de nuevo. En lugar de regresar a su habitación, volvió a la planta del torneo a hacer recados a cambio de propinas. Quizá no sumen mucho, pero al menos puedo comprarle algo al emir. Desearía haber logrado el tercer puesto. Cincuenta Galeones proporcionarían a Ginny toda la ropa que necesite por el resto de este año y quizá yo podría haber conseguido una nueva varita.

No encontró al chico de servicio que ya conocía, pero encontró otro a quien no importó dividir las ganancias. Ron sabía que Lord Malfoy estaba en la planta, y esperaba no tener que llevarle ningún pedido a él. Era unos pocos Sickles más rico cuando Snape terminó una partida y lo localizó.

"Sr. Weasley," dijo con acidez, "mejor que suba a trabajar en sus deberes esta noche. Yo saldré y creo que es mejor que se quede en la habitación."

"Ésta va a ser la última noche aquí," dijo Ron.

"No, será mañana por la noche. La ceremonia de premios incluye la cena, y no concluirá hasta tarde. No nos marcharemos hasta la mañana siguiente. Tendrá la mañana de mañana, al menos, para preocuparse por el regalo para el emir. No tiene por qué dárselo antes de que nos marchemos. Incluso uno de los famosos suéteres de su madre probablemente sería aceptable," dijo Snape. "Podría considerar escribir la partida que jugó con el niño ruso y enviarle una buena copia. Yo mismo la encontré bastante interesante."

Ron parpadeó, desconcertado por el cumplido. "Sería más fácil escribir una partida que yo no haya jugado, señor. Todavía no estoy seguro de comprender lo que hice."

"Entonces aprendería algo haciéndolo," dijo Snape con sequedad. "Ahora vamos a comer y luego ambos subiremos."

Su comida en el restaurante no fue tan divertida como lo eran con al-Hadoud, pero eso no disminuyó el apetito de Ron. Snape habló poco y comió menos. Aunque eso era normal. El Maestro de Pociones era conocido por abandonar la mesa del profesorado antes que cualquier otro.

Terminaron, subieron a la habitación, y Snape de inmediato ocupó el cuarto de baño. Ron deseó haber ido primero, pero sacó a rastras sus libros y algo de papel mientras oía correr la ducha. ¡Iba tan retrasado! Estaba bien que el tiempo estuviera empeorando demasiado para el Quidditch, iba a tener que renunciar a sus fines de semana por una temporada para ponerse al día.

Al fin el Maestro de Pociones emergió en bata y fue a su dormitorio. Ron no comprendía por qué su maestro parecía tan agrio. Esperaba no ser la causa de su mal genio. Hasta ahora había sido una semana fácil de esa manera. Le habría gritado mucho más en clase normalmente de lo que lo había hecho hasta ahora aquí en el torneo. Longbottom nunca me creerá, pensó. Actuó como si me encaminara a mi funeral cuando se enteró de que iba a tener que compartir habitación con Snape.

Utilizó el servicio, luego decidió que era mejor que ordenara un poco la habitación principal. Snape había recibido un par de números del Diario El Profeta y también un periódico local. Ron los escaneó rápidamente, buscando algún artículo sobre el torneo. En el diario más reciente se había escrito sobre el sorprendente progreso de Snape a través del escalafón, así que lo plegó cuidadosamente y lo dejó a un lado. El único local no estaba en inglés, pero tenía un montón de anuncios en color. Lo abrió brevemente sólo por si en la página tres venían algunas chicas como en algunos tabloides Muggles que Harry había robado a su primo Dudley.

Lo dejó apresuradamente cuando salió el profesor, todo bien vestido con la misma túnica que había llevado en la recepción hace dos noches, excepto que hoy llevaba un chaleco plateado, además. Ron casi se quedó boquiabierto de asombro.

"Estaré en un club llamado Gemm's," dijo Snape. "No regresaré hasta tarde, y usted debería estar en la cama para entonces. Intente no despertarme por la mañana, y no olvide acudir a la habitación del emir a primera hora. Puede que Rafi sea capaz de ayudarle a escoger algo para al-Hadoud. No me envíe una lechuza esta noche a menos que haya una verdadera emergencia."

"Sí, señor," dijo Ron.

"Y quédese aquí arriba en la habitación esta noche. Habrá consecuencias si descubro que no lo ha hecho," dijo el jefe de Slytherin con voz dura.

A Ron no le gustó eso en absoluto. Pero bueno, si el emir no se sentía bien mañana, tendría toda la mañana para añadir a su bolsa. Y realmente tenía un terrible montón de deberes. "Sí, señor," dijo.

Snape se asomó al pequeño espejo en un estante justo junto a la puerta, hizo un extraño aunque familiar gesto con su cabello, y se marchó.

Una vez se cerró la puerta, Ron se percató de que Harry hacía ese mismo gesto con su pelo cada vez que salía a ver a una chica. ¿Y dónde estaba Gemm's? Ron había visto el nombre en alguna parte, pero no podía recordar cuándo exactamente.

Volvió a tomar el periódico local, y encontró el anuncio. Estaba en color, y la chica en él sonreía de un modo que hizo sonrojarse a Ron hasta los dedos de los pies. Parte del anuncio estaba en inglés y mencionaba algo acerca de satisfacer cualquier deseo. ¡No enviaré una lechuza a Snape a menos que el hotel esté en llamas! pensó Ron. ¡Quizá ni siquiera entonces!

Se sentó ante un ensayo de Transfiguración con desaliento. No estoy acostumbrado a hacer esto solo. Desearía que Harry y Hermione pudieran haber venido. Por supuesto, a estas alturas lo habrían matado por puro aburrimiento, estaba seguro. Y este estúpido ensayo no se escribiría sólo mirando el papel.

Suspiró y se inclinó sobre el trabajo.