Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es JonesnInDaHood, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to JonesnInDaHood. I'm only translating with their permission.


Capítulo 16

~EPOV~

El espectro giratorio de luces nos llama mientras ella arroja los restos del raspado de fresa en un bote de basura cercano, entrelazando voluntariamente sus dedos con los míos mientras caminamos de la mano hasta el final de la fila.

Subiendo de a dos, avanza rápidamente, y la noria pronto está llena con familias, amigos cercanos y enamorados. Tomando nuestros asientos, estoy más que decepcionado cuando Sunny coloca su premio cornudo entre nosotros.

—Y bien, ¿cuál es su nombre? —pregunto, no completamente seguro de por qué lo llamo él. El suave pelaje es rosa, después de todo.

—Señor Remolino —contesta, dándole a la barrera de seguridad una sonrisa antes de levantar sus dientes perlados hacia mí. Volviendo a bajar la mirada, le da una palmada al extremo de su remolino de cuerno.

—Creo que le asienta bien. ¿O no? —Levantando la mirada, hay destellos de tecnicolor en sus ojos marrones.

—Sí.

Manteniendo su mirada colorida en la mía, muevo un mechón de cabello por detrás de su oreja, escondiéndolo del viento. Queriendo besarla. Siempre queriendo besarla.

Pero no lo hago.

Aún no.

—¿Y tú? —pregunto, el costado de mi dedo se desliza a lo largo de su mandíbula. Mis ojos brevemente bajan a sus labios para observar su lengua rosa humedecerlos. Estos brillan mientras doy unos suaves golpecitos bajo su barbilla.

—¿Cuál es tu nombre?

La sonrisa de Sunny crece aún más.

—Sunny.

Destellos de triángulos turquesas brillan en sus ojos, parece orgullosa de decirlo.

Resoplando con una carcajada, no la presiono mientras nuestro coche se sacude y nos ponemos en marcha, la rueda giratoria de luces y colores nos eleva lentamente hacia lo alto del cielo nocturno.

No hace falta decir que el paseo no va de la manera que creí que iría, la manera que lo planeé, y mis frustraciones se concentran en la criatura majestual sentada entre nosotros mientras más ascendemos. Mi primer instinto es aventarlo por un costado, y acercarme a mi chica de ojos marrones vestida de color melocotón. Sin embargo, de alguna manera dudo que ella aprecie mi gesto romántico.

Mi oportunidad se presenta con un leve temblor, toda su piel se eriza. Levantando al Señor Remolino, me acerco para tomar su asiento, cuidadosamente sentándolo en el mío mientras coloco mi brazo a su alrededor, mi aliviado corazón acelerándose cuando ella automáticamente se inclina hacia mí, apoyando su cabeza contra mi pecho. Descanso mi mentón sobre su cabeza, y la sujeto a mi lado, deslizando la palma de mi mano arriba y abajo a lo largo de su brazo.

Se siente bien tenerla tan cerca de mí, mantenerla caliente.

Siempre la mantendré caliente.

Segura.

Envuelta en mis brazos e incrustada en mi corazón. Ese en el que ha sido muy fácil para ella meterse.

Durante tres minutos completos puedo enterrar mi nariz en su cabello, respirarla sin ser totalmente obvio. Me pregunto si ella también me olfatea, si tengo olor, si el perfume Cool Water sigue estando fresco aún, y más importante, si le gusta.

Espero que le guste.

Tres minutos no son suficientes para llenarme, decido, mientras el guía del paseo nos detiene en la base, abriendo la barra antes de devolverme mi patineta. Le ofrezco mi mano para ayudarla a bajar.

El Señor Remolino se encuentra en un brazo. Coloco mi otro de vuelta alrededor de sus hombros y ella levanta la mirada, rodeando mi cintura con el suyo con vacilación.

Sería tan fácil inclinarse y hacerlo—llevar mis labios hacia los suyos. Tan fácil que casi pienso que ella quiere que lo haga.

Y casi lo hago, pero…

—Se está haciendo muy tarde —susurra Sunny, una expresión de arrepentimiento reemplazando los destellos de tecnicolor que iluminan sus ojos.

—Bueno, llevémoste a casa entonces.

Enlazo mis dedos entre los suyos, dándoles un pequeño apretón. Ella se encuentra en silencio mientras nos mezclamos con la multitud, mis pensamientos perdidos en la música vibrante de las atracciones, el hip-hop de vieja escuela resonando en mi mente.

Una vez que llegamos al final del muelle, la guío hacia la playa, esquivando la misma ruta de regreso a su casa. Ella se funde contra mi costado mientras caminamos por la orilla, solo deteniéndonos lo suficiente para quitarnos los zapatos. Estos cuelgan de nuestros dedos mientras las olas se estrellan contra nuestros pies. Las luces del muelle se reflejan en el mar menguante, lentamente derritiéndose con cada tirón del agua que regresa al océano.

Sunny no habla de nuevo hasta que nos encontramos frente a su casa, bañada en la luz de la luna.

—Lo pasé muy bien —dice, atrapando la esquina de su labio entre sus dientes. Valientemente, levanto una mano y sujeto su mandíbula, liberando su labio inferior con mi pulgar.

—Yo también. Deberíamos salir de nuevo —sugiero, mi pecho llenándose de esperanza mientras sus ojos suben a los míos.

—Eso me gustaría.

Esa lengua rosa y tentadora que tiene se asoma y lo tomo como una invitación, inclinándome para plantar un beso en la esquina de su boca.

Al instante que me aparto es cuando ella gira su cabeza, detonando fuegos artificiales en el cielo nocturno estrellado cuando su boca colisiona con la mía. No tengo idea de si son reales o imaginarios. Un espectáculo pirotécnico de labios, lenguas y dientes.

Me gusta pensar que somos nosotros.

Mágicos y magnéticos, mis dedos enredándose en su cabello, mis manos sujetando la parte trasera de su cabeza, provocando suaves gemidos mientras presiono con más fuerza.

Deseo a esta chica, la deseo tanto que puedo saborearlo—la fresa y el azúcar, su deseo por mí y cómo batalla contra este, presionando firmemente contra mi pecho.

Nuestras respiraciones entrecortadas son más fuertes que las olas del océano cercano.

Sus palmas se cierran en mi camiseta, soltándola con un último empujón.

—Buenas noches, Bean —desea, dejándome de pie allí en una confusión inducida por Sunny, perdido en espirales de azúcar, fresas, y sus suaves labios mientras desaparece detrás de su puerta.