Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es JonesnInDaHood, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to JonesnInDaHood. I'm only translating with their permission.


Capítulo 2

~EPOV~

El sol se está poniendo en el horizonte, destiñendo el color naranja ardiente en verde y azul.

La vista es tan majestuosa como siempre lo ha sido, constante e impresionante, aún ejerciendo la misma ilusión en su acto diario de retirada.

Es bueno también.

Lento y tranquilizante.

Nunca cansa.

Lo sabría ya que observo cada una de ellas—las puestas de sol. Y siempre desde el mismo lugar, al parecer.

Tomando una Corona de la nevera, le quito la tapa y la dejo en un cubo cercano, reclinándome para observar el resto de la estrella ardiente hundirse, posándose por la noche bajo las profundidades del océano.

Qué gracioso que cuando era pequeño creía que el mar lo tragaba por completo, solo para escupirlo de nuevo cuando la masa de agua se volvía un poco demasiado caliente. La imaginaba hirviendo, ardiendo las playas mientras dormía, dejando la arena oscura y húmeda cuando llegaba la mañana.

Pero vives y aprendes.

Creces y vas a la escuela—poco a poco te vuelves menos consciente de todas las maravillas del mundo que te rodean.

Ahora sé que la tierra gira, da vueltas alrededor del sol, y que es el turno del otro lado para ser iluminado y calentado. Recuerdo aprenderlo en la clase de ciencias del sexto grado. El Sr. Banner había sido bastante genial, demostrando el funcionamiento del sistema solar con gominolas y caramelos duros. Aunque, para ser honesto, hasta el día de hoy prefiero que el niño perdido hace mucho se encargara de los dolores de muela y los subidones de azúcar.

Simplemente tiene más sentido.

Con otra brisa dulce y salada, se escucha una voz familiar.

—Amiiiigo —Su relajado dueño me pincha un hombro una vez—. ¿Tienes un encendedor?

Asintiendo, aparto mi vista del tono rosa del horizonte a regañadientes, estirándome contra el respaldo de plástico de la silla, y situándome para sacar el Bic negro de mi bolsillo frontal.

Esto era lo que siempre odiaba más de estas fiestas, que se te acercaran extraños, pidiendo encendedores y todo tipo de mierdas como mendigos en la calle.

Tómame como considerado, jamás podía hacerme el tonto, o tampoco decirles que no.

Una vez que el encendedor se encontraba seguro entre dos dedos, lo tendí, obligándome a no ver cómo él desliza su dedo por la rueda y el pulsador, convirtiendo la fricción y fluido en una flama firme pero breve.

Habían pasado exactamente dos semanas desde que lo había dejado, simplemente no podía renunciar a ello por completo.

No hasta ahora, eso es.

—Quédatelo —le digo, obteniendo un asentimiento cortés de su cabeza y un saludo con la mano en respuesta.

Añadiendo una sonrisa fácil y aprendida, copio el gesto, reclinándome en mi silla, ahora concentrado en las chispas que flotaban de la flamante fogata en la playa.

Se escuchan risas con el embriagante aroma a humo que llega desde el contenedor de basura autorizado, el tintineo de botellas de vidrio desde el césped alto abajo—el cual muy a menudo se usaba para arrojar basura.

No estoy mirando, cuando la veo—cabello largo y marrón y completamente sola, sus piernas presionadas contra su pecho para combatir el frío.

Moviéndome con determinación, mantengo un ojo atento, mientras me pongo de pie, tomando dos Coronas más de la nevera.

Camino entre la multitud como un anfitrión fantasma, ciegamente saludando a los invitados mientras me dirijo al interior, tomando la manta más cercana, antes de volver a salir y bajar a la playa.