La sencillez y tranquilidad que Asami había demostrado ayudo a la morena a relajarse un poco más bajo su presencia. Luego de enterarse de que ella y Piandao pertenecían a grupos enemigos, podía decir que se sentía menos preocupada por la agresividad que la ojiverde había demostrado el primer día, anque resultaba sorprendente notar lo rápido que había sido capaz de identificar a Piandao como a un miembro del Loto Rojo. Al menos ahora podía ver algo positivo en no pertenecer al mismo grupo que Piandao, así podía pasar tiempo con la forastera sin tener que preocuparse por su enemistad.

La conmoción inicial drenó a la morena emocionalmente, no se sentía capaz de soportar más por el momento y temía que las preguntas que tenía en mente terminaran por desatar otra espiral de emociones difíciles de contener, así que invitarla a comer pareció ser lo más apropiado para calmar los ánimos, afortunadamente la ojiverde había admitido no haber probado bocado desde la mañana por lo que algo de comida le vendría bien.

El usual recorrido que se hacía de la zona residencial hacia la plaza del pueblo se transformó en un paseo turístico especialmente pintoresco con todas las preguntas que Asami tenía sobre cada pequeño detalle que sus ojos alcanzaban a distinguir.

¿Cuántas casas hay? ¿Cuántas familias viven en el pueblo? ¿De qué materiales elaboran las chozas? ¿De qué materiales elaboran las telas para sus ropas? ¿De dónde sacan los pigmentos para teñir las telas? ¿La isla tiene un clima completamente tropical durante todo el año? ¿Hay especies de animales que migren a lo largo del año o todas las especies se quedan en la isla en todo momento?¿Qué tipo de vegetales crecen aquí?

La meticulosidad en su manera de preguntar sobre el lugar dejaba a la morena pensando sobre el oficio al que Asami podía dedicarse en su vida fuera de la isla. ¿Qué la hacía tener ese nivel de interés en cosas que a cualquier otra persona le parecerían triviales? Y lo peculiar era que el interés que demostraba era completamente genuino. La mujer preguntaba con ojos curiosos y analíticos mientras parecía tomar notas mentales de cada respuesta que obtenía.

Eclipse se sintió extrañada al notar que, por primera vez desde que había recobrado la consciencia, ella era la persona responsable de responder preguntas y explicarle algo a alguien. A causa de su falta de memoria ella solía ser la encargada de cuestionar todo a toda hora y en todo lugar. Se sentía bien cambiar de papeles para variar. Pensó con una pequeña sonrisa mientras Asami se ocupaba en comer el plato con arroz y pescado que le había conseguido de entre los servicios de comida que usualmente estaban disponibles para los monjes.

Luego de comer Eclipse sintió que había descansado lo suficiente para poder continuar con el recorrido por el pueblo, sabía que la forastera tendría muchas preguntas más, pero por algún extraño motivo eso parecía motivarla a querer mostrarle todo lo que sabía. Así guió a la ojiverde por los alrededores del pueblo mostrándole los campos de cultivo, los talleres de textilería, el pequeño teatro del pueblo en dónde la gente solía actuar distintas obras, cantar, tocar instrumentos o contar historias. Le mostró los almacenes de alimento, los corrales de ganado, la escuela, y finalmente, los muelles de pesca.

Eventualmente la fatiga alcanzó a la joven morena quien no estaba acostumbrada a caminar por lapsos de tiempo prolongados. Apoyar su peso sobre la muleta comenzaba a dolerle bajo el brazo, pero con tal de seguir mostrándose útil intentó ignorarlo, para su sorpresa la ojiverde no lo pasó por alto, una breve pregunta había bastado para convencerla de que era momento de descansar sin importar el número de veces que hubiera intentado asegurarle que "todo estaba bien" por lo que terminaron sentadas sobre la arena a un par de metros de los muelles.

- De verdad, estoy bien. - Eclipse suspiró maldiciendo internamente la debilidad de su cuerpo y la falta de su pierna.
- Bueno, pero yo estoy agotada. - Le sonrió antes de volver la mirada hacia el mar. Detestaba que la gente tuviera que hacer excepciones para ella, resultaba obvio que la forastera, con un cuerpo tan atlético como el que poseía, no estaba para nada cerca del agotamiento. Era evidente que estaba teniendo especial consideración con ella y detestaba que fuera así.

- Ni de broma puedo creer que estés cansada. - Gruñó cruzándose de brazos y dejándose caer hacia atrás.

- Cuándo fuiste a encontrarte conmigo dijiste que tenías dudas, dime ¿qué quieres saber? - Las palabras de Asami le robaron las intenciones de seguir recorriendo la isla, claro, su pasado... había tantas cosas que quería preguntar, pero ¿por dónde empezar?

- ¿Tengo familia allá afuera? - Habló casi en automático, en la isla la gente mantenía vínculos especialmente fuertes entre los miembros de sus familias y desde un inicio Eclipse se había sentido un tanto celosa de ellos al ver que lo que ella compartía con Piandao, Ikem y Shoji difícilmente se asemejaba a lo que los pobladores tenían.

- Si. - La respuesta vino de inmediato, aunque el rostro de la ojiverde se mostró un tanto perdido y meditativo por un instante antes de continuar. - Tus padre y madre viven como los jefes del asetamiento principal en las Tierras Frías del Sur.

De este modo Asami comenzó a contarle sobre un lugar dónde el día y la noche duraban seis meses cada uno y las luces de los espíritus danzaban en el cielo. Frío como ningún otro lugar en el planeta, con nieve y hielo tapizando el horizonte y nada más que el mar como su principal acceso. Tierras dominadas por gente que se había adaptado a las inclemencias del clima, los habitantes del sur eran conocidos como excelentes cazadores y pescadores.

Ya antes había escuchado sobre el continente en el sur del planeta, en la isla la educación se enfocaba en crear conciencia sobre el estado de la humanidad y del mundo, y aunque su información no fuera la más actualizada, se encargaban de educar a los jóvenes sobre los distintos continentes, naciones y gobiernos que existieron hasta el momento en el que la gente de la isla se había separado del resto. Claro estaba que resultaba más interesante escuchar esto de la boca de alguien que había estado en dicho lugar recientemente, era como añadirle un toque de realidad a la historia que había aprendido en un salón de clases, y no solo eso, ahora también podía vincular la historia de aquellos territorios con su propia identidad.

- Según me dices aquí gozan de buen clima la mayor parte del año. Pues deberás confiar en mi cuándo digo que a ti el frío rara vez parece molestarte. - Aseguró la ojiverde con una pequeña sonrisa en el rostro.

- Mis padres deben estar preocupados... - Murmuró desanimada. Incluso si la noticia de su ubicación actual pudiera aliviar el dolor que su desaparición había causado ¿cómo reaccionarían al saber que ella era incapaz de reconocer sus rostros? Suspiró dejando sus hombros caer. Dudaba que todos pudieran mostrarse tan comprensibles como Asami lo había hecho hasta el momento.

- Todos creíamos que habías muerto... - Asami admitió y aquella profunda tristeza que había visto reflejada en sus ojos al principio pareció volver a posarse sobre sus hombros por un instante. - Tus padres son personas increíblemente fuertes. Han seguido cumpliendo con su papel de líderes en las Tierras Frías del Sur con tal de ayudar a su gente a seguir adelante después de la guerra. - Sonrió y el silencio volvió a asentarse entre las dos.

Sus padres no estaban preocupados por su desaparición, ellos creían que ella había muerto, reflexionaba con tristeza e impotencia. Todo el tiempo que había pasado en la isla deseando recordar su pasado había sido el mismo tiempo que su familia había estado viviendo un duelo por su muerte. Un escalofrío le bajó por la espalda obligándola a frotarse los brazos y sacudir la cabeza con tal de dejar de pensar en cosas tan lúgubres.

- Eso es extraño. - Eclipse escuchó a la pelinegra quien de un movimiento se había puesto de pie y había comenzado a caminar más hacia el mar sin despegar la vista del cielo.

- ¿Pasa algo con el cielo? - Preguntó dudosa mientras la ojiverde parecía analizar las estrellas en distintas direcciones.

- Esto no puede ser. - Asami declaró volviendo a repasar las estrellas que era capaz de reconocer. - Las constelaciones indican que me encuentro en un lugar completamente distinto al territorio de las islas del Antiguo Reino Fuego...

- Ah, eso. - Eclipse se encogió de hombros. - La isla nunca está en el mismo lugar todo el tiempo. - Concluyó con naturalidad algo que la mirada de Asami pareció acusar como locura.

- Las islas no se mueven. - La ojiverde se vio en la imperante necesidad de aclarar.

- Esta sí lo hace. - Eclipse insistió sin dejarse intimidar por el rostro acusador de la mayor lo cual pareció proporcionarle más material para pensar a la joven de ojos verdes. - Escucha, los monjes nunca me dieron detalles al respecto. Solo sé que así es. La isla de Yangchen se mueve para proteger a sus habitantes. - Añadió pues sabía que con la curiosidad de aquella mujer solo era cuestión de tiempo para que comenzara a indagar sobre aquel fenómeno natural.

- Espera. - Dijo preocupada. - Si no vuelvo a la isla en dónde me dejaron Nevrik y Hetam no podrán encontrarme. - Volteó hacia el mar y guardó silencio. Era obvio que por su mente desfilban ideas variadas y abundantes ya que su mirada reflejaba distintas emociones que parecían cambiar con cada segundo que pasaba. - Van a estar muy preocupados. - Pronunció con pesar.

- Vamos con Gyatso. Tal vez él sepa que hacer. - Eclipse hizo un esfuerzo para ponerse de pie y comenzó a guiar el camino colina arriba. La morena no ignoraba que luego de cinco días la distancia entre la isla y el lugar del que Asami hablaba debía haberse vuelto considerable, pero quería pensar que los monjes tenían una alternativa para ofrecerle a la nueva forastera que por algún motivo no quería ver triste o preocupada.

En la cima de la colina Gyatso y los monjes despedían al grupo de meditación de la tarde cuándo las dos aparecieron frente a ellos. Asami les explicó su situación a los viejos sabios y ellos intercambiaron miradas antes de negar con la cabeza.

- Han pasado cinco días desde que llegaste a nuestra isla. Seguro nos encontramos lejos de la playa de la que saliste. - Explicó el líder espiritual con una mueca triste. - Además hubo una fuerte tormenta esa noche. De verdad no me explico como llegaste aquí sana y salva. - Admitió sorprendido.

- Naga me trajo aquí. - Asami explicó viendo al espíritu del perro oso polar que jugaba feliz entre la jungla con el pequeño zorro.

- Ah. Así que eso fue. - Gyatso sonrió de oreja a oreja pareciendo satisfecho con la respuesta mientras Eclipse observaba a la ojiverde con intriga.

- ¿Tú también puedes ver espíritus? - Interrogó. ¿Había algo que la tal "Asami" no puediera hacer? pensó sorprendida.

- A la mayoría. - Le respondió con una sonrisa.

- El día de hoy ya es tarde. Si gustas puedes volver mañana por la mañana y te prometo intentar buscar una solución a todo esto. - Propuso Gyatso sonando optimista. Asami aceptó pareciendo resignarse a la situación. De cualquier manera, no había nada más que hacer al respecto. Pensaba Eclipse al lado de la forastera en un cómodo silencio que parecía haberse asentado entre ellas mientras caminaban de vuelta a las chozas.

- Lamento lo de tus amigos. - Le dijo con sinceridad a la ojiverde antes de despedirse.

- No son solo ellos. El pueblo, Zhu Li, Kuvira, Ba Sing Se, Eska... tus padres. - Parecía listar distintos lugares y personas que le venían a la mente lo que la hacía sonar como a una persona popular y muy querida entre su gente.

- Tranquila. Seguro Gyatso tendrá un plan listo para mañana. - Intentó animarla.

- Si... - Asami volvió a mostrarse distante por un instante antes de seguir. - Tengo muchas preguntas que hacerle a ese hombre. - Pensó en voz alta.

- ¿Más preguntas? - Eclipse comentó con tono divertido pues le resultaba imposible ignorar lo gracioso que le parecía que a la forastera jamás se le terminara la curiosidad.

- Si, más. - Asami confirmo con una sonrisa que de a poco se convirtió en una pequeña risilla encantadora. Atlética, inteligente y de presencia imponente, también era hermosa y gentil, la ojiverde venía con respuestas a sus preguntas y a la vez se presentaba como un enorme misterio que Eclipse se sentía incapaz de ignorar.

- Buenas noches Asami Sato. - Pronunció tímidamente sintiendo el rostro arder de pena.

- Buenas noches... - La ojiverde pareció dudar un momento antes de atinar a pronunciar su nombre. - Eclipse. - Concluyó con una pequeña sonrisa radiante de un cálido sentimiento que la morena sintió le llenaba el pecho de forma agradable.

Hablar con Asami Sato se sentía bien. Razonaba mientras caminaba de vuelta al monasterio decidida a pedirle a Gyatso un espacio para dormir. La presencia de la nueva forastera resultaba emocionante de buena manera, pero su presencia parecía haber echado por la borda el año y medio que llevaba viviendo con Piandao, Ikem y Shoji pues ahora no podía pensar en ellos sin que la carta del maestro fuego de le viniera a la mente. Todo este tiempo había estado compartiendo su vida con el enemigo. Suspiró.

¿Qué se suponía que debía hacer luego de enterarse de eso?

Bufó y se quejó al resentir la presión que la muleta ejercía bajo su brazo. Aún le quedaba mucho por recorrer. Pensó viendo el camino que tenía por delante.

- ¡Hey! - Exclamó sorprendida sintiendo como era levantada por la blusa y colocada sobre el poderoso lomo del fiel espíritu que siempre la seguía de cerca. - Gracias chica. - Rio con alivio a medida que el espíritu caminaba colina arriba. - Al menos siempre te tendré a ti. - Le dijo al acariciarle el cuello. - ¿No pudiste llegar antes? - Bromeó pues a decir verdad se sentía de buen humor.

Al fin comenzaría a desenterrar su pasado.