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CAPÍTULO 3:

"Constante desasosiego"


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Joseph, un ingeniero civil de cuarenta y cinco años, perfeccionista por naturaleza, tiene carácter fuerte y le gusta que las cosas se hagan siempre a su manera.

Está casado con Isabel, una arquitecta de cuarenta y dos años que es muy similar a él, con quien tiene una hija adoptiva a más de los propios, y sigue agrandando la familia.

Ambos se consideran un matrimonio ejemplar y padres severos ya que, a su forma de ver, es la única manera de criar hijos educados, responsables y correctos para que sean siempre personas de bien.

Son miembros activos de la comunidad y de la iglesia porque lo consideran un compromiso moral y una obligación como ciudadanos, razones por las cuales procuran que sus descendientes se involucren también en todas las formas posibles.

Al ser personas estrictas y religiosas, han establecido ciertas normas y patrones que no pueden ni deben ser alterados y mucho menos ignorados, caso contrario tendrán repercusiones que dependerán del tipo de falta que se cometa.

Como cada sábado, luego de que todos los miembros de la familia han terminado con sus obligaciones, tienen derecho a un tiempo de descanso.

Isabel sonrió satisfecha. Disfrutaba preparar toda clase de platillos para sus seres queridos y era lo único en lo que no permitía que nadie interviniera, salvo que ella lo solicitara.

—La comida está lista —dijo a su esposo.

Joseph se levantó del sillón en donde se encontraba leyendo el periódico y se dirigió hacia las escaleras.

—¡Es hora de comer! —dijo con voz firme.

Angelina; de 16, Joey; de 14, y Ron; de 12, procedieron a lavarse el rostro y las manos para luego bajar en orden e ir a reunirse con sus padres al gran comedor.

Sentados todos a la mesa esperaban para realizar la oración de agradecimiento previa a servirse los alimentos.

—¿Hasta qué hora tenemos que esperarlo? —preguntó Joey mirando la silla vacía frente a él.

—¡Este muchacho es un dolor de cabeza! —exclamó con molestia Joseph.

—¿Por qué nosotros bajamos en cuanto papá nos llama, pero él no lo hace? —preguntó Ron mirando a su hermano, y este asintió disimuladamente.

—¡No es así! —respondió enojado el hombre mayor y aventó la servilleta sobre la mesa— ¡Hay reglas en esta casa y todos deben obedecerlas! —se levantó y salió del comedor.

"Estoy harto de su rebeldía" —decía entre dientes mientras subía los escalones—. "Está muy equivocado si cree que puede hacer lo que quiere."

Abrió con fuerza la puerta de una de las habitaciones y caminó hacia el joven de cabellera oscura que se encontraba sentado en la cama escribiendo en un cuaderno.

»¡Quítate esos adefesios que no te dejan escuchar lo que sucede a tu alrededor! —le arrancó los audífonos y los aventó, logrando que el chico levantara la cabeza— ¡Dije que bajaran a comer y sigues aquí!

—Sí escuché, pero no tengo hambre. Gracias —respondió suavemente.

—¿Te he preguntado acaso? —lo miró furibundo.

—N-no.

—¡Entonces muévete en este momento a lavarte porque todos están esperándote!

—Pero…

—¡Deja de replicar y haz lo que te digo! —elevó la voz.

—S-sí, señor.

—¡Ya te he dicho que no me digas señor! ¿Crees que estás en el ejército? ¡Soy tu padre!

En pocos minutos estaban ingresando al comedor y Joey y Ron sonrieron burlonamente.

—Siéntate —indicó Isabel con seriedad—, y di la oración.

—Ayer lo hice.

—¿Y cuál es el problema con que lo vuelvas a hacer? —preguntó Joseph.

—Cada día le corresponde a una persona.

—¡Si tu madre te dice algo, hazlo!

—¿Por qué siempre tiene que protestar? —preguntó el de doce años— Nosotros obedecemos de inmediato, pero él cuestiona todo lo que ustedes le dicen que haga.

—Ron —advirtió Isabel.

—Pero es cierto —apoyó Joey—. Siempre se está quejando o contradiciéndolos y no quiere obedecer.

—¡Ronald! ¡Joseph! —regañó su padre— ¡La mesa es un lugar sagrado y debe respetarse! ¡No quiero volver a escucharlos creando conflictos! ¿Entendido?

—Sí, papá —respondieron al unísono.

—¡Y ahora tú —se dirigió al chico de más edad—, di la oración!

—Yo puedo hacerlo —intervino Angelina con cierta timidez—. Tengo una muy bonita preparada.

—Gracias, hija, pero le he dado una orden a tu hermano. Y no sólo hoy, sino durante una semana él será el encargado. Luego de eso continuarás tú.

El almuerzo transcurrió con normalidad y en su mayor parte en silencio hasta que Isabel empezó a retirar los platos.

—No has comido casi nada —le dijo al joven.

—Lo siento, no tengo mucho apetito.

—¿Crees que paso horas en la cocina para que desprecies mi comida?

—¡Oh no! Nunca haría eso.

—Lo que sucede es que no le gusta lo que preparas —dijo Joey.

—N-no es cierto.

—Te escuché el otro día cuando dijiste que la comida de mamá era mala.

—¡Joseph, al rincón de castigos! —gritó su progenitor— ¡Y te vas a quedar ahí durante dos horas! ¡Fui muy claro al decir que la mesa se respeta!

—No es justo. Yo sólo…

—Al rincón por dos horas, y harás voto de silencio hasta mañana por cuestionar mi autoridad.

—Ron, Angelina —dijo su madre—, pueden retirarse.

—Gracias —respondieron y se levantaron en silencio.

—Y tú te quedas aquí hasta que termines —sentenció Joseph mirando al chico duramente.

—Come —dijo la mujer en tono severo—. Si prefieres la comida fría es así como voy a servírtela a partir de ahora.

—No he dicho eso. Es sólo que no tengo hambre.

—¡No le respondas a tu madre! —volvió a gritar Joseph— ¡Y no te levantas de esa silla hasta que hayas terminado! ¿Me estás escuchando?

—Sí, señor.

—¡No me digas señor! ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo para que entiendas? —El adolescente bajó la cabeza— ¡Mírame cuando te hablo!

Los ojos color miel se posaron sobre los del hombre frente a él.

»¡Y cuando termines vas a lavar los platos, ollas y utensilios, luego limpiarás toda la cocina! —se acomodó en su silla— ¡Ahora come!

El joven, cuyo nombre es Blaine, suspiró y tomó el cubierto. Su garganta estaba cerrada y no tenía idea de cómo hacer para que el bocado pasara, pero sí sabía que mientras más se demorara sería peor.

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—¿Qué te parece el lugar? —preguntó Dante abrazando a su prometido por la cintura— La vista es impresionante.

—Sí, todo es hermoso —respondió con pocos ánimos.

—¿Qué ocurre?

—No es nada.

—Kurt, por favor. ¿Cómo vamos a arreglar nuestra situación si no hablas conmigo? Tienes que decirme lo que sientes, o si hay algo que te preocupa de algún modo.

—Quiero que esto funcione, pero no estoy seguro de cómo hacerlo y… Son tantas emociones… Creo que tengo miedo… Es… Ni siquiera sé lo que estoy sintiendo.

—Es normal que tengas dudas y temores después de todo lo que ha pasado. También estoy preocupado —se acomodó frente a él y lo apegó a su cuerpo, manteniendo una mano en la cintura de este y llevando la otra hacia la espalda—, pero estamos aquí porque los dos confiamos en que es el comienzo para que las cosas mejoren.

—Sí, lo sé —suspiró—. Creo que sólo estoy nervioso.

—¿Seguro?

—Sí, Dante. Si vamos a darnos una oportunidad debemos poner todo de nuestra parte y hacer a un lado nuestros miedos, ¿cierto?

—Así es, amor —sonrió y lo besó, acción que fue correspondida segundos después.

Sus manos empezaron a deslizarse por todas partes y pronto se encontraban abriéndole el pantalón.

—No, espera —lo detuvo y se apartó un poco.

—¿Por qué, Kurt?

—Ahora no.

—Relájate. Lo quieres tanto como yo, bebé —volvió a unir sus labios.

El beso fue correspondido y poco después las caricias se hicieron presentes.

Las prendas caían a lo largo de la habitación hasta que los dos cuerpos se tendieron en la cama.

Kurt observaba el techo mientras su prometido recorría su anatomía. Trataba de disfrutarlo, pero al sentir que su ropa interior empezaba a ser deslizada, le sujetó las manos.

—No. No sigas.

—¿Y ahora qué pasa?

—No estoy de ánimos.

—Kurt, si no lo estuvieras no me habrías dejado avanzar.

—Lo estaba intentando, pero no puedo. Lo siento.

—No hemos intimado de ninguna forma en semanas.

—Porque las cosas no han estado bien entre nosotros.

—Lo sé, sin embargo, en otras ocasiones que hemos tenido problemas no ha sido impedimento.

—Las cosas cambian. Además, nunca habíamos estado tan mal.

—Ya empezamos a trabajar en ello, y parte de la reconciliación y volver a ser una pareja feliz es reavivar nuestra vida íntima. ¿O es que ya no te sientes atraído hacia mí? ¿Has dejado de desearme?

—En lo absoluto. Por supuesto que te deseo y quiero que lo hagamos, simplemente no en este momento.

—¿Y cuándo se supone que va a pasar?

—Quizá mañana, en una semana, un mes. No lo sé, pero cuando llegue el momento correcto.

—No quiero sonar como un idiota o un insensible, Kurt, pero el momento lo hacemos nosotros. Además, te recuerdo que…

—No te atrevas a decir que es mi obligación, porque no voy a aceptarlo nunca más.

—Uno de tus deberes como mi prometido es satisfacer mis necesidades, y de igual forma lo es para mí cumplir con lo que tú…

—Ni siquiera pienses en terminar esa frase.

—Sabes que es verdad.

—Si no estoy de ánimos, tienes que aceptarlo.

—Kurt… —su voz fue seria y demandante.

—Dije que no quiero. ¿Vas a obligarme?

—¿Alguna vez lo he hecho?

—Sabes bien la respuesta.

Dante frunció el ceño y lo miró de una forma indescifrable.

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Blaine se encontraba barriendo las hojas del patio cuando Joey se acercó.

—¿Qué haces? —preguntó acomodando su cabello marrón.

—Es obvio.

—Sé que estás limpiando el patio, me refiero a por qué lo haces si le corresponde a Ron.

—Debo hacerlo.

—Fue tu turno la semana pasada. Esta semana le toca a él, la próxima a mí y empezamos el nuevo mes con Angelina, así que no tienes por qué estar aquí.

—¿Puedo saber a qué se debe tu interés en mí?

—¿De qué hablas?

—Me detestas, Joey.

—¿Detestarte? ¿Cómo puedes decir eso?

—Por la forma en la que me tratas, por las cosas que me dices, por…

—Somos hermanos y los hermanos a veces pelean o tienen ciertas diferencias, y admito que suelo molestarte, pero lo que dices es muy fuerte. ¿Cómo se te ocurre?

—Ah… —dejó salir el aire retenido— Es que tú… A veces pienso…

—Sé que no he sido la mejor persona contigo y lamento si te he hecho creer eso, pero te aseguro que no es así.

Supongo que tiene que ver con la edad, no lo sé en realidad, pero a veces digo o hago cosas que ni yo mismo entiendo. De verdad lo siento. ¿Podrías perdonarme?

Blaine se sorprendió mucho, y aunque dudó, decidió darle una oportunidad.

—Sí. Está bien.

—Gracias —lo abrazó—. Eres el mejor hermano mayor —El joven correspondió la acción conmovido—. Prometo que haré lo posible para no ser más un dolor de cabeza.

—Gracias.

—A ti por ser noble. Y ahora cuéntame por qué estás limpiando.

—Me pusieron a hacerlo como castigo.

—¿Castigo?

—Así es.

—¿Y qué fue lo que hiciste para que te castigaran?

—La verdad es que no tengo idea, pero es lo que Ron dijo y no voy a contradecir ni desobedecer a nadie.

—¿Sabes? Pienso que te engañó.

—¿Cómo que me engañó?

—Déjame llamarlo para aclarar esto —sacó su teléfono y envió un mensaje—. Listo, ya viene.

—¿Por qué crees que me engañó?

—Lo conozco mejor que tú, Blaine.

—¿Y eso qué significa?

—Es una corazonada.

—¿Qué pasa? —preguntó el menor al salir al patio.

—Creo que engañaste a Blaine para que hiciera tu trabajo.

—No engañé a nadie.

—Le dijiste que estaba castigado y por eso debía limpiar en tu lugar.

—Papá me dijo antes de salir que le comunicara que debía limpiar como castigo por lo que pasó en la mañana.

—Qué raro, porque no lo escuché decir nada cuando se fue. Me parece que simplemente no querías cumplir con tu obligación y te aprovechaste de él.

—Claro que no.

—Me has hecho eso en varias ocasiones, pero esta vez no pudiste porque estaba presente cuando papá se fue, por eso engañaste a Blaine.

—No es cierto.

—Papá nunca te dijo nada.

—Sí lo hizo.

—Debes confesar Ron o voy a acusarte por mentiroso y embustero.

—Está bien —intervino el de ojos como la miel—. Igual ya me falta poco para terminar. Mejor vamos a dejar las cosas así.

—No está bien, Blaine. Ron está cometiendo doble falta y merece ser castigado por ello.

—No, no. Por favor no digas nada —pidió el chico—. Papá será severo conmigo.

Confieso que es verdad lo que dijiste. Inventé todo porque no quería limpiar con el sol tan fuerte.

—¡Lo sabía! ¡Eres un tramposo!

—Blaine, lo siento. No debí engañarte. Eso estuvo mal.

—Espero que realmente estés arrepentido —prosiguió el de catorce años—. Era tu obligación limpiar —observó el patio—. Es más, como el trabajo ya está casi terminado, cuando sea el turno de Blaine, debes tomar su lugar.

—No es necesario, Joey —dijo el afectado.

—Lo es, y lo va a hacer, ¿cierto, Ron?

—Bien —rezongó y tomó la escoba.

Joey miró a Blaine y puso una mano en su hombro.

—Sé que no tenemos la mejor relación, pero no es correcto lo que Ron te estaba haciendo y no puedes aceptarlo. Me alegra haberlo descubierto para apoyarte.

—Ah… Gracias —dijo aún sorprendido por el cambio del muchacho.

—Necesitas aprender a ser más firme con él. Eres el mayor y debe respetarte. Y no me agradezcas, es sólo lo que mereces.

Blaine se desconcertó ante aquello… ¿Lo que merecía?

»Insisto en decirles a mamá y papá de esto.

—No. Déjalo así.

—¿Estás seguro? Porque amerita una fuerte sanción.

—No quiero meterlo en problemas.

—Oh… Bueno… Es tu decisión. Aunque deberías…

—No voy a hacerle daño.

Ambos chicos se quedaron bajo el árbol mirando al menor reunir varias hojas en una esquina.

—Creo que escuché un auto. Voy a ver quién es —dijo Joey al cabo de varios minutos y se fue corriendo.

Ron revisó un mensaje en su celular y segundos después empezó a frotarse los ojos.

—¿Ya está todo? —preguntó— Me entró polvo y no puedo ver bien —siguió frotando con más fuerza.

—De este lado falta, y quedaron unas hojas allá —apuntó con el dedo.

—Sí, ya te oí —sollozó de pronto.

—¡Blaine! ¿Qué crees que estás haciendo?

El joven volteó asustado al escuchar aquel grito.

—Te lo dije, papá —acusó Joey—. Blaine no quiso cumplir su castigo y obligó a Ron a limpiar.

—¡Era lo único que te faltaba! ¡Fui sólo a comprar unas cosas que tu madre necesita y regreso y me encuentro con esto!

—¿Qué? —miró confundido— N-no. Yo no…

—Ron te dijo que estabas castigado.

—Le dije que diste la orden de que debía limpiar, papá, pero me ignoró. Cuando insistí me acusó de mentiroso.

—Es verdad —apoyó Joey—. Cuando Blaine no quiso creerle, insistí en que yo había estado presente y te había escuchado, y aun así no le importó y lo obligó a limpiar, y a mí me amenazó para que no te contara nada.

Blaine estaba completamente desconcertado. —N-no es cierto.

—¡No sólo desobedeces mis órdenes, sino que te portas de una manera vil! ¡Eres mayor que tus hermanos y se supone que como tal debes ser su ejemplo a seguir, no aprovecharte de ellos!

—Las cosas no fueron así. No sé por qué hacen esto… —vio como Ron seguía frotando sus ojos al punto de que parecían los de alguien que hubiese estado llorando, y retrocedió impactado un par de pasos al empezar a comprender lo que estaba pasando— M-me tendieron una trampa… Ellos me engañaron…

—¡No es posible que no te baste con lo que hiciste! —Joseph elevó más la voz— ¿Cómo puedes inventar semejante locura?

—No invento nada. Eso es lo que ocurrió.

—¿Pretendes que crea que tus hermanos, que sólo tienen doce y catorce, idearon un plan para perjudicarte? ¡Por favor! ¡Son todavía unos niños y jamás harían algo como eso porque es malvado, y sus almas son puras!

—Pero… —miró a Joey, y este le sonrió con malicia— Querían que esto pasara —movió horrorizado la cabeza al recapitular rápidamente lo que había sucedido—. Querían que usted se enojara conmigo y me castigara.

—¡Ya basta! —gritó— ¡Mentir es pecado al igual que hacer falsas acusaciones!

—No estoy mintiendo. Juro que ellos…

—¡El perjurio es un pecado mortal! ¿Cómo te atreves a atentar contra todo lo que te inculcamos? ¿Es que acaso te quieres ir al infierno?

—Papá, perdón por intervenir —dijo el de cabellera marrón abrazando al chico de doce años—, pero creo que Blaine sólo está confundido. Quizá son cosas de la edad que lo hacen actuar de esa manera, sin embargo, nosotros lo perdonamos. ¿Verdad, Ron?

—Sí. Lo perdonamos.

—Que su castigo no sea tan duro, por favor.

—Es admirable la nobleza que hay en sus corazones, pero su hermano ha cometido faltas terribles y deberá responder por ellas —tomó a Blaine del brazo con fuerza—. Sus pecados deben ser expiados.

El de ojos color miel no podía creer que hubiera caído. Lo habían manipulado al dejarse llevar por su sentimentalismo… Y todavía había defendido a Ron para que no lo castigaran por lo que supuestamente hizo.

—¿Qué está pasando? —preguntó Isabel entrando al patio— Se escuchan los gritos hasta adentro.

—Blaine estará en penitencia de ayuno durante las próximas setenta y dos horas —explicó a su esposa y luego haló al mencionado.

—¿Setenta y dos horas? ¡Eso son tres pecados! —llevó una mano al pecho— ¡Qué horror!

—No sólo ha sido un blasfemo, sino que se ha atrevido a involucrar a sus hermanos en sus actos, y no conforme con eso los está difamando.

—¿Cómo es posible? ¡Tal hecho amerita un castigo severo!

—Estoy de acuerdo, Isabel.

—El látigo está en el segundo cajón de la derecha.

Los ojos de Blaine se abrieron con pánico. —¿Qué? No, por favor.

—¡Sólo así aprenderás a no ser impío! —Joseph ajustó el agarre y lo arrastró hacia el interior de la casa.

Ron estaba asustado por lo lejos que habían ido las cosas y tiró del brazo de su hermano.

—Joey…

—¡Cállate! —dijo entre dientes.

—Pero…

—Estuviste de acuerdo con esto y ahora no vas a retractarte.

—Una cosa es que lo castigaran sin cenar o que hiciera tareas extra —susurró—, pero el látigo es cruel y…

—Es lo que merece.

—Nadie merece eso.

—¿Quieres que tu castigo sea peor que el de él? Porque es lo que pasará si papá se entera de la verdad —El chico negó con vehemencia—. Entonces mantén la boca cerrada.

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Angelina iba caminando de regreso a su casa. Había pasado el día con una amiga realizando un proyecto escolar.

Cada cierto tiempo revisaba la pretina de su falda ya que en ella había escondido una bolsita con galletas y temía que fuera a notarse. Para cualquier persona lo normal habría sido llevarla en el bolso, pero sabía que este sería revisado al llegar.

Realizó varias respiraciones profundas antes de ingresar a su hogar y saludó a su madre con una tímida sonrisa.

—¿Cómo te fue? ¿Terminaron? —preguntó la mujer extendiendo el brazo para que le entregara el bolso.

—Nos falta poco, pero como tengo una hora de llegada le dije a Margot que debía irme y que preguntaría si puedo volver mañana para continuar.

—Eso está muy bien, hija. Y sí, tienes permiso.

—Gracias. Le avisaré.

—Puedes divertirte un rato. Te lo has ganado —le devolvió el bolso.

—Muchas gracias, sin embargo, prefiero subir a descansar un poco.

—Perfecto —le sonrió.

—¿Desea que luego baje para ayudar en algo?

—Tus hermanos se están haciendo cargo, pero agradezco tu ofrecimiento.

La chica asintió y luego de recibir el consentimiento para retirarse, se dirigió hacia su habitación.

Al cerrar la puerta empezó a temblar. Lo había logrado y no podía creerlo. No obstante, le faltaba llevar a cabo la segunda parte del plan.

En un par de ocasiones salió discretamente a recorrer la casa y así poder observar donde se encontraban los demás.

Tras cerciorarse de que no hubiera nadie en el piso superior, ya que su madre estaba cocinando y tenía a Ron ayudándola mientras que Joey podaba el césped, se dirigió en sigilo hacia su objetivo, rogando que todo saliera bien.

Golpeó suavemente la puerta esperando que la persona del otro lado hubiese escuchado. Cuando esta se abrió segundos después, suspiró.

—Hola. ¿Puedo pasar?

Blaine asintió y la dejó entrar.

—¿P-pasa algo?

—No —aseguró la puerta—. Vine a verte. ¿Cómo te sientes?

El joven cerró los ojos y dejó escapar un pequeño sonido.

—Me duele… en todos los sentidos.

—Lamento que te hicieran esto. No lo merecías.

—Fui un estúpido al creerles. Han sido malos casi todo el tiempo, y a pesar de eso, caí en su trampa.

Los hubieras visto… Parecían tan sinceros. Sobretodo Joey con las cosas que dijo, incluso se disculpó y me abrazó… Ellos planearon todo, pero nadie me cree.

—Yo te creo. Sé que no eres capaz de inventar algo así.

—Gracias.

—No tienes idea de lo sorprendida que estoy. Joey y Ron me han causado varios problemas, pero nada así de serio. Jamás habría imaginado que serían capaces de llegar a ese punto. Lo que hicieron fue horrible.

—¿Sabes qué es irónico? Tantas reglas, tanta religión, tanto… todo, y esos dos son malévolos, porque no hay otra forma de describirlos. Mienten con tanta naturalidad —exhalo suavemente—, y a mí me castigaron por supuestamente hacerlo.

—No sé ni qué pensar de ellos. Es increíble que hayan podido engañar a papá y a mamá, y que lo hicieran a sabiendas de que son muy estrictos con la disciplina.

—¿Estrictos? Los llamaría de otra forma, y los castigos que aplican son… —negó con la cabeza.

—Totalmente arcaicos y extremos —Blaine asintió—. Y algo que me resulta difícil comprender es que Ron se prestara para esto porque a él papá lo ha castigado con el látigo y sabe lo terrible que es.

—Como dije, fui estúpido al creerles —hizo un gesto de aflicción al sentarse en la cama.

—Ah… Te traje unos analgésicos y un gel para el dolor.

—Gracias.

—Me gustaría poder hacer más.

—Eres buena conmigo. Eso significa mucho para mí.

—Te quiero, Blaine. Y aunque no tengamos la misma sangre, se supone que somos hermanos.

—Lo somos —le sonrió—. Lo siento —dijo luego de que su estómago sonara.

—Te traje algo más —sacó del bolsillo la bolsita con galletas y se la entregó.

—¿Cómo?

—Las escondí entre mi ropa. No son muchas porque se hubieran notado, pero…

Blaine se levantó con algo de dificultad y la abrazó con todas sus fuerzas.

—Gracias, gracias —se separó poco después y la miró preocupado—. No debiste hacerlo. Si te hubieran descubierto estarías en problemas.

—No sería la primera vez.

—De todas formas, no te arriesgues así por mí.

—Somos hermanos, y los hermanos se cuidan entre sí.

—Te quiero mucho, Angelina.

Ella volvió a abrazarlo, pero suavemente para no causarle daño.

—Ten cuidado cuando comas las galletas. Fíjate bien que no caigan migajas en ninguna parte.

—Lo haré. No puedo dejar rastro alguno.

—No quisiera, pero me tengo que ir.

—Comprendo. Sal con cuidado.

—Los tres están abajo.

—Igual tienes que ser precavida.

—Claro.

—Gracias de nuevo.

Ella sonrió y le dio un beso en la mejilla antes de irse.

Tras cerrar la puerta, el chico tomó dos galletas y guardó el resto. Aún le quedaba día y medio de castigo.

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* Kmiilo Bastidas Me alegra que estés disfrutando esta historia.

Es correcto. Hay tantas personas interesadas y cosas que no tienen realmente importancia son puestas en primer lugar.

Sus caminos aún no están listos para cruzarse.

* Maria Soledad Rodriguez Así es, amiga. Una historia fuerte que tendrá distintos puntos de vista de la vida.

Hay muchos que prometen mil maravillas, pero como dices, lo difícil es cumplirlo. Las palabras se las lleva el viento, por eso las acciones son necesarias.

Kurt todavía tiene sentimientos por Dante.

* Georgi G Así es, un viaje no será suficiente, aunque será por donde empiecen.

Kurt ha pasado por mucho a causa de Dante... y lo que falta.

Blaine tien su propia vida y problemas por el momento.

Gracias Georgi, realmente me alegras.

* Olga Moreno Kurt tiene la esperanza de que eso suceda porque quiere salvar su relación.

* Lupita Maldonado Espero hayas disfrutado el capítulo.

* Yolanda Serrano ¿Y qué tal te pareció?

* Jeny Kurt ya lo perdonó.

Aún no es el momento para ellos.

* MauroMoyaKlaine Habrá mucho que te impactará en esta historia.

¡Oh! Y seguro te divertiste jeje. Me he acordado de cuando Klaine fue a scandals con sus identificaciones falsas jajaja.

Burt reprsenta el pensamiento de muchas personas que no pueden ver más allá y actúan según sus intereses.

Marley será una gran aliada para Kurt.