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CAPÍTULO 5:
"Cerrando los ojos y cayendo en pedazos"
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—Deberías terminar con Dante definitivamente —dijo Trevor del otro lado de la pantalla—. Es evidente que nunca podrá dejar los negocios por más que lo intente.
Kurt se encontraba acostado boca abajo en la cama con la computadora frente a él y respiró profundamente, reteniendo el aire durante unos segundos.
—Una vez que termine con las negociaciones en Hong Kong va…
—A seguir encontrando excusas, porque eso son. Te prometió algo cuando se fueron, y apenas han pasado cuatro meses de que volvieron y ya está dedicado a trabajar día y noche.
—No es así, Trevor. Dante habló con su padre y dejó las empresas para dedicarse sólo a sus negocios propios y disminuyó su ritmo de trabajo.
—Sí, claro. Lo hizo por un tiempo, pero en el instante en el que su padre le pidió ayuda, corrió y se involucró nuevamente.
Abre los ojos Kurt, Dante siempre le va a dar prioridad a las empresas. Y no es porque no te ame o porque sea una mala persona, simplemente hay quienes, como él, no pueden apartarse porque son adictos al trabajo.
—Él no era así cuando lo conocí, ni en los primeros años. Empezó a trabajar más a raíz de que su padre fue dándole varios de sus negocios y presionándolo para que los administrara, pero me prometió que…
—¿Cuántas promesas te ha hecho que ha roto o cumplido a medias? Por adicción o por presión, el trabajo siempre está primero.
Mereces a alguien mejor, Kurt, a alguien que realmente te ponga como prioridad.
—¡Deja de entrometerte! —gruñó Di Marco a un costado de la cama.
—¿A qué hora entraste? —preguntó Hummel sorprendido— No escuché la puerta.
—Obviamente… ¡En cuanto a ti —miró la pantalla—, estoy harto de que le digas a mi prometido tantas estupideces para tratar de ponerlo en mi contra y envenenarlo!
—Si fuera así, hace tiempo que él te hubiera dejado.
En cuestión de segundos una fuerte discusión se estaba llevando a cabo.
—¡Cállense los dos! —gritó Kurt y salió furioso de la habitación.
—Bebé… Espera —Dante corrió escaleras abajo para detenerlo.
—¡Déjame tranquilo!
—Vamos a hablar.
—Ya no puedo seguir en esta situación.
—Una vez que cierre ese trato, se acabó.
—Hasta que se presente algo más.
—No, bebé. Eso es todo. Justo hoy fui a hablar con mi papá para decirle que no me volviera a involucrar en sus asuntos.
—Quisiera creerte, pero ya no puedo, y estoy cansado de defenderte.
—El fin de semana viajaré a Hong Kong a finiquitar el trato y luego de eso tú y yo…
—¿Este fin de semana?
—Sí.
—Teníamos planes. Se suponía que nos iríamos a Cancún. Ya hasta compramos los pasajes y reservamos el hotel.
—Lo sé y lo lamento, pero los inversionistas sólo pueden…
—Trevor tiene razón. El trabajo siempre va a ser tu prioridad, aunque digas que soy más importante.
—No es así, Kurt.
—Entonces reagenda ese viaje y continuemos con los planes que teníamos.
—No puedo hacer eso, sin embargo, había pensado en que fueras conmigo. Antes solías acompañarme y creo que sería una buena oportunidad para retomarlo.
Íbamos a disfrutar de unos días de tranquilidad. Sería lo mismo, sólo que con un destino diferente.
—Vas a trabajar.
—El lunes tengo la reunión con estas personas. Tal vez sean unas horas o todo el día, pero después de eso estaré libre y ese tiempo será para nosotros. Bueno, tendré un par de juntas, pero nada más.
Sé que Cancún es uno de nuestros destinos preferidos, pero no conocemos Hong Kong.
—¿Y qué pasará después?
—Lo que tú quieras, bebé. Nos podemos quedar más tiempo allá, visitar otras ciudades. De ti depende. Por eso te estoy pidiendo que vayas conmigo.
—Tengo que pensarlo.
—¿Pensarlo? —preguntó exaltado— ¿Es una broma acaso?
—No me hables en ese tono, Dante.
—¡Te estoy proponiendo algo que va a ser bueno para los dos y en lugar de aceptarlo tomas esa actitud! —empezó a gritar—. ¿Cómo no voy a enojarme?
¡Trato de complacerte, de hacer lo mejor, de dar mi máximo esfuerzo, sin embargo, nada te conforma! ¡Sólo me exiges y reclamas, pero no pones de tu parte!
¡Te amo, Kurt, pero eres frustrante! ¡Dios! ¡Me exasperas!
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—No, Kurt. No eres el problema —dijo Trevor apoyándose en una de las paredes de la sala—. Tienes todo el derecho a exigirle que…
—El amor no se exige ni exige nada a cambio tampoco —intervino Bernard—, se da abiertamente y tiene que ser recíproco.
Dante se preocupa porque no le falte nada, porque tenga lo mejor siempre, por…
—Estás ilustrando muy bien mi punto en realidad porque es hacia donde iba. Es verdad lo que dices, Dante nunca se ha despreocupado de lo material y lo económico, pero no es lo único que importa, y Kurt tiene derecho a exigirle tiempo de calidad, ese tiempo de pareja que es tan importante, a exigirle respeto, a…
—¿Respeto? ¿Cuándo le ha faltado el respeto? Jamás lo he escuchado decirle una grosería.
—Hace dos días fui a buscar a Kurt a la casa y Dante le estaba gritando.
Aunque no haya insultos de por medio, en el momento en el que le levantas la voz a tu pareja, la estás irrespetando y la estás agrediendo.
—No tenía idea. ¿Qué pasó, Kurt? —Este negó con la cabeza y levantó los hombros.
—Dante es la persona más voluble que he conocido en toda mi vida —continuó Trevor—. Puede ser sumamente romántico y dulce y de pronto transformarse en un completo idiota.
Hace ofrecimientos que no cumple y sigue pidiendo oportunidades, y para ello se muestra enamorado y un montón de cosas más, pero en cuanto se presenta la ocasión, se clava de cabeza en el trabajo y se olvida de todo lo que prometió.
Deja a Kurt de lado y luego se enoja con él porque le reclama, y todavía tiene el descaro de culparlo por los problemas entre ellos.
—Bueno, si fuera él, yo sí habría aceptado ir a Hong Kong. ¿Para qué hacer tanto problema?
—Creo que es verdad —suspiró Hummel mirando al suelo—. Debí aceptar… Dante no tiene por qué llevarme, sin embargo, quiere que lo acompañe, y me negué… Él lo intenta… Tal vez sí es mi culpa y sí soy exasperante.
—No digas tal cosa —Trevor corrió a su lado y se agachó para quedar a la misma altura—. Has sido demasiado compresivo y Dante ha abusado de ello, así como del amor que sientes por él.
Mírame a los ojos, Kurt —lo tomó de las manos—. No mereces eso. No mereces promesas vacías, maltratos, descuidos, ni una relación de a ratos.
Él no es el indicado para ti. Tal vez al comienzo las cosas eran diferentes y eso te hizo creer que sí lo era, que se trataba de la persona con la que ibas a pasar el resto de tu vida, pero todo ha cambiado, y el verdadero amor no cambia.
Van a presentarse problemas, desacuerdos, momentos difíciles, en toda relación los hay, pero a través de todo ello el amor evoluciona, crece y se fortalece.
—Concuerdo con eso —dijo el de cabellera marrón—. No llevan una relación sana.
Se pelean, se distancian, se reconcilian, están bien un tiempo y otra vez empiezan los problemas. Se vuelven a pelear, dejan de hablarse hasta que se reconcilian, y así una y otra vez. Es un círculo vicioso en el que dan vueltas sin cesar.
—Increíble que diga esto, pero estoy de acuerdo con Bernie. Estás en una relación tóxica, Kurt, y como tal, te está haciendo mucho daño.
—Estoy tan confundido —cubrió su rostro con ambas manos—. No quiero perder a Dante, y al mismo tiempo siento que caigo en un abismo cada vez más profundo.
Bernard hizo una mueca antes de dirigirse al mueble donde se encontraba el de ojos claros, y se sentó en el suelo reposando una mano sobre la rodilla de este.
—Creo que es lógico que te sientas así porque Dante, aunque no fue tu primer novio, sí fue tu primer amor significativo e importante con quien has compartido cinco años y medio de tu vida.
Consciente o inconscientemente te aferras a él y a lo que una vez tuvieron, y no es sano, Kurt.
—Dijiste que si estuvieras en mi lugar te irías con él a Hong Kong.
—Me refería a… Amm… Es que… —negó con la cabeza— Si buscaría una reconciliación, pero porque no hubiera permitido jamás que las cosas llegaran tan lejos.
Está bien buscar solución a los problemas que se puedan tener, siempre y cuando la relación se pueda salvar y realmente lo valga.
Trevor asintió y ajustó el agarre de las manos de su amigo. —Eso es cierto, Kurt. Se trabaja y se esfuerza por una relación sana, estable y con futuro, pero en el caso de ustedes están en un constante tira y hala y en algún momento la soga se va a romper, y cuando eso pase, la caída será muy fuerte.
—Una parte de mí lo sabe, pero no es fácil aceptarlo porque quiero que funcione —sollozó.
—Kurt…
Este se levantó del sofá y frotó su rostro. —Gracias por siempre estar para mí.
Los dos jóvenes lo abrazaron.
—No nos agradezcas.
—Sabes que siempre contarás con nosotros.
—Son los mejores amigos que alguien pudiera tener —se dirigió hacia la puerta.
—¿Dónde vas?
—Puedes quedarte todo el tiempo que quieras —dijo Trevor preocupado—. Mi casa es tu casa.
—Lo sé, pero necesito pensar y aclarar mis ideas porque soy un lío completo.
—Llámanos a cualquier hora —fue casi una súplica de Bernard—. Para lo que sea.
—Gracias… ¿Tienen algún último consejo?
—Dante no es para ti —dijo firme el de piel oscura.
—Ese no es un consejo, ni me estás dando perspectivas —negó con la cabeza sintiéndose frustrado—. Es sólo tu punto de vista. ¿Qué hay de ti, Bernie? Tú eres más objetivo.
—Opino igual que Trevor.
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Si había algo de lo que Kurt se arrepentía era de haber aceptado ir a Hong Kong.
Su instinto le había advertido que no era una buena idea, sin embargo, decidió no escucharlo y confiar en que tendrían tiempo para ellos, para conocer el lugar, para disfrutar, y para volver a esforzarse en mejorar las cosas, más había pasado con su prometido únicamente un día y medio porque el resto del tiempo este estuvo ocupado realizando varios tratos y saliendo con los inversionistas.
Habían discutido sin cesar por no haber querido acompañarlo a los almuerzos de negocios, los cuales lo aburrían terriblemente a más de que era ignorado todo el tiempo, (lo sabía bien porque ya había pasado por eso muchas veces).
Y como si fuera poco, se había sentido herido cuando uno de los empresarios hizo un comentario grosero sobre él y su pareja no lo defendió.
Tras regresar no habían hecho otra cosa más que discutir por lo ocurrido en el país asiático, y todo eso lo tenía aprensivo y sumamente triste, pero delante de los demás pretendían que eran una pareja ejemplar.
Luego de varios minutos tratando de respirar normalmente y lucir tranquilo, se dirigió a la sala donde estaban sus padres y suegros esperando para despedirse del empresario y desearle buena suerte en el nuevo viaje que realizaría.
Fingiendo estar bien se sentó a platicar en lo que su prometido bajaba, quien no tardó en aparecer con su radiante sonrisa y una de las personas de servicio cargando las maletas.
Luego de agradecerles el almuerzo de despedida, Dante besó a Kurt como si todo estuviese bien entre ellos y acto seguido lo tomó de la mano.
—Vamos, bebé. Se hace tarde.
—¿Qué? —frunció el ceño.
—Lo correcto es que acompañes a Dante al aeropuerto —dijo Burt.
—Tengo que…
—No hay nada más importante que tu deber de pareja —recalcó Luiggi—. Mi hijo estará ausente por casi un mes, y ya que no vas a acompañarlo, al menos tienes que ir con él al aeropuerto para despedirte correctamente.
Hummel suspiró con frustración y asintió antes de salir de su casa ya que no tenía ganas de discutir con nadie.
Parte del trayecto transcurrió en completo mutismo hasta que el mayor le dijo que su comportamiento era inmaduro, lo cual los llevó a tener una acalorada discusión que terminó en otro silencio incómodo.
—Quiero que estemos bien antes de irme. No me siento en paz sabiendo que te quedas enfadado.
Sin apartar la mirada de la ventana, Kurt suspiró. —No estoy enojado. Estoy decepcionado.
Dante no dejó de observarlo hasta que llegaron al aeropuerto e intentó tomarlo de la mano, pero este no se lo permitió.
—Cuando regrese…
—No te atrevas a decir que las cosas van a cambiar, que vas a dejar de trabajar, ni que vamos a planificar nuestra boda. Mucho menos me hagas promesas o llores porque tu palabra no tiene valor y ya no creo nada de lo que venga de ti.
—Kurt, esta vez…
—Ya vete.
—Bebé…
—No me digas así.
—Por favor. Odio que peleemos.
—Odio que me mientas.
—No te estoy mintiendo.
—Dijiste que lo de Hong Kong sería lo último.
—Lo sé, pero…
—No quiero escuchar otra más de tus excusas —se cruzó de brazos y siguió mirando a la ventana.
Di Marco se dirigió al interior del aeropuerto, esperándolo hasta que cruzó las puertas.
—¿Va a ir señor Hummel? —preguntó el chofer bajando el vidrio del panel divisor.
—No.
—¿Vamos a la casa?
Kurt lanzó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos durante varios segundos. Quería gritar, llorar y finalmente desaparecer.
—No.
—¿Algún lugar en particular al que desee que lo lleve?
—Algo que no conozca.
—¿Perdón?
—Vamos a dar unas vueltas, pero lejos de los lugares que suelo frecuentar. Tal vez del otro lado de la ciudad. No lo sé. Sólo quiero ir muy lejos —su voz se quebró.
—Entiendo —le entregó un pañuelo desechable.
—Gracias.
Las emociones lo invadían y agobiaban, y no fue hasta que las desconocidas calles llamaron su atención que se sentó bien y abrió la ventana para observar todos los detalles.
—Si quiere una aventura Sr. Hummel, debería tomar el metro.
—¿El metro?
—¡Esa sí es toda una experiencia!
—¿Y cómo hago eso?
El chofer le dio las indicaciones pertinentes, y aunque parecía una locura, se bajó del lujoso auto e ingresó a la estación mirando todo a su alrededor. Ese era un mundo nuevo y diferente para él, por lo que se encontraba en medio de la fascinación y a la vez el temor de perderse.
Caminando por el lugar trataba de no olvidar por donde había cruzado, más todo lucía igual así que decidió detenerse, viéndose tentado por un instante a subir a uno de los vagones que había sido anunciado llegaría en un minuto.
Si lo hacía, ¿hasta dónde lo llevaría? ¿Y si se perdía?
A pesar de la incertidumbre estaba de cierto modo emocionado, sin embargo, no se atrevía.
¿Dónde había quedado aquel Kurt aventurero que sin importar los temores se arriesgaba a todo?
¿Qué había pasado con la persona que alguna vez fue?
Preguntas y más preguntas lo asaltaban y no tenían respuestas.
Súbitamente escuchó una voz dulce que logró relajarlo, haciéndolo suspirar.
Lentamente giró en busca de su procedencia y avanzó hasta donde se encontraban varias personas reunidas. Con dificultad logró acercarse más hasta que vio a un chico tocando la guitarra mientras cantaba con gran pasión, y una sensación inexplicable lo atrapó.
Canción tras canción permaneció inmóvil observándolo y vibrando de una manera que no lo había hecho en mucho tiempo.
Aquel joven, que no podía tener más de diecinueve años, parecía ser de escasos recursos ya que su abrigo estaba bastante gastado al igual que su jean y zapatos, no obstante, lucía tranquilo y contento mientras asentía en agradecimiento a quienes dejaban dinero en el estuche de su guitarra.
¿Acaso así se ganaba su sustento diario? ¿Qué clase de vida podía tener?
Kurt suspiró con desconsuelo al pensar que probablemente una mejor vida que la suya por la manera alegre y honesta en la que este sonreía… O al menos esa era la impresión que le daba.
De pronto le pareció tierna la forma en la que los largos rizos oscuros casi le cubrían los ojos cuando movía la cabeza al ritmo de la melodía.
"Muchas gracias" —dijo el joven dejando la guitarra a un costado mientras lo aplaudían—. "Siempre es un placer cantar para ustedes."
Al parecer era una rutina diaria ya que la mayoría de las personas reunidas lo saludaban, algunas le palmeaban la espalda y una señora le entregó un pequeño recipiente plástico.
Todo aquello llamaba más la atención de Kurt, quien permanecía como una estatua mirando fijamente lo que sucedía.
"Para quienes no me conocen, todos los días me encuentro aquí para traerles un poco de alegría" —se agachó a recoger el dinero y guardarlo—. "Oh, lo olvidaba —dijo al enderezarse—, mi nombre es Blaine."
