.
CAPÍTULO 7:
"Sentimientos que transforman"
.
—Todas las mañanas lo despierto con un chocolate caliente y el delicioso pan que aquí venden. Es la única forma en la que sale de la cama, de lo contrario me pide cinco minutos más cada vez que lo llamo y…
La mujer seguía hablando y Blaine parpadeó lentamente, sintiendo una presión formarse en su garganta.
—Blaine, cariño —la dulce caricia en su rostro lo hizo suspirar—. Es hora de levantarse.
—Un rato más.
—Debes levantarte para ir a clases.
—Cinco minutos.
—Después no te va a alcanzar el tiempo.
—Prometo apurarme para vestirme.
—Está bien —continuó acariciándolo—. Dentro de diez minutos vendré a buscarte.
—Gracias —se abrazó más a su almohada—. Siempre eres tan buena.
—¿Qué tal un chocolate caliente?
—Me encantaría.
—Voy a prepararlo —le besó la frente—. Te amo mi vida.
—Te amo mamá.
—Blaine… Blaine…
—Ah…
—¿Estás bien?
—S-sí señora Caroline.
—Te estaba hablando.
—L-lo siento. ¿Qué me decía?
—Te pedí de ese pan dulce con frutas.
—Sí, enseguida.
—¿Qué te ocurre? —preguntó Giuseppe una vez que la mujer se fue— Has estado distraído hoy.
—No es nada.
—Blaine…
—Es… Hoy es el cumpleaños de mi mamá.
—¡Oh! ¿Y ya la llamaste?
—No.
—Deberías hacerlo.
—Eso quisiera.
—Hazlo. Nada te lo impide.
—¿Qué hora es? —miró su reloj— El señor Smith está por llegar y no le gusta que lo hagan esperar —tomó una caja y empezó a guardar varios dulces a gran velocidad.
Segundos después un hombre fornido con cabellera ligeramente canosa ingresó al local.
—Buen día —dijo con voz firme, y ambos respondieron.
—Aquí está su orden, señor.
Sin decirle nada tomó la caja y luego miró al hombre mayor para pagarle, desapareciendo tan rápido como llegó.
—Qué sujeto tan amargado —dijo el dueño.
—Don Giuseppe, es mi tiempo libre. ¿Puedo salir? Sólo voy al parque.
—Sí, sí, seguro. Ve.
—Gracias.
Luego de quitarse sus aditamentos se dirigió al lugar señalado y se sentó en uno de los columpios en donde empezó a mecerse suavemente.
Tenía tantas ganas de hablar con los Anderson, sobre todo en ese día, pero al mismo tiempo temía que si los llamaba lo fueran a rastrear y dar con su paradero.
¿Y si se iba en el metro lo más lejos posible para poder llamarlos? ¿Habría aun así la posibilidad de que lo encontraran?
Buscó en el bolsillo interno de su abrigo, ya que era un día inusualmente frío, y extrajo un sobre pequeño en el cual se encontraba un papel doblado. Con un suspiro lo abrió y acarició con su dedo la imagen celosamente guardada de Pam y James Anderson que se había llevado con él el último día que estuvo en su casa.
¿Quizá una corta llamada? Sólo unos segundos… ¡No, no podía hacerlo!
Tal vez estaba siendo paranoico, pero prefería tomar precauciones. Por nada del mundo regresaría a la pesadilla que había sido vivir con los O'Donnel.
Observó la fotografía durante varios segundos y suspiró.
—Espero te guste, mamá —Blaine le entregó una caja con un pequeño lazo encima.
—Estoy segura que sí, mi amor —tomó el objeto y de este extrajo un reloj hecho con conchas marinas pintadas en color tornasol.
—¡Es hermoso! ¿Dónde lo conseguiste?
—Yo lo hice.
—¿Lo hiciste? ¿Cómo?
—Recogí las conchas la última vez que fuimos a la playa, ya aquí las pulí y trabajé en ellas. La maquinaria la conseguí de…
Mientras él hablaba, la mujer lo escuchaba maravillada.
—Me dejas sin palabras. Tienes tantos talentos, mi vida. Gracias —lo abrazó dulcemente—. Lo usaré siempre.
Blaine sonrió ligeramente al ver el reloj en la muñeca de Pam.
"Feliz cumpleaños, mamá" —susurró y besó la foto antes de guardarla.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—Señor Hummel —llamó el chofer al detenerse en un semáforo—, ¿puedo preguntarle algo?
—Sí, claro.
—¿Qué encontró en la estación del metro que lo hace regresar? No es que me incumba, es sólo que me da gusto verlo así.
—¿Así? ¿Cómo?
—Cada vez que vamos para allá usted luce emocionado y siempre regresa con una sonrisa.
—No estoy seguro.
—¿Cómo es eso posible?
—No sé si es por la música, las personas, la experiencia, ir a un lugar que me resultaba desconocido y que he ido descubriendo… Quizá un poco de cada cosa.
—Es una experiencia diferente.
—Lo es.
—Mencionó la música. ¿Hay algún nuevo cantante o banda o sigue…?
—¿Perdón? ¿Nuevo?
—Artistas callejeros suelen ir a compartir su talento a lugares como ese, no sólo para ganar algo de dinero sino también para alegrar a las personas y ayudarlas a distraerse un poco de sus problemas.
—¿Artistas callejeros?
—Así es. Quiénes mejores que ellos para entender lo que es tener una vida complicada, por eso llevan alegría a otros.
—Eso es muy noble.
—Es cierto. Aunque es también un 50-50. En realidad, hay diferentes casos, así que no puedo generalizar. Lo que sí puedo decir con seguridad es que nunca se quedan en un mismo lugar. Cada cierto tiempo se van y llega alguien más.
—¡Oh! —dijo con cierta nostalgia.
—¿Le ocurre algo?
—Pensé que quienes cantaban ahí lo hacían de forma permanente.
—Generalmente están por periodos cortos, y quienes se quedan por más tiempo se turnan los días y los horarios. Aunque hay uno que otro que canta fijo, sin embargo, tampoco lo hace de manera indefinida.
—¿Por qué?
—Es importante buscar diferente público. Verá, cuando se presenta alguien nuevo en la estación, las personas responden bien y cooperan, pero si permanece mucho tiempo, ellos pierden el interés.
Señor, ¿está seguro que se siente bien? De pronto palideció.
—¿Puedo decirte algo y prometes guardar el secreto?
—Por supuesto. Jamás he cometido ninguna indiscreción, no voy a empezar ahora. Realmente siento un gran aprecio por usted.
—Gracias, Elliot —sonrió—. Hay un chico que canta en la estación… Tiene una magia que te atrapa. Es único.
—¿Entonces lo que le motiva y lo pone de buen ánimo es ese chico?
—Son varias cosas, pero sí, él me alegra, me transporta. Si lo escucharas cantar… Y la forma en la que toca la guitarra es tan… —suspiró— Hay mucha pasión en él a pesar de ser tan joven.
—Y de su historia, porque no debe ser nada fácil.
—Siempre he supuesto que debe tener una situación algo complicada por lo gastada que se ve su ropa, pero no me he detenido a pensar en ello con detalle.
—Dice que es joven.
—Lo es. Le calculo diecinueve años, tal vez dieciocho porque hay días en los que luce menor. En todo caso, no llega a los veinte.
—Seguramente no tiene hogar. Sus padres debieron correrlo o huyó.
—¿Cómo es posible?
—Tristemente es más común de lo que pueda imaginar. Salvo alguna excepción, los chicos que tocan en la estación no tienen hogar o viven en condiciones… complejas.
—¿Cómo sabes todas esas cosas?
—Años atrás solía vivir en ese lado de la ciudad y cantaba en la estación. Luego conseguí un empleo y tomaba el metro para llegar y siempre había alguien diferente presentándose. En algunas ocasiones pude acercarme a conversar y las historias eran similares.
—Tal vez antes, pero ahora…
—Le puedo asegurar que las cosas no han cambiado mucho desde entonces.
—Oh… Guau… —negó con la cabeza lentamente tratando de procesar la información— Tal vez lo conozcas. Su nombre es Blaine.
—No. Nunca he oído de él. Pero por su edad, era un niño pequeño cuando yo vivía allá.
—Claro.
—¿Tan bueno es?
—¿Qué?
—Como cantante.
—Mucho. Tiene un enorme talento.
—¿Quiere ayudarlo?
—Ahora sí… Es que lo veo siempre tan alegre y lleno de vida que nunca pensé que tal vez ni siquiera tenga un lugar donde dormir. Si pudiera hacer algo por él sería grandioso.
—Usted tiene muchos contactos. Tal vez entre ellos haya un productor o alguien que pueda representarlo. Y aunque no conozca a nadie, no le sería difícil conseguirlo.
—¡Esa es una excelente idea! Pero, ¿cómo me acerco a él? No puedo llegar y decirle "hola, conozco a alguien que te va a ayudar".
—Usualmente quienes se presentan ahí son personas muy amables, algunos hasta esperan ser descubiertos, y por como lo describe, ese chico no es la excepción. Incluso sabe su nombre.
—La mayoría parece conocerlo. Lo he visto saludando y conversando con muchos.
—Más fácil todavía. Sólo es cuestión de que se decida.
—Eso haré. Gracias, Elliot.
—No es nada.
—Am… ¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro, adelante.
—Dijiste que en el pasado cantabas en la estación del metro, y también que quienes lo hacen no suelen tener hogar porque han huido o los han corrido. ¿Acaso tú…?
—Pasé por momentos muy duros, señor. Llegué a dormir en las bancas de los parques inclusive. Afortunadamente las cosas cambiaron para bien.
—Me alegra que todo mejorara, pero, ¿qué te pasó? Quiero decir…
—Lo típico, mis padres me corrieron de la casa.
—¿Por qué?
—Porque soy gay.
—¡Oh! No lo sabía… Es terrible que te hicieran eso.
—No todos tenemos la suerte de contar con padres comprensivos.
—Pero…
—Llegamos, señor.
—Umm… ¿Podemos seguir hablando de esto después? Si es que no te molesta.
—No hay problema —sonrió y asintió—. ¿A qué hora vengo por usted? Si va a hablar con este chico necesitará más tiempo que de costumbre.
—Yo te llamo… No. Mejor tomo un taxi porque no sé cuánto vaya a demorar.
—Eso no es ningún problema. Buscaré un parqueadero.
—No, Elliot. No vas a estar esperando.
—Es mi trabajo, señor.
—Bien. Te doy el resto del día libre. Ve a casa, visita a alguien, realiza actividades que tengas pendientes o lo que quieras.
—Oh… Gracias, señor.
Con grandes ánimos y nuevas perspectivas, Kurt se bajó del auto y caminó hacia la entrada de la estación, apresurándose para estar al frente durante la función que ofrecía Blaine.
Al llegar se encontró con personas que iban de un lado al otro, pero nadie se detenía. El lugar donde el joven se paraba estaba extrañamente vacío, lo cual le hizo sentir un nudo en el estómago, y mientras más tiempo pasaba, la sensación seguía creciendo.
Finalmente, y con un suspiro triste, se retiró del lugar tras una hora y media de espera.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—No puedo creer que estemos haciendo esto, Blaine.
—Piensa que es una aventura, Scott.
—Lo es. Y la más grande en un buen tiempo.
Realmente deben ser muy importantes esas personas para ir en bus hasta otra ciudad sólo para llamarlas por teléfono.
—Primero, gracias por acompañarme. Segundo, son más que importantes, los amo como no tienes idea. Y no son personas cualesquiera, son mis padres.
—¿Tus padres? Pensé que eras huérfano.
—Lo soy —Scott lo miró haciendo un gesto que indicaba que le dijera más—. He pasado toda mi vida entre las calles y hogares temporales. Los Anderson me acogieron con amor desde el primer día, y no digo que antes otras personas no lo hicieran, pero fueron ellos los primeros a quienes pude llamar mi familia. En realidad, son los únicos con quienes sentí que pertenecía y los únicos a los que he llamado padres.
—Suena a que tuviste un buen hogar junto a excelentes personas.
—Así fue —sonrió con ensoñación—. Me trataron siempre como si hubiera sido su propio hijo y me hicieron muy feliz.
—¿Entonces por qué huiste de su lado?
—No lo hice.
—Recuerdo bien cuando me contaste que la familia con la que estabas era horrible y te maltrataba, por eso te escapaste.
—Es correcto. Pero a quienes dejé fue a los O'Donnel. A quienes considero mis padres son los Anderson.
—Déjame entender esto… Si estabas tan bien con los Anderson, ¿por qué terminaste en viviendo con los O'Donnel?
—Porque el dinero pesa más en muchos casos, y este fue uno de ellos.
Mis padres estaban reuniendo el dinero para empezar los trámites de adopción cuando la trabajadora social llegó un día diciendo que había otra familia que me quería.
—Ya te habían colocado en un hogar en donde te amaban y te iban a adoptar, ¿por qué sacarte de ahí para llevarte con unos desconocidos?
—Porque así funciona el sistema. Algunas personas piensan que vas a estar mejor con una familia que tenga dinero y comodidades que con alguien que tal vez esté más limitado pero que en verdad te ame.
Los O'Donnel tienen los suficientes recursos económicos, y los que manejan todo interpusieron su petición. No sé bien cómo funciona la parte legal, pero luego de que ellos aparecieron me dieron unos días para despedirme y recoger mis cosas.
—¿Qué?
—Mi mundo se rompió en miles de pedazos. Incluso me escapé pensando que después podría volver a mi hogar, pero me encontraron y me llevaron con los O'Donnel.
Estuve unos meses a su lado y nunca entendí por qué me habían separado de mis padres si era más que evidente que esa nueva familia no me quería —respiró profundamente y miró por la ventana durante unos segundos.
¿Sabes qué fue lo peor? Haber creído que me habían adoptado, porque si hubiera sabido desde el principio que no era así, habría podido acudir a otra trabajadora social para que me sacara de ahí por maltrato.
—¿Entonces nunca te adoptaron?
—No. Lo descubrí por casualidad un día cuando hablaban sobre empezar los trámites, y no dudé en irme lejos, así que empecé a planear todo para hacerlo.
—Y cuando lo supiste, ¿por qué no fuiste con la trabajadora social?
—Las cosas de pronto se pusieron muy feas y tuve mucho miedo de lo que pudiera pasarme, tanto así que terminé dejando mi plan de lado y con ayuda de Angelina, quien es hija adoptiva de ellos y la única que siempre fue buena conmigo, me fui a mitad de una noche.
—Guau… Eso se parece en cierto modo a lo que viví —exhaló con fuerza—. ¿Y por qué creías que te habían adoptado?
—Porque desde el primer día me dijeron que me olvidara de los Anderson, que yo ya era un O'Donnel, que ellos eran mis padres, esa era mi familia y cosas así.
—¡Vaya! No sé qué decir… Eso apesta.
—Lo sé.
Ambos permanecieron en silencio.
—¿Crees que todavía te estén buscando? Ha pasado mucho tiempo desde que te fuiste y sería absurdo tomando en cuenta que no te querían en realidad.
Y sería más absurdo pensar que te estén rastreando y por eso no puedas comunicarte con los Anderson y ahora estemos haciendo este viaje tan largo.
No me malinterpretes, no me molesta en lo absoluto acompañarte, a lo que me refiero es a que podrías estar en contacto con las personas a las que consideras tu familia y quizá hasta haber regresado con ellas, pero estás aquí complicándote la vida.
—Una vez los llamé y me dijeron que los habían ido a investigar por mi desaparición. Después de eso decidí no tener ninguna clase de contacto con ellos e irme muy lejos. No quería que se metieran en problemas por mi culpa.
—Ahora entiendo.
A partir de ese punto estuvieron hablando de temas al azar hasta quedarse dormidos, despertando al llegar a su destino.
Iban bajando del bus cuando Scott se detuvo y tomó del brazo a su amigo. —Oye, Blaine… Acabo de pensar en algo que obviamente no has tenido en cuenta.
—¿En qué?
—Ahora eres mayor de edad por lo tanto no existe razón para que sigas huyendo de los O'Donnel ya que, aunque te encontraran, no pueden enviarte con ellos.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—Señor —dijo Elliot acercándose a Kurt, quien estaba pensativo en medio del garaje—. ¿Vamos a salir a alguna parte?
—Sí. Alista el auto por favor.
—De inmediato… Disculpe mi intromisión. No me atreví a hacerlo antes, pero, ¿puedo preguntar qué ocurrió con este chico Blaine? Vamos casi a diario a la estación y a pesar de eso, siempre está muy callado y lo noto algo decaído. ¿Acaso se negó a su ayuda?
—Tenías razón.
—¿En qué cosa?
—Se fue. Ese día no llegó y en todo este tiempo tampoco lo ha hecho.
—Pero, usted sigue yendo… ¿Por qué?
—No lo sé. Creo que tenía la esperanza de que volviera. Sin embargo, hoy será la última vez que vaya.
—Entiendo.
El trayecto fue largo y silencioso, como se había hecho costumbre, y aunque Hummel seguía encontrando interesante lo que veía, no se sentía motivado.
Se bajó del auto y recorrió el camino ya conocido, notando con sorpresa que un grupo de malabaristas se encontraba en el espacio que solía utilizar aquel chico de mirada soñadora.
Bien, era definitivo. Blaine se había ido, y él no regresaría a la estación.
De pronto el acto lo atrapó, haciéndolo sonreír… Tal vez volvería, pero no con la misma frecuencia. Aquellos jóvenes eran sorprendentes, sin embargo, le faltaba ese algo inexplicable que sentía cuando escuchaba a cierta persona cantar.
Tras aplaudir y dejar una contribución en el sombrero de una de las chicas, se disponía a retirarse cuando alguien le tocó el hombro.
—Disculpe…
Kurt volteó y sus ojos se abrieron con total sorpresa.
—¡Blaine! —fue casi como un susurro.
—¡Hola! —dijo con alegría y una hermosa sonrisa— Estuve ausente un tiempo y estoy avisándoles a las personas que solían escucharme cantar que ya volví, y si aún están interesadas, ahora me ubico en el lado de allá —señaló hacia una esquina.
—¿Ah? ¿Qué? —no podía creer lo que estaba sucediendo. Tantos días buscándolo y esperándolo y ahora este estaba frente a él sonriéndole y hablándole.
—Si no quiere, está bien. No es mi intención molestarlo. Es sólo que lo he visto seguido entre las personas que se reúnen a escucharme, por eso me atreví a acercarme.
—¡Oh! ¡Sí! —sonrió sinceramente— Me tomaste por sorpresa… ¡Por supuesto que sí! ¡Vamos!
—Genial —volvió a sonreír—. Me gusta su entusiasmo —dijo mientras caminaban al lugar indicado—. Y le agradezco que haya venido.
—Ah… Claro… E-eres increíble.
—Gracias.
—¿P-puedo preguntar por qué te ausentaste?
—Estuve enfermo, pero ya me recuperé.
—¡Oh! ¿Y seguro estás bien?
—Sí, sí. Gracias. Es muy amable por preguntar.
—No me hables de usted. No hay muchos años de diferencia entre nosotros.
—Ah… Sí, claro —se detuvo súbitamente y se dio la vuelta para quedar frente al de ojos azules—. Es un poco injusto —dijo casi como protesta, pero de una manera que al diseñador le pareció adorable.
—¿Qué cosa?
—Sabes mi nombre, pero desconozco el tuyo.
—Oh… Es cierto —negó con la cabeza mientras hacía un gesto—. Soy Kurt Hummel.
—¿Hummel? ¿Como los de industrias Hummel?
—Sí. ¿Y tú eres…?
—Sólo Blaine.
—Bien. Entiendo —continuó caminando mientras intentaba comprender lo que estaba ocurriendo. El día que había decidido ir por última vez este chico se presentaba y ahora le estaba hablando como si se conocieran de toda la vida. ¿Acaso había sido el destino?
Así que, Blaine, ¿seguirás cantando aquí?
—Sí —se detuvo y giró acomodándose la guitarra que llevaba en la espalda para que quedara hacia el frente—. Todo el tiempo que sea posible… ¿Vas a seguir viniendo?
—Siempre.
