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CAPÍTULO 8:
"Días de confusión"
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La relación entre Kurt y Blaine, tras su primer encuentro, se estaba dando de forma natural.
Cada día Hummel iba a la estación del metro para ver la presentación del chico, y no dejaba de maravillarse por su talento, razón por la cual se sorprendió cuando este se negó a aceptar la ayuda de un representante.
Habían empezado también a tener pequeñas pláticas sobre temas trascendentales, aunque sin importar de qué se trataran, terminaban con los dos sonriendo ampliamente y esperando por un nuevo encuentro.
—¿Así que trabajas en una panadería? —preguntó el mayor mientras caminaban por la estación.
—Sí. En las mañanas.
—Pensé que te dedicabas a cantar.
—Me gusta cantar, pero no puedo hacer sólo eso. ¿Sabes lo caras que son algunas cosas o lo que cuesta un alquiler y la comida? Sería complicado vivir con lo que me dan aquí.
Hay días buenos, como hoy, pero hay otros en los que a lo mucho dos o tres personas colaboran. Así también, hay quienes dejan un poco más de dinero y quienes dan menos, pero lo entiendo porque cada uno aporta con lo que quiere o puede.
—No tenía idea de que fuera de esa forma.
—Lo es.
—¿Y por qué vienes a cantar entonces?
—Porque me gusta, porque alegro a las personas y porque cada centavo que consigo cuenta.
—¡Oh! Claro. Comprendo y estoy de acuerdo. Todo el dinero que pueda ingresar es importante, y más en tu situación —abrió los ojos preocupado por sus palabras—. Lo siento. No era mi intención ofenderte. Hace unos días me dijiste que tu vida era algo complicada y…
—Descuida, no has dicho nada malo. Y sí, hay días más difíciles, pero aquí sigo dando lo mejor en todo momento.
—Eres sorprendente.
—No lo soy.
—Te aseguro que sí, Blaine. No tengo mucho tiempo de conocerte, pero puedo afirmar que cada día me impresionas más.
—Gracias —dijo con una sonrisa radiante—. ¿Y tú a qué te dedicas?
—Al diseño y decoración de interiores, pero soy independiente.
—¿Diseñar y decorar no son lo mismo acaso? ¿Y qué quiere decir lo de independiente?
—Las personas suelen confundir los términos, pero significan diferentes cosas. Como diseñador creo espacios adecuados según las necesidades o requerimientos de los clientes, mientras que, como decorador, tal como su nombre lo indica, me encargo de la decoración de los lugares.
Hay quienes desean todo el paquete y quienes buscan uno de los dos servicios únicamente. Por ejemplo, a comienzos del año construí una sala para meditación y relajación que me pidieron, y hace poco me contrató una señora para que cambiara todo el estilo de su casa.
—Oh… Ya entendí. Debe ser emocionante poder crear espacios o darle vida a un lugar.
—Lo es. No tienes idea de lo mucho que me apasiona. Soy una persona muy creativa y amo lo que hago.
—Estoy seguro que todos tus proyectos llevan un toque único y especial.
—Gracias —sonrió—. Me esmero mucho en eso.
—No creo que necesites esforzarte tanto porque es parte de ti ser especial.
—Ah… Gracias —se sonrojó.
—Y lo de ser independiente, ¿cómo funciona?
—Ser independiente significa que trabajo por mi cuenta y no para alguien más.
—Entonces eres tu propio jefe.
—Así es.
—Eso es genial.
La plática continuó hasta que llegaron a la parada de buses donde Blaine se quedaba.
—Me gustaría que pudiéramos conversar por más tiempo —dijo el de ojos claros—, pero siempre estás apurado.
—A mí también me gustaría, sin embargo, no puedo quedarme porque tengo que trabajar.
—A la panadería vas en la mañana.
—Sí, pero martes, jueves y sábado trabajo en un restaurante por las tardes.
—¿En un restaurante también?
—Sí.
—Vaya… ¿Qué hay de mañana?
—Los miércoles y domingos hago cosas variadas como pasear perros, cortar césped, lavar autos, limpiar casas… Lo que sea que se presente.
—¿Por qué tantos trabajos?
—Te lo dije, las cosas no son fáciles.
—Tienes dos salarios ya y vienes aquí a diario. Entiendo que a veces no haya mucha cooperación, pero, ¿realmente necesitas todos esos extras?
—Si no fuera así no lo haría, porque créeme, Kurt, es muy cansado.
—¿Y cuándo estudias? Me dijiste que lo hacías.
—En mi tiempo libre.
—¿Cuál? ¿Y en qué momento asistes a clases?
—Amm… Eee… No voy.
—¿Cómo que no vas? ¿Por qué? ¿Entonces cómo haces?
—Ahí viene mi bus. Tengo que irme.
—Ah… Sí, seguro. Te veo mañana.
—Hasta mañana, Kurt.
—Que tengas una excelente tarde.
—Gracias. Tú igual.
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—¿A qué se debe esa sonrisa? —preguntó Scott acomodándose en su cama— Desde hace un tiempo que te veo muy feliz, pero por mi absurdo horario no habíamos podido conversar.
—Conocí a alguien.
—Blaine Anderson, ¿cómo te atreves a no contarme? ¿Dónde? ¿Cómo fue?
El chico sonrió ante la mención del apellido. Desde que había compartido con su amigo aquella parte de su historia personal, este le había dicho que era y siempre sería un Anderson, y en todo momento lo llamaba así.
—Como dijiste, no se había presentado la ocasión para conversar —se mordió ligeramente el labio—. Lo conocí en la estación del metro. Es una de las personas que se queda a escucharme cantar.
—Uy… Es un chico… Con razón andas tan feliz. Y me parece que se queda a más que eso.
—¿Qué?
—¿Ya te besó?
—¡No! ¿Cómo crees? Somos amigos…. Bueno, eso supongo.
—¿Amigos? ¿Nada más?
—Tenemos poco tiempo de conocernos y las cosas van bien hasta ahora. Me gusta que sea así.
—¿Y él te gusta?
—Mucho.
—¡Lo sabía! ¡No me puedes engañar! Esa sonrisa te delata.
—Me gusta en distintas formas.
—Eso quiere decir que no es atractivo.
—Sí lo es. Bastante.
—¿Entonces?
—De una persona pueden gustarte muchos aspectos como su personalidad, su forma de hablar o de pensar, su carácter, la manera en que trata a los demás y un largo etcétera.
—Suenas a mi abuelito.
—¡Oye! —le lanzó la almohada en señal de protesta.
—Está bien, te gusta todo lo que tiene que ver con él… ¿Eso incluye lo físico?
—No puedo negar que Kurt es muy guapo, pero va más allá de eso.
—Entonces no te gusta físicamente.
—Que sí. Lo único que quiero es que entiendas que me atrae de diferentes formas.
—Mmm… A veces creo que eres un poco raro. Entiendo que las personas mayores se enfocan en cosas como esas, pero a nuestra edad lo único que importa al conocer a alguien que nos gusta es si nos sentimos atraídos mutuamente y lo que pueda pasar a partir de ese punto.
—No todos pensamos igual, Scott. Para mí son importantes otras cosas.
—Y luego te ofendes cuando digo que hablas como mi abuelito —Blaine negó con la cabeza y le sacó la lengua como si fuera un niño— En fin, ¿y cuándo crees que las cosas empezarán a ponerse interesantes?
—Ya te dije que no hace mucho lo conocí, y me gusta la amistad que se está formando entre nosotros.
—Oh… —dijo con cierta desilusión— Eso quiere decir que es hétero.
—No lo sé. ¿Piensas que a cada persona que conozco le pregunto por sus gustos o preferencias?
—No necesariamente. Pero hay a quienes se les nota de inmediato.
—Pues no lo sé.
—¿Ha mostrado algún interés en ti?
—Por tercera y última vez, Scott, Kurt y yo somos amigos. ¿Qué parte de eso no has entendido?
—Bien, bien… —levantó las manos en señal de rendición— Cuéntame acerca de él.
—Es inteligente, amable, divertido, dulce, alegre y generoso.
—¡Vaya! Y eso que llevas poco tiempo de conocerlo.
—Son virtudes que demuestra a diario.
—¿Y a qué se dedica?
—Es diseñador y decorador de interiores.
—¿Y no es lo mismo?
—No, son dos cosas distintas —le explicó brevemente la diferencia.
—El sujeto es rico.
—¿Rico?
—Así es. ¿Tienes idea de lo que ganan las personas que se dedican a eso?
—No.
—Una vez vi un programa sobre las profesiones y su rentabilidad, y los decoradores cobran mucho dinero por decirte que pintes las paredes de un color, colocarte una alfombra o acomodar tus muebles, y más si ellos diseñan partes de tu casa.
—No tengo idea de eso, pero sí se nota que tiene una buena posición económica, aunque no es algo que me interese.
—¿No te interesa? Blaine, tienes un amigo con dinero —sonrió—. Esos son muchos beneficios.
—¿Beneficios?
—Claro. Ya que él no tiene problemas económicos, puedes…
—¡Estás loco si piensas que voy a aprovecharme de Kurt de alguna forma!
—No he dicho que te aproveches de él, sin embargo, podrías pedirle algún favor cuando sea necesario.
—No voy a hacer eso.
—Como dice don Giuseppe: "Jamás afirmes de esta agua no beberé, porque no sabes lo que te depare el futuro".
—Es verdad en cierta medida, pero cada uno se conoce y sabe de lo que es capaz o no.
—La necesidad puede llevarte a hacer cosas que jamás pensaste, Blaine, y te lo digo por experiencia.
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—¿Qué ocurre? —preguntó Giuseppe al joven de rizos escondidos bajo la malla— Te he notado algo decaído.
—No es nada… —levantó los hombros— Tonterías.
—Si fuera una tontería no estarías así. Puedes confiar en mí, Blaine.
—Conocí a alguien —exhaló con pesadez—, y creí que nos estábamos convirtiendo en amigos, pero se alejó por algo que dije sobre mí que no le gustó… o al menos eso pienso.
—¿Y por qué lo piensas?
—Porque me preguntó cosas de mi vida y pude notar sus gestos ante mis respuestas.
—¿Se enojó?
—No, pero parecía confundido y tal vez desilusionado. No estoy seguro. Mi bus llegó en ese momento y ya no pudimos seguir hablando —bajó la mirada.
—¿Te dijo algo que te incomodó?
—No lo he vuelto a ver desde entonces.
—¿Cuándo fue eso?
—Hace cuatro días.
—No es tanto tiempo. No tendrías por qué preocuparte.
—Iba a verme a diario y luego de esa plática, dejó de hacerlo.
—¿Le has preguntado el motivo? Porque quizá está ocupado y tú estás complicándote en vano.
—No he sabido nada de él.
—Mándale un mensaje.
—No puedo.
—¿Por qué?
—No tengo su número.
—¿Cómo es eso posible? Ustedes los jóvenes lo primero que hacen es pedir el número de las personas a las que conocen y luego se la pasan en esos aparatos conversando como si no hubiera…
Por cierto, me llama mucho la atención no haberte visto nunca con un teléfono. Está muy bien que no lo uses mientras trabajas, pero tienes un descanso y están esos momentos en los que no hay clientes, sin embargo, no haces uso de este, lo cual me parece muy extraño.
—No tengo teléfono —dijo con un suspiro.
—¿Por qué?
—Tenía uno y me lo robaron.
—Lamento escuchar eso. ¿Estás bien?
—Sí, eso fue hace tiempo.
—¿Y por qué no has comprado otro?
—Son costosos.
—Hay celulares económicos. Nadie dice que tienes que comprar uno de esos modernos que por poco y juzga cada cosa que haces, porque ahora ya hasta hablan por medio de esas funciones tan raras que traen. Sin embargo, sí es importante que tengas un teléfono, y te lo dice este viejo que no es fanático de esos aparatos.
—Mantenerlos es caro.
—Debe haber algún plan que puedas pagar, o eso que anuncian que le pones el tiempo que necesitas o algo así. La verdad es que no entiendo de esas cosas, sólo sé que deberías conseguir un teléfono.
¿Cómo te comunicas con alguien en caso de una emergencia, por ejemplo?
—Cuando tengo que hablar pido prestado el de la recepción del edificio donde vivo.
—Supongo que ese es el número que me diste cuando te contrate —Blaine asintió—, pero, ¿y si estás en otro lugar?
—Encuentro la forma de comunicarme.
—Yo nada más te estoy aconsejando, si lo tomas o no, es tu decisión, muchacho. No puedo obligarte, pero sí te digo que lo pienses.
Y volviendo a lo de la persona que conociste, si se aleja por algo que es parte de ti o de tu vida, entonces es lo mejor, ya que a quienes les importas de verdad te valoran por todo lo que eres, con virtudes y defectos, con errores y aciertos.
—¿Y qué pasa si tiene una situación económica diferente y no le agrada que yo…?
—Entonces debes sentirte agradecido de que se alejara porque las personas son mucho más que el dinero o las cosas que puedan tener, y si no es capaz de verlo, no merece tenerte en su vida. La situación económica no da o resta valor, y tú vales mucho, Blaine —le palmeó la espalda—. Nunca lo olvides ni lo pongas en duda por nadie.
—Muchas gracias don Giuseppe —sonrió sinceramente.
—Sólo te estoy diciendo la verdad. Ah… y ya que no tienes un celular para comunicarte con esta persona y preguntarle el motivo de su ausencia, no te queda más que esperar a que regrese, y si no lo hace, sabrás que era alguien que no lo valía.
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Kurt estaba en sentado en el costado de la cama pensando cuando unos brazos lo rodearon por la cintura.
—Te extrañé mucho —dijo Dante besándole el costado del rostro y fue descendiendo hasta llegar al cuello—. Extrañaba verte, hablar contigo, sentirte —sus manos fueron deslizándose a lo largo del pecho de este acompañadas por más besos—. Me hacía falta tu olor, tu calor, tu sabor.
—Detente, por favor.
—¿Por qué? —empezó a desabotonarle la camisa.
—Porque no estoy de ánimos.
—Puedo encargarme de eso —intentó recostarlo sobre la cama.
—Ya te dije que no quiero.
—¿Qué es lo que te ocurre, Kurt? Hace cuatro días que regresé y sólo lo hemos hecho una vez.
—No me ocurre nada, simplemente no tengo ganas.
—Antes no podíamos quitarnos las manos de encima. Cualquier lugar y momento era bueno para…
—¿Por qué es tan difícil para ti entender cuando no estoy de ánimos? No puedo estar siempre a tu voluntad.
—¿Mi voluntad? Recuerdo bien que eso no era lo que decías antes. Es más, tú eras quien lo iniciaba muchas veces y yo bromeaba diciéndote que iba a tener que empezar a tomar vitaminas para poder llevarte el ritmo.
¿Es acaso porque llegué a los treintas? ¿Ahora soy muy viejo para ti? ¿Ya no te resulto atractivo?
—No digas tonterías.
—¿Entonces qué es? —elevó la voz— ¿Qué ha cambiado?
—¡Tú cambiaste!
—¿Yo? —sus ojos se entrecerraron con rabia y se levantó de la cama furioso— Tú eres el que está distante, ¿y yo soy el que ha cambiado? —gritó.
—¿Te das cuenta? —elevó la voz— Ni siquiera podemos hablar como dos personas civilizadas porque enseguida te alteras.
No eras así, Dante. Solías ser la persona más dulce, cariñosa y comprensiva. Cuando te decía que no, lo aceptabas tranquilamente, pero ahora crees que es mi obligación complacerte.
—¿Todo esto porque quiero tener sexo contigo?
—¡No se trata de eso! Aunque parece que fuera lo único en lo que piensas —su voz de quebró ligeramente.
Prometiste tantas cosas que sigo esperando que cumplas, y ya no puedo más.
—Te pedí que fueras conmigo a Italia y te negaste. Era una gran oportunidad para…
—¿Para qué? ¿Para que fuera el mismo fiasco que en Hong Kong? Además, según tú sólo tenías un par de juntas que atender y luego te dedicarías a mí, sin embargo, mientras estuviste allá ni siquiera tuviste tiempo para atender mis llamadas o contestar mis mensajes.
Mientras tanto, yo aquí me la pasaba justificándote y tratando de convencer a otros y a mí mismo de que todo estaba bien.
—Admito que las cosas no fueron como había pensado, pero he estado intentando compensártelo desde que llegué.
Te compré mucha ropa exclusiva hecha a tu medida por uno de los más reconocidos sastres de allá. Te traje un costoso anillo con tus iniciales grabadas. Hay una maleta entera llena de obsequios que ni siquiera has abierto.
—¿Y crees que esa es la forma de solucionar todo? —negó con la cabeza y los ojos cerrados— Cada día te pareces más a tu padre.
—¡Esas ideas te las mete el estúpido de Trevor! —volvió a gritar— ¡Él es quien te pone en mi contra y te envenena!
—¡No lo involucres en esto! ¿Crees que él puede cambiar lo que siento? ¿O es que acaso piensas que es el único que se ha dado cuenta que soy un plato de segunda mesa para ti?
—¡No es así! Todos saben muy bien que somos…
—Una pareja ejemplar y perfecta.
