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CAPÍTULO 9:

"Hay batallas que pelear"


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Kurt caminaba por el jardín con un cigarrillo en la mano. Estaba siendo iluminado por la luna mientras exhalaba el humo suavemente.

Los pensamientos corrían veloces en su mente impidiéndole conciliar el sueño una noche más. De pronto una voz a lo lejos llamó su atención.

"No puedo hacer nada… Lo sé, pero esto… Sí, sí…"

Se trataba de Elliot, quien hablaba por teléfono y evidentemente estaba alterado por algo.

Kurt sabía que no era correcto quedarse a escuchar, sin embargo, no pudo evitar hacerlo ya que nunca lo había visto en ese estado, el cual era clara evidencia de que algo le ocurría.

"Trata de entender, por favor…" —realizó varias respiraciones profundas mientras escuchaba a su interlocutor— "No puedo darme el lujo de perder mi empleo."

¿Perder su empleo? —Kurt frunció el ceño ante eso— ¿Por qué iba a perderlo? Elliot no sólo era un excelente chofer sino también una gran persona por quien sentía mucho afecto, y en los últimos meses incluso se había convertido en algo así como su confidente.

"Cariño… Lo entiendo bien, pero… Amor, ponte en mi lugar por un instante…"

Tal vez no debía seguir escuchando. Era un asunto de pareja, así que lentamente y sin hacer ruido fue retrocediendo y continuó su camino llevando el cigarrillo a sus labios repetidas veces hasta que no quedó nada de este.

—Buenas noches, señor —dijo alguien de forma suave.

Hummel volteó y a escasos metros se encontraba aquel hombre de 1.85, con cabellera negra como la noche, la cual hacía resaltar sus ojos azul verdosos, aun con la poca luz del lugar.

Sin duda alguna era atractivo, y en más de una ocasión se había cuestionado qué hacía trabajando para él como chofer en lugar de ser tal vez un modelo.

—Buenas noches, Elliot.

—Disculpe mi atrevimiento, señor, pero, no debería fumar. No es bueno para su salud.

—Lo sé —suspiró.

—Pensé que lo había dejado.

—Lo hice, sin embargo, estoy muy tenso y es lo único que me ayuda a calmarme.

—Hay otras formas de relajarse.

—Mientras camino por el jardín, no lo creo.

—¿No puede dormir?

—Me resulta imposible —exhaló pesadamente por la nariz.

—¿Tiene problemas?

—Es… No son problemas, es que… Ya no sé cómo llamarlos.

—¿Puedo hacer algo por usted?

—No lo creo, pero gracias.

—¿Tal vez desea compañía?

—Ah… Sí, sí. Eso estaría bien.

Empezaron a caminar juntos en silencio por el extenso jardín y al cabo de unos minutos Kurt se encontraba sacando una cigarrera elegante de su bolsillo y tomando de ella otro cigarrillo.

—Señor, no lo haga. Ya fumó suficiente.

—¿Qué?

—Si no lo había hecho en un tiempo, debió estar llena —miró la caja metálica—, ¿o me equivoco?

—Ah… sí. Lo estaba.

—Faltan tres, y con el que acaba de sacar, cuatro. Son demasiados para una noche. No los necesita.

—Tú también fumas —dijo en tono acusatorio—. Te he visto hacerlo.

—Tal vez en un descuido cuando me iba a mi casa, porque jamás lo hice en horas de trabajo, no obstante, hace dos años que lo dejé, señor, y no he vuelto a tocar ni uno solo.

—Lo siento… Es… No sé qué me pasa…

—Está bien. No se preocupe.

—No había fumado en casi un año.

—Comprendo, pero no tiene por qué volver a hacerlo.

Kurt soltó el aire lentamente y le entregó la cigarrera.

—Si Trevor supiera de esto me estaría dando un sermón —hizo un gesto—. Mantenla lejos de mí, por favor.

—Así lo haré, pero falta uno.

—No voy a encenderlo —lo colocó con cuidado en el bolsillo de su camisa.

—¿Seguro que quiere tenerlo?

—Sí.

—Es una tentación.

—¡No es tu maldito problema! —elevó la voz— Lo siento tanto… No quise…

—Descuide.

—No. No es correcto así que no me justifiques —empezó a caminar en círculos—. Hoy le llamé la atención a Margarita sin ninguna razón y fui grosero con Bruce, ahora a ti te estoy gritando… No soy así.

—Lo sé, señor, y ellos también.

—Me siento tan mal… De verdad lo lamento, Elliot.

—Créame que lo sé.

—¿Qué me está pasando? —cubrió su rostro y empezó a frotarlo con desesperación.

El chofer llevó lentamente una mano hacia el hombro de su patrón y con duda la asentó ahí, moviéndola ligeramente. Cuando este descubrió su rostro y lo miró, la retiró de manera veloz.

—Discúlpeme.

Hummel negó ligeramente con la cabeza y fue acercándose hasta eliminar la distancia y apoyarse en Elliot, quien sorprendido por lo ocurrido no sabía cómo actuar, pero lentamente fue cubriéndolo con sus brazos esperando estar haciendo lo correcto.

»Tranquilo, señor, intente calmarse. Todo estará bien, se lo prometo —comenzó a frotarle la espalda—. Sin importar qué tan difíciles sean las cosas, siempre hay una manera de solucionarlas.

¿Qué tal si vamos a la casa y…?

—No. No puedo entrar a ese lugar… Quiero quedarme aquí. Necesito aire puro.

—¿Le parece si vamos al gazebo?

—S-sí. Bueno —se separó y miró hacia un costado sintiéndose avergonzado—. Perdón por esto, Elliot, mi comportamiento es reprochable.

—No diga eso. Para mí es siempre grato poder ayudarlo en cualquier forma.

—Gracias. Eres una persona muy buena.

—Usted también, y honestamente, me duele verlo así.

Kurt suspiró esbozando una sonrisa minúscula. Tras eso caminaron en silencio hasta llegar al gazebo en donde el de dueño de la casa se sentó, dándole una mirada a su acompañante para que hiciera lo mismo al notar que este no tenía intención de ello.

—No, señor. No debo.

—Por favor.

Con un suspiro el hombre de oscura cabellera se sentó esperando a que su jefe dijera algo o que sólo se relajara.

Kurt cerró los ojos durante varios segundos. Quería hablar con alguien que fuera neutral en toda esa situación y que no tuviera juicios previos. Una persona que simplemente lo escuchara sin darle sermones o consejos que no pedía.

Una plática acerca de Dante con Trevor y Bernard no era factible ya que ambos estaban en contra del magnate, por lo tanto, totalmente parcializados, y cada vez que tocaba el tema ellos lo llenaban de consejos, y no es que no lo agradeciera, sabía que sus amigos se preocupaban por él, y los adoraba, pero había ocasiones en las que sólo necesitaba desahogarse.

En cambio, con Elliot era distinto y por eso estaba dispuesto a abrir su corazón. Este lo había escuchado atento en diferentes ocasiones y jamás había emitido un juicio sin que se lo hubiera pedido. Quizá el ser mayor lo había vuelto una persona más cauta y sabia que sabía cuándo callar y cuando su opinión era necesaria.

Con un nuevo suspiro lo miró y sintió su corazón golpear con fuerza contra su pecho. Habían hablado de tantas cosas antes, aunque nunca nada como lo que estaba a punto de decirle.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Blaine se encontraba en su cama leyendo un libro de filosofía, el cual le resultaba interesante.

No sólo le gustaba mucho leer, sino que cada día intentaba aprender algo nuevo y que fuera útil para su vida, así como también incrementar sus conocimientos generales.

La primera vez que Scott lo vio con aquel libro se burló y le dijo que era absurdo que perdiera su tiempo leyendo, más aún algo como eso, en lugar de estar haciendo algo que le sirviera para en el futuro conseguir un mejor trabajo.

Cuando le explicó que le gustaba aprender sobre todo tipo de cosas para llegar a ser una persona más culta, lo cual también era importante para su futuro, su amigo soltó una carcajada tachándolo de nerd y raro.

¿Acaso lo era? ¿Un chico de su edad no podía tener interés en aprender tanto como pudiera? ¿Qué había de malo con leer?

Incluso había comprado un cuaderno donde realizaba ejercicios de gramática, matemáticas, ortografía entre otras materias, el cual tenía oculto porque estaba seguro que si Scott lo encontraba en algún momento, jamás lo dejaría tranquilo.

La puerta se abrió con fuerza súbitamente, haciéndolo saltar.

—¡Estoy harto! ¡No puedo más!

—¿Qué pasó? —Blaine se preocupó al instante, no sólo porque su amigo entró refunfuñando sino también porque a esa hora, aunque era cerca de la media noche, este debería estar en su trabajo.

—Terminé mi turno en las noches y por fin volví al de la mañana, pero como Rory se enfermó me mandaron a cubrirlo aun cuando había más empleados que podían hacerlo. Sin embargo, no me quejé y lo he estado haciendo durante estos días. Eso ya lo sabías.

Bueno, se suponía que mañana Rory se reintegraría… y sí, lo va a hacer, pero, ¿qué crees?

—No tengo idea.

—El idiota de Mika lo manda a la mañana y a mí me deja en la noche otra vez.

—Pero si ya realizaste tu turno.

—Eso no es lo peor, Blaine, sino que me va a dejar en la noche permanentemente.

—¿Por qué? Se supone que tienen turnos rotativos.

—Porque me odia. Cada día encuentra un motivo diferente para molestarme, llamarme la atención, gritarme o insultarme.

Hago bien mi trabajo, pongo todo mi empeño en ello, soy atento con los clientes; hasta con los que no lo merecen. ¿Qué más quiere de mí?

—No sé qué decir. No entiendo por qué se comporta así contigo.

—Hoy se pasó fastidiándome todo el tiempo y como si fuera poco me dijo que era un indigente apestoso y un ladrón muerto de hambre —sus ojos reflejaban toda la rabia que estaba sintiendo mientras sus puños se iban cerrando con fuerza.

—¿Por qué te dijo esas cosas? —se levantó de la cama y se acercó a su amigo— ¿Qué le pasa? ¿Se volvió loco acaso?

—Según él, le faltaba dinero y dijo que yo lo había tomado. Ni siquiera revisó la caja, simplemente me acusó.

—¿Por qué?

—Porque vio a través de la cámara que guardaba dinero en mi bolsillo, así que hizo un escándalo y hasta llamó a seguridad para que me registrara.

—Eso es horrible. Ese hombre está loco. ¿Cómo va a hacer tal cosa?

Eh… ¿dijiste que guardaste dinero en tu bolsillo?

—Una señora al momento de pagar lo que había comprado me dijo que el cambio era para mí, así que guardé el valor correspondiente y tomé el resto.

Mika vio eso en el video y ni siquiera me preguntó o revisó la caja, sino que empezó a insultarme.

Intenté explicarle, pero fue inútil. Afortunadamente quien estaba de guardia era Tom y se negó a registrarme porque no era legal. Si hubiera estado Marco, se me habría lanzado encima sin importarle nada.

Mika se enojó más e intentó arrinconarme para revisarme, y fui ahí donde perdí el control, lo empujé y empecé a devolverle los insultos.

—Lamento tanto que las cosas se pusieran así de feas.

—Y todo delante de unos clientes. Ha sido uno de los momentos más humillantes de mi vida.

—Scott… qué terrible momento, pero recuerda que…

—No me digas una de tus frases motivadoras porque no estoy de ánimos para escuchar esas tonterías —refutó con molestia.

Blaine estaba a punto decir algo cuando se quedó estático al presenciar lo que creía imposible. Scott estaba llorando, lo cual le produjo una gran opresión en el pecho.

Su amigo siempre era firme, de carácter fuerte, nada le afectaba o lo perturbaba… Al menos eso aparentaba, pero ahora se daba cuenta de que aquello no era más que una máscara.

—S-sólo te voy… a decir que…

—Renuncié.

—¿Qué?

—Renuncié. En medio de la discusión mandé todo a la mierda. Sé que necesitamos el dinero, pero no puedo soportarlo más.

Lo siento, Blaine, tenía que hacerlo porque…

—No te preocupes —lo abrazó sintiendo claramente la tensión del chico—. Hiciste lo correcto. Nadie merece ser tratado de esa forma.

—Pero…

—Yo me haré cargo de todo hasta que consigas algo.

—No, Blaine. No puedes enfrentar todos los gastos.

—El objetivo de tener varios empleos es poder ahorrar un poco de dinero en caso de una emergencia.

—Eso lo estabas guardando para tu futuro, alguna emergencia y para poder ir a ver a tus padres en algún momento.

—Y para las situaciones que lo ameriten, y esta lo es.

—Blaine…

—Tranquilo, Scotty, yo puedo con esto. Soportaste demasiadas cosas en ese lugar y mereces un poco de tranquilidad.

—Gracias —lo abrazó aferrándose a él—. Te quiero, ¿sabes? Tal vez no te lo he dicho antes, pero te quiero.

—Yo también te quiero, y te prometo que vamos a superar esto. Hemos salido adelante hasta ahora y lo seguiremos haciendo.

—¡Mierda! —exclamó furioso de pronto y se soltó del agarre— ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

El joven de rizos abrió los ojos ampliamente del susto.

—¿Qué pasa?

—¡Mañana es día de paga y ese imbécil no me va a dar mi dinero!

—Bueno, tal vez si…

—¡No, Blaine! ¡Ni siquiera se te ocurra decir que tal vez lo haga porque conozco bien a ese desgraciado y no me va a dar mi dinero!

Empezó a caminar en círculos por el lugar mientras pensaba.

»Cuando se vaya a comer, entraré y tomaré de la caja…

—¿Qué? ¡No! ¿Cómo se te ocurre? Llegaste furioso porque ese sujeto te culpó de robo, ¿y es lo que vas a ir a hacer mañana? ¿Qué te pasa?

—¡No voy a robar, Blaine! —elevó la voz— ¡Es mi dinero! ¡Trabajé muy duro y aguanté muchas cosas para que ese idiota se quede con lo que me corresponde!

—Entiendo eso, pero si vas y lo tomas a la fuerza o…

—No será así. Ya te dije que cuando ese idiota se vaya a almorzar, entraré y hablaré con… Mañana… Mañana… —se puso a pensar por un instante — le toca a Karen estar a cargo. Estoy seguro que entenderá y…

—No puede darte dinero de la caja, Mika pensará que lo robó.

—¡Mierda! Entonces lo tomaré y ya.

—No lo hagas, Scotty. Créeme que entiendo lo mucho que te enfurece esta situación, pero Mika te mandaría a la cárcel sin contemplaciones.

—Entonces llamaré a la policía para… No me creerían, ¿cierto? Después de todo, ¿por qué iban a creerle a alguien como yo. No es justo, Blaine. No es nada justo.

—Lo sé, y no te imaginas cuánto lamento que estés pasando por esta situación —se acercó lentamente y lo rodeó con el brazo por encima del hombro—. La vida se encargará, Scotty, aunque no lo creas. Tarde o temprano todo lo que hacemos regresa a nosotros.

—¿Cuándo, Blaine? ¿Cuándo tendremos un momento de tranquilidad? Somos buenas personas y no le hemos hecho daño a nadie, pero la vida sigue tratándonos mal.

—No puedo responderte eso, pero si te prometo que todo mejorará.

—Hay que pagar el alquiler, comprar comida, ir a…

—No te preocupes más que yo me encargaré de los gastos.

Scott abrazó a su amigo sintiéndose agradecido por tenerlo y sabiendo que no podía dejarle todo el peso sobre su espalda. No dudaba que Blaine lo ayudaría, sin embargo, no consideraba que fuera justo que lo hiciera, por lo tanto, iba a idear un plan rápido para conseguir el dinero que Mika le debía.