.
CAPÍTULO 11:
"Emociones divididas"
.
Blaine curaba con cuidado las heridas de Scott, quien empezaba a quedarse dormido en medio de quejidos.
Todavía no podía creer que lo hubiera encontrado en aquel estado, y se sentía muy preocupado porque este no recibiera ninguna atención médica ya que no tenía seguro, e ir a un hospital privado era demasiado costoso.
Al escuchar otro sonido de dolor, todavía más profundo que el anterior, movió a su amigo suavemente del hombro.
—Scott…
—¿Ah?
—Voy a buscar a un médico, quieras o no.
—No podemos… darnos ese lujo —dijo con dificultad.
—A alguien he de encontrar que nos ayude. Iré al refugio a averiguar, a veces hay médicos ofreciendo su servicio.
—N-no es… necesario —respiró lentamente, sujetándose alrededor de las costillas.
—¿Cómo que no es necesario? Estás mal. Puedes tener alguna fractura, algún tipo de lesión o…
—Estoy bien.
—Claro que no.
—Si tuviera algo roto… lo sabría.
—¿Qué? ¿Ahora eres médico?
—No, pero… ya he pasado por esto antes… y puedo diferenciar el dolor.
—¿Cómo que ya has pasado por esto antes?
—Ahora no quiero hablar… Necesito dormir… En un par de días… me habré recuperado.
—Scott…
—No, Blaine… Lo que debes hacer es descansar.
—No puedo estar tranquilo sabiendo que…
—Estoy bien… Gracias por preocuparte por mí… Ahora vamos a dormir un poco.
Blaine miró el reloj que marcaba cinco minutos para la media noche y se acostó sabiendo que conciliar el sueño sería imposible. En su mente repasaba una y otra vez lo que había sucedido horas atrás.
Anderson caminaba con cautela en dirección del supermercado donde su amigo solía trabajar ya que se encontraba un poco desubicado debido a lo oscuro de la zona.
De pronto vio unos arbustos moverse de manera inusual y el temor de que algo le fuera a pasar lo invadió. Si lo asaltaban se llevarían el dinero que don Giuseppe y el Sr. Shapiro le habían pagado, así como lo conseguido en la estación del metro, y eso sería terrible, además del daño físico que podría sufrir ya que estaba consciente de que muchos ladrones no se conforman con robar a las personas sino que van lastimándolas y hasta hiriéndolas de gravedad.
Las opciones que tenía no eran muchas, continuaba por el sendero o cruzaba la calle para ir del otro lado de la acera, donde estaba más oscuro todavía ya que el alumbrado eléctrico no funcionaba.
Lo mejor era continuar por ese lado ya que al menos había cierta visibilidad, pero se bajó de la acera para no estar tan cerca de los matorrales. Aceleró el paso al cruzar cerca de estos, sin embargo, se detuvo súbitamente al escuchar una voz pidiendo auxilio.
¿Y si era una trampa para emboscarlo? Pero, ¿qué tal si alguien en realidad necesitaba ayuda?
Retrocedió unos pasos con su corazón golpeando con fuerza contra su pecho y guardó absoluto silencio al dejar de escuchar ruidos porque estaba seguro que no había sido su imaginación.
—¿Hola? —dijo vacilante.
—Ayúdame… —respondió un hombre.
No podía tratarse de un engaño porque la voz sonaba débil y exhausta.
—¿Qué te pasó?
—Ayúdame…
De pronto notó que aquella voz era extrañamente familiar, pero eso no era posible. Nadie a quien conociera iba a ese lado de la ciudad excepto…
—¿Scott? —su corazón se aceleró aún más y sintió un frío terrible recorrerlo de pies a cabeza— ¿Scott? —se acercó y movió los arbustos encontrando detrás a un hombre en el suelo.
Con agilidad saltó del otro lado y se agachó para auxiliarlo, sintiendo como su garganta se comprimía al reconocer la ropa del sujeto.
»Scott, ¿qué te pasó?
El hombre levantó la cabeza con dificultad. —¿Blaine?
—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Scott! ¡Ay, mierda! V-voy a ayudarte… Tranquilo.
¡Ayuda! —empezó a gritar— ¡Por favor! ¡Alguien ayúdenos! ¡Mi amigo está herido! ¡Ayuda!
Las posibilidades de que alguien acudiera a su llamado eran prácticamente nulas debido a que no había nadie alrededor, excepto por un par de personas que cruzaban a mitad de la calle y que decidieron ignorarlo.
Sin perder más tiempo regresó con su amigo y con dificultad lo ayudó a levantarse. Ir a la parada del bus no era factible ya que Scott apenas lograba mantenerse en pie, así que sólo podían ir hacia la calle principal para tomar un taxi.
Por supuesto el chico mayor se opuso por el costo, pero él decidió no escucharlo.
Ya en el departamento, tras discutir por no haber ido en busca de un médico, Scott le permitió que lo ayudara a curarse, luego tomó un analgésico y se acostó con un suspiro triste.
—Blaine…
—¿Qué pasó? ¿Te sientes mal?
—Estoy mejor. Las pastillas me ayudaron mucho.
—Qué bueno… ¿Necesitas algo?
—Que descanses. En un par de horas tienes que levantarte.
El chico miró sorprendido el reloj sin poder creer lo rápido que había pasado el tiempo.
—No puedo dejar de pensar en que desapareciste, lo que pudiste estar haciendo y todo lo que ocurrió.
—No hice nada malo.
—¿Dónde estuviste, Scott? Cuando desperté ya te habías ido.
—Fui a buscar trabajo.
—¿Tan temprano?
—Salí a caminar primero porque necesitaba poner mis ideas en orden. Pensé en regresar para avisarte, pero me di cuenta de que estaba muy lejos, así que me puse a recorrer todos los lugares posibles buscando empleo ya que no iba a quedarme tranquilo y dejar que te hicieras cargo de los gastos tú solo.
—Te dije que podía hacerlo.
—Sé bien lo que dijiste y te lo agradezco infinitamente, sin embargo, no iba a estar todo el tiempo cruzado de brazos mientras tú te sacabas el aire trabajando para pagar las deudas y comprar la comida.
—Tengo ahorros.
—Con un fin.
—Scott…
—No seas necio, además, ya está hecho, ¿y qué crees que pasó?
—No sé.
—Conseguí trabajo.
—¿De verdad?
—Sí. Me contrataron como ayudante en un lugar de lavado de autos. La paga es menor a la del súper, pero al menos voy a estar tranquilo.
—¡Eso es genial! ¡Me alegro tanto!
—Gracias. Y en cuanto me sienta mejor buscaré algo más para completar nuestro presupuesto.
—Hablando de buscar, ¿luego de eso qué pasó? Porque tuve que ir a buscarte debido a que anocheció y no volvías.
—Me atacaron por orden de Mika.
—¿Qué?
—Él me hizo esto, porque eso no fue un simple robo.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—Porque me odia, y lo sabes.
—¿Qué pasó en el supermercado? ¿Enfrentaste a ese sujeto?
—Fui a buscarlo para pedirle mi dinero civilizadamente.
—¿Se lo pediste?
—Pensé en llevármelo a la fuerza, sin embargo, no podía sacar de mi mente tu voz diciendo que eso era robar. Luché contra aquella idea absurda porque era mi dinero ya que me lo gané trabajando mucho, pero ahí seguías molestándome por más que intentaba callarte.
Al final decidí hacer las cosas a tu manera esperando que tuvieras razón… Por supuesto, no fue así porque ese hombre es despreciable y en cuanto me vio empezó a insultarme.
—¿Fue él quien te golpeó o llamó a seguridad?
—Nada de eso… Su esposa se encontraba ahí y escuchó la discusión, porque no me quedé callado. Preguntó qué estaba pasando, y claro, Mika trató de acomodar todo a su conveniencia, pero ella me dio la oportunidad de hablar y explicarle.
Luego de eso prácticamente le ordenó que me pagara. Hubieras visto la cara de ese idiota… Se cruzó de brazos y dijo que no lo iba a hacer, entonces ella abrió la caja, tomó algo de dinero y me pagó. Le agradecí y me dirigí a la salida mientras ellos discutían.
De pronto y sin saber de dónde salió, Mika me sujetó del brazo y dijo que me iba a arrepentir por eso y que iba a recuperar su dinero porque yo era una mierda miserable que no merecía nada.
—Ese hombre está loco.
—Poco me importaron sus palabras porque no volvería a verlo y tenía mi paga, así que sólo lo mandé al carajo y me fui feliz.
—Pero… ¿por qué estabas…?
—Caminaba hacia la parada del bus cuando aparecieron unos sujetos y comenzaron a insultarme exigiéndome que les entregara mis pertenencias. Les grité que no tenía nada y…
—No puedes hacer algo como eso. Provocar a esa gente es un terrible error.
—Fueron enviados por Mika.
—Trabajabas en un barrio peligroso.
—Las cosas que me gritaban eran las mismas que ese idiota solía decirme. Además, uno de ellos mencionó que sí tenía dinero porque acababa de cobrarlo.
—Quizá estaban en los alrededores y vieron cuando la señora te pagó.
—No seas ingenuo, Blaine.
—Y tú no seas malicioso.
—Mika es un desgraciado. Si él no los hubiera mandado, ¿por qué empezaron a golpearme e insultarme de la forma en la que él lo hacía? Uno de ellos me llamó mierda miserable mientras me pateaba las costillas. ¿Todavía crees que fue coincidencia?
—Tal vez. Quizá han estado en el supermercado en otras ocasiones al igual que ahora y escucharon cuando…
—¡No seas estúpido, Blaine! —dijo enojado— ¡Has vivido en las calles el suficiente tiempo como para darte cuenta de la maldad que hay en el mundo!
—No soy estúpido.
—No es lo que quise decir. Lo siento… Es sólo que no comprendo cómo puedes ser tan inocente después de todas las cosas que te han pasado. Tienes que abrir los ojos y estar alerta.
—Estoy muy alerta.
—No es cierto, y me preocupas porque eres demasiado bueno y confiado.
—Claro que no.
—Lo eres. ¿Por qué crees que los idiotas de tus hermanastros lograron embaucarte en esa ocasión para que su padre casi te matara a latigazos?
Tienes que aprender a desconfiar, tienes que endurecer tu corazón y darte cuenta de que la gente es mala, con poquísimas y muy raras excepciones, pero en general, nadie se acerca sin tener dobles intenciones porque lo único que todos buscan es su propio beneficio y no les importa el daño que vayan causando para lograrlo.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Blaine tocaba la última canción en la estación del metro intentando ponerle todo el ánimo posible ya que habían sido días difíciles.
Al terminar tomó el dinero y lo guardó el bolsillo de su jean y les agradeció a todos por su presencia y colaboración, encaminándose hacia la salida.
Repentinamente se detuvo junto a una banca y pestañó varias veces para asegurarse que no se trataba de una alucinación.
—¿Kurt?
—Blaine… —sonrió con auténtica emoción al verlo y se levantó, abrazándolo con calidez— ¿Cómo estás?
—Ah… Bien. ¿Y tú?
—Con algunas complicaciones, pero aquí me tienes. ¿Qué tal te fue hoy?
—Regular —respondió con seriedad.
—¿Qué te ocurre? —preguntó extrañado ante el comportamiento poco usual del chico.
—Estoy cansado y he pasado por varias situaciones complejas.
—Puedo entender bien eso, pero…
—¿Qué haces aquí, Kurt?
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—Pensé que no te volvería a ver.
—¿Por qué?
—Porque no te gusta la vida que llevo, porque eres incapaz de comprender que necesito trabajar mucho para salir adelante y pagar mis gastos, porque no apruebas que no asista a un centro educativo, porque…
—¡Oye! ¡Alto ahí! ¿De dónde sacas todo eso? Jamás he dicho nada que se le parezca ni remotamente.
—Tal vez no con esas palabras exactas, pero fuiste muy claro en ello, y ahora déjame cruzar porque debo irme.
—No entiendo qué te pasa. ¿Te hice algo, Blaine? Porque honestamente, no recuerdo que haya sido así.
El último día que nos vimos estuvimos conversando como siempre y luego te fuiste a trabajar, así que tomaste el bus y yo me fui a mi casa… Después de eso no pude regresar porque tuve varios problemas.
Seguir el consejo de Scott no era fácil para Anderson, sin embargo, lo intentaba a diario. Lo mejor que podía hacer para mantenerse a salvo era guardar las distancias y no darle acceso a su vida a cualquiera, y menos a alguien como Kurt que jamás entendería su situación y que se acercó a él con quién sabe qué intenciones.
—Lamento que fuera así, pero no te he pedido explicaciones. No tienes por qué justificarte.
—No me estoy justificando, sólo estoy tratando de entender lo que ocurre.
Pasé por mucho para poder venir porque quería verte, escucharte cantar, llenarme con esa paz y energía que transmites —exhaló por la nariz con suavidad.
—No soy el paño de lágrimas de nadie, Kurt. Bastante tengo con mis problemas.
—Vaya… Nunca ha sido mi intención que creyeras eso. Ni siquiera entiendo por qué me lo dices ya que jamás te he hablado de mis contratiempos o las cosas que me pasan —respiró profundamente—. ¿Puedo ayudarte de algún modo? Es claro que algo te ocurre ya que no eres así.
—Sí puedes. Déjame cruzar porque se me hace tarde.
—Yo… —suspiró derrotado. No iba a discutir, de eso ya tenía suficiente cada día de su vida— Te eché de menos, pero es obvio que fue un error haber venido. Siento que mi presencia no te sea grata y espero que lo que sea que te está molestando se resuelva… Adiós, Blaine.
¿De dónde salió todo eso? Ni él mismo lograba entenderlo.
Sin esperar a que el chico respondiera, dio la vuelta y se dirigió hacia las escaleras sintiendo una sensación de vacío en el estómago con cada paso que daba.
A mitad del camino se detuvo para respirar. No recordaba que fueran tantos escalones. Lo extraño es que él estaba en buena forma y jamás le había pasado algo así.
¿Por qué estaba tan agitado y sentía esa extraña sensación en su pecho?
Aquello le recordó de pronto a la primera vez que discutió con sus mejores amigos, y no le gustaba en lo absoluto sentirse de esa forma.
—¿De verdad me extrañaste?
Aquella voz detrás de él retumbó con fuerza en su ser y lo paralizó por un instante. Lentamente giró y notó los ojos ambarinos que lo observaban esperanzados.
—S-sí. Lo hice.
—Lamento la forma en la que te hablé… También te he extrañado, Kurt.
En medio de la gran escalinata las miradas de ambos se conectaron y sus cuerpos se quedaron estáticos mientras eran rodeados de personas que subían y bajaban sin cesar.
—¿Qué problemas tienes?
—¿Qué fue lo que te pasó?
Preguntaron al unísono.
—De verdad lamento mi comportamiento, Kurt. ¿Puedes disculparme?
—Sí. Seguro.
—Gracias —esbozó una pequeña sonrisa—. Créeme que lo lamento.
—Te lo dije, sé que no eres así. Y eso me lleva a cuestionarme qué te está pasando.
—¿Te parece si vamos a tomar algo y platicamos?
—Seguro, pero, ¿no estabas apurado?
—La verdad es que estaba siendo grosero, y lo siento, Kurt.
El de ojos azules asintió. —¿A dónde quieres ir?
—Hay un lugar bueno cerca de aquí.
Los dos caminaron en silencio unas pocas cuadras hasta llegar a un pequeño y pintoresco local que contaba con dos mesas redondas en el exterior y dos cuadradas en el interior.
Hummel miraba todo con curiosidad preguntándose si podían sólo sentarse o si necesitaban reservación.
Blaine observaba con dudas a su amigo. Seguramente el lugar era muy distinto a los que este acostumbraba.
—Podemos ir a otro sitio si deseas.
—¿Por qué? Dijiste que este lugar era muy bueno.
—Lo es, sin embargo, quiero que estés cómodo.
—Lo estoy, Blaine. Me gusta —le sonrió—. ¿Dónde nos sentamos?
—Aquí está bien —señaló una de las mesas redondas.
Luego de acomodarse y pedir sus bebidas, Kurt indagó sobre lo que acontecía con su joven amigo y este le contó de todos los problemas que había tenido en los últimos días.
—No puedes imaginarte el miedo que sentí cuando vi a Scott en el suelo, lleno de moretones y heridas, además de la angustia por no poder llevarlo a un médico.
—Debió ser terrible. ¿Y cómo sigue?
—Mejor. Afortunadamente no tenía ninguna fractura o daño grave. De hecho, ya está yendo a su nuevo trabajo. Insistí en que se tomara unos días más de descanso, y para variar, no me escuchó.
—Tal vez así parezca, pero lo hace. Te escuchó y tuvo presente tu consejo cuando fue a hablar con su antiguo jefe.
—Sí, tienes razón, pero igual quisiera que se hubiera tomado un poco más de tiempo.
—Si ya se siente bien, no veo cuál sea el problema.
—Le duele mucho el costado. No me lo dice, pero lo he notado, incluso lo he escuchado quejarse —suspiró—. Sin importar cuánto le pida que se quede, me dejó en claro que no lo va a hacer porque ahora más que nunca necesitamos ese ingreso.
—¿Por qué?
—Hace dos días me despidieron del restaurante.
—Lo lamento, Blaine, pero, ¿qué pasó?
—Según el Sr. Shapiro, la situación está complicada y no pueden pagar tantos meseros, mas estoy seguro que no fue la verdadera razón.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Éramos diez meseros y sólo a mí me despidió. Además de que no es cierto que las cosas estuvieran complicadas ya que el restaurante siempre estaba lleno, y más los fines de semana.
—¿Entonces?
El chico levantó los hombros. No es que conociera en realidad el motivo, aunque lo sospechaba, sin embargo, no se atrevía a hablar de eso con Kurt porque era algo muy personal y no sabía si este lo entendería.
—¿Y qué hay de ti? Sólo hemos hablado de mí, y antes dijiste que te ausentaste porque has tenido muchas complicaciones.
—Así es, Blaine —hizo una mueca—, pero no creo que puedas comprenderlo.
—¿Por qué?
—Porque eres joven y no has pasado por esto.
—Soy muy maduro para mi edad, te lo aseguro, y aunque no haya pasado por lo mismo, seguro puedo entenderlo.
—Las cosas son demasiado complicadas.
—Con mucha más razón te haría bien desahogarte.
Kurt inhaló profundamente y cerró los ojos durante unos segundos para después soltar el aire muy despacio.
—Tengo problemas con mi prometido.
—¿Prometido? Eso quiere decir que… eres gay.
—Lo soy, Blaine. ¿Tienes algún inconveniente con eso?
—Sí.
