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CAPÍTULO 12:

"El poder que tienes en mí"


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Kurt se quedó sin habla durante varios segundos ante esa inesperada respuesta.

—Ah… Pensé que… ¡Vaya! Estaba seguro que eras una persona de mente abierta… Es decir, nunca hubiera imaginado que te importaría porque…

—Kurt, respira —sonrió y colocó su mano sobre la de su amigo—. Sólo bromeaba. Claro que no tengo ningún problema. Cada persona es libre de ser quien es y como es, y tiene todo el derecho de amar a quien su corazón elija.

—¡Oh! Por un momento creí que… Realmente me asustaste.

—No imaginé que te importara tanto mi opinión.

El diseñador se quedó estupefacto ante aquel hecho que estaba descubriendo. ¿Por qué le afectaba lo que Blaine pensara?

—E-es… Me sorprendió tu respuesta porque por todas las cosas que hemos conversado desde que nos conocimos, tenía la impresión de que no eres la clase de persona que juzga o tiene prejuicios.

—Tienes toda la razón. Como dije, fue una broma, y no creí que te afectara de esa forma, así que me disculpo.

—Quizá mi reacción fue algo exagerada, pero sentí que me rompías el corazón. He pasado por tantas situaciones complicadas que escucharte fue como si me atravesaran con una daga.

—¡Oh, por Dios! Lo lamento mucho, Kurt. No pensé, fue algo espontáneo, una broma estúpida que…

—Blaine, respira. Estoy bromeando.

—¿Qué? No… —El castaño sonrió y él abrió la boca sorprendido— ¿Cómo te atreves? Con eso no se juega… Kurt Hummel eres un…

—Oye, estás muy chico para decir esas palabrotas.

—No tienes ni idea.

Hummel dejó escapar una pequeña risa. —Lo siento, era la situación perfecta. Pero ya hablando seriamente, sí me he enfrentado a la discriminación por parte de gente cerrada, mas no me afecta porque sé quien soy, lo que valgo y que no estoy haciendo nada malo. Como dijiste, el corazón elige a quien amar, y es algo que no puedo cambiar ni quisiera hacerlo si tuviera la opción.

Me molesta saber que todavía existe tanta incultura en el mundo porque esa es la base de los prejuicios, sin embargo, he aprendido a hacer a un lado las opiniones de quienes no me importan porque jamás les voy a dar el poder de robarme mi felicidad.

—¡Guau! Eso es realmente inspirador… —suspiró y permaneció en silencio contemplándolo durante unos segundos— Y quiere decir también que… ¿soy importante para ti?

Kurt observó la mano sobre la suya antes de levantar la cabeza y mirar al chico frente a él con ese rostro cargado de inocencia y unos enormes e impresionantes ojos enmarcados por pestañas ridículamente largas, pero que en este se veían adorables, y de pronto otra revelación se hizo presente.

—Sí, Blaine —sonrió—. Eres importante para mí.

El chico le regaló una radiante sonrisa a cambio.

—Tú también eres importante para mí, y por eso lamento mucho mi comportamiento en la estación.

—Ya te has disculpado demasiadas veces por eso y me explicaste los motivos. Ahora —colocó su mano libre sobre la de su amigo—, si me permites darte un consejo —Blaine asintió—, no dejes de ser tú.

Fingir que no soy gay tal vez hubiera hecho las cosas más fáciles para mí y para mis padres que, aun a esta edad, siguen preocupándose debido a todo el odio y la incomprensión que todavía existe allá afuera, pero pretender ser alguien diferente sería una tortura porque tendría que esconderme todo el tiempo, que dar cada paso con cuidado de no mostrarme, de estar pendiente de cada cosa que digo y hago para no contradecirme ante los demás. Simplemente no puedo imaginar una vida así.

Estoy orgulloso de ser quien soy y como soy en todas sus formas posibles, y tú también deberías estarlo.

Tal vez lo de la sexualidad no sea tu caso, pero se aplica de la misma manera…

A lo que me refiero es a que no puedes pasarte la vida alejando a las personas por miedo al qué dirán o a cómo vayan a actuar. No debes levantar paredes a tu alrededor para esconderte ya que a la larga eso te causaría un gran dolor cuando te vieras rodeado de una soledad que tú mismo provocaste, y, sobre todo, no puedes ni debes vivir pretendiendo ser alguien que no eres.

Comprendo que Scott tenga buenas intenciones y busque protegerte, pero lo que te dijo no es correcto.

Puedes tener un mal día y estar enojado, eso es normal, pero no eres una persona fría y desinteresada como trataste de hacerme creer. Todo lo contrario, eres una de las personas más dulces y amables que he conocido. Hay muchas cosas maravillosas en ti Blaine, y no es correcto privar al mundo de ellas.

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—Kurt, ¿dónde estás? —preguntó Dante parado a mitad de la sala de su casa— ¿Kurt?

—Buenas tardes, señor —dijo una mujer detrás de él.

—Buenas tardes —respondió secamente—. ¿Sabes dónde está Kurt?

—Salió.

—¿A qué hora? ¿A dónde fue?

—Pasado el medio día, y desconozco esa información.

—¿Dijo a que hora regresaría?

—No, señor. Pero dijo que no le guardaran comida.

—¿Con quién se fue?

—De aquí salió solo.

—¿Quién lo llevó?

—Elliot.

Con un gesto de enojo y sin decir nada, Dante dio la vuelta y se dirigió a las escaleras, subiendo a su habitación.

Una vez en ella lanzó la puerta y sacó el celular del bolsillo de su saco para llamar a su prometido.

—¿Cómo te atreves a apagar tu teléfono? —bufó entre dientes y marcó otro número.

"—Buenas tardes, señor." —saludó Elliot del otro lado de la línea.

"—¿Por qué te demoraste tanto en contestar? ¿Crees que tengo tu tiempo?"

"—Disculpe, pero tenía las manos ocupadas."

"—¡Esa no es ninguna excusa! —elevó la voz— ¡Si te llamo, dejas lo que sea que estés haciendo y contestas de inmediato! ¿Te queda claro?"

"—Sí, señor. Pero comprenda que…"

"—Ahórrate tus excusas porque no me interesan. Ahora dime, ¿dónde está Kurt?"

"—Realizando unas compras."

"—¿Compras? ¿Dónde?"

"—No estoy seguro, señor."

"—¿Crees que soy idiota? ¡Anda contigo y me vas a decir que no sabes a dónde lo llevaste!"

"—Con todo respeto, no he dicho eso. Dije que no estoy seguro porque llegamos a un centro comercial y él se bajó a realizar unas compras. Yo estoy en el auto esperándolo, y como usted sabe, hay tantos locales que…"

"—Ya, ya… Y si estás esperando en el auto, ¿qué rayos hacías cuando te llamé? Dijiste que estabas con las manos ocupadas."

"—Me encontraba en ese momento revisando el nivel del aceite porque el indicador se encendió cuando estábamos llegando."

"—¿Y por qué el celular de Kurt está apagado?"

"—Tal vez se le descargó."

"—¡Él jamás sale con el teléfono descargado! ¡Dime la verdad, Elliot, ¿dónde está mi prometido?"

"—En el centro comercial, señor. Y no es que el Sr. Kurt saliera con el teléfono descargado, sino que le está fallando y se le descarga muy rápido. A veces también se le apaga de improviso o se le bloquea."

"—¿En qué centro comercial están?"

"—En el 'Millennial', señor."

"—¿En qué piso estás parqueado?"

"—En el segundo. El lugar está lleno."

"—¿Entre semana?"

"—Así es. Tal vez las personas que salen de sus trabajos vienen a almorzar. No lo sé en realidad."

Dante intentaba descubrir si Gilbert le estaba mintiendo y continuaba haciéndole pregunta tras pregunta, pero la forma veloz en la que este le respondía, así como la ausencia total de vacilación, lo estaba dejando sin opción así que decidió detener el interrogatorio.

"—En cuanto Kurt regrese, ayúdalo con los paquetes y dile que me llame enseguida de tu celular."

"—Así lo haré, señor."

El empresario cortó la llamada y aventó el teléfono a la cama mientras negaba con la cabeza pensando en que había salido más temprano de la oficina para sorprender a su prometido, pero el sorprendido había sido él.

Más le valía regresar a Kurt con muchos paquetes.

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—Así que tienes problemas con tu prometido —dijo Blaine con un ligero suspiro.

—Sí, así es, y estoy cansado de eso.

—¿Han intentado hablar para encontrar una solución?

—Por supuesto. Hemos hablado y hemos hecho muchas cosas en realidad para tratar de salvar nuestra relación, y parece funcionar por un tiempo, pero no dura.

—¿Has pensado en romper tu compromiso?

—Sí. Estuve incluso a punto de hacerlo y de irme —respiró profundamente.

—¿Y qué pasó?

—Me pidió que lo volviéramos a intentar.

—Y cediste…

—Fueron sus promesas, sus lágrimas… No sé cómo explicarlo, pero verlo así… Es que…

—Te convenció.

—Lo hizo, y después de eso todo fue perfecto. Fue como haber vuelto en el tiempo a cuando todo marchaba de maravilla entre nosotros.

—Sabes que no puedes vivir del pasado, ¿cierto? No es sano aferrarse a algo que dejó de ser, Kurt.

—Lo sé, es sólo que… Las cosas volvieron a ser como antes, éramos felices, incluso fijamos la fecha para la boda.

—Pero acabas de decir que esas reconciliaciones no son duraderas. ¿Por qué continuar entonces?

—Nunca lo vas a entender, Blaine. No tienes la edad para…

—No es cuestión de la edad, Kurt, sino de sentido común. Lo que no puedo entender es por qué quieres estar con alguien con quien tienes tantos problemas.

Te lo digo sin la intención de ser irrespetuoso, pero es más que obvio que no estás bien.

—Lo amo, y cuando se ama a alguien se lucha por solucionar los problemas y que la relación funcione.

El chico lo miró en silencio sintiendo un vacío en el estómago que no lograba explicar.

—Eso puedo comprenderlo, pero lo que sigue sin estar claro para mí es…

—Vamos a dejarlo así, Blaine. Te agradezco que me hayas escuchado porque de verdad necesitaba alguien con quien hablar, sin embargo, lo mejor es dar por terminado este tema.

—¿Por qué? ¿Es porque no te doy la razón?

—Desconoces por completo los detalles de mi relación con Dante y…

—Es cierto, pero con lo que me has contado me basta para darme cuenta de que no eres feliz a su lado.

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Kurt subió a su auto y cerró con fuerza los ojos, lanzando la cabeza hacia atrás.

—¿Ocurrió algo, señor?

—Ay Elliot… —suspiró con pesadez— No sé ni por dónde empezar.

—Antes de que continúe, tengo que decirle que llamó el Sr. Dante.

—¿Por qué?

—No lo sé. Quería hablar con usted y dijo que le marcara.

—En este momento no estoy de ánimos. Ya en la casa hablaremos, ahora necesito despejarme.

—Tuve que decirle que lo había llevado al centro comercial a realizar unas compras porque insistía en saber dónde estaba, y no podía decirle la verdad.

—¡Oh! Sí, claro… No quiero imaginar su reacción si lo supiera. Gracias.

—Descuide, señor. Preguntó también porque tenía su teléfono apagado.

—¿Qué le dijiste?

—Que le estaba fallando y a veces se le bloqueaba y se apagaba.

—Eso fue ingenioso.

El chofer asintió amablemente. —¿Vamos a casa?

—No. Tenemos que pasar por el centro comercial primero.

—Seguro.

—¿A cuál le dijiste que habíamos ido?

—Al Millennial.

—Eso queda muy lejos de aquí y ya es tarde. Deberías estar camino a tu casa.

—No hay problema, señor.

—Gracias de nuevo.

—No tiene nada que agradecerme, es mi trabajo.

—Te lo he dicho antes y te lo repito ahora, tu trabajo no tiene nada que ver con mi vida privada, y, sin embargo, siempre estás para mí de una u otra forma. Ahora le mentiste a Dante para cubrirme.

—Sabe que lo aprecio mucho y me gusta verlo feliz. A usted le hace bien venir, aunque hoy parece que fue la excepción.

—Tuve un desacuerdo con Blaine, pero todo está bien —exhaló lentamente— ¿Por qué le dijiste el Millennial?

—Trataba de responder rápidamente las preguntas que el Sr. Dante me hacía y ese fue el primer lugar que se me ocurrió.

El camino hacia el centro comercial era tranquilo hasta que Kurt se sobresaltó súbitamente.

—¡Elliot, lo siento mucho!

—¿Por qué?

—¡No has comido nada desde la mañana que salimos y mira la hora que es! ¡Eso ha sido totalmente desconsiderado de mi parte!

—Descuide, señor.

—¡No! ¡No es correcto! Vamos a un restaurante y…

—No, no. Cuando estemos en el centro comercial compro algo.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—Entonces ahí comeremos, pero yo invito.

Una vez en el patio de comidas, Kurt se sentó y vio desconcertado a Gilbert alejarse.

—¿A dónde vas?

—A buscar un lugar.

—Siéntate conmigo.

—No puedo, señor.

—¿Por qué? Si no te gusta este local podemos ir a otro.

—No es eso, sino que no sería correcto. Probablemente sus amistades y conocidos estén por aquí y nos verían juntos.

—¿Te avergüenza sentarte conmigo?

Elliot soltó una carcajada. —¿Cómo puede decir tal cosa? Todo lo contrario, pero, ¿qué van a pensar si lo ven comiendo con su chofer?

—No me interesa. No tiene nada de malo, así que, ¿me acompañas? O si lo prefieres comemos de pie, por mí no hay problema.

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Kurt entró alrededor de las nueve de la noche a su habitación, preparándose para un inminente altercado.

Dante apareció minutos después con la bata de baño puesta y frotando su cabello con una toalla.

—¿Por qué llegas a esta hora? —preguntó mirando a su prometido de pies a cabeza.

—Hola.

—Disculpa. Hola —se acercó y le besó la mejilla—. ¿Está todo bien?

Hummel se quedó pasmado por unos segundos tratando de comprender lo que estaba pasando.

—Tuve que ir a servicio al cliente a que me revisaran el teléfono porque ha estado fallando, y ahí me demoré. Me dijeron que lo debía dejar una semana, y como no podía estar incomunicado decidí comprar otro celular —levantó la mano mostrando la bolsa que llevaba.

—Eso está muy bien, amor. Por supuesto que no podías quedarte sin teléfono tanto tiempo... ¿Y qué pasó con las cosas que compraste? ¿Dónde están los paquetes?

—Ya sabes que Trevor siempre está involucrado en causas benéficas, y me pidió que lo ayudara con unas donaciones, así que fui a comprar algunas cosas y se las llevé de una vez a su casa.

—¡Oh! Entiendo —le sonrió y se acercó para tomarlo de la cintura—. Tú siempre tan altruista —lo besó suavemente.

Kurt todavía no lograba comprender aquel cambio tan drástico e inesperado de su prometido. Se había preparado para una gran discusión, probablemente hasta para una pelea, pero jamás para aquella actitud comprensiva.

—Sabes que me gusta ayudar.

—Lo sé, amor. Eres maravilloso y estoy muy orgulloso de ti. Tienes un corazón tan hermoso.

—Gracias —dijo casi como un susurro y sintiéndose mal por mentir con tal descaro. ¿En qué momento habían llegado a ese punto en el que no podía hablarle con la verdad a su prometido para así evitar más conflictos?

—¿Qué pasó que no escuché el auto?

—Vine en un taxi.

—¿Por qué? —preguntó con molestia— Si te fuiste con Elliot debías regresar con él.

—Fui donde Trevor, y como siempre que nos vemos nos quedamos conversando por horas, no tenía objetivo que Elliot estuviera esperándome en el auto.

—Para eso le pago.

—Su horario de trabajo había terminado.

—No es justificación.

—Por favor, te pido que no empecemos una discusión que ya tuvimos.

—Bien, pero entonces Trevor debió traerte ya que fuiste a buscarlo para entregarle las cosas que te pidió.

—Se ofreció a hacerlo, pero me negué ya que él tenía un compromiso. Además, venir en taxi no es algo complicado o que…

—Ya lo sé, pero me preocupa que estés en la calle solo por las noches —le quitó la bolsa de la mano y la dejó caer suavemente.

—Vivimos en un lugar seguro.

—Nunca está demás tomar precauciones.

—Eso no…

—Te amo Kurt y no soportaría que algo te pasara —le acarició el rostro con los dedos.

El diseñador se perdió en el toque por un instante y suspiró.

—Me dijeron que viniste temprano. ¿Por qué?

—Quería sorprenderte y llevarte a comer.

—¡Oh! Eso no lo esperaba.

—Por eso se llama sorpresa —lo tomó por la cintura y lo pegó a su cuerpo, sonriendo de una forma sexy.

—Pensé que te ibas a enojar —dijo Kurt tratando de mantener la cordura porque su prometido lo llenaba de emociones confusas.

—Confieso que sí me molestó no encontrarte aquí y que no contestaras el teléfono, así como lo tarde que se hacía y que no regresaras, pero me puse a pensar que tienes todo el derecho de ser libre y salir a distraerte. No puedo pretender que estés en casa esperándome todo el tiempo —lo aprisionó más contra su cuerpo, haciéndolo jadear—. Sé que no soy el mejor hombre, pero intento serlo porque es lo que mereces.

—Dante…

—Te amo bebé, y no quiero que lo olvides o lo pongas en duda —lo besó apasionadamente—. Eres mío, sólo mío —le susurró al oído con voz ronca.

—Sí… Todo tuyo… —respondió en medio de un suspiro— Y tú eres mío.

—Por siempre, mi amor.

Kurt pensaba en cómo podía Elliot decir que tal vez era por costumbre que seguía con Dante cuando este al mirarlo a los ojos y decirle que lo amaba, hacía palpitar su corazón con fuerza. O cómo a Blaine se le ocurría que debía romper su compromiso si su prometido lo tenía temblando de pies a cabeza mientras lo besaba por todas partes y le quitaba la ropa como si fuera el último día antes de que el mundo se extinguiera.

Con cuerpos agitados y exhaustos se encontraban media hora después en la cama contemplándose fijamente.

—Eres impresionante —dijo el mayor—. Las cosas que haces…

—Aprendí contigo.

Dante sonrió y le acarició el rostro suavemente, tomándose unos segundos para respirar mejor.

—Fui el primero.

—Y el único.

—Te amo tanto bebé… —lo besó— Cásate conmigo.

—¿De qué hablas? Ya estamos comprometidos.

—Sé que tenemos una fecha establecida, pero falta mucho para que llegue y no quiero esperar más, Kurt. Quiero que seas mi esposo ya.

—¿Ya? Eso es imposible.

—Una semana.

—¿Qué?

—Dame una semana para planificar la boda con la que sueñas.

—¿Una semana?

—¿No quieres?

—Claro que quiero, pero tengo un proyecto en el que empezaré a trabajar. En dos días voy a reunirme con un cliente y…

—Hazlo. No te estoy diciendo que lo pospongas.

—No puedo dedicarme al proyecto y a planificar la boda.

—Contrataré a un profesional. Sé exactamente lo que deseas, hemos hablado de eso muchas veces, y puedes darle todas las indicaciones que quieras también.

Nos casamos, nos vamos de luna de miel y al regresar empacamos todo y nos vamos a vivir lejos de aquí.

—Espera, ¿cómo que irnos a vivir lejos? ¿Qué hay de mi trabajo? ¿Qué va a pasar con tus negocios?

—Puedo poner mis oficinas en cualquier lugar del mundo, y tú eres independiente, así que puedes hacer lo mismo o trabajar desde casa.

—Pero, ¿por qué irnos?

—Para ser sólo tú y yo.

—¿Pasó algo en la oficina o con tu padre?

—¿Por qué tiene que pasar algo para querer estar contigo?

—Pareciera que llevas tiempo pensando en esto porque lo tienes todo organizado.

—Había pensado en esto antes, es verdad, pero hoy la idea volvió a surgir con más fuerza y creo que lo mejor para nosotros es alejarnos de todo y todos. Las veces que lo hemos hecho han sido fantásticas. Y si fue así en corto plazo, piensa lo que sería si fuera permanente. Claro, si quieres y estás dispuesto a dar ese salto conmigo.

—¿A qué viene todo esto?

—Me he dado cuenta de que estás distante, y tu ausencia en este día me golpeó de sobremanera.

No sé si tu teléfono realmente está fallando o si lo apagaste para que no te molestara. Tampoco sé si te quedaste con Trevor hasta tan tarde sólo para evitarme, pero no puedo ni tengo derecho a reclamarte nada porque yo lo he provocado, y no quiero eso.

Quiero la vida que planeamos. Quiero casarme contigo, la casa en la playa, los viajes, las aventuras, los hijos. Quiero todo contigo, y si para eso es necesario irnos lejos y empezar de cero, estoy más que dispuesto a hacerlo. La pregunta aquí es si tú lo estás.

Kurt desvió la mirada y respiró profundamente. —Las cosas han estado algo complicadas entre nosotros y…

—Si necesitas tiempo para pensarlo, está bien, no voy a presionarte. No tienes que darme una respuesta en este momento.

—Quiero confiar en ti y en esta nueva oportunidad, pero también quiero hacerme cargo del proyecto que se presentó y… Dame una semana más para poder organizarme y encontrar la forma de cumplir con este cliente.

—¿Entonces dos semanas para la boda?

—Sí, Dante. Necesito ese tiempo.

—Cuenta con ello.

—Gracias —sonrió.

—No tienes nada que agradecerme, precioso —lo besó con dulzura.

—No lo puedo creer… En dos semanas seremos esposos.