Harry Potter pertenece a J.K. Rowling.
Solo nos pertenecen los OC.
La Pirata de los Cielos
Capítulo 81: El Nuevo Plan de Ryddle.
Lucius Malfoy, se presentó ante Voldemort. — ¿Qué noticias traes, Lucius?
Lucius se tomó un momento para hablar. —Mi señor: Draco informa, que Céline Potter, está antagonizando a Dumbledore. —contestó el patriarca Malfoy. —Informa que ha habido un escandalo en medio del Gran Comedor, con Dumbledore gritándole a Céline Volkova, sobre que él quería verla en su oficina y ella jamás llegó. Dice que la joven, aseguraba ya conocer sobre todo aquello, que Dumbledore quería hablarle y ahora, se le ve muy enfadado al director, cuando camina por los pasillos de Hogwarts.
—Interesante. —dijo Voldemort y luego, se quedó en silencio, sumido en sus pensamientos. Él había pensado infantilmente, que Volkova estaría del lado de Dumbledore y de su patética Orden del Fénix o por lo menos, colaborando con ellos. Creyó que Dumbledore estaría tan contento como solía estar Fudge, cada vez que le informaban de la baja de algún Mortífago o aliado suyo. Pero ese no era caso. —Busca… no. Recluta peones, Lucius. Informa a tus camaradas sobrevivientes y a quienes huyeron de Azkaban hace tan poco tiempo. Cuando ellos caigan, por manos de Volkova, entonces Dumbledore enseñará sus verdaderos colores y comenzará a dejar atrás a la mocosa, dejándola indefensa y en mis manos. —Voldemort fue a buscar a uno de los criminales que se fugaron de Azkaban y una sonrisa apareció en su rostro, al ver al hombre trabajando en su nueva creación alquímica de soldados, rodeado de más de veinticinco tubos, de los cuales tres de ellos, tenían fetos de al menos dos meses, entonces asintió. Tendría una nueva legión de bestias fieles a él, que atacarían Hogwarts cuando él lo dijera. Entonces pensó en volver a la biblioteca. —Nos harán falta Inferius. —Y se desapareció, para ir al Cementerio de Little Hangleton y en esas estuvo a lo largo de la noche y la madrugada: De un cementerio a otro, invocando cadáveres reanimados con magia negra.
.
.
.
-/-/-/De regreso en Hogwarts, en la Sala Común de Gryffindor/-/-/-
Como Hermione pronosticara, las horas libres de los alumnos de sexto no eran los períodos de dicha y tranquilidad con que soñaba Ron, sino ratos para intentar ponerse al día de la colosal cantidad de deberes que les mandaban. Los chicos estudiaban como si tuvieran exámenes todos los días, y, por si fuera poco, las clases exigían más concentración que nunca. Alex apenas entendía la mitad de lo que explicaba la profesora McGonagall; hasta Hermione había tenido que pedirle que repitiera las instrucciones en un par de ocasiones.
.-.
.-.
.-.
Y como siempre, Céline destacaba en Pociones gracias a su comprensión de la materia, y eso fastidiaba cada vez más a Hermione, quien solo agradecía que Céline no estuviera en Gryffindor. Pero: mientras que Hermione veía a Céline como una rival a vencer en Pociones, Transformaciones, Encantamientos y Runas; para Céline, ella solo era un cero a la izquierda.
El único Gryffindor que le importaba, era su hermano. Su continuo bienestar. Y fuera de eso, quizás Neville a quien ayudaba en Encantamientos, pero de allí a fijarse en Hermione Granger, eso jamás.
.-.
.-.
.-.
Se pedía a los alumnos que realizaran hechizos no verbales, no sólo en Defensa Contra las Artes Oscuras, sino también en Encantamientos y Transformaciones. Muchas veces, en la sala común o durante las comidas, Alex miraba a sus compañeros de clase y los veía colorados y haciendo fuerza como si hubieran ingerido un exceso de Lord Kakadura, pero sabía que en realidad estaban esforzándose por realizar hechizos sin pronunciar los conjuros en voz alta.
Por suerte, en los invernaderos encontraban cierto desahogo; en las clases de Herbología trabajaban con plantas cada vez más peligrosas, pero al menos todavía les permitían decir palabrotas si la Tentácula venenosa los agarraba por sorpresa desde atrás.
— ¿Ha muerto alguien que conozcamos? — preguntó Ron con ligereza, durante el almuerzo. Formulaba la misma pregunta con el mismo tono cada vez que Hermione abría el periódico.
—No, pero ha habido más ataques de Magos Tenebrosos, se ha descubierto (gracias a una división de Aurores, de quienes no hay más información) que estos Magos Tenebrosos, también son sirvientes de Voldemort y que se planea un ataque a una finca en Escocia, en donde están ocultos estos sirvientes. Y… una detención.
—Me alegro. ¿A quién han detenido? —preguntó Alex.
—A Stan Shunpike —contestó Hermione.
— ¿Qué? —se extrañó el muchacho.
— «Stanley Shunpike, el cobrador del autobús noctámbulo (el popular vehículo), ha sido detenido como sospechoso de ser mortífago. El señor Shunpike, de veintiún años, fue detenido a última hora de anoche tras una redada en su casa de Clapham…»
— ¿Stan Shunpike es un mortífago? —se asombró Alex, recordando al joven lleno de acné que había conocido tres años atrás—. ¡No puede ser!
—Quizá esté bajo una maldición imperius — sugirió Ron—. Nunca se sabe.
—No lo parece —discrepó Hermione, que seguía leyendo—. Aquí dice que lo detuvieron porque en un pub lo oyeron hablar acerca de los planes secretos de los mortífagos. —Levantó la cabeza y miró a sus amigos con ceño—. Si hubiera estado bajo una maldición imperius no se habría puesto a cotillear sobre esos planes, ¿no les parece?
—Quizá intentaba aparentar que sabía más cosas de las que en realidad sabía —argumentó Ron—. ¿No era él quien aseguraba que iban a nombrarlo ministro de Magia cuando pretendía ligar con aquellas Veelas?
—Sí, era él —afirmó Alex—. No sé a qué juegan, mira que tomarse en serio a Stan…
—Supongo que pretenden demostrar a la comunidad mágica que son eficaces —discurrió Hermione—. La gente está muerta de miedo. ¿Sabíais que los padres de las gemelas Patil quieren llevárselas a casa? ¿Y que Eloise Midgeon ya se ha marchado? Su padre vino a recogerla anoche.
— ¡¿Qué dices?! —se extrañó Ron mirándola con los ojos como platos—. ¡Pero si en Hogwarts están mucho más seguros que en sus casas! Aquí hay aurores y un montón de hechizos protectores nuevos. ¡Y tenemos a Dumbledore!
—Me parece que a él no lo tenemos las veinticuatro horas del día —repuso Hermione bajando la voz, y miró hacia la mesa de los profesores por encima del periódico—. ¿No se han fijado ustedes dos? La semana pasada su asiento estuvo vacío tan a menudo como el de Hagrid. Alex y Ron miraron también y comprobaron que, en efecto, la silla del director estaba vacía. Entonces Alex reparó en que no había visto a Dumbledore desde su clase particular con él, la semana anterior. —Creo que se ha marchado del colegio para hacer algo con la Orden —murmuró Hermione—. No sé… La situación parece grave, ¿no? —Ni Alex ni Ron contestaron, pero todos coincidían en ese punto.
El día anterior habían vivido una experiencia terrible: Hannah Abbott había tenido que salir de la clase de Herbología para recibir la triste noticia de que habían encontrado muerta a su madre.
Desde entonces no habían vuelto a verla.
Cinco minutos más tarde, cuando se dirigían al campo de quidditch, se cruzaron con Lavender Brown y Parvati Patil. Sabiendo que los padres de las gemelas Patil querían llevárselas de Hogwarts, a Alex no le extrañó que las dos íntimas amigas estuvieran diciéndose cosas al oído con cara de aflicción. Lo que sí le sorprendió fue que cuando las chicas vieron a Ron, Parvati le dio un codazo a Lavender, que volvió la cabeza y le dedicó al chico una sonrisa radiante. Ron parpadeó y luego, titubeante, le devolvió la sonrisa. De inmediato los andares del chico se volvieron presuntuosos. Alex resistió la tentación de reírse al recordar que Ron también se había aguantado la risa cuando se enteró de que Malfoy le había roto la nariz; Hermione, en cambio, se mostró indiferente y distante hasta que llegaron al estadio después de caminar bajo la fría y neblinosa llovizna.
Una vez allí, fue a buscar un asiento en las gradas sin desearle buena suerte a Ron.
