.
"¿Casualidad o destino?"
.
Kurt se encontraba sentado en el borde de la cama observando la pared mientras hacía girar su anillo de compromiso en su dedo.
Por primera vez daba las gracias de que su suegro hubiera interrumpido el momento con una de sus llamadas inoportunas, porque cuando su prometido empezó a hacerle preguntas acerca de Blaine, no supo qué responder.
¿Cómo podía explicarle que iba hasta el otro lado de la ciudad sólo para escuchar cantar a un muchacho al que conoció al azar en la estación del metro sin que eso sonara extraño?
Había pensado detenidamente en ello y sabía que no tenía lógica hacer algo así sin una razón poderosa, pero para él Blaine era importante y su amistad le hacía mucho bien, mas estaba seguro que Dante no lo entendería y terminarían discutiendo.
Suspirando tomó su celular con la certeza de que su llamada sería contestada, sin embargo, la incertidumbre se apoderaba de él mientras seguía timbrando.
Resultaba raro que Trevor no respondiera ya que siempre lo hacía, incluso sin importar la hora, y apenas era alrededor del mediodía.
Tras un par de intentos más, desistió frustrado y buscó el número de Bernie, aunque no estaba convencido de llamarle… Él también era su amigo desde la infancia, pero con el pasar de los años se había vuelto más unido a Trevor, además de que este tenía una forma distinta de ver la vida, y cuando necesitaba un consejo, era la mejor persona a la cual acudir.
Como si lo hubiera convocado mentalmente, el nombre de su amigo apareció en la pantalla, y aunque por un instante dudó en contestar, deslizó el botón verde.
—"¿Cómo está mi chico favorito?"
—"Hola Bernie."
—"¿Qué ocurre? ¿Por qué tan desanimado? ¿Volviste a pelear con Dante?"
—"No. De hecho, estamos bien."
—"¿Entonces?"
—"¿Podemos vernos? Necesito hablar sobre algo."
—"¿Hoy?"
—"No. El próximo año… Obvio que hoy."
—"Me refiero a si en este momento."
—"Sí. ¿Por qué? ¿Ocurre algo?"
—"Estoy esperando a alguien."
—"¡Oh! Vas a tener una cita… Olvídalo, no hay problema."
—"Está bien… Voy a cancelar."
—"No, no. No hagas eso. Ya debe estar en camino."
—"Luego se lo compenso. Déjame llamarla y voy a verte."
—"¿Estás seguro?"
—"La familia primero, ¿cierto?"
—"Gracias, Bernie."
—"No hay de qué."
—"¿Puedo ir a tu casa o encontrarnos en cualquier otro lugar? No quiero que Dante vaya a llegar y nos escuche."
—"¡Oh, entiendo! No hay problema. Te espero."
—"Gracias. Enseguida voy."
Kurt guardó el teléfono en el bolsillo del pantalón y tomó la cartera, saliendo a toda prisa. Sólo esperaba que su amigo pudiera ayudarlo a encontrar una solución.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Blaine observaba con nerviosismo la casa frente a él. Era grande, sin llegar a ser enorme, con un jardín muy bien cuidado y varios detalles en las ventanas y puerta, pero lo que le llamaba la atención era que el primer piso estaba pintado de un tono canela y tenía acabados ocre, mientras que el segundo era café con acabados blancos. Los colores no eran el problema, tal vez se hubieran visto bien si estuvieran combinados correctamente, pero, ¿por qué usarlos de esa forma dando la impresión de que se trataba de dos lugares diferentes? ¿Acaso era alguna división para indicar que vivían dos familias ahí, una en cada piso? Y aunque fuera el caso, ¿por qué pintar así la casa?
Con un suspiro volvió a tocar el timbre y empezó a caminar en círculos mientras esperaba que alguien saliera.
—Hola —dijo una voz masculina aproximándose—. ¿A quién buscas?
Blaine volteó y vio a un hombre bastante atractivo que lucía como de treinta años. No estaba seguro en realidad porque hay personas que aparentan una edad diferente a la que tienen, y eso no era lo que esperaba ya que le habían dicho que los dueños de la casa eran personas mayores.
—¿Sr. Carpenter?
—No. Él no se encuentra.
—¡Oh! ¿Y sabe a qué hora regresará?
—No tengo idea. Salió de viaje ayer.
—P-pero… Tenía una entrevista con él y su esposa hoy. He estado tocando el timbre por más de veinte minutos.
—El auto de ella no está, pero tal vez regrese pronto. Si puedes, espérala un poco más.
—Gracias. Eso haré.
El hombre sonrió amablemente y con un asentimiento ingresó a la casa de la derecha.
Con un resoplido el chico fue a sentarse en el escalón que separaba el jardín de la entrada esperando que la Sra. Carpenter no tardara.
¿Había olvidado que tenía esa entrevista? ¿Se le había presentado una emergencia que la obligó a salir intempestivamente? ¿O quizá era de esas personas a las que no les importa hacer esperar a los demás?
Pensar en ello lo ponía más nervioso y no quería eso, así que con una respiración profunda despejó su mente y se enfocó en cosas positivas.
Los minutos seguían pasando y la espera se volvía insoportable por el sol canicular que hacía arder su piel y ojos debido al sudor que entraba en ellos.
—¡Oye! ¡Niño! —llamó alguien.
Blaine de inmediato observó a los lados buscando a algún pequeño corriendo o jugando, pero al no ver a nadie se levantó para ayudar a encontrarlo.
—No hay ningún niño por aquí —dijo a la persona que se iba acercando.
—Lo siento, me refería a ti.
El joven frotó sus ojos y fue cuando notó que se trataba del mismo hombre con el que había hablado antes.
—Ah… Nadie me había dicho de esa forma en años.
—Disculpa, no sabía cómo llamarte y fue lo primero que salió. Ni siquiera lo pensé.
—No hay problema. ¿Puedo ayudarlo en algo?
—Te traje agua.
—¡Oh!
—El sol está terrible y llevas demasiado tiempo esperando. Debes estar deshidratado.
—Muchas gracias —tomó la botella grande que le fue ofrecida.
—¿Cuánto tiempo más vas a seguir aquí?
—Hasta que la señora llegue.
—Puedes esperarla en mi casa.
—Gracias, pero estoy bien.
—Ya sé que soy un desconocido y seguramente están cruzando muchas ideas raras por tu cabeza, pero te aseguro que mi única intención es ayudarte. No tienes donde resguardarte y me preocupa que vayas a sufrir una insolación.
—Es muy amable, pero ya con el agua es suficiente. Me voy a refrescar un poco y eso me va a ayudar.
—Como gustes, pero si cambias de opinión, el ofrecimiento sigue en pie.
—Muchas gracias.
Cada minuto se volvía eterno y Blaine sentía que no podía más. Calor, cansancio, sed y hambre era una terrible combinación.
—¿Qué estás haciendo? —gritó una mujer— ¡Aléjate de mi casa!
—¿Sra. Carpenter?
—Sí. ¿Qué quieres?
—Soy Blaine. Estoy aquí para la entrevista.
—¿Y crees que eso te da derecho a fisgonear?
—¡No! ¡Jamás haría algo así! Sólo me arrimé a la puerta para tratar de cubrirme del sol.
—Jum… —lo miró de pies a cabeza— No puedo atenderte en este momento.
—¿Disculpe?
—Debo preparar el almuerzo, así que regresa en la tarde.
—¿E-en la tarde?
—Sí. A las cinco está bien.
—P-pero…
Sin decir más, la mujer de cabello oscuro entreverado con algunas canas ingresó a su hogar sin contemplaciones.
Intentando contener la batalla que libraban sus emociones con el cansancio, Blaine se dirigió a la casa de alado y tocó el timbre.
—¿Sí? —se asomó el hombre por la ventana— ¡Oh! ¡Eres tú! —abrió la puerta.
—Disculpe la molestia, pero, ¿podría darme un poco de agua, por favor?
—Seguro… ¿Te sientes bien?
—No.
—Ven —lo tomó con cuidado del brazo—. Entra. Y no acepto una negativa —lo llevó hacia la sala—. Siéntate y trata de respirar despacio. Enseguida regreso.
—Gracias —dijo Blaine luego de beber suficiente agua—. Usted es muy bueno.
—¿Te sientes mejor?
—Aún no.
—Apóyate en el espaldar.
—Estoy sudado.
—No importa. Apóyate, o acuéstate si deseas.
—No, no…
—Tranquilo… Ah… ¿Cuál es tu nombre?
—Blaine.
—Bien, Blaine. Acomódate y relájate. No quiero que te vayas a desmayar o que te pase algo.
Cuando la temperatura te haya bajado, te traeré algo frío, pero por ahora sigue bebiendo agua.
—Muchas gracias… Ah… señor, no me dijo su nombre.
—No tienes nada que agradecer. Y no me digas señor, soy Alejandro.
Tras un descanso de casi veinte minutos y dos vasos con limonada helada, Blaine le contó lo sucedido.
—Llegué antes de las nueve y creo que van a ser las once. ¿Qué le costaba atenderme?
—Van a ser las doce y media.
—¿Qué? ¡No es posible!
—Lo es, dulzura… Lo siento, es mi forma de hablar, no pienses nada equivocado.
Blaine asintió y curiosamente no se sintió intimidado ni extraño en ninguna forma. Él se llevaba mucho por las energías de las personas y podía sentir una muy buena proviniendo de Alejandro, lo cual lo hacía sentirse tranquilo y confiado, a tal punto que se encontraba en casa de este contándole lo que le había sucedido, y él no era la clase de persona que acudía a un desconocido para pedirle algo y mucho menos para hablar de sus problemas.
—Está bien. No se preocupe —dejó salir el aire por la nariz—. No puedo creer que sea tan tarde y que a ella no le haya importado que la hubiera estado esperando durante tanto tiempo.
El hombre de oscura cabellera hizo un pequeño gesto. Él sí podía creerlo porque sabía bien cómo era su vecina.
—¿Y qué piensas hacer?
—No lo sé. Lo peor es que pedí permiso en el trabajo para venir a la entrevista.
—¿Entrevista de qué? Si se puede saber, claro.
—De trabajo.
—¡Oh! ¿Ibas a aplicar para algún puesto en el negocio del Sr. Carpenter?
—En realidad no lo sé. La persona que me contactó me dijo que buscaban a alguien eficiente, honrado y que estuviera dispuesto a trabajar bajo presión.
Cuando hablé por teléfono con el Sr. Carpenter sólo me dijo que él y su esposa me entrevistarían hoy a las nueve, pero no creo que sea para su negocio porque de ser así no me habría citado en su casa sino en su empresa, local, oficina, o lo que tenga.
—Probablemente. ¿Y entonces? ¿Pensaste en lo que vas a hacer?
—Me tomó casi una hora llegar aquí y van a ser las dos de la tarde, pero necesito ese empleo —resopló lentamente—. Me iré a comer y cambiarme para regresar.
—Eso es admirable.
—Gracias.
—Te invito a almorzar, así podrías descansar un poco antes de irte a tu casa.
—Ha sido muy amable. Realmente se lo agradezco, pero no puedo aceptar.
—¿Por qué?
—Porque no sería correcto. Ya hizo demasiado por mí.
—No hay ningún problema, cariño. ¿Y qué clase de trabajo buscas?
—De lo que haya, mientras sea honrado. Sé hacer diferentes cosas, y también aprendo rápido.
—Eres muy entusiasta, y eso es bueno. Realmente espero que consigas lo que necesitas.
—Muchas gracias, Alejandro —se puso de pie—. Y ya me tengo que ir.
—¿No te vas a quedar a comer?
—Lo aprecio mucho, pero…
—Entiendo. ¿Ya te sientes bien por lo menos?
—Sí, gracias. De verdad, gracias por todo.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Blaine terminaba la última canción de su repertorio para ese día cuando vio a cierto castaño aplaudiendo mientras sonreía ampliamente.
—¡Kurt! ¡Qué sorpresa! —se aproximó entre emocionado y con dudas.
—Hola, Blaine —lo abrazó—. ¿Cómo estás?
—Bien. ¿Y tú?
—Todo bien… No tienes por qué sorprenderte. Sabes que siempre voy a venir a verte.
—La última vez te fuiste algo molesto y creí…
—Que no estemos de acuerdo o tengamos un tropiezo no significa que las cosas hayan cambiado entre nosotros.
—Es bueno saberlo.
—¿Podemos ir a tomar algo?
—Sí, claro. ¿El lugar al que fuimos ese día?
—Perfecto.
La conversación fue fluyendo al principio algo incómoda y con varias pausas, pero conforme los minutos pasaban se iba tornando totalmente abierta y espontánea.
—¿Y qué tal es trabajar para esa familia? —preguntó Kurt con honesta curiosidad.
—Son personas un poco complicadas por momentos, pero en general me va bien.
Por ahora estoy yendo tres veces a la semana, saliendo de la panadería. Los otros días voy a la estación a cantar y…
—Entonces fue suerte que te encontrara.
—¿Cómo?
—Que tuve mucha suerte que justo el día que fui a verte, estabas ahí.
—Mmm… No creo mucho en la suerte.
—¿Y en qué crees, Blaine?
—En el destino.
Kurt no sabía cómo responder ante tal manifiesto. En alguna época de su vida también había creído en el destino, pero ya no era así.
—Amm… Le dije de ti a mi prometido.
—¿Qué?
—Le conté. Tenía que hacerlo. No quería secretos entre nosotros, menos estando la boda tan cerca.
—¿Realmente te vas a casar con él?
—Así es. En menos de dos semanas.
—¿No es algo apresurado? No van a poder organizar las cosas.
—Dante contrató a alguien que se está haciendo cargo de todo excepto de las invitaciones porque esas las estoy diseñando.
—Debes amarlo mucho ya que ese es un paso muy grande. De seguro estás feliz.
—Sí, y nervioso también.
El chico quería preguntarle si estaba seguro de lo que hacía porque para alguien a punto de casarse con el amor de su vida no estaba demostrando mucho entusiasmo, pero prefirió cambiar de tema ya que no quería que volvieran a discutir.
—¿Por qué le contaste?
—Porque tú y tu amistad son importantes para mí.
Blaine no pudo evitar sonreír. —¿Y qué te dijo?
—No hemos hablado.
—No entiendo.
—Le dije que tengo un nuevo amigo cuyo nombre es Blaine, pero no pude darle más detalles ya que su padre lo llamó en ese momento para que fuera de urgencia a una junta en la empresa.
—¡Oh! ¿Y por qué tiene que ir a atender la empresa de su padre?
—Porque ese hombre lo controla —respondió con una evidente mezcla de emociones.
—¿Y eso fue hoy?
—Hace un par de días.
—¿Y no han hablado en este tiempo?
—Se fue de viaje, pero regresa hoy en la noche y ahí le diré.
—Por lo que me has contado de él no creo que le guste que tú y yo seamos amigos.
—Cuando te conozca…
—Tampoco creo que quiera conocerme. No soy de su nivel.
—No digas eso, Blaine. Eres muy valioso…
El de cabellera rizada sonreía cada vez más con cada cosa que Kurt decía sobre él y sentía que empezaba a sonrojarse.
»Blaine… Blaine…
—¿Ah?
—Dije que me gustaría que almorzáramos juntos. Si es que puedes.
—Hoy es el primer día libre que tengo en mucho tiempo.
—¡Eso es fantástico! —sonrió y pensó en la suerte que tenía no sólo al haber encontrado a su amigo el día que fue a cantar sino también de que fuera en el que disponía de tiempo.
De pronto la palabra destino retumbó en su cabeza y negó mientras suspiraba.
—¿Qué? —preguntó Blaine intrigado.
—Tal vez empiece a creer en algunas cosas otra vez —sonrió —. ¿Almorzamos en mi casa?
—¿Tu casa?
—Sí… O podemos ir a tu departamento si lo prefieres.
—Ambos estamos lejos de nuestros hogares. ¿Qué tal si mejor vamos a un lugar más céntrico?
—Por mí está bien. ¿Tienes algo en mente?
—Sí. Mmm… ¿Te gusta la pizza?
—Claro. No la como con frecuencia, pero sí me gusta.
—¡Conozco el mejor local de pizza del mundo!
—¿Tanto así?
—Te lo aseguro, Kurt. ¡Te va a encantar!
—Confío en ti. Llévame a donde quieras.
Blaine pasó saliva con dificultad. No entendía por qué, pero escuchar aquellas palabras produjo algo en él que no había sentido antes.
—T-tenemos que ir a tomar el bus.
—¿Bus?
—Nunca te has subido a uno, ¿cierto?
—No… Ah… Pero de seguro será una aventura.
Blaine miró el reloj de su amigo. —¿Cómo pensabas que fuéramos?
—En mi auto.
—Esa sería una mejor idea porque estamos en hora pico e ir en bus más que aventura sería una odisea.
Ambos se pusieron de pie y Blaine metió su mano en el bolsillo del pantalón buscando dinero.
—No te preocupes, yo pago —se apresuró Kurt—. Tú invitaste la vez pasada.
Conversando caminaron hasta el parqueadero en donde el menor abrió los ojos con sorpresa al ver el lujoso y moderno auto.
—¡Vaya! ¡Sólo había visto uno así en las películas! —lo observó detenidamente— Está increíble, pero pensé que tenías un deportivo.
—Así es.
—¿Tienes dos autos?
—Honestamente no estoy seguro de cuántos autos tengo.
—¡Oh!
—Eso sonó mal, ¿cierto? Como presuntuoso o algo así. P-pero no soy así, es… es… sólo me gustan y… y…
—Kurt, tranquilo. Te conozco y sé cómo eres. Además, si yo tuviera el dinero suficiente también tendría un par de autos de los que me gustan tanto.
Hummel se asomó y golpeó suavemente el vidrio con su anillo.
Elliot, quien había recostado ligeramente el asiento para descansar, se despertó asustado, acomodándose rápidamente.
El de ojos claros ingresó al vehículo y colocó una mano sobre el hombro de su chofer.
—Lamento haberte despertado.
—No, señor. Yo lamento haberme quedado dormido.
—Vengo con un amigo —El menor subió del otro lado y saludó alegre—. Elliot, él es Blaine… Blaine, Elliot.
Gilbert observó al muchacho y sonrió complacido.
—Es un placer.
—Mucho gusto, Elliot.
—¿A dónde vamos, señor?
—Blaine te indicará porque no conozco el lugar.
Una vez en la pizzería, Kurt invitó al hombre más alto a comer.
—Muchas gracias, señor. Pero si no le importa, vivo cerca de aquí y me gustaría ir a casa a almorzar.
—Por supuesto. Tómate tu tiempo.
El mayor se retiró y Blaine observaba a Kurt con una sonrisa.
—Eres muy bueno y amable.
—¿Disculpa?
—Con Elliot. La forma en la que lo tratas.
—¿Y de qué otra forma lo haría?
—No todos son así con sus empleados, te lo puedo asegurar.
—Siempre soy respetuoso y trato de ser justo con las personas. Además, Elliot no es un empleado para mí, es como un amigo.
—Eres muy especial, ¿sabías?
—¿Eso piensas?
—No sólo lo pienso, lo sé.
