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CAPÍTULO 15:
"Saliendo de la rutina"
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El millonario observaba fascinado a las personas alegres que se distribuían por grupos y a los largos mesones llenos de toda clase de ingredientes y condimentos.
—Kurt, ven por acá —Blaine lo tomó del brazo.
—No entiendo lo que está pasando. ¿Qué clase de lugar es este?
—Uno donde puedes armar la pizza a tu gusto.
—¿Cómo es eso?
—Primero aquí —se ubicaron tras un grupo de personas—, debemos tomar la charola según el tamaño del que queramos la pizza, luego avanzamos hacia allá —señaló otro punto— y elegimos el tipo de masa, después nos dirigimos hacia los mesones y vamos añadiendo todos los ingredientes que deseemos.
—Eso es interesante. Es similar a un bufé, pero de cierto modo diferente. ¿Y de ahí?
—Llevamos la charola donde está la franja azul. Ahí la reciben y la ponen en el horno. También te dan un recibo donde indica lo que debes pagar y el tiempo de espera.
—Es absolutamente distinto a los lugares que conozco, y me gusta.
Los dos amigos se divertían eligiendo lo que llevaría su pizza y bromeando con toda clase de extrañas combinaciones.
Ya con su recibo en mano siguieron charlando mientras esperaban una mesa.
—Quiero ver cómo va a quedar una vez que esté horneada —dijo Blaine acomodándose finalmente en la silla—, porque lucía espectacular.
—No lo voy a negar, nos quedó muy bien. Pero tengo una duda.
—Ya te dije que la piña caliente es lo más horrible que puede existir, Kurt, no importa cuánto insistas en que le da un sabor único a la pizza.
Hummel soltó una carcajada.
—No, no es eso. Quiero saber dónde están los cubiertos. ¿Los traen o hay que pedirlos?
—¿Cubiertos?
—Claro. ¿Cómo vas a comer si no tienes un tenedor y un cuchillo?
Blaine levantó una ceja y le dio una mirada incrédula.
—¿Estás bromeando?
—No.
—Kurt, la mejor forma de comer pizza es con las manos.
—¿Con las manos?
Una chica se acercó y tras saludarlos colocó sobre la mesa las servilletas y un frasco con un gel.
—Esto es un desinfectante —señaló el más joven el frasco que les llevaron—. Tomas un poco —realizó la acción—, lo frotas en tus manos y quedan listas para comer.
—P-pero…
"Número 74" —se escuchó por el altavoz—. "Número 74".
—¡Esa es la nuestra! —dijo Blaine emocionado levantando la mano.
—¿Hay que ir por ella?
—Si quieres hacerlo, pero ellos la traen, por eso le indiqué dónde estamos.
—Oh… Bien…
No tardó en aparecer un joven con una gran pizza que fue colocada sobre la mesa, y el de rizos sonrió como si le hubieran dado el mejor de los regalos.
—¡Se ve exquisita! ¡Y cómo huele!
Kurt se quedó sorprendido ante la sonrisa amplia y los ojos dorados de su amigo brillando de tal forma mientas contemplaba el alimento frente a ellos. ¿Cómo era posible que se emocionara tanto por algo simple como una pizza?
—Huele muy bien —dijo todavía tratando de entender esa excitación extrema.
—Tú y yo hacemos una combinación perfecta, Kurt.
—¿Qué?
—Para preparar pizzas… Somos un gran equipo.
—Sí, lo somos —sonrió.
—Vamos a comer antes de que se enfríe.
—Sonará absurdo, pero jamás he comido sin usar cubiertos y no sé cómo… Me refiero a que…
—Ponte el desinfectante —tomó un par de servilletas y sujetó uno de los rectángulos, elevándolo y separándolo del resto—. ¿Ves? Es fácil.
—Así parece —intentó hacer lo que había visto pero la porción se negaba a cooperar—. Esto está muy caliente… No puedo… —dijo con cierta desesperación.
—Déjame ayudarte. Toma más servilletas para que no te quemes —desprendió el otro extremo de la rebanada—. Listo, sujétala y disfrútala.
—Se supone que las porciones son triangulares, no como rectángulos —sonó molesto—. Voy a ensuciarme terriblemente porque esto lo vuelve más complicado.
—Elegimos esa forma porque acordamos que le entraban más cosas.
—Lo sé, lo sé —resopló por la nariz—, pero no tiene lógica que no se utilicen cubiertos.
—No hay problema, voy a ir a pedir unos. De seguro deben tener —suspiró—. No te traje a este lugar para que estuvieras incómodo, lo hice porque me gusta mucho y pensé que lo disfrutarías ya que siempre hablas de querer experimentar cosas nuevas.
—Blaine, no. Lamento estar armando todo un lío por una tontería como esta.
—Oye, tranquilo. Sólo voy a…
—No lo hagas. Siéntate. Me gusta el lugar y toda esta experiencia, te lo aseguro.
—Pero…
—Últimamente ando algo estresado y sé que en este momento estoy arruinando las cosas, y no quiero hacerlo. Discúlpame.
—Ponla de lado y muerde un pedazo así.
Kurt asintió y repitió la acción, ensuciándose un poco. Antes de que fuera capaz de protestar o hacer algo, el menor lo limpió con la servilleta y luego siguió comiendo.
Cada mordida se volvía más fácil, aunque le resultaba imposible no tener algo de salsa en los labios o los costados.
Blaine no dejaba de comer entre sonrisas y exclamaciones sobre lo delicioso que estaba todo, desde las elecciones que él había hecho hasta aquellos ingredientes que antes no había probado.
Hummel no podía dejar de observarlo y pensar en ello… Y entonces lo entendió. A pesar de las dificultades por las que Blaine había atravesado, seguía conservando su pureza, su paz, ese niño interior con la capacidad de asombro y para disfrutar de las cosas y los instantes que sólo ellos tienen, entonces sintió su corazón calentarse.
—Nunca cambies —susurró y la más enorme sonrisa se dibujó en su rostro.
—Amm… ¿Qué?
—Eres increíble, Blaine.
—¿Por qué?
—Por ser como eres.
—Kurt…
—No tienes que decir nada. Sólo permíteme disfrutar de tu compañía… —ambos permanecieron con la mirada fija en los orbes ajenos y en silencio por un instante— Queda una porción —señaló haciendo un gesto.
—Es tuya. Yo me he comido más de la mitad de la pizza ya.
—¿La compartimos?
—Mejor juguemos.
—¿Jugar?
—Debes probarla con los ojos cerrados y adivinar lo que lleva.
—¿No es un poco… infantil?
—Se llama divertirse, Kurt.
—Amm… pero déjame pensar en cuáles comimos ya.
—¡No puedes hacer trampa!
—No es trampa.
—Claro que sí. Si te pones a analizar las que ya comimos sabrás de inmediato cuál queda.
—No, porque no sé las que has elegido.
—Sólo cierra los ojos.
—¿Y por qué no adivinas tú?
—Porque ya vi cuál es la que queda… ¿Entonces? ¿Te atreves?
—Está bien —cerró los ojos y aceptó la rebanada que Blaine colocó en su mano.
—Pruébala… Ahora dime, ¿qué es eso?
—Mmm… ¡Tomate! ¡Odio el tomate en la pizza!
—No. Dijiste que el tomate caliente no te gustaba, pero este ya está frío.
Entre risas terminaron de comer y Hummel contempló sus manos durante un par de segundos.
—¡Mira cómo estoy! Y de seguro mi rostro está igual o peor… La gente debe estar viéndonos.
—¿Y qué si nos miran?
—Ya no hay servilletas y…
—Existe algo que se llama baño en donde puedes lavarte. Ahí hay jabón y bastante agua.
—¡Qué gracioso resultó el niño! —hizo una mueca alegre.
—Te ensuciaste, pero te divertiste y lo disfrutaste. De eso se trata la vida, Kurt. Hay que gozar cada momento y atesorarlo, porque los recuerdos será lo único que tendremos al envejecer.
—Te aseguro que este momento lo llevaré conmigo por siempre.
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Trabajar para los Carpenter era agotador, no sólo por la cantidad de tareas que debía realizar sino también por la forma de comportarse de ambos en determinados momentos.
Había sido un día particularmente pesado en la panadería y lo estaba siendo aún más en aquella casa.
Había subido y bajado las escaleras veinte veces, y lo sabía porque contó cada una de ellas. Lo peor era que cada ocasión lo había hecho cargando cajas o cosas pesadas, de manera que le dolían no sólo las piernas sino también los brazos y la espalda.
—Señora… —entró a la cocina— ¿podría darme un poco de agua, por favor?
—Seguro. Cuando hayas terminado.
—Ya lo hice.
—Bien. Voy a revisar primero que todo esté en orden.
La mujer salió y él se apoyó en la pared sin poder dejar de mirar la llave del agua. Sería tan fácil correr a beber un poco si sus piernas respondieran.
—¡Blaine! —llamó la mujer.
—¿Sí?
—Sube un instante.
Con un resoplido el joven salió de la cocina dirigiéndose a la planta superior.
Unas horas después de una extremadamente agotadora jornada, se encontraba sentado en el desayunador bebiendo jugo de naranja.
—Está delicioso —dijo con un suspiro cansado.
—Qué bueno que te guste, pero no te lo termines porque voy a servirte la comida.
—Muchas gracias, pero ya me tengo que ir.
—Todos los días te doy de comer antes de que te vayas.
—Y se lo agradezco tanto, sin embargo, es más tarde que de costumbre y luego no puedo coger el bus.
—¿Y qué se supone que voy a hacer con tu parte?
—Si pudiera llevármela sería estupendo.
—No tengo ningún recipiente desechable para ponerte la comida. Los únicos que tengo son los que uso para compartir con mis amistades, y no te vas a llevar uno de esos porque son de cristal.
—Ah… No hay problema. Entonces ya me retiro.
—Come rápido.
—No, no. Está bien así. Gracias por el jugo.
—¿Qué pasa? —preguntó Rodrigo, un hombre corpulento de sesenta años con una apariencia intimidante.
—Buenas noches señor Carpenter.
—Blaine se quiere ir sin comer.
—¿Te parece justo que la comida se desperdicie de esa forma? —le dio una mirada molesta.
—E-es tarde y d-debo irme.
—Mi esposa pasa tiempo cocinando y te ofrece un bocado cuando no tiene ninguna obligación de hacerlo, y te das el lujo de rechazarla.
El chico parpadeó atónito y de pronto se encontraba en otro lugar.
—¿Te parece justo hacerle ese desplante a tu madre? —gritó Joseph O'Donnel— ¿Acaso crees que no es cansado estar cocinando luego de regresar del trabajo?
—M-me duele la garganta.
—¡No es ninguna excusa!
—N-no he comido en todo el día.
—Eso no es cierto —intervino Joey—. En la mañana se tomó un yogurt.
—E-es dis-tinto…
—¡No es distinto! —siguió gritando el ingeniero— ¡Si tanto te doliera la garganta no te pasaría ni el agua! ¡Ahora vas a comer todo lo que hay en el plato y no quiero escuchar ni una palabra más!
—No puedo, señor.
—Ya veremos si es cierto que no puedes —se desabrochó el cinturón y se lo quitó de un tirón provocando un sonido que hizo estremecer a Blaine.
—¡No! ¡No, por favor! —exclamó con horror el de rizos y se levantó abruptamente, haciendo caer la silla.
—¿Qué te ocurre? —preguntó Rodrigo con tono severo— ¿Es que acaso has perdido la razón?
Blaine sacudió la cabeza al ver que se encontraba con los Carpenter y no con los O'Donnel.
—D-disculpen… N-no me siento bien —levantó torpemente la silla y salió con prisa de la cocina, ignorando el llamado de los esposos.
Al llegar a la sala tomó su mochila y se dirigió al exterior, intentando correr para alejarse lo más pronto posible, pero tropezando con sus propios pies y casi cayendo al pavimento.
—Oye —alguien lo sujetó—. Ten cuidado.
—L-lo siento.
—Blaine, ¿qué ocurre?
Al escuchar esa voz Anderson levantó la cabeza para cerciorarse de que era la persona que creía, encontrándose con la mirada preocupada de Alejandro.
»¿Qué tienes? Estás muy pálido.
—D-debo llegar a mi departamento.
—Pero no en ese estado. A penas si puedes mantenerte en pie.
—Me quiero ir —miró asustado la casa de los Carpenter.
—¿Te hicieron algo?
—Ya me voy…
—Oh no, cariño. No voy a permitir que te vayas solo ni así. Necesitas calmarte primero, luego yo mismo te llevaré.
¿Quieres entrar a mi casa? —el de ojos como la miel negó con la cabeza— Bien… Entonces respira profundo y trata de retener el aire un par de segundos antes de soltarlo y continúa repitiéndolo hasta que estés más calmado.
—Gracias.
—Ya estás recuperando el color —dijo al cabo de un instante— ¿Crees que puedas caminar?
—Sí.
—Voy por mis cosas. Enseguida regreso.
Blaine continuó con el ejercicio de respiración. De pronto se sintió observado y abrió los ojos dándose cuenta de que no se equivocaba. Los Carpenter estaban en el jardín mirándolo fijamente.
Sintiéndose intimidado empezó a retroceder hasta tropezar con alguien que pasaba en ese momento y luego corrió tan rápido como pudo.
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Scott daba vueltas por el departamento mirando constantemente el reloj. Iban a ser las diez de la noche y Blaine no regresaba.
Sabiendo que acostarse a dormir sería imposible, tomó sus llaves y salió del departamento para ir a la estación de buses a esperarlo.
Mientras caminaba por las solitarias calles se convencía más y más de que necesitaban conseguir celulares para poder comunicarse en situaciones como esa.
Estando a dos cuadras de la estación vio a un chico caminando pensativo que iba en su dirección, y suspiró con alivio.
—¡Blaine! —llamó y se acercó a él rápidamente— ¡Blaine!
—¿Ah? ¿Scott? ¿Qué haces aquí?
—Vine a esperarte. No sabes lo preocupado que estaba.
—Lo siento.
—¿Pasó algo? No te ves bien.
—No sé… Es que… —se mordió un costado del labio— El Sr. Carpenter tiene un carácter algo explosivo, ya te he contado sobre eso, y se enojó porque le dije a su esposa que no iba a comer.
—¿Se enojó por eso? ¡Qué estupidez!
—Empezó a gritar y…
—¿Está loco? ¡No tiene ningún derecho a gritarte!
—El caso es que eso me llevó al pasado… Recordé una situación de cuando vivía con los O'Donnel… Fue más que un recuerdo, fue como si hubiera retrocedido en el tiempo literalmente porque estaba en su casa, a la mesa con todos ellos.
—Sabes que no es posible.
—Lo sé, pero se sintió tan real que me asusté mucho y salí corriendo de ahí. No entiendo qué me pasó. No había pensado en ellos en un buen tiempo.
—¿Ya te sientes mejor?
—Ahora que estoy aquí, sí. Me siento más tranquilo.
—Eso es bueno —le palmeó el brazo—. ¿Tienes hambre?
—Un poco.
—Vamos al local de Juanito, es el único que está abierto por aquí a esta hora. A menos que quieras otra cosa.
—No, no, eso está bien. Compramos y comemos en el departamento porque estoy demasiado cansado y adolorido.
—Seguro. ¿Estuviste trabajando hasta tarde? ¿Es por eso que recién llegas?
—Sí. La señora quiso que…
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Blaine sacó del bolsillo de su pantalón un papel que desdobló con cuidado y fue siguiendo los pasos que indicaba en la cabina para marcar el número que tenía anotado.
Su corazón palpitaba un poco más rápido de lo normal y tenía una extraña sensación en su cuerpo que iba creciendo cada vez que timbraba.
Quizá su nerviosismo se debía a que era la primera vez que se atrevía a llamar a pesar de tener el número desde hace algún tiempo.
—"Hola…"
—"¿Quién es?"
—"Soy Blaine." —hubo silencio— "¿Kurt?"
—"Estás hablando con Dante, su prometido.
—"¡Oh! Mucho gusto. Soy amigo de Kurt."
—"¿Qué quieres? Él se encuentra ocupado en este momento."
—"No hay problema, lo llamo más tarde."
El de rizos escuchó a su amigo acercarse en ese momento, o al menos eso supuso, y respiró hondamente.
—¿Quién es?
—Tu amigo nuevo —dijo Dante con seriedad.
—¿Blaine?
—¿Y cuántos más tienes? Al menos es el único al que has mencionado.
—Dame mi teléfono.
—Dijiste que no tenías tiempo para ir a comer con mis padres, pero, ¿sí lo tienes para conversar?
Blaine se arrepentía tanto de haber llamado porque estaba causándole problemas a Kurt. Y con todo de lo que estaba escuchando se sentía más preocupado de que este fuera a casarse con aquel sujeto.
—"¿Blaine? ¿Sigues ahí? ¿Blaine?"
—"Ah… Sí, sí. Aquí estoy."
—"Hola."
—"Lamento mucho lo que sucedió. No imaginé que él contestaría y…"
—"No hay problema."
—"Claro que sí. Se molestó contigo por mi culpa."
—"A veces es un poco celoso, y ya estaba de malas, pero olvídate de eso."
—"Es que…"
—"No hay nada que debas lamentar. Me alegra mucho que hayas llamado. ¿Y a qué se debe la grata sorpresa?"
—"Quería saludarte, pero ya sé que estás ocupado."
—"Sí. Tengo que hacer una presentación mañana sobre el proyecto que te platiqué, sin embargo, puedo tomarme unos minutos para ti."
—"¿De verdad?"
—"Absolutamente. Y más porque finalmente te decidiste a llamarme."
—"Gracias" —sonrió emocionado—. "¿Y cómo va eso?"
—"Bien, aunque debo ser muy cuidadoso con lo que hago y lo que elijo. El Sr. Wong fue muy específico en sus requerimientos."
—"Entiendo."
Una corta plática se llevaba a cabo cuando Kurt se quejó.
—"¿Qué pasó?" —preguntó Blaine preocupado.
—"El Sr. Wong acaba de enviarme un correo. Quiere que nos reunamos para almorzar."
—"Pero si mañana tienes la presentación."
—"Seguramente quiere cambiar algo."
—"¿Puede hacer eso en el último momento?"
—"Prefiero que haga todas las modificaciones ahora que los diseños son digitales y no cuando estemos construyendo o peor aún, cuando el proyecto esté terminado."
—"En eso tienes razón."
—"Amm… ¿Este es tu número, Blaine? Me aparece un prefijo que no reconozco."
—"No. Cuando te dije que no tengo teléfono, no mentí. Estoy llamando de una cabina."
—"¡Oh! ¿Y cómo es eso?"
—"Compras una tarjeta, la ingresas y hablas."
—"Entonces no puedo llamarte."
—"Sólo al edificio donde vivo, pero no para conversar tendidamente."
—"Qué mal."
—"Tranquilo, Kurt, en otro momento conversamos, ahora debes cumplir con tus obligaciones."
—"Gracias por ser tan comprensivo."
—"No me agradezcas, y ya no te distraigo más."
—"Eres una agradable distracción."
—"Kurt…"
—"¿Qué te parece si salimos mañana?"
—"Me toca ir donde los Carpenter… si es que no me despiden."
—"¿Por qué te despedirían?"
—"Hubo un percance ayer. Hoy voy a ir a hablar con ellos para aclarar las cosas y ya veremos lo que pasa."
—"Espero que todo salga muy bien."
—"Gracias, pero ahora me despido para que continúes con tu trabajo."
—"Es una pena que no podamos seguir hablando."
—"¿Qué tal si te llamo más tarde?"
—"No, Blaine. No vas a estar saliendo a buscar una cabina otra vez. Además, no sé cuánto me voy a demorar."
—"Oh, bueno…"
—"¿Y si te voy a buscar donde esa familia? ¿A qué hora sales?"
—"Usualmente a las seis, pero como te dije, no sé si todavía tenga mi empleo" —escuchó a Hummel suspirar—. "Hagamos algo, después de ir a hablar con ellos te llamo rápido para avisarte lo que pasó y según eso nos ponemos de acuerdo para vernos."
—"Seguro. Me encanta la idea. Cuídate, y te deseo lo mejor."
—"Gracias, Kurt. Que ese señor no te provoque dolores de cabeza."
—"Gracias."
El chico guardó la tarjeta y el papel con el número de su amigo y empezó a caminar hacia la estación del bus. Era hora de ir a averiguar si todavía tenía trabajo.
