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CAPÍTULO 16:

"Conviviendo aprendemos"


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Blaine caminaba hacia la casa de los Carpenter cuando alguien le habló repentinamente.

—Me vas a matar de un susto uno de estos días.

Reconociendo la voz volteó de inmediato. Sabía que también le debía una explicación.

—Hola Alejandro. Siento mucho haberme ido de esa forma.

—No es un reproche, cariño. Aunque no lo creas, me preocupo por ti y no me gusta verte mal.

—Sí lo creo porque desde el comienzo ha sido muy bueno y amable conmigo.

—¿Te sientes mejor hoy?

—Sí, gracias. Con respecto a lo de anoche, entré en pánico y me fui sin pensar en que me iba a acompañar. Para cuando lo recordé ya estaba lejos de aquí y no tenía cómo comunicarme, por eso vine a explicarle y disculparme.

—Primero, gracias; y segundo, ya te he dicho que no me hables de usted.

Blaine asintió suavemente. —Tengo que hablar con los Carpenter también, pero no veo el auto de la señora. ¿Tendrá mucho de haber salido?

—Voy llegando en este momento, así que lo ignoro por completo.

—Oh, bueno, igual la tengo que esperar. Tal vez no tarde porque a esta hora usualmente está preparando el almuerzo.

—Anoche no me contestaste si te hicieron algo y me quedé preocupado. Ahora mencionas que te fuiste así porque entraste en pánico, y uno no entra en pánico a menos que algo grave esté sucediendo.

—Se molestaron por un asunto sin importancia y… No fue algo relacionado a ellos en realidad sino a mi pasado.

No sé si te ha ocurrido, pero a veces un recuerdo llega de forma inesperada y nos golpea tan fuerte que es capaz de alterarnos por completo.

—Entiendo bien a lo que te refieres.

—Eso fue exactamente lo que pasó. No es algo que me ocurra con frecuencia, sin embargo, anoche sucedió.

—Pero ese recuerdo siempre es desencadenado por alguna situación específica, y en este caso tuvo que ver con ellos, ¿o me equivoco?

El auto de la mujer mayor llegó en ese momento, interrumpiendo la conversación.

—Disculpa, tengo que ir a hablar con ella.

—Seguro. Cuídate, y ya sabes que aquí estoy para lo que necesites.

Blaine sonrió y tras un asentimiento corrió a alcanzar a la persona a la que había ido a buscar.

—¡Sra. Carpenter! —elevó la voz sin gritar— ¡Sra. Carpenter!

—¿Qué quieres?

—Buenas tardes. Necesito hablar con usted sobre lo que ocurrió anoche.

—Te comportaste de la peor manera.

—Lo lamento. Sé que no actué correctamente, pero no me sentía bien y…

—No te sentías bien para regresar con nosotros cuando te llamábamos, sin embargo, no tuviste ningún problema en quedarte a hablar con esa escoria.

—¿Ah? Perdón, no entiendo a qué se refiere.

—Te vimos hablando con el sarasa ese que tenemos lamentablemente como vecino, y hoy llego y te encuentro nuevamente a su lado.

—¿Sarasa? ¿Qué es eso?

—Muchachito ignorante —dijo con ínfulas—. Espero que el sujeto aquel no te esté lavando el cerebro.

—Sigo sin entender. La única persona con la que he hablado en con Alejandro y…

—¿Alejandro? ¡Ya hasta lo llamas por su nombre! ¡Qué horror! Te advierto que, si quieres seguir trabajando con nosotros, no puedes acercarte ni tener ningún tipo de contacto con ese sucio. ¿Quedó claro? —con un movimiento de la mano le indicó que sacara las bolsas del supermercado y entró a la casa.

Con todos los paquetes Blaine la siguió hasta la cocina, dejándolos sobre el mesón.

—¿Por qué no puedo acercarme a él? ¿Y por qué lo llamó así? Alejandro es una buena persona.

—¿Buena persona? ¡Eso jamás! Lo que él hace es una aberración, y nadie que haya elegido esa vida puede ser bueno.

—¿Esa vida?

—Tal parece que de verdad ignoras la situación —negó con la cabeza—, y creo que es mejor que no sepas de ciertas cosas, así que con mayor razón te prevengo que mantengas la distancia para que ese pervertido no pueda dañarte.

¿Escoria? ¿Sarasa? ¿Sucio? ¿Aberración? ¿Pervertido?

Blaine no entendía por qué la mujer se expresaba así de su vecino. Si bien era cierto que no tenía mucho tiempo de haberlo conocido, este jamás había dicho o hecho algo que lo incomodara o que pusiera en evidencia un comportamiento que justificara aquellas terribles palabras.

—¿Qué haces en mi casa?

El chico volteó y notó al instante el enojo en el rostro del dueño de casa.

—Buenas tardes Sr. Carpenter.

—Blaine vino a disculparse por lo de ayer y a explicarnos lo que sucedió.

—¿Y?

—Al parecer no se sentía bien —respondió Samantha sin darle tiempo de hablar al afectado.

—Pero se quedó conversando con el enfermo ese.

—Justamente le estaba diciendo que debe mantenerse alejado del hereje de al lado.

—Eso debimos establecerlo desde el principio, pero es bueno que se lo recalcaras.

Los esposos seguían hablando y Blaine sólo escuchaba en silencio tratando de comprender algo de lo que decían.

Finalmente, Rodrigo salió de la cocina advirtiéndole que no tendría otra oportunidad así que debía comportarse adecuadamente.

—¿Necesita algo más, señora? Debo retirarme.

—Estaba olvidando que hoy no trabajas. Te espero mañana a la hora de costumbre.

Blaine quería preguntarle por qué tanto odio de parte de ella y de su esposo hacia su vecino, pero decidió no hacerlo porque diría algo malo seguramente, y prefería averiguarlo por su cuenta.

Pam Anderson le había enseñado a no dejarse llevar por lo que los otros digan u opinen, sobre todo al tratase de alguien más, ya que muchas veces las personas se sesgan y sólo van repitiendo lo que escuchan, o se expresan en base a sus prejuicios y no a la realidad.

Agradeciendo la oportunidad de seguir trabajando, se despidió de la mujer y se retiró para ir a buscar una cabina.

Alejandro se encontraba en el jardín regando las flores y al ver al de rizos se acercó sin traspasar su propiedad.

—¿Qué pasó?

—Todo bien, pero ya debo irme.

—¿Y por qué te vas?

—Hoy no me toca estar aquí, sino mañana.

—Oh, claro. Me alegro por ti, Blaine.

—Gracias —dijo en voz baja y se alejó intentando ordenar sus ideas.

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Después de un día pesado, Kurt esperaba impaciente en el restaurante a que Blaine llegara. Habían acordado encontrarse a las seis y media y ya pasaba de las siete de la noche.

—Lo siento —el de ojos color miel se acercó apresurado y separó la silla de la mesa—, los buses cruzaban llenos, pero ya estoy aquí.

—Hola —sonrió Hummel.

—Hola.

—¿Cómo te fue? ¿Qué tal tu día? —preguntaron al mismo tiempo.

—Bien —respondió el menor luego de que el castaño le indicara con un gesto que hablara primero—. Todo bien, aunque demasiado cansado. Pareciera que los Carpenter inventan nuevas tareas cada día para tenerme toda la tarde ocupado porque no me dan tregua.

—Eso es terrible.

—Ellos buscaban a alguien que pudiera trabajar bajo presión, y decidí presentarme.

—Una cosa es la presión y otra la explotación.

—El señor Carpenter dice que no me pagan para que esté sin hacer nada, y es cierto.

—Eso es verdad en cierta medida, Blaine, pero no significa que te van a tener ocupado desde que llegas hasta que te vas. Necesitas al menos unos minutos para recobrar fuerzas, beber un poco de agua o ir al baño, y el que no te den tiempo ni para respirar sí es una forma de explotación como yo lo veo.

—Tal vez sí son algo estrictos —hizo una mueca—, de todos modos…

—De todos modos, ¿qué?

—Estoy pensando en renunciar.

—¡Oh! Si es lo mejor para ti, entonces hazlo.

—Lo estoy pensando realmente porque no es fácil conseguir empleo —suspiró—. Pero dejemos eso a un lado y mejor cuéntame cómo te fue con tu presentación.

—Muy bien. El Sr. Wong aprobó todo así que puedo empezar a construir.

—¡Eso es maravilloso! ¡Me alegro mucho por ti!

—Gracias, Blaine.

—Me gustaría tanto ver lo que diseñaste. Estoy seguro de que debe ser genial.

—¿Realmente quieres ver?

—¡Por supuesto!

Kurt sacó la computadora del maletín y la colocó sobre la mesa, encendiéndola rápidamente y entrando al programa. Emocionado le explicaba todo a su amigo y no dejaba de sonreír ante los halagos de este y la fascinación con la que le preguntaba por cada detalle.

La conversación fue dando varios giros durante la cena y antes de que se dieran cuenta las horas habían transcurrido y el mesero que los atendió les estaba indicando que el restaurante ya iba a cerrar.

Sorprendidos salieron del local y se dirigieron a un parque que al castaño le encantaba y al cual había dejado de ir por razones que él mismo desconocía.

La plática parecía no tener fin mientras recorrían el lugar. Tenían mucho que compartir con el otro y nunca se había dado la oportunidad de que pasaran juntos tanto tiempo, hasta esa noche.

—¿Podemos sentarnos? —preguntó Blaine haciendo una pequeña mueca— Mis piernas no dan más.

—Sí, sí, claro. Discúlpame.

—Sólo necesito sentarme.

—¿Te gustaría que te llevara ya a tu departamento?

—No, no. A menos que debas regresar. No quiero ser sinónimo de problemas en tu vida.

—No lo eres. Todo lo contrario, Blaine, eres luz y alegría.

El chico sonrió de esa forma en la que podría detener al tráfico, y Hummel suspiró encantado. Había algo mágico en verlo así.

Tras acomodarse en una banca que encontraron disponible luego de recorrer un buen tramo, el menor exhaló.

—No estoy seguro de lo que voy a hacer.

—¿Acerca de qué?

—Sobre mi situación con los Carpenter, aunque no te dije todo.

—¿Qué es lo que no me dijiste? ¿Te han hecho algo? Porque si es así juro que voy a llamar a mis abogados y a la policía para…

—Cálmate, Kurt. Es muy dulce de tu parte —lo miró enternecido—. No imaginé que te preocuparas tanto por mí.

—Lo hago. Me importas mucho Blaine. Creí que lo sabías.

—Lo sé. No estoy diciendo lo contrario, sólo que no imaginé que fuera tanto.

Hummel lo miró sin saber qué decir. Si debía ser honesto, él tampoco se había dado cuenta de ello y no estaba seguro en qué momento pasó, pero ciertamente estaba dispuesto a protegerlo de todo y de todos.

—Bueno, eres demasiado importante para mí, y quiero que tengas presente que siempre podrás contar conmigo.

—Gracias, Kurt. Tú también cuentas conmigo en todo momento.

El mayor lo miró y le dio una sonrisa de agradecimiento.

—Ah… ¿Qué fue lo que no me contaste entonces?

—No me siento bien trabajando para los Carpenter, y no es porque sean estrictos y exigentes, ya que estoy acostumbrado a tratar con personas así, aunque reconozco que me gustaría que me dieran un respiro de vez en cuando, pero a más de eso, no me parece correcta la forma en la que se expresan de Alejandro.

—Quizá ellos lo conocen mejor que tú.

—Tal vez, pero aun así no hay nada que justifique todo ese odio.

—¿Odio? Esa es una palabra muy fuerte, Blaine.

—Estoy consciente de ello, por eso no me gusta. Si los escucharas o si vieras la manera en la que lo miran… Incluso hoy la señora hizo algo que me pareció terrible en todas las formas posibles, y esa es la otra causa por la que he pensado en renunciar.

—Si no te sientes bien con ellos y no estás de acuerdo en su proceder, entonces no te quedes ahí. No permitas que se comprometan tus valores y tu integridad.

—Mis padres hubieran dicho eso —sonrió.

—Es curioso que los menciones, en el tiempo que llevamos de conocernos sólo has hablado de ellos una vez.

Pasada la media noche Hummel se estaba parqueando fuera de un alto y descuidado edificio.

—Así que aquí vives…

—Sí. En el séptimo piso.

—Espero que nunca se dañe el ascensor —bromeó.

—Ya ha pasado, varias veces de hecho.

—¿Y cómo hiciste para llegar a tu departamento?

—Usando las escaleras.

—¿Subiste los siete pisos?

—Era eso o quedarme a dormir en un parque —esbozó una sonrisa que se asemejaba más a una mueca.

—Yo no hubiera podido… Sólo de imaginarlo me siento cansado.

—Estoy acostumbrado a estar en mucha actividad. No digo que fuera fácil, pero tampoco tan complicado. Aunque con los días si se volvió cansado.

—¿Estuvo dañado el ascensor durante días?

—Dos semanas, pero ya no hablemos de eso.

—Seguro.

—Te quiero agradecer porque lo pasé muy bien, Kurt.

—No tienes nada que agradecerme. Yo igual me divertí. Siempre disfruto de tu compañía.

—También lo hago —empezó a jugar con sus dedos—. Cada minuto de esta noche ha sido magnífico, pero… —se mordió el labio.

—¿Qué?

—Es tarde y tu prometido se va a enojar.

—Él no está en casa. Se iba a quedar a dormir donde su mejor amigo porque hoy tenía su despedida de soltero.

—¡Oh! ¿Y qué hay de ti? ¿No deberías estar en tu despedida también?

—¡No voy a tenerla!

—¿Por qué?

—Porque la gente que me rodea y que quería organizarla es interesada y falsa mientras que quienes realmente me importan, que son mis mejores amigos, no están de acuerdo con mi boda así que no van a celebrar el que me vaya a casar, por lo tanto, me negué.

—Entiendo… Amm… ¿Y entonces?

—Siendo sincero, no me gustan ese tipo de fiestas, así que me resulta indiferente.

—Pero él sí está en su despedida.

—No puedo impedir que salga con sus amigos. Además, si ellos quisieron celebrarlo y él estuvo de acuerdo, pues bien. Como dije, no quiero una fiesta de ese tipo.

—Comprendo… —observó con cautela a unas personas que cruzaban en ese momento haciendo bulla— Nunca he entendido las despedidas de solteros. He escuchado que dicen que es el último momento de libertad, la última oportunidad para disfrutar y cosas como esas, lo cual me ha llevado a cuestionarme que, si al casarte vas a tener que renunciar a ser tú, reprimirte y dejar de disfrutar la vida, ¿entonces para qué lo haces?

Se supone que el matrimonio marca una etapa que debe ser de alegría y cosas buenas porque has encontrado a alguien con quien compartir todo aquello que te gusta y te apasiona, y es también el inicio de una nueva vida llena de aventuras junto a la persona que amas.

Kurt parpadeó lentamente repetidas veces encontrando la lógica en la forma de pensar de su amigo.

—Nunca dejas de sorprenderme… Te lo he dicho antes y cada vez me convenzo más de lo sabio y maduro que eres.

—No me considero sabio, sólo analizo las cosas de una forma objetiva, o al menos lo intento.

—Lo haces muy bien. Mejor que la mayoría de las personas que conozco.

—¡Oh! No sé qué decir.

—No necesitas decir nada.

—Bien… —se rascó el costado del cuello y desvió la mirada durante unos segundos— ¿Sabes? Que no quieras una despedida no significa que no puedas salir a divertirte con tus amigos.

—Y eso hice. En cuanto a mí respecta, Dante habrá estado en una fiesta, pero yo tuve la mejor noche porque la pasé contigo.

Blaine sonrió suavemente y permaneció en silencio observándolo.

Kurt suspiró una vez más al contemplar aquellos ojos que le parecían tan hermosos. Podía jurar que jamás había visto orbes como esos.

—Me gustaría que subieras, pero mi departamento es muy pequeño y Scott debe estar durmiendo.

—No te preocupes, ya habrá otro momento.

—Gracias por todo.

—Gracias a ti, Blaine.

—¿Te veo mañana?

—No lo creo porque será un día sumamente ocupado… —resopló por la nariz— Detesto no poder escribirte o llamarte.

—Yo te llamo.

—No. Ya te dije que no está bien que salgas a buscar una cabina y que todavía tengas que gastar en comprar una tarjeta.

—No puedo darme el lujo de tener un teléfono por ahora, pero no es ningún problema para mí llamarte, te lo aseguro.

—Te lo agradezco, sin embargo, insisto en que no está bien.

—¿Entonces?

—Ya encontraremos una mejor solución.

El chico asintió levemente. —Amm… Tal vez te parezca extraño lo que te voy a pedir, pero ya que hablamos de teléfonos, ¿podrías prestarme el tuyo por un instante? Hay algo que la Sra. Carpenter dijo y que no he podido sacar de mi mente.

—Sí, seguro.

—Se trata de una palabra que nunca había escuchado y no tengo dónde averiguar su significado.

—No necesitas darme explicaciones, Blaine. Toma —le entregó el dispositivo—. Tienes que entrar al navegador. Es fácil, sólo…

—Oye, que no tenga celular actualmente no significa que nunca lo haya tenido o que no sepa cómo usarlo.

—Oh… No quise insinuar eso, nada más intentaba ayudarte.

—Descuida, lo sé —se quedó observando la pantalla.

—¿Qué ocurre?

—Me preocupa descubrir el significado de esa palabra.

—¿Por qué?

—Alejandro ha sido muy bueno conmigo y sería duro comprender que no es quien creo que es.

—¿Por qué te importa tanto? A penas si lo conoces —dijo en un tono serio y haciendo un gesto.

Blaine lo observó sorprendido, y por un instante cruzó por su mente la idea de que Kurt estaba celoso, pero de inmediato la desechó ya que eso sería imposible.

—Cuando una persona amable y compasiva llega a mi vida, así sea por un periodo corto, la valoro mucho, y él ha sido maravilloso conmigo desde el comienzo.

—Dijiste que lo han llamado sucio y enfermo. Tal vez este sujeto tiene ciertas intenciones que no has notado y…

—No. Yo sé que no. Nunca ha intentado nada incorrecto al estar a solas, y oportunidades no han faltado. Su forma de tratarme es… Me recuerda a ti en cierto modo.

—¿A mí?

—Sí. Te das cuenta cuando alguien es transparente, así como cuando tiene dobles intenciones por la forma en la que te mira, las cosas que te dice y… bueno, hay ciertas señales. Contigo supe de inmediato que no estabas en busca de hacerme daño o sacar algún provecho de mí, y con él es igual.

—Bueno, sí tú lo dices.

—Alejandro es amable y generoso, no porque busque algo a cambio sino porque le importan los demás. Además, no me siento intimidado ni amenazado de ninguna forma ante su presencia.

—Tal vez no tenga malas intenciones contigo, pero pervertido es un término muy grave, y también lo han tachado de serlo.

—Lo sé, y eso me hace dudar, aunque quiero confiar en mi instinto, y este me dice que es una buena persona.

—Entonces no debería preocuparte saber el significado de esa palabra.

—Eh… Sí, creo que tienes razón… Es sólo que…

—¿Qué cosa, Blaine?

El de rizos respiró tan profundo como pudo y miró hacia la ventana antes de dejar salir el aire lentamente.

—Tiempo atrás, cuando viví en uno de los refugios, conocí a Richard, un chico increíble, generoso, amable, siempre pendiente de todos, pero había personas que decían cosas muy feas de él y lo confrontaban como si lo conocieran.

Yo simplemente no podía entenderlo porque Richard era la clase de persona que sí conseguía un pan para su cena, pero sabía que otros chicos del refugio no habían alcanzado comida, compartía ese pan con ellos.

Siempre pensé que alguien así no podía ser malo y que quienes decían esas cosas horribles lo hacían por puro prejuicio ya que él usaba varios piercings y tenía tatuajes, así que hice caso omiso a las habladurías y confié.

—Tengo el presentimiento de que te equivocaste, ¿cierto?

—Después de un tiempo descubrí que era un ladrón.

—¿Qué?

—Un día la policía apareció y se lo llevó acusado no sólo de robo sino también de haber lastimado a una mujer.

Eso fue un gran impacto porque él me ayudó en varias ocasiones y siempre cuidó de mí en las calles.

Recuerdo la forma en la que me miró mientras lo esposaban. Le pedí que aclarara las cosas y me respondió que lo lamentaba, que era cierto que había tenido que robar porque no conseguía trabajo en ninguna parte debido a su apariencia, pero que no había lastimado a nadie.

Hasta el día de hoy sigo teniendo una mezcla de sentimientos porque él siempre fue bueno con todos. Y que quede claro que no estoy justificando sus acciones, pero comprendo lo que es tener hambre y ser discriminado.

Si retiraron los cargos, si lo encontraron culpable o qué sucedió al final, es algo que ignoro ya que esa fue la última vez que supe de él.

—No sé qué decir. Eso es… —llevó la mano derecha hacia su barbilla y cubrió parte de sus labios con el dedo índice mientras negaba con la cabeza— ¡Guau!

—He tenido pocas personas buenas en mi vida, supongo que por eso me preocupa lo que los Carpenter dicen de Alejandro.

—Son acusaciones muy graves.

—Lo entiendo, pero no quiero pensar eso de él.

—Tal vez se dedica a algo que a ellos no les parece correcto.

—¿Qué podría estar haciendo para que lo desprecien de esa manera?

Ambos guardaron silencio mirando a diferentes puntos.

—Estoy pensando en que además de la forma en la que lo llaman, también dicen que eligió esa vida, ¿cierto?

—Sí, y eso me tiene intrigado porque lo dicen de forma acusatoria. O sea, ¿elegir esa vida? ¿Qué se supone que significa?

—Mmm… No lo sé, quizá trabaja en las calles o en algún lugar de dudosa reputación.

—Espera, ¿estás diciendo lo que creo que…?

—Es nada más que una suposición porque ese sería el otro motivo que se me ocurre para que lo llamen de todas esas maneras.

—¡Mierda! ¡Guau! —suspiró— No había pensado en ello.

—Tal vez esa es la respuesta.

—Sí, tal vez. Aunque si llegara a ser cierto, no me importaría.

—¿No?

—En lo absoluto. Si trabaja en las calles, bailando en un club nocturno, en un sitio de acompañantes, o cualquiera de esas cosas, no cambiaría la forma en la que lo veo, porque son simplemente empleos, una forma de ganarte la vida cuando no te quedan opciones.

—¡Vaya! Ese es un concepto diferente.

—La gente juzga y siempre lo hará sin ponerse en los zapatos de los demás, Kurt. Obviamente hay toda clase de personas y entre esas están a las que les gusta exhibirse o como algunos le dicen, ganar dinero fácil, pero puedo asegurarte que no tiene nada de fácil y que muchos de los que trabajan en ello son sólo personas buenas con grandes necesidades.

Nunca voy a olvidar a Gabriela, ella tuvo un bebé a los dieciséis. Su novio la abandonó cuando supo del embarazo y sus padres la corrieron de la casa. Sé que parece sacado de una novela, pero eso pasa a diario y muchas adolescentes terminan solas en las calles.

En la época en la que la conocí su hijo tenía año y medio, y realmente lo amaba, así que luego de pasar por penurias e intentar conseguir un trabajo que le permitiera solventar los gastos que un bebé representa, terminó bailando en un club como desnudista. Lo odiaba, y lloraba constantemente, pero eso pagaba sus cuentas y evitaba que su niño muriera de hambre.

—Dios, Blaine…

—Crecí rodeado de todo tipo de personas y he visto más cosas de las que jamás podrás imaginar.

Kurt soltó un pequeño jadeo y bajó la mirada.

—Lo que me cuentas es… —negó con vehemencia y permaneció callado por un par de minutos con la mirada perdida en algún lugar.

—¿Esto cambia lo que hay entre nosotros?

El mayor giró la cabeza y lo miró fijamente durante unos segundos.

—¿Qué?

—¿La vida que he tenido afecta de algún modo nuestra amistad?

—¡Nunca!

—Creí que… Como no dijiste nada…

—Sólo me quedé pensando en lo inicuo que puede ser este mundo… Hay quienes lo tenemos todo y, sin embargo, nos quejamos por estupideces que nos parecen injustas, mientras tanto, hay quienes padecen de tantas formas y a pesar de eso, luchan a diario y continúan sonriendo y dando lecciones de vida.

—Tú tampoco lo has tenido fácil junto a Dante.

—Sí, es verdad que los últimos años a su lado se volvieron complicados, pero no hay punto de comparación, Blaine… Trato de imaginar lo que has vivido y ni siquiera encuentro las palabras para describirlo.

—Mi historia tiene altas y bajas, pero pienso que no ha sido tan terrible como la de las personas que he conocido.

—De las veces que me has contado sobre tu pasado sé que has tenido una vida dura.

—No lo estoy negando, es sólo que hay quienes han padecido más. Papá me decía que debemos ser agradecidos, aunque la situación que atravesemos sea complicada, porque siempre hay alguien que está pasando por algo más difícil, y he aprendido que es verdad.

—Te admiro más que nunca y estoy muy agradecido de que llegaras a mi vida. Me estás abriendo los ojos de una manera que nunca creí posible.

—También estoy agradecido de tenerte, y me alegra saber que puedo aportar algo a tu vida.

—Mucho más de lo que puedas pensar o creer.

—Kurt…

Tras una pausa en la que los amigos compartieron una mirada significativa, Blaine suspiró presionando el teléfono contra su pecho.

—Si es una buena persona, no la alejes —dijo Hummel y lo instó a que continuara mediante un movimiento de cabeza—. Aunque no necesitas saber cosas que están demás.

—Tal vez es una tontería, o es la clave de todo, pero sin importar qué, quiero saber.

El de ojos azules asintió y permaneció en silencio.

Antes de entrar al navegador, Blaine inhaló por la boca y observó la pantalla durante unos segundos, luego procedió a escribir aquella palabra que lo intrigaba, poniéndola con "s" y con "z", probando todas las combinaciones posibles hasta que dio con ella.

"Sarasa", dijo en voz baja y leyó en silencio su significado.

¿Esa era la razón del odio de los Carpenter? ¿Por qué tenía que haber gente así?

Con el ceño fruncido tomó una decisión al instante. No regresaría a trabajar con ellos.

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Sarasa: Término despectivo para referirse a un homosexual. Es igual a afeminado y mari**