.
CAPÍTULO 17:
"¿Esto tiene sentido?"
.
Dante besaba en el cuello y los hombros a Kurt mientras con las manos recorría los costados de su cuerpo.
—¿Estás seguro de que te tienes que ir, bebé? —preguntó en un modo sugerente— Podemos divertirnos un rato.
—Tengo cita con el sastre.
—Llámalo y dile que vas más tarde.
—Sí, podría llamarlo, pero a mi papá no, y él va a llegar en cualquier momento.
—¿Burt te va acompañar?
—Así es. Dijo que quería cerciorarse de que el traje hubiera sido diseñado adecuadamente para mí.
—Es importante que el traje sea perfecto, aunque he de resaltar que te ves muy bien en lo que sea que uses.
—Gracias.
—No me agradezcas. Eres hermoso, Kurt, y lo sabes —El mencionado sonrió ligeramente—. Hermoso y muy ardiente —lo miró de pies a cabeza—. Vamos cariño, diez minutos. Sabes que lo hemos hecho en ese tiempo. Acuérdate de esa vez en Saint-Tropez cuando…
—Sí, sí, pero en esa ocasión sabíamos la hora a la que mi papá llegaría porque iba a almorzar con nosotros, así que calculamos el tiempo, además de que yo no tenía que salir a ninguna parte.
—Será rápido y muy bueno —le abrió el pantalón—. Jamás te he decepcionado, ¿cierto?
—Ya te dije que no. No voy a salir agitado ni sudado.
—¿Qué está pasando Kurt?
—¿Por qué?
—Te noto extraño desde que cambiamos la fecha de la boda.
—¿Extraño? No sé de qué estás hablando.
—De cierto modo no eres el mismo.
—Estoy nervioso, ansioso, no lo sé.
—No tienes por qué ponerte así. Que nos casemos simplemente lo hace oficial por el resto de nuestras vidas. No es que las cosas vayan a cambiar drásticamente… en un mal sentido —se apresuró a decir—. Claro que habrá uno que otro cambio, por ejemplo, estoy terminando de arreglar lo que tenía pendiente para poder renunciar, pero eso ya lo sabes.
—No puedo evitarlo. Quizá para ti sea algo simple, pero para mí casarme es muy importante.
Dante lo envolvió con sus brazos y apoyo la barbilla en el hombro de este.
—También es importante para mí. Cuando dije eso me refería a que hemos vivido juntos desde hace varios años, por lo tanto, ya sabemos cómo es la convivencia y todo lo que conlleva, que es usualmente lo que inquieta a las parejas que se casan.
Tendremos una boda hermosa, Kurt, y nuestro matrimonio será la envidia de todos, así que no hay nada por lo que debas preocuparte —le besó la mejilla y continuó hasta que su prometido movió la cabeza y sus labios se encontraron.
Pronto sus manos estaban recorriendo la anatomía del menor, pero este se separó de inmediato.
—¿De verdad es lo único en lo que piensas? —preguntó Hummel con el ceño fruncido.
—Obvio que no, pero, ¿acaso puedes culparme cuando no hemos tenido intimidad y te necesito?
—¿Sabes que hay más formas de intimar que el sexo?
—Sí, por supuesto, pero, ¿qué hay de malo con ello. No sólo es increíble, sino que constituye también una parte primordial en la relación de toda pareja.
—No es cierto.
—¿Cómo que no?
—Si tuviera un accidente o si me ocurriera algo que me dejara imposibilitado y no pudiera hacerlo nunca más, ¿entonces qué? ¿Me abandonarías?
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—Estás diciendo que el sexo es fundamental en una relación, pero, y si por alguna razón dejara de ser posible para mí, ¿eso significaría que las cosas dejarían de funcionar automáticamente? ¿Se perdería la química? ¿Se acabaría el amor?
—Ah… No… Claro que no… Pero estás hablando de un caso hipotético, en realidad es poco probable que…
—¿Y qué hay de las personas asexuales? ¿No pueden tener una relación sólida con su pareja?
—¿A qué viene todo esto, Kurt?
—Hiciste un planteamiento y te estoy cuestionando al respecto.
—Tengo un cuestionamiento para ti también. ¿Por qué cada vez que estás estresado, preocupado, o lo que sea, pierdes el interés?
Sé que lo disfrutas cuando lo hacemos porque me lo demuestras, sin embargo, soy yo siempre el que inicia o el que te tiene que convencer.
—No es que pierda el interés, pero si estoy preocupado, si estoy enojado o si algo me está pasando, ¿cómo quieres que esté pensando en acostarme contigo?
Lo hemos hablado muchas veces y no quiero entrar en ese tema otra vez ni quiero que discutamos ya que hemos estado bien en este tiempo.
—Tampoco quiero discutir, y menos por esto. Sólo estaba buscando un momento de intimidad contigo, algo que disfrutáramos.
—Como ya te dije, hay muchas formas de intimar, así como de disfrutar juntos.
El sexo es grandioso, no lo voy a negar, pero no es lo que estoy buscando todo el tiempo. Lo disfruto cuando es de mutuo acuerdo, pero si…
—¿Cómo que si es de mutuo acuerdo? ¿Qué significa eso, Kurt?
—¿Estás forzando a mi hijo a acostarse contigo?
La pareja volteó para encontrarse con la mirada colérica del hombre mayor que estaba de pie junto a la puerta.
—Por supuesto que no, Burt. ¿Cómo se te ocurre?
—¿Y por qué dijo eso? —miró a su primogénito y avanzó a pasos agigantados— Kurt, ¿este canalla te está obligando a…?
—¡No, papá! Fue sólo una forma de expresarme.
—¡Esa no es una expresión que se use comúnmente! —tomó a Dante por los brazos, obligándolo a retroceder— Si él te ha forzado a algo…
—¡Jamás haría una cosa así, Burt!
—¡Papá, suéltalo!
—Burt, te doy mi palabra de que nunca he hecho nada de lo que estás imaginando. Lo único que he hecho es recordarle a mi prometido su obligación como mi pareja que es. ¿Acaso he cometido un error?
El castaño apretó los dientes para evitar decir algo que no debía.
—Bueno —dijo el hombre mayor y soltó a su futuro yerno—, eso es diferente. Kurt tiene el deber de atender tus necesidades, más ahora que se casen, pero tú también debes…
—Lo hago, lo hago siempre. De eso hablábamos cuando llegaste.
Burt volteó en dirección de su hijo. —¿lo que dice Dante es cierto? Porque sabes que fuiste educado para…
—Sí, sé muy bien para lo que fui educado —miró con una mezcla decepción y rabia a su padre y luego a su prometido.
Sin pronunciar otra palabra tomó su saco y su teléfono y salió de la habitación.
—Ahora me vas a explicar por qué Kurt está tan enojado.
—Ya sabes cómo es tu hijo. Puede ser muy dramático a veces.
—Espero que no me estés mintiendo.
—No lo hago. Como dijiste, sólo…
—Sé muy bien lo que dije, pero eso no significa que vas a aprovecharte de él.
—Jamás hemos hecho algo que Kurt no haya querido o disfrutado. Puedo darte detalles, si estás dispuesto a escuchar.
—No te pases de listo conmigo, Di Marco. Si llego a descubrir que abusas de mi hijo en cualquier forma posible, o que lo hiciste en el pasado, te prometo que vas a acordarte de mí hasta el último día de tu existencia.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—Elliot —dijo Kurt interrumpiendo la llamada telefónica que sostenía su chofer.
"Lo siento, debo colgar. Luego te llamo." —guardó rápidamente su teléfono— Dígame, señor.
—Disculpa que te hiciera cortar.
—Oh no, señor. Descuide. ¿Qué se le ofrece?
—Alista el auto por favor.
—Pensé que se iría con su padre.
—No estoy en condiciones de conducir en este momento ni quiero estar a solas con él, por eso necesito que me lleves.
—No tiene que darme explicaciones, señor. ¿Qué auto desea que traiga?
—Me da igual.
—Entiendo. Enseguida regreso.
Pronto el auto estuvo listo y el castaño en el asiento posterior. La puerta no tardó en abrirse dando paso a su padre, quien lo miró sorprendido.
—Dijiste que sólo iríamos los dos —se sentó junto a su hijo.
—No estoy de ánimos para conducir.
—Te había dicho que quería aprovechar el tiempo para hablarte sobre algunos asuntos.
—Adelante.
—Son asuntos privados.
—Puedes hablar de lo que quieras, Elliot es de mi entera confianza.
—¿Has perdido la razón? ¡Hay temas que no se tratan delante de la servidumbre!
—Elliot es mi amigo.
—¿Amigo? ¡Definitivamente perdiste la razón! Una cosa es que seas respetuoso y cordial con tus empleados, pero otra muy distinta es que te relaciones con ellos.
¡Tu amigo! —resopló y negó con la cabeza— ¡Es lo más absurdo que he oído hoy!
—No sé qué es lo que encuentras absurdo. Elliot ha estado para mí en…
—Es su obligación atenderte y estar pendiente de lo que necesites, para eso Dante le paga.
—Disculpe que intervenga Sr. Hummel —dijo el de cabellera oscura—, pero debe saber que realmente me preocupo por el señor Kurt y…
—¿Quién te dio permiso para hablar? —elevó un poco la voz.
—Déjalo, papá.
—¿Qué lo deje? ¿Te das cuenta de lo que provocas? Por darle ese exceso de confianza a este sujeto ya se cree con derecho a entrometerse en nuestra conversación.
—Elliot tiene todo el derecho a hablar y de defenderse. Y aunque no lo creas, sí se preocupa por mí y ha estado a mi lado en los momentos difíciles.
—¡Eso es lo único que faltaba! ¿Y luego qué sigue? ¿Saldrás a comer con él? ¿Lo llevarás a los eventos sociales? ¡Pon los pies en la tierra, Kurt!
—¡Tú aterriza y abre los ojos!
—¿Ahora me faltas el respeto? ¿Eso es lo que te enseña el sujeto este? Porque tu madre y yo no te criamos para que te comportaras así, y las personas que forman parte de tu vida son de alcurnia y tienen clase.
—No lo metas a él en esto porque no tiene nada que ver con todo lo que siento, aunque no puedo decir lo mismo de los pretenciosos hipócritas que me rodean.
—¡Esto es el colmo! ¿Qué es lo que está pasando contigo?
—¡Estoy saturado, papá, eso me pasa! —rezongó— ¡Me siento sofocado y estoy más que harto de aceptar la opinión y los juicios de los demás, así como de tener que agachar la cabeza en todo momento! —lo miró a los ojos— ¡No voy a volver a permitirlo y me importa una mierda quien se enoje o se ofenda!
—¡No tienes idea de cuánto me avergüenza tu comportamiento, Kurt!
—¡Y tú no tienes idea de lo mucho que me decepcionas cada vez que hablas!
—¿Cómo te atreves?
—Si no te parece bien puedes bajarte del auto. De todos modos, iba a ir solo al sastre.
Burt miró a su hijo durante varios segundos y respirando profundamente se abrochó el cinturón de seguridad.
—¿Qué estás esperando? ¡Muévete! —le ordenó al chofer
—No le hables así —gruñó el castaño entre dientes.
Gilbert realizó un cambio con la palanca y empezó a conducir en silencio.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—Blaine, ¿qué te ocurre? —preguntó Giuseppe— Has estado muy callado y algo distraído.
—Estaba pensando en un amigo.
—¿Le ocurre algo a ese amigo?
—¿Usted cree que los matrimonios arreglados funcionen?
—¿Matrimonios arreglados? ¿Quién hace eso en estos tiempos? Ya sé que es una pregunta retórica porque increíblemente todavía ocurren esas cosas.
Respecto a tu amigo, ¿lo están obligando a casarse con alguien a quien no quiere?
—No exactamente. Sus padres y los de su pareja los presentaron años atrás con la idea de que estuvieran juntos y algún día hubiera una unión legal.
—Bueno, aunque sus padres planificaran el encuentro, si ellos se enamoraron y eso es lo que los lleva ahora a casarse, es distinto. Por otro lado, si no hubiera amor de por medio, entonces sí sería incorrecto en todas las formas posibles.
—Se enamoraron, fueron felices y hasta llegaron a planificar su futuro, pero… no creo que sigan sintiendo lo mismo. Las cosas cambiaron entre ellos drásticamente y, aunque constantemente se dan nuevas oportunidades para recuperar lo que un día tuvieron, ya no es igual.
—Que hayan decidido volver a intentarlo puede significar que aún hay un sentimiento fuerte entre ellos.
—Pero cada intento siempre termina mal. Funciona durante un tiempo y luego todo se complica y terminan sufriendo igual o más que antes. Al menos mi amigo lo hace.
—¿Entonces por qué se van a casar? No tiene sentido para mí.
—Es lo que trato de comprender. Mi amigo dice que ama a su pareja, y eso me confunde todavía más.
—Tal vez está ciegamente enamorado… Aunque cabe también la posibilidad de que se esté aferrando a esa relación por alguna razón.
—Es lo que temo.
—Ese matrimonio no tiene futuro. Al menos por lo que me cuentas es la deducción que saco.
—Pienso lo mismo, y he tratado de hacerle ver eso a mi amigo y que no debería seguir adelante con esos planes, pero lo único que he conseguido es que se enoje conmigo.
—Las personas son dueñas de sus decisiones y las únicas responsables por ellas, Blaine. Ya hiciste lo que pudiste, pero si tu amigo no quiere escucharte, tendrá que atenerse a las consecuencias.
Tal vez no sea un consuelo, sin embargo, ten en cuenta que en el futuro no podrá reclamarte por no haberle abierto los ojos. Como dicen: "no hay más ciego que el que no quiere ver".
—Sé que lo que dice es muy cierto, pero…
—Sólo asegúrate de estar a su lado cuando las cosas no funcionen y te necesite. Sin importar qué, nunca se le niega consuelo a un amigo.
—Siempre estaré para él, aunque quisiera evitarle el calvario que le espera, porque sé que será así, y lo detesto. Kurt es muy bueno y no merece sufrir más.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Kurt Hummel se observaba en el espejo biombo detenidamente, revisando cada detalle de su traje, pero cómo le gustaría que sus amigos estuvieran a su lado para darle su opinión.
Trevor y Benny tendrían ojo crítico y honesto. Incluso Blaine le diría abiertamente lo que pensara, pero ninguno de ellos estaba ahí para apoyarlo.
Al último que había visto era a Blaine, y las cosas se habían puesto un poco complicadas.
—¿Puedo saber qué pasa? —preguntó Kurt mientras se estacionaba cerca del edificio donde vivía el chico.
—¿A qué te refieres?
—Hay algo que quieres decirme o preguntarme. He notado que varias veces estuviste a punto de hacerlo, pero siempre terminaste conteniéndote.
—Ah…
—Y no me digas que no es nada porque he aprendido a conocerte.
Blaine se mordió ligeramente el labio y desvió la mirada durante unos segundos.
—Estoy preocupado por ti porque no quiero que cometas un error.
—¿Un error?
—Al casarte.
—Te agradezco que te preocupes por mí, pero sé lo que hago.
—¿Estás cien por ciento seguro de que eso es lo que quieres? ¿Deseas pasar el resto de tu vida junto a él? Porque ni siquiera te veo emocionado y deberías estar derrochando felicidad.
Negando con la cabeza mientras apretaba los puños, el de ojos claros se preguntaba por qué todos estaban en contra de su relación con Dante.
¿Acaso se había cegado como le decían?
No, no era posible que estuviera equivocado. Quería casarse, siempre había soñado con ese momento.
—¡Perfecto! —dijo Burt— ¡Qué excelente trabajo!
El decorador observó su reflejo en el gran espejo. No podía negar que su traje era magnífico, y claro que estaba emocionado, iba a contraer matrimonio con el amor de su vida.
Si bien era cierto que habían tenido varias dificultades, y de vez en cuando se presentaba algún inconveniente como el de esa mañana, las cosas iban mejorando, y esperaba que continuaran haciéndolo.
Durante un breve instante cerró los ojos para imaginarse el momento en el que caminarían juntos hacia el altar y la respectiva ceremonia. Al abrirlos observó nuevamente su reflejo, frunciendo el ceño al instante. No era por el costoso traje que portaba, ya que este era precioso, desde el color hasta el acabado, pasando por cada detalle que poseía y que resaltaba su figura maravillosamente.
Lo que llamaba su atención era su rostro ya que no reflejaba felicidad, aunque tampoco tristeza, sólo parecía carecer de emoción.
—¿Está todo bien Sr. Hummel? —preguntó el sastre— ¿Algo le incomoda tal vez?
—Kurt, responde —dijo su padre tratando de ocultar su enojo.
—¿Ah? Perdón, ¿qué me decía?
—Le preguntaba si algo no le gustó porque noto su descontento.
—No, no. El traje es perfecto. Me encanta. Es sólo que mi mente está en otro lado.
—Tiene que disculparlo, mi hijo está nervioso y algo estresado con la boda.
—Eso es normal. Algunas personas se ponen así, otras se emocionan tanto que parece que hubieran consumido mucha azúcar —sonrió—, incluso algunas se vuelven muy emotivas. El Sr. Di Marco estaba más que feliz, por ejemplo. Bastante emocionado, diría.
—¡Oh! Así que mi yerno ya vino a probarse su traje.
—Así es. Y lo fue llevando al igual que el que usará en el ensayo. Por cierto Sr. Hummel —miró al joven—, debe probarse su traje para el ensayo también.
—Sí, claro.
—¿Este queda aprobado?
—Sí, sí. Hizo un trabajo impecable, gracias.
—Me complace saberlo —sonrió complacido—. De inmediato le traigo el otro traje.
Una vez que el hombre se retiró, Burt se puso de pie y se acercó a su primogénito.
—¡Ya basta, Kurt! —regañó— Luces como si te estuvieras preparando para un funeral y no para tu boda.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Kurt llegó a su casa luego de un día agotador en muchos sentidos, dando las gracias de que la reunión que el Sr. Wong había solicitado de último momento hubiera sido breve.
Al entrar a su habitación se sorprendió con los diversos arreglos florales que ahí se encontraban, y suspirando pesadamente observó unos cuantos. Tomó la primera tarjeta y volvió a resoplar al reconocer la letra de su prometido. En ella estaba escrito un "Lo siento".
Tomó otra con un "Lo lamento", y una tercera con un "Me comporté como un idiota". Una suave sonrisa fue apareciendo a medida que leía las tarjetas. La última citaba "Eres lo más importante para mí. Te amo".
Con un bostezo se aventó en la cama sosteniendo todas las tarjetas en la mano y cerró los ojos con la intención de descansar un poco antes de bañarse.
El fuerte ruido lo hizo sobresaltar y se sentó aturdido observando a los lados.
—Lo siento —dijo Dante—. Me tropecé con la mesa.
—Hola —susurró adormilado—. ¿Qué haces aquí tan temprano?
—Van a ser las siete.
—No es posible. Sólo cerré los ojos durante unos cuantos minutos.
—Al parecer te quedaste dormido.
—Vaya… —exhaló luego de ver el reloj— Estaba muy cansado.
—¿Te gustaron?
—¿Ah?
—Las flores.
—¡Oh! Sí, sí.
—Creo que no mucho.
—Sí, Dante. Es sólo que estoy todavía tratando de despertar por completo.
—Más allá de los arreglos, mi intención era la de disculparme por lo de esta mañana. Te llamé también, pero nunca contestaste.
—Silencié mi teléfono cuando fui a ver al Sr. Wong y lo olvidé.
—No tenías cita con él.
—Fue algo de último minuto.
—Entiendo… Pero volviendo a lo de esta mañana —avanzó hacia la cama y se sentó junto a su prometido—, lo que pasó me hizo pensar en muchas cosas.
Lo que dijiste sobre saber para lo que fuiste educado y la forma en la que nos miraste a tu padre y a mí de verdad me dolió porque me hizo acordar de las discusiones con mi padre —respiró profundamente—. Cada vez que él quería algo y yo me negaba, empezaba a hablar de que me había educado de cierta forma y que por lo tanto esperaba de mí tal o cual cosa y cómo lo estaba decepcionando con mi comportamiento.
Detestaba que usara "esa carta" conmigo —hizo comillas—, y la manera en la que me hacía sentir, y cuando Burt puso la misma carta sobre la mesa, tu reacción fue… ¡Dios! —lo tomó de la mano esperando no ser rechazado— Te vi en mí, la rabia, el dolor, la desilusión, la frustración, y no quiero que te vuelvas a sentir así, mucho menos por mi culpa.
—Dante…
—Lamento haberte hecho sentir así antes. Sé que he cometido muchos errores, bebé, pero jamás ha sido mi intención lastimarte.
¿Podrás perdonarme? Te prometo que nunca volveré a decir que tienes una obligación conmigo ni a actuar de esa manera. Si no quieres salir, acompañarme a alguna reunión, tener intimidad, o hacer cualquier cosa, lo que sea, si dices que no, voy a respetarlo y no insistiré.
¡Mierda! Es que… No sé cómo no me di cuenta antes. Siempre veía las cosas desde mi perspectiva y… Lo lamento, Kurt. De verdad lo lamento muchísimo.
—Bien —exhaló despacio por la nariz—. Te creo y te perdono.
—¿Sí? —El castaño asintió— Voy a compensarte, voy a…
—No quiero que hagas nada de eso, sólo cumple con tu palabra.
—Sí, amor. Lo haré… ¿Puedo besarte ahora?
—Eso me gustaría.
Sus labios empezaban a rozarse cuando el teléfono de Dante los interrumpió.
—No me interesa quien sea —tomó el dispositivo y lo silenció.
—Contesta. Es mejor que atiendas esa llamada y luego lo apagas para que no nos interrumpan —le acarició los labios con el pulgar.
—Sí… —suspiró ante el contacto— Seguro.
Mientras el hombre mayor hablaba, Hummel intentaba analizar y ordenar sus pensamientos y sentimientos ya que por alguna razón todo era demasiado para asimilar.
—¿Quién era? —preguntó intrigado al notar la sonrisa de su pareja al finalizar la llamada.
—Mañana tendremos el ensayo.
—¿Qué?
—El ensayo de nuestra boda. El salón está listo, al igual que la comida que eligió cada uno de los invitados. Los arreglos acaban de…
—Espera un momento. ¿De qué estás hablando?
—Bebé, sabes que tendremos un ensayo. Es lo que se acostumbra, así que no entiendo a qué se debe tu pregunta.
—Claro que lo sé, a lo que me refiero es a ¿por qué mañana? Se suponía que sería el día previo a la boda.
—Lo estuve pensando y llegué a la conclusión de que es mejor así ya que si hubiera algo con lo que no estuviéramos de acuerdo y que necesitara ser cambiado o corregido, tendríamos el tiempo suficiente para hacerlo.
—¡Oh!
—No pareces muy feliz.
—¿Por qué no me consultaste?
—Apenas si te he visto en estos días debido a que has estado muy ocupado con ese proyecto, y yo igual he estado trabajando mucho. Anoche quise preguntarte, pero te quedaste dormido enseguida.
—Sí, sí, está bien.
—¿Qué?
—Tienes razón. Sólo me tomó por sorpresa, ya te dije, pero tienes razón en todo.
—Entonces, ¿no estás enojado?
—No, no. Estoy estresado, lo sabes.
—¿Un masaje?
—Sí, gracias.
—¿Con aceites?
—Eso sería agradable —se quitó la camisa y fue acomodándose mientras Dante iba por los productos.
—Tengo una pregunta importante —se arrodilló en la cama al regresar—. ¿Quieres que mañana leamos nuestros votos, o los reservamos para la boda?
—¿Los votos?
—Sí. Acordamos empezar a escribirlos hace varios días. Yo ya tengo los míos listos… ¿Acaso no tienes los tuyos?
—Debo pulir ciertas cosas, pero en todo caso, prefiero que los dejemos como algo exclusivo para la boda.
—Seguro, amor. Ahora cierra los ojos y relájate.
Kurt cerró los ojos, sin embargo, no podía relajarse porque sus pensamientos corrían a mil por hora. Lo cierto es que había intentado escribir sus votos en varias ocasiones sin tener resultados.
¿Cómo era posible que no supiera qué decirle al hombre que amaba, qué promesas hacerle y qué esperar de su futuro juntos?
