.


CAPÍTULO 18:

"El sin sentido de la sinrazón"


.

Trevor dormía plácidamente cuando el timbre de su casa empezó a sonar al mismo tiempo que su celular vibraba sobre la mesita de noche, logrando despertarlo.

Frotándose el rostro varias veces se movió tratando de comprender si estaba soñando. Cuando su teléfono vibró otra vez, se estiró bostezando para tomarlo.

¡Las cuatro de la mañana! ¿Quién podía llamar a esa hora? —volvió a bostezar y cerró los ojos tras ver la hora.

¿Y quién tocaba el timbre? Sobresaltado se sentó y contestó.

"Hola… Oh… Sí, sí… Ya voy…"

Preocupado se levantó y salió de la habitación. De pronto todo el sueño que había sentido se desvaneció.

—Señor —dijo la mujer que trabaja en la casa, con clara evidencia de haber sido despertada por el timbre insistente—. Es…

—Sí, sí, ya sé. Yo abro, ve a seguir durmiendo.

La mujer asintió. —¿Necesita que le prepare algo?

—Oh, no. Yo me encargo, ve a descansar. Gracias.

Rápidamente se dirigió a la puerta principal y la abrió.

—Sé que esta no es una hora adecuada para venir —dijeron del otro lado—, pero de verdad tengo que hablar contigo.

—No importa la hora, cuando me necesites siempre voy a estar para ti, Kurt.

El de ojos claros pasó frotando sus manos por el frío.

—Gracias.

—No me agradezcas. ¿Deseas beber algo?

—Un whisky me caería bien.

—¿A esta hora? Me refería a algo como un café o un té para que te abrigue.

—El whisky también calienta.

—Como quieras.

Tras su segundo vaso y con un tercero en la mano, Kurt suspiró mientras se sentaba en el sofá.

Trevor lo observó y se acomodó a su lado.

—Será mejor que te detengas ahí o vas a terminar mareado antes de que puedas contarme lo que está pasando.

—Hoy es el ensayo de mi boda.

—Lo sé, recibí la invitación. ¿Por qué cambiaron la fecha?

—Dante pensó que sería mejor por si hubiera algo que queramos cambiar.

—Entiendo.

—El caso es que te necesito ahí… Sé que no estás de acuerdo y que dijiste que no me ibas a apoyar en esto, pero realmente te necesito.

—Primero, estoy consciente de lo que dije, sin embargo, ya había decidido acompañarte. Segundo, esa no es la razón por la que estás tan alterado y que te trajo aquí.

—Espera, ¿vas a ir?

—Sí, pero no al ensayo, sólo a la ceremonia.

—Gracias. Gracias. Gracias.

—Hubiera querido que las cosas fueran distintas, mas no te puedo dejar solo. No me lo perdonaría.

—Eres mi padrino.

—No me entusiasma en lo absoluto… —suspiró— En fin —alzó los hombros.

—Necesito que hoy también estés presente.

—No va a suceder. No voy a pasar por lo mismo dos veces. Eso es más de lo que puedo soportar.

—Por favor, es importante para mí.

—No insistas, Kurt. ¿Y por qué dices que me necesitas? Comprendería si dijeras que soy tu mejor amigo y etcétera, pero, ¿necesitarme? Te casas con el que se supone es el hombre de tus sueños, ¿qué más da quién esté presente o no?

—Trevor…

—¿De verdad vas a continuar con esto?

—¿Qué?

—No estás seguro de esa boda. No importa cuánto digas lo contrario, puedo ver la duda en tu mirada, los nervios en la manera en la que sujetas ese vaso con tanta fuerza que podrías romperlo, o en lo agitado de tu voz.

—Eh… No…

—Te conozco Kurt más que nadie en todo el mundo, y por eso no logro comprender por qué sigues insistiendo en algo que en lugar de traerte alegría te tiene casi en estado de pánico.

—Estoy así porque siempre soñé con una boda hermosa…

—Con el hombre al que amaras y con el que anhelaras construir una vida juntos. ¿Es así como te sientes en este momento? ¿Puedes ver un futuro feliz con Dante a tu lado?

—Lo amo. Claro que quiero esto —varias lágrimas se acumularon en sus ojos—. Muchas veces soñé con una vida junto a él, con envejecer a su lado, con…

—¡Oye! Tranquilo —dijo preocupado al ver que su amigo empezaba a hiperventilarse—. Respira, vamos, cálmate y respira despacio… Eso es, despacio, siente el oxígeno entrando a tus pulmones.

—Estoy nervioso. Es normal —dijo cuando se sintió mejor—. ¿Quién no se pone nervioso y hasta ansioso cuando se va a casar?

—No, Kurtie. Los nervios por la boda no tienen nada que ver con lo que te está pasando, y lo sabes, pero no quieres admitirlo.

Dante no es el adecuado para ti. Quizá lo fue en algún momento y durante ese tiempo te hizo feliz, no lo voy a negar, pero existen ciclos, y el de ustedes ha terminado.

No importa cuántas veces lo han intentado, ya no funciona, y no tiene sentido insistir en algo que dejó de ser.

Es como el motor de un auto o de cualquier aparato. Cuando falla la primera vez, quizá poniéndole aceite y dándole mantenimiento vuelva a trabajar como nuevo, pero si continúa presentando problemas, no importa las piezas que le cambies o los arreglos que le hagas, no va a funcionar por mucho tiempo y cada vez costará más repararlo porque lo sigues forzando para que trabaje como lo hacía al comienzo, sin embargo, no lo hará, y un día simplemente se detendrá sin importar los esfuerzos. Entonces te darás cuenta de todo lo que gastaste en él sólo porque te negabas a cambiarlo, y vas a lamentarlo.

—¿Las relaciones no funcionan a largo plazo? ¿Es lo que tratas de decirme?

—Cuando se fractura, y si no se le dan los cuidados adecuados para que sane, no.

—Él lo intenta y se preocupa por lograr que todo marche bien —su voz se apagó.

—El Dante al que conocí no es una mala persona, y tengo gratos recuerdos de él, pero en la actualidad dista mucho del hombre en el que se ha convertido.

Tal vez toda la presión a la que se ha visto sometido es la que lo hizo cambiar y lo que intenta corregir de algún modo, no obstante, para lograrlo necesita trabajar mucho en sí mismo y en soltar las cadenas que su padre le ha puesto.

—Puedo ayudarlo a…

—No, no puedes. Ya has tratado de hacerlo y le has dado todas las oportunidades que te ha pedido, pero el cambio no es real, por eso dura poco y luego todo vuelve a ser igual.

No depende de ti, depende de él, y como dije, tiene que esforzarse mucho en ello, y tú no eres parte de ese trabajo que debe hacer porque es personal.

Dante tiene que aprender a manejar y resolver su vida antes de poder compartirla con alguien más porque definitivamente no está listo para ser parte de una relación, y mucho menos de una tan comprometida como es el matrimonio.

Y dándote mi opinión muy, muy honesta, creo que se está aferrando a lo que una vez tuvieron, así como tú lo estás haciendo.

—Sé que te he contado muchas cosas, pero desconoces todo lo que él y yo hablamos, de los momentos que compartimos, de…

—Tal vez, Kurt, sin embargo, sí sé que dice amarte; pero no te cuida como debería, dice que le importas; pero de una u otra forma siempre termina lastimándote, dice que te extraña; pero pasa más tiempo trabajando y viajando que contigo, dice que eres todo para él; pero te hace sentir solo.

Las relaciones no son cuando te acuerdas, los detalles no son para cuando hiciste algo que quieres compensar o porque tratas de disculparte.

El amor entre dos personas no es la base para que una relación funcione, como muchos dicen. La forma en la que se maneja la relación es la verdadera base para que el amor crezca y se mantenga firme porque en ella se encuentran el tiempo que se dedican, el respeto que se muestran, la comunicación que no pierden, los cuidados que se proporcionan, el compromiso que asumen, la paciencia que se tienen, el apoyo que se dan, la comprensión que se demuestran.

Cuando tienes todo eso estás en una relación sana y en consecuencia vas a sentirte más que agradecido por la persona que está a tu lado, porque si bien es cierto que la vida no es color de rosa y que habrá momentos difíciles que deberán enfrentar, el verdadero amor es motivo de celebración y no de tristeza, no es necesitar a alguien sino elegirlo cada día.

—Lo que dices es cierto, pero…

—El verdadero amor te da paz, no te la quita.

—Y si piensas todo eso, ¿por qué cambiaste de opinión acerca de ir a mi boda?

—Porque hasta el último segundo estaré tratando de hacerte entrar en razón.

—¿Qué?

—Crecimos juntos Kurt, más que mi mejor amigo eres mi hermano. Quiero para ti toda la felicidad que mereces, y con Dante no la vas a tener.

Hummel bajó la cabeza y empezó a llorar.

—No sé lo que estoy sintiendo.

—¿Y aún así quieres casarte?

—Es lo que siempre he querido. ¿Cómo voy a renunciar a mi sueño con Dante? No puedo dejarlo, tenemos una historia que construimos a lo largo de estos años.

—Sé que no es fácil, pero no debes tener miedo de dejar ir a las personas a las que estás ligado de alguna forma y que ya no te hacen bien. Al contrario, siéntete orgulloso de ti porque es la mayor prueba de valentía y de amor propio que puedes realizar —le quitó el vaso y lo abrazó.

—Estoy tan confundido.

—Lo sé, lo sé. Te asusta terminar una relación en la que has permanecido por mucho tiempo debido a que te has acostumbrado a ella, pero te aseguro que vas a estar bien, tu corazón sanará y antes de que te des cuenta no sentirá más dolor.

—Cancelar la boda será motivo de habladurías y mis padres se pondrán furiosos.

—¿Y? ¿Te vas a casar sólo para evitar que otros hablen? No puedes vivir complaciendo a los demás ni tratando de hacerlos felices a costa de tu propia tranquilidad.

Debes detener esto, y es mejor ahora y no el día de la boda en medio de la ceremonia, o que llegues a tal punto de angustia que ni siquiera puedas presentarte.

En cuanto a tus padres, se van a enojar, no diré lo contrario, sobretodo Burt, pero al final comprenderán que eso era lo mejor.

—No lo harán.

—Claro que sí porque te aman y quieren que seas feliz.

—Ellos anhelan este matrimonio.

—No siempre lo que los padres piensan que es lo mejor para sus hijos realmente lo es. Hay ocasiones en las que actúan impulsados por su deseo de bienestar y eso los ciega ante la realidad, no obstante, cuando los hijos les demuestran que estaban equivocados, rectifican y los apoyan, y eso es lo qué va a suceder contigo.

—No será así.

—Ya verás que sí. Cuando Burt y Elizabeth se den cuenta que Dante no era para ti y que estás mejor solo, te van a comprender y dar su apoyo.

—¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? —se aferró a su amigo y empezó a llorar cada vez con más fuerza— ¿Por qué tuve que ser gay?

—No digas eso, Kurt. Jamás te avergüences de quien eres ni te rechaces por la opinión de otros. Eres una persona muy valiosa que merece lo mejor.

—No me avergüenzo, es sólo que a veces pienso que si no fuera gay mis padres…

—Hubieran buscado a una chica de buena familia bla bla bla… Sería la misma historia, pero con una mujer.

—Quizá no. Quizá las cosas hubieran funcionado.

—¿Realmente piensas que si tu pareja fuera mujer todo estaría bien entre ustedes?

—No lo sé… Pero al menos no sería una preocupación para mis padres.

—¿Crees que de ser hétero no se preocuparían por ti? Claro que lo harían. Ya ves como están pendientes de tus hermanos en todo momento.

—No es igual. Por ellos se preocupan como lo hacen todos los padres por sus hijos, pero por mí viven en constante angustia… Y mi papá está tan decepcionado de mí.

Sé que las cosas serían distintas si me gustaran las mujeres, pero no puedo cambiarlo, no depende de mí… —y todo lo que estuvo conteniendo durante mucho tiempo estalló en ese instante a través de un llanto desgarrador.

—Oh, Kurt… —lo sostuvo tan fuerte como pudo— Llora, está bien hacerlo.

No me gusta verte así, pero necesitas desahogarte de todo eso que te hace daño y que has estado callando.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Scott iba de camino a su departamento cuando vio a Blaine en el parque sentado en el césped con las piernas cruzadas y las manos juntas al nivel del pecho mientras mantenía los ojos cerrados. Sabía que esa era su posición para meditar, pensar o algo así, por lo que fue acercándose lentamente.

—Hola —dijo colocando con cuidado una mano sobre el hombro de este para no asustarlo.

—Hola…

—¿Está todo bien?

—Sí. Sólo salí a caminar un rato y terminé aquí.

—Luces preocupado.

—Amm… Kurt tiene el ensayo de su boda hoy.

—¡Oh!

—Sí… —suspiró— Estoy enviándole energía positiva para tratar de ayudarlo a que se aclaren sus ideas y recapacite.

—¿Realmente crees en esa mierda?

Blaine frunció el ceño. —Lo hago. Y no tienes por qué ser grosero con las cosas que son importantes para mí.

—No exageres.

—Yo respeto tus creencias, aunque no las comparta, y espero lo mismo de tu parte.

—Bueno, pues para estar centrado en energía positiva tu actitud es bastante negativa en este momento —bromeó—. Deberías ir a que te devuelvan el dinero —rio.

—Hay días en los que te vuelves insoportable —dijo molesto, se levantó, se puso los zapatos y se fue.

El chico se quedó pasmado tratando de adivinar qué acababa de pasar ya que la reacción de su amigo había sido bastante inusual.

Mientras tanto Blaine caminaba enojado sin dirección alguna, encontrándose de pronto en la estación del bus. Sin pensarlo subió a la unidad que llegaba en ese instante y se sentó en el único puesto desocupado.

Necesitaba hablar con alguien y no tenía muchos amigos. En realidad, el único amigo que había hecho era Scott, los demás eran conocidos de sus trabajos o el edificio donde vivía. Si bien se llevaba bien con ellos, ninguno era el adecuado para sentarse a hablar de lo que sentía o pensaba.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Kurt caminaba en círculos en una de las habitaciones para invitados de su casa sosteniendo un papel en la mano, el cual leía de vez en cuando.

Conforme los minutos pasaban sentía un nudo creciendo en su garganta.

Tras dar varios golpes en la puerta que no fueron respondidos, Marley ingresó y se acercó a su hermano.

—Kurt, ¿qué pasa? ¿Por qué no abrías?

—¿Ah?

—Estás pálido… y temblando.

—No puedo respirar.

—Voy a llamar a…

—¡No! No llames a nadie, sólo estoy nervioso.

—Está bien, pero, ¿cómo te ayudo? Amm… Vamos a sentarnos y déjame quitarte esa corbata para abrir unos botones de la camisa.

Intenta respirar tan despacio como puedas para que te relajes —lo tomó de la mano—. Si así te pones en el ensayo, no me quiero ni imaginar cómo será en la boda.

—Siento que me voy a desmayar… todo da vueltas.

—Kurt, cálmate por favor.

—Marley, no puedo respirar, me duele mucho el pecho.

—Tengo que llamar a alguien. Te puede ocurrir algo y no voy a permitirlo —corrió hacia la puerta—. ¡Mamá! —gritó— ¡Papá! ¡Ayuda!

En cuestión de segundos el matrimonio Hummel se encontraba en la habitación y Dante corría por las escaleras.

Burt no dejaba de hacer preguntas mientras marcaba el número del médico de la familia y los demás hablaban sin cesar, y todo eso sólo alteraba más al castaño.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Blaine se bajó del bus y empezó a caminar sin pensar a dónde se dirigía. Era como si le hubiera dado el control a sus pies para que lo guiaran.

Poco después se encontraba frente a una casa conocida tocando el timbre sin cesar, y fue cuando reaccionó.

Asustado de su comportamiento retrocedió varios pasos y en ese instante la puerta se abrió.

—¿Blaine? ¡Qué sorpresa!

—Alejandro… hola.

—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?

El chico levantó los hombros ligeramente y el hombre mayor lo invitó a pasar.

—No sé qué hacer para evitarlo —dijo tras haberle dado una breve explicación de lo que acontecía.

—Pero, ¿tu amigo no ama a su pareja o eso es lo que tú crees? Porque hay una gran diferencia.

—Estoy seguro, aunque él diga lo contrario.

—¿Y por qué se va a casar?

—No lo sé. Supongo que por obligación.

—No me digas que embarazó a su novia y ahora los padres los están obligando, porque ese es uno de los peores errores que pueden cometer.

—No. En lo absoluto.

—Si es eso, podemos ayudarlo. Está bien que asuma su responsabilidad, mas no significa que deba casarse ya que un matrimonio a la fuerza es…

—Es gay.

—¿Qué?

—Mi amigo es gay, así que no hay ninguna chica esperando un bebé.

—Oh… ¿Entonces qué responsabilidad puede tener que asumir?

—Es complicado. Todo en su relación lo es.

—Eso no quiere decir que van a salir corriendo ante la primera dificultad y abandonarlo todo. Las parejas suelen tener problemas y deben aprender a manejarlos para que los resuelvan de la mejor forma posible.

—Lo sé. No estoy diciendo lo contrario, pero hay un límite. Una cosa es tener problemas y otra que la relación ya no funcione.

—A veces las personas involucradas son las últimas en darse cuenta, o prefieren ignorarlo.

—Eso no es sano.

—En lo absoluto.

—Imagínate casarte con alguien a quien ya no amas y con quien tienes una relación conflictiva.

—¿Has intentado hablar con tu amigo acerca de eso?

—Sí, y no soy el único.

—Quiere decir que hay más personas que se han dado cuenta de lo que ocurre y han tratado de hacerlo reaccionar.

—Así es.

—Sin embargo, tu amigo insiste no sólo en permanecer junto a su pareja sino en casarse.

—Eso es correcto, y no sabes cuánto me mortifica.

—Tal vez no te vaya a gustar lo que te voy a decir, Blaine, pero, no puedes hacer nada por una persona que no está dispuesta a dejarse ayudar.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

Kurt abrió los ojos lentamente y observó a su alrededor, descubriendo que se encontraba solo en la habitación. No estaba seguro de cuánto tiempo había transcurrido ni de lo que había sucedido con exactitud porque para él todo estaba borroso.

—Despertaste —dijo Marley al entrar llevando un vaso con agua en la mano—. ¿Cómo te sientes?

—¿Qué fue lo que pasó?

—Dijo el médico que tuviste un ataque de pánico.

—No recuerdo mucho.

—Te pusiste mal y tuvo que sedarte.

—¡Vaya! De verdad no recuerdo casi nada, sólo que no podía respirar y la opresión en el pecho.

—Kurt… —se sentó a su lado y sacó un papel— Llevabas esto en la mano cuando eso ocurrió, y lo dejaste caer. No quise entrometerme en tus asuntos, pero pensé que tal vez podía estar aquí la clave de lo que te pasaba así que me atreví a revisarlo.

Son tus votos, o al menos eso dice aquí —Su hermano cerró los ojos y movió la cabeza hacia un costado—. Sé que los van a dar a conocer el día de la boda, sin embargo, no dejabas de leerlos, y eso me lleva a preguntarte qué está pasando.

No soy una experta en el tema, pero no creo que este sea un buen ejemplo de lo que debías escribir —lo miró preocupada y luego desdobló el papel—. Pusiste "Votos Matrimoniales", y en la siguiente línea "Te amo, pero tengo miedo de que las cosas no funcionen en el futuro." ¿De qué se trata esto?

—¿Te puedo contar algo muy privado?

—Por supuesto.

—No sé si me quiero casar.

—¿Vas a cancelar la boda?

—No estoy seguro… Tal vez.

—¡Por fin!

—¿Qué?

—No tienes idea de cuánto me desesperaba que siguieras adelante con esto.

—Espera, ¿qué?

—Dante y tú no están destinados. Pienso que fue una parte importante de tu vida y que llegó para estar por un tiempo a tu lado, mas no de manera permanente. Su misión, cualquiera que haya sido, ha terminado y es el momento de que cada una siga su camino.

—Marley…

—Intenté decírtelo en varias ocasiones cuando noté que la dinámica entre ustedes ya no era la misma, pero no me lo permitiste. En cuanto tocaba el tema sostenías que eran cosas de adultos que no podía entender debido a que no tenía la edad suficiente para hacerlo. Pero ya no importa, estoy feliz de que finalmente te dieras cuenta —lo abrazó.

—No he dicho que vaya a suspender…

—¡Ah no! ¡Ya tomaste la decisión y no vas a retractarte!

—No lo he hecho.

—Kurt, por favor.

—No sé lo que voy a hacer. La verdad es que tengo miedo.

—¿Miedo de qué?

—De todo. De cómo lo va a tomar Dante si le digo que no estoy seguro de lo que siento, de la manera en la que van a reaccionar nuestros padres, de lo que dirán los demás si se suspende la boda a unos pocos días de llevarse a cabo, de lo que va a pasar, de quedarme solo, de —su garganta se cerró impidiéndole continuar.

—En primer lugar, tu felicidad es lo más importante así que es en lo único en lo que debes enfocarte ahora. En cuanto a nuestros padres y Dante, deberán entenderlo, aunque les tome tiempo, y si no lo hacen, es su asunto si quieren vivir amargados. Y sobre las opiniones de los demás, que se vayan a la mierda porque no tienes ninguna obligación con nadie.

—¡Marley! —dijo sorprendido al escucharla hablar de esa forma.

—Es la verdad. No le debes nada a nadie y no tienes que preocuparte por complacer a ninguna persona. A quien tienes que cuidar es a ti.

Siempre has sido valiente, fuerte y mi ejemplo a seguir. Una persona luchadora que logra todo lo que se propone sin importar lo difícil que sea, y que merece ser inmensamente feliz.

Te admiro desde que era una niña por muchas razones y hoy me estás dando una más para hacerlo.

—Creo que te decepcionaría si supieras lo que ha sido mi vida en estos últimos años.

—Jamás podrías decepcionarme. Sé que las cosas se pusieron complicadas, lo notaba en tu mirada, sin embargo, nunca has dejado de luchar y aquí estás hoy dispuesto a ponerte de pie, a pesar de los miedos.

—¿Cuándo te volviste tan sabia?

—Siempre lo he sido —le sonrió.

—Tienes razón. Siempre has sido extraordinaria —la abrazó—, y soy muy afortunado de tenerte.

—Y yo a ti —lo sostuvo con calidez.

—Gracias.

—Estoy totalmente de acuerdo con Marley —dijo Trevor parado a un costado, sorprendiendo a los hermanos, a quienes les sonrió.

—Viniste —susurró el de ojos claros.

—Te dije que no te dejaría solo.

—Gracias.

—Supe lo que pasó. ¿Cómo te sientes?

—Es como si hubiera una montaña rusa dentro de mí.

—Se acerca la hora de partir, así que deberías llamar a Dante —dijo la chica.

—¡Mierda! Es…

—¡Sí puedes! —animaron Marley y Trevor al mismo tiempo, sonriéndose el uno al otro por la coincidencia.

—¿Lo llamo? —preguntó la castaña levantándose de la cama.

—Dame un poco de tiempo… No le digas que ya desperté… Sólo…

—Te mando un mensaje cuando Kurt esté listo.

—Seguro. Los dejo hablar —salió sigilosa del aposento.

Trevor ayudó a su mejor amigo a ponerse de pie y arreglarse un poco mientras hablaban y lo aconsejaba.

—Esto es lo mejor que puedes hacer —le palmeó el hombro luego de enviar el texto.

—Kurt, amor… —entró Dante apresurado poco después y lo abrazó— ¿Cómo te sientes? Estaba tan preocupado por ti.

—Estoy mejor.

—Dijo el doctor que tuviste un ataque de pánico. ¿Por qué?

—Estoy muy estresado.

—Sí, sí. Me lo habías dicho días atrás, pero de eso a sufrir un ataque… —lo tomó de la mano— ¿Estás seguro de que te sientes mejor? Porque ya debemos irnos y no me gustaría que en medio del ensayo te volvieras a poner mal.

—Sí, lo estoy, pero tenemos que hablar.

—Cuando regresemos podemos conversar de todo lo que quieras.

—No. Debemos hablar ahora porque es algo muy importante.

—¿Qué puede ser más importante que el ensayo de nuestra boda?

—Lo que te tengo que decir.

—Bien, entonces me lo dices en el auto.

—¡Déjalo hablar!

Dante volteó y frunció el ceño al ver a Trevor.

—¿Qué haces aquí? No confirmaste tu asistencia, por lo tanto, no hay espacio para ti.

—Si Kurt te dice que necesitan hablar, debes escucharlo en ese momento y no cuando se te ocurra.

—Claro… Tenías que ser parte de esto. ¿Qué está pasando? —miró a su prometido.

—¿Puedes dejarnos a solas? —preguntó el castaño a su amigo.

—¿Seguro?

—Sí.

Una vez que el chico salió, Alric se aproximó a su pareja, tomándola por la barbilla.

—¿Qué ocurre? Debe ser grave por la forma en la que me miras.

—Yo…

—No me digas que tienes dudas o que ya no te quieres casar conmigo, porque no soportaría algo así.

—Dante…

—Lo que sea que te preocupe podemos resolverlo juntos. Te amo Kurt y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado —apegó a su prometido contra su cuerpo y lo besó.

—También te amo —susurró al separarse, y el mayor sonrió.