.


CAPÍTULO 19:

"No estoy seguro de que entiendas cuánto me importas"


.

Blaine estaba sentado en su cama siendo invadido por toda clase de pensamientos cuando la luz fue encendida.

—¿Qué ocurre? —preguntó Scott acomodándose a su lado— Va a ser media noche y no has dormido ni cinco minutos.

—Estoy preocupado por Kurt.

—¿Por qué? ¿Le ocurrió algo?

—Espero que no.

—¿Entonces?

—Se casó… —dijo con un suspiro.

—¿Y?

—No sé cómo le estará yendo.

—Igual que antes… Me refiero a que ha vivido con ese sujeto por años, la diferencia es que ahora tienen un papel que legaliza su unión.

—Sí, claro —hizo una mueca—, y es lo que me preocupa.

—Él eligió eso, así que debe estar feliz.

—Quisiera creerlo… quisiera que fuera de esa forma porque Kurt merece ser feliz.

—No entiendo por qué te importa tanto.

—¿Por qué…? Porque es mi amigo. Es como si me preguntaras por qué me preocupo por ti.

—Es diferente.

—No lo es.

—Claro que sí. Tú y yo somos mejores amigos, como hermanos, vivimos juntos, hemos pasado por tantas situaciones y somos lo único que el otro tiene. A él lo conociste hace unos meses, por lo tanto, no hay comparación.

—Si no fuera extraño en ti, diría que estás celoso.

—¿Celoso? Por favor… Es sólo que no entiendo ese interés tuyo por Hummel —negó con la cabeza—. Son tan amigos y ni siquiera te invitó a su boda.

—Porque él sabía que no estaba de acuerdo. Además, ¿qué iba a hacer yo en medio de toda esa gente rica y presuntuosa?

—Bueno…

—¿Por qué te pones así?

—No me gusta verte tan desanimado. No estás durmiendo bien, andas distraído y todo porque te la pasas pensando en ese fulano.

—No he sabido nada de él en dos semanas. Ni siquiera contesta el celular.

—Blaine, tu amigo está en su luna de miel, y tienes la edad suficiente para saber lo que eso significa, así que su teléfono es la última cosa de la que está pendiente.

La sola idea estremeció por completo al de ojos como la miel, y una sensación que nunca había experimentado se apoderó de él.

De pronto la imagen de Kurt en la cama con Dante lo hizo fruncir y golpear el colchón con el puño.

—¡Eso no! —dijo con pesar.

—Realmente tienes que decirme qué te pasa porque me preocupas mucho, Blaine.

Sin contestar, el chico de rizos se levantó y salió del cuarto tan contrariado que no se percató que iba en pijama.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Elliot reposaba la cabeza sobre el regazo de su novio y este le acariciaba el cabello lentamente.

—Me preocupa lo que pueda pasar —exhaló—. No es mucho lo que tenemos guardado, y ahora que el señor Dante me despidió es urgente que consiga algo pronto.

—Primero, deja de llamarlo señor, porque dista mucho de serlo, además, ya no es tu jefe.

—Es la costumbre.

—Segundo, sí tenemos los ahorros suficientes para estar tranquilos un tiempo, y; tercero, voy a buscar un empleo.

—¡No! —se sentó rápidamente— El médico te prohibió trabajar.

—Me prohibió hacer grandes esfuerzos.

—Es importante que te cuides, amor.

—Elli, bebé, estoy bien. Me he cuidado y seguido todas las instrucciones del médico al pie de la letra. No hay nada por lo que debas preocuparte.

—Eres todo para mí y siempre me voy a preocupar por ti, así que no me pidas imposibles.

—Te amo mucho —suspiró.

—Y yo a ti, precioso —le acarició la mejilla.

El hombre tomó a su pareja por el hombro y lo haló con sutileza para que volviera a reposar en su regazo.

—¿Sabes? En cierto modo me alegra que ya no trabajes en casa de ese hombre porque se aprovechaba de ti y te explotaba. Te contrató para que fueras el chofer de su novio, sin embargo, tenías que estar a su disposición cuando se le ocurría.

—Pero mi trabajo la mayor parte del tiempo era con el señor Kurt, y él era muy bueno conmigo.

—No hay nada malo que pueda decir de él. La verdad es que siempre fue bueno y generoso, pero tampoco lo llames señor ya.

—Sí, claro.

—No entiendo cómo ha podido estar con alguien como Dante todos estos años.

—Yo tampoco, aunque Dante cambió. Cuando me contrató era muy amable, atento, respetuoso, y el señor… Kurt era su prioridad todo el tiempo.

—Lo recuerdo, pero luego se convirtió en un idiota prepotente, y es a ese sujeto al que me refiero. Quien era antes ya no importa sino en quien se convirtió.

Ellos dos son tan distintos que no tiene lógica su relación, al menos para mí.

—Kurt estaba muy confundido —levantó los hombros—. Realmente espero que encuentre la claridad y tranquilidad que necesita.

Y volviendo al otro tema, no quiero que salgas a buscar empleo, ya haces mucho encargándote de las cosas de la casa.

—Algo debo hacer. De todas formas, cuando llegabas del trabajo te ponías a ayudarme, y ahora que estás en casa a penas si me dejas moverme.

—Sólo te cuido. Además, no sería correcto que estando aquí no haga nada, y lo sabes. Compartimos las responsabilidades, es lo justo.

— Pero no estamos compartiendo las responsabilidades ya que tú solo te ocupas de todos los gastos, mis medicinas y las consultas médicas, y todavía te quieres hacer cargo de las cosas de la casa.

Elliot ágilmente se arrodilló en la cama y acunó con ambas manos el rostro de su pareja.

—Estuve a punto de perderte una vez y no quiero repetir esa experiencia.

—No será así. No me va a hacer daño trabajar en cualquier cosa que no requiera de esfuerzo físico. Por ejemplo, supe que están buscando cajeros en el supermercado. Básicamente estaría sentado durante unas horas.

—No tientes a la muerte, bebé. Si te pasara algo… —un nudo se formó en su garganta y bajó la cabeza al sentir sus ojos arder.

—No, cariño, no te pongas así —lo tomó por la barbilla con delicadeza—. Te aseguro que no he tenido ninguna molestia o dolor. Estoy bien, me siento fuerte y totalmente recuperado como para volver a trabajar.

El hombre de cabellera oscura lo envolvió entre sus brazos, cubriéndolo con pequeños besos por todo el rostro.

—Entiendo lo que quieres hacer y te lo agradezco, pero no es necesario, dulzura. Puedo hacerme cargo y lo haré.

—Elli…

—Voy a cuidarte siempre. Eres lo mejor que la vida me ha dado.

—Mi cielo… —suspiró y lo besó— Gracias por amarme tanto.

—Gracias a ti por enseñarme lo que es el amor.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Kurt observaba la ciudad a través de la ventana de su habitación en el lujoso hotel donde se encontraba hospedado. Todo parecía en calma, demasiado tranquilo en realidad, y se sentía celoso de aquello.

Si pudiera tener una fracción de aquella paz no estaría despierto desde las tres de la mañana.

De pronto un brazo se posó alrededor de sus hombros, atrayéndolo ligeramente hacia un lado.

—¿Qué sucede? —le preguntaron con evidente preocupación— Es otra noche en la que no puedes dormir bien.

—No lo sé. Es tan raro lo que me pasa porque se supone que debería estar feliz, sin embargo, es como si algo en mi interior se hubiera desatado inundándome con toda clase de sentimientos que no comprendo ni sé cómo manejar.

—Has empezado una nueva etapa en tu vida y tal vez te tome un tiempo adaptarte a ella.

—Pero, ¿por qué siento tantas cosas contradictorias?

—Para cada persona el cambio se presenta de manera diferente, pero pronto tendrás todo el panorama claro.

—Eso espero —suspiró.

—¿Tienes miedo?

—No lo sé. Creo que un poco.

—¿Por qué?

—Porque no tengo la menor idea de lo que ocurrirá en el futuro y…

—Kurt —lo tomó de la barbarilla para que girara la cabeza en su dirección—, nadie sabe lo que va a ocurrir en el futuro, mas eso no significa que se deba vivir en continua zozobra. Parte de la aventura es ir descubriendo lo que el universo tiene deparado.

—Sí, lo sé… es sólo que… —negó con la cabeza.

—Esto es lo que querías, así que necesitas relajarte y empezar a disfrutar de la vida que elegiste.

—Eso intento, pero…

—No hay pero que valga, cariño. Tienes que disfrutar la vida… Tenemos que hacerlo. Estamos juntos en esto.

Kurt se soltó del agarre y se alejó unos cuantos pasos, jugando nerviosamente con sus manos.

—Siendo honesto, no creí verme en esta situación contigo… Ya sé, es ilógico que diga algo así dada nuestra historia, pero es justamente parte de esa historia lo que me lleva a… Es… —se mordió el labio— No quiero que lo malinterpretes o que…

—Estoy consciente de que hemos tenido varios contratiempos en estos años, mas eso no cambia lo que siento por ti ni lo importante que eres para mí, aunque te cueste creerlo.

—Oh no, yo sé que me quieres mucho y…

—¿Quererte? ¿Te das cuenta a lo que me refiero?

Te amo Kurt, y siempre lo haré, a pesar de los tropiezos, los malos entendidos, las discusiones y los desacuerdos. Sin importar lo que ocurra, estaré a tu lado incondicionalmente hasta el último día de mi vida.

Hummel suspiró y en segundos el cálido cielo en su rostro se nubló, impidiéndole ver al hombre que estaba a un costado, mientras un nudo se formaba en su garganta velozmente.

—También te amo —dijo con dificultad tras varios segundos.

—Lo sé, pero, ¿realmente entiendes lo que siento por ti? Porque a veces tengo la impresión de que piensas que son sólo palabras.

—Claro que no. Sé que tus sentimientos son reales. A pesar de cualquier tropiezo siempre has estado a mi lado y eso es algo que valoro mucho y por lo cual estaré eternamente agradecido.

—Y, sin embargo, estás incómodo a mi lado.

—No es así. Es sólo esta situación que trato de comprender lo que me tiene un poco distante.

—Preferirías estar con Trevor.

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—Siempre ha sido Trevor, Trevor, Trevor —dijo con cierta molestia.

—Ah… Mi relación con él y contigo…

—Lo siento. No debí decir eso —tomó una postura seria después de respirar profundamente—. Estoy siendo realmente estúpido. Aparte de que esto se trata de ti.

—Puede tratarse de los dos —dijo Kurt limpiando la lágrima que rodaba por su mejilla—. Has estado pendiente de mí todo este tiempo, pero es obvio que no soy el único al que le pasa algo.

—N-no es verdad. Estoy bien… Hablábamos de ti y de lo que sientes.

—Dime qué te ocurre —se acercó y lo tomó de la mano—. Déjame ser tu apoyo. Sabes que puedes confiar en mí.

—Soy más de lo que piensan… —dijo tras varios minutos en silencio y la mirada perdida.

—No entiendo a qué te refieres.

—Todos tienen un concepto equivocado de mí —suspiró—. Sé que no soy muy expresivo y suelo reprimir mis emociones, lo cual da la impresión de ser una persona fría a la que no le importa nada ni nadie, de que soy un idiota pretencioso o que…

—No digas eso.

—Es la verdad. Es lo que todos piensan, incluyéndote.

—¡Claro que no!

—Por favor, Kurt. Sabes que es así.

—Si lo pensara, ¿por qué estaría aquí contigo?

—Es la misma pregunta que me hago todos los días.

—¿Qué?

—No me hagas caso —negó con la cabeza y le soltó la mano.

—No puedes decir cosas como esas y luego pretender que las ignore.

—Kurt…

—No tiene sentido para mí lo que escucho, así que trato de entender de dónde viene… Cuéntame y tal vez podamos resolverlo juntos.

—Mis padres me criaron para ser un hombre —dijo la última palabra poniendo los ojos en blanco mientras hacía una mueca—, y los hombres jamás deben hacer o decir nada que los haga parecer débiles ya que eso les resta masculinidad y poder —resopló por la nariz.

—¡Esa es una de las estupideces más grandes que he escuchado en mi vida!

—Estoy consciente de ello, pero es la forma en la que me criaron y a veces no puedo evitarlo. Es como si escuchara una voz dentro de mi cabeza repitiéndome que debo ser fuerte, que no puedo mostrarle al mundo que tengo un corazón ni como soy en realidad porque eso me haría menos hombre.

Toda mi vida ha sido una dura batalla interna por tratar de encajar en lo que me enseñaron que era correcto, en lo que mi familia y la sociedad esperan de mí.

—No tenía idea de que te sintieras así. ¿Por qué nunca hablaste conmigo al respecto?

—¿No acabas de escuchar lo que dije? —elevó la voz— L-lo siento… Es… Esto es justamente a lo que me refiero.

—Conmigo no tienes que ocultarte. Jamás debes fingir nada, por favor… No tendrías que hacerlo con nadie porque no hay nada de malo en ser tú todo el tiempo.

—Es más fácil decirlo que hacerlo, sobretodo cuando se tiene padres que te han apoyado en todo y te aceptan tal cual eres.

Para mí no ha sido de esa forma, y a pesar de eso hay momentos en los que me dejo llevar y me permito ser vulnerable, pero al darme cuenta, retrocedo y vuelvo a contenerme.

Intento soltarme, dejar fluir mis emociones y quien soy, más de lo que pudieras imaginar, pero las voces en mi cabeza se presentan y… —soltó el aire retenido— Tú y Trevor son probablemente las únicas personas a las que les he mostrado un poco de quien soy en realidad.

—Lamento mucho que te sientas así. Nadie debería luchar contra su propio ser.

—Algunos no tenemos esa opción, Kurt.

—Siempre tienes la opción de decir no, de decir basta y alejarte de lo que te hace daño.

El hombre suspiró asintiendo ligeramente.

—Creo que deberíamos descansar. Me ha dolido la cabeza.

—Cortas tus horas de sueño súbitamente y eso no es bueno.

—Me preocupo por ti. No estás durmiendo bien, andas decaído, inquieto, lloras en silencio y a escondidas creyendo que no me doy cuenta de ello.

Kurt exhaló y desvió la mirada durante unos segundos.

—Yo también me preocupo por ti… Tal vez sí deberíamos tratar de descansar.

Ambos caminaron hacia la habitación en silencio y Hummel se acostó de un lado de la cama, mirando un poco afligido al hombre que se retiraba lentamente.

»¿Te vas? —preguntó con cierto pesar.

—Voy a acostarme. Como te dije, me ha dolido la cabeza.

—Quédate conmigo —estiró el brazo.

—Tengo mi cama.

—¿Por qué no quieres estar conmigo, Bernie? ¿Es porque soy gay?

—¿Cómo te atreves a preguntarme algo así?

—Bueno, es una idea que me ha rondado algunas veces… Solíamos compartir muchas cosas, incluyendo la cama, pero luego de que supiste que era gay…

—¡No! ¡En lo absoluto! No tiene nada que ver con eso, te lo prometo. Si fuera así no seríamos mejores amigos.

—¿Y cuál es la razón?

Con la mirada hacia un costado mientras se apoyaba en el marco de la puerta, el hombre de ojos marrón hizo una mueca.

—La última vez que tú, Trevor y yo compartimos una cama fue en la adolescencia, en el viaje que hicimos por el Caribe.

—Ah… Eso creo.

—En esa época ya sabía que eras gay, así que tu cuestionamiento es infundado.

—Pero… ¿entonces?

—Soy yo… Son las cosas que me enseñaron, las voces que escucho.

—¿A qué te refieres?

—Cuando regresamos de ese viaje cometí el error de contar en casa el hecho de que compartimos habitación y la cama en algunas ocasiones, y mi padre se enojó tanto que me dio una paliza.

—¿Qué? Nunca lo mencionaste. ¿Por qué hizo eso?

—Sus ideas arcaicas.

—Tu papá siempre ha sido amable conmigo.

—No tiene nada en tu contra, pero, y cito sus palabras, jamás va a permitir que uno de sus hijos se desvíe o haga cosas que no son de hombres.

—¿Qué?

—Sabes a lo que me refiero.

—Amm… Sí, creo que lo sé…

Tu papá siempre ha sido estricto, pero nunca pensé que…

—Él es muchas cosas que las personas no pensarían. Sus ideas son cerradas y antiguas, pero sabe guardar las apariencias cuando le conviene.

—Oh… Entiendo… ¿Así que ha fingido que le agrado por mi dinero y mi apellido?

—No sé en realidad lo que pasa en su cabeza porque puede llegar a ser contradictorio en algunos aspectos.

¿Sabes qué? ¡A la mierda con mi padre! —se acercó y se acomodó del lado vacío de la cama.

—¿No es incómodo esto para ti?

—Somos dos hombres en una cama mirándose a los ojos y tomándose de las manos.

El castaño lo miró con expectativa.

—¿Y?

—No. No es raro ni incómodo. De hecho, lo extrañaba.

Hummel sonrió con suavidad.

—Yo también extrañaba esto.

El de cabellera marrón devolvió la sonrisa y cerró los ojos.

—Gracias por este momento, Kurtie.

—Gracias por hablar conmigo, Bernie. Y gracias por estar aquí.