.
CAPÍTULO 20:
"Tratando de avanzar"
.
Blaine se sentía desilusionado por las circunstancias, pero consiente de que no podía hacer nada, había decidido continuar con su vida.
Que Kurt se hubiera casado le seguía preocupando y también le dolía por varias razones, incluyendo el que lo sacara de su vida de esa forma, ya que eso era algo que jamás se habría imaginado.
Había pasado casi un mes desde la boda, y era también el mismo tiempo que Kurt llevaba sin comunicarse con él ni contestar sus llamadas. De hecho, había cambiado su número, lo había bloqueado o hecho algo porque no era posible que todo ese tiempo tuviera apagado el teléfono.
La idea de que su esposo lo dominara y le impidiera seguir siendo amigos cruzó por su mente varias veces, pero después la descartó. Kurt no era el tipo de persona que permitiera esas cosas, o al menos no el Kurt que creyó conocer.
"Simplemente no le importas" le dijo Scott en algún momento. "Él buscaba a alguien con quien desahogarse y estabas ahí, pero ya resolvió sus problemas, se casó y no te necesita más."
Aquellas palabras habían dolido mucho, y aunque al principio se negó a creerlas, terminó por aceptarlas ya que no había forma en que pudiera rebatirlas.
Trataba de acostumbrarse a la idea de que aquel hombre de ojos como el cielo sólo había estado de paso en su vida, pero costaba mucho.
Tal vez si hubieran hablado y Kurt le hubiera explicado que luego de casarse se alejaría, no estaría tan decepcionado, después de todo, las personas a las que conocía nunca permanecían en su vida durante mucho tiempo.
Y ahí se encontraba, un día más trabajando en la panadería a pesar de no sentirse bien.
—Jovencito, ¿hasta qué hora lo espero?
—¿Ah? ¿Qué?
Una mujer de edad avanzada, con cabellos grises y plata que cubrían pequeños mechones negros, lo miraba con evidente enojo.
—Me recomendaron este lugar, entre otras razones por su excelente servicio, pero supongo que debieron cambiar al personal ya que llevo casi un minuto hablando y no ha prestado atención a nada de lo que le he dicho.
—Lo lamento mucho. ¿En qué le puedo servir?
La mujer lo miró con escrutinio y le indicó su orden, retirándose poco después ya más calmada al ser atendida de manera eficiente.
—Blaine, ¿estás bien?
El chico giró hacia un costado y vio a su jefe luciendo muy preocupado.
—Sí, sí. ¿Por qué?
—Has pasado todo el día en silencio y con el ceño fruncido.
—Oh, lo siento. No me di cuenta.
—¿Qué te ocurre?
—Me duele la cabeza.
—¿Otra vez? Ayer también estabas con dolor, y hace dos días fue lo mismo.
—Ahh… —elevó los hombros ligeramente— Creo que me estoy enfermando porque el dolor no se me quita y desde anoche desciende hacia el oído.
—Deberías ir al médico.
—S-sí, claro.
—¿Tienes dinero para ir?
—Bueno, para acudir a una cita, tal vez, pero de seguro me mandan a realizar exámenes o alguna cosa en el oído y todo eso es muy costoso.
—Hay lugares que atienden gratuitamente.
—Pero los exámenes no son… —negó con la cabeza— Voy a estar bien, no se preocupe.
—Necesitas atención médica.
—Scott consiguió ayer unas pastillas que…
—¡No! ¿Cómo se te ocurre auto medicarte? ¿Sabes lo peligroso que puede ser?
—Las pastillas son para la infección.
—¿De dónde sacas que es una infección? ¿Has estado con fiebre acaso?
—No, pero el dolor del oído…
—Una cosa es dolor, el cual puede ser causado por una inflamación, por ejemplo, y otra muy diferente es una infección.
Si no tienes dinero, puedo prestarte, pero no debes tomar cualquier medicamento que consigas por ahí ya que puede terminar haciéndote más daño que beneficiándote. Sólo dime cuánto necesitas.
—Se lo agradezco, pero voy a estar bien.
—¿Es una broma acaso? ¿Por qué no aceptas?
Tal vez Giuseppe no lo recordaba, pero él sí. La última vez que le había pedido un adelanto o un préstamo, este no sólo se lo había negado, sino que le echó en cara todas las veces que lo había ayudado, y no quería agregarle algo más a la lista ni que se repitiera un momento tan incómodo como ese.
—De verdad, con un par de pastillas y algo de reposo me recupero.
La puerta se abrió en ese instante y Giuseppe colocó una mano sobre el hombro del chico.
»En la hora de tu descanso hablamos —se dirigió a la caja registradora.
—¡Buenos días! —dijo el de ojos dorados tratando de sonar alegre— ¡Bienvenida a…!
Al ver a la persona frente a él se llenó de toda clase de emociones que eran difíciles de controlar.
—¿Blaine?
—¡Angelina! —sonrió y se movió rápidamente para llegar del otro lado del mostrador y abrazarla.
—No puedo creer… Blaine… —devolvió el abrazo fuertemente— No tienes idea de lo angustiada que me he sentido al no saber de ti.
—Lo siento mucho. He querido llamarte en varias ocasiones, pero siempre termina ganándome el miedo. ¿Cómo estás?
—Muy bien, ¿y tú?
—Estoy bien. Hay días más complicados que otros, pero definitivamente mejor que con los…
De pronto sintió como si su alma abandonara su cuerpo y la garganta se le cerró, porque si Angelina estaba ahí eso implicaba que el resto de la familia también.
»No, no, no… —balbuceó— ¿E-ellos?
—¡Los había olvidado! Se quedaron en una tienda, pero en cualquier momento vienen hacia acá.
—¡No! ¡N-no puede ser! —intentó sin éxito regular su respiración— ¿M-me han b-bus-cado?
—Sí.
Unas voces fueron acercándose y el joven de rizos corrió desesperado hacia el otro lado, tropezando con todo lo que estaba en el camino.
—¿Qué te ocurre, Blaine? —preguntó Giuseppe asustado.
—P-por fa-vor, no pu-pueden v-verme.
—¿Quiénes?
—P-por f-favor —corrió torpemente hacia la parte de atrás del local.
—¿Qué está pasando? —le preguntó a la chica, quien trataba de relajarse.
—Por favor ayúdenos.
—¿Qué?
En ese instante entró a una pareja tomada de la mano.
—¿Y estos de qué están hechos? —señaló Angelina unos dulces, simulando que observaba todas las variedades.
—¿Qué pasó? ¿Qué pediste? —indagó un hombre alto y fornido.
—Todavía nada, papá. Estaba revisando las diferentes opciones.
A Giuseppe no le gustó el tono en el que aquel hombre le había hablado a la chica, y frunció ligeramente el ceño durante unos segundos.
¿Quiénes eran estas personas y por qué Blaine se había aterrorizado al saber de su presencia? Y que la chica lo mirara de maneta suplicante lo llenaba de más dudas.
—Estos, al igual que los que te había mostrado, están rellenos de pasas, la diferencia es que los de aquí tienen nueces —respondió tranquilamente como lo haría con cualquier cliente.
—¡Nada con nueces! —protestó la mujer con molestia.
Desde la trastienda Blaine escuchaba escondido aquellas voces que lo tenían temblando.
—¿Me han buscado?
—Sí.
Aquella única y tan corta palabra era sinónimo de todos sus temores, y fue encogiéndose más, rogando no ser encontrado. Y aunque sabía que no podrían entrar donde él se encontraba en ese momento, su respiración se agitaba más a cada segundo y su corazón golpeaba con tal fuerza contra su pecho que producía dolor.
Se sentía como horas interminables cuando en realidad eran unos cuantos minutos los que habían transcurrido, y todo lo que Blaine deseaba era que se fueran.
¿Por qué tenían que seguir preguntando por cada cosa que veían?
Contrólate —susurró para si mismo mientras llevaba una mano hacia su pecho— No va a pasar nada. No pueden entrar aquí… No pueden entrar… Estás a salvo.
Cerró los ojos y trató de bloquear las voces y los recuerdos porque de lo contrario estaba seguro que terminaría sufriendo un infarto.
De pronto escuchó pisadas acercándose y su corazón empezó a latir con más fuerza.
—Blaine…
El chico brincó y dejó escapar un ruido extraño.
—D-don Gi-Giu-Giuseppe…
—Quiero que me expliques en este momento quiénes son esas personas y por qué estás huyendo de ellas.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Trevor se encontraba desayunando mientras revisaba su tableta cuando el timbre de la casa sonó.
¿Quién había decidido importunarlo tan temprano?
Tras suspirar bebió un tragó largo de café y deslizó el dedo por la pantalla.
—Lo buscan, señor —dijo Roo, la mujer que había trabajado para su familia por más de veinte años y que llevaba a su lado cinco.
—¿Quién es?
—El Señor Dante.
—¿Qué quiere a esta hora? —fue una pregunta para él mismo.
—No lo sé. Sólo pidió hablar con usted. Le dije que estaba desayunando, pero insistió.
Si usted gusta, puedo volver a…
—No, no. Está bien, no te preocupes —respiró profundamente—. Déjalo pasar, por favor.
La mujer se retiró y Trevor continuó comiendo. No pensaba dejar sus alimentos botados por Dante. Poco después escuchó las pisadas acercándose y suspiró, avanzando a otra página en su tableta.
—¡Tienes que decirme! —exigió Di Marco al verlo.
—¿No te han enseñado a saludar? —preguntó con indiferencia sin apartar la mirada de la pantalla.
—¡No estoy para juegos!
—Vienes a mi casa a esta hora, ni siquiera demuestras modales y todavía me exiges cosas, ¿quién te crees que eres? —lo miró enojado.
—Estás involucrado en todo, lo estuviste desde el principio y no puedes negarlo.
—Estoy cansado de tus acusaciones y tu verborrea continua. Si te dejé pasar es porque se supone que querías hablar conmigo… Hablar como una persona civilizada, ¿entiendes la diferencia?
Dante apretó los dientes y exhaló con fuerza por la nariz.
—Sabes dónde está, y no puedes negarlo —dijo más tranquilo.
—Jamás lo he hecho.
—¡Dime!
—¿Para qué?
—¿Para qué? ¡Sabes muy bien el motivo!
¡Fuiste la última persona con la que habló! —elevó ligeramente la voz— ¡Lo ayudaste a planear todo y por ustedes quedé como un estúpido! —continuó protestando sin cesar durante un par de minutos.
Trevor terminó de desayunar sin prestar mayor atención, limpió sus labios con la servilleta y giró el taburete en dirección de Dante.
—¿Crees que las cosas se resuelven de ese modo? Tu prepotencia es una de las razones por las que se cansó.
No tuve nada que ver, te lo he dicho. Fue su decisión. Me sorprendió como a todos, pero me alegró mucho.
—Siempre has estado en mi contra, siempre me has detestado y por eso te alegra toda esta situación.
—Es una lástima que te hayas olvidado de los tiempos en los que solíamos divertirnos juntos, íbamos a bailar, salíamos a comer, al cine, viajábamos y muchas cosas más.
Teníamos una relación muy buena en realidad, así que no me digas que siempre he estado en tu contra, porque sabes bien que no es así. Incluso llegué a considerarte un buen amigo, pero todo eso quedó en el pasado, y no fue por mí precisamente.
Tampoco puedo decir que fue el dinero lo que te cambió porque siempre lo has tenido, ni creo que fuera el resultado de ayudar a tu padre, como dice Kurt, porque yo también ayudo al mío con dos de sus empresas, y sigo siendo el mismo.
—No puedes compararte, Trevor. Tu situación es diferente a la mía.
—¿Diferente en qué sentido?
—No somos iguales, así de sencillo.
—¿A qué te refieres?
—No eres igual a mí, Trevor, sólo eso. Personas como tú… —titubeó antes de quedarse callado.
—¿Personas como yo? ¿Qué significa eso?
—Bueno, ya sabes… Es… En fin.
Trevor frunció el ceño. —¿Acaso debo sumar a la lista que ahora eres racista? Porque no le encuentro otra lógica a tus comentarios.
—Ah… Es…
—Guau… Hasta en eso has cambiado… A menos que siempre hayas fingido… No cabe duda de que cada vez te pareces más a tu padre.
—¡No soy mi padre! —bramó— Él sí es prejuicioso, racista y… —apretó los puños.
—No tienes que decirlo, sé muy bien la clase de persona que es. Siempre me ha mirado con desprecio y no ha tenido ningún reparo en hacer comentarios hoscos frente a mí.
Recuerdo que solías avergonzarte por su comportamiento, pero ahora actúas como él de tantas formas que francamente ya no sé qué pensar.
—No… soy… él —dijo con los dientes apretados.
—¿Por qué me has tratado con tanto hastío durante los últimos años?
—Te has entrometido en mi relación con Kurt durante ese tiempo, ¿te parece poco motivo?
—He tratado de abrirle los ojos, que es muy diferente… —exhaló negando con la cabeza— ¿Sabes qué? No voy a discutir contigo acerca de eso otra vez, y como no creo que tengas más nada que hacer en mi casa, te pido que te vayas.
—No me voy hasta que no respondas mis preguntas.
—Ya te respondí, y ahora retírate por las buenas.
—¡No me voy! —dijo desafiante.
—No me hagas llamar al guardia. Ahórranos ese mal momento.
—Amo a Kurt y tengo derecho de saber dónde está.
—No tienes ningún derecho sobre él porque no es un objeto que te pertenezca, por otro lado, ¿realmente lo amas o amas el recuerdo de lo que un día fueron? Porque hay una gran diferencia.
—No pretendas saber mejor que yo lo que siento, porque no es así.
—Creo que deberías aprovechar este tiempo para analizar las cosas de manera objetiva y honesta. Estoy seguro de que vas a hacer descubrimientos importantes.
—¿Qué clase de descubrimientos pretendes que haga? ¿Qué no lo amo o que él no me ama? Porque no podrías estar más equivocado.
—Dante, escúchame…
—¿Qué? ¿Ahora crees que por haber estudiado psicología lo sabes todo?
—En ningún momento he dicho eso.
—¡Entonces deja de intervenir! —lo miró con suspicacia— ¿No será que estás enamorado de Kurt?
—¿Qué? —le dio una mirada incrédula.
—Tengo la impresión de que lo has amado en secreto siempre, pero como se supone que eres hétero, no puedes decir nada, y por eso buscas de algún modo apartarlo de mi lado para quedarte con él.
—Increíble… —negó con la cabeza— En primer lugar, no se supone, soy heterosexual, jamás fingiría ni me ocultaría. Si me conocieras realmente, no dudarías de ello. En segundo lugar, Kurt y yo somos mejores amigos.
—¿Ahora me vas a decir que eso es un impedimento para enamorarse?
—Kurt y yo crecimos juntos, y la única forma en la que lo veo es como mi hermano, por eso me preocupo por él y quiero que esté bien en todos los sentidos.
—Eso es lo que dices.
—No voy a discutir contigo, no me importa lo que pienses, y ahora retírate por favor porque tengo muchas cosas que hacer.
—Sólo dime dónde está Kurt y me iré.
—Entiende que si se fue es porque quería estar lejos de ti, y si de verdad lo amas tanto como dices, deberías dejar de presionarlo.
—No lo presiono, sólo necesito hablar con él.
—Ya dijeron todo lo que tenían que decir. Él fue muy claro contigo y te pidió tiempo y espacio, sin embargo, no has hecho más que asecharlo, por eso decidió irse lejos.
No lo atormentes más, déjalo poner en orden sus ideas y sentimientos y aprovecha para hacer lo mismo. Si deben estar juntos, la distancia los ayudará a darse cuenta de ello y…
—¡Ya cállate! ¡Sólo te falta decirme esa estupidez de "si amas algo, déjalo libre".
—No es ninguna estupidez, de hecho, el amor siempre debe ser libre.
—¿Libre? ¿Qué clase de tontería es esa? ¿O sea que se puede estar con otras personas sin que haya problema porque…?
—No tergiverses mis palabras, Dante. La infidelidad ni siquiera debería cruzar por tu mente.
El amor es libre cuando es real porque no busca poseer a la otra persona, no le corta las alas ni trata de controlarla, al contrario, la deja ser, crecer y llegar alto mientras vuela a su lado.
Quien ama en libertad comprende que permanecer con la pareja no es una obligación sino una elección que se toma a diario con la mente y el corazón, y si en algún momento estos dejan de estar de acuerdo es porque algo no anda bien y requiere atención.
Dante cerró los ojos y respiró profunda y lentamente, bajando la cabeza.
—¿Cómo puedes saberlo? ¿Cómo arreglarlo? ¿Cómo…?
—Cuando lo han intentado todo para salvar la relación y a pesar de eso alguno de los dos ya no puede seguir eligiendo al otro porque no se siente a gusto a su lado, porque las cosas han cambiado, porque le pesa o porque le resta en lugar de sumarle, entonces ya no hay nada que hacer y lo mejor es retirarse dando las gracias por lo bueno que un día compartieron, ya que aferrarse a algo que dejó de ser no tiene sentido alguno.
Ya sea por capricho, por el qué dirán, por el miedo a estar solo o cualquier otra excusa, permanecer con alguien a quien ya no puedes elegir libremente, o que no puede elegirte más, terminará con el tiempo causando mucho daño.
No te aferres a él ni al pasado. Tal vez no sea fácil pero lo mejor que puedes hacer ahora es dejar las cosas como están y seguir con tu vida, aunque no lo veas así, eso te ayudará a tener una mejor perspectiva de todo. Al final, ya con la mente y el corazón tranquilos, si ambos se dan cuenta que quieren seguir juntos y que su relación tiene futuro, te aseguro que volverán y estarán listos para darse una nueva oportunidad.
Pero si no es así, también estarán listos para continuar con sus vidas por separado, sin resentimientos, sin dolor de por medio, y, ¿por qué no? Hasta podrían ser amigos.
Ustedes tuvieron una relación hermosa, no voy a negarlo. Kurt era feliz contigo, te amaba y lo amabas, era más que obvio, pero las cosas cambiaron y lo sabes bien. Además, estoy seguro que también te afectaba cada vez que peleaban o tenían problemas.
¿No crees que sería mejor ser amigos y tener una relación tranquila y bonita en donde puedan recordar con cariño el pasado en lugar de ser una pareja que se odia y pasa sus días sufriendo y haciéndose daño?
