.


CAPÍTULO 21:

"Sólo detente y respira"


.

Blaine caminaba con una mano presionando su oreja derecha, a pesar de que los transeúntes lo miraban de manera extraña. El dolor aumentaba con cada minuto que pasaba, pero no era la única molestia ya que esta estaba acompañada desde hace dos días con mareos que se presentaban súbitamente, y sabiendo que en esas condiciones no podría realizar las tareas que le faltaban, aunque sólo le tocara pasear a un perro y arreglar un jardín, había ido a dar las explicaciones pertinentes y ahora se dirigía a su departamento para tratar de descansar, aunque no estaba seguro de poder hacerlo.

Tres cuadras lo separaban del alto y descolorido edificio donde vivía, y suspiró al verlo. Se sentía tan cerca y tan lejos a la vez. "Sólo un poco más", dijo en voz baja tratando de darse ánimos.

"Ya casi", suspiró al cruzar la calle. El edificio estaba justamente a la mitad de la cuadra.

"Unos cuantos pasos… Ya llegas". Presionó con más fuerza su oreja y siguió caminando, tropezando con un par de personas al sentir un vértigo, y disculpándose torpemente.

—¡Blaine! —dijo Andy con sorpresa al verlo cruzar por recepción— ¿Qué haces aquí tan temprano?

—Día complicado —respondió casi arrastrando las palabras y dirigiéndose al ascensor, rogando que funcionara.

Presionó el botón y suspiró cuando las puertas se abrieron. Le pareció escuchar su nombre a lo lejos, pero no estaba de ánimos para quedarse a conversar. Ya después se disculparía.

Una vez en su departamento abrió el cajón de la pequeña mesa que reposaba en medio de las dos camas, sacando una caja blanca con bordes rojos.

Jamás había visto esa pastilla ni oído hablar de ella, por eso le daba cierto temor consumirla, sin embargo, el malestar lo estaba volviendo loco. Además, se la habían dado a Scott en ese centro de ayuda donde estaba trabajando por las tardes, así que no podía ser perjudicial. Al menos eso esperaba.

Con un resoplido empezó a revisar la información impresa. No reconocía ninguno de los compuestos y eso no le gustaba. No es que supiera de medicina, pero había aprendido unas cuantas cosas viviendo en las calles y los hogares temporales. De pronto sintió un nudo en el estómago cuando leyó que el registro sanitario estaba en trámite.

Pensó que era una locura tomar aquel medicamento, pero no podía resistir más el dolor, así que encomendándose a todos los ángeles sacó el blíster de la caja y observó los comprimidos verdes. ¿Cómo se iba a tomar esa cosa enorme? ¿No se supone que hay un tamaño promedio para fabricarlas? Si fuera una cápsula la abriría, pero así sería demasiado complicado.

Con recelo puso una pastilla en su mano y fue por un vaso grande con agua. Estaba a punto de introducirla en su boca cuando varios golpes en la puerta lo detuvieron. ¿Quién podía ser a esa hora? Cualquiera que lo conociera sabía que no regresaba hasta la tarde, y a veces hasta la noche.

Asentó el vaso y se dirigió con cautela hacia la puerta.

—¿Quién es?

—¿Blaine? —susurraron del otro lado.

—Sí… pero, ¿quién es?

—Soy Kurt.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Bernard discutía por teléfono con su padre sentado en el fondo de una cafetería. El movimiento de la silla ubicada frente a él lo hizo levantar la mirada y encontrarse con Trevor.

—Me lo has repetido tantas veces que hasta perdí la cuenta. Ya te dije que lo voy a hacer… —dijo molesto y finalizó la llamada.

—¿Tu papá?

—Sí —exhaló mientras apagaba el dispositivo—. No sé cuándo va a dejarme tranquilo.

—El día que le pongas un alto definitivo.

—Quisiera que fuera así de fácil.

—De ti depende. Ya no eres un niño que tiene que obedecer y hacer todo lo que su padre quiere. No te digo que le faltes al respeto ni nada parecido, pero tienes la edad suficiente para tomar tus propias decisiones y no dejar que te manipule.

—Lo sé, pero él…

—Cualquier cosa que digas son sólo excusas para no enfrentarlo.

Tu padre tiene sus ideales, creencias, perspectivas y demás, pero eso no significa que deban ser tuyas. Tienes derecho a vivir tu propia vida bajo tus reglas.

—Lo sé —suspiró y miró hacia un costado—. Créeme que lo sé, y en más de una ocasión he intentado hacerle frente, pero no he podido.

—Acabas de colgarle el teléfono.

—Eso es diferente.

—¿Por qué?

—Una cosa es dar por terminada una conversación y otra muy distinta es confrontarlo. Quisiera que fuera más fácil, pero no lo es. Con él todo siempre es complicado.

—¿Qué lo vuelve complicado?

—Sabes cómo es él… Está obsesionado con tener una vida perfecta, una esposa perfecta, hijos perfectos, y estoy muy lejos de ser perfecto —suspiró—. Tal vez tengo miedo —elevó los hombros.

—¿Miedo de qué?

—A su reacción, al qué dirán, a… —negó con la cabeza— Te lo dije, es demasiado complicado.

—Kurt me comentó que hablaron. ¿Fue sobre eso?

—Qué bien… Lo único que faltaba —hizo un gesto.

—No me dijo nada más, sólo que hablaron y que te sinceraste con él. Cualquier cosa que le hayas contado, se la guardó, pero está preocupado por ti.

Y, además, no veo por qué te molesta que me lo haya mencionado. Se supone que los tres somos mejores amigos.

—Sabes que no es así.

—¿Cómo que no es así?

—Olvídalo.

—Bernie…

—Estamos aquí para hablar de la situación de Kurt de cómo ayudarlo.

—Correcto, pero primero quiero que me expliques a qué te referías con eso.

Bernard resopló y lo miró fijamente.

—Siempre son tú y Kurt.

—¿Qué?

—Solíamos ser los tres, pero en algún momento las cosas cambiaron y pasaron a ser ustedes dos y yo me convertí en la tercera rueda.

—No entiendo de qué hablas. Incluso se fue contigo cuando…

—Porque era lo más seguro. Todos sabíamos que Dante te buscaría de inmediato y por eso Kurt no podía irse contigo sino conmigo —negó con la cabeza ligeramente—. Ni siquiera se le ocurrió que podíamos estar juntos.

Me llamó una vez para preguntarme si sabía algo de él. Le dije que no tenía la menor idea, y fue suficiente, no me molestó más. En cambio, a ti no ha dejado de perseguirte para que le des información.

Pero como dije antes, no estamos aquí para hablar de la situación de Kurt, y es el único tema que importa.

—Bernie…

—Basta, Trevor.

—Bien, pero es una conversación que no voy a dar por terminada. Todo ese dolor y esa rabia que llevas contenida se reflejan en tus ojos, en tus palabras y en la energía que emanas, así que no puedes negarlo, y yo no voy a fingir que no lo he notado.

El de cabellera marrón hizo una mueca y desvió la mirada una vez más.

—¿Cómo vamos a ayudar a Kurt?

—No estoy seguro todavía, aunque hace poco Dante se presentó en mi casa y hablamos. Sólo espero que finalmente haya comprendido que debe dejarlo tranquilo.

—Ojalá, pero lo dudo, por eso es importante que tracemos un plan.

—¿Se quedó en tu casa o se fue a un hotel?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Llegamos en la madrugada y durmió unas cuantas horas, pero al despertar dijo que iría a visitar a un amigo al otro lado de la ciudad, y yo tenía que salir a trabajar, así que ignoro lo que haya hecho después.

—¿Del otro lado? El único que vive allá es este chico Blaine, pero, ¿por qué fue a buscarlo? Se supone que se está ocultando de Dante, sin embargo, se expone de esa forma… —hizo un sonido de molestia— ¡Es absurdo!

—Créeme que no entiendo tampoco. Fue exactamente lo que le dije y me respondió que debía ir a hablar con este muchacho, que era importante y no sé qué más.

—¿Lo llevaste?

—No. Tomó un taxi. Dijo que así era más seguro.

—¿En serio? —llevó una mano hacia su frente— No le importa exponerse, pero lo hace de forma segura… Ni siquiera tiene relación lo que dice con lo que hace… ¿Qué le pasa?

—Me hago la misma pregunta, Trevor.

—¡Increíble! ¡Mientras tanto, nosotros estamos aquí reunidos para idear una forma de ayudarlo!

¿Sabes qué? Así no puedo… Quiero que me avises en cuanto Kurt llegue a tu casa para ir a hablar con él. Los tres tenemos que sentarnos y tener una conversación extensa porque no es posible que… Es… —se cruzó de brazos— No tengo palabras… Intento entender lo que está haciendo, pero no puedo.

—Creo que el tal Blaine es más importante para él de lo que nos ha contado.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

Scott entró a su departamento después de una larga jornada de trabajo y se sorprendió cuando vio a un hombre sentado en su cama.

Su primer instinto fue atacar, pero se dio cuenta de que aquel extraño usaba ropa evidentemente costosa y comprendió de quién se trataba, aunque no entendía qué hacía ahí. De inmediato sus ojos viajaron con velocidad hacia la otra cama donde yacía su amigo dormido, y se alarmó.

—¿Qué le pasó a Blaine? —preguntó con angustia y lanzó la puerta.

El diseñador se sobresaltó con el ruido y volteó rápidamente.

—Ah… Hola… Debes ser Scott —se puso de pie— Mi nombre es Kurt Hu…

—Blaine… Blaine… —llamó con insistencia, ignorando al intruso.

—Te rogaría que no lo molestes. Quizá fue uno de los medicamentos que tomó o el cansancio por todos los días que llevaba sin dormir debido al dolor, pero en cuanto se acostó, sus ojos se cerraron y…

—¿Qué medicamentos?

—Blaine está enfermo, así que lo llevé a una clínica —suspiró.

—¿Enfermo de qué? Sólo era un dolor de oído.

—¿Sólo…? Tiene una otitis media aguda.

—Yo ya he tenido eso, y no niego que es molestoso, pero tampoco es algo grave.

—Quizá te trataste oportunamente, pero en el caso de Blaine pudo convertirse en algo crónico si hubiera pasado más tiempo. Fue irresponsable no ir a un médico cuando la molestia que sentía empeoró.

—Blaine ya tenía unas pastillas que le conseguí, sólo que por necio no se las tomaba.

—¿Te refieres a esa cosa que le manchó la mano sólo por sostenerla unos segundos? —replicó enojado.

¡Automedicarse es aún más irresponsable! ¡Y peor todavía hacerlo con cualquier cosa que encuentres por ahí y que ni registro sanitario tiene!

—¡Por favor! —respondió en el mismo tono— Personas como nosotros no podemos darnos el lujo de ir a un médico cada vez que nos sentimos mal, así que usamos los recursos disponibles para curamos, pero eso es algo que jamás entenderías.

—Blaine tiene una infección fuerte que de seguir avanzando pudo llegar a perforarle el tímpano. ¿Entiendes la gravedad de eso?

Cuando llegué lo encontré mal. El dolor que sentía era muy fuerte, estaba algo mareado y tenía fiebre.

—Él… él no estaba tan mal —negó con la cabeza—. Estás exagerando.

—Su oído supuraba.

—No sé lo que es eso —dijo apretando los dientes y miró a su amigo con total preocupación.

—Estaba segregando… —respondió Kurt más calmado al notar la angustia en el rostro del chico—. Es decir que de su oído salía líquido.

—¿S-se va a… poner b-bien?

—Sí. Con lo que le recetaron irá mejorando gradualmente.

Scott caminó hacia el otro lado de la cama de su amigo y se acercó, tocándole con cuidado la mejilla, y suspiró.

—Tiene mucha fiebre.

—Es debido a la infección, pero como te dije, va a mejorar pronto.

Todo el proceso puede tardar hasta diez días, aunque con suerte podría ser menos, depende de cómo el organismo de Blaine responda.

El chico asintió y se dirigió a la cocina, regresando con un recipiente pequeño lleno de agua y un pedazo de tela que le colocó en la frente al de rizos.

—Gracias —susurró.

—No tienes nada que agradecerme. Y no es necesario que le pongas eso.

—Voy a cuidarlo de la forma que conozco… Tal vez los ricos no hagan esto, pero sí funciona porque ayuda a que la temperatura baje.

—Bien, sólo procura que no esté muy mojado para que no vaya a…

—Sé lo que hago —gruñó.

—Claro —observó la forma cuidadosa en la que el chico hacía las cosas—. Blaine te importa mucho —dijo con certeza.

—Así es. Es mi mejor amigo, mi hermano… —resopló por la nariz— Soy mayor que él, se supone que debo cuidarlo —su voz se quebró ligeramente.

—Lo haces. Blaine habla maravillas de ti.

—¿De verdad?

—Sí. Te quiere mucho y está agradecido por cómo lo has ayudado y cuidado desde el día que se conocieron.

—¿Te ha contado?

—Así es.

Un momento taciturno se posó sobre el pequeño departamento durante el cual ambos permanecieron con la mirada fija en el chico enfermo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Scott mientras humedecía el paño por segunda vez.

—No podía dejarlo solo sabiendo que…

—Me refiero a por qué viniste a buscarlo tras haberlo ignorado durante todo este tiempo.

Después de casarte desapareciste y nunca contestaste sus llamadas. Entiendo que estabas en tu luna de miel, pero nada te costaba al menos responder una vez, o haberle dicho desde un principio que lo ibas a sacar de tu vida.

Realmente le importas y estaba preocupado por ti, además de que no entendía por qué actuabas de esa manera y se puso muy triste. Traté de hacerle ver que eso sucedería en cualquier momento porque las personas como tú…

—¡Quieres dejar de decir eso! Soy una persona como cualquier otra, y las cosas no son como piensas. Tengo mucho de qué hablar con Blaine y es justamente a lo que he venido.

—Típico de los ricos… siempre hacen lo que quieren.

—¿Y eso qué significa?

—Te vas sin ningún aviso y regresas cuando te place esperando que Blaine lo acepte como si nada, y no es justo ni correcto.

Te agradezco que lo llevaras al médico y todo lo que hiciste hoy, pero no voy a permitir que juegues con él.

—¿Jugar?

—Me escuchaste bien. Blaine es un chico muy dulce que a pesar de toda la mierda que ha vivido sigue confiando en las personas. Demasiado, diría yo, y por esa razón a veces se aprovechan de su buen corazón, pero no permitiré que lo lastimes más.

—Sigo sin entender a qué te refieres.

El de rizos empezó a moverse y Scott hizo un movimiento con su cabeza indicándole a Kurt que se alejaran de la cama y luego se dirigió hacia una esquina de la habitación, siendo seguido por este.

—Puedo ver con claridad cuáles son tus intenciones.

—¿Mis intenciones?

—Eres mayor que Blaine, por lo tanto, un hombre con experiencia en todos los sentidos, y como tal, sabes manejar bien tus jugadas.

—¿Mis jugadas? ¿De qué rayos hablas?

—Como dije, eres mayor que él y…

—Y tú también.

—Son sólo tres años de diferencia, y Blaine es como mi hermano. Jamás le haría daño, y como ya sabes, lo he cuidado desde que nos conocimos. Pero tú eres mucho mayor y tienes otras intenciones. Blaine es muy inocente todavía y por eso no puede verlo, pero a mí no me engañas.

Te casaste hace poco así que es más que evidente que quieres convertirlo en tu amante, o peor todavía, lo quieres para un acostón y luego lo desecharás para siempre.

—¿De qué rayos estás hablando? ¡Nada de lo que dices tiene sentido!

—¡Por favor! ¡Conmigo no tienes que fingir!

—No estoy fingiendo, simplemente me parece una locura lo que dices. No tengo malas intenciones con él, sin importar lo que sea a lo que te refieres, y eso de que quiero convertirlo en mi amante es más ilógico todavía.

—¿Y qué es lo que quieres con él? Porque ni por un segundo he creído el cuento de que lo viste cantando y te acercaste con la única intención de ser su amigo.

—Cuando lo conocí no sabía que nos convertiríamos en amigos, pero así pasó, y todo ha sido real y transparente entre nosotros.

—Si algo he aprendido en esta vida es que los de tu clase no se mezclan con la nuestra, a lo mucho sólo buscan aprovecharse, y más de alguien como Blaine, así que si no lo quieres como amante, lo que buscas es quitarte la calentura, y te juro que no lo voy a permitir.

—¿Por qué insistes con eso? No sólo te refieres a mí como si fuera una mala persona, sino que también hablas como si Blaine… —Kurt se quedó en silencio uniendo las piezas— Espera… ¿Acaso él… es gay?

—¡Cómo si no lo supieras!

—No, no lo sabía.

La sorpresa del diseñador se reflejaba en su rostro de forma tal que a Scott le quedó claro que esa era una información que de verdad había desconocido hasta ese momento, y al mismo tiempo aquello lo llenó de dudas porque si este no estaba tratando de seducir a su amigo, ¿con qué intenciones se había acercado aquel día en la estación del metro? ¿Por qué había regresado? ¿Y qué hacía en su departamento cuidándolo?