.


CAPÍTULO 22:

"Más de lo que imaginas"


.

A pesar de ser temprano, Kurt se acostó en el filo de la cama en medio de varios bostezos. Había sido un día pesado y lleno de muchas emociones en el cual las cosas no salieron como pensó.

Su principal objetivo, que había sido hablar con Blaine, no se llevó a cabo debido a las circunstancias, sin embargo, daba las gracias de haber llegado en el momento preciso. Todavía sentía un nudo en el estómago al recordar el estado en el que lo había encontrado.

Con un suspiro cerró los ojos dispuesto a descansar al menos un par de horas, luego se levantaría a cenar y a conversar con Bernard acerca de una idea que tenía.

Kurt miraba impaciente su reloj. A esa hora Blaine ya había terminado su jornada en la panadería y seguramente se encontraba realizando actividades extra, por lo tanto, no sabía en qué momento llegaría, pero rogaba que no demorara y que le diera la oportunidad de hablar.

—Señor, ¿cuánto tiempo más vamos a seguir aquí? —preguntó el taxista.

—No estoy seguro, pero no se preocupe que como le dije antes, voy a pagar muy bien por el tiempo de espera.

—No es por eso sino porque me acaban de llamar del colegio donde estudia mi hijo y debo ir por él.

Kurt había escuchado el teléfono del hombre sonar, pero no prestó atención a la conversación ya que se encontraba absorto en sus pensamientos.

—Sí, claro. Entiendo.

—¿Nos vamos?

—No, no. Aquí me bajo.

—¿Está seguro de que se va a quedar?

—Sí. La persona a la que busco aún no llega, así que debo esperar.

—He escuchado que este no es un barrio muy seguro, y usted es un blanco fácil para cualquier delincuente.

—He venido en varias ocasiones y jamás ha ocurrido nada extraño.

—Tal vez en las noches, no lo sé, es lo que me han contado.

—Gracias por el aviso, pero estaré bien —sacó su cartera y de ella extrajo varios billetes—. Tome —le entregó el dinero y se bajó.

El taxi partió y él empezó a caminar a lo largo de la cuadra pensando en cuál sería la mejor forma de hablar con Blaine para explicarle todo.

¿Por qué estaba tan nervioso? Su amigo era una de las personas más dulces y comprensivas que existían.

Miró el reloj una vez más y suspiró, de pronto vio a lo lejos a alguien que se parecía a Anderson. Tal vez era una coincidencia ya que era muy temprano para que este regresara, aunque también cabía la posibilidad de que se hubiera desocupado antes, y ante esa idea no pudo evitar sonreír hasta que lo vio tambalearse y tropezar con alguien.

Cuando el chico ingresó al edificio, corrió hacia él.

"¡Blaine… Blaine!" —llamó, pero no consiguió detenerlo.

"¡Blaine!" —volvió a gritar entrando al lugar sólo para verlo desaparecer en el ascensor.

Kurt se sobresaltó al casi caer de la cama y se sentó mirando a los lados mientras trataba de procesar lo que ocurría hasta que comprendió que debido al cansancio se había quedado dormido rápidamente y los recuerdos se habían manifestado en sus sueños.

Con una respiración profunda se quitó los zapatos y se acomodó bien, pensando en el de cabellera rizada. ¿Ya habría despertado? ¿Cómo se sentiría? ¿Estaría cediendo la fiebre? Sin lugar a duda iría en la mañana a buscarlo porque estaba preocupado.

Tras un breve intercambio de información realizado con el chico de recepción, Kurt subía por el ascensor que hacía un ruido sospechoso y temblaba como si estuviera hecho de hojalata, lo cual lo llevó a crear una nota mental de usar las escaleras la próxima vez.

Algo desorientado, ya que era la primera vez que ingresaba al edificio, fue buscando el número del departamento y con cada paso que daba su corazón se aceleraba más y más.

Una vez frente a la puerta inhaló profundamente y tocó varias veces.

—¿Quién es? —respondieron con voz débil.

—¿Blaine? —susurró inseguro de que ese fuera el lugar indicado.

—Sí… pero, ¿quién es?

—Soy Kurt.

—¿Kurt? ¿Qué Kurt?

¿Cómo que cuál Kurt? ¿Cuántos conocía?, pensó.

—Hummel.

—¿Qué quieres?

—¿Puedes abrir la puerta?

Al no obtener respuesta permaneció en silencio escuchando el movimiento del otro lado por lo que pareció una eternidad hasta que vio al chico de rizada cabellera de pie frente a él.

—¡Blaine! —lo abrazó, pero el mencionado se removió rápidamente.

—¿Qué haces aquí?

—Hay tanto que tengo que decirte.

—No me interesa.

—Blaine…

—Vete.

—No me iré hasta que hayamos hablado.

—No quiero.

—¿Entonces por qué abriste la puerta?

—Aah… Sólo para decirte que te fueras.

—No necesitabas abrir para decirme eso.

—En fin… No es un buen momento.

—¿Por qué?

—No me siento bien —dijo con un gesto de dolor.

—¿Qué tienes?

—Sólo vete y déjame tranquilo.

—Ahora menos me voy —lo observó detenidamente—. Estás pálido y sudando. ¿Acaso? —le tocó la frente—. ¡Dios! ¡Estás ardiendo! ¿Has ido al médico?

—No.

—¿Por qué?

—Déjame tranquilo, Kurt. Quiero tomar la pastilla y descansar.

—¿Cuál pastilla si no has ido a un médico?

Blaine lo ignoró y fue a buscar el vaso con agua que había dejado asentado.

Hummel entró al departamento y lo siguió, sujetándolo del brazo horrorizado.

—¡No vas a tomar esa cosa! ¡Mira cómo te tiñó toda la mano! ¡Nos vamos a la clínica en este momento!

—¡Suéltame!

—Blaine…

—Me sacaste de tu vida sin ninguna razón ni una explicación y ahora apareces de la nada y pretendes que haga lo que quieres. ¿Es una broma? ¿Te volviste loco o qué te pasa?

—No pretendo que hagas lo que quiero, simplemente estoy muy preocupado por ti e intento ayudarte. Y no te saqué de mi vida, nunca haría eso.

—Sí, claro —hizo una mueca—. Sólo decidiste ignorarme por un tiempo.

—Si me permitieras explicarte lo que… Blaine, ¿qué tienes? ¡Blaine!

El chico buscaba desesperadamente de donde sujetarse mientras se tambaleaba.

—Estoy muy mareado —perdió el equilibrio.

—Tranquilo, te tengo —lo sujetó por la cintura y extendió su brazo para que se apoyara en este.

Después puedes odiarme todo lo que quieras, pero ahora déjame ayudarte, por favor. Vamos al médico, lo necesitas.

Blaine asintió ligeramente con el semblante descompuesto y la evidente muestra de que estaba asustado.

Kurt parpadeó varias veces y se sentó lanzando hacia un costado la almohada. Después de haber recordado lo sucedido su sueño se había esfumado por completo.

Todavía sentía la angustia que horas atrás se apoderó de él al ver mal a su amigo, la forma en que se quejaba por el dolor mientras atravesaban la ciudad, la espera mientras lo examinaban y cada segundo que vivió a su lado.

¡Por qué Blaine no tenía un teléfono! Necesitaba saber cómo seguía y no había manera de comunicarse con él.

La puerta se abrió intempestivamente y Bernard entró con el ceño fruncido.

—¿Dónde te habías metido? ¿Tienes una idea de lo preocupado que estaba?

—Estoy bien y ya estoy aquí.

—¡Mierda! ¡Necesitas un celular, Kurt! ¡No sabes la angustia que he pasado pensando que te había ocurrido algo!

La frase "no exageres" estuvo a punto de deslizarse por sus labios, pero vio la expresión en el rostro de su amigo y comprendió que era lo mismo que él estaba sintiendo.

—Lo siento, no fue mi intención preocuparte. Y sí, tienes razón, voy a comprar un teléfono.

—¿Dónde estabas?

—Con Blaine.

—¿Hasta esta hora?

—Ten en cuenta que él vive lejos. Y no acabo de llegar, lo hice hace… amm…

—Hace media hora. El guardia me dijo.

El de ojos claros se sorprendió al darse cuenta del poco tiempo que tenía de haber regresado ya que se sentía como si fuera mucho más.

»¡Kurt! ¡Kurt!

—¿Qué?

—Te estoy hablando.

—Ah, disculpa, ¿qué me decías?

—Te pregunté qué hacías con ese chico hasta estas horas.

—Estaba enfermo —exhaló—. Cuando llegué lo encontré enfermo, con mucha fiebre y…

—Te quedaste un rato con él, eso puedo entenderlo, pero te fuiste en la mañana.

—No salí temprano porque él trabaja.

—De todas formas, saliste para hablar con él. Bien, resulta que está enfermo y lo acompañaste mientras conversaban, pero, ¿y el resto del tiempo?

—Ojalá hubiera sido así de fácil… Ni siquiera hablamos.

—¿Entonces qué hacías con él? ¿Estás consciente de cómo te expusiste al estar fuera durante tantas horas?

—N-no… no pensé en ello.

—Ya me di cuenta.

—Es que Blaine…

—Blaine, Blaine, Blaine… ¿Qué rayos te pasa con ese muchacho? ¡No es posible que por un muerto de hambre oportunista dejes de pensar en lo que…!

—¡No te permito que te expreses así de él! —elevó la voz y se levantó de la cama— ¡Blaine es una de las personas más honestas y desinteresadas que he conocido en mi vida! ¡Jamás ha intentado sacar provecho de mí o mi dinero! Para que te quede claro, jamás me ha pedido nada. ¡Nada!

—¿Por qué lo defiendes de esa forma? —frunció el ceño.

—Porque es mi amigo y estás difamándolo —respondió enojado.

—¿Tu amigo? —negó con la cabeza.

—Sí, mi amigo, así como tú y Trevor, y a mis amigos los defiendo y los protejo con todas mis fuerzas.

—¡Oh no! Espera un segundo —lo apuntó con el dedo—. Trevor, tú y yo hemos sido amigos toda la vida, en cambio a ese muchacho lo conoces hace unos meses, así que no te atrevas a compararlo con nosotros.

—Aunque no lo entiendas o no te parezca, así son las cosas.

—¿Así son…? — ¿Qué rayos se supone que significa eso?

—Simplemente te estoy diciendo que…

—¿Acaso estás teniendo una aventura con él?

—¿Te has vuelto loco? ¡Blaine y yo somos amigos! Entiéndelo bien, amigos… ¡Jesús! —exclamó alzando los brazos horrorizado— Él es menor que yo y jamás podría verlo de otra forma.

—La diferencia de edades nunca fue un impedimento entre tú y Dante —exhaló haciendo un sonido y se dirigió hacia la puerta.

¿Sabes? —lo miró fijamente— Creo que ese chico te importa más de lo que tú mismo te has dado cuenta —salió de la habitación, regresando al instante.

Trevor estará aquí en veinte minutos y vamos a tener una plática muy larga contigo.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Blaine empezó a moverse en la cama emitiendo pequeños sonidos y Scott encendió la lámpara de inmediato.

—Hola —dijo cuando su amigo abrió los ojos.

—Hola —el chico se frotó el rostro.

—¿Cómo te sientes?

—No estoy seguro… —arrastró las palabras— Me duele, pero no con la misma intensidad.

—Con las medicinas pronto estarás bien.

—¿Qué pasó?

—Hummel te llevó al médico.

—¿Kurt? ¿Estuvo aquí?

—¿No lo recuerdas?

—Entonces no fue un sueño.

—No, aunque has dormido de largo.

—¿Qué hora es?

—Las dos y media.

—¿De la mañana?

—Así es.

—¡Oh! ¿Y qué haces despierto y sentado en el borde?

—Estaba preocupado por ti. ¿Cómo podía acostarme a dormir sin saber cómo te sentirías al despertar?

—Gracias.

—Blaine…

—Recuerdo que abrí los ojos en algún momento y te vi sentado a mi lado. También sentí cuando me estabas poniendo paños fríos. Me estuviste cuidando y sigues pendiente de mí, así que gracias por eso.

—No necesitas agradecerme. Al contrario.

—¿Qué?

—Debí llevarte a algún lado para que te examinaran y no sólo traerte esas pastillas.

—Hiciste lo que pudiste.

—Debí esforzarme más. Pudo ocurrirte algo y… —negó con la cabeza— Tenía que haberte cuidado mejor, tenía que haber…

—No tienes ninguna obligación conmigo, Scott.

—En eso te equivocas, Blaine. No lo hago por obligación sino porque somos familia, y la familia se cuida y se protege.

—Gracias.

—Deja de agradecer —se inclinó y le tocó la frente—. Aún tienes fiebre, pero no es tan alta ya.

—Mi ropa está húmeda.

—Por todo lo que has sudado. Tienes que cambiarte o te va a hacer daño.

—Sí, claro —se sentó con cuidado.

—Ya te tenía algo listo para cuando despertaras —le entregó las prendas que habían estado en un costado.

—Y luego dices que no te agradezca —se quitó la camiseta.

—Lo que quiero que me digas es qué hacía aquí ese sujeto.

—¿Cuál sujeto?

—El millonario ese. Cuando llegué lo encontré sentado en mi cama.

—¿Todavía estaba aquí?

—Sí. Y no me gustó para nada su presencia en nuestro hogar.

—Vino a hablar de lo que sucedió —suspiró y se puso de pie para quitarse el pantalón.

—¿Y qué mentira te dijo?

—Nunca hablamos. Intenté hacer que se fuera, pero no me sentía nada bien y de pronto me dio un mareo horrible, así que insistió en llevarme al médico y acepté porque el dolor era demasiado fuerte.

Cuando regresamos me ayudó a acostarme y no recuerdo más, sólo la pesadez que sentía en la cabeza.

—Espero que no vuelva a presentarse.

—Ahora estoy enojado con él, pero también agradecido por lo que hizo.

—Eso no significa que deba regresar.

—Amm… Creo que quiero escuchar lo que tiene que decir.

—Blaine, no. Que te haya llevado al médico no cambia el hecho de que te ignorara todo este tiempo.

—Ya lo sé, es sólo que…

—¿Que qué? No lo justifiques.

—No lo hago, sólo quiero saber qué pasó.

—Te encanta ilusionarte en vano.

—¿Por qué dices eso?

—Ay Blaine… Eres tan ingenuo todavía —se levantó—. La sábana debe estar mojada también.

—Un poco.

—Ya te paso otra.

El chico de cabellera rizada permaneció de pie observando a su amigo y tratando de entender a lo que se había referido.

Minutos después se acostó abrazando la almohada, y cuando Scott se quedó dormido, empezó a repasar mentalmente los hechos ocurridos.

Al otro lado de la ciudad se encontraba Kurt pensando incesantemente en la conversación que tuvo con sus amigos, lo cual lo tenía tenso, y eso aunado a la preocupación que sentía por Blaine, lo mantenía dando vueltas por toda la cama.

Las memorias se agolparon una vez más y de pronto se encontraba de regreso en el pequeño departamento ayudando a su amigo a acostarse con cuidado… Eso era algo que por alguna razón había olvidado antes.

—Intenta descansar, eso te va a ayudar —le susurró.

Casi un minuto había transcurrido en completo en silencio cuando el menor se removió ligeramente.

—Kurt…

—¿Si?

—Dijiste que podía odiarte, pero no te odio… Jamás podría… Yo… te quiero mucho.

Hummel suspiró y sintió una punzada en el pecho ante el recuerdo repentino de aquellas palabras.

Blaine abrió los ojos y jadeó. ¿Realmente había dicho eso?