.


CAPÍTULO 24:

"Guerrero"


.

El olor a pan dulce era uno de los favoritos de Blaine, y este estaba llenando el lugar de manera embriagante, pero a pesar de eso, no pretendía levantarse de la cama todavía, aunque su estómago empezaba a rugir.

Aspirando profundamente cerró los ojos y se abrazó a su almohada, siendo invadido poco a poco por varios recuerdos.

Meses atrás

—Buenos días —dijo con cierta timidez entrando al local y suspirando ante el delicioso aroma.

—¡Buenos días! —respondió con una sonrisa el hombre que atendía— ¿En qué te puedo servir?

—Vi el letrero que tiene en el ventanal.

—¡Oh! Estás interesado en el puesto.

—Así es, señor.

—¿Cuál es tu nombre?

—Blaine.

—Mucho gusto, Blaine, yo soy Giuseppe.

—Encantado de conocerlo.

—Cuéntame, ¿tienes alguna experiencia?

—Trabajando en panaderías no, pero sé hacer muchas cosas y puedo encargarme de lo que necesite.

—Me gusta tu predisposición. Eso es importante para mí. Y dime, ¿en dónde has trabajado?

—En diferentes lugares —respondió con mayor confianza y una pequeña sonrisa—. En un restaurante, en dos cafeterías, en una peluquería, limpiando casas, lavando autos, podando césped, cuidando niños.

—¡Vaya! Haz hecho muchas cosas, especialmente para alguien tan joven. Que ocupes tus veranos en conseguir dinero para tus gustos o para ahorrar para el futuro habla de la clase de persona que eres.

—Gracias. Desde hace mucho que trabajo y ahorro porque es importante.

—Me alegra que pienses de esa manera, pero no creo que este sea el lugar indicado para ti ya que en estos momentos nos encontramos a mitad del ciclo escolar y necesito a alguien que trabaje durante la mañana.

—El horario no es ningún problema para mí.

—¿No estás estudiando?

—No, señor.

—No me digas que desertaste.

—Oh no, no lo hice. No lo considero así al menos porque voy a seguir estudiando en el futuro, sólo que por el momento no es posible debido a las circunstancias.

—¿Las circunstancias?

—No puedo asistir a clases.

—Entiendo, la situación económica está complicada para todos.

—Sí, mucho, y por eso necesito un empleo. Aunque en mi tiempo libre leo, trato de auto educarme y aprender todo lo que puedo.

—No dejas de sorprenderme. Eres bastante maduro. Usualmente a los chicos de tu edad les interesan otras cosas y sólo piensan en divertirse.

—Me gusta divertirme, ¿a quién no?, pero el futuro es importante para mí.

—¿Y qué hay con tus padres? ¿Qué opinan de que trabajes en lugar de estudiar?

—Ellos preferirían que no tuviera que hacerlo, sin embargo, a veces hay que tomar ciertas decisiones y darles prioridad a otras cosas.

—Los estudios deberían ser tu prioridad, y la de cualquier persona de tu edad en realidad, pero comprendo que lamentablemente no siempre puede ser así.

—Son cosas que pasan.

Giuseppe permaneció en silencio durante un instante, luciendo muy pensativo.

—¿Qué edad tienes exactamente, Blaine? Porque si eres menor de edad voy a necesitar una autorización firmada por tus padres.

—No la tengo.

—Eso quiere decir que aún no cumples dieciocho.

—N-no, no todavía.

—Definitivamente voy a necesitar ese papel si quieres el empleo.

—¿Me… me va a dar el puesto?

—Si traes el permiso firmado, sí.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque mis padres están lejos. Ellos viven en otro estado.

—¿Y qué haces aquí?

—Trato de estar mejor.

—¿Estar mejor? ¿Acaso huiste de tu hogar?

El joven desvió la mirada. —Ah… —el recuerdo de una noche fría en la que salió sigiloso de la casa con ayuda de Angelina, llevando únicamente su mochila, su guitarra y algo de dinero fue tan vívido como si estuviera sucediendo frente a sus ojos. Pero no, eso no había sido un hogar nunca, más bien se asemejaba a una jaula lujosa.

—Blaine…

—¿Si?

—¿Te escapaste de tu hogar?

—No.

—¿A qué te referías con estar mejor?

—Creo que me expresé mal.

—No tengas miedo de hablar de ello. ¿Acaso sufrías alguna clase de maltrato?

La remembranza de gritos, amenazas y crueles castigos se hizo presente, produciéndole escalofríos al de ojos dorados.

»Blaine, si tus padres te maltrataban estoy en la obligación de denunciarlos.

—¡No, no! ¡Nunca!

—Tranquilo, aquí estás a salvo. Te aseguro que no volverán a hacerte daño.

Los que lo hicieron padecer mil penurias fueron los O'Donnel, pero ellos no eran nada suyo. A los únicos que consideraba sus padres eran los Anderson, y así sería por siempre.

—Mis papás son las personas más buenas y cariñosas del mundo, y no hay nada que desee más que estar con ellos —su voz se quebró—. L-lo siento —respiró profundamente, intentando contenerse.

—No estoy seguro de ello. La manera en la que reaccionaste dice algo muy distinto.

—No tengo miedo de mis papás. Le doy mi palabra de que jamás me han hecho daño en ninguna forma. Ellos me aman y no dejaron de demostrármelo ni un solo día.

—¿Por qué no estás a su lado entonces?

—Es complicado —su voz amenazó con volverse a quebrar—. Necesito conseguir dinero para poder volver y ayudarlos —exhaló suavemente.

—Ya veo —dijo dubitativo—. Supongo que por eso viniste a una ciudad más grande en busca de mejores oportunidades.

—Así es. A eso me refería con estar mejor. Aquí espero lograr salir adelante.

—Sé bien cómo es eso —se dirigió al refrigerador, tomó una botella con agua y se la ofreció.

—Muchas gracias señor, pero estoy bien.

—No te la estoy vendiendo. Necesitas un poco de agua.

Blaine asintió mordiéndose el labio y tomó la botella.

—Gracias —la abrió y bebió el frío líquido.

—¿Por qué te pusiste tan nervioso?

—Con mucho respeto, señor, es algo personal de lo que prefiero no hablar, pero le aseguro que no tiene que ver con mis papás.

—No es mi intención incomodarte, sólo me preocupa el panorama. Un chico solo en una ciudad grande, menor de edad, lejos de su hogar y su familia… Hay muchos niños y jóvenes padeciendo todo tipo de abuso, y si en mis manos está ayudar, lo haré sin dudar.

—Le agradezco su preocupación y buenas intenciones. Tantas cosas serían distintas si en el mundo existieran más personas como usted.

La plática prosiguió por un par de minutos antes de que el hombre mayor retomara el punto principal.

—Pareces un buen muchacho, Blaine, mas no puedo contratarte sin una autorización de tus padres.

—No falta mucho para que cumpla los dieciocho.

—Hasta que ocurra podría aparecer en cualquier momento un inspector o alguna autoridad y, ¿te imaginas lo que pasaría?

—No tiene que ponerme en la nómina o pagarme beneficios.

—Aquello no sólo sería ilegal sino también injusto.

—Tal vez suene extraño, pero no tengo ningún inconveniente con eso, sólo necesito un empleo… Ni siquiera tienen que verme, puedo dedicarme a limpiar, a hacer mandados, cualquier cosa.

Giuseppe guardó silencio y empezó a caminar en círculos mientras rascaba su barbilla.

—Voy a necesitar tu identificación y papeles.

—N-no los tengo.

—Ve por ellos, estaré aquí hasta el mediodía.

—No es que no los haya traído, sino que no los tengo.

—Intento ayudarte, Blaine, pero no puedes buscar un empleo sin una identificación por lo menos —abrió los ojos ampliamente—. Espera, dijiste que no tienes… ¿Eres indocumentado?

Por no ser de este país me ha tocado enfrentar varios inconvenientes debido a los prejuicios, aunque todos mis papeles están en regla, y tener a agentes de inmigración encima es lo último que quiero.

—No soy ilegal. Nací aquí igual que mis padres así que no va a tener problemas por mi culpa debido a eso ni a ninguna cosa, se lo juro. Y en cuanto cumpla los dieciocho sacaré mi identificación.

—Para eso necesitas tus papeles. No creas que sólo te vas a presentar a pedirla y te la van a dar.

—Sí, sí, lo sé, y me haré cargo de todo en su momento. Hasta eso espero tener lo suficiente ahorrado para los trámites.

—Es una situación complicada para mí.

—Por favor, deme una oportunidad y le prometo que no le fallaré ni le causaré problemas.

—Ni siquiera sabes cuánto estoy pagando.

—Cualquier cantidad me vendría bien.

Unas personas ingresaron al local y Giuseppe se dedicó a atenderlas muy amablemente mientras Blaine observaba haciéndose diferentes preguntas cuyas respuestas lo inquietaban.

Los clientes se retiraron felices y un chico de veinte años aproximadamente entró poco después muy confiado y sonriente.

—¡Don Giuseppe, buenos días!

—¡Max! ¡Qué gusto verte! ¿Cuándo regresaste?

La atención de Blaine se disipó de esa conversación hasta que las palabras "vengo por el empleo" resonaron y lo hicieron voltear para notar la camaradería entre aquellos dos. No sólo se conocían, sino que el chico ya había trabajado con el italiano antes, lo cual era una enorme ventaja que él no podía superar.

—Señor, disculpe que lo interrumpa —dijo con pesar—, pero tengo que irme. Gracias por todo.

—No he terminado de explicarte cuáles serán tus obligaciones.

—¿Eso quiere decir que el empleo ya no está disponible? —preguntó Max con cierta desilusión.

—No. Lo siento, pero ya lo contraté a él.

Blaine no daba crédito a lo que estaba sucediendo. ¿Había escuchado bien? ¿Por qué lo estaba eligiendo en lugar de al otro muchacho?

Cuando el joven cruzó junto a él, le palmeó el brazo a manera de felicitación.

—Nunca vas a querer irte de aquí. Ese sujeto es un tipazo.

—¿A dónde ibas si no hemos terminado de hablar? —preguntó Giuseppe una vez que estuvieron solos.

—Lo siento, creí que… Bueno, como usted lo conoce…

—Max trabajó conmigo por dos años durante las vacaciones, pero tú llegaste primero.

—¡Gracias! —su rostro se iluminó— ¡Muchas gracias! ¡Le prometo que no se va a arrepentir de haberme dado la oportunidad!

—Eso espero —suspiró—. Sólo recuerda que voy a necesitar tus papeles en cuanto seas mayor de edad.

—Sí, seguro.

Una señora ingresó al lugar saludando con familiaridad, y el italiano se dirigió a Blaine antes de atenderla.

—Necesito que esperes hasta el medio día que cierro para poder explicarte con calma cuáles serán tus tareas y horario. O si tienes algo que hacer…

—No se preocupe, aquí lo espero el tiempo que sea necesario.

—Falta media hora.

—No hay problema.

Una vez que Giuseppe cerró la panadería fue mostrándole el lugar al de cabellera rizada mientras le indicaba cuáles serían sus responsabilidades. Al finalizar el recorrido junto con la plática, el menor sonrió ampliamente y lo abrazó.

—L-lo siento —retrocedió velozmente.

El hombre sonrió. —No te preocupes, entiendo. Estás emocionado.

—Lo estoy… Es que… Todo esto me parece un sueño… No creí que fuera a pagarme tanto.

—Es lo justo de acuerdo al horario y las labores que realizarás.

—Nunca había tenido un salario —suspiró.

—Has tenido otros empleos antes.

—Sí, pero siempre me han pagado por horas. Si trabajaba cuatro horas a la semana, por ejemplo, era lo único que recibía. Pero tener un sueldo fijo es diferente.

Es que… Necesito procesarlo —destapó la botella con agua y bebió casi todo su contenido—. Nunca me dieron tanto dinero.

—Aunque es lo que te corresponde, no es una cantidad enorme tampoco.

—Para mí lo es. Es más de lo que alguna vez he tenido.

Giuseppe asintió levantando las cejas con sorpresa.

—Una última pregunta, y es por simple curiosidad… ¿Por qué aquí? Pudiste solicitar empleo en cualquier otro lugar. ¿Por qué elegiste mi panadería?

—Bueno, son dos las razones —respondió con algo de timidez—. Me queda relativamente cerca y puedo venir caminando, lo cual significa no tener que gastar en transporte.

—Muy inteligente de tu parte —revisó el papel con los datos que Blaine le había proporcionado—. ¿Esta dirección dónde queda?

—A varias calles de aquí. Es un sector donde sólo hay edificios de departamentos y cada uno es de un color diferente. No sé explicarle bien, pero…

—Oh, ya. Desconocía el nombre de las calles, pero sí sé de qué lugar me hablas. Le dicen el barrio de los cedros porque está lleno de esos árboles.

—Sí, sí, ahí es.

—Pero no queda tan cerca.

—Puedo venir caminando que es lo importante. No tengo inconveniente en hacerlo porque me gusta mucho caminar.

—Si está bien para ti, perfecto —Blaine asintió.

El barrio de los cedros en un lugar pintoresco. He pasado por ahí muchas veces.

—No sabía que lo llamaban así. No sé mucho del lugar en realidad.

—¿Tienes poco tiempo viviendo ahí?

—Sí, muy poco. A penas estoy conociendo los alrededores.

—¿Cuándo llegaste a la ciudad?

—Hace un par de semanas.

—¡Oh! ¿Y estás donde algún familiar?

—No. Me quedo con un amigo en su departamento. No tengo un lugar propio todavía, pero él me está ayudando hasta que logre establecerme.

—Entiendo… ¿Y cuál es la otra razón?

—Perdón, ¿qué?

—Dijiste que tenías dos razones. Ya me explicaste la primera, ¿cuál es la segunda?

—Es algo tonto en realidad.

—Si es importante para ti, jamás va a ser tonto. Tenlo siempre presente.

El chico sonrió con nostalgia.

—Me recuerda… a mi hogar —desvió la mirada—. Vivía cerca de una panadería y todas las mañanas despertaba con el olor del pan recién horneado, y luego acompañaba a mi mamá a comprarlo.

Los fines de semana abrían por la noche también así que iba con mis papás a comprar pan dulce y yogur de cereza y nos sentábamos a comer en el parque que estaba cerca.

Cuando pasé por aquí la primera vez y vi el parque y en diagonal la panadería fue… Y luego el olor… —se limpió los ojos rápidamente— No sé cómo explicarlo.

—Extrañas a tus padres.

—Demasiado.

—Es normal. Al comienzo la separación se siente rara y produce nostalgia, pero te irás acostumbrando.

Son dos semanas que llevas sin verlos y claramente los extrañas, sin embargo, debes enfocarte en los motivos que te trajeron a esta ciudad.

—Es mucho más tiempo —susurró para él.

—O sea que has estado probando suerte en otros lugares antes de llegar aquí.

—Ah… sí —respondió sorprendido de que lo hubiera escuchado.

—Todo va a estar bien. Eres un chico muy voluntarioso y comprometido. Llevas tan solo dos semanas en la ciudad y ya tienes empleo, y no dudo que vayas a lograr todo lo que te propongas.

—Gracias.

—Ya lo verás, antes de lo que imaginas te estarás reuniendo con tus padres.

—Eso espero.

—Así será. Y ahora ya tengo que retirarme porque debo atender otros asuntos. Nos vemos mañana.

—Claro, hasta mañana y muchas gracias.

El menor salió de la panadería con una pequeña sonrisa y una esperanza creciente.

—¡Blaine! ¡Blaine! —llamó Giuseppe.

—¿Sí? —volteó de inmediato— ¿Pasó algo?

—No pusiste tu apellido en la ficha —mostró el papel en su mano.

No era que lo hubiera olvidado, sino que no lo tenía… Al menos no todavía.

—N-no me di cuenta.

—¿Y? —preguntó cuando el chico se quedó callado— ¿Cuál es tu apellido?

—Anderson… Soy Blaine Anderson.

Presente

Blaine se abrazó con fuerza a su almohada mientras gruesas lágrimas rodaban por su rostro y se preguntaba si de verdad algún día volvería a ver a los que consideraba sus padres.

De pronto sintió que la cama estaba mojada y se percató que él también lo estaba. Había estado llorando, pero no a ese punto, lo que sólo podía significar que estaba sudando la fiebre.

Sin muchos ánimos se levantó, se cambió y bebió agua, pero como no tenía intención de quitar la sábana, se acostó en la cama de Scott.

Un enorme suspiro brotó de sus labios al ser golpeado por otro recuerdo.

Años atrás

—Por favor Blaine, debes dejar de hacer eso —dijo una mujer alta entre los treinta y treinta y cinco años que usaba unos lentes redondos de marcos azules.

No puedes escapar de cada hogar que te consigo porque no te gusta la casa o no te agradan las personas con las que te asigno.

—No escapé. Ellos dijeron que no me querían así que no tenía sentido que permaneciera en esa casa.

—No es verdad. Los Tanner te esperaban con ansias.

—Estaban esperando a un niño no a alguien de mi edad.

—Aún eres un niño.

—Uno pequeño. Supongo que nunca les dijo cuantos años tengo.

—Claro que lo hice, y ellos estuvieron de acuerdo en recibirte, así que lo que dices no tiene sentido.

—No tengo por qué mentir. Los escuché cuando hablaban con sus amigos durante una reunión que hicieron en la casa.

Tenían pensado llamarla durante esa semana para que me trajera de regreso.

La mujer, cuyo nombre es Wanda, lo miró con aflicción.

—Debiste contactarme y no huir de esa forma.

—No quiero estar aquí.

—Este lugar es más seguro que las calles. ¿Te has puesto a pensar en qué pudo pasar si en lugar de haber sido yo quien te encontró durmiendo bajo el puente hubiera sido un delincuente?

—Sé cuidarme.

—¿Y si fuera un grupo de hombres armados los que te atacaran? ¿Cómo escaparías de ellos? Simplemente no podrías.

Blaine se mordió el labio y bajó ligeramente la cabeza. Sabía que ella tenía razón, pero jamás lo admitiría.

—¿Ya me puedo ir? Estoy cansado.

—No, no puedes. No sólo te llamé para hablar de lo que ocurrió sino también para informarte que te he conseguido otro hogar temporal.

—No más, por favor. Siempre es lo mismo. Consigue un lugar, me lleva con una familia con quien estoy por un tiempo y luego me regresan como si fuera un objeto que compraron y salió defectuoso.

—A veces tú escapas.

—Porque no me siento a gusto.

—No existen las familias perfectas, y debes adaptarte.

—Es tan fácil decirlo.

—Si no pones de tu parte nunca será fácil —dijo molesta—. Y ahora ve por tus cosas.

—¿Qué?

—Te dije que conseguí otro hogar temporal para ti y nos vamos en este momento.

—No quiero.

—No te estoy preguntando —expresó exasperada.

—¿Qué ocurre? —preguntó Yago, un hombre alto y delgado con una espesa cabellera oscura y una sonrisa brillante.

—Conseguí un nuevo hogar para Blaine, pero ya sabes cómo se pone de terco.

—¿Me dejas hacerme cargo?

—Sí, seguro —se levantó y dejó sobre el escritorio una carpeta para salir luego de la oficina.

—¿Qué ocurre, B? ¿Por qué no quieres ir?

—Porque siempre es igual.

—Sé que es difícil. Yo también estuve en varios hogares temporales hasta que conocí a quienes se convirtieron en mi familia, pero no hubiera sucedido si no les hubiera dado una oportunidad.

—Que bueno por ti, pero mi caso es diferente porque nadie quiere adoptarme. Soy demasiado viejo para eso y las familias buscan niños pequeños.

—¿Viejo?

—Sabes a lo que me refiero. A mi edad es casi imposible que alguien me quiera.

—Oh, vamos. Ese no es el Blaine que conozco.

—Soy el mismo de siempre.

—No es verdad porque al chico que conozco es alegre, soñador, inteligente, maduro, optimista… ¿Sigo?

Simplemente estás enojado y decepcionado, pero como tu amigo te aconsejo que lo intentes. Esta podría ser la familia que esperas, sin embargo, no lo sabrás si no le das la oportunidad y sobre todo si no te das esa oportunidad a ti para descubrirlo —tomó la carpeta y se sentó en el borde del escritorio a examinarla.

¡Los conozco! —dijo emocionado— Son perfectos y estoy seguro de que te van a gustar.

Durante el trayecto Blaine permaneció en silencio observando por la ventana, aunque Yago no dejó de hablar maravillas sobre el matrimonio elegido. Una vez que llegaron, la pareja salió presurosa a recibirlos.

—Hola, cariño, ¿cómo estás? —dijo la mujer con una dulce sonrisa— Yo soy Pam y él es mi esposo James.

—¡Bienvenido! —expresó el hombre emocionado— Esperamos que te sientas a gusto con nosotros.

Blaine apenas pronunció un par de palabras y esperó con un gesto de molestia hasta poder entrar a la casa llevando únicamente su mochila en el hombro.

Durante la primera semana intentó escapar varias veces, pero Pam y James estuvieron siempre un paso delante de él, y a pesar de su resistencia y mal comportamiento, no dejaron de ser amables y tratarlo con cariño, lo cual sólo le causó confusión.

Una noche se levantó en busca de alimentos, ya que se había rehusado a cenar, cuando encontró a la pareja sentada en la sala y se escondió para escucharlos, aunque estaba seguro de que hablaban sobre mandarlo de regreso al refugio, sin embargo, se llevó una gran sorpresa al notar como ella lloraba y su esposo la abrazaba tratando de consolarla.

—No entiendo qué estamos haciendo mal, James. Lo hemos intentado todo, pero ha pasado un mes y Blaine nos sigue rechazando.

Es un niño dulce, lo sé porque lo he visto jugando con el perro, la manera en que lo cuida y le habla cuando piensa que no estamos cerca, pero con nosotros se comporta diferente.

—Lo he notado, amor, es como si todo el tiempo estuviera esperando a que algo malo suceda, y creo que por eso nos aleja.

—Tengo esa impresión también.

—Debemos seguir esforzándonos hasta que comprenda que queremos que se quede con nosotros.

—Me duele su actitud, pero me duele más pensar en todo lo que tiene que haber vivido en las calles y en los otros hogares en los que estuvo para que no pueda confiar ni creer en nadie porque, aunque se comporta de forma rebelde y desafiante, sus ojos reflejan miedo y angustia.

—Pienso en ello constantemente, Pam, y me aterra. Quisiera poder sentarme con él y decirle que ya no hay nada a lo que deba temer ni por qué preocuparse porque nosotros estamos aquí ahora y nos encargaremos de cuidarlo, que lo único que él debe hacer es ser feliz.

Durante casi una hora el matrimonio siguió hablando en medio de lágrimas, y Blaine escuchó sentado en el suelo cada palabra.

En un determinado punto no pudo más ya que todo era demasiado abrumador así que se levantó silenciosamente y regresó a su habitación con el hambre olvidada, el pecho oprimido y los ojos nublados.

Una vez en ella se metió bajo el cobertor y abrazó la almohada. Tenía mucho que procesar y durante las siguientes horas permaneció despierto pensando en la posibilidad de que las cosas pudieran ser diferentes en esta ocasión. Tal vez había encontrado finalmente un lugar al cual llamar su hogar. Quizá podía darle una oportunidad a la pareja y confiar.

Tal vez y sólo tal vez los Anderson podrían ser los padres con los que había soñado siempre.